martes, 30 de septiembre de 2008

¿DÓNDE MORA DIOS?

Después de que Jesús fue llevado al cielo, el apóstol Juan recibió una asombrosa visión de la gloria. Él dijo: “Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero…y el Cordero es su lumbrera” (Apocalipsis 21:22-23).

Ahora que el templo de Dios está en gloria y el Señor sentado a su diestra, ¿dónde mora el Señor en la Tierra? Tal como Dios mismo pregunta: “¿Qué casa me construirán? ¿Cuál es el lugar de mi reposo?” Sabemos que ninguna edificación puede contener a Dios. Él no está en la catedral de San Pedro en el Vaticano, tampoco en la catedral de San Patricio en la ciudad de Nueva York. Y Él no está en ninguna de las grandiosas catedrales europeas. No, como lo declara Pablo en la colina de Marte en Atenas: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas” (Hechos 17:24). Dicho de una manera simple, si buscamos la morada de Dios en alguna construcción, no la hallaremos.

El Señor ha fundado su habitación, Él vive y mora en los cuerpos de la raza humana que Él creó. Pablo declara que ahora, el templo de Dios está en cuerpos humanos: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16).

Una vez que ponemos nuestra fe en Jesús, nos convertimos en un templo, en la misma habitación de Dios. Esto fue demostrado de una manera más visible en el Aposento Alto. Allí, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos, llenándolos de sí mismo. Y declaró dichos cuerpos santificados como templo de Dios, a donde el Padre puede venir y vivir. El Espíritu los ayudaría a hacer morir y a destruir las obras de su carne pecaminosa. Y les daría el poder para vivir en victoria. Sus cuerpos vinieron a ser el templo de Dios, un lugar de morada no hecho por manos humanas.
Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23). Una morada es una residencia, un lugar para quedarse.

Pablo dice: “Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20). En otras palabras, usted le pertenece a Dios y Él quiere que usted sea su lugar de reposo. Ahora, abra su corazón a la verdad y dele gloria al recibirla.

lunes, 29 de septiembre de 2008

LAS RIQUEZAS DE DIOS EN NOSOTROS

Cuando el Señor hace su residencia en nosotros, él trae consigo todo su poder y recursos. Súbitamente, nuestro hombre interior tiene acceso a la fortaleza de Dios, su sabiduría, verdad, paz, todo lo que necesitamos para vivir en victoria. No tenemos que clamar a él para que baje del cielo. El ya está en nosotros. Pablo nos dice cuán poderosos somos en Cristo.

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo…para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:14-20).

Qué pasaje tan asombroso. Pablo enumera unos cuantos de los tesoros increíbles que el Señor ha dispuesto para nosotros. Realmente, todas las riquezas de Dios están disponibles para nosotros en Cristo Jesús.

Algunos Cristianos se han creado la imagen de un Dios egoísta que sólo tiene placer en recibir alabanza. Que esto nunca sea dicho de nuestro Señor por que esa no ha sido la razón por la cual él ha venido a permanecer en nosotros. El ha venido a mostrarnos que él es un Dios que no está lejos. El Señor quiere que conozcamos que él no está en alguna expansión oscura en algún lugar del cosmos. El está muy presente en nosotros. El no revolotea entrando y saliendo de nuestras vidas de acuerdo a su antojo. No, él nunca deja su morada en nosotros.

Pablo indica, “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Efesios 2:13). El apóstol lo pone muy en claro: Dios está aquí ahora, morando en nosotros. Cuando el Padre hizo su morada en nuestro templo, él trajo fortaleza a nuestro hombre interior, un profundo arraigamiento y cimiento en amor, y también acceso para pedirle a él por todas las cosas. El ha hecho que todas las cosas sean posibles, a través de su divino poder que opera en nosotros (ver Efesios 3:16-21).

domingo, 28 de septiembre de 2008

UNA NUEVA CRIATURA

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20).

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Puede que usted diga, “Yo sé que estoy en Cristo por fe. Me doy cuenta que soy una nueva criatura, pero todavía sigo luchando terriblemente con un mal hábito. Me hace sentir tan descorazonado.” A Satanás le gustaría convencerlo que Dios se ha cansado de usted. El quiere hacerlo pensar que Dios lo ve a usted como sucio, asqueroso con pecado. Pero todo es mentira. Lo que está experimentando, es la carne batallando contra el Espíritu en usted. Esta batalla es común entre todos los creyentes. Y mientras usted está en medio de la batalla, Satanás quiere convencerlo que “el viejo hombre” está todavía en control.

No importa cual sea su condición, Dios no flaquea en su amor por usted. El nunca dejó de amar a la raza de Adán, a pesar de todas las maldades, idolatrías y su actuar lujurioso. El los preservó a través de toda la historia y lo siguió haciendo hasta los últimos días, cuando él llegó con su plan de rescate. A través de la cruz, fue posible que toda la raza de Adán sea reconciliada.

Usted debe de saber que su posición con Dios se basa en una sola cosa: usted es victorioso debido a la cruz. Esta victoria no viene a través de alguna cosa buena que usted hace. Como Pablo dice, “Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:8). Nuestra victoria viene únicamente a través del arrepentimiento, fe, creencia, confianza en que Dios nos cuida. Y nuestra parte en esto es estar firmes en la posición que él gentilmente nos ha dado en Cristo. Su Palabra nos asegura, “Puede que falles algunas veces. Pero cuando te miro, yo sólo veo a mi Hijo, Jesús. Tú saldrás de esta batalla victorioso, sin culpa ni condenación.”

jueves, 25 de septiembre de 2008

EL DESCANSO QUE DIOS PROMETIÓ

“Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios, porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” (Hebreos 4:9-10).

Usted puede preguntarse, “¿Que significado tiene entrar en este reposo prometido? ¿Cómo debe de reflejarse en mi vida?” Yo oro para que Dios remueva las escamas de nuestros ojos y nos permita captar esto. Para ponerlo de una manera simple, entrar al descanso prometido por Dios significa confiar totalmente que Cristo ha hecho todo el trabajo de salvación para usted. Usted debe de descansar en la gracia salvadora de él, sólo por fe.

Esto es lo que Jesús quiere decir cuando él anima, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Esto significa el fin de todos los esfuerzos de su carne, de todos sus esfuerzos humanos para obtener paz. Y significa depender totalmente en el trabajo de Jesús por usted.

