jueves, 30 de abril de 2009

QUE DIOS LOS BENDIGA Y LOS GUARDE EN PAZ

El Espíritu Santo me animó a leer Éxodo 12, que contiene el relato del rescate de Israel de Egipto.

En la puerta de cada casa israelita, la sangre del cordero estaba impregnada  en los dos postes y el dintel. Esto era para proteger al pueblo de Dios del ángel de la muerte que pasaba. Cuando llegó el día, una multitud de Israelitas salieron de la cautividad, incluyendo 600.000 hombres además de las mujeres y niños.  “En el mismo día…todas las huestes de Jehová salieron de la tierra de Egipto” (Éxodo 12:41).

En el capítulo siguiente, yo me detuve en el verso 3, el cual dice: “Pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte” (Éxodo 13:3). El pueblo de Dios fue rescatado sólo por el poder de Dios, no por medios humanos.

David declara, “Dios es el que me ciñe de fuerza, y quien despeja mi camino…Envió desde lo alto y me tomó; me sacó de las muchas aguas. Me libró de poderoso enemigo, y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo…Escudo es a todos los que en él esperan” (2 Samuel 22:33, 17, 18, 31).

Nuestra fe y fortaleza puede debilitarse, pero en nuestros tiempos de debilidad Dios nos ha dado maravillosas promesas para renovarnos y fortalecernos:

·                     “Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea” (2 Samuel 22:40).

·                     “Los débiles se ciñeron de poder” (1 Samuel 2:4).

·                     “Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz” (Salmo 29:11).

·                     “El Dios de Israel, él da fuerza y vigor a su pueblo. Bendito sea Dios” (Salmo 68:35).

·                     “Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares…Volveré a los hechos poderosos de Jehová el Señor” (Salmo 71:9, 16).

·                     “Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas…Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion” (Salmo 84:5, 7).

Amado, ¿cree usted que nuestro Dios es fuerte? Si él es fuerte, ningún poder puede hacerle frente a él. Por lo tanto, encomiende todo a la poderosa mano de poder y fuerza de Dios. Él hará un camino. Sobre todo, crea en esta palabra: “El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma” (Salmo 138:3).

Que Dios lo ame y lo bendiga.

miércoles, 29 de abril de 2009

AMADOS

ALABEMOS A DIOS DE QUIEN FLUYEN TODAS LAS BENDICIONES

La Biblia dice, “La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17). La palabra “oír” aquí incluye la lectura de la Palabra de Dios y confiar en ella sin reservas.

Cuando me sentaba a escribir esto, escuché la suave y calmada voz del Espíritu Santo susurrándome que podría animar a muchos poniendo delante de ustedes un número de promesas de las Escrituras, en las cuales puedan anclar su fe.

Yo creo que por lo menos dos de las siguientes promesas son especialmente para usted en este tiempo en particular. Esas dos promesas suyas parecerán saltar en su corazón, y usted sabrá que el Señor le ha enviado su Palabra para su situación específica que está pasando:

· “No se tardará más ninguna de mis palabras, sino la palabra que yo hable se cumplirá, dice Jehová, el Señor” (Ezequiel 12:28).
· Estas son dos promesas del Nuevo Pacto: “Yo les traeré sanidad y medicina; los curaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad” (Jeremías 33:6). “Los limpiaré de toda su maldad con que pecaron contra mí, y perdonaré todas sus iniquidades con que contra mí pecaron y contra mí se rebelaron” (Jeremías 33:8).
· “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás ni la llama arderá en ti” (Isaías 43:2).
· “No os acordéis de las cosas pasadas ni traigáis a la memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a la luz, ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto y ríos en la tierra estéril” (Isaías 43:18-19).
· “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo” (Isaías 41:10-11).
· “El que mira con misericordia será bendito, porque dio de su pan al indigente” (Proverbios 22:9).
· “He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en tiempo de hambre. Nuestra alma espera a Jehová; nuestra ayuda y nuestro escudo es él. Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado” (Salmo 33:18-21).
Que Dios le hable a través de su preciosa Palabra.

martes, 28 de abril de 2009

AMADOS

DIOS ES FIEL, EL CUAL HA PROMETIDO

Estoy profundamente bendecido por el mensaje de Dios a su gente en el Salmo 37. Yo le recomiendo que lea todo este Salmo antes que se acabe el día. Es uno de los pasajes más ricos, que dan más ánimo en la Palabra de Dios. No importa lo que usted esté atravesando, no importa cuán difícil sea su situación, este Salmo será una fuente de gran fortaleza y ánimo para usted.

Salmo 37:7 es de interés especial para mí debido a lo que está aconteciendo en la comunidad de los gais. El Estado de Massachusetts ha legalizado los matrimonios gais, y también cientos de ellos se han casado ilegalmente en San Francisco. Me entristecí profundamente ante esta falta de ley y burla del verdadero matrimonio instituido por Dios. Yo clamé, “Oh Señor, ellos están robándonos a nuestra nación. Se hacen burla de tu santa Palabra. América ahora está engullendo un pecado que ni aun se conocía en Sodoma y Gomorra. No hay ninguna constancia bíblica de que lo gais hayan contraído matrimonio en esas sociedades perversas.”

Entonces yo leí Salmo 37:7: “No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace lo malo.” En otras palabras, “No dejes que esto llegue a tu espíritu. No te alteres sobre esto. Dios escucha los gemidos profundos de su gente, y es muy paciente.”

Aun así, una línea está siendo cruzada. Y Dios dice que cuando eso sucede, “Porque los malignos serán destruidos…el Señor se reirá de él…porque ve que viene su día” (Salmo 37:9-13).

Que ningún hacedor de maldad piense por algún momento que Dios pasará por alto la desobediencia descarada y la burla de su Palabra. A través de toda la Biblia, vemos que Dios envía su juicio cuando la falta de ley envuelve a una sociedad. Dejen que los burladores se rían, pero pronto el mundo será testigo de la respuesta de Dios a los ataques satánicos en contra de su plan para el matrimonio. Cristo dijo que la mujer, la esposa, es igual a su iglesia, a la cual él llama novia. Ahora Satanás ha hecho ridículo de de esta tipografía bíblica y ha inducido a que muchas personas rechacen a la Biblia como la medida moral y final de la ley.

