jueves, 26 de febrero de 2009

MANTENIENDO UNA VIDA DE ORACIÓN

Yo debo mantener una vida de oración para poder superar la sequedad espiritual. ¿Por qué no oramos como deberíamos de hacerlo? Sabemos que todas nuestras cargas pueden ser levantadas cuando nos encerramos con él. La voz del Espíritu Santo nos sigue llamando a la oración, “¡Ven!”

Venga al agua que satisface a la sed del alma. Venga al Padre, que se compadece de sus hijos. Venga al Señor de la vida, el cual promete perdonar cada pecado cometido. Venga a Aquél que rehúsa condenarlo o abandonarlo o esconderse de usted.

Podemos tratar de escondernos de Dios debido a culpa o condenación, pero él nunca se esconde de nosotros. Venga confiadamente a su trono de la gracia, aún cuando usted haya pecado y fallado. Él perdona al instante a aquellos que se arrepienten con una tristeza devota. Usted no tiene que pasar horas ni días en remordimiento y culpa, ni tiene que ganarse nuevamente su favor de vuelta. Vaya al Padre, doble sus rodillas, abra su corazón, y derrame su agonía y dolor. Cuéntele a él su soledad, su sentimiento de abandono, sus miedos y sus errores.

Tratamos de hacer cualquier cosa menos orar. Leemos libros, buscamos fórmulas y guías. Buscamos amigos, ministros, y consejeros, buscando en todos lados una palabra de aliento o de consejo. Buscamos mediadores y nos olvidamos de aquél Mediador que tiene la respuesta para todo.

Nada disipa la sequedad y el vacío tan rápidamente como una hora o dos de estar encerrados con Dios. Nada puede tomar el lugar de orar al Padre en ese lugar secreto y apartado. Esa es la solución para cada época seca.

“Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, ríos sobre la tierra seca. Mi espíritu derramaré sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus renuevos” (Isaías 44:3).

miércoles, 25 de febrero de 2009

PASANDO POR UN PERIÓDO SECO

Aunque yo predico a miles, hay veces en que me siento muy seco, lejos de la presencia tibia de Dios. Cuando estoy seco y vacío, no tengo grandes deseos de leer la Palabra y muy poco ánimo para orar. Yo sé que mi fe está intacta y que mi amor por Jesús es fuerte, y no tengo deseo de probar las cosas de este mundo. Pero hay veces que no puedo tocar a Dios por días, aún semanas.

¿Ha visto a otros Cristianos ser bendecidos mientras usted no siente nada? Ellos testifican de las respuestas de Dios a sus oraciones y derraman lágrimas de gozo. Parecen vivir en la cima de la montaña de experiencias felices mientras usted sólo sigue, amando a Jesús pero sin prenderle fuego al mundo.

Yo creo que todos los verdaderos creyentes experimentan etapas secas en diferentes tiempos de sus vidas Cristianas. Aún Jesús sintió la el abandono cuando clamó a gran voz, “Padre, ¿por qué me has abandonado?”

Sin el acercamiento a Dios, no puede haber paz. La sequedad sólo puede eliminada con el rocío de su gloria. La desesperación sólo puede ser disipada por la seguridad de que Dios está respondiendo. El fuego del Espíritu Santo debe de calentar la mente, cuerpo, y alma.

Hay tiempos cuando me siento inmerecido, como el peor de los pecadores, pero a pesar de todo eso, yo sé que él no está lejos. De alguna manera yo escucho una voz inigualable, una voz suave que me llama, “Ven, hijo mío. Yo sé todo lo que estás pasando. Todavía te amo y nunca te dejaré ni te abandonaré. Lo enfrentaremos juntos porque sigo siendo tu Padre y tú eres mi hijo.” Yo tengo una llama dentro de mí que no será apagada, y yo sé que él me sacará de cualquier época seca.

“Porque la porción de Jehová es su pueblo; Jacob, la heredad que le tocó. Lo halló en tierra de desierto, en yermo de horrible soledad; lo rodeó, lo instruyó, lo guardó como la niña de su ojo” (Deuteronomio 32:9-10).

He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz, ¿no la conoceréis? Otra vez abriré caminos en el desierto y ríos en la tierra estéril. Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos de avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la tierra estéril, para que beba mi pueblo, mi escogido” (Isaías 43:19-20).

martes, 24 de febrero de 2009

¿SE HA SENTIDO COMO QUE QUIERE RENDIRSE ÚLTIMAMENTE?

Un número de ministros me han escrito para expresarme su preocupación de los muchos feligreses que simplemente se están rindiendo. “Cristianos buenos y honestos están tan agobiados con culpabilidad y condenación que causa desesperación. Cuando no pueden vivir de acuerdo a sus expectaciones, cuando caen de vuelta en pecado, ellos deciden rendirse…”

Un número creciente de Cristianos están al punto de quiebre. Unos cuantos Cristianos no se atreverían a entretener pensamientos de abandonar su amor por Jesús, pero en desesperación ellos consideran rendirse y ya no seguir tratando.

Algunos ministerios hoy día continuamente predican sólo un mensaje positivo. Según ellos, cada Cristiano está recibiendo milagros, cada uno está recibiendo respuestas instantáneas a sus oraciones; cada uno está sintiéndose bien, viviendo bien, y todo el mundo está resplandeciente y rosado. Me encanta escuchar esa clase de prédica porque yo realmente deseo todas esas cosas buenas y saludables para el pueblo de Dios. Pero las cosas no son así para un gran número de Cristianos muy honestos y sinceros.

Por eso nuestros jóvenes se rinden derrotados. No pueden vivir de acuerdo a la imagen, creada por la religión, de un Cristiano sin problemas, rico, exitoso, siempre pensando positivamente. Su mundo no es así de ideal; ellos viven con corazones rotos, crisis cada hora, y con problemas familiares.

Pablo habló sobre los problemas: “…tribulación que nos sobrevino…fuimos abrumados en gran manera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” (ver 2 Corintios 1:8).

Pensamientos positivos no harán que estos problemas desaparezcan y “confesar” que estos problemas no existen realmente, no cambian nada. ¿Cuál es la cura? Hay dos absolutos que me han traído gran alivio y ayuda.

- Dios me ama. Él es un Padre amoroso que sólo quiere levantarnos de nuestras debilidades.

