martes, 30 de noviembre de 2010

ÉL RESTITUIRÁ SUS AÑOS DESPERDICIADOS

“Yo os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros” (Joel 2:25).

¿Cuántos años usted desperdició antes de arrepentirse y rendirle todo a Jesús? ¿Cuántos años se comió el gusano del pecado y la rebelión?

Usted sabe que ha sido perdonado y su pecado pasado ha sido olvidado porque está bajo la sangre de Jesús, pero ¿no le encantaría tener de vuelta esos años y vivirlos para la gloria del Señor?

“¡Yo podría haber estado mucho más profundamente en Cristo! ¡Yo podría haberle dado tanta alegría a su corazón! Podría no haber causado tanta pena y sufrimiento a mi familia. ¡Cuán ciego estaba: cuán dominado por el diablo! Cuán cerca estuve de perder mi alma y mi cordura. Nunca podré recuperar esos años desperdiciados.” ¿Cuántas veces se ha preguntado esto?

En sus días finales Pablo miró a su vida y testificó, “He peleado la buena batalla, he guardado la fe. Ahora una corona de justicia me está reservada” (ver 2 Timoteo 4:7-8).

Pablo dice, “Olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14). En otras palabras, “¡Olvida tu pasado y continúa en Jesús!”

¡La manera favorita de Satanás de molestarlo es asustándolo al hacerle recuerdo de su pasado, sacándole los esqueletos que usted ya había guardado! Él tratará de persuadirlo a usted que una adicción o una lujuria antigua se levantará en su corazón y lo llevará de vuelta a su antigua vida. O usted podría sucumbir al orgullo, pensando que nunca podrá fallar – ¡pero entonces por cierto usted será un blanco para el enemigo!

Puede que usted sienta las punzadas del remordimiento toda su vida. Y sí, los recuerdos lo mantendrán humilde. Pero a los ojos de Dios, su pasado es un tema muerto. En lo que concierne a la condenación y la culpa, Dios dice, “Olvida el pasado. ¡Continúa hacia adelante, hacia lo que te he prometido!”

Vemos un cuadro de restauración en el Nuevo Testamento, cuando Jesús sanó al hombre que tenía la mano seca. “Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Él la extendió y le fue restaurada sana como la otra” (Mateo 12:13). Vea usted, cuando Jesús lo restaura, él también sana las heridas.

Amados, tome esas heridas antiguas – las preocupaciones, los lamentos de los años desperdiciados – y deje que Dios le restaure a usted los mismos años que le fueron quitados. ¡Entonces prosiga hacia el premio del supremo llamamiento en él!

lunes, 29 de noviembre de 2010

SÓLO PARA LA FAMILIA

“Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus entrañas a causa de su hermano, y buscó dónde llorar; entró a su habitación y lloró allí” (Génesis 43:30).

Este es un cuadro del corazón de nuestro Salvador – aún hacia el pecador. Los hermanos de José estaban en su casa, comiendo y bebiendo en su presencia. Pero “Sirvieron para él aparte, y separadamente para ellos” (Génesis 43:32). No nos atrevamos a pasar por alto el significado de esta afirmación. Estos hombres estaban regocijándose en la presencia de José sin estar completamente restaurados, sin conocerlo realmente, sin la revelación del amor y de la gracia.

Podemos ser personas de alabanza que comen y beben en la presencia del Señor pero que no han recibido una revelación de su infinito amor. El sentimiento de no ser amado todavía permanece en los corazones. Este es el caso de los Cristianos que van a la casa de Dios a cantar, a adorar, y alaban y luego retornan a sus hogares, a la misma mentira de siempre: “Dios no me muestra ninguna evidencia de que me ama. Mis oraciones no son respondidas. Él no me quiere como quiere a otros Cristianos.”

Había un paso final que los hermanos de José debían tomar antes de que se les pudiera dar una plena revelación del amor. Tal revelación es dada a aquellos que están con el corazón contrito, quebrantado. “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17). Los hermanos de José todavía no tenían el corazón quebrantado (ver Génesis 43:34).

Estos hombres habían reconocido su pecado, pero necesitaban ser completamente quebrantados, llegar totalmente al final de su amargura y recursos humanos, antes de que José pudiese revelarles su amor a ellos. Así que José los hizo pasar por la última prueba. Él ordenó a su mayordomo poner su copa personal de plata en el costal de Benjamín, el menor de los hermanos, antes de que ellos retornaran a Canaán. Los hermanos apenas habían salido de la ciudad, cuando fueron alcanzados por los hombres de José y acusados de haber robado la copa. Ellos estaban tan seguros de su inocencia que dijeron, “Aquel de tus siervos a quien se le encuentre la copa, que muera, y aun nosotros seremos siervos [esclavos] de mi señor” (Génesis 44:9).

Ahora escuchen el cambio en sus actitudes: “Dios ha hallado la maldad de tus siervos. Nosotros somos siervos de mi señor” (Génesis 44:16). Ya no había más lucha dentro de ellos. Ni orgullo. Estaban humillados, quebrantados – finalmente habían clamado desde lo profundo de sus corazones, “¡Ya no luchamos! ¡Nos rendimos!”

Entonces vino la revelación del gran amor de Dios. “No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban a su lado, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Así no quedó nadie con él cuando José se dio a conocer a sus hermanos” (Génesis 45:1).

El mundo no conoce nada de esta revelación de amor. Ahora los hermanos tenían el sentimiento de estar en familia – del amor sin condiciones y de aceptación. Las Escrituras nos dicen que José “se echó a llorar a gritos; lo oyeron los egipcios, y lo oyó también la casa del faraón” (Génesis 45:2). El mundo puede escuchar acerca del amor de Dios pero sólo la familia puede experimentarlo. Dios trata con tal amor y misericordia sólo a los que son de su familia.

Amado, Dios habita con el humilde y el quebrantado de espíritu. Él se deleita en su familia – él nos ha amado todos estos años anteriores, aun cuando éramos pecadores. Descanse en ese amor que él tiene por usted.

domingo, 28 de noviembre de 2010

UNA REVELACIÓN DE AMOR

Los hermanos de José no sabían cuánto eran amados hasta que Dios usó una crisis para revelárselo. “Cuando el hambre se extendió por todo el país, abrió José todos los graneros…Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos…descended allá y comprad de allí…Descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo” (Génesis 41:56; 42:1-3).

Veinte años habían pasado desde que habían cometido el crimen de vender a José como esclavo y ahora él era el Primer Ministro de Egipto. Por siete años él había guardado grano en preparación para la hambruna. Los hijos de Jacob suponían que estaban yendo a Egipto sólo para comprar trigo, pero Dios tenía mejores y mayores planes. ¡El los mandó para que recibieran una revelación de amor! Ellos iban a experimentar misericordia, perdón, y restauración y a aprender lo que es la gracia de Dios. Mereciendo nada menos que castigo, ellos iban a recibir gracia pura.

