jueves, 30 de junio de 2011

ESTÉ LISTO

En Mateo 24, Jesús usa una parábola para enseñar sobre el estar listo para su retorno: “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.”

“Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.” (Mateo 24:44-51)

Note que Jesús se refiere a siervos, dando a entender, creyentes. Un siervo es llamado fiel y el otro es llamado malo. ¿Qué es lo malo ante los ojos de Dios? Según Jesús, es algo que éste “dijere en su corazón” (Mateo 24:48). Este siervo no vocaliza dicho pensamiento, ni tampoco lo predica. Pero lo piensa. Ha entregado su corazón a una mentira demoniaca. “El Señor tarda en venir”. Note que no dice: “El Señor no vendrá”, sino: “tarda en venir”. En otras palabras: “Jesús no vendrá repentina o inesperadamente. Él no retornará en mi generación.”

Este “siervo malo” es claramente, un tipo de creyente, quizás uno que está en el ministerio. Se le ordenó “vigilar” y “estar listo”, “porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44). Pero este hombre aplaca su conciencia aceptando la mentira de Satanás.

Jesús nos muestra el fruto de esta manera de pensar. Si un siervo está convencido de que el Señor a retrasado su venida, entonces no ve la necesidad de vivir correctamente. No tiene urgencia de hacer las paces con sus compañeros. No ve la necesidad de preservar la unidad en su hogar, en su trabajo ni en su iglesia. Puede golpear a sus compañeros siervos, acusarlos, guardar rencores, destruir su reputación. Como Pedro dijo, este siervo es impulsado por sus deseos, éste quiere vivir en ambos mundos: aprueba una vida de maldad al mismo tiempo que cree estar a salvo del justo juicio de Dios.

miércoles, 29 de junio de 2011

LAS MENTIRAS DEL ENEMIGO

En nuestros momentos de prueba y tentación, Satanás viene a nosotros trayéndonos mentiras como: “Estás completamente cercado y no tienes salida. Siervos más fuertes que tú han caído en circunstancias menos difíciles. Ahora te toca caera tí. Eres un fracaso, de otra manera no estarías pasando por esto. Algo está mal en tu vida y Dios está descontento contigo”.

En medio de su prueba, Ezequías reconoció su incapacidad. Este rey se dio cuenta de que no tenía la fuerza para detener las voces de ira en su contra, voces de desánimo, de amenazas y de mentiras. El sabía que no podía librarse de esta batalla, así que buscó al Señor para que lo ayudara. Y Dios le respondió enviándole al profeta Isaías con este mensaje: “El Señor ha oído tu clamor. Ahora, dile a Satanás que está a tu puerta: ‘Eres tú el que caerá. Por el mismo camino por donde viniste, te irás. ”

Ezequías por poco cayó en el truco del enemigo. El hecho es que si no nos ponemos de pie para enfrentar las mentiras de Satanás, si en nuestra hora de crisis no nos agarramos de nuestra fe e inclinamos hacia la oración, si no obtenemos fuerzas de las promesas de liberación que Dios nos ha dado, el diablo se reirá de nuestra débil e inconstante fe e intensificará sus ataques contra nosotros.

Ezequías cobró valor por la palabra que recibió y fue capaz de decirle con firmeza a Senaquerib: “Rey Diablo, tú no has blasfemado mi nombre, sino el de Dios mismo. Mi Señor me librará. ¡Y porque blasfemaste Su Nombre, enfrentarás su ira!”

La Biblia nos dice que esa misma noche, Dios libró sobrenaturalmente a Ezequías y a Judá: “Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos.” (2 Reyes 19:35)

Hoy, los creyentes no están de pie sólo sobre una promesa sino sobre la sangre derramada de Jesucristo. Y en esa sangre tenemos victoria sobre todo pecado, tentación y batalla que alguna vez enfrentemos. Quizás recientemente usted ha recibido una carta del diablo. Permítame preguntarle: “¿Cree usted que Dios tiene el anticipado conocimiento respecto a cada una de sus pruebas, cada uno de sus torpes movimientos, cada una de sus dudas y temores? Si es así, usted cuenta con el ejemplo de David, el cual oró: “Este pobre clamó y el Señor lo libró”. ¿Se atreverá usted a hacer lo mismo?

martes, 28 de junio de 2011

LA PAZ Y EL ESPIRITU SANTO

¿A quiénes les concede Jesús su paz? Usted pensará: “Yo no soy digno de vivir en la paz de Cristo, tengo demasiadas luchas en mi vida, mi fe es tan débil.”

Haríamos bien en considerar a aquellos primeros hombres que recibieron la paz de Jesús. Ninguno de ellos era digno y ninguno tenía el derecho de recibirla.

Piense en Pedro. Jesús estaba a punto de conceder su paz a un ministro del evangelio que pronto iba a estar maldiciendo. Pedro era celoso en su amor por Cristo, pero también lo iba a negar.

Luego tenemos a Santiago y a su hermano Juan, hombres con un espíritu competitivo, siempre buscando el reconocimiento. Pidieron sentarse a la derecha e izquierda de Jesús, cuando ascendiera a su trono en gloria.

Los otros discípulos no eran más justos. Se enfurecieron contra Santiago y Juan, cuando éstos trataron de sobresalir. Luego está Tomás, un hombre de Dios que se había rendido a la duda. Tanta fe les hacía falta a todos los discípulos, que Jesús se asombraba y preocupaba. Es más, en la hora más crítica de Cristo, todos lo abandonaron y huyeron. Aun después de la Resurrección, cuando la frase “¡Jesús ha resucitado!”se esparció por doquier, los discípulos fueron tardos para creer.

Pero aun hay más. También eran hombres confundidos. No entendían los caminos del Señor. Sus parábolas los confundían. Después de la Crucifixión perdieron todo sentido de unidad, dispersándose en todas las direcciones.

¡Qué cuadro! Estos hombres estaban llenos de temores, incredulidad, división, lamento, confusión, competencia, orgullo. Sin embargo, fue a estos mismos siervos afligidos que Jesús dijo: “Les voy a dar mi paz”.

Los discípulos no fueron escogidos por ser buenos o justos; eso está claro. Tampoco era porque tenían talento o habilidades. Eran pescadores y obreros, mansos y humildes. Cristo llamó y eligió a los discípulos porque vio algo en sus corazones. A medida que miraba en ellos, sabía que cada uno se sometería al Espíritu Santo.

