lunes, 28 de febrero de 2011

EL CAMINO A LA RENDICIÓN

Dios comienza el proceso de rendimiento a Él derribándonos de nuestro pedestal. Esto le sucedió a Pablo. Él estaba en camino hacia Damasco, seguro de sí mismo, cuando una luz cegadora vino del cielo. Pablo fue derribado al suelo, temblando. Luego una voz habló desde el cielo diciendo, “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4).

Pablo sabía que algo le faltaba a su vida. Pablo tenía un conocimiento de Dios, pero no tenía una revelación directa de parte de Él. Ahora de rodillas, él escuchó estas palabras del cielo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (9:5). Estas palabras volcaron el mundo de Pablo de arriba a abajo. Las Escrituras dicen, “Él [Pablo] temblando y temeroso, dijo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (9:6). La conversión de Pablo fue una obra increíble del Espíritu Santo.

Pablo estaba siendo guiado por el Espíritu Santo hacia una vida rendida a Dios. Pablo preguntó, “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”, y su corazón clamaba, “Jesús, ¿cómo puedo servirte? ¿Cómo puedo conocerte y complacerte? Nada me importa más. Todo lo que he hecho en mi carne es basura. Ahora tú eres todo para mí.”

Pablo no tenía ninguna otra ambición, ninguna otra fuerza dominante en su vida sino ésta: “Para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8). De acuerdo a las normas de éxito de hoy día, Pablo fue un fracaso total. Él no construyó ningún edificio. Él no tuvo una empresa. Y los métodos que él usó fueron rechazados por otros líderes. De hecho, el mensaje que Pablo predicó, ofendió a un gran número de las personas que lo escucharon. A veces, hasta lo apedrearon por predicarlo. ¿Cuál era el tema de su predicación? La cruz.

Cuando estemos delante de Dios en el juicio, no seremos juzgados por nuestros ministerios, logros o el número de convertidos. Sólo habrá una medida de éxito en aquél día: ¿Estaban nuestros corazones completamente rendidos a Dios? ¿Pusimos a un lado nuestra propia voluntad y planes, y aceptamos los de Dios? ¿Sucumbimos a la presión de otros para formar parte de la multitud o lo buscamos sólo a él para que nos diera dirección? ¿Corrimos de seminario en seminario buscando propósito para nuestras vidas o encontramos nuestra realización en él?

Yo sólo tengo una ambición y ésta es aprender más y más para decir sólo aquellas cosas que el Padre me dé. Nada de lo que yo diga o haga de mí mismo vale algo. Yo quiero poder proclamar, “Yo sé que mi Padre está en mí porque hago su voluntad.”

domingo, 27 de febrero de 2011

LA VIDA RENDIDA A ÉL

“Rendir.” ¿Qué le dice esta palabra? En términos literales, rendir significa “desprenderse de algo y entregárselo a otra persona.” También representa despojarse de algo que le ha sido otorgado a usted. Esto puede incluir sus posesiones, su poder, sus metas, y aún su vida.

Los cristianos hoy en día escuchan mucho acerca de la vida rendida a Dios. Pero, ¿qué significa eso con exactitud? Se refiere al acto de entregarle a Jesús la vida que él le ha otorgado a usted. Es renunciar al control, a sus derechos, poder, dirección, a todas las cosas que usted hace y dice. Es entregar su vida por completo a las manos de Jesús para que él haga como le plazca.

Jesús mismo vivió una vida rendida: “He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38). “Pero yo no busco mi gloria” (8:50). Jesús nunca hizo nada por sí mismo. Él no se movió ni habló ninguna palabra sin ser instruido por el Padre. “…nada hago por mí mismo, sino que, según me enseñó el Padre, así hablo…porque yo hago siempre lo que le agrada” (8:28-29).

El rendimiento completo de Jesús al Padre es un ejemplo de cómo debemos vivir. Usted podrá decir, “Jesús era Dios encarnado. Su vida ya estaba rendida antes de venir a la tierra.” Pero la vida rendida a Dios no se le impone a nadie, incluyendo a Jesús.

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar” (Juan 10:17-18).

Jesús nos estaba diciendo, “No se equivoquen. El acto de rendirme al Padre depende totalmente de mí. Yo escojo poner mi vida. Y no lo hago porque algún hombre dijo que lo haga.

Nadie está tomando mi vida de mí. Mi Padre me dio el derecho y privilegio de poner mi vida. Él también me dio la libertad de poder pasar esta copa y evitar la cruz. Pero yo elijo hacerlo por amor y porque me entrego totalmente a él.”

Nuestro Padre celestial nos ha dado a todos el mismo derecho: el privilegio de escoger una vida rendida a Él . Nadie es forzado a entregar su vida a Dios. El Señor no nos hace sacrificar nuestra voluntad y entregarle nuestra vida a él. Él libremente nos ofrece una Tierra Prometida, llena de leche, miel y fruta. Pero nosotros podemos elegir no entrar a ese lugar de abundancia.

La verdad es que nosotros podemos tener tanto de Cristo como queramos. Al vivir totalmente rendidos a su palabra y dirección podremos entablar una relación con él tan profunda como la anhelemos.

jueves, 24 de febrero de 2011

¡DIOS SE DELEITA EN USTED!

El Espíritu Santo le dio a David una revelación que es la clave para toda liberación. David pudo decir: "La razón por la cual Dios me libró de todos mis enemigos, de todos mis dolores y poderes del infierno, es porque soy preciado para Él. ¡Mi Dios se deleita en mí!", "Me sacó a lugar espacioso; Me libró, porque se agradó de mí" (Salmo 18:19). ¿Necesita usted liberación? ¿Liberación de lujuria, de tentación o de alguna prueba? ¿Liberación de un problema mental, espiritual, emocional o físico? La clave de su victoria se encuentra en este versículo. Dios se deleita en usted. ¡Usted es preciado para Dios!

En el libro Cantar de los Cantares, el Señor dice de su novia: ¡Cuán justa eres y cuán agradable, oh amor deleitoso! (Cantares 7:6). Tres de las palabras hebreas en este verso son sinónimos: justo, que significa "preciado"; agradable, que se refiera a algo "placentero", y deleitoso. Estas palabras describen los pensamientos de Jesús hacia su novia como Él la contempla. Él la mira y dice: "¡Qué hermosa, dulce y encantadora eres. Eres preciada para mí, Oh amor!". A su vez, la novia alardea: "Yo soy de mi amado y su deseo es hacia mí "(Cantar de los Cantares 7:10). El significado aquí es, "Él corre detrás de mí con deleite. Él me persigue porque soy muy preciada para Él". Estos mismos pensamientos se encuentran en los Salmos: "Se complace Jehová en los que le temen y en los que esperan en su misericordia "(Salmo 147:11). "El Señor tiene contentamiento en su pueblo; hermoseará a los humildes con la salvación" (Salmo 149:4).

