jueves, 31 de diciembre de 2009

RESIGNADO AL CUIDADO DE DIOS

Jesús dijo, ”…y en la tierra angustia de las gentes, confundidas…los hombres quedarán sin aliento por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán sobre la tierra, por que las potencias de los cielos serán conmovidas” (Lucas 21:25-26). Cristo nos está advirtiendo, “Sin esperanza en mí, ¡multitudes de personas literalmente se morirán de miedo!”

Para los seguidores de Jesús, sin embargo, aquellos quienes confían en las promesas de Dios quien promete preservar a sus hijos, existe una gloriosa liberación de todo miedo. Verdaderamente, todos los que están bajo la soberanía de Cristo no necesitan sentir miedo nunca más, si tan solo se apropian del siguiente secreto: la verdadera liberación del miedo consiste en resignar nuestra propia vida a las manos del Señor.

El resignar nuestras personas al cuidado de Dios, es un acto de fe. Significa ponernos completamente bajo su poder, sabiduría y misericordia, siendo guiados y preservados por su voluntad solamente. Si hacemos esto, el Dios del universo promete ser completamente responsable por nosotros, alimentarnos, vestirnos y cobijarnos, y de guardar nuestro corazón contra toda maldad.

Jesús proveyó el máximo ejemplo de esta clase de resignación santa cuando él fue a la cruz. Momentos antes de entregar su espíritu, él clamó a gran voz, “…Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46).

Cristo colocó literalmente, el conservar su derecho a su vida y su eterno futuro al cuidado del Padre. Y al haberlo hecho, él colocó las almas de cada una de sus ovejas en las manos del Padre.

Usted podría preguntarse, “¿Pero no dijo Jesús de que él tenía el poder para poner su vida y para volver a tomarla? (Ver Juan 10:18). Si él tenía el poder de “volver a tomar su vida”, ¿por qué la resignó a las manos del Padre para que fuera preservada?” La respuesta es obvia: ¡Jesús lo hizo para establecer un ejemplo para que sigan todas sus ovejas!

Si se nos ha pedido que le confiemos nuestra vida a alguien, entonces debemos de saber que este Alguien tiene el poder de guardarnos de todo peligro, amenazas y violencia. El apóstol Pablo escribe, “… yo sé a quién he creído y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquél día” (2 Timoteo 1:12).

miércoles, 30 de diciembre de 2009

EL DELEITE DE DIOS

Dios no solamente ama a su pueblo sino que se deleita en cada uno de nosotros: El encuentra gran placer en nosotros. El es realmente bendecido en guardarnos y en librarnos.

Yo veo esa clase de placer paternal en mi esposa Gwen, cuando uno de nuestros nietos llama por teléfono. Ella se ilumina como un árbol de Navidad cuando está hablando con uno de sus nietos. Nada puede apartarla del teléfono. Aún si le dijera que el Presidente de la nación está en la puerta de nuestra casa, ella no me haría caso y seguiría hablando.

¿Cómo podría yo alguna vez acusar a mi Padre celestial de deleitarse menos en mí de lo que yo me deleito en mi propia prole? A veces mis hijos me han fallado, haciendo cosas contrarias a las que les he enseñado. Pero ni una sola vez he dejado de amarlos o de deleitarme en ellos. Así que, si yo poseo esa clase de amor que permanece y soy un padre imperfecto, ¿cuánto más nuestro Padre celestial nos ama a nosotros sus hijos?

Josué y Caleb se pusieron de pié en medio de la congregación de Israel y clamaron, “Si el Señor se deleita en nosotros, él nos llevará a esta tierra y nos la entregará” (Números 14:8). Qué declaración tan simple y al mismo tiempo tan poderosa. Ellos estaban proclamando, “Nuestro Señor nos ama y se deleita en nosotros. Y él va a derrotar a cada gigante, por que él se deleita en hacerlo por nosotros. Así que no debemos de mirar a nuestros obstáculos. Debemos mantener nuestros ojos en el gran amor que el Señor tiene por nosotros”.

