lunes, 30 de noviembre de 2009

DIOS USA PERSONAS

Dios usa personas para refrescar a otras personas. El ama tanto este tipo de ministerio que llevó al profeta Malaquías a referirse a ello como la tarea más necesaria en los últimos días. Malaquías describió cómo, en sus días, el pueblo de Dios se edificó el uno al otro a través de la edificación “uno a uno”. “Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero” (Malaquías 3:16).


¿Cuándo, exactamente, sucedió esto? Las palabras de Malaquías vinieron durante un tiempo de impiedad rampante, cuando el “devorador” había destruido gran parte del fruto en la tierra. El pueblo de Dios se había agotado y había empezado a dudar respecto a si valía o no la pena caminar con Dios. Pensaban: “Se nos ha dicho que nos iría bien si servimos al Señor, si obedecíamos su Palabra y llevábamos sus cargas. Pero vemos a los soberbios, a los que no tienen principios, ellos son que aparentemente están felices de verdad. Buscan la prosperidad, viven sin cuidado, disfrutando la vida al máximo”.


El Espíritu Santo comenzó a moverse en Israel y pronto llegó el temor de Dios a un pueblo con hambre de Dios. Súbitamente, todos en Israel, jóvenes y viejos, se convirtieron en misioneros de “uno a uno”. Por el despertar del Espíritu, las personas estaban abiertas para con los demás, y así todos edificaban y consolaban a los que los rodeaban.


Estoy convencido de que la palabra de Malaquías sobre este ministerio es un reflejo de los días actuales. El nos ha dado una figura del derramamiento del Espíritu Santo en los últimos tiempos; a medida que la iglesia de Dios en lugar de ser chismosa y quejarse, comienza a ministrar frescura. Está sucediendo por teléfono, por carta, por correo electrónico y cara a cara. Y Dios está tan complacido con este ministerio, sabemos que Él lo registra todo. Cada palabra dulce que hablamos, cada llamada realizada, cada carta escrita, cada esfuerzo por consolar a los rechazados está registrado en un “libro de memorias”. Y la Biblia dice que cada uno de nosotros, cuyos hechos se han escrito, será precioso para Él: “Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe” (Malaquías 3:17).


Sea usted un Tito para alguien que tenga el espíritu por los suelos. Ore para tener el espíritu de Onesíforo, quien buscaba a los heridos para sanarlos. Piense en esto: A usted se le ha dado todo el poder del cielo para refrescar a un creyente en necesidad, alguien que necesite el consuelo que Dios le ha dado únicamente a usted. Sí, hay personas que lo necesitan y la voluntad del Señor es que sus consuelos pasados les lleven a ellos un refrigerio. Llame a aquella persona hoy mismo y dígale: “Hermano, hermana, quisiera orar por ti y alentarte. Tengo una buena palabra para ti”.

domingo, 29 de noviembre de 2009

ACCESO A DIOS

Busqué a Dios en oración y le pregunté: “¿Cuál es el aspecto más importante de haber sido hechos tu templo?”. Y ésta es la respuesta que vino a mí: acceso con libertad y confianza.


Pablo dice de Cristo: “En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (Efesios 3:12).


En el templo judío, había muy poco acceso a Dios. De hecho, dicho acceso estaba disponible sólo para el sumo sacerdote, y luego, solamente una vez al año. Cunado el tiempo llegaba, el sacerdote entraba a la presencia de Dios en el templo con temor y temblor. Sabía que podía ser muerto instantáneamente por acercarse al propiciatorio teniendo en su corazón pecado no perdonado.


Hoy, Dios se ha levantado de esa habitación pequeña y restringida. Y ha venido directamente a nosotros en medio de nuestra desgracia y corrupción. Él nos dice: “He venido para vivir en ti. No tienes que ocultar tu inmundicia y desesperación de mí. Yo te he elegido porque te amo y estoy a punto de hacer de tu cuerpo, mi hogar, mi lugar de morada, mi residencia.