Puedo tratar de convencerle del deleite de Dios en usted al decirle: "Es preciado para el Señor." Sin embargo, usted puede pensar: "Eso es dulce. Pero es solamente una idea maravillosa." No, esta verdad es mucho más que un pensamiento maravilloso. Es la misma clave de su liberación en todas las batallas que arden en su alma. Es el secreto para entrar en el reposo que Dios le ha prometido. Hasta que usted eche mano de esto, hasta que se convierta en un fundamento de verdad en su corazón, no será capaz de resistir las pruebas de la vida.

Isaías tuvo una revelación del gran deleite de Dios en nosotros. Él profetizó: "Oh Israel: No temas, porque yo te redimí, yo te he llamado por tu nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán: cuando pases
por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” (Isaías 43:1 - 2).

Isaías no estaba hablando de una inundación o de un incendio literal. Él estaba hablando acerca de lo que la gente pasa mental y espiritualmente. En ese momento Israel se encontraba en cautiverio, sus inundaciones fueron tribulaciones, los incendios fueron tentaciones, sus ríos fueron pruebas. Estos fueron todos los intentos de Satanás por destruir y aplastar al pueblo de Dios. Las palabras de Isaías fueron un mensaje de misericordia pura para Israel. La gente estaba en cautiverio a causa de su propia tontería y necedad. Pero Dios les envió un profeta quebrantado de corazón, que dijo: "Dios quiere que les diga que le pertenecen."

Ahora mismo, puede que usted este en medio de sus propias aguas turbulentas. Usted puede sentirse abrumado por una prueba o tentación que amenaza con consumirle. Sin embargo con base en estos ejemplos bíblicos, usted necesita comprender que el Señor no siempre calma las aguas; Él no siempre impide las inundaciones o apaga los incendios. No obstante, Él hace esta promesa: "Voy a caminar contigo en medio de todo. Esta prueba o circunstancia no te destruirá. Esto no te consumirá. Por lo tanto, sigue caminando. ¡Conmigo cerca de tí cruzarás al otro lado!"

miércoles, 23 de febrero de 2011

¿ESTAMOS PONIÉNDOLE LÍMITES AL PODER Y A LAS PROMESAS DE DIOS?

Creo que actualmente nosotros limitamos a Dios con nuestras dudas e incredulidad. La Escritura dice sobre Israel: " Si, ellos volvieron atrás, tentaron a Dios y limitaron al Santo de Israel" (Salmo 78:41). Israel se alejó de Dios por su incredulidad.

Le confiamos a Dios la mayoría de las áreas de nuestras vidas, pero nuestra fe siempre tiene fronteras y límites. Por lo menos, contamos con un área pequeña que bloqueamos y en la cual dudamos que Dios realmente vaya a actuar. Por ejemplo, muchos lectores han orado por la sanidad de mi esposa Gwen. Pero a menudo, cuando se trata de la salud de sus propios esposos, esposas, hijos o hijas, limitan a Dios.

Yo limito más a Dios en el área de la sanidad. He orado por la salud física de muchos y he visto a Dios realizar milagro tras milagro. Pero cuando se trata de mi propio cuerpo limito a Dios. Tengo miedo de dejarle ser Dios en mi. Tomo medicamento o corro a un médico antes de orar por mí mismo. No estoy diciendo que está mal ir al médico. Pero a veces encajo en la descripción de aquellos que "no buscaban al Señor, sino a los médicos" (2 Crónicas 16:12).

Le pregunto: ¿Ora a Dios para que sean derribadas las paredes en China o Cuba, pero cuando se trata de la salvación de su propia familia, usted no tiene una pizca de fe? Piensa usted: "Dios no quiere hacer esto. Mi ser querido es un caso difícil. Dios no parece oírme en este asunto.” Si esto es cierto, usted no lo está viendo como Dios. Usted está ignorando sus caminos. El deseo de Dios es "hacer mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros" (Efesios 3:20).

Dios me dijo: "David, has atado mis manos, me has encadenado. ¿Cómo puedo sanarte cuando realmente no crees que lo haré? Tu duda impide que yo sea Dios en ti. Y te digo que no me vas a conocer a menos que sepas que yo estoy más dispuesto a dar que lo que tú estás a recibir. "

Israel murmuró continuamente, "¿Puede Dios...?mClaro, Él hizo un camino para nosotros a través del Mar Rojo, pero ¿puede Él darnos pan?" Dios les dio pan. De hecho, extendió una mesa para ellos en el desierto. "Pero, ¿puede Él darnos agua?," se preguntó Israel. Y Él les dio agua de una roca. "Pero ¿puede Él darnos carne?" Él les dio la carne desde el cielo. "Pero ¿puede librarnos de nuestros enemigos?" Una y otra vez Dios proveyó y los libró en cada área. Sin embargo, el pueblo pasó cuarenta años diciendo: "¿Puede Dios...? ¿Puede Dios...?”

Amados, nosotros deberíamos decir: "¡Dios puede! ¡Dios puede!" ¡Él hizo y Él hará! Dios puede y Dios hará todo lo que le pidamos y creamos que es capaz de realizar.

martes, 22 de febrero de 2011

DIOS QUIERE ENSEÑARNOS A CONOCER SU VOZ

Quienes verdaderamente conocen a Dios han aprendido a reconocer su voz por encima de todas las demás. Él quiere que usted esté absolutamente convencido que Él desea hablarle y decirle cosas que usted nunca ha visto u oído antes.

No hace mucho tiempo, el Señor me mostró que yo todavía dudaba en reconocer su voz cuando ésta habla a mi alma. Yo sé que Él habla y que las ovejas necesitan conocer la voz de su Señor. Pero yo dudaba de mi capacidad para oírlo. Desperdiciaba todo mi tiempo "examinando" la voz que escuchaba. Y cuando era algo demasiado grande o demasiado misterioso para mí, pensaba, "Esto no puede ser Dios. Además, el diablo puede hablar también. La carne habla, espíritus mentirosos hablan." ¡Una multitud de voces vienen a nosotros todo el tiempo!... ¿Cómo puedo conocer la voz de Dios?

Creo que se requieren tres cosas de aquellos que desean escuchar la voz de Dios:

1. Usted debe tener una confianza inquebrantable en que Dios quiere hablarle. Debe estar plenamente persuadido y convencido de ello. De hecho, ¡Él es un Dios que habla! Él quiere que usted conozca Su voz para que pueda hacer Su voluntad. Lo que Dios le dice, no irá más allá de los límites de la Escritura. No tiene que ser “seleccionado” o tener un doctorado para entender la voz de Dios. Todo lo que necesita es un corazón que diga: "Yo creo que Dios quiere hablar conmigo."
2. Usted debe tener tiempo de calidad y de silencio. Tiene que estar dispuesto a pasar tiempo a solas con Dios y a callar cualquier otra voz que no sea la de Él. Es cierto que Dios nos habla todo el día, pero cada vez que Dios ha querido hacer algo en mi vida, su voz se ha hecho presente cuando me he encerrado con Él y he dejado afuera otras voces, con excepción de la suya.
3. Usted debe pedir con fe. No obtenemos nada de Dios (incluyendo oír su voz) a menos que realmente creamos que Él es capaz de expresarnos sus pensamientos y de brindarnos la habilidad para comprender Su perfecta voluntad para con nosotros.