Nuestra lucha no es contra sangre y carne. Toma lugar en el ámbito espiritual. El Antiguo Testamento lo pone esto tan claro como el cristal. Una y otra vez, Israel hizo promesas vacías e inútiles a Dios: “Queremos servirte, Señor. Haremos todo lo que nos ordenas.” Pero la historia prueba que no tenían ni el corazón ni la habilidad para llevar a cabo lo que habían prometido. Dios tenía que despojarlos de toda su fe en ellos mismos. Todo lo que necesitamos debería de venir de la preciosa presencia del Señor.

Pablo declara, “Por que en él vivimos, nos movemos y somos” (Hechos 17:28). Esto habla de comunión sin interrupción. A través de la victoria de la cruz, nuestro Señor está disponible para nosotros a cada momento del día o de la noche. Tenemos que tomar una decisión: “Yo quiero a Cristo en mi vida. Quiero ser libre de toda mi carne. Así que voy a ir hacia delante, a su presencia y reclamaré mi posesión. Yo quiero que Jesús sea mi todo, mi única fuente de satisfacción.”

miércoles, 24 de septiembre de 2008

EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA TIERRA PROMETIDA

Dios le dio a nuestro antepasado Abraham la tierra de Canaán “en heredad perpetua” (Génesis 17:8). En Hebreo, la palabrea “perpetua” significa que nunca acaba. Usted puede pensar, “Abraham tenía que haberse regocijado sobre esto. Dios le prometió a sus descendientes una tierra permanente, tan lejos como ellos podrían ver, por que perduraría por toda la eternidad.” Sin embargo, el Nuevo Testamento nos dice que el mundo será destruido por fuego, quemado completamente, dejando de existir, para que el Señor forme un nuevo cielo y una nueva tierra.

Usted puede preguntarse: ¿Cómo puede esta “heredad perpetua” de Dios hacia Abraham ser sólo un pedazo de tierra? ¿Cómo puede eso ser eterno? El hecho es, que esta tierra de promesa era un lugar simbólico más allá de la tierra. Yo creo que Abraham sabía esto en su espíritu. La Biblia dice que mientras Abraham vivía en Canaán, él siempre se sentía extranjero: “Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida, como en tierra ajena” (Hebreos 11:9). ¿Por qué era esto? Era por que el corazón de Abraham anhelaba por algo más que un terreno.

“Por que esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” (Hebreos 11:10). Abraham podía ver el verdadero significado de la bendición de la tierra, y se dio cuenta que “Esta tierra no es la verdadera heredad. Es sólo un sermón ilustrado de la gran bendición que viene.” Abraham captó el verdadero significado de la Tierra Prometida; él sabía que Canaán representaba al Mesías que había de venir. Jesús mismo nos dice, “Abraham se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se gozó” (Juan 8:56).

El Espíritu Santo permitió a este patriarca mirar hacia los años venideros, a la venida de Cristo. El sabía que el significado de su tierra prometida era un lugar de paz y descanso total. Y, como Abraham supo, ese lugar de descanso es el mismo Jesucristo. Así es, el Señor Jesús es nuestra heredad prometida. Nosotros somos de él, pero él también es nuestro. Y Dios nos invita a obtener nuestra heredad perpetua por simple fe.

martes, 23 de septiembre de 2008

¿DÓNDE ESTÁN LOS TIMOTEOS?

Fue a los Cristianos Filipenses que Pablo primero introdujo la verdad, “Haya pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. Pablo les escribió este mensaje mientras era prisionero en Roma.

Fue desde una celda de prisión que Pablo declaró tener la mente de Cristo, desechando a un lado su reputación, para llegar a ser un siervo de Jesús y su iglesia. Ahora, él escribió “Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado” (Filipenses 2:19).

Este es el pensar, la manera que trabaja la mente de Cristo. Piense sobre esto: He aquí un pastor, en una celda de prisión, pero él no estaba pensando en su propia comodidad, o en su situación difícil. El estaba preocupado por la condición espiritual y física de su gente. Y él les dijo a sus ovejas, “Mi comodidad vendrá sólo cuando sepa que ustedes están bien, en espíritu y en cuerpo. Así que estoy enviando a Timoteo para que los vea de parte mía.”

Luego Pablo hace esta declaración alarmante: “Pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros” (2:20). ¡Qué declaración tan triste! Mientras Pablo escribía esto, la iglesia que se encontraba alrededor de él en Roma, estaba creciendo y siendo bendecida. Claramente, habían líderes devotos en la iglesia Romana. Pero, Pablo dice, “No tengo ningún hombre que junto conmigo tenga la mente de Cristo”. ¿Por qué era esto? “Por que todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús” (2:21). Evidentemente, no había ningún líder en Roma con corazón de siervo – ninguno que hubiera desechado su reputación para llegar a ser un sacrificio vivo. En lugar de eso, cada cual estaba enfocado en perseguir sus propios beneficios. Ninguno tenía la mente de Cristo. Pablo no podía confiar en ninguno para ir a Filipos y ser un verdadero siervo para ese cuerpo de creyentes.

Las palabras de Pablo no pueden ser suavizadas: “Cada cual se ocupa de sí mismo. Estos ministros sólo buscan beneficiarse a sí mismos. Es por eso que aquí no hay ninguno al cual yo pueda confiarle que naturalmente cuide de las necesidades y dolores, excepto por Timoteo”.

Nuestra oración debería de ser: Señor, no quiero estar solamente enfocado en mí mismo en un mundo que gira fuera de control. No quiero estar preocupado de mi futuro. Yo sé que tú sostienes mi camino en tus manos. Por favor Señor, dame tu mente, tu manera de pensar, tus inquietudes. Yo quiero tener el corazón de tus siervos.” Amén.

lunes, 22 de septiembre de 2008

BAJO LA REGLA DE LA GRACIA

El hijo pródigo necesitaba lo que el apóstol Pablo llama “”el renovar de la mente”. Yo amo leer las siguientes palabras de la parábola: “Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies… Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta” (Lucas 15:22-23).

El hijo pródigo tenía mentalidad de condenación, y esto fue puesto en él por Satanás. Hoy, lo mismo sucede con muchos de los hijos de Dios. Nuestro Padre se regocija de nosotros, nos abraza con brazos amorosos. Pero nosotros creemos que la humildad significa decirle a Dios lo malos que hemos sido, desenterrando nuestros pecados pasados en lugar de confiar en sus expresiones de amor. Y todo el tiempo pensamos con culpa, “Dios tiene que estar enojado conmigo. He pecado peor que muchos otros.”