- Es mi fe lo que lo complace más. El quiere que yo confíe en él.

lunes, 23 de febrero de 2009

USTED SOBREVIVIRÁ

Felicidad no significa vivir sin dolor o heridas – no es así. La verdadera felicidad es aprender a vivir un día a la vez, a pesar de la pena y del dolor. Es aprender a regocijarse en el Señor, sin importar lo que ha acontecido en el pasado.

Usted puede sentirse rechazado y abandonado. Su fe puede que esté débil y usted puede pensar que ya ha perdido la batalla. Tristeza, lágrimas, dolor y soledad pueden engullirlo a veces, pero Dios está todavía en el trono. ¡El todavía es Dios!

Convénzase a sí mismo que usted sobrevivirá. Usted saldrá de todo eso y, ya sea que viva o que muera, usted le pertenece al Señor. La vida continúa y usted se sorprenderá de todo lo que puede aguantar con la ayuda de Dios.

Usted no puede ayudarse a sí mismo ni parar el dolor. Pero nuestro Señor bendito vendrá a usted. Él pondrá sus amorosas manos debajo de usted y lo levantará para que nuevamente usted se siente en lugares celestiales. Él lo librará del miedo de morir y le revelará su amor eterno a usted.

¡Mire hacia arriba! Anímese en el Señor. Cuando la niebla lo envuelva y no pueda ver la salida para su problema, descanse en los brazos de Jesús y simplemente confíe en él. ¡Él tiene que hacerlo todo! Él quiere su fe y su confianza. Él quiere que usted clame audiblemente, “¡Jesús me ama! ¡Él está conmigo! ¡Él no me fallará! ¡Él lo está resolviendo todo, ahora mismo! ¡No seré abatido! ¡No seré derrotado! ¡No seré una víctima de Satanás! No perderé mi mente o mi dirección. ¡Dios está de mi lado! ¡Yo lo amo y él me ama!”

La clave de todo es la fe. Y la fe descansa en esta verdad absoluta: “Ninguna arma forjada contra ti prosperará…” (Isaías 54:17).

domingo, 22 de febrero de 2009

DIOS NO TE DEJARÁ QUEBRAR

Recuérdese que Dios sabe exactamente cuánto usted puede aguantar, y él no permitirá que usted llegue al punto de quebrarse.

Nuestro amado Padre dijo, “No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla” (1 Corintios 10:13).

La peor clase de blasfemia es pensar que Dios nos está hiriendo o haciéndonos doler, pensar que su Padre celestial es el que lo está disciplinando, que Dios piensa que usted necesita uno o dos corazones rotos para que usted esté listo para recibir sus bendiciones. ¡No es así!

Es verdad que el Señor castiga a los que ama, pero ese castigo es sólo por un tiempo y no es para herirnos. Dios no es el autor de confusión en su vida y tampoco lo es usted. El enemigo trata de herirnos a través de otros seres humanos, de la misma manera que él trató de herir a Job a través de una esposa incrédula.

Su Padre celestial lo cuida sin quitar sus ojos de usted. Cada movimiento suyo es monitoreado; cada lágrima es recogida. El siente cada dolor, y él conoce cuando usted ha sido expuesto a bastantes molestias del enemigo. El interviene y dice “¡Suficiente!” Cuando su dolor ya no lo hace acercarse a Dios, sino que comienza a reducir su vida espiritual, Dios interviene. El no permitirá que un hijo suyo que confía en él se hunda debido a mucho dolor y agonía del alma.

Dios lo levantará y lo sacará de la batalla por un tiempo, en el momento justo. El nunca permitirá que su dolor destruya su mente. El promete llegar a tiempo, para enjugar sus lágrimas y darle gozo en lugar de lágrimas. La Palabra de Dios dice, “Por la noche durará el lloro y a la mañana vendrá la alegría” (Salmo 30:5).

jueves, 19 de febrero de 2009

COMPROMETIDOS A SER BUSCADORES

“Volví mi rostro a Dios, El Señor, buscándolo en oración y ruego… Oré a Jehová mi Dios e hice confesión… Aún estaba hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel…” (Daniel 9:3, 4 y 20). ¡Estos eran hombres que oraban!

Vea usted, el primer compromiso que habían hecho – vivir una vida apartada – tenía que ser respaldado por un segundo compromiso, que es ser buscadores de Dios. Verdaderamente, es imposible vivir una vida santa sin pasar mucho tiempo de rodillas, buscando a Dios para tener el poder y la autoridad de vivir tal vida.

No se equivoque – orar fielmente no lo mantendrá fuera de la crisis. Por el contrario, tal vez lo llevará al horno de fuego y al foso de los leones. Pero la oración lo preparará para enfrentarlo todo con confianza – ¡para llegar a ser un sacrificio vivo por el bien de Jesús!

El orar llevó a Daniel al foso de los leones. Y esta prueba vino muchos años después de la prueba de los jóvenes Hebreos – ¡cuando Daniel estaba en sus ochenta años! Tal vez esto lo haga a usted temeroso, si usted se pregunta cuánto tiempo pasará hasta que usted deje de tener crisis. Tal vez usted pensaba que después de cierto número de años en el Señor, que usted ya habría aprendido todos sus “exámenes” importantes. Pero, aquí Dios está permitiendo que uno de guerreros de oración más grandes – un hombre con un espíritu quieto y tierno – ¡enfrente la crisis de su vida después de décadas de intercesión fiel!

Amado, las pruebas terminan sólo cuando Jesús retorna – ¡o cuando usted muere en Cristo! Es por esto que la oración es tan importante. Usted puede hacer un compromiso de vivir una vida sin contaminación – pero el compromiso es imposible de cumplir, sin tener un compromiso de buscar a Dios.

miércoles, 18 de febrero de 2009

SIN CONTAMINACIÓN EN MEDIO DE LA MALDAD

“Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de comida del rey ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligara a contaminarse” (Daniel 1:8).

La palabra contaminarse aquí sugiere “liberándose a través del repudio.” Daniel estaba diciendo en otras palabras, “¡Cualquier compromiso contra mis estándares me robará mi libertad!” Así que Daniel se propuso comer sólo legumbres y beber sólo agua por diez días. Cuando él le pidió esto al príncipe de los eunucos, él le respondió, “¡vas a costarme mi vida! Vas a lucir enfermo al final de los diez días. ¡Tus mejillas estarán sumidas y el rey seguro que lo notará! Toma – come sólo un poco de carne. Necesitas proteínas. Bebe el vino para robustecer tu sangre. ¡Come estos dulces para que te den energía!”