En este punto, todo lo que tenían los discípulos era una promesa de paz por parte de Cristo. La plenitud de dicha paz les sería dada en el Pentecostés. Ahí es cuando el Espíritu Santo vendría y moraría en ellos. La paz de Cristo que recibimos, proviene del Espíritu Santo. Esta paz viene a nosotros a medida que el Espíritu nos revela a Cristo. Cuanto más anhelemos de Jesús, el Espíritu nos mostrará más de Él, y tendremos más de la paz de Cristo.

lunes, 27 de junio de 2011

LA GRAN PREOCUPACIÓN DE DIOS

En medio de esta global “agitación de todas las cosas”, ¿en qué está enfocada la preocupación de Dios? ¿Será en los eventos del Medio Oriente? No. La Biblia nos dice que La mirada de Dios está puesta sobre sus hijos. “He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia” (Salmos 33:18).

Nuestro Señor es conciente de todo lo que se mueve en la Tierra, de todo lo que respira. Aun así, su mirada está primordialmente enfocada en el bienestar de sus hijos. Él ha fijado sus ojos en los dolores y necesidades de cada miembro de su cuerpo espiritual. Dicho de una forma simple, cualquier cosa que nos afecte, le preocupa a Él.

Para demostrarlo, Jesús dijo: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). Incluso, en medio de las grandes guerras mundiales, el primer enfoque de Dios no está en los tiranos. Su enfoque está en cada circunstancia que sucede en las vidas de sus hijos.

Cristo dijo en el versículo siguiente: “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre” (Mateo 10:29). En los días de Cristo, estos pajarillos eran la carne de los pobres y se vendían a dos por un centavo. Sin embargo, Jesús dijo que ninguna de ellos caía a tierra sin que lo supiera nuestro Padre.

El uso que le da Jesús al verbo “caer” en este versículo, va más allá de la muerte de un ave. El significado arameo es “posarse sobre la tierra”, en otras palabras, “caer”, aquí indica hasta el mínimo sobresalto que un pequeño pajarillo hace.

Con esto Cristo nos está diciendo: “La mirada de tu Padre está puesta sobre el pajarillo, no sólo cuando muere, sino cuando se posa en tierra. A medida que el pajarillo aprende a volar, cae del nido y comienza a brincar sobre la tierra. Y Dios ve hasta la lucha más pequeña que éste tiene. Él se preocupa de cada detalle de su vida.”

Luego, Jesús añade: “Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mateo 10:31). De hecho, Él está diciendo: “Pues aun vuestros cabellos están todos contados” (Mateo 10:30). En otras palabras, Aquél que creó y contó cada estrella, que monitoreó cada acto del Imperio Romano, que guarda a las galaxias en sus órbitas, tiene sus ojos fijados en ti. Y, Jesús pregunta: “¿No valéis vosotros mucho más que ellos?”

domingo, 26 de junio de 2011

¡ASOMBROSA PAZ!

Jesús nos da más de una razón por la cual necesitamos su paz. Cristo les dijo a sus discípulos, en Juan 14:30: “Viene el príncipe de este mundo”. ¿Cuál era el contexto de esta declaración? Él acababa de decirle a los doce: “No hablaré ya mucho con vosotros”. Luego, explicó el por qué: “Porque viene el príncipe de este mundo”.

Jesús sabía que Satanás estaba ocupado en aquella misma hora. El diablo ya había enlistado a Judas para que lo traicionara. Y Cristo sabía que la jerarquía religiosa en Jerusalén estaba siendo fortalecida por los principados del infierno. Él también era conciente de que una multitud inspirada por el diablo vendría muy pronto para llevarlo prisionero. Ahí es cuando Jesús les dice a los discípulos: “Satanás, el maligno, viene. Así que ya no les seguiré hablando más.”

Jesús sabía que necesitaba tener un tiempo con el Padre para prepararse para la dificultad que enfrentaría. Él estaba a punto de ser puesto en manos de hombres malvados, tal como Él mismo lo había dicho. Y sabía que Satanás estaba haciendo todo lo posible para estremecer su paz. El diablo habría de acosarlo e intentaría desalentarlo. Todo esto con el propósito de quebrantar la fe de Cristo en el Padre, de hacer cualquier cosa con tal de que Él no fuera a la Cruz.

Puede ser que usted se encuentre confundido, pensando: “Todo terminó, no lo voy a lograr”. Pero Jesús dice: “Yo sé lo que estás pasando. Ven y bebe de mi paz”.

Ahora mismo, usted puede estar atravesando el tiempo mas difícil que haya enfrentado. Su vida puede estar en juego y todo parece carecer de esperanza. Pareciera no haber escapatoria para usted y cada puerta que usted abre lo llena de más tensión, confusión y cansancio.

No importa lo que usted esté pasando. Su vida puede parecer haber sido devastada por un tornado. Usted puede estar soportando pruebas que hacen que otros lo vean como un Job moderno. Pero en medio de sus pruebas, cuando clame al Espíritu Santo para que lo bautice en la paz de Cristo, Él lo hará.

La gente lo señalará y dirá: “El mundo de aquel hombre se ha hecho pedazos, sin embargo él ha determinado confiar en la Palabra de Dios, viva o muera. ¿Cómo puede hacerlo? ¿Cómo puede continuar? El debiera haberse rendido hace mucho tiempo, pero no lo ha hecho. Y a lo largo de todo, no ha cedido ninguno de sus principios. ¡Qué asombrosa paz! Está más allá del entendimiento”.

jueves, 23 de junio de 2011

EN MEDIO DE UN MILAGRO

Usted podría estar en medio de un milagro en este preciso momento y simplemente, no darse cuenta. Quizás, ahora mismo esté esperando un milagro. Se encuentra desanimado porque las cosas no parecen cambiar en absoluto. No ve ninguna evidencia de la obra sobrenatural de Dios a favor suyo.

Considere lo que dice David en el Salmo 18: “En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. La tierra fue conmovida y tembló; se conmovieron los cimientos de los montes…Humo subió de su nariz, y de su boca fuego consumidor…inclinó los cielos, y descendió…Tronó en los cielos Jehová, y el Altísimo dio su voz…Envió sus saetas…Lanzó relámpagos” (Salmos 18:6-9, 13-14).

Usted debe darse cuenta de que ninguna de estas cosas sucedieron literalmente. Todo se trataba de algo que David vio con sus ojos espirituales. Amado, eso es fe. Es cuando usted cree que Dios ha oído su clamor, que Él no ha tardado, ni tampoco ha ignorado su petición. Por el contrario, Él comenzó calladamente su milagro cuando usted apenas oró. Aún ahora Él está haciendo una obra sobrenatural a favor de usted. Eso es verdaderamente creer en milagros, en su maravillosa obra progresiva en nuestras vidas.

