domingo, 30 de noviembre de 2008

MÁS PRECIOSO QUE EL ORO

La historia de la reina Ester una de intensa guerra, una de las mayores batallas espirituales en toda la Escritura. El diablo intentaba destruir el propósito de Dios en la Tierra, esta vez a través del malvado Amán. Este hombre rico, influyente persuadió al rey de Persia a declarar un edicto que condenaba a muerte a todo judío bajo su gobierno, desde India hasta Etiopía.

El primer judío en la puntería de Amán, era el justo Mardoqueo, el tío de Ester. Amán había construido una horca, especialmente para Mardoqueo, pero Ester intervino, convocando al pueblo de Dios a orar y poniendo su vida en riesgo para oponerse a la orden de Amán. Dios expuso la malvada artimaña, y Amán acabó colgando de su propia horca. El rey, no sólo revirtió el mandato de muerte, sino que le dio la casa de Amán a Ester, una propiedad que valdría millones en nuestros días.

Aun así, la mansión de Amán no fue el único botín tomado en esta historia. La Escritura nos dice que: “los judíos tuvieron luz y alegría, y gozo y honra” (Ester 8:16). Éste fue el verdadero botín ganado en la batalla con el enemigo.

Vea usted, nuestras pruebas no sólo nos traen riquezas espirituales, nos mantienen fuertes, puros, bajo un mantenimiento continuo. A medida que ponemos nuestra confianza en el Señor, Él hace que nuestras pruebas produzcan en nosotros, una fe más preciosa que el oro. “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7).

“Despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15).

Jesús despojó al diablo en el Calvario, quitándole todo poder y autoridad. Cuando Cristo se levantó victorioso de la tumba, arrebató, del poder de Satanás, y llevó consigo, un innumerable ejército de cautivos redimidos. Y dicha procesión de “comprados por sangre”, sigue marchando.

Asombrosamente, el triunfo de Cristo en el Calvario nos dio más que la victoria sobre la muerte. Obtuvo para nosotros, despojos increíbles en esta vida: gracia, misericordia, paz, perdón, fuerza, fe, todos lo que necesitamos para llevar una vida victoriosa. Él nos ha dado toda provisión para el mantenimiento de su templo: “Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza” (Hebreos 3:6).

El Espíritu Santo nos está mostrando una maravillosa verdad aquí: Jesús nos ha suplido de todos los recursos que necesitamos, en su Espíritu Santo. Pero nosotros somos responsables de extraer de dicho tesoro, para mantener su templo. Y los recursos para mantener el templo, deben venir directamente de los despojos de nuestra guerra.

Cristo nos ha dado todo lo necesario para que este mantenimiento se lleve a cabo. Él nos ha adoptado y traído a su casa. Él es la piedra angular de dicha casa y Él ha limpiado la casa entera. Finalmente, nos ha dado acceso al Lugar Santísimo. Así que, por fe, ahora somos un templo, plenamente establecido y completo. Jesús no edificó una casa a medias. Su templo está acabado.

Este templo debe ser mantenido. Debe estar operativo en todo tiempo. Por supuesto, conocemos donde hallar los recursos: en el Espíritu de Cristo mismo. Él es el tesorero de todos los despojos. Dichos recursos son entregados cuando vemos nuestra necesidad y cooperamos con Dios.

Dicha cooperación comienza cuando estamos en medio del conflicto. Nuestros recursos son la semejanza a Cristo que ganamos mientras estamos inmersos en la batalla. Son las lecciones, la fe y el carácter que ganamos en la guerra con el enemigo. Hay valor en la batalla. Y podemos estar confiados de que el bien saldrá de ello.

jueves, 27 de noviembre de 2008

ABRACE A SU PRUEBA POR FE

Si no tuviésemos conflictos, presiones, pruebas, guerras, nos volveríamos pasivos y tibios. La descomposición empezaría y nuestro templo se convertiría en ruinas. No podríamos manejar el territorio que hemos ganado. Por eso es que el plan del enemigo contra nosotros es claro: él quiere sacarnos de la batalla. El apunta a quitarnos toda nuestra fuerza para pelear.

Encontramos todos nuestros recursos para mantenimiento – fuerzas para continuar, poder sobre el enemigo – en nuestras batallas espirituales. Y en aquél día cuando estemos delante del Señor, él nos revelará: “¿Recuerdas por lo que tú pasaste en aquélla ocasión? ¿Y en aquélla terrible batalla? Mira lo que has logrado a través de todo eso. Todo fue reforzado a través de las batallas que ganaste”.

El hecho simple es que, Dios ha puesto su tesoro en cuerpos humanos. El nos hizo su templo, una casa para que su Espíritu viva adentro. Y usted tiene la responsabilidad de mantener en buen estado ese templo. Si usted se vuelve flojo y negligente, descuidando el trabajo de mantenimiento que se necesita – oración regular, alimentándose de la palabra de Dios, en comunión con otros santos – el deterioro se establecerá. Y usted terminará en ruina total.

Mientras yo miro a mis cincuenta años de ministerio, yo recuerdo las muchas veces cuando me hubiese sido fácil para mí rendirme. Yo oraba, “Señor, yo no entiendo este ataque. ¿De dónde viene? ¿Y cuándo terminará? Yo no veo ningún propósito en nada de esto” Pero con el tiempo, yo comencé a ver el fruto de esas pruebas. Y ese fruto – recursos, fuerza, riqueza espiritual – me han suplido de tal manera, que no hubiese podido yo haberla adquirido por ningún otro medio.

Yo le insto: abrace a su prueba por fe, y crea que Dios la ha permitido. Conozca que él está usando esto para hacerlo más fuerte…para ayudarlo a que le quite victorias a Satanás…para hacerlo una bendición para otras personas…y para santificarlo todo para la gloria de él.

“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados” (2Corintios 4:7-9).

“Pues esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2Corintios 4:17-18).

miércoles, 26 de noviembre de 2008

NUNCA SIENDO INTIMIDADOS

Si usted anda en el Espíritu, usted será molestado constantemente por poderes demoniacos. Pero usted no tiene que ser intimidado por ningún poder demoniaco – ¡en ningún lugar, en ningún momento!

Pablo fue molestado continuamente por los poderes demoniacos. El estaba predicando en la isla de Pafos, cuando los demonios intentaron interferir: “…un falso profeta, judío, llamado Barjesús… los resistía…intentando apartar de la fe al procónsul” (Hechos 13:6-8).

Barjesús significa “hijo de Jesús” o “ángel de luz”. Este era el diablo haciendo resistencia contra Pablo. Pero el Espíritu Santo creció como un manantial dentro del apóstol: “Entonces Saulo…lleno del Espíritu Santo…le dijo: … ¡hijo del diablo, enemigo de toda injusticia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? Ahora pues, la mano del Señor está contra ti, y quedarás ciego y no verás el sol por algún tiempo. Inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien lo condujera de la mano. Entonces el procónsul, viendo lo que había sucedido, creyó, admirado de la doctrina del Señor” (Hechos 13:9-12).

Pablo, “lleno del Espíritu Santo”, ¡derribó todos los poderes de las tinieblas!

¡No solo debemos de quedarnos afligidos cuando Satanás intenta molestarnos! En Hechos 16 Pablo fue afligido – significa “perturbado, atribulado”. El lo permitió por muchos días, pero el Espíritu de Dios creció como un manantial dentro de Pablo, y le dijo al poder demoniaco, “¡Ya basta! ¡En el nombre de Jesús, vete!” (ver Hechos 16:16-18).

Amados, ¡recibimos demasiado del demonio! Llega el momento en que también nosotros, debemos de levantarnos en el poder del Espíritu Santo y decir, “¡Se acabó – ya es suficiente! ¡Te mando en el nombre de Jesús que te vayas!”