Yo creo que Daniel y los tres jóvenes Hebreos tenían mucho más en mente que tan sólo evitar cosas que no estaban limpias ceremonialmente. Ellos habían sido tomados cautivos junto con miles de su pueblo. Lo que vieron al llegar a Babilonia debió de haberlos asombrado en gran manera. Esta era una sociedad tan suelta, inmoral y llena de mal hablar, que la sensibilidad espiritual de estos cuatro jóvenes fue asaltada.

Así que los cuatro hicieron un compromiso. Se dijeron uno al otro, “No nos vamos a ceder. No vamos a adoptar estos estándares morales. ¡Seremos aparte, tendremos disciplina en nuestro caminar de fe!

Estos cuatro jóvenes no anduvieron predicando su estilo de vida a otros. Esto era un asunto estrictamente entre Dios y ellos.

Yo le pregunto a usted: Cuando usted está en una crisis, ¿clama usted, “Señor, dónde estás cuando te necesito?¿No estás comprometido a librarme?” Pero, y si el Señor le dijera a usted, “¿Dónde estás cuando yo necesito una voz? Yo necesito voces en estos tiempos viles, vasos puros a través de los cuales yo pueda hablar. Tú dices que quieres que venga a tu crisis – pero tú continúas siendo parte de del sistema mundial perverso. Dime, ¿estás comprometido a mis propósitos?”

martes, 17 de febrero de 2009

COMENZÓ CON ARREPENTIMIENTO

La iglesia como la conocemos hoy comenzó con arrepentimiento. Cuando Pedro predicó la cruz en Pentecostés, miles vinieron a Cristo. Esta nueva iglesia estaba hecha de un cuerpo, que consistía en todas las razas, llenas de amor los unos por los otros. Su vida corporativa estaba marcada por evangelismo, un espíritu de sacrificio, de mártires.

El maravilloso comienzo refleja las palabras de Dios a Jeremías: “Te planté de vid escogida, toda ella de buena simiente” (Jeremías 2:21). Pero las palabras que siguen del Señor describen lo que a menudo sucede con esos trabajos: “¿Cómo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña?” (2:21). Dios está diciendo, “Yo te planté bien. Tú eras mía, llevabas mi nombre y mi naturaleza. Pero ahora te has vuelto degenerada.”

¿Qué causó esta degeneración en la iglesia? Siempre ha sido, y continuará siendo la idolatría. Dios está hablando de idolatría cuando le dice a Jeremías, “Mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que no aprovecha” (2:11).

La mayoría de las enseñanzas cristiana de hoy día identifican a un ídolo como cualquier cosa que se interpone entre el pueblo de Dios y él. Pero eso es una descripción parcial de lo que es idolatría.

Idolatría tiene que ver con un problema más profundo del corazón. El ídolo número uno entre el pueblo de Dios no es el adulterio, la pornografía o el alcohol. Es una lujuria mucho más poderosa. ¿Cuál es este ídolo? Es la ambición motivadora del suceso. Y también tiene una doctrina para justificarse.

La idolatría de ser un suceso describe a muchos en la casa de Dios hoy día. Estas personas son buenas, moralmente limpias, llenas de buenas obras. Pero han colocado un ídolo de ambición en sus corazones, y no se pueden apartar de él.

Dios ama bendecir a su pueblo. El quiere que sus hijos sean un suceso en todo lo que hacen honestamente. Pero ahora hay un espíritu galopante en la tierra que está apoderándose de multitudes – este es el espíritu del amor a ser reconocido y a adquirir cosas.

Un hombre mundano dijo recientemente, “Aquel que muere con la mayor cantidad de juguetes – gana.” Trágicamente, los Cristianos también están envueltos en este afán.

Qué tan lejos nos hemos desviado del evangelio de vivir a través de morir a nuestro yo, nuestro ego, y a la ambición mundana.

lunes, 16 de febrero de 2009

CRISTO VINO CON UNA INVITACIÓN Y UNA ADVERTENCIA

Jesús se puso de pié en el templo e invitó a que cualquiera viniese a estar bajo sus alas misericordiosas de protección. El llamó a los ciegos, los enfermos, los leprosos, los pobres, los perdidos, a todos para que vengan a encontrar sanidad y perdón. Pero la multitud religiosa rechazó su oferta. Así que Cristo testificó de ellos, “¡No quisiste!” (Mateo 23:37).

Mientras yo leo esto, una pregunta se levanta: Aquí en el Nuevo Testamento, ¿deshecha Dios las viejas obras de igual manera que él lo hizo en el Antiguo Testamento? ¿Apartaría a aquellos que rechazan sus ofertas de gracia, misericordia y de despertar?

Sí, lo haría. Jesús respondió a aquellos que lo rechazaron diciendo, “He aquí vuestra casa os es dejada desierta” (Mateo 23:38). El les dijo, “Este templo es ahora vuestra casa, no la mía. Me estoy saliendo de ella. Y dejo lo que habéis desechado y abandonado.”

Y luego él añadió, “Por que os digo que desde ahora no me veréis hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor” (23:39). El estaba declarándoles a ellos, “Mi gloria ya no está en esta vieja obra.”

Piense en ello. La misericordia y gracia encarnada estuvo de pié diciendo, “Esta cosa vieja ya no es más mía.” Entonces Jesús fue hacia Pentecostés, hacia el comienzo de algo nuevo. El iba a levantar una iglesia nueva, no una réplica de la antigua. Y él la haría completamente nueva desde los cimientos hasta arriba. Sería una iglesia de nuevos sacerdotes y personas, todos nacidos de nuevo en él.

Déjeme preguntarle: Lo que usted ve sucediendo en la iglesia hoy día, ¿es representativo de lo que Cristo es?¿Es lo que estamos viendo verdaderamente la iglesia triunfante, la novia sin mancha de Cristo?¿Le revela la naturaleza de Dios a un mundo perdido?¿Es esto lo mejor que el Espíritu de Dios puede producir en estos últimos días?