David entendió la verdad fundamental detrás de todo esto: “Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí” (Salmos 18:19). David declaró: “Yo sé por qué Dios está haciendo tanto por mí. Es porque Él se deleita en mí”.

De verdad, yo creo en los milagros instantáneos. Dios sigue obrando maravillas gloriosas e instantáneas en el mundo de hoy. Pero en estos pasajes del Evangelio (Mateo 16:9-11, Marcos 8:19-21), mientras Jesús les recuerda a los discípulos la milagrosa alimentación de los 5,000 y de los 4,000, Él les pide a ellos y a nosotros tomar nota de sus milagros continuos y de su importancia para nuestras vidas en el día de hoy.

miércoles, 22 de junio de 2011

LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR

En la antigua Israel, el arca del pacto representaba la misericordia de Jehová, una poderosa verdad que posteriormente fue personificada por Jesús. Debemos recibir su misericordia, confiando en la sangre salvadora de dicha misericordia y ser salvos por toda la eternidad. Es decir, usted puede ridiculizar la ley, burlarse de la santidad de Dios y echar por tierra todo lo que Dios hable. Pero cuando usted se burla o ridiculiza la misericordia de Dios, el juicio viene, y muy pronto. Si usted pisotea su sangre misericordiosa, enfrentará su horrenda ira.

Eso es exactamente lo que les sucedió a los filisteos cuando robaron el arca. Una destrucción mortal vino sobre ellos hasta que tuvieron que admitir: “Esto no es simple casualidad o coincidencia. La mano de Dios está claramente en contra nuestra”. Considere lo que sucedió cuando fue llevada al templo pagano de Dagón para burlarse y desafiar al Dios de Israel. En medio de la noche, el lugar de misericordia que era el arca, se convirtió en una vara de juicio. Al día siguiente, Dagón, el ídolo, fue hallado derribado rostro a tierra delante del arca, decapitado y cortadas sus manos (ver 1 Samuel 5:2-5).

Amados, así es como debería encontrarse Estados Unidos. Hace mucho tiempo que deberíamos haber sido juzgados. A todos los que se burlan y desafían la misericordia de Dios, les digo: “Sigan, traten con todas su fuerzas de traer a la iglesia de Cristo bajo el poder del secularismo o el agnosticismo. Pero si se burlan de la misericordia de Cristo, Dios echará todo poder y autoridad que tengan, al suelo. Jeremías dijo: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias” (Lamentaciones 3:22). Sin embargo, cuando los hombres hacen burla de tan grande misericordia que es Cristo, el juicio es seguro.

Es sólo a causa de la misericordia del Señor que el juicio tarda. Y ahora mismo, Estados Unidos se está beneficiando de dicha misericordia. Increíblemente, todo el país se encuentra en una carrera junto al resto del mundo, para eliminar a Dios y a Cristo de la sociedad. No obstante, el Señor no va a ser burlado, sus misericordias son para siempre, y Él ama a esta nación. Yo creo que por ello es que Él sigue derramando sus bendiciones sobre nosotros. Su deseo es que dicha bondad nos lleve al arrepentimiento (ver Romanos 2:4).

No debemos desesperarnos a causa de la situación actual de los Estados Unidos. Nos duele la horrenda corrupción, burla y pecado, pero tenemos esperanza, sabiendo que Dios está en control completo. Sabemos que las misericordias de Dios son para siempre.

martes, 21 de junio de 2011

EL PAGANISMO DE PREOCUPARSE

“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? (Porque los gentiles buscan todas estas cosas)” (Mateo 6:31-32).

Jesús nos dice que no nos preocupemos – del futuro o de nuestra familia, de nuestros trabajos, o de cómo vamos a sobrevivir – porque ese es un estilo de vida pagano. Jesús está hablando aquí de los que no tienen un Padre celestial. Ellos no conocen a Dios como Dios quiere que lo conozcan, como un Padre celestial cariñoso, proveedor, y amoroso.

“No os afanéis por el día de mañana” (v. 34). Con estas directas palabras, Jesús nos ordena, “No pienses en ello, no te preocupes sobre lo que pueda o no pueda suceder mañana. Tú no puedes cambiar tu situación. Y no ganas nada al preocuparte. Con ello estás haciendo lo mismo que los paganos.” Luego Jesús dice, “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (v.33). En otras palabras, debes de continuar amando a Jesús. Debes de continuar echando tus cargas sobre él. Debes de continuar descansando en su fidelidad. Tu Padre celestial velará para que todas las cosas esenciales sean provistas en tu vida.

Me pregunto si los ángeles están desconcertados por todas las preocupaciones y ansiedades de aquellos que profesan confiar en Dios. Para ellos ha de ser muy degradante y tan insultante al Señor, que nos preocupemos como si no tuviéramos un Padre cariñoso en el cielo. Qué preguntas perplejas han de hacerse los ángeles entre ellos: “¿No tienen ellos un Padre en el cielo? ¿No creen ellos que él los ama? ¿Acaso no les dijo que él sabe lo que necesitan? ¿No creen que aquél que da de comer a las aves y a todo el reino animal, también les dará de comer y de vestir a ellos? ¿Cómo pueden mortificarse y preocuparse si saben que a él le pertenece todo el poder, todas las riquezas, y puede suplir las necesidades de toda la creación? ¿Lo acusarían a su Padre celestial de descuido, como si él no fuera verdadero a su Palabra?

Tú tienes un Padre celestial. ¡Confía en él!

JESUS TENIA UN PLAN

“Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer” (Juan 6:5-6). Jesús puso a un lado a Felipe y le dijo: “Felipe, acá hay miles de personas. Todas tienen hambre. ¿Dónde vamos a comprar suficiente pan para alimentarlos? ¿Qué crees que deberíamos hacer?

¡Qué amor tan increíble el de Cristo! El versículo arriba citado nos dice que Jesús siempre supo lo que iba a hacer. Sin embargo, el Señor estaba tratando de enseñarle algo a Felipe y la lección que le estaba dando se aplica a nosotros el día de hoy. Medite al respecto: ¿Cuántas personas en el cuerpo de Cristo se quedan despiertas hasta la medianoche intentando hallar solución a sus problemas? Pensamos: “Quizás esto funcione. No, no, quizás aquéllo lo solucione. No…”

Felipe y los apóstoles no sólo tenían un problema de falta de panes. Tenían un problema de falta de panaderías…y un problema económico…y un problema de distribución…y un problema de transporte…y un problema de tiempo. Júntelos todos y verá que tenían más problemas de los que pudieran incluso imaginar. Su situación era absolutamente imposible.