Cuando usted toma autoridad y manda a los demonios que se vayan, Satanás vendrá contra usted con todo su arsenal. Justo después que Pablo echó fuera a los demonios de la muchacha poseída en Hechos 16:16-18, Satanás comenzó a alborotar las cosas. El instigó a las muchedumbres contra Pablo y Silas – ¡y repentinamente ellos estaban en una crisis terrible!

Los magistrados de la ciudad entonces los azotaron y los echaron a la cárcel. Y con cada golpe que recibían en sus espaldas, yo puedo escuchar al diablo que les decía, “¿Así que creen haber ganado la victoria? ¿Ustedes pensaron que iban a echar fuera a mis demonios y a tomar autoridad sobre mí?”

¡El diablo parecía no saber que mientras más se golpea a un siervo de Dios que anda en el Espíritu, más alabanza sale de él! Si usted lo arroja en una crisis, lo ata con problemas y dificultades, ¡él cantará y alabará a voz en cuello!

“Pero a media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían” (Hechos 16:25).

Si nosotros vamos a andar en el Espíritu, entonces debemos creerle a Dios que él nos va a rescatar sobrenaturalmente de cada atadura de Satanás. No importa si Dios tiene que crear un terremoto para hacerlo. Eso es exactamente lo que él hizo por Pablo:

“Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron” (v. 26).

Satanás tratará de traer sobre usted la tentación o prueba más temible que usted haya antes enfrentado. El quiere que usted se enrede en culpabilidad, condenación, y auto examen. Querido santo, usted tiene que levantarse en el Espíritu y quitar sus ojos de sus circunstancias y de sus ataduras. No trate de descifrarlo todo. Comience a alabar, a cantar y a confiar en Dios – ¡y él se encargará de liberarlo!

martes, 25 de noviembre de 2008

UN SIGNIFICADO MÁS ALTO DE ANDAR EN EL ESPÍRITU

En 1 de Samuel 9, vemos que Saúl fue enviado por su padre para encontrar unas asnas que se habían perdido. Tomando a un sirviente con él, Saúl buscó por todos lados. Finalmente, él se desanimó y estaba listo para dejar de buscar. Entonces su sirviente le contó sobre Samuel, un vidente; tal vez él podría decirle dónde encontrar las asnas.

Samuel aquí, es un tipo del Espíritu Santo, que conoce la mente de Dios; él tiene en mente mucho más que tan sólo dar dirección. ¡El sabe que Saúl ha sido elegido por Dios para jugar un rol importante en los propósitos eternos del cielo!

Lo primero que Samuel hizo cuando llegó Saúl fue proclamar una fiesta (ver 1 Samuel 9:19). Eso es exactamente lo que el Espíritu Santo desea para nosotros: sentarnos a la mesa del Señor y ministrarle a él – teniendo tiempo de calidad solos, escuchando su corazón.

Samuel le pidió a Saúl que aclare su mente para que puedan tener comunión juntos (1 Samuel 9:20-25). Samuel estaba diciendo, “No te enfoques en recibir dirección ahora – eso ya está resuelto. Hay algo más importante que eso ahora. ¡Tienes que conocer el corazón de Dios – sus propósitos eternos!”

Después de esa noche de comunión, Samuel le pidió a Saúl que despachara a su sirviente fuera de la habitación, para que pudiesen tener una sesión íntima, cara a cara (ver 1 Samuel 9:27; 10:1).

¿Ve usted lo que Dios está diciendo aquí? “Si tú realmente quieres caminar en el Espíritu – si realmente quieres mi unción – necesitas buscar más que direcciones de mí. ¡Necesitas venir a mi presencia y llegar a conocer mi corazón, mis deseos! Mira, ¡yo quiero ungirte – para usarte en mi reino!”

Amado, olvídese de dirección – ¡olvídese de todo ahora! Permita al Espíritu Santo que le enseñe las cosas profundas y escondidas de Dios. Quédese quieto en su presencia, y deje que él le muestre el corazón mismo de Dios. ¡Ese es el andar en el Espíritu en su forma más alta!

Pasando tiempo en la presencia del Señor produce una manifestación de Cristo para un mundo perdido.

“No desmayamos…Por el contrario, manifestando la verdad, nos recomendamos, delante de Dios, a toda conciencia humana” (2 Corintios 4:1-2). El apóstol Pablo está diciendo que somos llamados a hacer que todas las personas conozcan y entiendan a Jesús. En cada una de nuestras vidas, debe de haber un brillo de la naturaleza misma de Cristo y de su semejanza.

Y Pablo lleva aún más allá este concepto de manifestar a Cristo. El dice, nosotros actualmente somos las cartas de Dios para el mundo: “Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres…carta de Cristo…escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedras, sino en tablas de carne del corazón” (2 Corintios 3:2-3). Nuestras vidas son cartas escritas por el Espíritu Santo y enviadas a un mundo perdido. Y somos leídos continuamente por aquellos que están alrededor de nosotros.

Exactamente, ¿cómo llegamos a ser cartas de Dios para el mundo? Sucede sólo por el trabajo del Espíritu Santo. El momento en que somos salvos, el Espíritu Santo sella en nosotros la imagen misma de Jesús. Y él continúa moldeando esa imagen en nosotros en cada momento. La misión del Espíritu es formar una imagen de Cristo en nosotros que sea verdadera y precisa. Esta imagen realmente penetrará la conciencia de las personas.

lunes, 24 de noviembre de 2008

¿CÓMO PUEDE USTED OBTENER UN ANDAR EN EL ESPÍRITU?

El mandato de andar en el Espíritu es dado para todos – ¡no sólo para algunos súper-santos! Aquí está cómo obtener este andar: “Digo pues: Andad en el Espíritu…” (Gálatas 5:16).

1. ¡Usted debe de ir tras de este caminar con todo lo que hay en usted! Primero, pídale al Espíritu Santo que sea su guía y su amigo.

“Pedid y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Lucas 11:9).

Si usted es salvo, el Espíritu Santo ya le ha sido dado. Ahora pídale que él lo tome todo – ¡ríndase a él! Usted tiene que determinar en su corazón que quiere que él lo guíe y lo dirija. Moisés al hablar de los últimos días, dijo, “Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma” (Deuteronomio 4:29).

2. Enfóquese en conocer y en escuchar al Espíritu – y deje de mirar sus problemas y tentaciones. Pablo, Silas y Timoteo pudieron haberse revolcado en miedo y depresión, si se hubiesen enfocado en sus problemas. En lugar de eso, se enfocaron en Dios – alabándolo y adorándolo.

La mayoría del tiempo cuando oramos, nos enfocamos en nuestras fallas pasadas. Repasamos nuestras derrotas una y otra vez, diciendo, “Oh, cuánto podría ya haber recorrido si no le hubiese fallado a Dios y si no hubiese errado en mi pasado.”

¡Olvídese de todo en su pasado! ¡Todo está bajo la sangre! Y olvídese del futuro también, por que sólo el Señor conoce lo que está adelante. En lugar de eso, enfóquese sólo en el Espíritu Santo, con toda su mente y corazón.

3. Dele mucho tiempo de calidad a la comunión con el Espíritu Santo. El no le hablará a nadie que está de prisa. Espere pacientemente. Busque al Señor y minístrele alabanzas a él. Tome autoridad sobre cualquier otra voz que le susurre pensamientos. Crea que el Espíritu es más grande que estos otros, y que él no le dejará ser engañado o enceguecido. “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 de Juan 4:4).

domingo, 23 de noviembre de 2008

¡DIOS LO AMA!

El Padre lo ama a usted – es en este punto que multitud de creyentes le fallan a Dios. Ellos están dispuestos a ser convencidos de sus pecados y sus fallas, una y otra vez. Pero ellos no permitirán al Espíritu Santo que los inunde con el amor del Padre.

El legalista ama vivir bajo convicción. El nunca ha entendido el amor de Dios ni ha permitido que el Espíritu Santo ministre amor a su alma.