Pronto Dios va a respirar su ira sobre cada comunidad que se parezca a Sodoma, con juicios como nunca antes esta generación ha visto. Todos sabrán que Dios tiene una controversia con esta nación. Yo creo que él ya ha dicho, “¡Suficiente! La hora del castigo ha llegado.”

Ore por nuestra nación durante estos tiempos. Dios escucha las oraciones de su gente.

lunes, 27 de abril de 2009

AMADOS

JESUCRISTO ES EL SEÑOR AHORA Y SIEMPRE. ¡GLORIA A SU PRECIOSO NOMBRE!

Tanta angustia. Tanta aflicción. Tanta pena causada por enfermedades, dolencias y desastres. Tantos creyentes dolidos. Tantas personas pasando por crisis financieras. La Biblia nos dice, “Muchas son las aflicciones del justo…” Sin embargo, la frase que sigue en este verso cambia todo el significado: “…pero de todas ellas lo librará Jehová” (Salmo 34:19).

David clamó, “Acuérdate, Jehová, de David y de toda su aflicción” (Salmo 132:1). Este hombre devoto enfrentó muchos problemas. Su oración fue, “Señor, tú has librado a otros de sus aflicciones. No te olvides de mí. Ayúdame, líbrame.”

El apóstol Pablo también soportó muchas aflicciones. El escribió, “El Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio [me dice] que me esperan prisiones y tribulaciones” (Hechos 20:23). Pablo añadió, “que nadie se inquiete por estas tribulaciones” (1 Tesalonicenses 3:3). Él estaba diciendo, “Amados santos, no cuestionen porqué tengo que enfrentar tan grandes aflicciones. Estas cosas no hacen que yo cuestione a Dios.”

“Antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias” (2 Corintios 6:4). Note el énfasis de Pablo aquí: “en mucha paciencia.” ¿Ha estado usted perdiendo paciencia en su aflicción? ¿Se ha descorazonado hasta el punto de dejar a un lado su fe?

Un pastor y su esposa me escribieron, “Estamos tan descorazonados. Hemos sido maltratados y no nos han apreciado. Estamos financieramente devastados y vemos muy pocos frutos de nuestro trabajo. Hemos orado, hemos creído y nos hemos sujetado a la fe. Pero ahora estamos al final de nuestro aguante. No queremos dudar, pero necesitamos un milagro. Necesitamos por lo menos ver algo bueno para poder continuar.”

Cualquier palabra que pueda tener para animar al abatido parece inadecuada. Pero esto yo sé: servimos a un Padre amoroso y bueno. Su Palabra dice que él es tocado por los dolores de nuestras aflicciones. Y yo creo firmemente que aun ahora mismo, él está esperando que usted deje caer al suelo todos sus miedos, ansiedades, preguntas – todas sus preocupaciones y cargas – y que confíe que él lo librará, por la amorosa bondad que él tiene por usted.

Agárrese de las siguientes Escrituras, y deje que la fe se levante en su corazón. Dios no se ha olvidado de usted.

· Salmo 117:2: “Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia, y la fidelidad de Jehová es para siempre. Aleluya.”

· Salmo 119:76: “Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho a tu siervo.”

· Isaías 54:7-8, 10: “Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias. Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor. Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.”

domingo, 26 de abril de 2009

JEHOVÁ SAMA – EL SEÑOR ESTÁ ALLÍ

Para ser un miembro de la verdadera iglesia de Dios, usted debe de ser conocido por el nombre de Jehová Sama – “El Señor está allí” (Ezequiel 48:35). Otros deberían poder decir de usted “Está claro para mí que el Señor está con esta persona. Cada vez que lo veo, yo siento la presencia de Jesús. Su vida verdaderamente refleja la gloria de Dios.”

 

Si somos honestos, tenemos que admitir que no sentimos la dulce presencia del Señor entre los cristianos muy a menudo. ¿Por qué? Los Cristianos gastan su tiempo envueltos en buenas actividades religiosas – grupos de oración, estudios Bíblicos, ministerios de alcance – y todo esto es muy elogiable. Pero muchos de estos mismos Cristianos pasan poco o nada de tiempo Ministrando al Señor, en el aposento secreto de oración.

 

La presencia del Señor simplemente no puede ser falsificada. Esto es cierto ya sea que se aplique a la vida de un individuo o al cuerpo de una iglesia. Cuando me refiero a la presencia de Dios, no estoy hablando de algún aura espiritual que envuelve místicamente a una persona, o que desciende sobre un culto en la iglesia. En lugar de eso, yo estoy hablando del resultado de un caminar de fe simple pero poderoso. Ya sea que se manifiesta en la vida de un Cristiano o en una congregación entera, causa que las personas lo noten. Se dicen a sí mismos, “Esta persona ha estado con Jesús”, o “Esta congregación verdaderamente cree en lo que predican.”

 

Se necesita mucho más que un pastor justo para producir una iglesia Jehová Sama. Se necesita gente justa, personas de Dios que se encierren a solas con él. Si una persona extraña al terminar el culto dice, “Yo sentí la presencia de Jesús ahí adentro”, usted puede estar seguro que no fue por la prédica o por la alabanza. Fue porque una congregación justa entró a la casa de Dios, y la gloria de Dios estaba en medio de ellos.

jueves, 23 de abril de 2009

SU NOMBRE ES PERDÓN

“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados” (Miqueas 7:18-19).

 

¿Cómo se distingue nuestro Señor de todos los otros dioses que son adorados en el mundo? Por supuesto, sabemos que nuestro Dios está por encima de todos los otros, y separado en todo sentido. Pero una manera muy clara que sabemos que nuestro Dios se distingue de los otros es por su nombre: el Dios que perdona. Las Escrituras revelan a nuestro Dios como el Dios que perdona, el único Dios que tiene poder para perdonar pecados. “¿Qué Dios como tú que perdona la maldad? (Miqueas 7:18).