Enviaré a mi Espíritu Santo, quien los santificará. Él limpiará y barrerá toda habitación, para preparar sus corazones para que sean mi novia, pero eso no es todo. Los voy a sentar justo al lado mío y los voy a animar a venir con libertad a mi trono, con confianza. Miren, Yo quiero que me pidan poder, gracia, fuerza, todo lo que necesitan. He hecho descender el cielo a sus almas, para que todos puedan tener acceso. Son ricos, pero todavía no se dan cuenta. Son herederos de toda mi gloria”.


La única razón por la que su cuerpo es santo es porque el Espíritu Santo mora dentro de él. Y se mantiene santo, sólo a causa de su continua presencia y poder. Usted no lo puede hacer. Terminaría en un naufragio de nervios, sólo cuidando todas las entradas. Se desalentaría al no poder impedir que entre el polvo y la suciedad. Se agotaría corriendo de habitación a habitación, barriendo y lustrando, tratando de que las cosas se vean bien.


Todo cristiano debe regocijarse de este hecho: ¡Dios está en usted! Y Él está siempre con usted, así que ¿quién podrá estar en su contra?

jueves, 26 de noviembre de 2009

ENSANCHAMIENTO DE CORAZON

Los evangelistas Jorge Whitefield and Juan Wesley fueron dos de los más grandes predicadores en la historia. Estos hombres predicaron a miles de personas en reuniones al aire libre, en las calles, en los parques y en las prisiones; y a lo largo de sus ministerios muchos vinieron a Cristo. Pero se levantó una disputa doctrinal entre los dos, respecto a cómo es santificada una persona. Ambas posiciones doctrinales se defendían fuertemente y alguna que otra palabra indebida fue intercambiada entre los seguidores de estos hombres, los cuales discutían de forma desagradable.


Un seguidor de Whitefield vino a él un día y le preguntó: “¿Cree Ud. que verá a Juan Wesley en el cielo?” Lo que estaba preguntando, en efecto, era: “¿Cómo podrá Wesley ser salvo si está predicando tal error?”.


Whitefield respondió: “No, no veremos a Juan Wesley en el cielo. El estará tan alto, tan cerca al trono de Cristo, tan cerca al Señor, que no podremos ser capaces de verlo”.


Pablo llamó a este tipo de espíritu: “ensanchamiento de corazón”. Y él mismo lo tenía al escribir a los corintios, una iglesia, en la que algunos lo habían acusado de ser duro y de quien se habían mofado por su predicación. Pablo les aseguró: “Nuestra boca se ha abierto a vosotros, oh corintios; nuestro corazón se ha ensanchado” (2 Corintios 6:11).


Cuando Dios ensancha nuestro corazón, de pronto ¡tantas limitaciones y barreras son quitadas! Ud. ya no ve a través de un lente estrecho. Más bien, se encuentra a sí mismo siendo dirigido por el Espíritu Santo hacia aquéllos que están sufriendo. Y los dolidos son atraídos a su espíritu compasivo por la atracción magnética del Espíritu Santo.


Así que, ¿tiene usted un corazón blando cuando ve personas en dolor? Cuando ve a un hermano o hermana que ha caído en pecado o quizás tiene problemas, ¿se siente usted tentado a decirle que algo está mal en sus vidas? Pablo dice que los quebrantados, los que pasan dolor necesitan ser restaurados con un espíritu de mansedumbre y benignidad. Ellos necesitan tener un encuentro con el espíritu que Jesús demostró tener.


Este es el clamor de mi corazón para el resto de mis días: “Dios, aleja de mí toda estrechez de corazón. Quiero tener tu espíritu de compasión para aquéllos que sufren, tu espíritu de perdón cuando vea a alguien que ha caído, tu espíritu de restauración, para quitarles su oprobio.