Cuando los sirvientes del padre trajeron el mejor vestido que había en la casa y se lo pusieron al hijo, representaba el ser vestido con la justicia de Cristo. Luego el padre puso el anillo en el dedo del joven, significando la unión con Cristo. Finalmente, él puso calzados en los pies del muchacho, que representa ser calzado con el evangelio de la paz de Cristo. El padre amoroso estaba mostrándole a su hijo: “Quita esos andrajos de carne, esos vestigios de esfuerzos personales para complacerme. Déjame mostrarte cómo yo te veo. Tú estás entrando a mi casa y a mi presencia como un nuevo hijo del rey. ¡Tú no estás entrando como un pordiosero o un esclavo, sino como mi hijo, el cual me deleita! Ahora entra, con libertad y confianza.”

Lo mismo es verdadero hoy día. Tenemos que ser renovados en nuestra manera de pensar sobre cómo Dios nos recibe en su presencia. “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo…acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe” (Hebreos 10:19-20, 22 cursivas mías).

La palabra “libertad” que se usa aquí, viene de una palabra raíz que significa “un esclavo emancipado”. Significa no estar más bajo la ley del pecado y de la muerte, sino bajo la regla de la gracia. Para decirlo de una manera corta, es por el amor del Padre- sólo por su misericordia- que cualificamos para entrar a su presencia. Y aquí está la calificación: “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos (cualificados) para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosences1:12-13 cursivas mías).

domingo, 21 de septiembre de 2008

EL HOMBRE NUEVO

Como seguidores de Cristo, debemos tomar a Dios de acuerdo a su Palabra y aceptar como verdadero lo que él dice que somos. Esto significa que “nuestro hombre viejo” representa a un hombre que todavía busca agradar a Dios en la carne. Tal hombre odia el pecado, no quiere ofender a Dios, pero su conciencia continuamente lo tiene bajo culpabilidad. Así que él se compromete a vencer su problema de pecado: “¡Voy a cambiar! Comenzaré hoy día a luchar contra este pecado que me acosa, no importa lo que cueste. Quiero que Dios vea que me estoy esforzando mucho”.

Tal hombre trae ante Dios mucho sudor y lágrimas. El ora y ayuna para probarle a Dios que tiene un corazón bueno. El es capaz de resistir al pecado por unos días cada vez, así que se dice a sí mismo, “Si puedo hacerlo por dos días, entonces ¿por qué no por cuatro, o por una semana?” Al final de un mes él se siente contento con sí mismo, convencido de que se está logrando su liberación. Pero entonces su pecado sale a flote, y él se hunde en desesperación profunda. Y él comienza el ciclo nuevamente. Este hombre está continuamente dando vueltas en una rueda de molino que nunca termina, y no puede salir de ella.

¡Esto nunca debe de ser así! Ese hombre en la carne fue crucificado junto con Cristo. Ha sido muerto a los ojos de Dios. Verdaderamente, Pablo nos dice que el viejo hombre fue pronunciado muerto en la cruz. Jesús llevó a ese viejo hombre a la tumba junto con él, donde fue dejado muerto y olvidado. De la misma manera como el padre ignoró al “hombre viejo” en su hijo pródigo, el Señor nos dice sobre nuestro viejo hombre, “Yo no reconozco ni trato con tal hombre. Sólo hay un hombre que yo reconozco ahora, el único con quien trataré. Y ese es mi Hijo Jesús, y todos los que estén en él por fe.”

El nuevo hombre es aquél que ha perdido toda esperanza de agradar a Dios con esfuerzos de la carne. El ha muerto a las maneras viejas de la carne. Y por fe él ha llegado a conocer que sólo hay una manera de agradar a Dios, una manera de deleitar a Dios: Cristo debe de serlo todo. El conoce que sólo hay Uno al quien el Padre reconoce: A Cristo y todos los que están en él.

Este hombre nuevo vive sólo por fe: “El justo por la fe vivirá”. El cree en la Palabra de Dios tan completamente que él no se apoya en nada más. El ha encontrado que Cristo es la fuente de todo, y que lo suple todo. Y él cree lo que Dios dice de él: “Tu viejo hombre está muerto, y tu vida está escondida con Cristo en Dios”. Tal vez él no lo sienta, o no lo comprenda totalmente, pero él no alegará con la Palabra de su amado Padre. El la acepta por fe, creyendo que Dios es fiel a su Palabra.

jueves, 18 de septiembre de 2008

¿TENTANDO A DIOS?

Mientras Jesús estaba parado sobre el punto más alto del templo, Satanás le susurró, “Hazlo - ¡Salta! Si verdaderamente eres el Hijo de Dios, él te salvará.

”Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra” (Mateo 4:6).

¿Ve usted la sutileza torcida de Satanás en esto? El aisló una promesa de las Escrituras – y tentó a Jesús a que lanzara su vida sobre esto. El estaba sugiriendo, “Tú dices que Dios está contigo. Bueno, muéstrame la prueba. Tu Padre ya ha permitido que te moleste. ¿Dónde está su presencia en eso? Puedes probar que él está contigo si te lanzas hacia abajo. Si Dios está contigo, él proveerá que no te hagas daño al caer. Entonces podrás basar tu confianza en eso. Si no lo hace, entonces es mejor que mueras, en lugar de vivir preguntándote si estás solo. Necesitas un milagro para probar que el Padre está contigo”.

¿Cómo respondió Jesús? El declaró, “Escrito está también: ‘No tentarás al Señor tu Dios’” (Mateo 4:7). ¿Qué quiso decir Jesús aquí exactamente refiriéndose a “tentar a Dios?”

El Israel antiguo es un ejemplo. Diez veces el Señor había probado su fidelidad a los Israelitas. El pueblo de Dios recibió prueba visible de que su Señor estaba con ellos. Pero aún así, cada vez, el pueblo preguntaba lo mismo: “¿Está Dios entre nosotros o no?” Dios llama a esto “tentarlo a él”. Jesús usa la misma frase – “tentar a Dios” – en su respuesta a Satanás. ¿Qué nos dice esto? Nos muestra que es un pecado grave el dudar de la presencia de Dios; no debemos cuestionar si él está con nosotros.

Al igual que con Israel, Dios nos ha dado un cuerpo entero de evidencias. Primero, tenemos en su Palabra múltiples promesas de su presencia con nosotros. Segundo, tenemos nuestra historia personal con Dios – un testimonio de las muchas veces que nos ha librado. Tercero, tenemos una Biblia llena de testigos de la presencia de Dios en siglos pasados.