 

Vemos el nombre de Dios confirmado a través de toda las Escrituras.

 

·         Nehemías declaró, “Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia, porque no los abandonaste (Nehemías 9:17). La traducción correcta de la frase “tú eres Dios que perdonas” es “tú eres Dios de propiciación” o “Dios de perdón”.

·         Moisés le pidió al Señor una revelación de su gloria. No se le permitió a Moisés ver el rostro de Dios, pero el Señor le reveló su gloria a Moisés a través de una revelación de su nombre. ¿Cuál fue el nombre de Dios que fue revelado a Moisés? “¡Jehová! ¡Jehová! Fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión  y el pecado” (Éxodo 34:6-7).

·         David nos da la misma descripción Hebrea de Dios. Él escribe, “Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan” (Salmo 86:5). David escribió estas palabras por las experiencias de sus propias dificultades.  

miércoles, 22 de abril de 2009

NUESTRO PASTOR TODAVÍA AMA A LAS DESCARRIADAS

Nuestro gran pastor ama cada oveja que se ha descarriado debido a las pruebas, problemas, heridas o dolores. Nunca nos animaríamos a acusar a nuestro pastor de abandonarnos. Él todavía camina a nuestro lado y nos cuida todo el tiempo.

 

Ahora mismo, tal vez usted está perdiendo la guerra contra alguna clase de tentación. Cualquiera que sea su lucha, usted se ha propuesto no apartarse del Señor. Usted rehúsa entregarse a las garras del pecado. En lugar de eso, usted se ha tomado a pecho la Palabra de Dios.

 

Pero, al igual que David, usted se ha desanimado. Y ahora ha llegado al punto en que se siente absolutamente impotente. El enemigo lo está llenando de desesperación, miedo y mentiras.

 

Su prueba puede volverse más desconcertante e inexplicable. Pero yo quiero que usted sepa que – no importa por lo que esté pasando, el Espíritu Santo quiere revelar en usted a Jehová Rohi (Ra’ah), el Señor su pastor. Usted tiene un pastor que quiere imprimir su amor en el corazón   de usted.

 

Jesús nos asegura, “Nunca te dejaré ni te desampararé.” Y nuestro Padre celestial – Jehová Rohi, el Señor nuestro pastor – se ha revelado a nosotros en el Salmo 23. Él nos dice, “Te conozco por tu nombre, y sé por lo que estás pasando. Ven, recuéstate en mi gracia y en mi amor. No trates de entenderlo todo. Sólo acepta mi amor por ti. Y descansa en mis amorosos brazos. Sí, yo soy el Señor de los ejércitos. Soy el Dios majestuoso y santo. Yo quiero que conozcas todas estas revelaciones de mí. Pero la revelación que yo quiero que tengas ahora es la revelación de Jehová Rohi. Quiero que me conozcas como tu pastor que te ama y te cuida. Quiero que descanses seguro de que pasarás todas tus pruebas, en mi ternura y mi amor.”

martes, 21 de abril de 2009

EL SEÑOR MI PASTOR

Todos estamos familiarizados con el Salmo 23. Su mensaje de consuelo es muy conocido aun entre los incrédulos. Este  Salmo célebre fue escrito por el Rey David, y su pasaje más famoso está en el verso de entrada: “Jehová es mi pastor; nada me faltará.”

 

La palabra Hebrea que David usa para faltará en este verso indica un significado de no tener. David está diciendo, en otras palabras, “No me faltará nada.” Cuando combinamos este significado con la primera parte del verso, David está diciendo, “El Señor me dirige, me guía y me nutre. Y por eso, nada me falta.”

 

En este verso breve, David nos da todavía otro reflejo del carácter y la naturaleza del Señor. La traducción literal en Hebreo de la primera parte de este verso es Jehová Rohi (Ra’ah). Significa “El Señor mi pastor.”

 

Jehová Rohi no es un pastor benigno y pasivo. El no es como un asalariado – alguien que sólo provee comida y guía. El no solamente apunta hacia los pastos y las lagunas de agua y nos dice, “Ahí está lo que necesitas. Ve y come.” Ni tampoco se hace el ciego a nuestras necesidades. El no corre hacia el lado opuesto cuando escucha nuestros gritos de ayuda ni cuando ve que estamos en problemas. No, él conoce cada dolor que soportamos, cada lágrima que derramamos, cada herida que sentimos. El conoce cuando estamos demasiado cansados para dar otro paso hacia adelante. El sabe cuánto podemos soportar. Más que nada, él sabe cómo rescatarnos y llevarnos a un lugar para sanarnos. Una y otra vez, nuestro pastor viene a nosotros, nos trae y nos lleva a un lugar de descanso. Él continuamente nos hace descansar para tener un tiempo de sanidad y restauración.

 

Jehová Rohi - el Señor nuestro pastor – nos insta a que lo sigamos para ir a su descanso, para que él pueda “shekinah” en medio de nosotros. El Señor dice en Éxodo 29:45, algo  “Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios.” La palabra Hebrea para “habitaré” aquí es Sekinah, que significa “permanecer por”, o “asentarse junto a.” Esta palabra no significa una presencia pasajera, sino una presencia permanente – una presencia que nunca nos deja. En corto, la gloria sekinah de Dios no es una marca que desaparece de nuestros corazones como una tinta invisible. No, es  algo que Dios implanta permanentemente en nuestra alma. Es su eterna y muy cercana presencia.

 

Este cuadro aquí es glorioso: Nuestro pastor ofrece venir a nosotros en medio de nuestro dolor y de nuestra condición de depresión, y sentarse junto a nosotros. Él promete curar nuestras heridas y enderezar las partes nuestras que han quedado enfermas y malogradas.