A través de todas las Escrituras leemos de que Dios se deleita en nosotros: “…Pero los perfectos de camino son su deleite” (Proverbios 11:20). “La oración de los rectos es su gozo” (Proverbios 15:8). “Me libró de mi poderoso enemigo…por que eran más fuerte que yo…me saco a lugar espacioso; me libró, por que se deleitó en mí” (Salmo 18:17-19).

Es absolutamente imperativo que nosotros creamos que Dios nos ama y que se deleita en nosotros. Entonces seremos capaces de aceptar que cada circunstancia en nuestra vida eventualmente nos demostrará la voluntad amorosa de nuestro Padre por nosotros. Emergeremos de nuestro desierto recostados sobre el amoroso brazo de Jesús. Y él cambiará nuestro lamento en baile.

martes, 29 de diciembre de 2009

CONQUISTANDO LAS TINIEBLAS

Solamente una cosa conquista y disipa las tinieblas, y esa cosa es la luz. Isaías declaró, “El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz” (Isaías 9:2). De igual manera, Juan escribió, “La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la dominaron” (Juan 1:5)

La luz representa entendimiento. Cuando decimos “Veo la luz”, estamos diciendo, “Ahora entiendo”. ¿Ve usted lo que las Escrituras están diciendo? El Señor va a abrir nuestros ojos, no para ver a un demonio victorioso, sino para recibir nueva revelación. Nuestro Dios ha enviado al Espíritu Santo, cuyo poder es más grande que todos los poderes del infierno: “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo”
(1 Juan 4:4).

En Apocalipsis leemos que el infierno arrojará langostas y escorpiones que tendrán gran poder. Leemos sobre un dragón, bestias, criaturas con cuernos, y también del Anticristo. Pero no entendemos el significado de todas esas criaturas. Es más, no necesitamos hacerlo. No necesitamos preocuparnos por el Anticristo ni por la marca de la bestia.

Dentro de nosotros está viviendo el Espíritu del Dios Todopoderoso y de su Cristo. Pablo declara que el poder del Espíritu Santo está trabajando en nosotros. En otras palabras, el Espíritu Santo está vivo en nosotros en este mismo momento.

Así que, ¿Cómo trabaja el Espíritu en nosotros durante los tiempos difíciles? Su poder es liberado solo cuando lo recibimos a él como nuestro llevador de cargas. El Espíritu Santo nos fue dado por esta razón en particular, para llevar nuestras penas y preocupaciones. Así que, ¿Cómo podemos decir que lo hemos recibido, si no le hemos entregado nuestras cargas a él?

El Espíritu Santo no está encerrado arriba en la gloria, sino que está permaneciendo en nosotros. Y él está ansiosamente esperando tomar control de cada situación en nuestras vidas, incluyendo nuestras aflicciones. Así que, si continuamos con miedo – desesperados, con incertidumbre, hundiéndonos en ansiedad – entonces no lo hemos recibido como nuestro consolador, ayudador, guía, rescatador y fortaleza.

El verdadero testigo para el mundo es el Cristiano quien ha entregado todas sus cargas al Espíritu Santo. Como los Tesalonicenses, este creyente ve problemas en su todo entorno, pero continúa teniendo la alegría del Señor. El confía en el Espíritu de Dios para su consuelo, y su guía para salir de la aflicción. Y él tiene un testimonio poderoso para el mundo perdido, por que él personifica la alegría a pesar de estar rodeado de tinieblas. Su vida le dice al mundo, “Esta persona ha visto la luz.”

lunes, 28 de diciembre de 2009

EL CUARTO SECRETO

“Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público” (Mateo 6:6).

En el pasado, yo he enseñado que debido a las demandas de trabajar para nuestro sustento, podíamos tener “un lugar secreto” de oración en cualquier lugar: en el carro, en el bus, durante un descanso en el trabajo. En realidad, esto es cierto. Pero hay más. La palabra Griega por “cuarto” en este verso significa “un cuarto privado, un lugar secreto”. Esto estaba claro para los que escucharon hablar a Jesús, por que en esa cultura sus casas tenían un cuarto escondido que servía como un armario para guardar cosas. El mandato de Jesús era que como individuos vayamos a ese cuarto escondido y cerremos la puerta detrás de nosotros. Allí podremos entrar en la clase de oración que no puede acontecer en la iglesia ni con un compañero de oración.