La Biblia es clara: Nuestro caminar con Dios es por fe y no por vista. De otra manera, terminaremos como Israel sin fe.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

EL NOS SACÓ PARA INTRODUCIRNOS

Antes de la cruz, no había acceso a Dios para el público en general; sólo el sumo sacerdote podía entrar al Lugar Santísimo. Ahora, la cruz de Jesús abrió un camino para nosotros a la presencia del Padre. Sólo por su gracia, Dios derrumbó la pared que nos mantenía fuera de su presencia. Ahora él podía salir hacia los hombres, para abrazar a sus pródigos y a pecadores de toda clase.

Considere la milagrosa liberación de Israel. Mientras el pueblo de Dios cruzaba sobre tierra seca, ellos vieron las olas que cayeron sobre sus enemigos que venían detrás de ellos. Fue un momento glorioso, y ellos se reunieron para alabar grandemente, con danzas, cantos y acción de gracias. “¡Somos libres! Dios nos ha librado de la mano de opresión”.

La historia de Israel representa nuestra propia liberación de la esclavitud y de la culpa del pecado. Sabemos que Satanás fue derrotado en la cruz, y que inmediatamente fuimos hecho libres de su puño de hierro. Pero hay más en el propósito de Dios al salvarnos y liberarnos. Vea usted, la intención de Dios nunca fue que Israel acampara allí y se quedara en el lado victorioso del Mar Rojo. Su propósito más grande en sacarlos de Egipto era el de llevarlos a Canaán, la tierra de abundancia. En Corto, él los sacó para poder introducirlos: en su corazón, en su amor. El quería un pueblo que fuese totalmente dependiente de su misericordia, gracia y amor. Y lo mismo todavía continúa siendo verdad para su pueblo de hoy día.

La primera prueba de Israel vino unos días más tarde, y ellos terminaron murmurando y quejándose, completamente insatisfechos. ¿Por qué? Ellos habían conocido la liberación de Dios, pero no habían aprendido sobre su gran amor por ellos.

Aquí está la llave para esta enseñanza: Usted no puede entrar al gozo y a la paz – y es más, usted no puede saber cómo servir al Señor – hasta que usted vea el deleite de él en su liberarlo… hasta que usted vea el gozo de su corazón cuando tiene comunión con usted…hasta que usted vea que cada pared ha sido removida por la cruz…hasta que usted conozca que todo en su pasado ha sido juzgado y borrado. Dios dice, “¡Yo quiero que sigas avanzando, hacia la plenitud que te aguarda en mi presencia!”

Multitudes hoy día se regocijan en los maravillosos beneficios de la cruz. Han salido de Egipto, y están en “el lado victorioso” de la prueba del Mar Rojo. Ellos disfrutan de la libertad, y agradecen a Dios continuamente por haber echado a sus opresores al mar. Pero muchos de estos mismos creyentes pierden el gran propósito y beneficio de Dios para ellos. Pasan por alto el por qué Dios los sacó – lo cual fue para introducirlos en él.

martes, 16 de septiembre de 2008

CONFIANZA PARA ENTRAR A LA PRESENCIA DE DIOS

“Así que, hermanos, tenemos libertad para entrar en el lugar santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo… Acerquémonos, pues, con corazón sincero, en plena certidumbre de fe” (Hebreos 10:19-20, 22).

El trabajo de Cristo en el Calvario tiene dos lados. Un lado es el beneficio de los hombres, y el otro es el beneficio de Dios. Un lado beneficia al pecador, mientras que el otro beneficia al Padre.

Estamos bien al tanto con los beneficios del lado humano. La cruz de Cristo nos ha provisto con el perdón de nuestros pecados. Se nos ha dado el poder de victoria sobre la esclavitud y dominio sobre el pecado. Hemos sido suplidos con misericordia y gracia. Y, por supuesto, se nos ha dado la promesa de vida eterna. La cruz nos ha dado un medio de escape de los terrores del pecado y del infierno.

Yo le agradezco a Dios por este beneficio de la cruz hacia la humanidad, y por el alivio que trae. Me regocijo que es predicado semana tras semana en iglesias en todo el mundo.

Pero también hay otro beneficio de la cruz, uno del cual sabemos muy poco. Y este es el beneficio del Padre. Vea usted, entendemos muy poco sobre el deleite del Padre que fue hecho posible mediante la cruz. Es un deleite que le viene a él cuando recibe a un hijo pródigo en su casa.

Si sólo nos enfocamos en el perdón de la cruz – si ese es el final de nuestra predicación – entonces perdemos una verdad importante que Dios ha querido darnos a través de la cruz. Hay un entendimiento más completo para que adquiramos aquí, y tiene que ver con su deleite. Esta verdad provee al pueblo de Dios con mucho más que tan solo alivio. Trae libertad, descanso, paz y gozo.

En mi opinión, la mayoría de los Cristianos han aprendido a tener libertad para entrar a la presencia de Dios para recibir perdón, para que él supla sus necesidades, para contestar sus oraciones. Pero les falta libertad en el aspecto de fe – un aspecto que es tan crucial en su caminar con el Señor.

El Señor tiene gran gozo que la cruz haya provisto un acceso abierto hacia él. Verdaderamente, el momento más glorioso en la historia fue cuando el velo del templo fue rasgado en dos, en el día que Cristo murió. Fue en ese mismo instante que el beneficio de Dios se abrió de golpe. En el instante que el velo del templo – que separaba al hombre de la presencia de Dios – fue rasgado en dos, algo increíble sucedió. Desde ese momento en adelante, no sólo el hombre podía entrar a la presencia de Dios, sino también Dios podía salir hacia los hombres.

lunes, 15 de septiembre de 2008

LLAMADOS DESDE ANTES DE LA CREACIÖN

El apóstol Pablo dice que Dios “El nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Timoteo 1:9).

Cada persona que está “en Cristo” es llamada por el Señor. Y todos tenemos el mismo mandato: escuchar la voz de Dios, proclamar su Palabra, nunca temer a los hombres, y confiar en Dios cuando enfrentamos cualquier prueba concebible.

Verdaderamente, Dios hizo esta promesa al profeta Jeremías cuando él lo llamó (ver Jeremías 1:1-10). Como Jeremías, nosotros no necesitamos tener un mensaje preparado para hablarle al mundo. El ha prometido llenar nuestras bocas con su Palabra, en el momento exacto que sea necesario. Pero eso sucederá sólo si confiamos en él.