 

Esa es la gloria sekinah de Dios. La presencia del Señor que permanece y que dura para siempre. Y muy a menudo la experimentamos cuando estamos en apuros. Nuestro gran pastor nos dice, “Yo quiero restaurarte. Y lo voy a hacer estando presente contigo, aún en el valle y en las sombras de muerte. Mi presencia estará contigo a través de todo lo que el enemigo lance contra ti. Aún si tratas de alejarte de mí, yo voy a correr tras de ti. Y cuando te alcance, te tomaré en mis brazos y te llevaré a mi descanso. Entonces vendaré tus heridas y sanaré todas tus enfermedades”  

lunes, 20 de abril de 2009

LO UNICO QUE EL QUIERE DE USTED ES SU FE

Dios no quiere su casa, su carro, sus muebles, sus ahorros, sus posesiones. Todo lo que él quiere es su fe – la confianza fuerte de usted en la Palabra de Dios. Y tal vez esa sea la cosa que más le falta a las personas que parecen ser espirituales. Usted puede pensar que otra persona sea más espiritual que usted. Pero esa persona puede estar luchando arduamente para mantener una apariencia de justicia. Pero cuando Dios lo mira a usted, él declara, “He aquí un hombre o una mujer justa.” ¿Por qué? Usted ha admitido su incapacidad de llegar a ser justo. Y usted ha confiado en que el Señor le da su justicia.

 

Pablo nos dice que somos contados como justos en los ojos de Dios, por la misma razón que Abraham fue contado. “Por eso, también su fe le fue contada por justicia. Pero no solo con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes igualmente  ha de ser contada, es decir, a los que creemos en aquel que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro” (Romanos 4:22-24).

 

Puede que usted declare, “Yo creo esto. Yo tengo fe en que Dios resucitó a Jesús.” Pero, la pregunta para usted es, ¿cree usted que el Señor puede resucitar su matrimonio cuando está lleno de problemas? ¿Cree usted que él puede traerle vida a un familiar que está muerto espiritualmente? ¿Cree usted que él puede sacarlo del hoyo de un hábito que lo está debilitando? ¿Cree usted que él puede borrar su pasado maldecido y restaurarle todos los años que el gusano se ha comido?

 

Cuando todo parece sin esperanza – cuando usted está en una situación imposible, sin recursos, y sin ninguna esperanza por delante - ¿cree que Dios será su Jehová Jireh, y proveerá para su necesidad? ¿Usted cree que él está comprometido a cumplir sus promesas con usted – y que si aún una de sus palabras fallara, los cielos se derretirían y el universo colapsaría?

domingo, 19 de abril de 2009

EL SEÑOR JUSTICIA NUESTRA

“Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso y actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual lo llamarán: JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA” (Jeremías 23:5-6).

 

Dios le dio al profeta Jeremías una revelación de JEHOVA TSIDKENU en un tiempo de crisis similar al que estamos enfrentando hoy. Así que, ¿qué significa esto para nosotros, en términos prácticos? ¿Qué es esta justicia de la cual él es Señor – y cómo debemos de conocer y entender a Jesús en este rol?

 

Pablo nos da algunas respuestas sobre la definición de justicia de Dios en varios pasajes.

 

·         “Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia” (Romanos 4:3).

·         “A Abraham le fue contada la fe por justicia” (Romanos 4:9).

·         “Así Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia (Gálatas 3:6).

 

Cada uno de estos versos se refiere a una cosa que Abraham hizo para obtener la verdadera justicia: él creyó.

 

Finalmente, Pablo nos da del Señor la definición de justicia: “[Abraham] tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por eso, también su fe le fue contada por justicia” (Romanos 4:20-22).

 

La Biblia no podría hacer este tema más claro. Justicia es creer las promesas de Dios, estando completamente persuadidos que él mantendrá su palabra.

jueves, 16 de abril de 2009

¿TENTANDO A DIOS?

Mientras Jesús estaba sobre el punto más alto del templo, Satanás le susurró, “¡Hazlo – salta! Si verdaderamente eres el Hijo de Dios, él te salvará.”

“Y [el diablo] le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra” (Mateo 4:6).

¿Ve usted el engaño de Satanás en esto? Él aisló una promesa de las Escrituras – y tentó a Jesús a que ponga toda su vida sobre ella. Él estaba sugiriendo, “Tú dices que Dios está contigo. Bien, muéstrame la prueba. Tu Padre ya me ha permitido molestarte. ¿Dónde estaba su presencia? Puedes probar que está contigo ahora mismo si saltas. Si Dios está contigo, él te dará un aterrizaje suave. Entonces podrás basar tu confianza en eso. Si no, mejor es morir que quedarse con la duda de si estás solo. Necesitas un milagro para probar que el Padre está contigo”.

¿Cómo respondió Jesús? Él dijo, “Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” (Mateo 4:7).  ¿Qué quiso decir Jesús exactamente con “tentar a Dios” aquí?

Israel antiguo es un ejemplo. Diez veces el Señor les probó a los Israelitas que él era fiel. El pueblo de Dios recibió pruebas visibles que el Señor estaba con ellos. Pero cada vez, las personas preguntaban la misma pregunta: “¿Está Dios con nosotros o no?” Dios llama a eso “tentarlo”. Jesús usa esta misma frase “tentar a Dios” en su respuesta a Satanás. ¿Qué nos dice esto a nosotros? Nos muestra que es un pecado grave dudar de la presencia de Dios; no debemos cuestionar si él está con nosotros o no.

Al igual que a Israel, Dios ya nos ha dado muchas completas evidencias. Primero, tenemos en su Palabra múltiples promesas de su presencia con nosotros. Segundo, tenemos nuestra propia historia personal con Dios –un testimonio de las muchas veces que él nos ha librado en la vida. Tercero, tenemos una Biblia llena de testigos de la presencia de Dios en los siglos pasados.

La Biblia es clara: Debemos caminar con Dios por fe y no por vista. Si no, terminaremos como Israel sin fe.

miércoles, 15 de abril de 2009

UNA PROMESA INFALIBLE

Dios nos ha dado una promesa infalible para nuestra vida acá en esta tierra. Él dice que cuando nuestro enemigo intenta aplastarnos, “Mi pueblo conocerá mi nombre en aquél día, porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente” (Isaías 52:6). En otras palabras, Dios dice, “Cuando estás en tu prueba más oscura, yo vendré y te hablaré una palabra. Me escucharás decir, ‘Soy yo, Jesús, tu Salvador. No temas.’”