Jesús dio el ejemplo para esto, cuando él se retiraba a los lugares privados para orar. Una y otra vez las Escrituras nos dicen que él “se apartó” para tener tiempo de oración. Nadie tenía una vida tan ocupada como él, bajo la presión de las necesidades de tantas personas alrededor de él, y con tan poco tiempo para sí mismo. Aun así, se nos dice que “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35). “Después de despedir a la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mateo 14:23).

Todos nosotros tenemos excusas de por qué no oramos en un lugar especial, a solas. Decimos que no tenemos un lugar así, o que no tenemos tiempo para hacerlo. Un hombre de Dios, el escritor Puritano Thomas Manton dice lo siguiente: “Decimos que no tenemos tiempo para orar en secreto. Pero tenemos tiempo para todo lo demás: tiempo para comer, para beber, para nuestros hijos, pero no tenemos tiempo para lo que sostiene todas las cosas. Decimos que no tenemos un lugar privado, pero Jesús encontró una montaña, Pedro encontró una azotea, los profetas encontraron un desierto. Si usted ama a alguien, usted encontrará un lugar donde puedan estar a solas.”

¿Puede usted ver la importancia de afirmar su corazón para orar en un lugar secreto? No se trata de legalismos o ataduras, sino se trata de amor. Se trata de la bondad de Dios hacia nosotros. El ve lo que viene y sabe que necesitamos recursos tremendos, y que necesitamos ser llenados diariamente. Todo esto sucede en el lugar secreto con él.

domingo, 27 de diciembre de 2009

SENTADOS CON JESÚS

Según Pablo, nosotros los que creemos en Jesús, hemos sido resucitados de nuestra muerte espiritual y estamos sentados juntos con él en los lugares celestiales. “Aun estando nosotros muertos en pecados, [Dios] nos dio vida juntamente con Cristo… juntamente con él nos resucitó y así mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” Efesios 2:5-6).

¿Dónde está este lugar celestial donde estamos sentados con Jesús? No es otra cosa que el mismo lugar del trono de Dios – el trono de la gracia, la habitación del Todopoderoso. Dos versos más tarde nosotros leemos sobre cómo fuimos llevados a este lugar maravilloso: “Por que por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (2:8).

Este lugar del trono es la sede de todo el poder y dominio. Es el lugar donde Dios gobierna sobre todos los principados y poderes, y desde donde reina sobre los asuntos de los hombres. Aquí en la sala del trono, él monitorea cada movimiento de Satanás y examina cada pensamiento de los hombres.

Y Cristo está sentado a la diestra del Padre. Las Escrituras nos dicen, “Todas las cosas fueron hechas por él” (Juan 1:3). Y, “En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad” (Colosenses 2:9). En Jesús reside toda la sabiduría y paz, todo el poder y fortaleza, todo lo necesario para vivir una vida victoriosa y fructífera. Y se nos ha dado acceso a todas esas riquezas que están en Cristo.

Pablo nos está diciendo, “Tan seguramente así como Cristo fue resucitado de los muertos, hemos sido resucitados por el Padre. Y así de seguro como Cristo fue llevado al trono de la gloria, nosotros hemos sido llevados con él a ese mismo lugar glorioso. Porque nosotros estamos en él, es que estamos también donde él está. Ese es el privilegio de todos los creyentes. Significa que estamos sentados con él en el mismo lugar celestial donde él habita.”

Pablo dice que todas las bendiciones espirituales son otorgadas en la sala del trono. Todas las riquezas de Cristo están disponibles para nosotros allí: constancia, fortaleza, descanso, paz continua y en aumento. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3).

jueves, 24 de diciembre de 2009

LA RECUPERACIÓN DE FE

Yo le tengo una palabra especial a todos los que enfrentan imposibilidades: Una recuperación de fe depende de una revelación más plena del amor de nuestro Padre celestial hacia nosotros.

“Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos” (Sofonías 3:17). Aquí está una gloriosa revelación de la firmeza del amor de Dios por sus hijos. Las Escrituras nos dicen que él calla y se regocija en su amor por nosotros.

La palabra Hebrea que aquí se traduce como “callará”, significa que Dios no tiene ninguna duda o pregunta concerniente a su amor por nosotros. En otras palabras, él ha fijado, o asegurado su amor por nosotros, y él nunca lo quitará. De hecho, se nos dice que Dios está tan satisfecho en su amor por nosotros que él canta.

¿Puede usted imaginar eso? Esta es una manifestación celestial del deleite que Dios tiene por usted. El escritor John Owen interpreta este pasaje de la siguiente manera: “Dios brinca, con alegría exuberante.”

Aún más, Pablo nos dice que, todo lo que está fuera del orden divino – todo lo que es incredulidad y confusión – es cambiado cuando se aparece el amor de Dios. “Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres” (Tito 3:4).

En el verso anterior Pablo dice, “Porque también éramos nosotros necios en otro tiempo, rebeldes, extraviados” (3:3). En otras palabras: “Todo estaba fuera de orden. Nuestra fe no era vencedora. Pero la bondad y el amor de Dios aparecieron, los cuales Dios derramó abundantemente sobre nosotros a través de Cristo.”

Cuando Pablo dice que el amor de Dios “se manifestó”, él está usando una palabra que tiene su raíz Griega que significa “superponer”. En corto, el Señor nos miró y nos vio pobres, con almas en conflicto, llenos de temores y preguntas, y él superpuso esta revelación: “Mi amor te librará. Descansa y deléitate en mi amor por ti.”

Yo agradezco a Dios por el día en que su amor “se manifestó” a mí. No hay fe que pueda permanecer ante las imposibilidades a no ser que todo – cada problema, cada aflicción – sea entregado al cuidado amoroso de nuestro Padre. Cuando mis situaciones están en su peor momento, yo debo descansar en una simple fe.

martes, 22 de diciembre de 2009

CUANDO ENCARAMOS LAS IMPOSIBILIDADES

“Y (Abraham) no se enflaqueció en la fe, ni consideró su cuerpo ya muerto (siendo ya de casi cien años), ni la matriz muerta de Sara” (Romanos 4:19 Reina Valera Antigua).

La esencia de la verdadera fe se encuentra en este verso. Dios le acaba de prometer a Abraham que tendría un hijo, el cual sería la semilla de muchas naciones. Asombrosamente, Abraham no se turbó al recibir esta promesa, aún sabiendo que ya había pasado la edad de procrear hijos. En lugar de eso, cuando Abraham recibió esta palabra de Dios, la Palabra nos dice que “no consideró su cuerpo como muerto (ni)… la matriz muerta de Sara”.

Para la mente natural, era imposible que esa promesa se cumpliera. Pero Abraham no se resguardó en ninguna de esas imposibilidades. Según Pablo, el patriarca no se preocupó en cómo Dios haría para mantener su promesa. Él no razonó con Dios, “Pero Señor, no tengo semillas para plantar. Y Sara no tiene vida en su matriz para poder concebir. Mi esposa ya no tiene la habilidad de tener hijos. Así que, ¿cómo lo harás Señor?” En lugar de entretener esas preguntas, Abraham simplemente “no consideró”.

El hecho es que, cuando Dios está trabajando produciendo una fe que es probada y que es mejor que el oro, primero, él pone una sentencia de muerte a todos los recursos humanos. Él cierra la puerta a todo razonamiento humano, dejando a un lado cada manera de liberación racional.

La fe que agrada a Dios nace en un lugar de mortandad. Estoy hablando aquí de la mortandad de todas las posibilidades humanas. Es un lugar donde los planes hechos por los hombres florecen al principio pero luego mueren. Es un lugar donde las esperanzas humanas traen un alivio temporal pero luego se derrumban, aumentando al sentimiento de desesperación.