Nosotros en la Iglesia Times Square hemos enseñado que la persona justa, un verdadero amante de Jesús, ama el reproche. El aprende a permitir que el Espíritu Santo le exponga todas sus áreas escondidas de pecado e incredulidad – por que mientras más trata él con el pecado, más feliz y libre llega a ser.

Pero, la actitud que yo veo en muchos Cristianos es: “¡Sigue juzgándome Señor – convénceme de pecado, repréndeme!” Esto no es lo mismo que una verdadera convicción. Por ejemplo, yo veo esto en muchas de las respuestas que recibimos a los mensajes de nuestros boletines. Cuando escribo un mensaje que truena con juicio, recibo innumerables respuestas de aprobación.

Pero cuando yo comparto sobre la dulzura del amor de Jesús, recibo cartas que dicen, “¡Usted no está predicando la verdad!” Es como si esas personas estuviesen diciendo, “Si usted no está reprendiendo, ¡entonces lo que está hablando no puede ser el evangelio!”. Estos creyentes nunca han entrado en el gran amor-misión del Espíritu Santo.

¡Esta es un área donde usted debe aprender a caminar en el Espíritu – y no por sentimientos! Andar en el Espíritu significa permitir que El Espíritu Santo haga en nosotros lo que él fue mandado a hacer. ¡Y eso significa permitirle a él que inunde su corazón ahora mismo con el amor de Dios! “Por que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).

Isaías dijo, “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo” (Isaías 66:13). Isaías estaba escribiendo a gente terca del pueblo de Dios que “siguió [rebelde] por el camino de [su] corazón” (Isaías 57:17).

Dígame usted - ¿Cuánto tiempo continuará un maestro con un alumno obstinado, terco que rehúsa hacer caso de los consejos? ¡No mucho tiempo! Pero el profeta Isaías toma una de las imágenes más sublimes entre los hombres – aquella del amor de una madre por su hijo – y nos muestra algo del amor que tiene nuestro Padre por nosotros.

Una madre en nuestra iglesia viaja todo un día para ir a visitar a su hijo que está en una prisión. Ella sube a un bus y viaja por horas, sólo para verlo unos momentos. Esa madre mirará a su hijo en ese uniforme gris y verá la agonía en sus ojos – y cada viaje, ella morirá un poco más por dentro. Pero ella nunca lo abandona. ¡El es su hijo!

¡Esa es la clase de amor que el Espíritu Santo quiere que usted conozca que Dios tiene por usted! El nos consuela diciéndonos, “Tú dijiste una vez que le entregabas todo a Jesús. Le diste tu amor, y él todavía te ama. Y ahora, yo tampoco te dejaré ir. ¡Yo he sido enviado por él para hacer un trabajo – y continuaré haciéndolo!”

No hay ningún consuelo en esta tierra que sea verdadero, excepto el consuelo del Espíritu Santo. Por eso es que usted necesita que el Espíritu Santo more en usted. Sólo él puede acostarlo por las noches, en una cama tibia, y llenar su corazón con una paz perfecta. Sólo él puede consolarlo en tiempos de dolor y pena. El es aquél que le asegura, “Este consuelo no es sólo temporal – ¡es eterno!”

jueves, 20 de noviembre de 2008

¡DEJE SU ORGULLO Y SEA LLENO DEL ESPÍRITU SANTO!

¡Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, el Espíritu Santo cayó sobre las personas de maneras poco usuales! El sacudió edificios. Las lenguas de las personas comenzaron a alabarlo – en nuevas lenguas. ¡El Espíritu Santo tomó el control completo!

¡En Pentecostés, él vino como un viento recio y poderoso! ¡Cayó fuego! Cuando el Espíritu Santo desciende, las cosas se sacuden (ver Hechos 2:4 y 4:11).
Juan el Bautista predicaba, “Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Lucas 3:16).

Amados, la Biblia lo dice muy claro: ¡Cuando Jesús viene a usted, él desea bautizarlo con el Espíritu Santo y fuego! El Espíritu Santo trae fuego – un amor consumidor al rojo vivo por Jesús. ¿Por qué hay muchos creyentes que un minuto están calientes y luego otro minuto están fríos, nunca completamente entregados, nunca rendidos? ¿Es por que ellos se rehúsan a dejar que Jesús los bautice con el Espíritu Santo?

“Y cuando [el Espíritu Santo] venga, convencerá…de pecado” (Juan 16:8). ¿Será que estos creyentes no han sido reprendidos de sus pecados por que el Espíritu Santo no ha sido invitado a tomar la posición que le pertenece en ellos? El es la plomada de Dios. ¡Cualquier cosa que no da la medida de Cristo, él la revela – y él nos reprende y nos otorga poder para ser conformados a su Palabra! Verdaderamente, él llega a ser nuestro Consolador en esto, por que nos convence de nuestro pecado, y nos otorga el poder para poder dejarlo. ¡Ese es el consuelo que es verdadero!

El Espíritu Santo nunca nos hará hacer algo estúpido. ¡Pero él podrá venir sobre usted en una manera que los pecadores pueden pensar que usted está ebrio! ¡El no es bienvenido en muchas iglesias por que piensan que él es demasiado ruidoso, muy alterador, muy impredecible!

miércoles, 19 de noviembre de 2008

EL ESPÍRITU SANTO SABE LO QUE ESTÁ HACIENDO

El Espíritu Santo no hace su trabajo en nosotros de una manera desordenada o dislocada. El no existe para simplemente ayudarnos a sobrellevar la vida, o para ayudarnos a través de las crisis o en nuestras noches de soledad. El no está sólo para levantarnos y poner un poco de fuerza en nosotros para que podamos seguir en la carrera.

Todo lo que el Espíritu Santo hace, está relacionado con la razón por la que él vino – para llevarnos a casa como una novia preparada. ¡El actúa sólo para llevar a cabo esa misión! Sí, él es nuestro Guía, nuestro Consolador, nuestra Fortaleza en tiempo de necesidad. Pero él usa cada acto de liberación – cada manifestación de sí mismo en nosotros – para hacernos más aptos a ser una novia.

Tampoco el Espíritu Santo está aquí sólo para dar dones al mundo. No, hay un propósito detrás de cada don. El Espíritu Santo sólo tiene un mensaje: todo lo que él enseña, lleva a una verdad central. El puede brillar en nosotros como una joya esplendorosa, pero cada rayo que brilla de la verdad tiene el propósito de llevarnos a una verdad singular, y es la siguiente:

“Tú no eres tuyo – has sido comprado por un precio. Has sido escogido para ser esposa de Cristo. Y el Espíritu de Dios ha sido enviado para revelarte la verdad que te hará libre de todos tus otros amores. La verdad romperá cada atadura del pecado y tratará con toda incredulidad. Por que tú no eres de este mundo: tú estás de ida a un encuentro glorioso con tu esposo, y te están preparando para este banquete de bodas. ¡Todo está listo y yo te estoy preparando a ti! Quiero presentarte sin mancha, con un amor apasionado en tu corazón para él.”

Ese es el trabajo del Espíritu Santo – manifestar a Jesús a la iglesia, para que nos enamoremos de él. ¡Y ese amor nos guardará!

martes, 18 de noviembre de 2008

¡RECIBIMOS AL ESPÍRITU SANTO POR FE!

“Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?” (Gálatas 3:2). ¡Santos, éste mensaje debería encender su fe, y por fe deberían de apropiarse de las grandes promesas de Dios! “Pero pida con fe, no dudando nada; por que el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7).

¿Le ha pedido usted a Dios este regalo? ¿Está usted buscando al Espíritu Santo? ¿Está usted continuamente llamando? “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13).

¡Simplemente pide y lo recibirás! ¡Busca que tu Padre celestial te dé el bautizo con el Espíritu Santo, y él te lo dará!

Enfrentamos a un diablo enojado que está suelto en el mundo hoy día. El está desatando todo el poder a su mando, y legiones de poderes malignos están apertrechadas para el conflicto final con el cielo. Pero Satanás no puede hacerle frente a un hijo de Dios que es justo, lleno del Espíritu Santo y que camina en fe y obediencia. Muéstrenme un creyente verdaderamente poseído por el Espíritu Santo, y yo les mostraré que él puede hacer huir a las legiones del infierno.