En Mateo 14, los discípulos estaban dentro de una barca durante una gran tormenta, y estaban  siendo azotados por el viento y las olas. Súbitamente, los hombres vieron a Jesús caminando sobre las aguas hacia ellos. Las Escrituras dicen, “Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo” (Mateo 14:26). ¿Qué hizo Jesús en ese momento de miedo?  “Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! (14:27, cursivas mías).

Me he preguntado por qué Jesús usó estas palabras en particular, “Tened ánimo.” ¿Por qué les diría estas palabras a personas que pensaban que estaban a punto de morir?

La palabra traducida “ánimo” significa “estar aliviado, alegre, liberado del miedo.” Y aquí en la hora de prueba de los discípulos, Jesús ató esta palabra a su identidad. Recuerde, estos hombres lo conocían personalmente. Y él esperaba que ellos actuasen de acuerdo a su palabra con fe. Él estaba diciendo, “El Padre ha prometido que yo vendré a vosotros durante vuestra tormenta. Está escrito, “Por tanto, mi pueblo conocerá mi nombre en aquel día, porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente” (Isaías 52:6). Ahora he venido a vosotros en vuestra tormenta. Soy yo, Jesús, aquí con vosotros en medio de todo. Así que, tened ánimo, alegraos.” De igual manera, nuestro Salvador espera que tengamos la misma reacción de fe, durante nuestros tiempos difíciles.

martes, 14 de abril de 2009

COMPLETAMENTE DEPENDIENTE DE ÉL

Dios siempre ha querido un pueblo que caminase completamente dependiente de él ante los ojos del mundo. Por eso, él tomó la insignificante y pequeña nación de Israel y la aisló en un desierto. Él los estaba colocando en una escuela de pruebas, para producir un pueblo que confiaría en él, en cualquier circunstancia que fuese. Él quería que Israel pudiese testificar, “Puedo pasar por cualquier prueba, cualquier dificultad, aún aquellas más allá de mis habilidades. ¿Cómo? Yo sé que mi Dios está conmigo en cada prueba. Él me sacará al otro lado.”

Considere la declaración de Moisés a Israel: “[Dios] te afligió, te hizo pasar hambre”. Dios les estaba diciendo, “Yo orquesté vuestra prueba. No fue el diablo. Yo poseo todo el pan y carne que puedan necesitar en todo momento. Y yo estaba listo para enviároslos del cielo en cualquier minuto. Estaba todo almacenado, esperando a que lo recibierais. Pero lo guardé por un tiempo. E hice esto por una época. Yo estaba esperando que llegasen al final de vuestra dependencia en vosotros mismos. Yo quería traeros a un punto de crisis, donde sólo yo podría libraros. Yo permití que experimentaran el final de vuestro ingenio, un lugar de impotencia. Y que se requería de un milagro para que os liberase.”

Hoy día el Señor todavía sigue buscando personas que dependan completamente de él. Él quiere una iglesia que testifique tanto en palabras como en acciones que Dios es todopoderoso para ellos. Él quiere que un mundo perdido vea que él trabaja poderosamente para aquellos que lo aman.

Job declaró, “Él conoce mi camino: si me prueba, saldré como el oro” (Job 23:10). Aquí está una declaración increíble, especialmente cuando consideramos el contexto en el cual Job lo dijo.

Job sufrió una de las peores pruebas que un ser humano pudiera pasar. Perdió a todos sus hijos en un accidente, y luego perdió su riqueza y posesiones. Finalmente, él perdió su salud física. Y todas estas cosas sucedieron en un corto periodo de tiempo, fueron grandemente abrumadoras.

Pero, Dios había puesto a Job en ese camino. Y sólo el Señor sabía hacia dónde lo llevaría eventualmente. Era un plan tan divinamente orquestado que Dios aún permitió a Satanás que afligiese a Job. Es por eso que Job no podía ver a Dios en nada de lo que sucedía: “Si me dirijo al oriente, no lo encuentro; si al occidente, no lo descubro. Si él muestra su poder en el norte, yo no lo veo; ni tampoco lo veo si se oculta en el sur. Más él conoce mi camino” (Job 23:8-10).

Job estaba diciendo, “Yo sé que Dios conoce todo lo que estoy soportando. Y él conoce el camino por recorrer. Mi Señor me está probando ahora mismo. Y yo estoy confiado que él me sacará al otro lado y tendré una fe más fuerte. Saldré purgado y limpio, con una fe más preciosa que el oro.

lunes, 13 de abril de 2009

FORTALEZA PARA EL VIAJE

Nadie en esta tierra puede colocarlo en el ministerio. Le pueden dar un diploma de un seminario, puede ser ordenado por un obispo, o recibir una comisión de una denominación.  Pero el apóstol Pablo revela la única fuente de un verdadero llamado al ministerio: “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús, nuestro Señor, porque, teniéndome por fiel, me puso en el ministerio” (1 Timoteo 1:12).

¿Qué quiere decir Pablo aquí cuando dice que Jesús lo fortaleció y lo tuvo por fiel? Piense en el tiempo de la conversión del apóstol. Tres días después de ese evento, Cristo lo colocó a Pablo en el ministerio – específicamente, el ministerio de sufrimiento: “Porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre” (Hechos 9:16). Este es el ministerio al cual Pablo se refiere cuando dice, “Por lo tanto, teniendo nosotros este ministerio…” (2 Corintios 4:1). Él continúa añadiendo, “…según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos.” Él está hablando del ministerio de sufrimiento. Y él lo pone en claro que es un ministerio que todos tenemos.

Pablo nos está diciendo que Jesús le dio una promesa para este ministerio. Cristo se comprometió a serle fiel y a fortalecerlo a través de todas sus pruebas. La palabra Griega para fortalecer significa, “un suplir continuo de fuerza”. Pablo declara, “Jesús prometió darme más fuerza de la que necesito para el camino. Él me fortalece para mantenerme fiel en el ministerio. Debido a él, yo no desmayaré ni caeré. Yo emergeré con un testimonio.”