Jesús dijo: "¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?" (Lucas 11:11-12). Es decir, "Si usted le pide a su Padre celestial una palabra, una dirección clara, una corrección divina, o una necesidad en particular, por un momento, ¿cree usted que Él permitirá que el diablo se entrometa y lo engañe?"

¡Dios no bromea! Él no permitirá que el diablo lo engañe. Cuando Dios habla, ¡su paz se manifiesta! Y Satanás no puede contrarrestar dicha paz. Si usted está en un lugar de reposo y en silencio, convencido que Dios puede hablarle, entonces usted tiene una certeza que nunca cambia. Puede volver a Dios una y mil veces y recibirá la misma palabra, porque esta es la verdad.

lunes, 21 de febrero de 2011

¿QUE TAN GRANDE ES SU CRISTO?

"Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré" (Juan 14:14). Mostramos la magnitud de nuestro Cristo por lo que pedimos en su nombre. Estamos hablando de pedir en grande y esperar grandes cosas. Manifestamos la grandeza de nuestro Cristo por la grandeza de nuestras súplicas. Tenemos tan poco de Cristo porque le pedimos tan poco.

Limitamos nuestras súplicas a las cosas materiales. Es cierto que debemos dejarle conocer nuestras necesidades. Pero pedir sólo por la alimentación y la vivienda es disminuir nuestra visión de su grandeza.

El reino de Dios es "gozo y paz en el Espíritu Santo." Servimos a un Cristo triunfante y estamos llamados a compartir su triunfo. ¿Tiene usted gozo y paz en el Espíritu Santo? ¿Usted va a su trono, pidiendo gozo y paz? ¿Le pide al Padre "en el nombre de Jesús"?

Cristo no triunfó para sí mismo. Lo hizo por usted y por mí. Por lo tanto, tomemos los beneficios de ello. ¿Pide usted ser más a la semejanza de Cristo? ¿Pide con fe, en nombre de Jesús, por las demás promesas de Hebreos?

Dios está esperando y deseando más peticiones. Pedir "en el nombre de Jesús" es una invitación a participar de la gran bondad de Dios guardada para los que creen y piden en gran medida. Pida hoy un espíritu de regocijo creciente, aún en sus mayores tiempos de dificultad.

¿Y qué acerca de una multitud de 5000 hambrientos en el Nuevo Testamento, cuando Jesús preguntó a sus discípulos lo que debían hacer? En otras palabras: “muéstrenme su plan para alimentarlos”. ¿Qué se puede hacer para enfrentar esta crisis? Jesús puso a prueba su fe.

Todo el tiempo, ¡Jesús tenía un plan! ¿Quién en esa multitud de personas podría haber concebido el plan de alimentarlos con cinco panes y dos peces?

Amado, Dios tiene un plan preconcebido para cada situación en su vida. Usted puede tratar de pensar de qué modo Dios podría resolver su crisis; pero la Palabra de Dios nos dice que la mente humana no puede concebir los caminos de Dios.

Dios no nos dirá cuál es su plan. Ni siquiera nos dará una pista. Él insiste en mantener nuestra fe en sus promesas, su majestad y en los milagros pasados a nuestro favor. Su Palabra para nosotros es: ¡Cree! Tu Dios tiene un camino preparado, y Él tiene el poder para cumplir su plan. A Él le encantaría correr la cortina y mostrarnos una lo que esta pasando en sus caminos invisibles, pero no puede.

La fe es la evidencia de lo que no se puede ver. No puede haber descanso para nosotros en nuestras pruebas de fuego hasta que estemos plenamente convencidos de que Dios está de pie y listo para hacer lo impensable, lo imposible. Nuestra parte es simplemente confiar que Él llevará a cabo lo que prometió.

domingo, 20 de febrero de 2011

DANDO SIEMPRE GRACIAS

"Dando siempre gracias por todo al Dios el Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo" (Efesios 5:20).

Este tema de dar gracias fue siempre muy importante en la teología de Pablo; él lo repite tres veces: (1) "hablando entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales" (2) "Cantando y alabando en su corazón al Señor", y (3) "dando siempre gracias por todo al Dios y el Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo "(Efesios 5: 19-20).

Sin fe no podemos hacer esto como se debe ¡Estamos bajo presión por tantos problemas y angustias! Y por supuesto, Dios no quiere que finjamos. Me parece que Pablo nos ha dado la clave de todo cuando nos dice, "... al Padre". El gran predicador Juan Calvino dijo que tal canto y acción de gracias es siempre fingido y una hipocresía a menos que estemos plenamente convencidos que Dios es nuestro Padre.

Nuestras bocas tiemblan a veces con profundo dolor por lo que no podemos cantar, no tenemos deseo de dar gracias. Horribles circunstancias quiebran nuestro espíritu. A veces, el corazón grita: "Señor, ¿realmente esperas que yo cante y componga melodía cuando estoy tan herido?" "Señor, estoy tan agobiado por las preocupaciones ¡apenas puede levantar la cabeza!" "Señor, es duro alabar y cantar himnos en mi corazón…hay demasiado temor, dolor y dudas. "

Sí, no es fácil responder a esta importante verdad. Dios no es severo con nosotros cuando estamos lastimados. Somos sus hijos. Pero estas palabras se nos dan para encontrar consuelo y alivio en esos momentos. Nos centramos tanto en las dificultades que perdemos más allá de nuestra canción; nos desviamos y vamos a la deriva cada vez más lejos de las promesas eternas de Dios. A pesar de todo lo que enfrentamos, nuestro Señor dice: "se siempre agradecido."

Llegamos a ser ingratos ignorando lo que Dios ha hecho en el pasado. Nos atragantamos de oraciones sólo por nosotros, nuestras necesidades, nuestras familias, no podemos levantar nuestros ojos al sufrimiento de otros que sufren más que nosotros.

Realmente, tengo una gran convicción sobre esta palabra de Pablo. Quiero enfrentar el mañana decidido a cantar a mi Señor y darle gracias durante el día entero, por todas las cosas, en todas las cosas. Puede ser una canción inaudible, ya que puede ser débil al principio, pero debe hacerse con poder, por la fe, o no será repetida tres veces.

Oh, si diez mil de aquellos que leen este mensaje se esforzaran en cantar conmigo… ¡Que gozo traeríamos al corazón del Padre! Entonces, podríamos seguir adelante, descansando en la verdad de que Dios ha escuchado el clamor, y que está trabajando en una solución, incluso ahora y cada día… así que podemos seguir dando gracias siempre y nunca dejar de cantar canciones de amor a nuestro precioso Señor y Salvador.

jueves, 17 de febrero de 2011

¿TODAVÍA CREES?