Manteniendo en cuenta que José tipifica a Cristo, se me hace imposible leer esta parte de la historia sin derramar lágrimas. Es un cuadro tan hermoso de la gracia y del amor de nuestro Señor Jesucristo para con todos los que le han fallado.

Veinte años de pecado y de mentiras escondidas habían mantenido a los hermanos apartados de José. Ellos probablemente asumieron que ya él estaría muerto. Cuando llegaron a la corte del Faraón y se presentaron a José, ellos no lo reconocieron, pero él los reconoció inmediatamente (Génesis 42:8). Allí estaban los hermanos, inclinándose ante José como él lo había visto en su sueño. ¿Estaba José enojado y con deseo de venganza? ¡Nunca! Su corazón estaba lleno de compasión al ver a los hermanos que él tanto amaba.

¿Por qué entonces él les habló bruscamente y los acusó de ser espías? (Génesis 42:7). Yo antes pensé que José tal vez estaba vengándose un poco, pero ese de ninguna manera era su motivo. Él sólo estaba siguiendo las direcciones de Dios. Estos hombres orgullosos no estaban todavía listos para recibir la revelación de gracia y de misericordia. Primero necesitaban ver la atrocidad de su pecado y confrontar su culpa y vergüenza. Ellos necesitaban llegar al final de sus recursos, para que nada más que la misericordia pudiera ayudarlos. ¡Este es el mensaje de la cruz de Cristo – amor y perdón sin condiciones para todos los que han llegado al final de sí mismos!

Dios le mostró esta verdad a José, y José encarceló a sus hermanos por tres días – no para castigarlos, sino para darles una oportunidad a que encaren la verdad acerca de su pecado. Era la ley actuando, mostrándoles sus naturalezas malvadas. ¡Y funcionó! “Pero se decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba y no lo escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia” (Génesis 42:21).

Es imposible entender la gracia de Dios hasta que lleguemos al final de nuestros propios recursos y experimentemos su misericordia. Esa gracia nos libera de toda vergüenza y culpabilidad.

jueves, 25 de noviembre de 2010

UN CLAMOR DEL CORAZÓN

Yo creo que el amor misericordioso de Dios se revela respondiendo a un clamor que sale del corazón – no tan sólo un clamor, sino un clamor humilde pidiendo ser librado. La Biblia dice mucho sobre este clamor desde el corazón. “En mi angustia invoqué a Jehová y clamé a mi Dios. Él me oyó desde su Templo y mi clamor llegó hasta sus oídos” (Salmo 18:6).

“Muchas veces los libró, pero ellos se rebelaron contra su consejo y fueron humillados por su maldad. Con todo, él miraba cuando estaban en angustia, y oía su clamor” (Salmo 106:43-44).

¡Usted puede estar seguro que un clamor hacia Dios siempre será contestado con una palabra de sanidad desde el cielo! Nadie es tan malvado o tan desamparado si clama a Dios en humildad. ¡La historia del malvado rey Manasés lo prueba! La Biblia dice que él era uno de los reyes más malvados de Israel. “Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehová…Reedificó los lugares altos que su padre Ezequías había derribado, levantó altares a Baal…Adoró además a todo el ejército de los cielos y rindió culto a aquellas cosas…Además, hizo pasar a su hijo por el fuego…fue agorero e instituyó encantadores y adivinos, multiplicando así la maldad de sus hechos ante los ojos de Jehová para provocarlo a ira” (2 Reyes 21: 2-6).

“Manasés hizo extraviar, pues, a Judá y a los habitantes de Jerusalén para que hicieran mayores males que las naciones que Jehová destruyó…Y habló Jehová a Manasés y a su pueblo, pero ellos no escucharon” (2 Crónicas 33:9-10).

¿Hay esperanza para alguien que se aleja tanto de Dios, y está tan poseído por la maldad y las tinieblas? ¡Sí!, si esa persona se humilla, y confiesa y cree en la victoria de Cristo en la cruz. Manasés terminó siendo prisionero en una nación extranjera, atado con cadenas. Qué cuadro tan vívido de la paga del pecado. Pero en su angustia, él clamó y Dios lo escuchó, lo perdonó, y lo restauró.

“Pero cuando se vio en angustia, oró a Jehová, su Dios, y se humilló profundamente en la presencia del Dios de sus padres. Oró a él y fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo hizo retornar a su reino en Jerusalén. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios” (2 Crónicas 33:12-13).

“Asimismo quitó los dioses extranjeros, el ídolo de la casa de Jehová y todos los altares que había edificado en el monte de la casa de Jehová y en Jerusalén, y los echó fuera de la ciudad” (vs. 15).

¡La palabra de esperanza, perdón, misericordia, amor y restauración es para usted! ¡Hágale caso a la Palabra de Dios, arrepiéntase y entonces sea liberado y camine con el Señor! No hay pecado que no pueda ser perdonado – nadie está tan lejos que no pueda ser sanado y restaurado.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

LEVÁNTATE Y ANDA

“Jesús le dijo: Levántate, toma tu camilla y anda” (juan5:8). El hombre paralítico en el estanque de Betesda pudo haber escuchado con entusiasmo historias de Jesús sanando por toda la región. Él pudo haber escuchado otras historias de Jesús, pero él no lo conocía personalmente. Él estaba atrapado en su enfermedad y no reconoció al Señor. ¡Pero Jesús conocía todo sobre él! Jesús había venido a él en medio de su miseria y de su pena, ¡y la misericordia estaba a punto de surgir! El Señor se enterneció por los sufrimientos de la enfermedad de este pobre hombre, y todo lo que él le pidió que hiciera fue creer en su Palabra y actuar de acuerdo a ella. “¡Levántate! ¡Toma tu camilla! ¡Aléjate de esta escena!”

Más tarde, después de la sanidad de este hombre, Jesús lo encontraría en el templo y hablaría con él. Él conocería a Jesús y confiaría en él. Pero ahora, acostado en el estanque desamparado y desesperado, él enfrentó la decisión más grande de todos sus años de dolor. Una palabra de resurrección y esperanza había venido a él, y estaba siendo confrontado: ¡Levántate por fe, o échate ahí compadeciéndote y muere en soledad!