Una transfiguración está sucediendo en todas nuestras vidas. La verdad es que somos cambiados por lo que nos obsesiona. Llegamos a ser como las cosas que ocupan nuestra mente. Nuestro carácter está siendo influenciado e impactado por lo que tiene cautivo a nuestro corazón.

Yo le agradezco a Dios por cada persona que alimenta su mente y su alma con las cosas espirituales. Tales siervos han fijados sus ojos en lo que es puro y santo. Ellos mantienen su mirada en Cristo, pasando tiempo de calidad adorándolo a él y edificándose ellos en la fe. El Espíritu Santo está trabajando en estos creyentes, continuamente cambiando su carácter en el de Cristo. Estos creyentes estarán listos para los sufrimientos duros y explosivos que vienen. Los creyentes flojos, descuidados y sin oración sufrirán ataques de corazón o abatimientos. Sus temores los abrumarán, porque no tienen al Espíritu Santo trabajando en ellos, transfigurándolos. Cuando vengan los tiempos difíciles, ellos simplemente no tendrán fuerzas.

Aquí está la palabra final de Pablo sobre este tema: “No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea desacreditado. Antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias, en azotes, en cárceles…como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos” (2 Corintios 6:3-5, 10). ¿Cómo “enriquecemos a muchos”? Haciendo brillar hacia afuera la esperanza de Cristo en medio de nuestro sufrimiento. Ofrecemos verdaderas riquezas cuando causamos que otros pregunten, ¿Cuál es su secreto? ¿Dónde encuentra él tanta paz? 

domingo, 12 de abril de 2009

CONTENTAMIENTO

El contentamiento fue una gran prueba en la vida de Pablo. Después de todo, Dios había dicho que lo usaría grandemente: “Instrumento escogido me es este para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de reyes y de los hijos de Israel” (Hechos 9:15). Cuando Pablo primero recibió su comisión, “Enseguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios” (9:20).

Pablo no tenía prisa en ver que todo se cumpliese durante su vida. Él sabía que tenía una promesa inamovible de Dios, y él se aferró a ella. Por el momento presente, él estaba contento de ministrar donde estaba: testificando a un carcelero, a un marinero, a unas cuantas mujeres a la orilla de un río. Este hombre tenía una comisión mundial, pero aún se mantenía fiel de testificar uno a uno.

Tampoco Pablo estaba celoso de los hombres jóvenes que parecían pasarlo. Mientras estos viajaban por el mundo ganando a Judíos y a Gentiles para Cristo, Pablo estaba en prisión. Él tenía que escuchar reportes de grandes multitudes siendo convertidas por medio de hombres con los cuales había tenido que contender acerca del evangelio de la gracia. Pero Pablo no tenía envidia de aquellos hombres. Él sabía que un hombre rendido a Cristo sabe tanto de rebajarse como de abundar: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento…teniendo sustento y abrigo [ropa], estemos ya satisfechos” (1 Timoteo 6:6, 8)

El mundo hoy día podría haberle dicho a Pablo, “Tú estás al final de tu vida ahora. Y no tienes ahorros ni inversiones. Todo lo que tienes es una mudada de ropa.” Yo sé lo que la respuesta de Pablo hubiera sido: “Oh, pero he ganado a Cristo. Déjenme decirles, yo soy el ganador. He encontrado la perla de gran precio. Jesús me ha otorgado el poder de entregarlo todo, y tomarlo nuevamente. Bueno, lo he entregado todo, y ahora una corona me aguarda. Yo sólo tengo una meta en esta vida: ver a Jesús cara a cara. Todos los sufrimientos de este tiempo presente no se pueden comparar con el gozo que me aguarda.”

jueves, 9 de abril de 2009

EL CAMINO A LA RENDICIÓN

Dios comienza el proceso del rendimiento derribándonos de nuestro pedestal. Esto le sucedió a Pablo. Él estaba en camino hacia Damasco, seguro de sí mismo, cuando una luz cegadora vino del cielo. Pablo fue derribado al suelo, temblando. Luego una voz habló desde el cielo diciendo, “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4).

Pablo sabía que algo faltaba a su vida. Él tenía un conocimiento de Dios, pero no tenía una revelación directa. Ahora de rodillas, él escuchó estas palabras del cielo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (9:5). Esas palabras volcaron el mundo de Pablo de arriba para abajo. Las Escrituras dicen, “Él [Pablo] temblando y temeroso, dijo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (9:6). La conversión de Pablo fue un trabajo dramático del Espíritu Santo.

Pablo estaba siendo guiado por el Espíritu Santo hacia una vida rendida. Él preguntó, “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”, y su corazón estaba clamando, “Jesús, ¿cómo puedo servirte? ¿Cómo puedo conocerte y complacerte? Nada más me importa. Todo lo que he hecho en mi carne es basura. Tú eres todo para mí ahora.” 

Pablo no tenía ninguna otra ambición, ninguna otra fuerza dominante en su vida sino ésta: “Para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8). De acuerdo a las normas de éxito de hoy día, Pablo fue un fracaso total. Él no construyó ningún edificio. Él no tuvo una empresa. Y los métodos que él usó fueron rechazados por otros líderes. De hecho, el mensaje que Pablo predicó, ofendió a un número grande de los que escuchaban. A veces, hasta lo apedrearon por predicarlo. ¿Cuál era el tema de su predicación? La cruz.

Cuando estemos delante de Dios en el juicio, no seremos juzgados por nuestros ministerios, logros o el número de convertidos. Sólo habrá una medida de éxito en aquél día: ¿Estaban nuestros corazones completamente rendidos a Dios? ¿Pusimos a un lado nuestra propia voluntad y planes, y aceptamos los de Dios? ¿Sucumbimos a la presión de otros para formar parte de la multitud, o lo buscamos sólo a él para que nos diera dirección? ¿Corrimos de seminario en seminario buscando propósito para nuestras vidas, o encontramos nuestra realización en él?