¡Dios, envía al Espíritu Santo! ¡Cae sobre nosotros! ¡Bautízanos grandemente! ¡Y envíanos contra las fortalezas satánicas con una fe inflexible de que el Espíritu Santo prevalecerá en nuestro día!

El Apóstol Pablo dice, “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16). El también dijo, “Si vivimos por el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (5:25).

Como Cristianos, hemos escuchado esta frase toda nuestra vida: “Andad en el Espíritu”. Muchos creyentes me dicen que andan en el Espíritu – pero no me pueden decir lo que esto verdaderamente significa. Ahora, déjeme preguntarle a usted: ¿Anda y camina usted en el Espíritu? ¿Y qué significa eso para usted?

Yo creo que “andar en el Espíritu” puede definirse en una frase: Andar en el Espíritu es simplemente permitir al Espíritu Santo que haga en nosotros lo que Dios lo mandó a hacer.

Yo no creo que usted pueda permitirle a él hacer ese trabajo hasta que usted entienda por qué Dios envió al Espíritu Santo.

El Espíritu Santo ha sido enviado a nosotros por el Padre para lograr un (y solamente un) propósito eterno. A no ser que entendamos su misión y trabajo en nosotros, cometeremos uno de dos errores: Uno, estaremos satisfechos con una pequeña porción de su trabajo – como ser unos cuantos de sus dones espirituales – pensando erróneamente que esto es todo lo que hay de él, y perdiéndonos el gran trabajo de su propósito eterno en nuestras vidas. O, dos, apagaremos al Espíritu dentro de nosotros ignorándolo completamente, creyendo que él es misterioso y que su presencia es algo que debemos tomar por fe y nunca entenderla.

El Espíritu Santo ha venido a vivir en usted y en mí para sellar, santificar, otorgar poder y prepararnos – ¡él ha sido enviado a este mundo para preparar una novia que se casará con Cristo!

Un tipo de esta relación entre los creyentes y el Espíritu Santo lo encontramos en el Antiguo Testamento en Génesis 24. Abraham envió a Eliezer el criado más viejo de su casa, para que encontrase una novia para su hijo Isaac. El nombre de Eliezer significa “”poderoso, divino ayudador” – un tipo del Espíritu santo. Con la misma seguridad que este poderoso ayudador volvió con Rebeca para presentarla como una novia para Isaac, de igual manera el Espíritu Santo no fallará en traer una novia para nuestro Señor Jesucristo.

Dios escogió a Rebeca como novia para Isaac – y el Señor guió a Eliezer directo hacia ella. Toda la misión y todo el propósito del sirviente estaban enfocados en una sola cosa: traer a Rebeca para Isaac – para hacerla que dejara todo lo que tenía, que se enamore de Isaac y se case con él. Los padres de Rebeca le dijeron a Eliezer, “De Jehová ha salido esto…tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor” (Génesis 24:50-51).

¡Y, así es con usted y conmigo! Dios nos eligió para ser su novia. Nuestra salvación – el haber sido escogidos para Cristo – fue del Señor. El envió al Espíritu Santo a guiarnos hacia Jesús – ¡y si confiamos en él, el Espíritu nos llevará salvos a casa para ser la novia eterna de Cristo!

lunes, 17 de noviembre de 2008

“ABBA, PADRE”

El Espíritu Santo tiene una manera de simplificar nuestra relación con Dios el Padre y con Jesús. El es el que nos enseña a decir, “Abba, Padre.”

Esta frase se refiere a una costumbre oriental de los días de la Biblia, que tenía que ver con la adopción de un niño. Antes de que los papeles de adopción fuesen firmados y sellados por el padre adoptivo, el niño veía a este hombre sólo como un padre ajeno. El niño no tenía ningún derecho de llamarlo Abba, que significa “mi”.

Pero, tan pronto como los papeles eran firmados, registrados y sellados, el tutor del niño se lo entregaba al padre adoptivo, y por primera vez el niño podía decir “¡Abba Padre!” Mientras el padre lo abrazaba, el niño clamaba, “¡Mi padre! El ya no es tan sólo un padre. ¡El es mío!”

Este es el trabajo y ministerio del Espíritu Santo. El es nuestro tutor de Cristo. El nos presenta al Padre. Y continúa recordándonos, “Yo he sellado los papeles. Ya tú no eres un huérfano – ¡tú eres legalmente un hijo de Dios! Tú ahora tienes un Padre muy amoroso, rico, poderoso. Abrázalo – llámalo ‘mi Padre’. ¡Yo he venido a mostrarte cuán amado eres de él! ¡El te ha amado y te ha querido a ti!”

Nuestro clamor debería de ser lleno de suprema alegría y agradecimiento. El Espíritu en nosotros, literalmente clama, “Tú eres un heredero, y has heredado todo lo que Jesús ganó.”¡Y cuán grande herencia tienes, por que tu PADRE es el más rico de todo el universo! No te alejes con timidez de él, él no está enojado contigo. Deja de actuar como si fueses un huérfano que está en la miseria, y que le falta felicidad y victoria espiritual. ¡Tú no eres un abandonado – así que disfruta de él!

No solamente no estamos abandonados, sino también el Espíritu Santo está allí con nosotros durante los momentos de confusión y sufrimiento.
La misión del Espíritu Santo es consolar a la novia de Cristo mientras el novio está ausente. “Y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16). “Mas el Consolador, el Espíritu Santo” (v. 26).

Consolador significa “uno que alivia en tiempo de dolor o pena” – uno que calma el dolor y las penas, trae alivio, consuela y anima. Pero me gusta otra definición que viene del Griego: “Uno que prepara una cama tibia de protección para ti”. Durante las noches frías de tu alma, él te acuesta en la suave cama de su consuelo, calmándote con las caricias de su mano.

Al nombrar al Espíritu Santo como el Consolador, Jesús hizo una predicción infalible. El estaba prediciendo que su gente sufriría malestares, y necesitarían consuelo – por que habría mucho dolor y sufrimiento para su pueblo en los últimos días.

El Espíritu Santo trae consuelo al recordarle que él vive en usted con todo el poder de Dios inherente en su ser. Esa es la razón por la cual usted puede decir, “¡Mayor es aquél que está en mí que todos los poderes del mundo combinados – más grande que todos los poderes de los demonios!” Dios envió al Espíritu para mantenerlo a usted fuera de las garras de Satanás – para levantar su espíritu, disipar toda depresión e inundar su alma con el amor de su Señor.

“Sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; por que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:3, 5).

domingo, 16 de noviembre de 2008

UN PEQUEÑO SABOR DE CIELO

Un bocado de anticipo es un adelanto del sabor real. La Biblia lo llama arras – “Es las arras de nuestra herencia” (Efesios 1:14). Significa que nos dan a probar un bocado antes de que venga todo el festín. Nuestra herencia es Cristo mismo – y el Espíritu Santo nos trae a su propia presencia como un anticipo de sabor a lo que será ser recibido como su novia, disfrutando de un amor y una comunión eterna con él.

Pablo describe a unas personas de Dios que están “sellados con el Espíritu Santo” (Efesios 1:13). Esto se refiere a personas especialmente marcadas por el trabajo del Espíritu Santo. El Espíritu Santo ha producido en ellos una marca distintiva, un trabajo interior glorioso – algo sobrenatural que los ha cambiado para siempre.
Ya no son creyentes ordinarios. Ya no son más “de este mundo” desde que han colocado sus afectos en cosas de arriba, y no en las de esta tierra. No son movidos por los eventos mundiales. En lugar de eso, son inamovibles. Ya no son tibios ni a medias ganas. En lugar de eso, sus corazones claman día y noche, “Ven pronto, Señor Jesús…”

¿Qué sucedió en ellos? ¿Qué hizo el Espíritu Santo en estos creyentes? ¿Qué los marcó y los selló para siempre como propiedad del Señor? Simplemente esto: ¡El Espíritu Santo les dio un bocado de la gloria de su presencia! El vino a ellos, les abrió el cielo – ¡y ellos experimentaron una manifestación sobrenatural de su grandeza sublime! El nos da “un poquito de cielo” para llegar al cielo con eso – para afilar nuestro apetito.