Recientemente tuve una experiencia insólita en mi tiempo de meditación con el Señor. Su voz susurrante me preguntó: "¿Todavía crees?"

"¿Crees que aún te amo incondicionalmente, que estás ahora siendo guiado por el Espíritu Santo; que yo guardo en mi redoma cada lágrima que estás derramando aquí mismo en este lugar, en esta misma hora, en la perfecta voluntad de Dios?

"¿Crees que todas las cosas siguen trabajando juntas para el bien de los que me aman, que escucho tus oraciones, aun cuando no tienes palabras audibles para expresarlas; cuando todo parece oscuro y abrumador, cuando el miedo se apodera de tu mente y alma y cuando parece que se han cerrado los cielos?

"David, ¿Todavía crees que doy de comer a todos los seres vivos: los peces del mar, el ganado, las aves y todos los reptiles? ¿Todavía crees que tengo contados todos los cabellos de tu cabeza y que tomo nota de todas las aves que han caído sobre la faz de la tierra? ¿De verdad lo crees?

"¿Todavía crees aun cuando llega la muerte a tus seres queridos? ¿Crees todavía lo que has testificado, que doy consuelo y fortaleza para enfrentar incluso la tumba? "¿Todavía crees que te amo y que perdono todos tus pecados pasados, tus pecados presentes y que voy a perdonar todos tus pecados futuros si descansas y confías en mí? ¿Crees que yo entiendo cuando Satanás envía a sus mensajeros en tu contra para implantar mentiras, dudas, blasfemias, miedos y desesperación?

"¿Todavía cree que estás en la palma de mi mano, que para tu Salvador eres más precioso que el oro; que la vida eterna es tu futuro, que no hay poder que te puede arrebatar de mi mano y que me conmuevo por cada enfermedad y aflicción que soportas? ¿Todavía crees que estas cosas son verdaderas?"

Mi respuesta es rotundamente ¡SÍ! Sí Señor, yo todavía creo todo esto y más, mucho más!

Lea todo el Salmo 103 y pregúntese: "¿Todavía lo creo? ¿Creo todo lo que dice?"

miércoles, 16 de febrero de 2011

NUESTRO PADRE CELESTIAL TIENE UN PLAN PARA USTED

Dios tiene un plan preconcebido para liberarnos de nuestras pruebas de fuego. No importa lo que esté pasando, Dios tiene un plan adaptado para cada dificultad. Es un plan que nunca podría ser concebido o imaginado por la mente humana.

Tomemos, por ejemplo, las pruebas de fuego de Israel en el desierto. No había pan, ni comida de ningún tipo. ¿Cuál comité, o cuál grupo de intercesión podría haber sugerido: "Vamos a orar para que mañana nos despertemos y descubramos comida de ángeles, copos blancos cubriendo el suelo y con sabor de la miel."

Dios tenía un plan, un milagro, un plan inconcebible... ¡Increíble!

Más tarde, no tenían agua. El desierto caliente les resecaba los labios. Humanamente hablando, no había manera de sobrevivir: Cientos de miles de personas llorando frente a una crisis de vida o muerte.

¿Quién podría haber imaginado cómo Dios los salvaría en ese día? ¿Quién podría haber sugerido a Moisés señalado a una gran roca: "Ve, golpéala entonces un río de agua saldrá de ella?”

Pero Dios tenía un plan concebido en su mente previo a su adversidad.

Lea lo sucedido en el Mar Rojo, con un mar impasible ante ellos, sin salida y el ejército de Faraón corriendo hacia ellos. ¡Imposibilidad! ¡Desesperanza!

¿No tenía Dios un plan desde el principio?

martes, 15 de febrero de 2011

UN MENSAJE PARA CREYENTES ABRUMADOS

Hablo ahora a aquellos creyentes que se ven abrumados por un cúmulo de aflicciones. El salmista David nos cuenta de su propio ser angustiado por problemas insoportables:
"Mi corazón está muy dolido en mi interior, todos los terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto "(Salmos 55:4-5).

Si busca en las Escrituras, usted no encontrará ningún hombre de Dios que hable tanto acerca de confiar en Dios como lo hizo David. Nadie habló más sobre la búsqueda y la espera en el Señor como fortaleza en tiempos de necesidad. Fue David quien declaró “no temeré… a pesar de que camine por el valle de la muerte”, porque el Señor estaba con él.

Pero cayeron sobre David una serie de tribulaciones profundas y dolorosas que sacudieron su fe. En uno de sus momentos más difíciles, cuando se encontraba sin esperanza, gritó, "¡Todos los hombres son mentirosos!" Él estaba hablando desde un corazón abrumado por gran pena y tristeza. Todas las palabras de consuelo y esperanza no se habían cumplido, todo parecía como una mentira.

David se encontraba bajo un ataque total a su fe. No estaba acusando a Dios de mentir, pero venían voces contra él desde todos los lados. David estaba desesperanzado. Él buscó una vía de escape "quien me diera alas como una paloma, yo volaría lejos de toda esta desesperación y encontrar un lugar de descanso."(Salmo 55:6)

Cuando hablo de estar abrumado, sé lo que digo. Mi hija Debi acaba de ser operada de cáncer. Mi nieto de 29 años de edad, Brandon, está recibiendo quimioterapia contra cáncer de categoría 4. David estaba en lo cierto: "Temor y temblor caen sobre nosotros".

¿Qué hace el hijo de Dios en momentos de insoportable estrés? Hacemos lo que hizo David.

"En cuanto a mí, voy a invocar a Dios, y el Señor me salvará. En la tarde, al amanecer y al mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz. El redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí, aunque muchos estén en mi contra"(Salmo 55:16-18).

Ore, deje todo aún lado y entre en la presencia del Señor. Incluso si lo hace en silencio, grite su dolor y pida que la paz llegue a usted. Tenemos que hacer algo más que confiar, debemos permanecer en la Palabra de Dios y clamar ante El las promesas que nos ha dado.

Mi familia y yo estamos caminando en fe y confiando en la fidelidad de Dios a su Palabra. ¡Dios es bueno!

lunes, 14 de febrero de 2011

FE ES UNA INVITACIÓN MÁS QUE UNA ORDEN

La fe es un mandato. Está escrito: "El justo por la fe vivirá." Sin fe es imposible agradar a Dios, y la Escritura añade: "pero si alguno se vuelve atrás, no será de mi agrado” (Hebreos 10:38).

Me estremezco cuando pienso en el terror y los peligros de la incredulidad. La incredulidad es un pozo de miedo, angustia y desánimo que no tiene fondo. Las consecuencias de la incredulidad son horrendas. Se inicia con temor a lo que no podemos ver. El miedo que nos inunda hoy nos llevará a otros dos más el día de mañana, luego tres, y luego los temores se convierten en un pozo sin fondo de angustia incontrolable y desesperación.