El hombre pudo haber continuado acostado junto al estanque en incredulidad, rehusando moverse, pensando dentro de sí “No funcionará. ¿Por qué Dios me elegiría a mí entre toda esta multitud para sanarme? Es mi destino morir en esta situación”. Jesús no podría haberlo levantado en contra de su voluntad. Este hombre tenía que creer que su clamor había sido escuchado y que su tiempo para ser liberado había llegado. ¡Era ahora o nunca!

“Respondió entonces Jesús y les dijo [a los Judíos]: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre. Todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente, porque el Padre ama al Hijo y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas les mostrará, de modo que vosotros os admiréis” (Juan 5:19-20).

En esencia, Jesús estaba diciendo a los incrédulos, “Mi Padre quería sanarlo, así que lo sané. Yo hago sólo la voluntad de mi Padre.” Era la voluntad de Dios, el amor de Dios, el deseo de Dios, que este hombre fuese completamente curado.

¡Es difícil creer que Dios todavía lo ama cuando usted está abatido y débil! Cuando los años han sido malgastados; cuando el pecado ha lisiado su cuerpo y su alma; cuando usted se siente sin ningún valor y piensa que disgusta a Dios, y se pregunta por qué él se importaría de usted. Se necesita una fe como de niño para poder aceptar ese amor, y con fe decir, “¡Señor, sólo por tu palabra, me levantaré y andaré – contigo!”

Usted no tiene que entender todas las doctrinas sobre el arrepentimiento, el pecado y la rectitud. ¡Puede que usted no conozca a Jesús de una manera profunda y significativa! Pero hay tiempo para eso; todo le podrá ser conocido si usted toma el primer paso de obediencia, se levanta, y va hacia el Señor. “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios” (Juan 7:17).

martes, 23 de noviembre de 2010

EL VIENTO DEL ESPÍRITU

Aquellos que subieron al Aposento Alto (ver Hechos 1 y 2) amaban a Jesús fervientemente. Ellos habían aprendido en la escuela de Cristo. Habían hecho milagros, sanado enfermos, y echado fuera demonios. Eran compasionados, sacrificados, amaban a las almas, ¡pero todavía no estaban capacitados para ser testigos!

Ellos habían estado cerca cuando él sudó gotas de sangre. Lo habían visto colgando en la cruz y habían visto su tumba vacía después de que él había sido resucitado. Habían comido con él y habían hablado con él en su cuerpo glorificado. Habían visto a Jesús en el monte transfigurado en su eterna gloria. ¡Lo habían visto ascender al cielo! Pero, ¡todavía no estaban listos para testificar de él!

¿Por qué no pudo Pedro haber ido a la muchedumbre que se había juntado en Jerusalén e inmediatamente testificarles de su resurrección? ¿Acaso no había sido él personalmente testigo de ese evento? Ellos necesitaban el poder del Espíritu Santo para hacerlo.

Pedro pronunció una poderosa declaración al Sumo Sacerdote: “Nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que lo obedecen” (Hechos 5:32). Por las palabras del Espíritu Santo habladas a través de Pedro, (los sacerdotes) “oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos” (Hechos 5:33).

Esteban, lleno del Espíritu Santo, predicó a los líderes religiosos: “¡Duros de cerviz! ¡Incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros…Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones y crujían los dientes contra él” (Hechos 7:51, 54).

Cuando usted emerge después de haber buscado a Dios, lleno del Espíritu Santo, usted podrá pararse delante de sus compañeros de trabajo, de su familia – delante de cualquiera – y su testimonio provocará una de dos reacciones. O ellos clamarán, “¿Qué debo hacer para ser salvo?, o ellos querrán matarlo. Usted estará hablando palabras que cortarán el corazón.
Si usted busca lo milagroso en el edificio de una iglesia, usted se desilusionará. Si usted hubiese visitado el Aposento Alto unas horas después que el viento sopló, el fuego cayó, y el edificio se sacudió, esperando experimentar algo milagroso, usted se hubiera desilusionado.

Vea usted, ¡el viento del Espíritu sacó a todas las personas hacia afuera, a las calles, al mercado! Usted pudiera haber preguntado, ¿Dónde está el avivamiento, el viento sobrenatural? ¿Me pueden mostrar las lenguas de fuego?” Y lo hubiesen llevado a usted afuera, a ver a los 120 testigos en las calles, ¡predicando sobre Jesús en el poder del Espíritu Santo! Ahí estaba el avivamiento – ¡y ahí está siempre! ¡Ese es el derramamiento! ¡El viento, el fuego, el Espíritu – está ahora en los testigos de Dios!

lunes, 22 de noviembre de 2010

LOS CIMIENTOS DE LA FE VERDADERA

La única vez que la paciencia de Dios para con nosotros se agota, es cuando rehusamos aceptar una y otra vez cuánto Él nos ama.

Muchos Cristianos hoy día han sido llevados de vuelta a un desierto que ellos mismo han construido. Ellos no tienen gozo, no tienen victoria. Cuando usted los ve, pareciera que Dios los ha abandonado ya hacen muchos años. No es así – simplemente, Él los ha entregado a sus propias quejas y murmuraciones.

Gracias a Dios, Josué y Caleb entraron a la Tierra Prometida. Y ellos permanecieron como árboles verdes en la casa de Dios hasta el día en que murieron. Ellos fueron hombres de poder y de visión porque sabían que eran preciosos para Dios.

Usted también es precioso para Dios, a pesar de los problemas y fracasos que usted tiene. Usted puede ser un árbol verde en la casa de Dios así como Josué y Caleb lo fueron.

Simplemente permanezca firme en lo que Dios promete: “Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí” (Salmo 18:19).

¡Ese es el cimiento de la fe verdadera!

domingo, 21 de noviembre de 2010

USTED ES EL TESORO DE DIOS

La Palabra dice hablando de la adúltera, “la mujer caza la preciosa alma del varón” (Proverbios 6:26). La mujer a la cual se refiere este verso es Satanás. Y él caza aquellos que son preciosos para Dios.

La Biblia nos da una ilustración gráfica de esto en Números 13 y 14. Israel había enviado a doce espías a examinar la Tierra Prometida. Cuando los espías retornaron después de cuarenta días, diez de ellos plantaron tres mentiras en los corazones del pueblo de Dios: (1) “Hay muchos habitantes en esa tierra; son demasiado fuertes para nosotros.” (2) “Las ciudades tienen muros muy altos; son impenetrables.” Y (3) “Hay gigantes en esa tierra, y no podremos contra ellos. ¡Estamos indefensos! ¡Estamos acabados!”

Estas mentiras quitaron el coraje del corazón de Israel. La Escritura dice que el pueblo pasó una noche de desesperación. “Entonces toda la congregación gritó y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche” (Números 14:1). Más de 2 millones de personas estaban llorando, gimiendo, lamentándose – enfocados solamente en sus debilidades e inhabilidades. Su lamento de incredulidad bombardeó los cielos.