¿Ha encontrado usted una iglesia donde Cristo está verdaderamente presente y la Palabra es fielmente predicada? Cuán agradecido debe estar usted. Tal vez usted está entre las multitudes que no pueden encontrar una iglesia que tenga vida. Yo escucho su clamor, “No puedo encontrar una iglesia que satisfaga mi hambre espiritual. Mucho entretenimiento – mucho ego – mucha sequedad.”

Anímese – Dios pronto sacudirá las cosas de maneras increíbles. En esa sacudida monumental, Dios levantará verdaderos pastores los cuales alimentarán a sus hambrientas ovejas.

domingo, 15 de febrero de 2009

YA TE HE DADO UNA PALABRA

Estamos viviendo en un tiempo de la revelación más grande del evangelio en la historia. Hay más predicadores, más libros, y más medios de saturación del evangelio como nunca antes. Pero, nunca ha habido tanta aflicción, ni tantas mentes atribuladas entre el pueblo de Dios. Los pastores de hoy día diseñan sus sermones sólo para levantar a las personas y ayudarlas a manejar su desesperación.

No hay nada malo en hacer esto. Yo predico esas verdades también. Pero yo creo que hay sólo una razón por la cual vemos tan poca victoria y liberación: es la incredulidad. El hecho es que Dios ha hablado con gran claridad en estos últimos días. Y esto es lo que él ha dicho: “Ya te he dado una Palabra. Ya está hecha y está completa. Ahora posiciónate en ella.”

Que nadie le diga que estamos experimentando una hambruna de la Palabra de Dios. La verdad es que estamos experimentando una hambruna de escuchar la Palabra de Dios y obedecerla. ¿Por qué? Porque la fe es tan irracional, pero la fe nunca viene a nosotros por medio de la lógica o la razón. Pablo lo declara plenamente, “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Esta es la única manera que la fe verdadera se levanta en el corazón de cualquier creyente. Viene por el oír – es creyendo, confiando y actuando – la Palabra de Dios.

“Los ojos del Señor están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos… Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias… Muchas son las aflicciones del justo… Jehová redime el alma de sus siervos, y no serán condenados cuantos en él confían” (Salmo 34:15, 17, 19, 22).

En tan sólo estos pocos versos de los Salmos, se nos da lo suficiente de la Palabra de Dios como para quitar toda incredulidad. Yo le animo ahora: escúchela, confíe en ella, obedézcala. Y finalmente, descanse en ella.

jueves, 12 de febrero de 2009

¿POR QUÉ ESTÁ ABATIDA MI ALMA?

Una y otra vez el Salmista pregunta, “¿Por qué está abatida mi alma? Me siento inútil, desamparado. Hay una inquietud dentro de mí. ¿Por qué Señor? ¿Por qué me siento tan desamparado en mi aflicción?” (ver Salmo 42:11 y Salmo 43:5). Estas preguntas hablan por multitudes que han amado y servido a Dios.

Tomemos a Elías por ejemplo. Lo vemos debajo de un enebro, rogándole a Dios que lo mate. El está tan abatido, que está a punto de querer que su vida se acabe. También vemos a al justo de Jeremías abatido y en desesperación. El profeta clama, “Señor, me has engañado. Me dijiste que profetizara todas estas cosas pero ninguna de ellas se ha hecho realidad. No he hecho otra cosa que buscarte toda mi vida. ¿Y así es como me pagas? Ahora nunca más mencionaré tu nombre.”

Cada uno de estos siervos está bajo un ataque temporal de incredulidad. Pero el Señor entendió sus condiciones durante esos tiempos de confusión y dudas. Y después de un periodo, él les indicó cómo salir de eso. En medio de sus aflicciones el Espíritu Santo encendió la luz para ellos.

Considere el testimonio de Jeremías: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí. Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jeremías 15:16). “Llegó a él [Elías] palabra de Jehová” (1 Reyes 19:9). En cierto punto, cada uno de estos siervos recordó la Palabra de Dios. Y se convirtió en alegría y gozo de sus vidas, sacándolos del pozo.

La verdad es que, todo el tiempo que estas personas estaban en apuros, el Señor estaba sentado, esperando. El escuchó sus clamores, sus angustias. Y después de pasar cierto tiempo, él les dijo, “Ya has tenido tu tiempo de penas y de dudas. Ahora yo quiero que confíes en mí. ¿Volverás a mi Palabra? ¿Abrazarás mi promesa? Si lo haces, mi Palabra te sacará adelante.”

miércoles, 11 de febrero de 2009

Mi PROMESA ES TODO LO QUE NECESITAS

Fe es muy demandante. Ella demanda que una vez que escuchamos la Palabra de Dios, debemos de obedecer sin ninguna otra evidencia que nos dirija. No importa cuán grande nuestros obstáculos o cuán imposible nuestras circunstancias sean. Debemos de creer su Palabra y actuar de acuerdo a ella, sin ningún otro comprobante. Dios dice, “Mi promesa es todo lo que necesitas.”

Al igual que cada generación anterior a la nuestra, nos preguntamos, “Señor, ¿porqué estoy enfrentando esta prueba? Va más allá de mi entendimiento. Tú has permitido en mi vida tantas cosas que no tienen sentido. ¿Porqué no hay una explicación de lo que estoy pasando? ¿Porqué está mi alma tan atribulada, tan llena de grandes pruebas?”

Escúcheme nuevamente: Las demandas de la fe son totalmente irracionales a la humanidad. Así que, ¿cómo contesta el Señor nuestro clamor? El envía su Palabra, recordándonos sus promesas. Y él dice, “Simplemente obedéceme. Confía en mi Palabra para ti.” El no acepta excusas, ni dudas, no importa cuán imposible nuestras circunstancias sean.

Por favor no me entienda mal. Nuestro Dios es un Padre amoroso. Y él no permite que sus hijos sufran indiscriminadamente, y sin ninguna razón. Sabemos que él tiene a su disposición todo el poder y la voluntad de hacer que cada problema y cada sufrimiento se vaya. El tan solo dice una palabra, y nos libra de cada prueba y lucha.