Pablo nos dice que muchos son designados como predicadores, maestros y apóstoles, y que todos van a sufrir por esa razón. El se contaba entre ellos: “De este evangelio yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles, por lo cual asimismo padezco esto (2 Timoteo 1:11-12). El estaba diciendo, “Dios me ha dado un trabajo santo para hacer. Y por que tengo ese llamado, voy a sufrir.”

Las escrituras muestran que Pablo fue probado como pocos ministros lo han sido. Satanás trató de matarlo una y otra vez. La multitud que decía llamarse religiosa lo rechazó y ridiculizó. A veces también aquellos que lo respaldaron, lo dejaron abusado y abandonado.

Pero Pablo nunca estuvo confundido delante de los hombres. El nunca desmayó ni fue avergonzado ante el mundo. Y Pablo tampoco se abatió. En cada ocasión, él tenía una palabra ungida para hablar de parte de Dios, cada vez que fuese necesario.

El hecho es que, Pablo simplemente no podía ser sacudido. El nunca perdió su confianza en el Señor. En lugar de eso, él testificó, “Por que yo se a quién he creído y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquél día” (2 Timoteo 1:12). El está diciendo, “Yo he comprometido mi vida totalmente a la fidelidad de Dios. Ya sea que yo viva o que muera, soy de él.” Y él animó a Timoteo su joven encargado a hacer lo mismo: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y el amor que es en Cristo Jesús” (1:13).

domingo, 14 de septiembre de 2008

CAMINA COMO UN HOMBRE NUEVO

Usted conoce la historia. Un joven tomó la porción de su herencia que le dio su padre, y la derrochó viviendo descontroladamente. Terminó sin dinero, con su salud y espíritu arruinado; y en su momento más bajo, él decidió volver a su padre. Las escrituras nos dicen, “Entonces se levantó y fue a su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a misericordia, y corrió y se echó sobre su cuello y lo besó” (Lucas 15:20).

Note que nada impidió el perdón del padre hacia este joven. Este muchacho no tenía que hacer nada – ni siquiera confesar sus pecados – por que el padre ya había hecho provisión para la reconciliación. Verdaderamente, todo ocurrió por iniciativa del padre; él corrió hacia su hijo y lo abrazó tan pronto que vio al muchacho venir por el camino. La verdad es, que el perdón nunca es un problema para un padre que ama. De igual manera, nunca es un problema con nuestro Padre celestial cuando él ve un hijo arrepentido.

Así que el perdón no es el tema en esta parábola. De hecho, Jesús pone bien en claro que no era suficiente para éste pródigo ser sólo perdonado. El padre no abrazó a su hijo sólo para perdonarlo y dejarlo que siga su camino. No, ese padre anhelaba mucho más que tan solo la restauración de su hijo. El quería la compañía de su hijo, su presencia, su comunión.

Aunque el hijo pródigo fue perdonado y favorecido una vez más, él todavía no se había acomodado en la casa del padre. Sólo después de hacerlo estaría satisfecho el padre, su gozo se realizaría una vez que su hijo fuese traído a su compañía. Ese es el tema en ésta parábola.

Aquí la historia se vuelve muy interesante. El hijo claramente no estaba tranquilo con el perdón del padre. Por eso él titubeó a entrar a la casa del padre. El dijo en esencia, “Si supieras lo que he hecho, todas las cosas malas y sucias. He pecado contra Dios y contra tu amor y tu gracia. Ya no merezco tu amor. Tienes todo derecho a echarme.”

Note lo que el padre le responde a su hijo. El no dice ninguna palabra de reproche. No se refiere a lo que el pródigo ha hecho, no hace mención de su rebelión, su insensatez, su derroche, ni de su bancarrota. Es más, el padre ni siquiera se da por entendido del atento de su hijo de quedarse afuera, inmerecido. ¡El ignoró todo esto! ¿Por qué?

A los ojos del padre, el joven antiguo estaba muerto. Ese hijo estaba completamente fuera de su mente. Ahora, a los ojos del padre, este hijo que había retornado era un hombre nuevo. Y su pasado nunca más sería recordado. El padre estaba diciendo, “En cuanto a mí me concierne, tu viejo yo está muerto. Ahora, camina conmigo como un hombre nuevo. No hay necesidad de que vivas bajo culpa. El problema del pecado ha sido resuelto. Ahora, entra confiadamente a mi presencia y disfruta de mi misericordia y gracia”.

jueves, 11 de septiembre de 2008

A ARABIA

Si yo busco complacer a las personas, yo simplemente no puedo ser un siervo de Cristo. Si mi corazón está motivado por la aprobación de las personas – si esa es mi manera de pensar que influencia mi forma de vivir – mis lealtades estarán divididas. Yo siempre estaré tratando de complacer a otros en lugar de complacer a Jesús.

Unos pocos años después de que el apóstol Pablo fue convertido, él fue a la iglesia de Jerusalén para tratar de juntarse con los discípulos. “Pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuera discípulo” (Hechos 9:26).

Los apóstoles conocían la reputación de Pablo como perseguidor. “Pero no me conocían personalmente las iglesias de Judea que están en Cristo, pues sólo habían oído decir: ‘Aquél que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo combatía’” (Gálatas 1:22-23).

Bernabé ayudó a que los apóstoles dejaran de temer a Pablo, y lo acogieron. Pero Pablo decidió andar entre los gentiles. Verdaderamente, Pablo cuidadosamente describe su llamado muy claramente. El dice que éste vino “no por disposición de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios Padre que lo resucitó de los muertos” (Gálatas 1:1).

El luego añade enfáticamente: “Pero os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no es invención humana, pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo…no me apresuré a consultar con carne y sangre” (1:11-12, 16).

Lo que Pablo está diciendo aquí, aplica a todos los que desean tener la mente de Cristo: “Yo no tuve que leer libros o prestarme métodos de hombres para conseguir lo que tengo. Yo recibí mi mensaje, mi ministerio y mi unción estando de rodillas.” En Gálatas 1:17, Pablo señala que “fui a Arabia” El está diciendo en otras palabras: “Yo no recibí mi revelación de Cristo por medio de los santos en Jerusalén. En lugar de eso, me fui a Arabia, al desierto, para que Cristo se revele a mí. Pasé tiempo precioso allí, vaciándome de mí mismo, y escuchando y siendo enseñado por el Espíritu Santo.”