En todo momento, Jesús sabía exactamente lo que iba a hacer. Él tenía un plan. Y lo mismo es cierto para sus problemas y dificultades hoy. Existe un problema, pero Jesús ya conoce la situación completa. Y Él viene a usted preguntando: “¿Qué piensas hacer respecto a esto?”.

La respuesta correcta por parte de Felipe, hubiera sido: “Jesús, Tú eres Dios. Para ti no hay nada imposible. Así que te entrego este problema a ti. Ya no es mío, sino tuyo”.

Eso es exactamente lo que debemos decirle a nuestro Señor hoy, en medio de nuestra crisis: “Señor, Tú eres el hacedor de maravillas y yo voy a rendirte todas mis dudas y temores. Te encomiendo toda esta situación, mi vida entera, a tu cuidado. Sé que no permitirías que desmaye. De hecho, Tú ya sabes lo que vas a hacer respecto a mi problema. Confío en tu poder.

lunes, 20 de junio de 2011

EL BESO DEL PADRE

Una gran bendición llega a nosotros cuando se nos hace sentarnos en lugares celestiales. ¿Cuál es esta bendición? Es el privilegio de la aceptación: “Nos hizo aceptos en el Amado [Cristo]” (Efesios 1:6). La palabra griega “acepto” significa: “altamente favorecido”. Es diferente al uso de esta palabra en nuestro idioma, la cual representa: “recibido como aceptable”, lo que implica algo que puede ser soportado, dando a entender una actitud de: “puedo vivir con esto”. Sin embargo éste no es el uso que Pablo le da a dicha palabra. La aplicación que Pablo le da a la palabra “aceptos” se traduce así: “Dios nos ha favorecido altamente. Somos muy especiales para Él porque estamos en nuestro lugar en Cristo”.

A causa de que Dios aceptó el sacrificio de Cristo, ahora Él ve solamente un hombre corporal: Cristo y aquéllos que están unidos a Él por la fe. Nuestra carne ha muerto a los ojos de Dios. ¿Cómo? Jesús se deshizo de nuestra vieja naturaleza en la cruz. De tal manera que ahora, cuando Dios nos mira, Él sólo ve a Cristo. A cambio, nosotros necesitamos aprender a vernos a nosotros mismos como Dios nos ve. Eso significa no enfocarnos únicamente en nuestros pecados y debilidades, sino en la victoria que Cristo ganó por nosotros en la cruz.

La parábola del hijo pródigo nos provee de una poderosa ilustración de la aceptación que viene cuando se nos da una posición celestial en Cristo. Usted conoce la historia: Un joven le pidió a su padre la herencia que le correspondía y la derrochó al llevar una vida pecaminosa. Luego, una vez que se fue moral, emocional y físicamente a la quiebra, pensó en su padre. El estaba convencido de que había perdido todo su favor. Y temía que su padre estuviera lleno de ira y odio hacia él.

Las Escrituras nos dicen que este joven quebrantado estaba lleno de dolor por su pecado y clamó: “No soy digno. He pecado contra el cielo”. Esto representa a aquéllos que proceden al arrepentimiento a través de una gran pena.

El hijo pródigo se dijo a sí mismo: “Me levantaré e iré a mi padre” (Lucas 15:18). Él estaba ejercitando la bendición de tener acceso, su privilegio de poder acceder al padre. ¿Está comprendiendo esta escena? El hijo pródigo se había tornado de su pecado, había dejado al mundo atrás y ahora accesaría a la puerta abierta que su padre le había prometido. Estaba caminando en arrepentimiento y estaba apropiándose de dicho acceso.

Entonces, ¿qué pasó con el hijo pródigo? “Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó” (Lucas 15:20). ¡Qué escena tan hermosa! El hijo pecador fue perdonado, abrazado y amado por su padre, sin ira ni condenación alguna. Cuando recibió el beso de su padre, él supo que había sido aceptado.

jueves, 16 de junio de 2011

SOMOS FAMILIA

Reclamar el poder que está en el nombre de Cristo, no es una verdad teológica complicada que esté escondida. En mi biblioteca hay libros que han sido escritos específicamente en el tema del nombre de Jesús. Los autores escribieron para ayudar a los creyentes a entender las implicaciones profundas que están escondidas en el nombre de Cristo. Pero, la mayoría de estos libros son tan “profundos”, que los lectores no los entienden.

Yo creo que la verdad que se nos ha dado sobre el nombre de Jesús es tan simple, que un niño puede entenderla. Es simplemente lo siguiente: Cuando hacemos nuestra petición en el nombre de Jesús, debemos de estar persuadidos que es igual que si Jesús mismo estuviese pidiéndole al Padre. Usted puede preguntar, ¿Cómo es posible esto? Déjeme explicarle.

Nosotros sabemos que Dios amó a su Hijo. El habló con Jesús y le enseñó mientras estuvo en la tierra. Y Dios no solamente escuchó sino también respondió a cada pedido que su Hijo le hizo. Jesús testificó sobre esto diciendo, “El siempre me escucha.” En otras palabras, el Padre nunca negó a su Hijo ninguna petición.

Hoy día, todos los que creen en Jesús están revestidos del Hijo de Dios. Y el Padre celestial nos recibe tan íntimamente como él recibe a su propio Hijo. ¿Por qué? Es por nuestra unión espiritual con Cristo. A través de su crucifixión y resurrección, Jesús nos ha hecho uno con el Padre. “Para que todos sean uno; como tú oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…Yo en ellos y tú en mí” (Juan 17:21-23).

Para ponerlo de una manera simple, ahora somos familia – somos uno con el Padre, y uno con el Hijo. Hemos sido adoptados, con todos los derechos de herencia que le pertenecen a un hijo. Esto significa que todo el poder y todos los recursos del cielo están a nuestra disposición a través de Cristo.

Orar “en el nombre de Jesús” no es una fórmula. No es una frase que tiene poder al simplemente pronunciárla. El poder está en creer que Jesús toma nuestra causa y la lleva al Padre en sus propios méritos. El es el Abogado – él está haciendo la petición por nosotros. El poder está en confiar plenamente que Dios nunca le niega nada a su propio Hijo y que somos los beneficiados de la fidelidad total que el Padre tiene con el Hijo.

miércoles, 15 de junio de 2011

¡INSTRUCCIONES DETALLADAS Y DECISIONES CLARAS!