Pero, el hecho es que Dios no nos va a mostrar cómo o cuándo él cumplirá con sus promesas a nosotros. ¿Por qué? El no nos debe una explicación, cuando ya él nos ha dado la respuesta. En su Hijo Jesucristo, él nos ha dado todas las cosas que necesitamos para la vida y la piedad. El es todo lo que necesitamos para cada situación de la vida. Y Dios se mantendrá en la Palabra que él nos ha revelado: “Tú tienes mi Palabra a tu alcance. Mis promesas que he dado son sí y amén para todos los que creen. Así que descansa en mi Palabra. Créela y obedécela.”

martes, 10 de febrero de 2009

LA IRRACIONALIDAD DE LA FE

Cuando Dios le dice a la humanidad, “Creed”, él esta pidiendo algo que es completamente fuera de la razón. La fe es totalmente ilógica. La propia definición de la fe tiene que ver con algo irrazonable. Piense en esto: Hebreos dice que la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Se nos está diciendo en resumen, “No hay un fundamento tangible, no hay evidencia visible”. Y se nos pide que creamos.

Estoy tocando este tema por una razón importante. Ahora mismo, alrededor de todo el mundo, multitudes de creyentes están abatidos y descorazonados. El hecho es que, todos nosotros enfrentaremos situaciones que nos descorazonan en esta vida. Pero yo creo que si entendemos la naturaleza de la fe – su naturaleza ilógica e irrazonable – encontraremos la ayuda que necesitamos para salir adelante.

Considere la fe que se le demandó a Noé. El vivió en una generación que se había descontrolado. La condición humana se había vuelto tan mala que Dios ya no podía soportarla. Finalmente, El dijo, “¡Suficiente! El hombre se está destruyendo a sí mismo - esto debe terminar” (ver Génesis 6).

Imagínese la consternación de Noé al tratar de captar lo siguiente. Dios iba a enviar un cataclismo, un evento que destruiría toda la tierra. Y todo lo que se le dijo a Noé fueron unas breves palabras que vinieron del cielo. El simplemente tenía que aceptarlo por fe, sin recibir ninguna otra dirección por 120 años.

Piense en lo que la fe estaba demandando de Noé. Se le había dado la tarea monumental de construir un arca enorme, mientras continuaba viviendo en un mundo peligroso. El tenía que continuar creyendo mientras el mundo entero danzaba, festejaba y se desenfrenaban en sensualidad alrededor de él. Pero Noé hizo conforme a lo que Dios había dicho. Por más de un siglo, él continuó confiando la palabra que se le fue dada. Y por su obediencia, dicen las Escrituras, Noé “fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe” (Hebreos 11:7).

En Génesis 12:1-4, Dios le dijo a Abraham, “Levántate, vete de tu tierra”. Seguramente Abraham preguntó, “¿Pero adónde Señor?” Y Dios debió de haber contestado simplemente, “No te lo estoy diciendo. Sólo camina.”

Esto no era lógico. Esto era una demanda totalmente irracional para cualquier persona inteligente. Yo quiero ilustrar esto preguntándole lo siguiente a cada esposa Cristiana: Imagínese que su esposo llega a la casa un día y dice, “Cariño, empaca todo por que nos vamos.” Por supuesto que usted querrá saber porqué, o a dónde, o cómo. Pero la única respuesta que le da su marido es, “No lo sé. Sólo sé que Dios dijo ‘ve’.” No hay razonamiento ni sentido a esta clase de demanda. Simplemente no es lógico.

Pero esta fue precisamente la dirección ilógica que Abraham siguió. “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8). Lo único que él sabía era la palabra breve que Dios le había dado: “Ve Abraham, y yo estaré contigo. Ningún daño te acontecerá.” La fe demandaba que Abraham actuase solamente en esta promesa.

Una noche llena de estrellas, Dios le dijo a Abraham, “Mira hacia el cielo. ¿Ves las innumerables estrellas? Cuéntalas si puedes. Tal es la cantidad de descendientes que tú vas a tener” (ver Génesis 15:5). Abraham tal vez quedó azorado al escuchar esto. El ya estaba viejo al igual que su esposa Sarah. Ellos ya habían dejado muy atrás la edad de poder tener un hijo. Y aquí se le da una promesa, que él llegaría a ser el padre de muchas naciones. Y la única evidencia que él tenía era una palabra del cielo: “Yo soy Jehová” (Génesis 15:7).

Pero Abraham obedeció. Y la Biblia dice lo mismo de él que lo que dice de Noé: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6). Una vez más, vemos una escena ilógica. Y la fe de un hombre resulta en justicia.

Lo que Dios le pide a usted puede parecer irracional. El pide que confiemos en él cuando no nos da ninguna evidencia de contestar nuestra oración, y vemos que la situación es desesperante y estamos seguros de que todo está perdido. “Confía en mí” – dice el Señor. ¿Ilógico? Sí. Pero por siglos el Señor ha comprobado que él siempre llega a tiempo y nunca permite que Satanás tenga la última palabra. Dios siempre llega – en el tiempo perfecto del Espíritu Santo.

lunes, 9 de febrero de 2009

UN FLUJO QUE VA EN AUMENTO

En el capítulo 47 de Ezequiel, se le estaba mostrando al profeta lo siguiente: En los últimos días, la iglesia de Jesucristo será más gloriosa, más victoriosa, que en cualquier otra época de su historia. El verdadero cuerpo del Señor no se va a debilitar ni va a fallar. No va a menguar en número, o disminuir en poder o autoridad espiritual. No, su iglesia se irá en un resplandor de poder y gloria. Y disfrutará de la revelación más plena de Jesús que nadie antes pudo haber conocido.

Ezequiel escribe, “Y los peces, según su especie, serán tan abundantes como los peces del Mar Grande” (Ezequiel 47:10). Esta viniendo un cuerpo de creyentes que nadarán en las aguas ascendientes de la presencia del Señor.

Eso es lo que Dios nos está mostrando en la visión de Ezequiel de las aguas que aumentan (ver Ezequiel 47:3-4).

Ezequiel está hablando aquí de un aumento del Espíritu Santo. En los últimos días, habrá un aumento de la presencia de Dios entre su pueblo.

El único manantial y fundamento de este río es la cruz. Vemos una imagen literal de esto en el siguiente verso; “Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua” (Juan 19:34).

El nivel de agua que va creciendo en el río es la imagen de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo fue dado a los discípulos. Junto con este don del Espíritu, a los seguidores de Cristo se les dio la promesa de que él sería un río de vida que brotaría desde dentro de ellos. Y ese río fluiría hacia todo el mundo (ver Juan 7:38-39).