¿Qué clase de novia usted cree que el Espíritu Santo le presentará a Jesucristo en ese día de revelación? ¿Una que está sin mucho ánimo? ¿Una cuyo amor es tibio o frío? ¿Una que no es devota a Jesús? ¿Una que no quiere intimidad con Cristo?

Si usted verdaderamente ama a Cristo, él nunca está fuera de la mente suya. El está presente en cada momento que usted esté despierto. Algunos Cristianos piensan, “Eso sucederá después de que yo muera. Cuando llegue al cielo, todo cambiará. Yo seré la novia especial del Señor recién entonces”. No, ¡la muerte no santifica a nadie! El Espíritu Santo está aquí hoy día. El está vivo y trabajando dentro de usted – ¡para producir un amor apasionado por Cristo en este lado de nuestra muerte!

Romanos 8:26 describe uno de los trabajos más poderosos del Espíritu Santo en el corazón del creyente. “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”

La palabra traducida como “gemidos” en el Griego significa “un anhelo” – un deseo vivo de tener más de Cristo. Usted puede anhelar tanto a Cristo, que usted puede sentarse en su presencia y nada saldrá de la boca suya sino un gemido profundo – algo que no puede ser pronunciado. Dice, “Jesús, tú eres la única felicidad en este mundo. Yo he probado y he visto que tú eres bueno – y quiero todo de ti.”

Esta es la marca de aquél que está caminando en el Espíritu. El tiene un apetito insaciable por Jesús. Como Pablo, ¡ésta persona está ansiosa de partir y estar con el Señor!

jueves, 13 de noviembre de 2008

UN MINUTO ANTES DE LA MEDIA NOCHE

Vemos en 1ra de Samuel 13 que Saúl enfrentó un momento crucial que todo creyente deberá confrontar eventualmente. Es un tiempo de crisis donde somos forzados a decidir si esperamos a Dios por fe, o nos volvemos impacientes y ponemos mano en el asunto.

El momento crucial de Saúl vino cuando nubes siniestras de guerra se aglomeraban sobre Israel. Los Filisteos habían reunido un gran ejército de caballería, carrozas de fierro, y legiones de soldados que blandían sus armas modernas. En contraste, los Israelitas sólo tenían dos espadas en todo su ejército – una le pertenecía a Saúl y la otra era de su hijo, Jonatán. Todos los demás tenían que usar armas como ser lanzas que habían fabricado de los implementos que usaban para la agricultura.

Una semana antes, Samuel le había advertido a Saúl que lo esperase en Gilgal antes de ir a la batalla. El profeta había dicho que él llegaría después de siete días para ofrecer los sacrificios apropiados al Señor.

Cuando llegó el séptimo día y Samuel no había llegado, los soldados de Saúl empezaron a dispersarse. Peor aún, el rey no tenía la dirección de Dios para la batalla.

¿Qué decisión tomó Saúl? ¿Se paró firme, declarando, “No importa si Samuel tarda ocho días en llegar, yo voy a permanecer en la Palabra que Dios me dio. Ya sea que viva o muera, yo obedeceré su mandato”? No – Saúl entró en pánico. El permitió ser abrumado por sus circunstancias. Y él terminó manipulando sus acciones para evitar la Palabra de Dios. El ordenó al sacerdote que estaba presente, hacer los sacrificios sin Samuel. Y al haber hecho esto, él cometió un pecado grave contra el Señor (ver 1ra de Samuel 13:11-12).

No – Dios nunca se atrasa. En todo momento, Dios conocía cada paso que Samuel estaba tomando hacia Gilgal. El había colocado al profeta en un sistema de navegación celestial, que apuntaba a su llegada en el segundo preciso. Samuel llegaría allí el día séptimo, aún si fuese un minuto antes de la media noche.

Dios no ha cambiado a través de los siglos. Y él está interesado en que sus hijos obedezcan su mandato: “Obedezcan la voz del Señor, y no sean rebeldes al mandato del Señor” (1ra Samuel 12:15 parafraseado). No importa si nuestras vidas están fuera de control – debemos caminar en completa confianza en el Señor. Aún si las cosas parecen sin esperanza, no debemos actuar en temor. En lugar de eso, tenemos que esperar pacientemente a que él nos libre, tal como lo promete su Palabra.

El hecho es que, Dios estuvo al lado de Saúl mientras el ejército masivo de los Filisteos marchaba hacia él. Dios conocía la crisis en la que estaba Saúl, y su ojo estaba en cada detalle.

Nuestro Dios ve cada detalle de la crisis de usted. El ve todos los problemas de la vida que lo están apretando. Y él está absolutamente consciente de que su situación se torna peor cada día. Aquellos que oran y esperan en él con fe calmada, nunca están en ningún peligro real. Es más, él conoce los pensamientos suyos de pánico:”Yo no sé cómo voy a poder pagar esta deuda…No tengo ninguna esperanza para mi matrimonio…No sé cómo podré seguir con trabajo…” Pero su mandato continúa siendo verdadero: “No entres en pánico, ni te me adelantes. No debes de hacer nada más que orar – y depender de mí. Yo honro a todo aquél que pone su confianza en mí. “

Considere éstas palabras que Dios ha dado a su iglesia: “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). “Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio” (Salmo 62:8). “Los que teméis a Jehová, confiad en Jehová; El es vuestra ayuda y vuestro escudo” (Salmo 115:11). “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5-6).

La incredulidad es mortal, y sus consecuencias son trágicas. Y enfrentaremos graves consecuencias si tratamos de desenredarnos nosotros mismos de nuestras dificultades, en lugar de confiar en que Dios nos sacará de ellas.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

UN PURGANTE ESPIRITUAL FUERTE

El mandato de Dios de amar a nuestros enemigos puede tener un sabor amargo, como una medicina con sabor desagradable. Pero como el aceite de castor que teníamos que tomar en nuestra niñez, es un medicamento que sana.

Jesús lo dice claramente: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:43-44).

¿Estaba Jesús contradiciendo a la ley aquí? De ninguna manera. El estaba revertiendo el espíritu de carne que había entrado en la ley. En aquél tiempo, los Judíos amaban solamente a otros Judíos. Un Judío no podía saludar dándole la mano a un Gentil, o aún permitir que su vestimenta rozara las ropas de alguien que no fuera Judío. Pero éste no era el espíritu de la ley. La ley era santa, e instruía, “Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, y si tuviere sed, dale de beber agua; porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, y Jehová te lo pagará” (Proverbios 25:21-22).

Podemos odiar las acciones inmorales de aquellos que están en el gobierno. Podemos odiar los pecados de los homosexuales, abortistas y aquellos que odian a Cristo. Pero el Señor nos ordena orar por ellos. Si en algún momento yo desprecio a la persona en lugar de despreciar el principio detrás de esa persona, yo no estoy representando fielmente a Cristo.

He presenciado una marcha de homosexuales aquí en la ciudad de Nueva York. Doscientos cincuenta mil gays, muchos de ellos semidesnudos, algunos portando letreros que decían “Dios es Gay”. Yo vi que ellos dejaban la marcha y saltaban sobre los Cristianos que tenían letreros diciendo, “Dios ODIA tu pecado – Pero El te ama a ti.”

Me enrojecí de enojo. Sentí deseo de pedir que cayese fuego como el de Sodoma sobre todos ellos. Pero reflexionando, Yo dije en mi corazón, “Yo estoy actuando como los discípulos que querían que descendiera fuego para consumir a todos aquellos que rechazaron a Jesús.”