El propósito de Dios para cada uno de sus hijos es que nos rindamos al gobierno y autoridad del Espíritu Santo.

“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25). En otras palabras: “Si Él vive en ti, ¡déjalo dirigirte!”

Quiero mostrarles lo que significa caminar en el Espíritu. Yo aún no he llegado a este glorioso caminar, pero, ¡estoy ganando terreno!

Hemos oído la expresión “andar en el Espíritu” durante toda nuestras vidas, pero ¿qué significa en realidad? Creo que el capítulo 16 de Los Hechos es uno de los mejores ejemplos de lo que quiere decir andar en el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo provee de instrucciones detalladas, absolutas y claras a aquéllos que andan en él. Si usted anda en el Espíritu, entonces no anda en confusión, sus decisiones no están nubladas.

Los primeros cristianos no caminaban en confusión. Ellos eran guiados por el Espíritu en cada decisión, ¡cada paso, cada acción! El Espíritu les hablaba y los dirigía en cada momento. No tomaban ninguna decisión sin consultarle a Él. El lema de la iglesia a lo largo del Nuevo Testamento era: “¡El que tiene oídos para oír, que oiga lo que el Espíritu dice!”

Comencé ministrando en la ciudad de Nueva York porque el Espíritu Santo me lo dijo claramente: “Ve a la ciudad de Nueva York y levanta una iglesia”. Y me dijo cuándo venir. Ni el diablo ni sus demonios podían moverme de esta convicción, porque el Espíritu me había dado instrucciones detalladas. Recuerdo estar parado entre Broadway y la Séptima Avenida, llorando y levantando mis manos. El Espíritu Santo me dijo: “En esta misma área Yo voy a levantar una iglesia. Obedéceme, David. ¡Comienza una iglesia en la ciudad de Nueva York!” La Iglesia Times Square no es un accidente. ¡Es el resultado de instrucciones claras y detalladas del Espíritu Santo!

martes, 14 de junio de 2011

¿CUÁN IMPORTANTE ES PERDONAR Y BENDECIR A NUESTROS ENEMIGOS?

Pablo escribe: “Dejad lugar a la ira de Dios” (Romanos 12:19). Él está diciendo: “Soporten el daño. Ríndanlo y avancen. Vivan en el Espíritu”. Sin embargo, si decidimos no perdonar las ofensas hechas a nosotros, vamos a enfrentar las siguientes consecuencias:

  1. Llegaremos a ser más culpables que la persona que ocasionó la herida.
  2. La misericordia de Dios y su gracia hacia nosotros se apartarán. Luego, a medida que las cosas comiencen a ir mal en nuestras vidas, no lo entenderemos, porque estaremos en desobediencia.
  3. Los maltratos de nuestro perseguidor en contra nuestra,continuarán robándonos la paz. El obtendrá la victoria al lograr herirnos de forma permanente.
  4. En cuanto Satanás logre conducirnos a tener pensamientos de venganza, él podrá llevarnos a pecados aun más mortales. Y cometeremos transgresiones aun peores que éstas.

El escritor de Proverbios, aconseja: “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa” (Proverbios 19:11). En otras palabras, no debemos hacer nada hasta que nuestra ira no haya menguado. Nunca debemos tomar una decisión ni tomar medidas mientras estemos aún airados.

Cada vez que pasamos por alto las ofensas y perdonamos los pecados cometidos en contra nuestra, traemos gloria a nuestro Padre celestial. Al hacerlo, nuestro carácter es edificado. Cuando perdonamos como Dios perdona, Él nos lleva a una revelación de favor y bendición que nunca conocimos.

Jesús nos dice que debemos amar a aquéllos que se han hecho nuestros enemigos, haciendo tres cosas:
1. Debemos bendecirlos.
2. Debemos hacerles bien.
3. Debemos orar por ellos.

En Mateo 5:44 Jesús dice: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.”

lunes, 13 de junio de 2011

EL PELIGRO MÁS GRANDE

El peligro más grande que todos enfrentamos es no poder ver a Jesús en nuestros problemas – en lugar de verlo, vemos fantasmas. En ese momento crítico de miedo, cuando la noche es más negra y la tormenta es más violenta, Jesús siempre se acerca a nosotros, para revelarse como el Señor del diluvio, el Salvador en las tormentas. “Jehová preside en el diluvio y se sienta Jehová como rey para siempre” (Salmo 29:10).

En Mateo 14, Jesús ordenó a sus discípulos subirse a una barca que encararía una tormenta. La Biblia dice que él hizo a sus discípulos entrar a la barca. Dicha barca sería víctima de aguas agitadas y zarandeada como un corcho. ¿Dónde estaría Jesús? Él estaría arriba en las montañas, con su vista en el mar y orando para que ellos no fallaran la prueba que él sabía que tenían que atravesar.

Usted pensaría que por lo menos uno de los discípulos hubiera reconocido lo que estaba sucediendo y hubiese dicho, “Miren amigos, Jesús dijo que él nunca nos dejaría ni nos abandonaría. Él nos envió en esta misión; estamos en el centro de su voluntad. Él dijo que él es el que ordena los pasos del hombre justo. Miren otra vez. ¡Es nuestro Señor! ¡Él está ahí! Nunca estuvimos fuera de su mirada.”

Pero ningún discípulo lo reconoció. Ellos no esperaban que él estuviese en su tormenta. Nunca ellos esperaron que él estuviese con ellos, o aun cerca de ellos, en una tormenta. Pero él llegó caminando sobre las aguas.

Sólo había una lección que aprender, sólo una. Era una lección simple, no una que fuese profunda, mística, o que fuese como un terremoto. Jesús simplemente quería que confiaran en que él era su Señor en medio de cada tormenta que atravesaran en sus vidas. Él simplemente quería que ellos mantuviesen su gozo y confianza aún en las horas más oscuras de sus pruebas. Eso era todo.

domingo, 12 de junio de 2011

NO LE TEMA AL FRACASO

Cuando Adán pecó, él trató de esconderse de Dios. Cuando Pedro negó a Cristo, él tenía temor de encararlo nuevamente. Cuando Jonás rehusó predicar en Nínive, su temor lo impulsó hacia el océano, para huir de la presencia del Señor.

Algo peor que el fracaso es el temor que viene junto con él. Adán, Jonás y Pedro se alejaron de Dios no porque habían perdido su amor por él, sino porque tenían temor de que él estuviera demasiado enojado con ellos como para comprenderlos.