“Aparta de mi corazón toda parcialidad y ensancha mi capacidad de amar a mis enemigos. Cuando me acerque a alguien está en pecado, no dejes que me acerque en juicio. Por el contrario, que el pozo de aguas que brota de mi ser, sea un río de amor divino para ellos. Y permite que el amor mostrado a ellos, encienda en ellos un amor para con los demás”.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

DIOS AMA A LA IGLESIA

La verdadera iglesia de Jesucristo es la niña de los ojos de Dios. Sin embargo, desde sus inicios, la iglesia ha experimentado apostasías y falsos maestros. Las iglesias primitivas, aquellos cuerpos apostólicos fundados por Pablo y los apóstoles, fueron instruidos por el pleno consejo de Dios. Nada “provechoso para el crecimiento y determinación” fue negado a los seguidores de Cristo. Se les dio la verdad, no sólo en palabra sino en demostración y en poder del Espíritu Santo.


Pablo le advirtió a Timoteo que el tiempo vendría en el que algunos del pueblo de Dios “no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:3-4).


La historia registra que esto sucedió tal como Pablo lo predijo. Después de la muerte de los apóstoles, y de la generación que fue enseñada por ellos, una conspiración de error perverso inundó la iglesia. Los creyentes eran seducidos por doctrinas extrañas; y la ciencia y la filosofía minaron la verdad del evangelio de Cristo.


Considere lo que Pablo dijo sobre la pureza de la iglesia de Cristo: “…Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga…sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27).


La gran preocupación de Dios no es por la iglesia apóstata. Incluso las apostasías no podrán matar o destruir a la iglesia de Jesucristo. A pesar de estos problemas, Dios tiene todo bajo control, y su iglesia invisible, mística y vencedora no morirá. Por el contrario, el río del Espíritu Santo está fluyendo hacia el “mar muerto” de iglesias apóstatas, exponiendo la iniquidad y la tibieza. Y produciendo que una nueva vida emerja.


Aquéllos que se han tornado de iglesias muertas, sin vida, pueden no ser otra cosa que un remanente. No obstante, Jesús declaró: “Los campos están blancos para la siega y aun hay tiempo para que los obreros vayan al campo”. En ninguna parte de la Biblia dice que el Espíritu Santo ha huido de la escena, dejando atrás una cosecha marchita. El Espíritu de Dios sigue obrando, convenciendo de pecado, tocando y atrayendo a los perdidos a Cristo, incluso a los apóstatas.


La nube de testigos celestiales nos diría que no busquemos el juicio, que no nos enfoquemos en “guardar nuestra posición”. Todavía es el día del Espíritu Santo, que está a la espera de llenar a toda vasija dispuesta.

Dios sigue amando a su iglesia, ¡con manchas y todo!

martes, 24 de noviembre de 2009

ESTÉ LISTO

En Mateo 24, Jesús usa una parábola para enseñar sobre el estar listo para su retorno: “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá”


Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 24:44-51).


Note que Jesús se refiere a siervos, dando a entender, creyentes. Un siervo es llamado fiel y el otro es llamado malo. ¿Qué es lo que es malo a los ojos de Dios? Según Jesús, es algo que éste “dijere en su corazón” (Mateo 24:48). Este siervo no vocaliza dicho pensamiento, ni tampoco lo predica. Pero lo piensa. Ha entregado su corazón a una mentira demoníaca. “El Señor tarda en venir”. Note que no dice: “El Señor no vendrá”, sino: “tarda en venir”. En otras palabras: “Jesús no vendrá repentina o inesperadamente. Él no retornará en mi generación”.


Este “siervo malo” es claramente, un tipo de creyente, quizás uno que está en el ministerio. Se le ordenó “vigilar” y “estar listo”, “porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44). Pero este hombre aplaca su conciencia aceptando la mentira de Satanás.