Pablo no era un predicador solitario, altivo y arrogante. Sabemos que tenía un corazón de siervo. El se había vaciado de sus ambiciones, y había encontrado satisfacción total en Cristo.

Cuando su mente esté decidida a agradar a Cristo, usted nunca necesitará el aplauso y la aprobación de los hombres.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

EN EL LUGAR SECRETO

El Espíritu Santo vino a un hombre de Dios el cual vivía en Damasco y se llamaba Ananías. El Espíritu instruyó a Ananías que fuese a la casa de Judas en la calle que se llamaba Derecha, y que impusiese sus manos sobre Saulo para que recuperase la vista.

Por supuesto, Ananías conocía la reputación de Saulo y se dio cuenta que sería peligroso ir a verlo. Pero el Espíritu Santo recomendó a Saulo al decirle a Ananías “por que él ora” (Hechos 9:11).

En esencia, el Señor estaba diciendo, “Ananías, encontrarás a este hombre de rodillas. El sabe que estás yendo. El también sabe tu nombre, y por qué se te está enviando. El quiere que se abran sus ojos”.

¿Cuándo recibió Saúl este conocimiento interior? ¿Cómo recibió ésta visión, ésta palabra pura de Dios? Llegó a través de oración ferviente y súplica. De hecho, yo creo que las palabras que le habló el Espíritu Santo a Ananías nos revelan cómo movió Saulo el corazón de Dios: “él ora”.

Saulo había estado encerrado con Dios por tres días, rehusando alimento y agua. Lo único que él quería era al Señor. Así que continuó de rodillas todo ese tiempo, orando y buscando a Dios.

Cuando yo era niño, mi padre era un predicador y me enseñó lo siguiente: “Dios siempre abre un camino para un hombre que ora”. Han habido periodos en mi vida cuando el Señor ha provisto evidencias irrefutables de este principio. Fui llamado a predicar a los ocho años de edad, cuando el Espíritu Santo vino sobre mí. Yo lloraba y oraba, clamando “Lléname, Señor Jesús.” Después cuando fui un adolescente yo oré hasta que el Espíritu vino sobre mí con intensidad divina.

Cuando fui un pastor joven, un hambre profunda me sobrevino la cual causó que orase diligentemente. Algo en mi corazón me decía, “Hay más para servir a Jesús de lo que estoy haciendo”. Así que pasé meses de rodillas – llorando y orando por horas a la vez – cuando finalmente el Señor me llamó a ir a Nueva York a ministrar a las pandillas y a los drogadictos.

Yo también estaba de rodillas veinte años atrás, buscando a Dios con lágrimas y clamando, cuando él me llamó de vuelta a Nueva York para abrir una iglesia en Times Square.

Si alguna vez escuché a Dios – si he tenido alguna revelación de Cristo, alguna medida de la mente de Cristo – no vino solamente de estudiar la Biblia. Vino por la oración. Vino de buscar a Dios en el lugar secreto.

martes, 9 de septiembre de 2008

CONFESANDO A CRISTO

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32-33).

La palabra Griega “confesar” en este pasaje significa pacto, asentir o acuerdo. Jesús está hablando de un acuerdo que tenemos con él. Nuestra parte es confesarlo a él, o representarlo, en nuestro vivir diario. Es vivir por sus promesas de protección y cuidado personal para nosotros. Y testificar de sus maravillosas bendiciones por la manera en que vivimos.

Confesar a Cristo significa más que creer en su divinidad. Es más que declarar que él es el Hijo de Dios, crucificado, sepultado, resucitado y sentado a la derecha del Padre. La Biblia dice que aun los demonios creen eso y tiemblan con este conocimiento. Así que ¿qué es lo que Jesús quiere decir cuando dice que lo confesemos delante de los hombres?

“A cualquiera, pues, que me confiese…” (10:32 itálicas mías) Al usar la palabra “pues” Jesús está diciendo en esencia, “a la luz de lo que acabo de decir…”, o “Por motivo de lo que acabo de decirles…” ¿Qué fue lo que Cristo les acababa de decir a los que lo escuchaban? El había dicho, “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin el permiso de vuestro Padre” (10:29). Jesús les estaba diciendo, “Piensen en los millones de pájaros en todo el mundo. Ahora piensen en los que existieron desde la creación. Hasta este día, ningún pájaro ha muerto o ha sido atrapado sin que vuestro Padre celestial lo sepa.

Luego él especificó, “Pues aun vuestros cabellos están todos contados” (10:30). Cristo estaba enfatizando, “Dios es tan grande, que él está fuera de vuestra habilidad de comprender. Ustedes nunca podrán alcanzar de comprender cuán detallado es su cuidado de ustedes.”

Jesús concluyó diciendo, “Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (10:31). El termina resumiendo todo al decir, “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos (10:32). El está diciendo, “Piensen en lo que les acabo de revelar sobre el cuidado del Padre que lo ve todo y lo sabe todo. Ustedes confiesen esta verdad a todo el mundo. Ustedes vivan, respiren y testifiquen que `Dios cuida de mí.`”

Crea en el amor que el Padre tiene por usted y acepte su cuidado íntimo. Y deje a un lado todos sus temores y dudas. Viva delante de los hombres con la fe que Dios no lo ha pasado de largo. Confiese a todos, “Sus ojos están sobre el gorrión, y yo sé que él cuida de mí.”

lunes, 8 de septiembre de 2008

CONTROL TOTAL

No hay una fórmula para vivir totalmente dependiente del Señor. Todo lo que puedo ofrecerles es lo que Dios me ha estado enseñando en esta área. El me ha mostrado dos cosas simples sobre cómo darle a él control total.

Primero, debo de estar convencido de que el Señor está ansioso y deseoso de hacerme conocer su voluntad, aun en los detalles más pequeños de mi vida. Yo debo de creer que el Espíritu que mora en mí conoce la voluntad de Dios para mí, y que él me guiará, me conducirá y me hablará.

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad…El me glorificará, por que tomará de lo mío y os lo hará saber” (Juan 16:13-14).

Talvez ahora mismo usted está pasando alguna aflicción, tal vez el resultado de haber tomado alguna decisión apresurada. Aun así, el Señor le promete, “Tu oído interior escuchará a mi Espíritu que te dice ‘Ve por aquél camino. Has esto. No hagas aquello…’”

Segundo, debemos orar con fe inamovible por poder para obedecer la dirección de Dios. Las escrituras dicen, “Pero pida con fe, no dudando nada, por que el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7). Cuando Dios nos dice que hagamos algo, necesitamos el poder para mantener el rumbo y obedecerle totalmente. A través de 5 décadas de mi vida de ministerio, he aprendido que Satanás y la carne siempre plantarán dudas y preguntas en mi mente. Y necesito fortaleza del cielo para no decir “sí” a cualquier situación que Jesús ha dicho “no”.