El acusador espera como un buitre a que usted falle de alguna manera. Entonces él usa cada mentira del infierno para hacer que usted desista, para convencerlo que Dios es muy santo, o que usted es muy pecador como para poder ir a él. También el acusador le puede hacer pensar que usted no es lo suficientemente perfecto o que nunca podrá superar su falla.

Tomó cuarenta años quitarle el temor a Moisés y hacerlo apto para ser usado en el propósito de Dios. Si Moisés o Jacob o David se hubiesen resignado a haber fallado, tal vez nunca más hubiésemos escuchado de ellos. Pero Moisés se levantó y continuó, llegando a ser uno de los héroes más grandes de Dios. Jacob confrontó sus pecados, se reunió con el hermano al que había engañado, y alcanzó nuevas alturas de victoria. David corrió a la casa de Dios, encontró perdón y paz, y retornó a su mejor etapa. Jonás volvió sobre sus pasos, hizo lo que se había rehusado a hacer, y llevó a toda una ciudad al arrepentimiento. Pedro se levantó de las cenizas de su negación para liderar una iglesia al Pentecostés.

En 1958, estaba sentado en mi pequeño carro llorando; pensando que yo era un terrible fracaso. Me habían echado a empujones fuera de una Corte Judicial después de que yo había creído ser guiado por Dios a predicarles a siete jóvenes asesinos. Mi intento de obedecer a Dios y ayudar a esos jóvenes rufianes parecía haber terminado en un horrible fracaso.

Me estremezco de pensar cuanta bendición me hubiese perdido si me hubiese rendido en esa hora oscura. Cuán contento estoy hoy día de que Dios me enseñó a encarar mi fracaso y dar el siguiente paso que él tenía para mí.

jueves, 9 de junio de 2011

EL SEÑOR NUESTRA PAZ

Conocer y creer en el carácter de Dios como es revelado en sus nombres, nos provee una gran protección contra los ataques del enemigo. Dios declaró a través de Oseas, “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento” (Oseas 4:6). Lo que esto implica es poderoso. Dios nos está diciendo que el tener un conocimiento íntimo de su naturaleza y carácter, como es revelado a través de sus nombres, es un potente escudo contra las mentiras de Satanás.

Lo anterior nos conduce hacia otro de los nombres de nuestro Señor: Jehová Nuestra Paz. Encontramos este nombre mencionado en el libro de Jueces. Aquí, el Señor se reveló a Gedeón en la forma de un ángel (ver Jueces 6:22-24). ¿Qué significa exactamente este nombre, Jehová Nuestra Paz? Como sustantivo, la palabra Hebrea Shalom significa “estar completo, salud, bienestar.” Implica estar entero, en armonía con Dios y con el hombre, teniendo relaciones sanas. También indica un estado de tranquilidad – no inquieto, teniendo paz interior y exterior, estar en descanso tanto espiritualmente como emocionalmente. En suma, Shalom equivale a plenitud en la vida o trabajo. Y como verbo, shalom significa estar completo o concluido, o hacer paz.

Una vez más, me siento con la necesidad de preguntarle, “¿Qué tiene que ver este nombre de Dios en particular conmigo y con la iglesia actual?”

Shalom no puede ser adquirido . Nunca recibiremos el shalom del Señor hasta que nos demos cuenta que, “Esto es serio. Que estamos hablando del Dios Todopoderoso, creador y sostenedor del universo. ¿Cómo puedo tomarlo a la ligera? ¿Por qué sigo estrechando su gracia, viviendo con esta lujuria como si él fuera sordo y ciego a todo lo que hago en secreto?” ¿Tiembla usted ante la Palabra de Dios? ¿Está usted listo a obedecer todo lo que él dice? Si es así, usted recibirá la revelación de Jehová Nuestra Paz. Él vendrá a usted personalmente como “el Señor, tu paz,” llenando su espíritu con fortaleza sobrenatural contra todo enemigo. Usted no puede ganarse esta paz; es un don de Dios.

miércoles, 8 de junio de 2011

VEN, HAS TU OBRA EN MI

Creo que si un cristiano tiene un deseo intenso por llevar una vida santa, si anhela darle todo al Señor, entonces solamente existe una razón por la cual él fallará en disfrutar la bendición y la libertad prometida a través de la presencia del Espíritu Santo dentro de él. Esta razón es la incredulidad. Así como Jesús no pudo obrar debido a la presencia de incredulidad, el Espíritu Santo no puede hacer nada en nuestras vidas cuando le abrimos la puerta a la incredulidad.

Es vital para todo seguidor de Jesús no juzgar las promesas de Dios conforme a sus experiencias pasadas. Si nos agarramos completamente de sus promesas, creyéndolas con todo nuestro ser, confiando en que él nos dará fe, y si nos aferramos a lo que el mismo Espíritu testifica, entonces podremos saber que los resultados obtenidos provienen del compromiso de Dios hacia nosotros. De esta manera, seremos capaces de pararnos en el día del juicio habiendo permanecido fieles. Simplemente, no podemos renunciar a nuestro deseo de entrar a las bendiciones prometidas.

Hubo un momento en mi vida cuando tuve que entregar mi futuro eterno en las promesas de Dios. Estuve determinado a confiar en su Palabra poniendo en riesgo a mi propia alma. Le presenté este gran desafío al Señor Todo Poderoso: “Señor, voy a creer que tú me has dado a tu Espíritu Santo. Creo en que él solamente puede librarme de toda cadena que me ata. Creo en que él me trae convicción, me guía y me da el poder para vencer. Creo en que él causa en mí el obedecer tu Palabra. Y creo en que él nunca se apartará de mí, ni me dejará apartarme de tí. No limitaré a tu Espíritu en mi. Viva o muera, esperaré en él, clamaré a él, y confiaré en él.”

“Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: "¡Huesos secos, oíd palabra de Jehová!” (Ezequiel 37:4). Debemos de hacer lo que Ezequiel, orar la Palabra de Dios. Debemos recordar las promesas que nos fueron dadas sobre el Santo Espíritu de Dios. Debemos decirle “Espíritu Santo, el Padre que está en el cielo me prometió que te pondría en mi corazón, y yo me he apropiado de esta promesa. Yo cederé y cooperaré, pues quiero ser santo. Tú dices que provocarás en mí el andar en sus caminos y obedecer cada una de sus palabras. No sé cómo planeas hacer todo esto pero tú hiciste un juramento y no puedes mentir. Todo esto se encuentra escrito en la Palabra, Espíritu Santo. Así que ven, has tu obra en mí. Te he depositado mi propia alma en tu promesa.”

martes, 7 de junio de 2011

LOS SECRETOS DEL SEÑOR

Mateo nos dice que Jesús hablaba a las multitudes con parábolas: “Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo.” (Mateo 13:34–35).