Jesús no muestra el fruto de esta manera de pensar. Si un siervo está convencido de que el Señor a retrasado su venida, entonces no ve necesidad de vivir correctamente. No tiene urgencia de hacer las paces con sus compañeros. No ve la necesidad de preservar la unidad en su hogar, en su trabajo ni en la iglesia. Puede golpear a sus compañeros siervos, acusarlos, guardar rencores, destruir su reputación. Como Pedro dijo, este siervo es impulsado por sus deseos. Quiere vivir en ambos mundos, consintiendo en una vida de maldad, mientras cree estar a salvo del justo juicio de Dios.

lunes, 23 de noviembre de 2009

LAS MENTIRAS DEL ENEMIGO

En nuestros momentos de prueba y tentación, Satanás viene a nosotros, trayéndonos mentiras como: “Estás completamente rodeado y no hay salida. Siervos más fuertes que tú han caído en circunstancias menos difíciles. Ahora te toca caer. Eres un fracaso, de otra manera no estarías pasando por esto. Algo está mal en tu vida y Dios está descontento contigo”.


En medio de su prueba, Ezequías reconoció su incapacidad. Este rey se dio cuenta de que no tenía la fuerza para detener las voces de ira en su contra, voces de desánimo, de amenazas y de mentiras. El sabía que no podía librarse de esta batalla, así que buscó al Señor para que lo ayude. Y Dios le respondió, enviándole al profeta Isaías, con este mensaje: “El Señor ha oído tu clamor. Ahora, dile al Satanás que está a tus puertas: ‘Eres tú el que caerá. Por el mismo camino por donde viniste, te irás’”.


Ezequías por poco cayó en el truco del enemigo. El hecho es que si no nos ponemos de pie para enfrentar las mentiras de Satanás, si en nuestra hora de crisis, no nos dirigimos a la fe y a la oración, si no obtenemos fuerzas de las promesas de liberación que Dios nos ha dado, el diablo se reirá de nuestra débil e inconstante fe, e intensificará sus ataques.


Ezequías cobró valor por la palabra que recibió, y fue capaz de decirle con firmeza a Senaquerib: “Rey Diablo, tú no has blasfemado mi nombre, sino el de Dios mismo. Mi Señor me librará. ¡Y porque blasfemaste Su Nombre, enfrentarás su ira!”


La Biblia nos dice que Dios libró sobrenaturalmente a Ezequías y a Judá esa misma noche: “Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos” (2 Reyes 19:35).


Hoy, los creyentes no están de pie sólo sobre una promesa sino sobre la sangre derramada de Jesucristo. Y en esa sangre tenemos victoria sobre todo pecado, tentación y batalla que alguna vez enfrentemos. Quizás usted ha recibido una carta del diablo, recientemente. Permítame preguntarle: “¿Cree usted que Dios tiene el anticipado conocimiento respecto a cada una de sus pruebas, cada uno de sus torpes movimientos, cada una de sus dudas y temores? Si es así, usted cuenta con el ejemplo de David, el cual oró: “Este pobre clamó y el Señor lo libró”. ¿Se atreverá usted a hacer lo mismo?

domingo, 22 de noviembre de 2009

LA PAZ Y EL ESPIRITU SANTO

¿A quiénes les concede Jesús su paz? Usted pensará: “Yo no soy digno de vivir en la paz de Cristo, tengo demasiadas luchas en mi vida, mi fe es tan débil”.


Haríamos bien en considerar a aquellos primeros hombres que recibieron la paz de Jesús. Ninguno de ellos era digno y ninguno tenía el derecho de recibirla.


Piense en Pedro. Jesús estaba a punto de conceder su paz a un ministro del evangelio que pronto iba a estar maldiciendo. Pedro era celoso en su amor por Cristo, pero también lo iba a negar.


Luego tenemos a Santiago y su hermano Juan, hombres con un espíritu competitivo, siempre buscando el reconocimiento. Pidieron sentarse a la derecha e izquierda de Jesús, cuando ascendiera a su trono en gloria.