Yo sólo tengo una ambición, y es aprender más y más para decir sólo aquellas cosas que el Padre me dé. Nada de lo que yo diga o haga de mí mismo, vale algo. Yo quiero poder proclamar, “Yo sé que mi Padre está en mí, porque hago su voluntad.” 

miércoles, 8 de abril de 2009

LA VIDA RENDIDA

“Rendir.” ¿Qué le dice esta palabra? En términos literarios, rendir significa “desprenderse de algo y entregárselo a otra persona.” También significa despojarse de algo que le ha sido otorgado a usted. Esto puede incluir sus posesiones, su poder, sus metas, y aún su vida.

Los Cristianos hoy en día escuchan mucho acerca de la vida rendida. Pero, ¿qué significa eso, exactamente? La vida rendida es un acto de entregarle de vuelta a Jesús la vida que él le otorgó. Es renunciar al control, a sus derechos, poder, dirección, a todas las cosas que usted hace y dice. Es resignar totalmente su vida a las manos de Jesús, para que él haga como le plazca.

Jesús mismo vivió una vida rendida: “He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38). “Pero yo no busco mi gloria” (8:50). Jesús nunca hizo nada por sí mismo. Él no se movió ni habló ninguna palabra  sin ser instruido por el Padre. “…nada hago por mí mismo, sino que, según me enseñó el Padre, así hablo…porque yo hago siempre lo que le agrada” (8:28-29).

El rendimiento completo de Jesús al Padre es un ejemplo de cómo debemos vivir. Usted podrá decir, “Jesús era Dios encarnado. Su vida ya estaba rendida antes de venir a la tierra.” Pero la vida rendida no se le impone a nadie, incluyendo a Jesús.

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar” (Juan 10:17-18).

Jesús nos estaba diciendo, “No se equivoquen. El acto de rendirme, está totalmente a mi poder el hacerlo. Yo escojo poner mi vida. Y no lo hago porque algún hombre dijo que lo haga. Nadie está tomando mi vida de mí. Mi Padre me dio el derecho y privilegio de poner mi vida. Él también me dio la libertad de poder pasar esta copa y evitar la cruz. Pero yo elijo hacerlo por amor y porque me entrego totalmente a él.”

Nuestro Padre celestial nos ha dado a todos nosotros el mismo derecho: el privilegio de escoger una vida rendida. Nadie es forzado a entregar su vida a Dios. El Señor no nos hace sacrificar nuestra voluntad y entregarle de vuelta nuestra vida a él. Él libremente nos ofrece una Tierra Prometida, llena de leche, miel y fruta. Pero nosotros podemos elegir no entrar a ese lugar de abundancia.

La verdad es que, podemos tener tanto de Cristo como queramos. Podemos ir tan profundamente en él como nosotros elegimos, viviendo totalmente por su palabra y dirección.

martes, 7 de abril de 2009

PREPARADOS PARA CUALQUIER CRISIS

Cuando le golpea una crisis, usted no tiene tiempo para edificarse en oración y fe. Pero los que han estado con Jesús, están siempre listos.

Una pareja nos escribió recientemente a nuestro ministerio en un espíritu que revelaba que habían estado con Jesús. Su hija de 24 años había salido con una amiga, cuando un hombre malo las secuestró a las dos. Luego él asesinó a la hija de una manera grotesca.

Esta pareja estaba devastada. Sus amigos y vecinos se preguntaban,  “¿cómo pueden unos padres sobrevivir a esta clase de tragedia?” Pero, en menos de una hora, el Espíritu Santo vino trayendo con él consuelo sobrenatural a esta pareja abatida. Por supuesto, en los dolorosos días siguientes, estos padres continuaban preguntándole a Dios por qué. Pero, continuaban experimentando un descanso y una paz divinos. 

Todos los que conocían a estos padres estaban atónitos al ver su calma, pero esa pareja estaba preparada para su momento de crisis. Ellos sabían que Dios nunca permitiría que nada les pasara sin tener un propósito determinado. Y cuando la noticia vino, ellos no se derrumbaron.

De hecho, estos padres y sus otros hijos comenzaron a orar por el asesino. Las personas del pueblo no podían aceptar esto. Pero esta pareja devota habló y enseñó acerca de la habilidad de Dios de proveer fortaleza, sin importar lo que ellos enfrenten. La gente del pueblo reconoció que la fortaleza de esta familia venía sólo de Jesús. Pronto comenzaron a decir de esta pareja, “Son un milagro. Ellos verdaderamente son personas de Jesús.”

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza” (Salmo 46:1-3).

lunes, 6 de abril de 2009

DIOS ESTÁ CON ELLOS

“Entonces viendo la valentía de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se admiraban; y les reconocían que habían estado con Jesús” (Hechos 4:13).

Vemos en Hechos 4 que mientras Pedro y Juan estaban de pié esperando que se pronuncie el juicio, el hombre que había sido curado estaba con ellos. Ahí, en carne y hueso, estaba la prueba de que Pedro y Juan habían estado con Jesús. Ahora, mientras los gobernadores de la sinagoga los miraban, “Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra” (Hechos 4:14).

¿Qué hicieron Pedro y Juan cuando fueron puestos en libertad? “Vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho” (4:23). Los santos en Jerusalén se regocijaron con los dos discípulos. Entonces oraron, “Y ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos que con toda valentía hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades, señales y prodigios mediante el nombre de tu santo hijo Jesús” (4:29-30). Ellos estaban orando, “Dios, gracias por la valentía que les has dado a nuestros hermanos. Pero sabemos que esto es sólo el comienzo. Por favor, mantennos valientes para hablar con seguridad santa. Y provee evidencia visible que tú estás con nosotros.”

Sin duda, Pedro y Juan habían visto la mirada de resignación en el rostro del sumo sacerdote cuando éste se dio cuenta que habían estado con Jesús. Pedro debió de haber guiñado a Juan y dijo, “Si tan solo supieran. Ellos sólo recuerdan que estuvimos con Jesús unas semanas atrás. Ellos no se dan cuenta que hemos estado con el Maestro resucitado todo este tiempo. No hace mucho estuvimos con él en el Aposento Alto. Luego, esta mañana estuvimos con él mientras orábamos en nuestra celda. Y tan pronto como salgamos de aquí, vamos a encontrarnos nuevamente con él.”