Hoy en día a muchos cristianos las parábolas les parecen muy simples. Sin embargo, de acuerdo con Cristo, cada parábola contiene un increíble secreto. Existe una verdad oculta sobre el reino en cada parábola que Jesús mencionó. Y esta verdad es descubierta solamente por aquellos que diligentemente la buscan.

Muchos creyentes leen las parábolas superficial y rápidamente. Ellos piensan que están leyendo una lección evidente y por lo tanto, la leen rápidamente y siguen adelante; o también desestiman el significado de la parábola al no aplicarla a sus vidas.

La Biblia afirma claramente que hay secretos de parte del Señor: “Mas su comunión íntima es con los justos” (Proverbios 3:32). Estos secretos han sido desconocidos desde la fundación del mundo, pero Mateo nos dice que fueron ocultados en las parábolas de Jesús. Estas verdades encubiertas tienen el poder de verdaderamente liberar a los cristianos. No obstante pocos tienen el deseo de pagar el alto costo para descubrirlas.

Examine conmigo una de las parábolas del Señor.

“También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró” (Mateo 13:45–46). ¿Quién es el mercader en esta parábola? De acuerdo con la raíz griega, este hombre era un viajero mercader de artículos al por mayor. Dicho comerciante también hacía avalúos. En otras palabras, su mayor ingreso provenía de evaluar costosas perlas por su calidad y valor.

Sabemos que Jesús es la perla de gran precio que este mercader encuentra. Él es muy costoso, tiene un valor incalculable pues el mercader vende todas sus posesiones para poseerlo. Creo que encontramos el valor de la perla en los propósitos eternos de Dios. Evidentemente, la perla le perteneció al Padre. El poseyó a Cristo como todo padre posee a su propio hijo. Inclusive, Jesús es la posesión más valiosa y atesorada del Padre. Solamente una cosa podría provocar al Padre renunciar a esta preciosa perla. Y él lo hizo como producto de su amor.

Cristo es el cofre del tesoro en el madrigal. Y en él, yo he encontrado todo lo que necesito. No hay más necesidad de tratar de encontrar un propósito en el ministerio. No hay más necesidad de buscar mi propia realización en mi familia y amistades. No hay más necesidad de construir algo para Dios, de buscar éxito o de hacerme sentir útil. No hay más necesidad de tratar de manejar a las multitudes o de probarles algo. No hay más búsqueda por agradar a la gente. No hay más intentos para razonar o pensar medios para salir de mis adversidades.

Yo he encontrado lo que he estado buscando. Mi tesoro, mi perla, es Cristo. Y todo lo que el Dueño requiere de mi es “David, te amo. Déjame adoptarte. Yo ya he firmado los documentos requeridos con la sangre de mi propio hijo. Ahora ya eres coheredero con él de todo lo que yo poseo.”

¡Qué oferta!. Yo renuncio a mis sucios andrajos de autosuficiencia y buenas obras. Hago a un lado mis zapatos rotos por tanto luchar. Dejo atrás mis noches sin sueño y deambulando en las calles del miedo y la duda. Y a cambio, soy adoptado por un rey. Esto es lo que sucede cuando busco la perla, el tesoro hasta que lo encuentro a él. Jesús le ofrece a usted todo lo que él es. Él le trae gozo, paz, propósito y santidad. Él se convierte en su todo -su caminar, su dormir, sus mañanas, sus tardes y sus noches.

lunes, 6 de junio de 2011

EL RESTABLECIMIENTO DE LA FE

Le tengo una palabra especial a todos los que enfrentan imposibilidades: el restablecimiento de la fe depende de una revelación más plena del amor de nuestro Padre celestial hacia nosotros.

“Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos” (Sofonías 3:17). Aquí está una gloriosa revelación de la firmeza del amor de Dios por sus hijos. Las Escrituras nos dicen que él calla y se regocija en su amor por nosotros.

La palabra hebrea que aquí se traduce como “callará”, significa que Dios no tiene ninguna duda o pregunta concerniente a su amor por nosotros. En otras palabras, él ha fijado o asegurado su amor por nosotros, y él nunca lo quitará. De hecho, se nos dice que Dios está tan satisfecho en su amor por nosotros que él canta.

¿Puede usted imaginar eso? Esta es una manifestación celestial del deleite que Dios tiene por usted. El escritor John Owen interpreta este pasaje de la siguiente manera: “Dios brinca, con alegría exuberante.”

Aunado a esto, Pablo nos dice que todo lo que está fuera del orden divino – todo lo que está relacionado con incredulidad y confusión – es cambiado cuando aparece el amor de Dios. “Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres” (Tito 3:4).

En el versículo anterior Pablo dice, “Porque también éramos nosotros necios en otro tiempo, rebeldes, extraviados” (3:3). En otras palabras: “Todo estaba fuera de orden. Nuestra fe no era vencedora. Pero la bondad y el amor de Dios aparecieron, los cuales Dios derramó abundantemente sobre nosotros a través de Cristo.”

Cuando Pablo dice que el amor de Dios “se manifestó”, él está usando una palabra cuya raíz griega significa “imponer.” En suma, el Señor nos miró y nos vio pobres, con almas en conflicto, llenos de temores y preguntas, y él impuso esta revelación: “Mi amor te librará. Descansa y deléitate en mi amor por ti.”

Agradezco a Dios por el día en que su amor “se manifestó” en mí. No hay fe que pueda permanecer ante las imposibilidades a no ser que todo – cada problema, cada aflicción – sea entregado al cuidado amoroso de nuestro Padre. Cuando mis situaciones están en su peor momento, yo debo descansar en una simple fe.

domingo, 5 de junio de 2011

PLENAMENTE CONVENCIDO

Abraham no dudó en su fe. En lugar de eso, él estaba “plenamente convencido de que todo lo que (Dios) había prometido, era también poderoso para hacerlo” (Romanos 4:21). Él reconoció que Dios era capaz de trabajar con la nada. Verdaderamente, nuestro Dios crea del vacío. Considere lo que nos dice Génesis: de la nada, Dios creó el mundo. Con tan sólo una palabra, él crea. Y de la nada él puede crear milagros para nosotros.