Los otros discípulos no eran más justos. Se enfurecieron contra Santiago y Juan, cuando éstos trataron de sobresalir. Luego está Tomás, un hombre de Dios que se había rendido a la duda. Tanta fe les hacía falta a todos los discípulos, que Jesús se asombraba y se preocupaba. Es más, en la hora más crítica de Cristo, todos lo abandonaron y huyeron. Aun después de la Resurrección, cuando la frase “¡Jesús ha resucitado!”, se esparció por doquier, los discípulos fueron tardos para creer.


Pero aun hay más. También eran hombres confundidos. No entendían los caminos del Señor. Sus parábolas los confundían. Después de la Crucifixión, perdieron todo sentido de unidad, dispersándose en todas las direcciones.

¡Qué cuadro! Estos hombres estaban llenos de temores, incredulidad, división, lamento, confusión, competencia, orgullo. Sin embargo, fue a estos mismos siervos afligidos, que Jesús dijo: “Les voy a dar mi paz”.


Los discípulos no fueron escogidos por ser buenos o justos; eso está claro. Tampoco era porque tenían talento o habilidades. Eran pescadores y obreros, mansos, del pueblo. Cristo llamó y eligió a los discípulos porque vio algo en sus corazones. A medida que miraba en ellos, sabía que cada uno se sometería al Espíritu Santo.


En este punto, todo lo que tenían los discípulos era una promesa de paz por parte de Cristo. La plenitud de dicha paz les sería dada en Pentecostés. Ahí es cuando el Espíritu Santo vendría y moraría en ellos. La paz de Cristo que recibimos, proviene del Espíritu Santo. Esta paz viene a nosotros a medida que el Espíritu nos revela a Cristo. Cuanto más anhelemos de Jesús, el Espíritu nos mostrará más de Él, y tendremos más de la paz de Cristo.

jueves, 19 de noviembre de 2009

LA GRAN PREOCUPACIÓN DE DIOS

En medio de esta global “remoción de todas las cosas”, ¿en qué está enfocada la preocupación de Dios? ¿Será en los eventos del Medio Oriente? No. La Biblia nos dice que La mirada de Dios está puesta sobre sus hijos. “He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia” (Salmos 33:18).


Nuestro Señor es conciente de todo lo que se mueve en la Tierra, todo lo que respira. Aun así, su mirada está primordialmente enfocada en el bienestar de sus hijos. Él ha fijado sus ojos en los dolores y necesidades de cada miembro de su cuerpo espiritual. Dicho de una forma simple, cualquier cosa que nos afecte, le preocupa a Él.


Para demostrarlo, Jesús dijo: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). Incluso, en medio de las grandes guerras mundiales, el primer enfoque de Dios no está en los tiranos. Su enfoque está en cada circunstancia que sucede en las vidas de sus hijos.


Cristo dijo en el versículo inmediato siguiente: “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre” (Mateo 10:29). En los días de Cristo, estos pajarillos eran la carne de los pobres y se vendían a dos por un centavo. Sin embargo, Jesús dijo que ninguna de ellos caía a tierra sin que lo supiera nuestro Padre.


El uso que le da Jesús al verbo “caer” en este versículo, va más allá de la muerte de un ave. El significado arameo es “posarse sobre la tierra”, en otras palabras, “caer”, aquí, indica hasta el mínimo sobresalto que un pequeño pajarillo hace.


Cristo nos está diciendo lo siguiente: “La mirada de tu Padre está puesta sobre el pajarillo, no sólo cuando muere, sino cuando se posa en tierra. A medida que el pajarillo aprende a volar, cae del nido y comienza a brincar sobre la tierra. Y Dios ve hasta la lucha más pequeña que éste tiene. Él se preocupa de cada detalle de su vida”.


Luego, Jesús añade: “Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mateo 10:31). De hecho, Él está diciendo: “Pues aun vuestros cabellos están todos contados” (Mateo 10:30). En otras palabras, Aquél que creó y contó cada estrella, que monitoreó cada acto del Imperio Romano, que guarda a las galaxias en sus órbitas, tiene sus ojos fijados en ti. Y, Jesús pregunta: “¿No valéis vosotros mucho más que ellos?”.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

¡ASOMBROSA PAZ!