Cada vez más, veo que el miedo y la incredulidad terminan como desesperanza; esto conduce a un desierto de confusión y vacío. No es una opción, no es un pequeño problema con Dios. Se trata de una cuestión de vida o muerte. Esto llevará a estar temiendo por todo, presente o futuro. El miedo es un tormento.
Todos los hijos de Dios soportan aflicciones y problemas de diversa índole. Es desgarrador escuchar las cosas dolorosas que los justos están sufriendo ahora. Mi familia también está siendo duramente probada.
Algunos de las personas que enfrentan terribles y abrumadores sufrimientos físicos o espirituales se desaniman. Si usted está atravesando el fuego de refinación, tengo una palabra para usted.

LA FE TAMBIÉN ES UNA INVITACIÓN DE SER PARTICIPE DE LA GRAN BONDAD DEL SEÑOR.
Lo remito a una de las promesas más alentadoras en toda la Palabra de Dios. Permita que esta promesa penetre profundamente en su alma:
“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!
En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre;los pondrás en tu Tabernáculo a cubierto de lenguas contenciosas.” (Salmo 31:19-20).

Aquí está un gran estímulo para mantenerse firme en su fe. Aquí hay una promesa audaz y gloriosa. Dios dice: "Tu confías en mí delante de los hombres y yo voy a abrir mi almacén de gran bondad para verterlo sobre ti. Yo te esconderé en el secreto de mi presencia, no voy a permitir que la adversidad te aplaste".
Algunos pueden decir: "No debemos confiar en Dios por obtener su bondad." ¡No es así! Escrito está: "No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene una gran recompensa." (Hebreos 10:35). También escrito está: "el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que lo buscan." (Hebreos 11:6). Debemos creer que es galardonador. Las recompensas de la fe son bondades espirituales, tales como fortaleza, paz y calma en la tormenta.

Oh amado, Dios se alegra en nuestra fe. Él está atento para darnos esperanza y abrir nuestros ojos a su cuidado amoroso. Debemos tomar una decisión. Está en nuestro poder el elegir confiar en Dios en medio las pruebas actuales y futuras. Dependiendo de nuestra elección nos enfrentaremos al desierto de la desesperación o a la sonrisa de Dios y los cielos abiertos.

Dios nos ayude a todos a aferrarnos a la fe. ¡No se rinda! Estamos demasiado cerca de la meta final de la carrera.

"Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia, con cánticos de liberación me rodearás. Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar: Sobre ti fijaré mis ojos "(Salmo 32:7-8).

domingo, 13 de febrero de 2011

EL PELIGRO DE LA INCREDULIDAD

Dios ha incrustado en mí un temor por la incredulidad. Este temor es el resultado de escudriñar las Escrituras para ver ejemplos de las nefastas consecuencias de la incredulidad.

Doy gracias a Dios con todo mí ser por haberme revelado el daño y la ruina causados por la incredulidad. Nosotros los creyentes hemos tomado este asunto muy a la ligera, suponiendo que Dios pasa por alto las dudas de aquellos que están afrontando gran aflicción y tiempos difíciles.

Una vez pensé que el Señor debería dar cierta holgura a aquellos que afrontan situaciones aparentemente desesperanzadoras. Por ejemplo, los discípulos en medio de una tormenta en un barco que se hunde. Mi pensamiento era: "Señor, no son más que humanos. Ellos se vieron abrumados por todo. Parecía no haber esperanza. Fue simplemente una respuesta humana.” Sin embargo, Jesús reprendió su poca fe.

Sí, hay un tiempo para llorar, cuando Jesús susurra con cariño: "Adelante, llora, yo guardo en mi redoma cada una de tus lágrimas." Hay momentos de duelo, hay momentos en los que nos sentimos abrumados y exclamamos: "¿Señor, dónde estás? Servimos a un Padre amoroso que es tocado por nuestros sentimientos. Nuestra fe se eclipsa cuando permitimos que los temores nos abrumen.

No podemos permanecer en temor ni dar lugar a la duda. Debemos levantarnos y estar "confiados a la sombra de sus alas." Dios no tiene piedad de la incredulidad y toda la Escritura lo evidencia. Puede sonar duro, pero Dios no aceptará ninguna excusa; Él no concede otra opción que la fe.

El pueblo de Israel tuvo diez oportunidades de confiar en Dios en circunstancias extremas; toda la crisis fue obra del Señor. La consecuencia de su incredulidad fue cuarenta años de desesperanza, confusión y dolor. Ellos perdieron la bendición de Dios, y Él dijo que no podían entrar en una vida de descanso, paz e inmensa bondad de Dios a causa de su incredulidad. Y llamó Dios a la incredulidad maligna: "Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad" Hebreos 3:12).

La incredulidad es causada sobre todo por negar la Palabra de Dios. La fe es imposible sin el constante alimento de la Escritura y el aferrarse a sus promesas.

Yo elijo confiar en Dios. No quiero "mi cadáver muerto en un desierto" como les sucedió a los israelitas. Dios me dijo que "ciñe tus lomos ... hecha tus cargas sobre mí ... deja de mirar a las circunstancias ... no preguntes por qué nunca más. Aliméntate diario de mi Palabra ... memoriza las promesas. Ora con confianza ... cree con todo tu corazón que Dios te ama ... Él no te ha abandonado. Por una noche será el llanto… Por una noche durará el lloro pero gozo vendrá en la mañana.

Cualquier situación que usted esté atravesando, aun si esta caminando por el valle de sombra de muerte, Dios promete estar con usted. Hoy, levántese y decida empezar a confiar en El. Su incredulidad no cambia nada, pero la fe abre la puerta a la liberación.

“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!
En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre;
los pondrás en tu Tabernáculo a cubierto de lenguas contenciosas.” (Salmo 31:19-20).

jueves, 10 de febrero de 2011

PREPARADOS PARA CUALQUIER CRISIS

Cuando le golpea una crisis, usted no tiene tiempo para edificarse en oración y fe. Pero los que han estado con Jesús, están siempre listos.

Una pareja escribió recientemente a nuestro ministerio en un espíritu que revelaba que habían estado con Jesús. Su hija de 24 años había salido con una amiga, un hombre malo las secuestró y luego asesinó a la hija de la pareja de una manera espantosa.

Esta pareja estaba devastada. Sus amigos y vecinos se preguntaban, “¿cómo pueden unos padres sobrevivir a esta clase de tragedia?” Pero, en menos de una hora, el Espíritu Santo vino trayendo consuelo sobrenatural a esta pareja abatida. Por supuesto, en los dolorosos días siguientes, estos padres continuaban preguntándole a Dios por qué. Pero, continuaban experimentando un descanso y una paz divinos.