Yo digo que – ¡La homosexualidad es pecado! ¡Pero también es pecado el adulterio! Y también lo es la amargura y la falta de perdón.

¡Ama a tus enemigos! ¿Amar a aquellos que campean su pecado delante de nosotros? ¿Orar por ellos? ¿Bendecir a los que nos maldicen?

¡Eso es exactamente lo que dijo Jesús!

¡Así que hágalo!

martes, 11 de noviembre de 2008

DANIEL – UN HOMBRE DE OTRA CLASE

Daniel era “un hombre de otra clase” y él habla de ser quebrantado: Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión” (Daniel 9:3-4). Debido a esto, Daniel fue capaz de discernir los tiempos, por que él conoció el corazón de Dios. “Yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías” (Daniel 9:2).

¿Cómo llegó Daniel a esta senda de quebrantamiento, conocimiento y discernimiento? Esto comenzó con su estudio de la Palabra de Dios. Daniel permitió que las Escrituras se apoderaran de él completamente. Y él las mencionaba seguido y extensivamente, por que él las había escondido en su corazón: “Conforme está escrito en la ley…” (Daniel 9:13).

En el capítulo 10, a este devoto profeta le fue dada una visión de Cristo, “Y alcé mis ojos…y he aquí un varón vestido de lino, y ceñido sus lomos de oro de Ufaz…y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego…y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud” (10:5-6).

Yo le animo a usted, proponga en su corazón desde hoy día buscar a Dios con toda diligencia y determinación. Luego vaya a la Palabra de Dios con un amor y deseo que vaya en aumento. Ore ayunando por ser quebrantado, para recibir la carga de Dios. Finalmente, confiese y abandone todas las cosas que impiden que el Espíritu Santo pueda abrir las bendiciones del cielo para usted. La senda de los “hombres de otra clase” está abierta para todos. ¿Caminará usted en ella?

Ese caminar trae el toque de Dios. Daniel testificó, “Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos” (Daniel 10:10). La palabra que se traduce como “tocó”, aquí significa “asir violentamente”. Daniel nos está diciendo, “Cuando Dios puso su mano sobre mí, caí sobre mi rostro. Su toque me dio una urgencia de buscarlo con todo lo que hay en mí.”

Esto sucede cada vez que Dios toca una vida. Esa persona cae de rodillas y se convierte en un hombre o una mujer de oración, motivado a buscar al Señor.

A menudo me he preguntado por qué Dios toca sólo a algunas personas con esta urgencia. ¿Por qué algunos siervos se vuelven buscadores hambrientos de él, mientras que otras personas fieles continúan su camino? Aquellos tocados por Dios tienen una relación íntima con el Señor. Ellos reciben revelaciones del cielo. Y ellos disfrutan de un caminar con Cristo que muy pocos disfrutan.

¿Por qué puso Dios su mano sobre Daniel y lo tocó? ¿Por qué podía este hombre ver y oír cosas que ningún otro podía? El declara, “Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo” (Daniel 10:7).

Dios necesitaba una voz para que hablara su mensaje. El quería un siervo que ora, alguien que respondería fielmente a su llamado. Daniel era ese hombre. El había estado devotamente orando tres veces al día. Y ahora, mientras él caminaba a orillas del río, el mismo Cristo se le reveló (vea Daniel 10:7-9).

Dios hizo que Daniel fuese su oráculo por que:

1.Daniel nunca dejó de orar (vea Daniel 10:2-3)
2.Daniel se angustiaba sobre la decadencia espiritual en la sociedad y en la iglesia (vea Daniel capítulo 9).
3.Daniel se rehusó a albergar o a esconder pecado (Daniel 9:4-5).

lunes, 10 de noviembre de 2008

USTED NECESITA AL ESPÍRITU SANTO

Algunos hemos sido salvos por un número de años, otros tal vez un año, y algunos sólo unos meses o unas pocas semanas. ¡Ser salvos del pecado es maravilloso! Las cosas viejas se desvanecen – y todas las cosas se vuelven nuevas. ¡Estoy feliz de que usted sea salvo!

Pero para poder ser un buen soldado al servicio de nuestro Señor Jesucristo, no es suficiente el ser salvos. Hay mucho más para usted. ¡Usted necesita ser bautizado con el Espíritu Santo!

En los tiempos de Pablo, algunos creyentes no sabían que había un Espíritu Santo. “Les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo” (Hechos 19:2) Estas personas fueron salvas, pero está claro de que no habían sido llenados ni bautizados con el Espíritu Santo.

Yo creo en que somos salvos a través del poder y ministerio del Espíritu Santo. ¡Pero las escrituras nos dicen que en adición a esto, hay también un bautismo, un llenar, y una posesión que el Espíritu Santo hace en nosotros!

Jesús mismo no envió a sus discípulos y seguidores al mundo, hasta que ellos fueron bautizados con el Espíritu Santo. Ciertamente, sus discípulos tenían corazones puros. Tenían fe para sanar enfermos, para echar fuera demonios. Tenían la Palabra del Señor y ya habían estado predicando y ganando convertidos. Ellos fueron testigos de su resurrección. ¿Qué más podría haber? ¡Ellos estaban dispuestos a morir por Jesús! ¿No era suficiente su amor por él para ser enviados al mundo a hacer su trabajo?

Amados, ¡Nada de eso era suficiente! Claramente, había más. “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8)
¿Usted realmente quiere al Espíritu Santo? ¿Quiere que caiga sobre usted y lo bautice con fuego? Usted tiene que estar convencido que esto es para usted. Usted debe llegar al lugar donde usted sabe que no es nada, que no tiene nada y que no puede hacer nada sin el poder y la guía del Espíritu Santo.

¡Usted debe de saber que él está todavía bautizando, todavía cayendo sobre los creyentes – poseyendo sus cuerpos! “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Por que para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2:38-39)

¡Cada hora de cada día, multitudes en todo el mundo están siendo bautizados con el Espíritu Santo! Ellos han leído ésta promesa en la Biblia o la han escuchado en una prédica. ¡Y ellos han clamado, apoderándose de la promesa, y han sido bautizados!

Este bautismo es especialmente para aquellos que están viviendo en los últimos días. “Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne…En aquellos días derramaré de mi Espíritu” (Hechos 2:17-18). El está disponible para todo el que lo pida:

“¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13).

Dios quiere que usted viva y camine en el Espíritu. Usted no debe de correr buscando a algún otro que pueda satisfacer las necesidades de alguna persona. Usted es llamado a hablar la Palabra de Dios mientras el Espíritu se mueve en usted, y a poner manos sobre los enfermos, y a echar fuera demonios así como los apóstoles lo hicieron. ¡Somos llamados a ser testigos llenos del Espíritu Santo y de poder!

domingo, 9 de noviembre de 2008

GOVERNADOS POR LA PALABRA DE DIOS

Si Cristo reina como suprema autoridad sobre su reino, y si nosotros somos sus súbditos, entonces nuestras vidas deben de ser gobernadas por él. ¿Qué significa, exactamente, ser gobernados por Jesús?

De acuerdo al diccionario, gobernar significa “guiar, dirigir, controlar todas las acciones y comportamientos de aquellos bajo autoridad”. En corto, debemos permitir a Jesús controlar todas nuestras acciones y comportamiento, incluyendo cada uno de nuestros pensamientos, palabras y obras.

Jesús también rige las naciones del mundo. La Biblia nos dice, “El señorea con su poder para siempre; sus ojos atalayan sobre las naciones; los rebeldes no serán enaltecidos” (Salmo 66:7). “Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos” (Salmo 103:19).

No se engañe – nuestros países no están gobernados por los políticos, o por una autoridad humana. No está controlado por las entidades financieras tampoco. Ningún otro poder, sobrenatural o de la tierra reina sobre América o cualquier otra nación. Sólo Dios está en control. El está sentado como Rey de Reyes y Señor de Señores, gobernando y reinando sobre toda la creación desde su trono celestial.