Jesús nos da más de una razón por la cual necesitamos su paz. Cristo les dijo a sus discípulos, en Juan 14:30: “Viene el príncipe de este mundo”. ¿Cuál era el contexto de esta declaración? Él acababa de decirle a los doce:No hablaré ya mucho con vosotros”. Luego, explicó el por qué: “Porque viene el príncipe de este mundo”.


Jesús sabía que Satanás estaba ocupado en aquella misma hora. El diablo ya había enlistado a Judas para que lo traicionara. Y Cristo sabía que la jerarquía religiosa en Jerusalén estaba siendo fortalecida por los principados del infierno. Él también era conciente de que una multitud inspirada por el diablo vendría muy pronto para llevarlo prisionero. Ahí es cuando Jesús les dice a los discípulos: “Satanás, el maligno, viene. Así que, ya no les seguiré hablando más”.


Jesús sabía que necesitaba tener un tiempo con el Padre para prepararse para el conflicto que enfrentaría. Él estaba a punto de ser puesto en manos de hombres malvados, tal como Él mismo lo había dicho. Y sabía que Satanás estaba haciendo todo lo posible para estremecer su paz. El diablo habría de acosarlo e intentaría desalentarlo, todo ello, en un esfuerzo por quebrantar la fe de Cristo en el Padre, cualquier cosa con tal de que Él no vaya a la Cruz.


Puede ser que usted se encuentre confundido, pensando: “Todo terminó, no lo voy a lograr”. Pero Jesús dice: “Yo sé lo que estás pasando. Ven y bebe de mi paz”.


Ahora mismo, usted puede estar atravesando el tiempo mas difícil que haya enfrentado. Su vida puede estar en juego y todo parece carecer de esperanza. Pareciera no haber escapatoria para usted y cada puerta que usted abre lo llena de más tensión, confusión y cansancio.


No interesa lo que usted esté pasando. Su vida puede parecer haber sido devastada por un tornado. Usted puede estar soportando pruebas que hacen que otros lo vean como un Job moderno. Pero en medio de sus pruebas, cuando clame al Espíritu Santo para que lo bautice en la paz de Cristo, Él lo hará.


La gente lo señalará y dirá: “El mundo de aquel hombre se ha hecho pedazos, sin embargo él ha determinado confiar en la Palabra de Dios, viva o muera. ¿Cómo puede hacerlo? ¿Cómo puede continuar? El debiera haberse rendido hace mucho tiempo, pero no lo ha hecho. Y a lo largo de todo, no ha cedido ninguno de sus principios. ¡Qué asombrosa paz! Está más allá del entendimiento”.

martes, 17 de noviembre de 2009

UNA NUBE DE TESTIGOS

Hebreos 12:1 nos dice que el mundo está rodeado por una nube de testigos que están con Cristo en la gloria. ¿Qué tiene que decirle al mundo presente esta multitud de testigos celestiales? Vivimos en una generación que es mucho más malvada que la de Noé. ¿Qué pueden estos testigos decirle a la raza humana cuyos pecados superan a los de Sodoma?


Nuestros días son días de gran prosperidad. Nuestra economía ha sido bendecida, pero nuestra sociedad se ha vuelto inmoral, violenta y en contra de Dios que hasta las mismas personas seculares se quejan de cuán profundo hemos caído. Los cristianos por doquier se preguntan por qué Dios ha postergado su juicio sobre una sociedad tan malvada.


Nosotros los que amamos a Cristo tal vez no podamos entender por qué esta maldad tan flagrante es permitida que continúe. Pero la nube de testigos entienden. Ellos no cuestionan la misericordia y paciencia que Dios ha mostrado.


El apóstol Pablo está entre esa nube de testigos, y él testifica del ilimitado amor por aún el “primero del los pecadores”. La vida de Pablo y sus escritos nos dicen que él maldijo el nombre de Cristo. El era un terrorista, que cazaba a los hijos de Dios y los arrastraba a ser encarcelados o matados. Pablo nos diría que Dios está siendo paciente con esta presente generación por que hay muchos que son como él era, personas que pecan en ignorancia.