El río de vida llegará a su máxima altura justo antes del retorno del Señor. Esto fue dicho en la visión dada a Ezequiel. Dios lo llevó al profeta en un viaje fabuloso. Llevando un cordel de medir, el Señor midió 1.000 codos lo cual mide más o menos medio kilómetro. A esa distancia, el Señor y Ezequiel comenzaron a caminar en el agua que en ese punto llegaba de altura hasta los tobillos.

Ezequiel testifica, “me hizo pasar por las aguas” (Ezequiel 47:3). Y el Señor siguió animando al profeta a seguir hacia delante, a entrar más profundamente y más lejos en el agua. Después de otros 1.000 codos, el agua les llegó hasta las rodillas. Y seguía subiendo el nivel.

¿Ve usted lo que está sucediendo aquí? Ezequiel estaba caminando hacia el futuro, hasta llegar a nuestro tiempo. Los Cristianos hoy día viven en los últimos 1.000 codos del río en esta visión. Estamos en la última medida del agua. Y Ezequiel dice que cuando él puso su pié en el borde de esta medida, el agua estaba muy profunda para él, muy arrolladora. “Y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado” (47:5).

Yo sólo puedo imaginar el asombro de este hombre cuando el Señor le pregunta, “Ezequiel, ¿qué es este mar que ha crecido? Si este río representa la vida y el poder de la resurrección, ¿quiénes serán aquellos tan bendecidos de nadar en tal gloria?” El sólo podía imaginarse lo que nosotros ahora disfrutamos.

Tal vez usted ha disfrutado abundantemente de la presencia de Jesús. Puede ser que usted esté exuberante por la revelación que tiene de Cristo ahora. Pero, le digo, usted no ha visto nada en comparación al incremento que está viniendo para los justos. Cristo va a abrir nuestros ojos y aparecerá maravillosamente entre nosotros. El se revelará a nosotros, derramando en nosotros la cantidad de su vida que nosotros podamos soportar sin estar todavía en nuestros cuerpos glorificados.

domingo, 8 de febrero de 2009

CUANDO VIENE LA CERNIDA

“Dijo también el Señor: Simón, Simón, Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo” (Lucas 22:31).

Usted debe entender que Satanás busca cernir sólo a aquellos que amenazan a su trabajo. El va en contra del árbol que tiene el potencial de producir más fruto. Pero ¿por qué deseaba el diablo cernir a Pedro? ¿Por qué estaba tan ansioso de probarlo? Bueno, por tres años Pedro había estado echando fuera demonios y sanando enfermos. ¡Satanás había escuchado a Jesús prometer a sus discípulos otro bautismo, un bautismo con el Espíritu Santo y fuego – y lo hizo temblar! Ahora, Satanás escuchó el último plan de Dios para Pedro. El se dio cuenta que los últimos tres años serían nada comparados con las grandes obras que Pedro y los otros discípulos harían. Habiendo ya agarrado a Judas, él tendría que buscar algo corrupto en Pedro para construir sobre eso y hacer que la fe de Pedro falle.

Tal vez al igual que Pedro, usted está en el cernidor ahora mismo, y está siendo sacudido y cernido. Pero usted se pregunta, ¿por qué yo? Y ¿por qué ahora? Primeramente, ¡usted debe de gozarse de que usted tiene tanta reputación en el infierno! Satanás nunca hubiera pedido permiso a Dios para cernirlo a no ser que usted haya cruzado la línea de obediencia. ¿Por qué otra razón, él usaría sus esfuerzos de molestarlo y de atacarlo, infundiéndole miedo y sacudiendo todo lo que usted tiene? El lo está cerniendo por que usted juega un rol importante en la iglesia en estos últimos días. Dios está haciendo una cosa nueva en esta última generación, y usted ha sido elegido para ser un testigo poderoso para muchos. El lo ha liberado, y lo está preparando para sus propósitos eternos. Y mientras más grandes sean sus dones, más potencial tiene usted, y mientras más grande sea su entrega a la voluntad de Dios – más severa será su cernida.

Cuando alguien está pasando por el fuego de la cernida, ¿qué deberán de hacer aquellos alrededor de él? ¿Qué hizo Jesús acerca de la caída inminente de Pedro? El le dijo, “Yo he rogado por ti, para que tu fe no falte” (Lucas 22:32).

Yo miro a este maravilloso ejemplo del amor de Cristo y me doy cuenta que no sé nada sobre cómo amar a aquellos que caen. Estamos seguros que Jesús es ese “amigo que es más cercano que un hermano” (Proverbios 18:24). El vio lo bueno y lo malo en Pedro y concluyó, “Vale la pena salvar a este hombre. Satanás lo desea, pero yo lo deseo más”. Pedro verdaderamente amaba al Señor y Jesús le dijo, “He orado por ti”. Jesús había visto hacía mucho tiempo que esto vendría. Probablemente, él habría pasado muchas oras delante del Padre hablando sobre Pedro – cuánto lo amaba, cuán necesario era Pedro en el reino de Dios, y cuánto lo valoraba como amigo.

Señor, ¡danos a todos esa clase de amor! Cuando veamos a hermanos y a hermanas cediendo o yendo hacia los problemas y desastres, permítenos amarlos lo suficiente para prevenirlos tan firmemente como Jesús previno a Pedro. Entonces podremos decir, “Estoy orando por ti”.

Hoy día tenemos otro “Escrito está” con lo que podemos batallar contra Satanás. Es este: “He orado por ti, para que tu fe no falte.” Usted puede decirle al diablo, “Tal vez tú has conseguido el permiso para cernirme, para tratar de derribar ni fe. Pero tú necesitas saber esto: ¡Mi Jesús está orando por mi!”

jueves, 5 de febrero de 2009

CRUZANDO LA LÍNEA

Cuando Jesús caminó sobre la tierra, él conoció muy bien el poder feroz de Satanás, cuando viene con cada arma del infierno para zarandear a los hijos del Señor. Yo no creo que pueda haber alguno de nosotros que pueda comprender el gran conflicto enfurecido que sucede en el mundo espiritual. Ni podemos entender cuán determinado está Satanás en destruir a todos los creyentes que han decidido fijar sus corazones hambrientos en ir hasta el final con Cristo. Pero es verdad que en nuestro caminar Cristiano , cruzamos la línea – la línea de la obediencia – que enciende las alarmas del infierno. Y el momento en que cruzamos esa línea hacia una vida de obediencia a la Palabra de Dios y dependencia sólo en Jesús, nos convertimos en una amenaza para el reino de las tinieblas y un blanco de los principados y poderes demoniacos.