Amado, el diablo arroja las mismas tres mentiras hacia el pueblo de Dios hoy día. “Tus pruebas son muy numerosas. Tus tentaciones son muy abrumadoras. Tú eres muy débil para poder resistir el poder que viene contra ti.”

La palabra que Dios le habló a Israel es también para nosotros hoy día: “Vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra” (Éxodo 19:5). “Porque eres pueblo santo a Jehová, tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único [precioso, especial] entre todos los pueblos que están sobre la tierra” (Deuteronomio 14:2).

Josué y Caleb tenían una revelación de su preciosidad ante los ojos de Dios. Ellos sabían que Israel era especial para el Señor. Esa era la clave del espíritu de esperanza que ellos tenían. Josué dijo, “Si Jehová se agrada de nosotros, él nos llevará a esta tierra y nos la entregará” (Números 14:8). En otras palabras, “Porque Él se deleita en nosotros, la tierra es ya como nuestra.”

Esta es la misma revelación que tuvo David: “Me sacó a lugar espacioso; me libró, - porque se agradó de mí.” De igual manera, cada Cristiano victorioso tiene esta misma revelación de su amoroso Padre celestial. “¡No podemos fallar! Todos nuestros enemigos son pan comido para nosotros, porque somos preciosos para el Señor.”

jueves, 18 de noviembre de 2010

¡ERES ESPECIAL PARA TU PADRE CELESTIAL!

Yo nunca olvidaré el dolor que sentí cuando uno de mis hijos adolescentes vino a mí y me confesó, “Papá, ni una vez he sentido que te he complacido. Nunca me sentí merecedor de tu amor. Siento que te he defraudado toda mi vida. Tú debes de estar realmente decepcionado de mí.”

Nunca una palabra me ha dolido más. Yo me pregunté qué habré hecho para hacer que mi hijo se sintiera de esa manera. Luego, con un dolor profundo en mi corazón, abracé a mi joven el cual tenía los ojos llenos de lágrimas. Yo pensé, “Cuán equivocado está. Yo siempre le he mostrado mi amor a este mi niño. Se lo he dicho con palabras y se lo he demostrado una y otra vez. Todos mis otros hijos se sienten seguros en mi amor. ¿Cómo puede este hijo tener esta idea falsa por tanto tiempo y cargar con tanta miseria y culpa innecesaria?”

Le dije a mi hijo amado, “Tú siempre has sido especial para mí. Es más, has sido la niña de mis ojos. Cuando pienso en ti, todo mi ser se ilumina. Es verdad que has hecho cosas necias a veces, pero también las han hecho tus otros hermanos. Y estás perdonado. Tú te arrepentiste y yo nunca pensé que tú eras menos. Tú eres sólo una alegría para mí. Toda tu vida me ha traído felicidad. Has sido un deleite para mi corazón.”

Y así es con muchos Cristianos en su relación con nuestro Padre celestial. El diablo ha convencido a esos creyentes que lo único que han hecho es decepcionar a Dios y que nunca podrán complacerlo. Así que ellos simplemente no aceptan el amor de Dios. En lugar de eso, ellos viven como si Dios estuviera siempre derramando su ira sobre ellos. Cuán horrible manera de vivir. Y cuán dolido está Dios cuando ve a sus hijos vivir de esa manera.

Amado, desde el día que usted nació, usted ha sido muy especial para su Padre celestial.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

USTED ES PRECIOSO PARA DIOS

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

Aún si usted viviera hasta los 500 años, usted no podría vivir lo suficiente como para poder agradar a Dios por sus propios actos. No importa cuánto usted trate de limpiarse. Su carne no es aceptada ante Dios; ni siquiera puede ser reformada. Toda carne fue eliminada en la cruz. Ahora un nuevo hombre ha surgido: el hombre Cristiano. La verdadera fe es tener confianza en lo que Él ha hecho por usted.

Puede que usted diga, “Oh, yo puedo creer que Dios se deleita en pastores que son fieles. Ellos oran y pasan mucho tiempo en Su Palabra. Yo puedo creer que los ancianos de la iglesia son preciosos para él. Ellos han soportado sufrimientos, pruebas y tribulaciones, y han salido victoriosos. Pero lo encuentro difícil de creer que un Cristiano atribulado, que falla como yo, pueda ser precioso para Dios. Él tiene que estar disgustado conmigo porque mi vida es sube-y-baja. Tengo problemas que no puedo resolver. Yo creo que Él todavía me ama, pero con seguridad que está decepcionado de mí.”

Por favor entienda la maravillosa profecía de gracia en Isaías cuando Dios dice, “Yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú” (Isaías 43:1). Esto le fue dicho a un pueblo que había sido robado, estropeado, atrapado y echado en prisión – y todo esto debido a su propia necedad e incredulidad.

Es en ese momento que Dios les dice, “Ahora – después de todos tus fracasos – vengo a ti con este mensaje de esperanza. ¡Y lo hago porque eres mío!”

martes, 16 de noviembre de 2010

DIOS QUIERE LIBERARLE

Cuando los tres jóvenes Hebreos fueron arrojados al horno de fuego, un cuarto hombre estaba allí con ellos: ¡Jesús! Ellos no se quemaron. Es más, sus ropas y sus cabellos ni siquiera olían a humo. Esa es la clase de liberación que Dios quiere traerle a su valle espiritual.

¿Cuál es la motivación de Dios para querer liberarlo a usted? ¿Es porque usted ha hecho algo para aplacarlo? ¿Ha incrementado su tiempo de oración? ¿Pasa más horas leyendo las Escrituras? Todo esto es bueno. Pero Isaías tenía la revelación verdadera cuando dijo, “Porque a mis ojos eres de gran estima, eres honorable y yo te he amado…No temas, porque yo estoy contigo” (Isaías 43:4-5).

Dios le estaba diciendo a Israel en Isaías 43, “Tú pasarás por inundaciones y fuegos. Pero no te preocupes; Yo caminaré contigo a través de todos ellos. Y te libraré al final simplemente porque tú eres mío. Te conozco de nombre. Y tú eres un deleite para mi corazón.”

lunes, 15 de noviembre de 2010

LA MISERICORDIA PURA DE DIOS

Isaías tuvo una revelación del gran deleite que Dios tiene para con nosotros. Él profetizó “Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, Jacob, y Formador tuyo, Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás ni la llama arderá en ti” (Isaías 43:1-2).