Muchos de nosotros oramos, “Señor, yo sé lo que me has dicho. Pero todavía no estoy seguro si era tu voz la que me hablaba. No estoy ni seguro de ser lo suficientemente espiritual para reconocer tu voz. Por favor, ábreme o ciérrame la puerta sobre este asunto.”

Esa no es la respuesta de fe que Dios espera de sus hijos. Usted puede orar todo lo que quiera, por horas o aun días. Pero si usted no ora con fe – creyendo que el Espíritu Santo lo guiará como Jesús lo ha prometido – nunca tendrá la mente de Cristo transmitida a usted. El espera hasta ver que usted está comprometido a aceptar todo lo que él dice, y a obedecerlo sin cuestionar.

domingo, 7 de septiembre de 2008

HAYA PUES EN VOSOTROS ESTE SENTIR

“Haya pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5).

En esta exhortación el apóstol Pablo le está diciendo al pueblo de Dios, “Permitan que la mente que está en Cristo – el pensar mismo de Jesús – sea vuestro pensamiento también. Su manera de pensar es lo que todos debemos de buscar.”

¿Qué quiere decir tener la mente de Cristo? Simplemente, significa pensar y actuar como lo hizo Jesús. Significa tomar decisiones de acuerdo a Cristo que determinan nuestra manera de vivir. Quiere decir que llevemos cada facultad de nuestra mente dirigida a cómo podemos actualmente tener la mente de Cristo.

Cada vez que miremos en el espejo de la Palabra de Dios, debemos de preguntarnos a nosotros mismos: “¿Lo que veo acerca de mi persona, refleja la naturaleza del pensamiento de Cristo? ¿Estoy cambiando de imagen a imagen, conformado a la semejanza de Cristo en cada experiencia que Dios trae a mi vida?”

De acuerdo a Pablo, esta es la manera de pensar de Cristo: “(El) se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres” (Filipenses 2:7).

Jesús tomó una decisión mientras todavía estaba en el cielo. El hizo un acuerdo con el Padre de dejar su gloria celestial y venir al mundo como hombre. El iba a descender al mundo como un humilde sirviente. Y él buscaría ministrar, en lugar de ser ministrado.

Para Cristo, esto significaba que él diría, “Iré a hacer tu voluntad, Padre.” Verdaderamente, Jesús determinó antes que nada “Estoy dejando a un lado mi voluntad, para hacer la tuya, Padre. Subyugo mi voluntad para poder abrazar la tuya. Todo lo que digo y hago tiene que venir de ti. Estoy dejando a un lado todo para estar totalmente dependiente de ti.”

Sucesivamente, el compromiso del Padre con el Hijo era el de revelarle su voluntad a él. Dios dijo en esencia, “Mi voluntad nunca estará escondida de ti. Tú siempre sabrás lo que estoy haciendo. Tú tendrás mi mente.”

Cuando Pablo audazmente declara, “Yo tengo la mente de Cristo”, él está declarando, “Yo también me he despojado a mí mismo. Como Jesús, he tomado el rol de siervo.” Y Pablo afirma que lo mismo es verdad para cada creyente. “Nosotros (todos podemos) tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16).

jueves, 4 de septiembre de 2008

TENTANDO A CRISTO

“Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos lo tentaron, y perecieron por las serpientes.” (1 de Corintios 10:9)

¿Qué quiere decir Pablo aquí cuando habla de “tentar al Señor”? Para decirlo simplemente, tentar al Señor significa ponerlo a prueba. Lo tentamos cuando nos preguntamos, “¿Cuán misericordioso me será el Señor si continúo hacia delante con este pecado? ¿Cuánto tiempo puedo deleitarme en mi pecado antes que su enojo se manifieste? Yo sé que Dios es misericordioso y que ésta es una era de gracia, sin condenación para los pecadores. ¿Cómo me va a juzgar a mí, si soy su hijo?”

Multitudes de Cristianos casualmente preguntan éstas mismas preguntas mientras juegan con una tentación malvada. Quieren ver qué tan cerca ellos pueden llegar a las llamas del infierno sin sufrir las consecuencias del pecado. Llanamente, ellos están tentando a Cristo. Y mientras lo hacen, estos creyentes están rechazando la convicción de la Palabra de Dios.

Cada vez que nosotros vamos en contra de la verdad que el Espíritu Santo nos ha hecho clara, estamos desechando la advertencia de Pablo: “Así que el que piensa estar firme, mire que no caiga…Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil” (1 de Corintios 10: 12, 8).

Pregúntese si usted está probando los límites del precioso regalo de la gracia de Dios. ¿Está tentando a Cristo para satisfacer su pecado en el umbral de su abierta rebelión? ¿Se ha convencido a usted mismo diciendo, “Soy un creyente del Nuevo Testamento Estoy cubierto con la sangre de Jesús. Por lo tanto, Dios no me juzgará?”

Al continuar en su pecado, usted está tratando con un desprecio total el gran sacrificio que Jesús hizo por usted. Su pecado intencionado está exponiendo a vergüenza abierta a Jesús, no solamente a los ojos del mundo, pero también ante todo el cielo y el infierno (ver Hebreos 6:6).

En 1 de Corintios 10:13 Pablo describe una manera de escapar a toda tentación: “No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla.”

¿Cuál es este medio de escape? Es un conocimiento creciente y experimentar el temor santo de Dios.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

La mayoría de las personas saben que en los Estados Unidos, la Corte Suprema ha dictaminado que los Diez Mandamientos no pueden ser exhibidos en ninguna de las cortes de justicia gubernamentales. Esta decisión histórica ha sido cubierta muy extensamente por los medios de comunicación. Pero, ¿qué significa en realidad este dictamen?

Una corte de justicia es donde se hacen cumplir las leyes. Los Diez Mandamientos representan las leyes morales de Dios, las cuales nunca se mueven ni cambian. Están fijas al igual que la ley de la gravedad. Si usted desobedece esa ley, es como que se lanzara de un edificio alto. Usted puede negar que la ley lo vaya a afectar, pero seguro que sufrirá las consecuencias.