Todos los que les conocían estaban atónitos al ver su calma, pero la pareja estaba preparada para su momento de crisis. Ellos sabían que Dios nunca permitiría que nada les pasara sin tener un propósito determinado. Y cuando la noticia vino, ellos no se derrumbaron.

De hecho, estos padres y sus otros hijos comenzaron a orar por el asesino. Las personas del pueblo no podían aceptar esto. Pero la pareja devota habló y enseñó acerca de la habilidad de Dios para proveer fortaleza sin importar lo que se enfrente. La gente del pueblo reconoció que la fortaleza de esta familia venía sólo de Jesús. Pronto comenzaron a decir de ellos: “Son un milagro. Verdaderamente son personas de Jesús.”

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza” (Salmo 46:1-3).

miércoles, 9 de febrero de 2011

DIOS ESTÁ CON ELLOS

“Entonces viendo la valentía de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se admiraban; y les reconocían que habían estado con Jesús” (Hechos 4:13).

Vemos en Hechos 4 que mientras Pedro y Juan estaban de pie esperando que se pronunciara el juicio, el hombre que había sido curado estaba con ellos. Ahí, en carne y hueso, estaba la prueba de que Pedro y Juan habían estado con Jesús. Ahora, mientras los gobernadores de la sinagoga los miraban, “Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra” (Hechos 4:14).

¿Qué hicieron Pedro y Juan cuando fueron puestos en libertad? “Vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho” (4:23). Los santos en Jerusalén se regocijaron con los dos discípulos. Entonces oraron, “Y ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos que con toda valentía hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades, señales y prodigios mediante el nombre de tu santo hijo Jesús” (4:29-30). Ellos estaban orando, “Dios, gracias por la valentía que les has dado a nuestros hermanos. Pero sabemos que esto es sólo el comienzo. Por favor, mantennos valientes para hablar con seguridad santa y provee evidencia visible que tú estás con nosotros.”

Sin duda, Pedro y Juan habían visto la mirada de resignación en el rostro del sumo sacerdote cuando éste se dio cuenta que habían estado con Jesús. Pedro debió hacer un guiño a Juan para luego decirle: “¡Si tan solo supieran! Ellos sólo recuerdan que estuvimos con Jesús unas semanas atrás. Ellos no se dan cuenta que hemos estado con el Maestro resucitado todo este tiempo. No hace mucho estuvimos con él en el Aposento Alto. Luego, esta mañana estuvimos con él mientras orábamos en nuestra celda. Y tan pronto como salgamos de aquí, vamos a encontrarnos nuevamente con él.”

Eso es lo que sucede con hombres y mujeres que pasan tiempo con Jesús. Cuando salen de su tiempo de estar con Cristo, Él está con ellos dondequiera que vayan.

martes, 8 de febrero de 2011

VALENTÍA SANTA Y AUTORIDAD ESPIRITUAL

Mientras alguien permanece más con Jesús, se parece más a Cristo en pureza, santidad y amor. Como resultado, su caminar puro produce en él una gran valentía para Dios. Las Escrituras dicen, “Huye el malvado sin que nadie lo persiga, pero el justo está confiado como un león” (Proverbios 28:1). La palabra confiado en este verso significa “audaz, seguro.” Esa fue la valentía, la confianza que los gobernadores vieron en Pedro y en Juan mientras ellos ministraban (ver Hechos 4:1-2).

En el anterior capítulo (Hechos 3), Pedro y Juan oraron por un mendigo cojo que fue curado instantáneamente. Esta sanidad causó un gran revuelo en el templo; en un intento por impedir que los discípulos compartieran su fe en Cristo, los líderes religiosos los hicieron arrestar y los juzgaron públicamente.

Pedro y Juan fueron traídos ante los gobernadores de la sinagoga; aunque la Biblia no entra en muchos detalles sobre esta escena del capítulo 4 de Hechos, le aseguro que los líderes religiosos orquestaron el juicio con mucha pompa y ceremonia. Primero, los dignatarios tomaron sus asientos aterciopelados solemnemente. Luego, los familiares del sumo sacerdote entraron. Finalmente, en un momento de silencio lleno de anticipación, el sumo sacerdote vestido con su túnica entró pomposamente. Todos se inclinaron con reverencia mientras el sumo sacerdote pasaba caminando erguido hacia su asiento en el tribunal.

Todo esto tenía el propósito de intimidar a Pedro y a Juan. Pero los discípulos no se intimidaron. Ellos habían estado con Jesús bastante tiempo. Yo me imagino que Pedro pensaba, “Vamos, comencemos con esta reunión. Denme el púlpito y comenzaré. Yo tengo una palabra de Dios para esta reunión. Gracias Jesús por permitirme predicar tu nombre a estos que odian al Cristo.” Hechos 4:8 comienza con: “Entonces Pedro lleno del Espíritu Santo…” esto me dice que él no iba a dar un discurso. No iba a estar callado ni reservado. Pedro era un hombre poseído por Jesús, rebosando con el Espíritu Santo.

Los siervos de Dios están seguros en su identidad con Cristo. Y ellos se levantan confiados en la justicia de Jesús. Por consiguiente, no tienen nada que esconder; ellos pueden estar delante de cualquier persona con la conciencia limpia.

lunes, 7 de febrero de 2011

ESTOS HOMBRES HAN ESTADO CON JESÚS

En Hechos 3, encontramos a Pedro y a Juan yendo al templo a adorar. Afuera, en la puerta del templo, se encontraba sentado un mendigo cojo de nacimiento. Este hombre nunca había caminado ni un paso en su vida. Cuando él vio a Pedro y a Juan, les pidió una limosna. Pedro le respondió, “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy” (Hechos 3:6). Pedro oró por el pordiosero, diciendo, “En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (3:6). ¡En ese mismo instante, el hombre fue sanado! Lleno de felicidad, comenzó a correr en el templo, saltando y dando voces, “¡Jesús me sanó!”

Todos en el templo se maravillaron al ver esto porque reconocieron al hombre que había sido cojo. Pedro y Juan vieron que el pueblo concurría a ellos y comenzaron a predicar a Cristo. Miles se salvaron. Pero mientras Pedro y Juan predicaban, los gobernantes de la sinagoga “vinieron sobre ellos resentidos” (Hechos 4:1-2). Estos hombres importantes y poderosos les preguntaron a los discípulos, “¿Con qué potestad o en qué nombre habéis hecho vosotros esto?”(4:7). Pedro estaba lleno del Espíritu Santo. Él respondió a los gobernantes, “Su nombre es Jesucristo de Nazaret, al que vosotros crucificasteis hace tres semanas. Dios lo levantó de los muertos. Y ahora Él es el poder que sanó a este hombre. Nadie puede ser salvo por otro nombre. Vosotros estaréis perdidos si no invocáis el nombre de Cristo” (ver 4:10-12).