En toda América estamos viendo un decaimiento moral terrible, el surgimiento de lo oculto, deviaciones sexuales rampantes, ateísmo atrevido y vociferante. Algunos Cristianos temen que las hordas del infierno estén tomando lentamente nuestras naciones, estableciendo el reino de tinieblas de Satanás.

No necesitamos preocuparnos. Isaías nos asegura, “Quebrantó Jehová el báculo de los impíos, el cetro de los señores… ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones…Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo. Se inclinarán hacia ti los que te vean, te contemplarán, diciendo: ¿Es este aquél varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos?” (Isaías 14:5, 12, 15-16).

Amados, nuestro Dios no está ansioso ni preocupado por Satanás. El no está angustiado sobre lo que nosotros vemos como un avasallamiento de nuestras naciones. Con tan sólo una palabra de la boca de nuestro Señor, Satanás se irá para siempre, y será atormentado por toda la eternidad. Por lo tanto, no debemos temer a lo maligno.
En ningún otro reino Dios gobierna tan soberanamente y tan poderosamente como en su propio reino – el que él ha establecido en los corazones de sus hijos.

Jesús dijo, “he aquí el reino de Dios está entre vosotros” (Lucas 17:21). Y es en ese reino – el dominio de nuestro corazón – que Cristo reina supremamente sobre sus hijos, guiándonos, sanándonos, gobernando nuestras acciones y comportamientos.

“Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite” (Isaías 9:7). Este verso habla del reinado de Jesús a través de toda la eternidad sin fin. Pero también tiene otro significado importante: Debemos siempre aumentar nuestra sumisión al gobierno de nuestro Rey.

¿Puede usted decir honestamente que día tras día, el gobierno de Jesús sobre usted está aumentando? ¿Está usted sujetando su comportamiento más y más bajo su autoridad?

Usted puede preguntarse – si Jesús está en los cielos, gobernando en total autoridad a la diestra del Padre, ¿cómo gobierna su reino aquí en la tierra? Encontramos la respuesta en el libro de Hebreos. El autor nos dice que en el Antiguo Testamento, Dios habló a su pueblo a través de los profetas. Pero hoy día el Señor ha elegido hablar a través de su Hijo (ver Hebreos 1:1-2).

Jesús es el mensaje explícito de Dios para nosotros – la Palabra divina hecha carne. Y el Padre, nos ha enviado al Espíritu Santo para recordarnos las palabras que Jesús habló mientras estuvo en la tierra. Así, Jesús nos gobierna por la escrita y revelada Palabra de Dios. La Biblia es el cetro de nuestro Rey, por medio de la cual él hace que su palabra sea conocida por nosotros.

Si usted quiere escuchar el testimonio de un hombre que era gobernado por la Palabra escrita de Dios, usted lo puede encontrar en el Salmo 119:11, “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (ver también los versos 105, 123, 133, 162).

jueves, 6 de noviembre de 2008

ESTORBOS PARA CRECER EN GRACIA

En Efesios 4:31, Pablo nos da una lista de las cosas que debemos de remover de nuestras vidas si es que vamos a crecer en la gracia de Cristo: “Quítese de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.”

No podemos pasar por alto estos problemas enumerados en la lista de Pablo. El apóstol dice que nosotros debemos absolutamente encarar estas cosas si vamos a crecer en gracia. Si usted ignora los problemas del corazón que Pablo menciona aquí, usted entristecerá al Espíritu Santo. Su crecimiento será atrofiado, y usted terminará siendo un zombi espiritual.

Los tres primeros ítems en la lista de Pablo – amargura, enojo e ira – son explicativos por sí mismos. La amargura es rechazo a dejar que una herida del pasado se vaya, o a perdonar una falta del pasado. Enojo es una fortaleza o resentimiento que está acoplado con una esperanza de venganza. La ira es exasperación – ya sea un ataque explosivo o una indignación que bulle lentamente hacia alguna persona. Maledicencia son palabras que destruyen – es lo opuesto de edificar a alguien o de hablar palabras de edificación; La maledicencia es maliciosa, tiene intención de herir.

Gritería es un arranque emocional sobre algo sin importancia – un alboroto sin necesidad, un gran ruido que se hace sin motivo. Causamos una gritería cuando algo insignificante lo hacemos grande, o cuando hacemos una escena en lugar de de tratar de ayudar o de sanar.

El ítem final en la lista de Pablo es la malicia. Malicia es el deseo de ver a otro persona sufrir. Para muchos Cristianos, malicia significa la esperanza de que Dios castigue a alguien que nos ha herido. Este es un espíritu diabólico, y está generalmente escondido muy profundamente en el corazón.

Cuando Pablo dice “Quítese de vosotros todas estas maldades”, él no está hablando de una solución rápida. El está describiendo un proceso – un asunto de crecimiento que toma tiempo. Muchas veces, podemos fallar en nuestro intento de despojarnos de estas maldades. Pero si nos arrepentimos rápidamente, y nos proponemos a enmendar las cosas con la persona implicada, con el tiempo estos problemas desaparecerán.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

UN CRECIMIENTO EXPLOSIVO EN LA GRACIA

Nuestro crecimiento en la gracia puede ser explosivo cuando intentamos edificar a aquellos que nos mortifican.

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios” (Efesios 4:29-30). La raíz griega de la palabra “edificación” que Pablo usa, significa “constructor de casas”. Esa palabra a la vez, viene de una raíz que significa “construir”. En corto, todo aquél que edifica, está construyendo la casa de Dios, la iglesia.

Pablo nos está diciendo tres cosas importantes sobre las palabras que hablamos:

1.Debemos usar nuestras palabras para edificar al pueblo de Dios
2.Debemos de usar nuestras palabras para ministrar gracia a otros.
3.Es posible entristecer al Espíritu santo con nuestras palabras.

Me siento profundamente conmovido mientras leo las historias de las vidas de los gigantes espirituales del pasado. Estos hombres y mujeres de Dios tenían su mente enfocada en el cielo- estudiosos de la Palabra de Dios, orando a menudo, y preocupados por crecer en gracia. Lo que más me impresiona sobre las vidas de estas personas, no es sólo su devoción a Cristo, o la intensidad de sus oraciones. Es también el fruto divino que estas cosas produjeron en ellos. Además, yo descubrí algo en común entre estos gigantes espirituales: su mayor inquietud era crecer en la gracia de un corazón puro, del cual una conversación santa pudiera fluir. “Por que de la abundancia del corazón habla la lengua” (Mateo 12:34).

Yo crezco en la gracia cuando elijo vivir para otros y no para mí mismo. Ese crecimiento en la gracia debe de comenzar en mi casa, mostrándole a mi conyugue y a mis hijos que me estoy pareciendo a Cristo, y que esto siempre va en aumento. Mi hogar debe de ser el campo de pruebas donde todos los problemas, todos los malos entendidos son vencidos por mi disposición “a renunciar a mis intentos de tener siempre la razón”.

El haber abandonado mi derecho a “tener la razón” me ha ayudado a disfrutar del poder de la gracia de Dios como nunca antes. Toda discusión, todos nuestros “derechos” se desvanecen cuando buscamos edificarnos el uno al otro en lugar de tratar de ganar una disputa tonta.

Crezcamos – en gracia.

martes, 4 de noviembre de 2008

HOMBRES DE OTRA CLASE

Cuando yo leo sobre las hazañas de los hombres santos de Dios en el Antiguo Testamento, mi corazón arde. Estos siervos estaban tan apasionados por la causa del nombre de Dios, que hicieron obras poderosas que desconciertan las mentes de los cristianos de hoy día.

Estos santos de antaño eran como una roca, firmes en su determinación de no ir hacia delante si no recibían una palabra de Dios. Y ellos lloraron y endecharon por días debido a la condición de indiferencia que había en su casa de Dios. Ellos rehusaron comer, beber o lavar sus cuerpos. Se arrancaron puñados de pelos de sus cabezas y de sus barbas. El profeta Jeremías hasta estuvo echado de costado en el suelo por 365 días en Jerusalén, advirtiendo continuamente del juicio venidero de Dios.

