jueves, 5 de febrero de 2009

CRUZANDO LA LÍNEA

Cuando Jesús caminó sobre la tierra, él conoció muy bien el poder feroz de Satanás, cuando viene con cada arma del infierno para zarandear a los hijos del Señor. Yo no creo que pueda haber alguno de nosotros que pueda comprender el gran conflicto enfurecido que sucede en el mundo espiritual. Ni podemos entender cuán determinado está Satanás en destruir a todos los creyentes que han decidido fijar sus corazones hambrientos en ir hasta el final con Cristo. Pero es verdad que en nuestro caminar Cristiano , cruzamos la línea – la línea de la obediencia – que enciende las alarmas del infierno. Y el momento en que cruzamos esa línea hacia una vida de obediencia a la Palabra de Dios y dependencia sólo en Jesús, nos convertimos en una amenaza para el reino de las tinieblas y un blanco de los principados y poderes demoniacos.

El testimonio de cada creyente que se entrega al Señor con todo su corazón incluye el repentino ataque de problemas y pruebas extrañas e intensas.

Si usted ha cruzado la línea de la obediencia, entonces usted está haciendo olas en el mundo invisible. En Lucas 22:28-34 Jesús introduce el tema de las cernidas de los santos. “¡Simón, Simón!...Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo” (verso 31). En los días de Cristo, los agricultores de trigo usaban la cernida antes de embolsar el grano. Con una pala llenaban una caja cuadrada cubierta con una malla, y volcaban la caja y la sacudían violentamente. La basura y la suciedad salían a través de la malla hasta que sólo los granos quedaban. En este verso, zarandear significa “ser sacudido y separado” – ser sacudido a través de la agitación de problemas súbitos. Jesús usó esta analogía para decirle a Pedro: “¡Satanás cree que tú sólo eres basura y suciedad, y que cuando él te ponga en el cernidor y te sacuda, caerás al suelo!”

Hay pruebas y problemas, y también hay cernidas. Yo veo las cernidas como un gran ataque satánico que quiere destruirlo todo. Generalmente se comprime en un periodo corto de tiempo pero intenso. Para Pedro, la cernida duraría unos cuantos días, pero esos días serían los días más horribles, más probados, y más arrepentidos de su vida. Ese tiempo de cernida sacudió y quitó el orgullo que había derribado a Pedro. La sacudida quitó de su alma estorbos que pudieron haber destruido su testimonio para siempre.

Gracias a Dios, la fe de Pedro no falló, y tan seguramente como Jesús oró para que su “fe no falte”, así él ora por nosotros de la misma manera.