Los gobernadores se quedaron estupefactos. Las Escrituras dicen que “Se admiraban [de ellos]; y les reconocían que habían estado con Jesús” (4:13). La frase les reconocían viene de una palabra raíz que significa “conocido por una señal distintiva.”

¿Cuál era esta señal que distinguía a Pedro y a Juan? Era la presencia de Jesús. Ellos tenían la semejanza y Espíritu de Cristo mismo.

Aquellos que pasan tiempo con Jesús, no pueden cansarse de Él. Sus corazones continuamente claman para conocer mejor al Amo, para acercarse más a Él, para crecer en el conocimiento de sus caminos. Pablo declara, “A cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7; también ver Romanos 12:3). ¿Cuál es ésta medida de la cual habla Pablo? Significa una cantidad limitada. En otras palabras, todos hemos recibido cierta cantidad del conocimiento salvador de Cristo.

Algunos creyentes, ésta medida inicial es todo lo que desean. Quieren tener sólo lo suficiente de Jesús para escapar del juicio, para sentirse perdonados, para mantener una buena reputación, para soportar una hora de iglesia todos los domingos. Tales personas están en un “modo de mantenimiento”. Y le dan a Jesús sólo lo más mínimo.

Pablo deseaba lo siguiente para cada creyente: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas, a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos…hasta que todos lleguemos…al conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Así ya no seremos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que…emplean con astucia las artimañas del error; sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:11-15).

Pablo estaba diciendo, “Dios ha dado estos dones espirituales para que vosotros seáis llenados con el Espíritu de Cristo. Esto es crucial, porque engañadores vendrán para robaros vuestra fe. Si vosotros estáis arraigados en Cristo y madurando en Él, ninguna doctrina engañadora os hará extraviar. Pero la única manera de crecer en tal madurez, es querer más de Jesús.”

domingo, 6 de febrero de 2011

LA COMPAÑÍA JOSÉ

José tuvo la visión de que su vida sería poderosamente usada por Dios. Pero esa visión pareció ser sólo una ilusión cuando sus hermanos celosos lo vendieron como esclavo. Para José, los años siguientes estuvieron llenos de penalidades e injusticias. Entonces, cuando parecía que volvía a estar nuevamente de pié, José fue acusado falsamente de intento de violación y enviado a la cárcel.

Sin embargo, durante todo ese tiempo, Dios estaba cuidando la vida de José. Finalmente, después de años de confusión, José terminó sirviendo en la casa de Faraón. Eventualmente, el Faraón lo posesionó como gobernante de todo Egipto.

Amados, así es como Dios trabaja: Él estaba preparando un hombre para salvar un remanente. Ciertamente, en cada generación Dios levanta una “Compañía José”. Él lleva a estos siervos devotos a través de años de problemas y tribulaciones para probar y fortalecer su fe.

¿Qué significa esto? Las Escrituras dicen lo que José soportó: “Envió a un hombre delante de ellos; a José, que fue vendido como esclavo. Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona. Hasta la hora que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová le probó” (Salmo 105:17-19).

También hoy El Señor tiene una Compañía José, hombres y mujeres devotos a los cuales Él ha llamado y tocado. Ellos no buscan fama o fortuna, lo único que quieren es vivir y morir cumpliendo el llamado de Dios para ellos. El Señor ha prometido que sus vidas serán usadas para su Reino.

José dijo a sus hermanos, “Dios me envió delante de vosotros, para que podáis sobrevivir sobre la tierra, para daros vida por medio de una gran liberación. Así pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón, y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto” (Génesis 45:7-8).

José pudo mirar hacia atrás, a todos los años de sufrimiento, y testificar, “Dios me envió por este camino. Él tenía un propósito en hacerme pasar por todas estas dificultades. Ahora veo, que todo lo que he soportado ha sido para llegar a este momento. Hermanos, el Señor me ha estado preparando para ministrarlos a ustedes. Él ha orquestado todas estas cosas, para traerlos a ustedes bajo su gracia guardadora como lo hizo conmigo.”

¡Que increíble revelación para José! Pero, ¿Cuál es la lección para el pueblo de Dios hoy? Es esta: Nuestro Señor nos ha guardado en el pasado y nos guardará en los días venideros. Lo más importante es que Dios tiene un propósito eterno detrás de todo. Él lo ha guardado porque tiene un propósito para usted. Él ha preparado de antemano un trabajo divino para usted; sólo un creyente que ha sido probado, examinado y comprobado puede llevar a cabo ese trabajo.

Este no es tiempo para una fe tímida. Es el tiempo para que cada cristiano, que ha soportado grandes pruebas, se levante. Nuestro Capitán nos está llamando a ponernos de pié en medio de una sociedad temerosa y actuar en “poderosa fe”. Tenemos que hacer la declaración de José: “Dios me envió delante de vosotros…para daros vida por medio de una gran liberación” (Génesis 45:7).

jueves, 3 de febrero de 2011

GUARDADOS PARA UN PROPÓSITO

David oró, “Guárdame, Dios, porque en ti he confiado” (Salmo 16:1). La definición de la palabra guardar que emplea David en este versículo tiene un profundo significado en hebreo. Esencialmente quiere decir “Pon un cerco alrededor mío, una pared de espinas que me proteja. Guárdame y cuídame. Observa todos mis movimientos, mi entrar y mi salir.”

David creyó plenamente en que Dios guarda a los justos. Asimismo, las Escrituras dicen que David fue ayudado y cuidado en todos sus caminos. Este bendecido hombre declaró, “Por cierto no se adormecerá ni se dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador, Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal, él guardará tu alma” (Salmo 121:4-7).La misma palabra hebrea referente a guardar aparece también en este pasaje. Una vez más David está hablando del cerco divino de Dios, de su pared sobrenatural de protección. Él nos confirma, “Dios tiene su ojo sobre ti a dondequiera que vaya.”

Inclusive el Señor está con nosotros en todo lugar: en el trabajo, en la iglesia, cuando vamos de compras. Él está con nosotros en nuestros carros, en los autobuses, en los trenes subterráneos. Y mientras hacemos todas estas actividades, David dice, Dios nos guarda de todo mal. En suma, Dios tiene todo terreno a nuestro alrededor protegido. Él ha prometido derribar cualquier arma posible que sea forjada contra sus hijos.

Una y otra vez, nuestro Dios ha probado ser un guardador de su pueblo. Pero, ¿con qué propósito? ¿Por qué está tan empeñado el Señor en guardarnos? Encontramos una clave en las palabras de Moisés: “Jehová nos mandó que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días y para que nos conserve la vida, como hasta hoy” (Deuteronomio 6:24). Moisés dice que Dios le dió los mandamientos por una razón: para guardarlos y cuidarlos. Pero, ¿para qué? Por la misma razón que Dios quiere salvarnos y protegernos.