Isaías no estaba hablando literalmente de una inundación o un fuego. Él estaba hablando de lo que les acontece a las personas espiritual y mentalmente. Israel estaba en la cautividad en aquellos tiempos. Su inundación eran los sufrimientos; sus fuegos eran las tentaciones; sus ríos eran sus pruebas. Estos eran todos los atentados de Satanás para destruir y abrumar al pueblo de Dios.

Las palabras de Isaías eran un mensaje de pura misericordia para Israel. Las personas estaban en la cautividad debido a sus propias estupideces y necedades. Pero Dios les envió un profeta con el corazón partido quien les dijo, “Dios quiere que les diga que ustedes le pertenecen a Él.”

Ahora mismo, puede ser que usted se encuentre en su propio río turbulento. Puede que usted se sienta abrumado por las aflicciones o tentaciones que lo amenazan con consumirlo. Usted deberá de entender por medio de estos ejemplos bíblicos que el Señor no siempre calma las aguas. Él no siempre impide que vengan los ríos ni apaga los fuegos.

Pero Él promete esto: “Yo caminaré contigo a través de todo. Esta aflicción o esta circunstancia no te destruirá. No te consumirá. Así que, sigue caminando. Saldrás al otro lado conmigo a tu lado.”

domingo, 14 de noviembre de 2010

LA LLAVE PARA TODAS LAS LIBERACIONES

El Espíritu Santo le dio al rey David una revelación que es la llave para todas las liberaciones. David podía decir, “La razón por la cual Dios me libró de todos mis enemigos – de todas mis penas y de los poderes del infierno – es porque soy precioso para Él. ¡Mi Dios se deleita en mí!”

“Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí” (Salmo 18:19). ¿Necesita usted ser librado? ¿De la lujuria, tentación o aflicciones? ¿De un problema que es mental, espiritual, emocional o físico? La llave para su victoria está en este verso anterior. ¡Dios se deleita en usted! ¡Usted es precioso para Él!

En los Cantares de Salomón, el Señor le dice a su novia, “¡Qué hermosa eres y cuán suave, oh amor deleitoso!” (Cantares de Salomón 7:6). Tres de las palabras Hebreas en este verso son sinónimos: Hermosa significa preciosa; suave y deleite indica placer. Estas palabras describen los pensamientos de Jesús hacia su novia mientras Él la contempla. Él la mira y dice, “Cuán hermosa, dulce y deleitosa eres. Eres preciosa para mí, oh amor.”

En retorno, la novia vanagloriándose dice, “Yo soy de mi amado, y en mí tiene su contentamiento” (7:10). El significado aquí es: “Él corre hacia mí con deleite. Él me persigue porque soy preciosa para él.”

Estos mismos pensamientos se encuentran a través de los Salmos. “Se complace Jehová en los que lo temen y en los que esperan en su misericordia” (Salmo 147:11). “Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo, hermoseará a los humildes con la salvación” (149:4).

jueves, 11 de noviembre de 2010

TÓRTOLAS

Dios me ha guardado en mis luchas, mostrándome cuál era la esperanza secreta del Rey David. David, lamentándose y quejándose, se preguntaba por qué Dios estaba enojado con él. Él clamó a Dios para que “extienda su mano y destruya al enemigo” (ver Salmo 74:11). Le parecía a David que los enemigos de Dios estaban tomando el control, y en su desesperación él oró, “¡No entregues a las fieras el alma de tu tórtola!” (Salmo 74:19).

Al igual que David, comenzamos a vernos como pequeñas tórtolas, rodeados por las trampas de los impíos. Pude animarme, durante mis momentos más difíciles, viéndome como un ave amada por mi Señor, la cual descansaba en sus promesas de mantenerme fuera de las trampas de los impíos. Como una tórtola, anhelamos la presencia de nuestro amado Salvador.

Yo me imagino a Cristo viniendo hacia mí en la forma de una paloma – su Espíritu Santo – revelándome su amor constante y su cuidado continuo de mí. Cuán indescriptible es que un Dios tan grande y majestuoso condescienda a relacionarse a mis necesidades en la forma de una paloma. ¿Pero acaso no descendió él sobre Cristo en las aguas bautismales como una paloma?

Hijo amado de Dios, ¿está usted atravesando tiempos difíciles? ¿Hay sufrimiento en su hogar? ¿Está usted con dolor? ¿Está usted confundido a veces por la severidad de todo lo que sucede? Recuerde, usted es la pequeña tórtola de Dios, y él nunca lo entregará a las manos del maligno. Él lo librará de cada una de las trampas del enemigo, y le mostrará a usted cuán leal es él para ayudarlo en la hora que lo necesite. Él está ahí junto a usted, en todo momento, como una paloma, susurrando, compartiendo su amor con usted.

Salomón al hablar de Cristo dijo, “Sus ojos, palomas que junto a arroyos de aguas se bañan en leche, están a la perfección colocados” (Cantares 5:12). Y sobre la iglesia, la amada del Señor, está escrito, “Mas única y perfecta es la paloma mía…” (Cantares 6:9). Somos uno en Cristo – su paloma – una tórtola.

El gorrión cae al suelo, pero no la tórtola. Él la guarda en el hueco de su mano, protegida y segura en su amor. Lo mejor de todo, el Señor nos librará de nuestros problemas y comprobaremos su eterna fidelidad hacia nosotros. Podremos atravesar todo regocijándonos y en completo descanso y confianza en Su poder y amor.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

CALEB

Caleb, cuyo nombre significa valor, determinación, ¡tipifica a la persona que se aferra al Señor! Caleb era inseparable de Josué, representando así al que continuamente camina con el Señor haciendo caso omiso de las distracciones de la vida.

Caleb había acompañado a los espías al otro lado del Jordán, cuando el Espíritu Santo lo dirigió hacia Hebrón – “el lugar de muerte.” Abraham y Sarah estaban enterrados allí, como también Isaac y Jacob y los patriarcas, y años más tarde, el reino de David comenzaría allí. Con asombro Caleb escaló esa sagrada montaña y la fe inundó su alma. Él valoró ese santificado lugar, y desde ese momento en adelante, él quiso que Hebrón fuese su posesión.

Se nos dice de Caleb que él “decidió ir detrás de Dios” (Números 14:24). Él nunca desmayó hasta el final, y a sus ochenta y cinco años de edad él podía testificar: “Todavía estoy tan fuerte como el día en que Moisés me envió. Cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para combatir, para salir y para entrar” (Josué 14:11).

¡En su vejez Caleb peleó su mayor batalla! “Dame, pues, ahora este monte [Hebrón]...” (14:12). “Josué entonces lo bendijo y dio a Caleb…a Hebrón por heredad” (14:13). “Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb…por cuanto se había mantenido fiel a Jehová, Dios de Israel” (14:14).