El testimonio de cada creyente que se entrega al Señor con todo su corazón incluye el repentino ataque de problemas y pruebas extrañas e intensas.

Si usted ha cruzado la línea de la obediencia, entonces usted está haciendo olas en el mundo invisible. En Lucas 22:28-34 Jesús introduce el tema de las cernidas de los santos. “¡Simón, Simón!...Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo” (verso 31). En los días de Cristo, los agricultores de trigo usaban la cernida antes de embolsar el grano. Con una pala llenaban una caja cuadrada cubierta con una malla, y volcaban la caja y la sacudían violentamente. La basura y la suciedad salían a través de la malla hasta que sólo los granos quedaban. En este verso, zarandear significa “ser sacudido y separado” – ser sacudido a través de la agitación de problemas súbitos. Jesús usó esta analogía para decirle a Pedro: “¡Satanás cree que tú sólo eres basura y suciedad, y que cuando él te ponga en el cernidor y te sacuda, caerás al suelo!”

Hay pruebas y problemas, y también hay cernidas. Yo veo las cernidas como un gran ataque satánico que quiere destruirlo todo. Generalmente se comprime en un periodo corto de tiempo pero intenso. Para Pedro, la cernida duraría unos cuantos días, pero esos días serían los días más horribles, más probados, y más arrepentidos de su vida. Ese tiempo de cernida sacudió y quitó el orgullo que había derribado a Pedro. La sacudida quitó de su alma estorbos que pudieron haber destruido su testimonio para siempre.

Gracias a Dios, la fe de Pedro no falló, y tan seguramente como Jesús oró para que su “fe no falte”, así él ora por nosotros de la misma manera.

miércoles, 4 de febrero de 2009

LA HORA DE AISLAMIENTO

Yo sé lo que es enfrentar el silencio divino, sin escuchar la voz de Dios por una época. He caminado a través de periodos de confusión total sin ninguna guía aparente, con aquella pequeña voz detrás de mí en completo silencio. Han habido tiempos cuando no he tenido amigos cerca para traer satisfacción a mi corazón con una palabra de consejo. Todas mis pautas de orientación anteriores se han torcido y me he encontrado en tinieblas completas. No podía ver mi camino y he cometido errores tras errores. Yo quería decir, “Oh Dios, ¿qué ha sucedido? ¡No sé por donde ir!”

¿Realmente Dios esconde su rostro de aquellos a los que ama? ¿No es posible que él levante su mano por un corto tiempo para enseñarnos confianza y dependencia? La Biblia responde claramente: “Dios lo dejó [a Ezequías], para probarle y conocer todo lo que estaba en su corazón” (2 Crónicas 32:31).

Usted tal vez está pasando por un aluvión de pruebas ahora mismo. Usted sabe a lo que me refiero cuando digo que los cielos parecen de bronce. Usted sabe lo que es fallar repetidamente. Usted ha esperado y esperado respuestas a su oración. Le han servido una taza de aflicción. ¡Nada y nadie puede arreglar esa necesidad en su corazón!

¡Ese es el momento en que usted debe de decidirse! Usted no tiene que reírse o gozarse, por que usted tal vez no tenga felicidad en ese momento. Es más, puede que sólo haya tumulto en su alma. Pero usted puede saber que Dios está todavía en usted, por que las escrituras dicen, “Jehová preside en el diluvio y se sienta Jehová como rey para siempre” (Salmo 29:10).

Pronto usted oirá la voz de Dios: “No te aflijas, no entres en pánico. Sólo mantén tus ojos en mí. Encomiéndame todas las cosas.” Y usted conocerá que usted continúa siendo el objeto del increíble amor de Dios.

martes, 3 de febrero de 2009

¡RESPUESTAS RETARDADAS A LA ORACIÓN!

La mayoría de nosotros oramos como David lo hizo: “Apresúrate a responderme el día que te invocare” (Salmo 102:2). “Estoy angustiado; apresúrate, óyeme” (Salmo 69:17). La palabra Hebrea para “apresúrate” quiere decir “¡ahora mismo, apúrate, en el momento que te llamo, hazlo!” David estaba diciendo, “Señor, yo pongo mi confianza en ti – ¡pero por favor apúrate!”

Dios no está apresurado. El no salta cada vez que usted le ordena. Es más, a veces usted podrá preguntarse si alguna vez él contestará. Usted clama, llora, ayuna y confía – pero los días pasan, luego semanas, meses y aun años, y usted no recibe ni la mínima evidencia de que Dios lo está escuchando. Primero usted se pregunta: “Algo debe de estar impidiendo mis oraciones.” Usted queda perplejo, y con el tiempo su actitud hacia Dios se vuelve algo así: “Señor, ¿qué tengo que hacer para recibir respuesta a esta oración? Tú prometiste en tu Palabra que me darías una respuesta, y he orado en fe. ¿Cuántas lagrimas debo derramar?”

¿Por qué Dios retrasa la respuesta a las oraciones sinceras? Verdaderamente no es por que le falte poder. Y él está deseoso que nosotros recibamos de él. La respuesta se encuentra en este verso: “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar” (Lucas 18:1).

La palabra Griega que se traduce como “desmayar” o perder interés, significa “relajarse, volverse débil, o cansarse en fe, dejar de tratar, ya no esperar completar algo.” Gálatas 6:9 dice, “No nos cansemos, pues, de hacer el bien, por que a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” El Señor está buscando personas que oran y que no se relajan ni se cansan de venir a él. Estas personas esperarán en el Señor, sin rendirse hasta que el trabajo sea completado. Y se los encontrará esperando cuando él traiga la respuesta.

lunes, 2 de febrero de 2009

¡AMOR QUE CASTIGA!

Porque Dios lo ama, él trabajará para limpiarlo. Pero es un castigo amoroso para aquellos que se arrepienten y retornan a él. Puede que usted sienta las flechas en su corazón por los pecados del pasado y del presente, pero si usted tiene un corazón arrepentido y quiere dejar su error, usted puede pedirle a él su amor que castiga. Usted será corregido – pero con su gran misericordia y compasión. Usted no sentirá su ira como les sucede a los impíos, sino su vara de disciplina, aplicada con su amorosa mano.