Para ponerlo de una manera simple, los Diez mandamientos son leyes eternas diseñadas por Dios para que la sociedad no se destruya a sí misma. Pero sorprendentemente, muchos obreros están ahora removiendo esos Mandamientos – al igual que el nombre de Dios- de cada corte de justicia donde han sido inscritos en mármol o concreto.

¡Qué situación reveladora del estado de nuestra sociedad! Estas leyes incambiables fueron originalmente grabadas en piedra por el mismo dedo de Dios. Y ahora están siendo borrados de las piedras por las leyes de los hombres.

Algunos Cristianos están diciendo, “¿Por qué darle tanta importancia? Ya no estamos bajo la ley. ¿Por qué hacer de esto un dilema?” No, nosotros no estamos bajo la ley Hebrea, es decir los 613 mandamientos adicionales añadidos por los rabinos Judíos. Pero cada Cristiano está bajo la autoridad de las leyes morales de Dios, las cuales están resumidas en los Diez Mandamientos.

Me pregunto qué pensará Dios mientras se borran sus leyes para que nuestros ojos no las vean. Algunos creyentes dicen, “Nosotros no necesitamos este despliegue de los Mandamientos. Todo lo que realmente es necesario es que estén escritos en nuestros corazones.” Esto no es lo que dice la Palabra de Dios. Considere lo visible que Dios quería que estén sus Mandamientos cuando se los entregó a su pueblo:

“Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes. Las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas” (Deuteronomio 6: 6-9).

martes, 2 de septiembre de 2008

LA GENERACIÓN PARPADEANTE

Muchos Cristianos leen regularmente la Biblia, y creen que es la Palabra viva y revelada de Dios para sus vidas. Una y otra vez en las páginas de las escrituras, ellos leen sobre generaciones que escucharon la voz de Dios. Ellos leen que Dios le habla a su pueblo todo el tiempo, con la misma frase repetida “Y Dios dijo…” Pero muchos de esos Cristianos viven como si Dios no hablara a su pueblo hoy día.

Una generación entera de creyentes está tomando decisiones completamente por sí solos, sin orar o sin consultar la Palabra de Dios. Muchos simplemente deciden lo que quieren hacer, y luego le piden a Dios que lo haga válido. Ellos van hacia delante con ímpetu, y su única oración es, “Señor, si esta no es tu voluntad, entonces detenme”.

Estamos ahora viviendo en un tiempo que se lo conoce como la “generación parpadeante”. Las personas están tomando decisiones importantes en un parpadeo. Un libro muy vendido ha sido escrito sobre este concepto, y su título es Parpadeo: El Poder de Pensar sin Pensar. Esta teoría dice, “Confía en tus instintos. Las decisiones tomadas en un parpadear han demostrado ser las mejores”.

Piense en todo el “lenguaje parpadeante” que escuchamos hoy día: “¡Esta es la oferta del siglo! ¡Usted puede ganar millones en un día! ¡Pero tiene que actuar pronto! ¡Hágalo ahora!” El espíritu que está atrás de todo esto es, “¡Hazlo en un abrir y cerrar de ojos!”

Este pensamiento ha empezado a infectar la iglesia, afectando las decisiones de no sólo los “Cristianos parpadeantes”, sino también “ministros parpadeantes”. Cantidades de feligreses confundidos nos han escrito contando la misma historia: “Nuestro pastor acaba de regresar de una conferencia de Crecimiento de Iglesias, y anunció inmediatamente, ‘De ahora en adelante, todo cambia’. ¡El ha decidido que nosotros debemos de ser una iglesia popular en una noche! Ni siquiera nos pidió que oremos sobre esto… todos estamos confusos”.

No hacen muchos años atrás, los cristianos nos preguntábamos, “¿Has orado sobre este asunto? ¿Has buscado al Señor sobre esto? ¿Están tus hermanos y hermanas cubriéndote con oración? ¿Has recibido consejo de parte de Dios?” Yo ahora le pregunto a usted, ¿Ha sido esta su práctica? En el año, ¿cuántas decisiones importantes ha tomado usted en las cuales usted honestamente llevó el asunto a Dios y oró sinceramente? O, ¿cuántas de esas decisiones usted tomó en “un parpadeo”? La razón por la cual Dios quiere completo control sobre nuestras vidas es para salvarnos de desastres- y es allí donde nos llevan las decisiones tomadas en un abrir y cerrar de ojos.

lunes, 1 de septiembre de 2008

SIGUIENDO LA SANTIDAD

La Palabra de Dios nos dice en términos muy claros: “Seguid…la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

Aquí está la verdad, clara y simple. Sin la santidad que es impartida sólo por Cristo (ese precioso regalo que honramos llevando una vida devota a obedecer cada una de sus Palabras) ninguno de nosotros verá al Señor. Y esto no se refiere solamente al cielo, sino a nuestra vida presente también. Sin santidad, no veremos la presencia de Dios en nuestro caminar diario, nuestra familia, nuestras relaciones, nuestro testimonio o nuestro ministerio.

No importa a cuantas conferencias Cristianas nosotros atendemos, o a cuantos mensajes escuchemos, o a cuantos estudios Bíblicos asistamos. Si guardamos escondido un pecado canceroso, si el Señor tiene una controversia con nosotros sobre nuestra iniquidad, entonces ninguno de nuestros esfuerzos producirá fruto divino. Por lo contrario, nuestro pecado crecerá más contagioso e infectará a todos los que estén alrededor nuestro.

Por supuesto, este tema va más allá de las lujurias de la carne, y tiene que ver también con la corrupción del espíritu. Pablo describe este mismo pecado destructivo cuando dice, “Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor” (1 de Corintios 10:10).

Así que, amado santo, ¿permitirá usted al Espíritu Santo que trate con las lujurias que está usted albergando? ¿Buscará y confiará en el escape que Dios ha provisto para usted? Le exhorto a que cultive un temor santo y confianza para estos últimos días. Lo mantendrá puro, no importa cuán fuerte ruge la maldad alrededor suyo. Y hará posible que camine en la santidad de Dios, la cual contiene la promesa de su perdurable presencia.

Es un asunto de fe. Cristo ha prometido mantenerlo a usted sin caída, y darle poder para resistir al pecado - si usted simplemente cree lo que él ha dicho. Así que créale a él por este temor divino. Ore para recibirlo y acójalo. Dios cumplirá su Palabra. Usted no puede escaparse de las garras mortales del pecado acosador por medio de su propia voluntad, con sus promesas, o por ningún esfuerzo humano solamente. “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6).