Este mensaje es glorioso: No es suficiente el haber muerto al pecado – o haber entrado a la plenitud alguna vez en el pasado. ¡Lo que se necesita es crecer en el Señor hasta el final! Es mantener el poder espiritual y la fuerza sin desmayar. ¡Es “decidir seguir a Dios” aún en la vejez!

Hebrón – la heredad de Caleb – significa ¡una compañía asociada! ¿Asociada con qué? ¡Con la muerte! No sólo la muerte al pecado en el Jordán, sino vivir en un lugar de muerte. ¡Vivir con aquellos asociados con la muerte y resurrección de Jesucristo! “Dame, pues, ahora ese monte” había orado Caleb. En otras palabras, “¡Dame este caminar de muerte a mi ‘yo’!” Fue aquí que Abraham había edificado un altar para sacrificar a su hijo, y era aquí que Caleb y su tribu vivirían, constantemente asociados con ese altar de un sacrificio vivo.

El seguir al Señor con todo su corazón produjo un fuego santo por Dios en los hijos de Caleb. ¡Mientras los hijos de las dos tribus y media se apartaron y abrazaron al mundo y su idolatría, la familia de Caleb creció fuerte en el Señor!

El deseo de Dios para todos nosotros es que entremos a un lugar de descanso, gozo y paz en el Espíritu Santo. Eso requiere seguirlo a él, “con todo tu corazón…y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:30).

martes, 9 de noviembre de 2010

TERMINANDO LA CARRERA

“¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que, después que haya puesto el cimiento, no pueda acabarla y todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él diciendo: Este hombre comenzó a edificar y no pudo acabar” (Lucas 14:28-30).

Jesús habló estas palabras antes de cerrar su ministerio en la tierra con el propósito de advertir a sus seguidores que las buenas intenciones no serían suficientes para que puedan atravesar los tiempos difíciles. ¡Muchos seguidores no tendrán lo necesario para terminar la carrera!

Yo creo que la situación más trágica es comenzar con toda la intención de aferrarse de Cristo y de crecer para llegar a ser un discípulo maduro, pero en lugar de eso, comenzar lentamente a apartarse, y convertirse en frío e indiferente hacia él. Esa persona puso los cimientos pero no pudo terminar, porque primero no calculó los gastos. Se le acabaron los recursos; avanzó un poco y luego desistió.

Dios, despiértanos y haznos entender que estamos siempre cambiando. No hay tal cosa de estar quietos; o usted está cambiando diariamente a la imagen de Cristo, o está cambiando de vuelta a su caminar carnal. Para aquellos que han determinado aferrarse de Cristo a cualquier costo, los que están tomando su cruz, negándose a sí mismos, y siguiéndolo, a ellos Pablo les dice, “Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).

Qué gozo es conocer a aquellos que están terminando la carrera. Ellos están creciendo en sabiduría y en el conocimiento de Cristo, distanciándose del mundo y sus placeres, y volviéndose cada vez más con una mente celestial. Sus sentidos espirituales están altamente ejercitados y sus discernimientos de lo que es de Dios o de la carne están cada vez más aumentando. Mientras más envejecen, más hambrientos ellos están de Cristo. Ellos cortan todos los lazos con el mundo y con una intensidad que va aumentando, ellos anhelan estar con Cristo en su gloria. Para ellos, el morir es ganancia y el premio máximo es ser llamados a su presencia para estar a su lado para siempre. ¡No es el cielo lo que buscan, sino Cristo en gloria!

Usted puede estar seguro que cuando Cristo retorne, él tendrá una iglesia gloriosa deseosa de estar con él. ¡Estará compuesta de aquellos que se han desligado tanto de este mundo y que se han unido tanto a él, que ser cambiados de lo corruptible a lo incorruptible sólo será un último paso de amor hacia su presencia!

Puede que usted haya caído en su carrera Cristiana, pero usted puede levantarse y correr nuevamente. Jesús no dejará que usted quede tendido en el camino, exhausto, imposibilitado. Él levantará sus rodillas débiles y le dará fuerzas sobrenaturales para terminar.

Él no le fallará. Por gracia, usted terminará la carrera y el Señor estará esperando en la meta para decirle, “¡Lo has hecho bien!”

lunes, 8 de noviembre de 2010

¡NUESTRA ÚNICA COMIDA!

Es verdad – somos lo que comemos. Jesús dijo que su carne es nuestra comida, alimento. “Si no coméis la carne del Hijo del hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Juan 6:53).

“Dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?” (vs. 60). Los judíos no podían comprender tal pensamiento, y “desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él” (vs. 66).

Aquellos que asocian esta comida del Señor sólo con el partimiento del pan en la mesa de comunión, no entienden lo que Jesús quiso decir. La Cena del Señor no es sólo simbólica; en lugar de eso, es para recordarnos que él es ahora nuestra fuente de vida a través de la muerte. Debemos de venir a menudo, diariamente, a comer y a beber de él. Mientras más comamos de él, más vida espiritual será demostrada en nosotros. Tenemos una invitación abierta a venir a su mesa, comer, y ser fuertes. Participar de Cristo es alimentarse de la Palabra de Dios y tener comunión con él en la oración de fe.

Cuando las ovejas no son alimentadas, se debilitan y se vuelven esqueletos, llegando a ser presa fácil para el enemigo. Pero, veo que en la tierra se levanta un ministerio remanente compuesto de siervos y doncellas que están llegando a familiarizarse con el corazón del Señor. El Espíritu los ha ungido para levantar un pueblo que busca a Dios, y que irá con ellos hacia la plenitud de Cristo. Son pocos en números, pero están aumentando. ¡Ellos no tienen otra fuente de vida! La vida en ellos esta rebalsando porque han estado con frecuencia en la presencia de Dios.

¡Dios ha provisto una manera para hacer que cada uno de sus hijos sea fuerte para resistir al enemigo! Esta fortaleza viene de comer el Pan de Dios que bajó del cielo. Nuestra salud y fortaleza espiritual dependen de esto. Escuche cuidadosamente las palabras de Jesús: “…yo vivo por el Padre, también el que me come vivirá por mí” (Juan 6:57). ¡Jesús estaba en tal unión con el Padre, tan comprometido a hacer sólo su voluntad, que las palabras del Padre eran su propia comida y bebida! Su sustento diario era escuchar y ver lo que el Padre quería, y esto era el resultado de pasar mucho tiempo a solas con él.

Jesús una vez dijo a sus discípulos, “Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis…Mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra” (Juan 4:32, 34). Jesús después dijo, “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, la cual os dará el Hijo del hombre” (Juan 6:27).