Me pregunto, ¿de donde consiguieron estos santos la autoridad espiritual y la resistencia para hacer todo lo que hicieron? Ellos fueron hombres de otra clase, siervos completamente diferentes de los que vemos hoy día en las iglesias. Yo simplemente no puedo relacionarme con ellos o con su caminar. Yo sé que no soy totalmente de su clase. Y yo no conozco a ningún Cristiano que lo sea.

Algo de esto me inquieta. La Biblia dice que las hazañas de estos hombres del Antiguo Testamento fueron registradas como lecciones para nosotros: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1Corintios 10:11). Sus historias son para nuestro ejemplo, para mostrarnos cómo mover el corazón de Dios, o cómo llevar a las personas corruptas al arrepentimiento.

Así que, ¿fueron estos santos una raza especial? ¿Fueron superhombres con un destino predeterminado, y dotados con poderes sobrenaturales que no hemos conocido en nuestra generación? No es así. La Biblia nos indica enfáticamente que nuestros devotos antepasados eran personas como usted y yo, sujetos a las mismas pasiones de la carne (vea Santiago 5:17). El hecho es que, sus ejemplos nos revelan un modelo que debemos seguir. Estos hombres poseían algo en su carácter lo cual causó que Dios pusiese sus manos sobre ellos. Esa es la razón por la cual los escogió para que llevasen a cabo sus propósitos. Y él nos está instando con insistencia a que busquemos esas mismas cualidades de carácter hoy en día.

Esdras era un hombre de Dios que despertó a toda su nación. Las Escrituras dicen que Esdras era un hombre sobre el cual Dios había puesto su mano. Esdras testificó, “Y yo fui fortalecido por la mano de mi Dios sobre mí” (Esdras 7:28). En otras palabras, Dios extendió su mano, envolvió a Esdras y lo hizo un hombre diferente.

¿Por qué haría esto Dios con Esdras? Había cientos de escribas en Israel en aquél tiempo. Todos ellos tenían el mismo llamado de estudiar y explicar la Palabra de Dios a las personas. ¿Qué diferenció a Esdras de los demás? ¿Cuál fue la causa por la que Dios puso su mano sobre este hombre, y lo puso a cargo de 50,000 personas para reconstruir la ciudad caída de Jerusalén?

Las escrituras nos dan la respuesta: “Por que Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová, y para cumplirla” (Esdras 7:10). Es simple: Esdras tomó una decisión consiente. El se propuso sobre todas las cosas buscar la Palabra de Dios y obedecerla. Y él no se desvió de esa decisión. El se dijo a sí mismo, “Voy a ser un estudioso de la Palabra. Y voy a actuar de acuerdo a todo lo que yo lea.”

Mucho antes que Dios pusiera su mano sobre Esdras, este hombre estaba diligentemente examinando las Escrituras. El se permitió ser examinado por ellas, lavado por ellas, y limpiado de toda suciedad de cuerpo y espíritu. Esdras tenía hambre por las escrituras y se regocijaba en ellas. El permitió que las Escrituras preparasen su corazón para cualquier trabajo que Dios hubiera elegido para él. Esta es la razón por la cual el Señor puso su mano sobre Esdras y lo ungió.

lunes, 3 de noviembre de 2008

LAS FUERZAS ESPECIALES DE DIOS

Usted ha escuchado de las Fuerzas Especiales del ejército – un ejército dentro del mismo ejército que está altamente entrenado, un grupo élite de soldados dedicados. Las Fuerzas Especiales están formadas completamente por voluntarios, guerreros que se han destacado y han sido escogidos por sus superiores.

Antes de la guerra de Afganistán, Osama bin Laden había dicho que los soldados americanos eran débiles, cobardes, y que no estaban entrenados para pelear en las montañas. El había predicho que el Talibán enviaría a las tropas estadounidenses de vuelta a sus casas avergonzadas, pero él no había contado con las Fuerzas Especiales americanas. Este grupo temerario invadió Afganistán con sólo 2.000 soldados. En pocos días, habían localizado las fortalezas del enemigo.

Yo creo que Dios está haciendo algo similar a esto en el mundo espiritual. Cuando yo estaba orando, el Espíritu Santo puso un concepto en mí – Dios ha estado trabajando en los cielos en una misión secreta. El está alistando a un ejército dentro de su ejército, buscando entre sus tropas para formar un grupo élite de voluntarios. Esta fuerza especial está compuesta de guerreros a los cuales él puede tocar y maniobrarlos, para batallar contra el enemigo. Vemos un cuadro de esto en la Biblia, con la milicia especial de Saúl. La Palabra nos dice, “Y fueron con él los hombres de guerra cuyos corazones Dios había tocado” (1 Samuel 10:26).

Las fuerzas especiales de Dios hoy día incluye a jóvenes, a adultos, y aún a los ancianos. Ellos han estado entrenando en sus lugares secretos de oración. Su intimidad con Jesús les ha enseñado cómo pelear. Ahora saben cómo guerrear en cualquier plano, ya sea en las montañas o en los valles.

Este ejército dentro del ejército de Dios está colocado en cada nación. Su actividad puede estar encubierta ahora, pero pronto los veremos haciendo proezas en el nombre y en el poder de Cristo. La Palabra de Dios está saliendo adelante, y la hambruna se está acabando. El Señor prevalecerá. Su Palabra lo conquistará todo.

“El pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará” (Daniel 11:32).

“Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31).

domingo, 2 de noviembre de 2008

SOMOS FAMILIA

Reclamar el poder que está en el nombre de Cristo, no es una verdad teológica complicada que esté escondida. En mi biblioteca hay libros que han sido escritos específicamente en el tema del nombre de Jesús. Los autores escribieron para ayudar a los creyentes a entender las implicaciones profundas que están escondidas en el nombre de Cristo. Pero, la mayoría de estos libros son tan “profundos”, que los lectores no los entienden.

Yo creo que la verdad que se nos ha dado sobre el nombre de Jesús es tan simple, que un niño puede entenderla. Es simplemente lo siguiente: Cuando hacemos nuestra petición en el nombre de Jesús, debemos de estar persuadidos que es igual que si Jesús mismo estuviese pidiéndole al Padre. Usted puede preguntar, ¿Cómo es posible esto? Déjeme explicarle.

Nosotros sabemos que Dios amó a su Hijo. El habló con Jesús y le enseñó mientras estuvo en la tierra. Y Dios no solamente escuchó sino también respondió a cada pedido que su Hijo le hizo. Jesús testificó sobre esto diciendo, “El siempre me escucha.” En otras palabras, el Padre nunca negó a su Hijo ninguna petición.

Hoy día, todos los que creen en Jesús están vestidos del Hijo de Dios. Y el Padre celestial nos recibe tan íntimamente como él recibe a su propio Hijo. ¿Por qué? Es por nuestra unión espiritual con Cristo. A través de su crucifixión y resurrección, Jesús nos ha hecho uno con el Padre. “Para que todos sean uno; como tú oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…Yo en ellos y tú en mí” (Juan 17:21-23).

Para ponerlo de una manera simple, ahora somos familia – somos uno con el Padre, y uno con el Hijo. Hemos sido adoptados, con todos los derechos de herencia que le pertenecen a un hijo. Esto significa que todo el poder y todos los recursos del cielo están a nuestra disposición, a través de Cristo.

Orar “en el nombre de Jesús” no es una fórmula. No es una frase que tiene poder simplemente pronunciándola. El poder está en creer que Jesús toma nuestra causa y la lleva al Padre en sus propios méritos. El es el Abogado – él está haciendo la petición por nosotros. El poder está en confiar plenamente que Dios nunca le niega nada a su propio Hijo, y que somos los beneficiados de la fidelidad total que el Padre tiene con el Hijo.