Piense en todas las maneras en que Dios guardó a Israel, su pueblo escogido. Él los guardó de las diez plagas en Egipto. Él los libró del ejército del faraón en el Mar Rojo y los sanó de las mordidas mortales de las serpientes en el desierto. Ante todo esto, su pueblo predicó a sus hijos y nietos del poder guardador de Dios:“El Señor nos libró de todos nuestros enemigos. Él nos dió comida y agua, y mantuvo nuestra vestimenta en buena condición. Él guardó a Israel en todo.”

¿Pero ese era todo el testimonio de Israel? ¿Fueron esas personas guardadas y protegidas para terminar muriéndose en el desierto? Moisés testificó, “Y nos sacó de allá para traernos y darnos la tierra que prometió a nuestros padres” (Deuteronomio 6:23). Moisés le estaba diciendo a Israel, “Observen todas las maneras milagrosas que Dios usó para sacarlos de la esclavitud. ¿Por qué creen que hizo todo eso? ¿Por qué creen que los eligió y los consideró especiales desde la fundación del mundo? ¿Por qué los libró de la esclavitud? ¿Por qué los bendijo cuando merecían ser abandonados?”

El Señor lo ha preservado a usted para poder llevarlo a un lugar. Él quiere lograr algo en su vida que va más allá de los milagros. El Señor guardó a los israelitas y les puso una muralla alrededor para un propósito específico: para llevarlos a un lugar donde serían usados. Él los estaba guiando a la Tierra Prometida, un lugar de destino.

miércoles, 2 de febrero de 2011

MANIPULADORES DE SERPIENTES

Usted no puede trabajar efectivamente para Cristo a no ser que esté dispuesto a enfrentar los riesgos que esto involucra. Jesús nos advirtió acerca del riesgo que existe de encontrarnos con serpientes.

Sostengo esta afirmación con gentileza, no obstante la Biblia dice que los impíos son como serpientes venenosas y que debemos ser personas dispuestas a manipularlas. Considero relevante que la Biblia llame a Satanás “la serpiente antigua” (Apocalipsis 12:9), y que Cristo prometa: “Tomarán en las manos serpientes…” (Marcos 16:18).

Jesús dijo, “Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar” (Lucas 14:23). Pero en Eclesiastés se nos advierte: “Al que aportillare el vallado, le morderá la serpiente” (10:8). Los vallados están llenos de serpientes, pero como pescadores de hombres se nos dice: “¿o si (te pide) pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿(Lucas 11:11).

A los ganadores de almas se les promete “…y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño…” (Marcos 16:18). Esto se refiere a si un misionero u otro creyente accidentalmente bebe veneno. Sin embargo, existe un mensaje más profundo escondido en las Escrituras. De igual manera que nosotros como cristianos bebemos de la sangre de Cristo – el río de vida, de su divino amor y belleza – inconscientemente también bebemos del veneno de este mundo cuando vamos a predicar el evangelio.

Nosotros absorbemos demasiado del espíritu de este mundo y permitimos que nuestras vidas espirituales tomen substancias mortíferas, que a menos que recibamos la protección del Espíritu Santo, no veo cómo un cristiano pueda ir al lugar donde se encuentran los pecadores. Inclusive resulta difícil que su espíritu no beba algunas de estas inmencionables substancias. Ahora, si usted bebe cualquier sustancia mortífera mientras va en busca de serpientes en el poder de Cristo, el veneno no le hará daño. Cuando el Señor comenzó a mostrarme esta verdad, yo regresaba a mi casa y oraba, y podía sentir el aliento del Espíritu Santo derramándose por todo mi ser. El veneno era consumido y yo podía pararme limpio y puro – sin daño.

martes, 1 de febrero de 2011

¿ES EL MORIR GANANCIA?

Pablo lo dijo: “El morir es ganancia” (Filipenses 1:21). Para el vocabulario espiritual moderno esta forma de hablar es insólita. Nos hemos convertido en tales adoradores de la vida que tenemos muy pocos deseos de partir con el Señor.

Pablo afirmó, “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Filipenses 1:23). Pero por el bien de edificar a los convertidos, Pablo pensó que era preferible“quedarse en la caparazón,” o como él lo dijo, “quedar en la carne”.

¿Era mórbido Pablo? ¿Tenía él una fijación no saludable con la muerte? ¿Mostró Pablo una falta de respeto por la vida con la que Dios lo había bendecido? ¡Absolutamente no! Pablo vivió su vida plenamente. Para él la vida era un regalo y él la había usado bien para pelear la buena batalla. Él había vencido el miedo al “aguijón de la muerte” y podía decir ahora, “Es mejor morir y estar con el Señor que quedarme en la carne.”

Aquellos que mueren estando en el Señor son los ganadores; nosotros, los que nos quedamos, somos los perdedores. ¡La muerte no es la sanidad final: la resurrección lo es! La muerte es un conducto y algunas veces éste puede ser doloroso. No importa cuánto dolor y sufrimiento inunden a nuestro cuerpo pues nada se compara con la gloria inexplicable que les espera a aquellos que soportan esta travesía.

Cualquier sermón sobre la muerte nos molesta. Es un tema que tratamos de ignorar e inclusive evitamos pensar en él. A las personas que hablan sobre la muerte las llegamos a considerar mórbidas. Ocasionalmente hablamos sobre cómo ha de ser el cielo, pero la mayoría del tiempo el asunto de la muerte es tabú.

¡Cuán diferentes eran los primeros cristianos! Pablo habló mucho sobre la muerte. De hecho, nuestra resurrección de la muerte es abordada en el Nuevo Testamento como nuestra “esperanza bienaventurada”. Sin embargo, hoy en día la muerte es considerada la intrusa que nos separa de la buena vida a la que nos hemos acostumbrado. Hemos llenado nuestras vidas con tantos objetos materiales que nos encontramos apegados a la vida terrenal y a lo que la rodea. El mundo nos ha atrapado con el materialismo. No podemos imaginar la idea de dejar nuestras hermosas casas, nuestras cosas amadas, nuestros amados conyuges. Pareciera que pensamos, “Morir resultaría en una gran pérdida. Yo amo al Señor pero necesito tener tiempo para disfrutar mis propiedades. Estoy casado. Tengo que probar mis “bueyes”. Necesito más tiempo.”

¿Ha notado que hoy en día se habla muy poco sobre el cielo o acerca de dejar este mundo? En lugar de esto, somos bombardeados con mensajes sobre cómo usar nuestra fe para adquirir más objetos materiales. ¡Qué concepto tan lejano de los propósitos eternos de Dios! Con razón hay muchos cristianos temerosos de la muerte. La verdad es que estamos lejos de entender el llamado de Cristo de dejar al mundo y a todas sus ataduras. Él nos llama a venir a él y morir, morir sin construir nuestros propios monumentos funerarios, morir sin preocuparnos cómo seremos recordados. Jesús no dejó ninguna autobiografía, ni oficinas corporativas, ni universidades o institutos bíblicos. Él no dejó nada que perpetuase su recuerdo, sólo el pan y el vino.