Eso es lo que sucede con hombres y mujeres que pasan tiempo con Jesús. Cuando salen de su tiempo de estar con Cristo, él está con ellos dondequiera que vayan.

domingo, 5 de abril de 2009

VALENTÍA SANTA Y AUTORIDAD ESPIRITUAL

Mientras alguien está más con Jesús, esa persona se parece más a Cristo en pureza, santidad y amor. Como resultado, su caminar puro produce en él una gran valentía para Dios. Las Escrituras dicen, “Huye el malvado sin que nadie lo persiga, pero el justo está confiado como un león” (Proverbios 28:1). La palabra confiado en este verso significa “audaz, seguro.” Esa fue la valentía, la confianza que los gobernadores vieron en Pedro y en Juan mientras ellos ministraban (ver Hechos 4:1-2).

En el anterior capítulo (Hechos 3), Pedro y Juan oraron por un limosnero cojo y éste fue instantáneamente curado.  Esta sanidad causó un gran revuelo en el templo, y en un atento de impedir que los discípulos compartieran su fe en Cristo, los líderes religiosos los hicieron arrestar y los juzgaron públicamente.

Pedro y Juan fueron traídos ante los gobernadores de la sinagoga, pero la Biblia no entra en muchos detalles en esta escena del capítulo 4 de Hechos. Pero yo puedo asegurarle, los líderes religiosos orquestaron el juicio con mucha pompa y ceremonia. Primero, los dignatarios tomaron sus asientos aterciopelados solemnemente. Luego, los familiares del sumo sacerdote entraron a continuación. Finalmente, en un momento de silencio lleno de anticipación, el sumo sacerdote vestido con su túnica entró pomposamente. Todos se inclinaron con reverencia mientras el sumo sacerdote pasaba caminando erguido hacia su asiento en el tribunal.

Todo esto tenía el propósito de intimidar a Pedro y a Juan. Pero los discípulos no se intimidaron. Ellos habían estado con Jesús bastante tiempo. Yo me imagino que Pedro pensaba, “Vamos, comencemos con esta reunión. Denme el púlpito y comenzaré. Yo tengo una palabra de Dios para esta reunión. Gracias Jesús por permitirme predicar tu nombre a estos que odian a Cristo.”  Hechos 4:8 comienza con: “Entonces Pedro lleno del Espíritu Santo…” esto me dice que él no iba a dar un discurso. No iba a estar callado ni reservado. Pedro era un hombre poseído por Jesús, rebosando con el Espíritu Santo.

Los siervos de Dios están seguros en su identidad con Cristo. Y ellos se levantan confiados en la justicia de Jesús. Por consiguiente, no tienen nada que esconder; ellos pueden estar delante de cualquier persona con la conciencia limpia.

jueves, 2 de abril de 2009

ESTOS HOMBRES HAN ESTADO CON JESÚS

En Hechos 3, encontramos a Pedro y a Juan yendo al templo a adorar. Afuera de la puerta del templo, se encontraba sentado un limosnero, cojo de nacimiento. Este hombre nunca había caminado ni un paso en su vida. Cuando él vio a Pedro y a Juan, les pidió una limosna. Pedro le respondió, “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy” (Hechos 3:6). Pedro oró por el pordiosero, diciendo,  “En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (3:6).  ¡Ese mismo instante, el hombre fue curado!  Lleno de felicidad, él comenzó a correr en el templo, saltando y dando voces, “¡Jesús me sanó!”

Todos en el templo se maravillaron al ver esto porque reconocieron al hombre que había sido cojo. Pedro y Juan vieron que el pueblo concurría a ellos, y comenzaron a predicar a Cristo. Miles se salvaron. Pero mientras Pedro y Juan predicaban, los gobernantes de la sinagoga “vinieron sobre ellos resentidos” (Hechos 4:1-2). Estos hombres importantes y poderosos les preguntaron a los discípulos, “¿Con qué potestad o en qué nombre habéis hecho vosotros esto?”(4:7). Pedro estaba lleno del Espíritu Santo. Él les respondió a los gobernantes, “Su  nombre es Jesucristo de Nazaret, al que vosotros crucificasteis hace tres semanas. Dios lo levantó de los muertos. Y ahora él es el poder que sanó a este hombre. Nadie puede ser salvo por otro nombre. Vosotros estaréis perdidos si no invocáis el nombre de Cristo” (ver 4:10-12).

Los gobernadores se quedaron estupefactos. Las Escrituras dicen que “Se admiraban [de ellos]; y les reconocían que habían estado con Jesús” (4:13). La frase les reconocían viene de una palabra raíz que significa “conocido por una señal distintiva.”

¿Cuál era esta señal que distinguía a Pedro y a Juan? Era la presencia de Jesús. Ellos tenían la semejanza y Espíritu de Cristo mismo.

Aquellos que pasan tiempo con Jesús, no pueden cansarse de él. Sus corazones continuamente claman para conocer mejor al Amo, para acercarse más a él, para crecer en el conocimiento de sus caminos. Pablo declara, “A cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7; también ver Romanos 12:3). ¿Cuál es ésta medida de la cual habla Pablo? Significa una cantidad limitada. En otras palabras, todos hemos recibido cierta cantidad del conocimiento salvador de Cristo.

Para algunos creyentes, ésta medida inicial es todo lo que desean. Quieren tener sólo lo suficiente de Jesús para escapar del juicio, para sentirse perdonados, para mantener una buena reputación, para soportar una hora de iglesia todos los domingos. Tales personas están en un “modo de mantenimiento”. Y le dan a Jesús sólo lo más mínimo.

Pablo deseaba lo siguiente para cada creyente: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas, a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos…hasta que todos lleguemos…al conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Así ya no seremos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que…emplean con astucia las artimañas del error; sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:11-15).

Pablo estaba diciendo, “Dios ha dado estos dones espirituales para que vosotros seáis llenados con el Espíritu de Cristo. Esto es crucial, porque engañadores vendrán para robaros vuestra fe. Si vosotros estáis arraigados en Cristo y madurando en él, ninguna doctrina engañadora os hará extraviar. Pero la única manera de crecer en tal madurez, es querer más de Jesús.”