Tal vez su sufrimiento viene por tomar decisiones erradas. ¿Cuántas mujeres están sufriendo porque se casaron con hombres que Dios les había advertido que no se casaran? ¿Cuántos hijos están rompiendo los corazones de sus padres, llevándolos hasta el límite de su aguante? Pero, muchas veces esto sucede debido a los pecados pasados de los padres, por sus negligencias y por haber cedido.

Cuando usted sabe que ha alcanzado el punto más bajo, es hora de buscar al Señor en quebrantamiento, arrepentimiento y en fe. Es hora de recibir una nueva infusión de la fuerza del Espíritu Santo. Es hora de ser renovado y refrescado, de tener fortaleza espiritual fluyendo en usted.

Vea usted, cuando clama a Dios, él derrama su fortaleza en usted: “El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma…Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra. Jehová cumplirá su propósito en mi; tu misericordia, oh Jehová es para siempre” (Salmo 138:3, 7-8).

Una de las cosas más difíciles para los Cristianos es aceptar el sufrimiento de los justos. Hasta el tiempo de Cristo, los Judíos asociaban la prosperidad y la buena salud con la pureza espiritual. Ellos creían que si usted era rico, con buena salud o de otra manera bendecido, era por que Dios estaba satisfecho con usted. Por esto fue que sus discípulos tenían dificultad en entender lo que Jesús había dicho que “Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Mateo 19:24). Los discípulos le preguntaron, “¿Quién, pues, podrá ser salvo?”

De igual manera hoy, hay una doctrina errónea que dice que si usted está de acuerdo con Dios, usted nunca sufrirá; tan sólo llame a Dios y él vendrá corriendo a resolverlo todo inmediatamente. ¡Pero ese no es el Evangelio! Los héroes de la fe que están en la lista de Hebreos 11, todos ellos caminaron con Dios en una relación cercana de fe, y sufrieron apedreamientos, burlas, torturas y muertes violentas (versos 36-38). Pablo mismo, caminó muy junto a Dios, y fue náufrago, apedreado, azotado, dejado por muerto, lo asaltaron y robaron, fue encarcelado y perseguido. El sufrió la pérdida de todas las cosas. ¿Por qué? Estas fueron todas las pruebas y las purgas, donde su fe fue probada para la gloria de Dios.

Dios quiere plantar algo en nuestros corazones a través de nuestras pruebas y dificultades. El quiere que podamos decir, “Señor Jesús, tú eres mi Protector, y yo creo que tú gobiernas los eventos de mi vida. Si algo me sucede, es por que tú lo has permitido, y yo confío en tu propósito por el cual lo estás haciendo. Ayúdame a entender la lección de la cual tú quieres que yo aprenda. Si camino en justicia y tengo tu gozo en mi corazón, entonces mi vivir y mi morir te traerán gloria a ti. Yo confío en que tú tienes alguna gloria preparada, algún propósito eterno que mi mente finita no entiende. Pero de cualquier manera, yo digo, ‘¡Jesús, si vivo o si muero, soy tuyo!’”

domingo, 1 de febrero de 2009

¡DIOS ME DIJO ALGO QUE YO NO ESPERABA OIR!

Una noche durante una reunión de oración, Dios me dijo algo acerca de nuestra iglesia que yo no esperaba escuchar.

El Señor me susurró, “¡Esta iglesia necesita una sacudida! Muchos se han vuelto satisfechos y complacientes. Ustedes se sienten a salvo de los vientos y de las olas de falsas doctrinas que están barriendo sobre la tierra – ¡pero ustedes no están listos para lo que viene!”

Amados, el mensaje de tener el testimonio del Espíritu funcionando en usted no es una solicitud – ¡es un asunto de vida o muerte! ¡Si usted no tiene el testimonio del Espíritu Santo en estos últimos días, usted no va a lograrlo! ¡Usted cederá al espíritu del Anticristo que viene!

Usted necesita el testimonio del Espíritu Santo cada día – en su trabajo, en sus quehaceres, en el colegio. Usted necesita juzgar correctamente a los políticos y líderes para no ser atraído en el sistema del anticristo.

Esto es lo que Jesús trataba de mostrarnos acerca de las vírgenes insensatas a las cuales se les acabó el aceite para sus lámparas. Ellas tenían un suministro del Espíritu Santo – pero no tuvieron su testimonio en el momento final.

No termine usted como las vírgenes insensatas. Si a usted se le está acabando el aceite – confiando en que su pastor o su iglesia guardarán su alma – ¡entonces arrepiéntase! ¡Humíllese y examine su corazón! Clame a Dios para que eche fuera todo enojo y amargura. Confiese sus pecados y abandónelos. ¡Y dependa de Dios nuevamente para todo!

Adquiera la paz de Dios en su corazón, para que usted pueda tener un testimonio del Espíritu Santo. Y pídale al Padre que le dé más de su Espíritu. ¡Invítelo a que él sea su testimonio y guía en todo!

Enfrentamos un costo para que Jesús sea todo en nuestras vidas, pero también recibimos una recompensa: Es simplemente tener la bendición de que Cristo esté con nosotros. Hay muchas otras recompensas también (vea Mateo 19:29), pero yo menciono esta por que es todo lo que necesitaremos.

Cuando Pablo estaba prisionero en Jerusalén, todo el sistema religioso quería matarlo. Lo acusaron de contaminar el lugar sagrado y de predicar doctrinas falsas. Su vida estaba en peligro, aun los soldados tenían “temor de que Pablo fuese despedazado” (Hechos 23:10). Así que lo llevaron a la fuerza y lo encerraron en un castillo. La próxima noche el mismo Señor le habló a Pablo, y qué palabra la que le trajo: “¡Anímate! ¡Todavía vienen más problemas!”

El costo de seguir a Cristo era claro en las vidas de estos hombres de Dios – y si vamos a ser como nuestro Amo, entonces debemos de abrazar el costo también. Soportando el costo llega a ser un gozo por que Jesús promete estar con nosotros en cada situación. Y podemos enfrentar cualquier cosa o a cualquiera que sea cuando sabemos que el Señor está con nosotros.

Así que examinemos el costo y conozcamos que nuestra recompensa, en todas las cosas, es la preciosa presencia de Jesucristo.