¡No podemos descuidar este secreto de obtener fortaleza! Así como Cristo vivió por el Padre, así debemos recibir nuestra vida alimentándonos de él. Apártese a solas con el Señor y pase tiempo de calidad en su presencia. Él quiere alimentarle su alma hambrienta y guiarlo en estos tiempos difíciles. Dios siempre manifestará su presencia cuando usted lo busca con todo su corazón.

domingo, 7 de noviembre de 2010

¡UN DERRAMAMIENTO DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE LOS HOGARES!

“Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso…porque los oían que hablaban en lenguas y que glorificaban a Dios” (Hechos 10:44 y 46). Esto se refiere a la casa de Cornelio.

Piense en esto, un Pentecostés privado cayendo sobre todo un hogar y donde todos son elevados hacia los cielos. ¡Fue milagroso! Las alabanzas fueron emocionantes mientras todos los familiares y niños estaban siendo salvados y llenos con el Espíritu Santo de Dios. Todo esto sucedió porque un hombre propuso en su corazón buscar a Dios hasta que la respuesta llegara.

Y aquí estamos sentados, en los días del Espíritu Santo derramado, con muchos hogares donde hay poca o ninguna evidencia de su trabajo o presencia. Muchos de nuestros hogares Cristianos están ahora bajo el control del espíritu del mundo en lugar del Espíritu de Dios. Donde está el Espíritu de Dios hay unidad. Donde él permanece, hay descanso y paz, gozo indescriptible, y victoria sobre el espíritu de este mundo.

Necesitamos recuperar la autoridad espiritual de nuestros hogares. Si el esposo y la esposa Cristianos no están en total unidad, fluyendo juntos en el Espíritu y amor de Jesús, hay peligro extremo adelante. Uno de ellos, o ambos no están caminando en el Espíritu. Cuando ambos están buscando a Dios en sus momentos privados de oración y devoción, el Espíritu puede hacer sus maravillas.

Dios está haciendo algo nuevo en la tierra ahora mismo. Algo tan poderoso, tan sobrenatural que está aterrorizando al infierno. El Espíritu Santo ha venido a separar a un pueblo para el Señor. Ser una persona de éxito no es tan importante como escuchar de Dios. Para los santos recién bautizados, prosperar significa ver a Jesús de una manera viva y nueva. Casas, tierras, muebles, carros, ropa – todas estas cosas han perdido su atracción para las personas que ahora están amando apasionadamente al Señor de la gloria. ¡El Espíritu Santo ha venido a revelar a Cristo como el Salvador de hogares – nuestros hogares!

Yo he mirado al mundo espiritual y veo a demonios huyendo. Veo a los poderes de las tinieblas temblando porque la verdadera iglesia de Dios, la que era un gigante dormido, ha sido provocada por el Espíritu Santo para que se sacuda y se levante y reclame su lugar de poder y autoridad.

Familias enteras, iglesias enteras, ministerios enteros están siendo volteados. Dios está diciendo, “¡Tomen en serio las cosas espirituales y yo supliré cada una de sus necesidades!” El Padre está haciendo cosas grandes alrededor de todo el mundo y nosotros podemos ser participes de su poderosa bendición.

jueves, 4 de noviembre de 2010

CORNELIO SALVÓ A SU CASA

“Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada ‘la Italiana’, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo y oraba siempre a Dios” (Hechos 10:1-2).

La vida de Cornelio prueba que Dios busca una devoción de todo corazón, obediencia, y oración sin cesar. Considere las maneras en que este devoto hombre de Dios salvó a su casa y los milagros que resultaron por su devoción.

Cornelio estaba tan determinado a que él y su casa vinieran a la plenitud de Dios, que él realmente se negó a comer para buscar a Dios. El alimento era secundario a su profunda hambre espiritual y a su anhelo por Dios. Días de ayuno sin una correspondiente hambre y sed de Dios resultan en nada; de hecho, es mejor comer alimentos en lugar de ayunar en un esfuerzo para ganarnos bendiciones del cielo. Pero el hambre de Dios le quita el deseo de la comida al hombre que tiene un corazón de buscar a Dios.

Este hombre Cornelio debería avergonzarnos a todos. Él no tenía cintas grabadas con enseñanzas; él ni siquiera tenía un maestro. Él no era un Judío prosélito sino que simplemente era un hombre desesperado por tener a Dios. Lo que él había aprendido, lo había logrado de manera difícil – sin seminarios, sin convenciones, sin libros de cómo recibir de Dios. Ni tenía aún al Espíritu Santo dentro de él todavía, para animarlo a orar y a buscar el rostro de Dios. Sin embargo, él ayunaba y oraba siempre.

Su vida de oración hizo que diera limosnas. Dios todavía no había contestado su oración por su propio hogar, pero él seguía dando generosamente a todos los necesitados. Él no estaba tan envuelto en su propia necesidad que le consumiera todo su tiempo, atención y dinero.

Los hombres que oran, siempre atraen la atención de Dios; y el hombre que ora escucha a Dios hablar. Esto ha sido siempre así desde el comienzo.

Usted puede salvar a su casa de la misma manera que Cornelio salvó a la suya. En un solo día, con un glorioso milagro, toda la casa de Cornelio fue salva y llena con el Espíritu Santo. En un día su casa fue transformada de una ceguera espiritual, a una vida y a una luz maravillosa. Todo porque este hombre se propuso con gran determinación salvar a su casa. Que Dios nos ayude a tomar en serio el orar por nuestra familia y amigos que están perdidos.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

EN ÉL VIVIMOS, NOS MOVEMOS Y SOMOS

Pablo dijo: “Porque en él vivimos, nos movemos y somos” (Hechos 17:28). Hombres y mujeres de Dios viven dentro de este muy pequeño círculo; sus vidas, cada movimiento, toda su existencia está envuelta sólo en lo que le interesa a Cristo.

Para conocer nada más que a Cristo, debe de haber un fluir continuo de revelación de el Espíritu Santo. Si el Espíritu Santo conoce la mente de Dios, si él sondea las cosas escondidas y profundas del Padre, y si él tiene que ser una fuente de agua viva que salta, entonces esa fuente de agua fluyente debe de ser una continua revelación de Cristo que nunca acaba. Esto le espera a cada siervo del Señor que esté dispuesto a esperar en el Señor – calladamente, creyendo en fe, confiando en que el Espíritu Santo manifestará la mente de Dios.

Hoy día necesitamos la palabra infalible de Dios – una verdadera y viva revelación. Samuel tenía esa clase de palabra de Dios, y todo Israel lo sabía. Cuando Samuel hablaba, de todas las voces en la región, la de él se cumplía y ninguna palabra cayó al suelo.

