lunes, 2 de febrero de 2009

¡AMOR QUE CASTIGA!

Porque Dios lo ama, él trabajará para limpiarlo. Pero es un castigo amoroso para aquellos que se arrepienten y retornan a él. Puede que usted sienta las flechas en su corazón por los pecados del pasado y del presente, pero si usted tiene un corazón arrepentido y quiere dejar su error, usted puede pedirle a él su amor que castiga. Usted será corregido – pero con su gran misericordia y compasión. Usted no sentirá su ira como les sucede a los impíos, sino su vara de disciplina, aplicada con su amorosa mano.

Tal vez su sufrimiento viene por tomar decisiones erradas. ¿Cuántas mujeres están sufriendo porque se casaron con hombres que Dios les había advertido que no se casaran? ¿Cuántos hijos están rompiendo los corazones de sus padres, llevándolos hasta el límite de su aguante? Pero, muchas veces esto sucede debido a los pecados pasados de los padres, por sus negligencias y por haber cedido.

Cuando usted sabe que ha alcanzado el punto más bajo, es hora de buscar al Señor en quebrantamiento, arrepentimiento y en fe. Es hora de recibir una nueva infusión de la fuerza del Espíritu Santo. Es hora de ser renovado y refrescado, de tener fortaleza espiritual fluyendo en usted.

Vea usted, cuando clama a Dios, él derrama su fortaleza en usted: “El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma…Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra. Jehová cumplirá su propósito en mi; tu misericordia, oh Jehová es para siempre” (Salmo 138:3, 7-8).

Una de las cosas más difíciles para los Cristianos es aceptar el sufrimiento de los justos. Hasta el tiempo de Cristo, los Judíos asociaban la prosperidad y la buena salud con la pureza espiritual. Ellos creían que si usted era rico, con buena salud o de otra manera bendecido, era por que Dios estaba satisfecho con usted. Por esto fue que sus discípulos tenían dificultad en entender lo que Jesús había dicho que “Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Mateo 19:24). Los discípulos le preguntaron, “¿Quién, pues, podrá ser salvo?”

De igual manera hoy, hay una doctrina errónea que dice que si usted está de acuerdo con Dios, usted nunca sufrirá; tan sólo llame a Dios y él vendrá corriendo a resolverlo todo inmediatamente. ¡Pero ese no es el Evangelio! Los héroes de la fe que están en la lista de Hebreos 11, todos ellos caminaron con Dios en una relación cercana de fe, y sufrieron apedreamientos, burlas, torturas y muertes violentas (versos 36-38). Pablo mismo, caminó muy junto a Dios, y fue náufrago, apedreado, azotado, dejado por muerto, lo asaltaron y robaron, fue encarcelado y perseguido. El sufrió la pérdida de todas las cosas. ¿Por qué? Estas fueron todas las pruebas y las purgas, donde su fe fue probada para la gloria de Dios.

Dios quiere plantar algo en nuestros corazones a través de nuestras pruebas y dificultades. El quiere que podamos decir, “Señor Jesús, tú eres mi Protector, y yo creo que tú gobiernas los eventos de mi vida. Si algo me sucede, es por que tú lo has permitido, y yo confío en tu propósito por el cual lo estás haciendo. Ayúdame a entender la lección de la cual tú quieres que yo aprenda. Si camino en justicia y tengo tu gozo en mi corazón, entonces mi vivir y mi morir te traerán gloria a ti. Yo confío en que tú tienes alguna gloria preparada, algún propósito eterno que mi mente finita no entiende. Pero de cualquier manera, yo digo, ‘¡Jesús, si vivo o si muero, soy tuyo!’”