El apóstol Pedro está también entre la nube de testigos, y también él entiende por qué Dios es tan paciente. La vida de Pedro y sus escritos nos recuerdan que él maldijo a Jesús, jurando que nunca lo había conocido. Dios retiene su juicio por que hay multitudes que todavía lo maldicen así como lo hizo Pedro. El Señor no se dará por vencido de ellos, así como no se dio por vencido con Pedro. Hay muchos como él por los cuales Cristo ora.


Mientras considero esta nube de testigos, veo los rostros de los que antes fueron adictos a las drogas y alcohólicos, prostitutas, homosexuales, gángsteres y vendedores de drogas, otros que antes fueron asesinos, abusadores de esposas, infieles y los adictos a pornografías- multitudes a los cuales la sociedad los había ya rechazado. Todos ellos se arrepintieron y murieron en los brazos de Jesús, y ahora son testigos de la misericordia y paciencia del Padre amante.


Yo creo que todos ellos dirían, en un testimonio unificado, que Jesús no los juzgó antes de que ellos recibieran su misericordia. Dios todavía ama este mundo demente e inmoral. Que él nos ayude a amar a los perdidos así como lo hace él. Y que podamos orar para tener el amor y la paciencia que él está mostrando al mundo ahora mismo.

lunes, 16 de noviembre de 2009

CUANDO VIENE EL ESPÍRITU SANTO

El Profeta Isaías describe lo que sucede cuando el Espíritu Santo cae sobre las personas. Isaías profetiza, “Hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque” (Isaías 32:15).


Isaías está diciendo, “Cuando el Espíritu Santo viene, lo que antes era una desierto se vuelve un campo de cosecha. Un pedazo seco de terreno, súbitamente rebalsa de fruta. Y esta no es cosecha provisional. El terreno de frutas crecerá hasta ser un bosque. Y ustedes podrán llevar plantas de este bosque años tras años, y construir continuamente y ser fructífero”.


Isaías añade, “Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia”. (32:16). De acuerdo al profeta, el Espíritu Santo también trae con él un mensaje de juicio contra el pecado. Y ese mensaje produce justicia en las personas.


Isaías no está hablando de un solo derramamiento del Espíritu, lo que algunas personas llaman “avivamiento”. Isaías está describiendo algo que perdura. Estudios hechos por sociólogos cristianos muestran que los avivamientos de hoy día duran un promedio de cinco años, y dejan en su despertar mucha confusión y disensión. Yo conozco algunas iglesias donde estos llamados “avivamientos” tuvieron lugar, pero ahora, en unos pocos años, no hay rastros del Espíritu allí. Esas iglesias están muertas, secas, vacías. Casas donde cabían 1000 personas ahora parecen una tumba, con sólo cincuenta que asisten.


Isaías continúa: “Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo.”(Isaías 32:17-18).


La paz viene por que la justicia está trabajando. El Espíritu Santo está ocupado limpiando malestar, disturbios y condenación. Lo que continúa es paz en la mente, paz en los hogares, y paz en la casa de Dios. Y cuando el pueblo de Dios tiene la paz de Cristo, no son movidos fácilmente de ella: “Y cuando caiga granizo, caerá en los montes; y la ciudad será del todo abatida. Dichosos vosotros los que sembráis junto a todas las aguas, y dejáis libre al buey y al asno” (32:19-20).


La profecía de Isaías sobre el Espíritu Santo estaba dirigida a Israel durante el reinado de Uzías. Pero, se aplica al pueblo de Dios hoy día también. Se la conoce como una profecía doble. El hecho es que, cada generación necesita un derramamiento del Espíritu Santo. Y yo creo que la iglesia de hoy día no ha visto nada comparado con lo que el Espíritu Santo quiere lograr.