Hoy día multitudes están tratando de filtrar entre todas las voces para escuchar la palabra clara de Dios. Los santos de Dios están fatigados por el aluvión de voces, donde sólo encuentran unos cuantos granos de la verdad. ¡Solamente Cristo es la luz! Todo el mundo se encuentra en tinieblas, y sólo la luz dispersa esas tinieblas. Puede que usted se encuentre en un lugar oscuro ahora mismo.

Pedro dijo, “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro” (2 Pedro 1:19).

Pablo dijo, “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:6).

Juan dijo, "su reino [de Satanás] se cubrió de tinieblas. La gente se mordía la lengua por causa del dolor” (Apocalipsis 16:10)

Las buenas obras suyas no disiparán esas tinieblas, y nuestras prédicas sobre temas sociales no la cortarán tampoco. Todas sus experiencias personales no lo lograrán. Y voy a ir un paso más allá – aun cuando usted declare atar los poderes de las tinieblas, eso no funcionará a no ser que la luz de Cristo esté alumbrando. ¡Todas las tinieblas se desvanecen en la luz de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Jesucristo! Estudiemos solamente a Cristo en el lugar secreto. Servimos al mismo Dios y somos enseñados por el mismo Espíritu Santo como todos los otros que han conocido a Cristo en su plenitud.

martes, 2 de noviembre de 2010

UNA REVELACIÓN SIEMPRE CRECIENTE DE JESUCRISTO

Desde que aconteció la cruz, todos los gigantes espirituales han tenido una cosa en común. Ellos estuvieron en una comunión íntima con el Señor; ellos se perdieron en la gloriosa inmensidad de Cristo, y murieron lamentándose de que aún conocían tan poco de Él. Así sucedió con Pablo, con todos los discípulos, y con muchos de los padres de la iglesia primitiva; así también con Lutero, Zwingli, y los puritanos; con los predicadores píos de Inglaterra, y con muchos líderes devotos hoy en día.

Cada uno de estos gigantes compartían la misma pasión que los dominaba: tener una revelación siempre creciente de Jesucristo. A ellos no les importaba lo espectacular, lo de esta tierra, las cosas del mundo, el éxito, la ambición ni la fama. Ellos oraban – no por cosas, no por bendiciones físicas, no para ser usados, no por nada de sus “yo”, sino solamente por una revelación más plena de la gloria y de la inmensidad de su Señor.

Satanás está manifestando gran poder, y el infierno está desatando toda su furia en esta generación. Las fortalezas del enemigo son más fortificadas, más poderosas, y más atrincheradas que en cualquier otra generación. Sin lugar a duda, Satanás se está revelando al mundo como nunca antes y está siendo conocido mejor, temido menos, y aceptado más.

¡Un conocimiento básico de Jesús que se consigue en escuela Bíblica no será suficiente para esta guerra final! Saber acerca de él no es suficiente. Necesitamos buscar una revelación más grande del Espíritu Santo. Eso requiere pasar mucho tiempo en Su mesa. Usted puede conocerlo sólo estando mucho tiempo en su presencia, sólo sentándose con él, escuchando su voz, esperando en él para recibir sabiduría divina. Hombres ocupados, preocupados, muy raramente llegan a conocerlo.

Pablo estaba comprometido a una revelación siempre creciente de Jesucristo. Todo lo que él tenía de Cristo vino por revelación. Él dijo, “Por revelación me fue declarado el misterio” (Efesios 3:3). El Espíritu Santo conocía los profundos secretos escondidos de Dios, y Pablo oraba constantemente por el don de gracia para entender y predicar “las insondables riquezas de Cristo” (vs.8). Pablo dijo que tenemos acceso a estas gloriosas riquezas en Cristo. Al hablar de los propósitos eternos de Dios, él dijo, “en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (vs. 12).

Dios está buscando creyentes que busquen una revelación de él que sea propia de cada uno – que tengan una intimidad personal tan profunda con Él para abrir las “las insondables riquezas de Cristo”

lunes, 1 de noviembre de 2010

¡NADA MÁS QUE CRISTO!

¿Qué es lo que más quiere nuestro Señor de aquellos que confiesan ser devotos a él? ¿Qué será lo que lo complace y bendice? ¿Será que construyamos más iglesias? ¿Más Institutos Bíblicos? ¿Más albergues e instituciones para los que sufren? Todas estas cosas son buenas y necesarias, ¡pero aquel que no habita en edificios hechos por el hombre quiere mucho más que eso! Salomón creyó haber edificado un templo para Dios que perduraría para siempre, pero en unos cuantos años ya estaba en decadencia, y en menos de cuatrocientos años, estaba completamente destruido.

Lo que nuestro Señor desea más de su pueblo, de sus ministros y pastores es ¡tener comunión con él! ¡Ser uno con él y sentarse a su mesa celestial! ¡Un lugar donde tener intimidad y pasar tiempo juntos! ¡Que vengamos a él continuamente para recibir alimento, fortaleza, sabiduría y tener comunión!

Esta generación tiene una revelación limitada del Señor Jesús porque muchos están ausentes del banquete – el banquete de tener comunión con el Señor. ¡Sus asientos están vacíos! Pocos conocen la grandeza y majestuosidad de ese llamado tan alto en Cristo Jesús.

Nosotros equivocadamente recibimos nuestro gozo espiritual cuando servimos, en lugar de recibirlo al tener comunión. ¡Estamos haciendo más y más cosas por un Señor del cual conocemos menos y menos! Nos afanamos, nos agotamos, vamos a cualquier lugar en esta tierra, y nos entregamos a trabajar para él – ¡pero muy rara vez vamos al banquete! ¡Tomamos muy casualmente la mesa del Señor, sin estar seriamente deseosos de tomar nuestro asiento y aprender de él!

Pablo hace referencia a tres años que él pasó en el desierto de Arabia. Esos fueron tres años gloriosos, sentado en los lugares celestiales a la mesa del Señor. Fue allí donde Cristo le enseñó a Pablo todo lo que él llegó a conocer, y la sabiduría de Dios se manifestó en él. ¡El haberse convertido no fue suficiente para Pablo! ¡El haber tenido una visión sobrenatural de Cristo, el milagro de haber escuchado su voz desde los cielos no fue suficiente! ¡Él había captado una visión fugaz del Señor y quería más!

Algo dentro del alma de Pablo clamó, “¡Oh, que pudiese conocerlo!” No es de extrañarse que él pudiera decirle a todo el sistema Cristiano, “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado” (1 Corintios 2:2). Él estaba diciendo, “Que el Judaísmo de Jerusalén guarde sus legalismos. Que otros aleguen sus puntos doctrinales. Que los que buscan ser justificados por sus obras se agoten intentándolo. Pero yo, ¡yo quiero más de Cristo!