Cuando todo lo demás falla – cuando todos sus planes y sus esquemas se han agotado – este es el tiempo para que usted entregue todo a Dios. Este es el momento para que usted le dé al Señor su confianza de encontrar respuesta en cualquier otro lugar. Una vez que usted esté listo para creer, usted deberá de ver a Dios no como un alfarero que necesita barro, sino como un Creador que trabaja a partir de la nada. Y de la nada de lo que está hecho este mundo y sus recursos, Dios obrará de maneras y formas que usted nunca pudo haber concebido.

¿Cuán serio es el Señor respecto a su deseo de que le creamos a él cuando enfrentamos nuestras imposibilidades? Encontramos la respuesta a esta pregunta en la historia de Zacarías, el padre de Juan el Bautista. Zacarías fue visitado por un ángel, quien le dijo que su esposa Elisabet daría a luz a un niño especial. Pero Zacarías entrado en años al igual que Abraham, rehusó creerle. La sola promesa de Dios no fue suficiente para él.

Zacarías le respondió al ángel, “¿En qué conoceré esto?, porque yo soy viejo y mi mujer es de edad avanzada” (Lucas 1:18). En otras palabras, Zacarías consideró las imposibilidades y dijo, “Esto no es posible. Tienes que probarme cómo lo harás.” No le pareció que era algo razonable.

Las dudas de Zacarías no le agradaron al Señor. El ángel le respondió, “Ahora, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo, quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día que esto suceda” (1:20).

El mensaje es claro: Dios espera que le creamos cuando él habla. De igual manera, Pedro escribe: “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador y hagan el bien” (1 Pedro 4:19, mis cursivas).

jueves, 2 de junio de 2011

CUANDO ENCARAMOS LAS IMPOSIBILIDADES

“Y (Abraham) no se enflaqueció en la fe, ni consideró su cuerpo ya muerto (siendo ya de casi cien años), ni la matriz muerta de Sara” (Romanos 4:19).

La esencia de la verdadera fe se encuentra en este versículo. Dios le acaba de prometer a Abraham que tendría un hijo, el cual sería la semilla de muchas naciones. Asombrosamente, Abraham no se turbó al recibir esta promesa, aún sabiendo que ya había pasado la edad de procrear hijos. En lugar de eso, cuando Abraham recibió esta palabra de Dios, la Palabra nos dice que “no consideró su cuerpo como muerto (ni)… la matriz muerta de Sara.”

Para la mente natural, era imposible que esta promesa se cumpliera. Pero Abraham no se resguardó en ninguna de estas imposibilidades. Según Pablo, el patriarca no se preocupó en cómo Dios haría para mantener su promesa. Él no razonó con Dios, “Pero Señor, no tengo semillas para plantar. Y Sara no tiene vida en su matriz para poder concebir. Mi esposa ya no tiene la habilidad para tener hijos. Así que, ¿cómo le harás Señor?” En lugar de hacerse esas preguntas, Abraham simplemente “no las consideró.”

El hecho es que cuando Dios está trabajando para producir en nosotros una fe que es probada y que es mejor que el oro, primero él pone una sentencia de muerte a todos los recursos humanos. Él cierra la puerta a todo razonamiento humano, dejando a un lado cada manera de liberación racional.

La fe que agrada a Dios nace en un lugar de mortandad. Estoy hablando aquí de la mortandad de todas las posibilidades humanas. Es un lugar donde los planes hechos por los hombres florecen en un principio pero luego mueren. Es un lugar donde las esperanzas humanas traen un alivio temporal pero luego se derrumban, aumentando el sentimiento de desesperación.

¿Ha estado usted en ese lugar de mortandad? ¿Le ha parecido que ya no habían opciones? En ese lugar usted no puede llamar a nadie para que lo aconseje. Los cielos parecen ser de bronce cuando ora y sus peticiones se caen al suelo.

Yo le confirmo que ese es Dios trabajando. Su Espíritu está trabajando para que usted deje de considerar las imposibilidades – para que deje de mirar las maneras y los recursos humanos – para que deje de usar su astucia para salir de su situación. El Espíritu Santo le está exhortando urgentemente por medio de las siguientes palabras: “Deja de buscar la ayuda de algún hombre. Y deja de enfocarte en cuán desesperante crees que es tu situación. Estos son obstáculos para tu fe.”

miércoles, 1 de junio de 2011

GRACIA Y PAZ PARA USTED DE PARTE DE DIOS, NUESTRO PADRE

“Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6).

Yo creo que la oración mezclada con fe es la respuesta para todo. Pablo dice aquí, “en toda oración” - que significa, “oren por todo. Y den gracias que vuestras peticiones serán escuchadas y respondidas.” Se nos dice que oremos como nuestra primera opción, no después de que hemos intentado todo lo demás en vano. “Buscad primero el Reino de Dios” (Mateo 6:33, mis cursivas).

Muchos cristianos hoy día están siendo saqueados por Satanás. Sus hogares están siendo agitados. Muchos están siendo inundados de miedo y culpa, y se encuentran con problemas por todos lados. Los conflictos que leemos en las cartas que son enviadas a nuestro ministerio son abrumadores.

Sin embargo, la realidad es que muy pocos creyentes que están enfrentando dificultades buscan al Señor en ferviente oración. Actualmente no muchas personas dedican un tiempo exclusivo, consistente y diario de oración con Dios. Muy a menudo, la desesperación se establece en ellos debido a que no van al lugar secreto a descargar sus almas y a vaciar sus penas ante el Señor. En lugar de esto, les cuentan todos sus problemas a sus amigos, pastores, consejeros – y descuidan al Señor, quien los espera para estar a solas con ellos. Oramos como último recurso.

¿Podrá Dios estar entristecido con esta generación de la misma manera que lo estaba con Israel? Él dijo sobre ellos, “Mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables días” (Jeremías 2:32).

Dios se complace cuando corremos a él primero, cuando nos damos un tiempo especial para estar con él, derramando nuestros sentimientos profundos y exponiendo nuestras peticiones delante de él. No tenemos derecho a decir que amamos al Señor si no pasamos tiempo regularmente con él. Él escuchará nuestras oraciones y las contestará. Pero él necesita que usted esté con él a solas para que él pueda hablarle en un momento de silencio.

Mientras voy diariamente a la santa presencia del Señor, mi petición más constante es que el Espíritu Santo me abra a la Palabra de Dios con el fin de ser un verdadero oráculo para él. Yo confío en él, en que mis mensajes dirigidos a su cuerpo serán edificantes, convincentes y que provocarán a los creyentes a caminar en justicia.

Dedique un tiempo de calidad con él, confiándole a él todas sus peticiones.