¿Ha estado usted en ese lugar de mortandad? ¿Le ha parecido que ya no habían opciones? Usted ahí no puede llamar a nadie para que lo aconseje. Los cielos parecen ser de bronce cuando ora, y sus peticiones caen al suelo.

Yo le declaro a usted que, ése es Dios trabajando. Su Espíritu está trabajando para que usted deje de considerar las imposibilidades – para que deje de mirar a las maneras y recursos humanos – para que deje de usar su astucia para salir de su situación. El Espíritu Santo le está animando urgentemente, “Deja de buscar la ayuda de algún hombre. Y deja de enfocarte en cuán desesperante crees que es tu situación. Esos son estorbos para tu fe.”

lunes, 21 de diciembre de 2009

PROMESAS FAVORITAS DE LA BIBLIA

Estas son algunas de mis promesas favoritas de la Biblia – promesas que he subrayado en mi Biblia las cuales me han bendecido a través de los años. Confíe en ellas. Léalas una y otra vez. Son para usted:

  • · “No temas, pues no serás confundida; no te avergüences, porque no serás afrentada, sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria” (Isaías 54:4).

  • · “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y tú condenarás toda lengua que se levante contra ti en el juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová: su salvación de mí vendrá, dice Jehová” (Isaías 54:17).

  • · “¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en tu Tabernáculo a cubierto de lenguas contenciosas” (Salmo 31:19-20).

  • · “Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás. Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Salmo 32:7-8).

  • · “Deléitate asimismo en Jehová y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, confía en él y él hará” (Salmo 37:4-5).

  • · “Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida y de nuevo me levantarás desde los abismos de la tierra” (Salmo 71:20-21)

domingo, 20 de diciembre de 2009

EL AMOR DE DIOS NUNCA FALLA

Cuando David escribió las palabras del Salmo 13, él preguntó, “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo tendré conflictos en mi alma, con angustias en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?”

Parecería como que David pensaba que Dios lo había abandonado completamente a que sufriese y a que despertase cada mañana con una nube negra sobre su vida. Por un tiempo, David habló con desesperación: “Dios, ¿continuará este sentimiento de aislamiento para siempre? ¿Cuándo serán contestadas mis oraciones?”

Amados, cuando los problemas nos asaltan y aunque sabemos que amamos al Señor – cuando parece que no hay esperanza – nos hundimos bajo la presión. Ahora mismo, algunas personas que leen estas palabras están hundidas bajo la terrible presión de una situación que parece imposible de resolver. Están al borde de una desesperación total, deseando que una calma venga aunque fuera sólo para darle un pequeño descanso de sus problemas

David pregunta, “¿Hasta cuándo tendré conflictos en mi alma…?” Aquí él habla de elaborar un plan tras el otro, tratando planear maneras de salir de sus problemas – pero todos los planes, todos los preparativos fallaron. Ahora él ya no tiene más soluciones, no le quedan ideas. Él había llegado al final de todo.

¿Cómo se levantó David de este pozo de desesperación? “Mas yo en tu misericordia he confiado… Cantaré…”

Permítame compartir con usted varias razones para continuar confiando mientras atraviesa las pruebas por la que está pasando: No importa cuán furiosa sea la tormenta, nuestro precioso Señor continuará alimentando a las aves del cielo, vistiendo a los lirios del campo y proveyendo de todas sus necesidades diarias a un océano lleno de peces. “Vuestro Padre celestial las alimenta…” Ningún ave cae al suelo sin que el ojo de vuestro Padre esté sobre ella.

¿Qué clase de Padre alimentaría a todas las criaturas de la tierra pero descuidaría a sus hijos? Jesús nos exhortó a “no angustiarnos” sobre las necesidades y los problemas diarios, “porque El cuida de vosotros.”

Verdaderamente el Señor lo ama a usted, y no pondrá un oído sordo a su clamor. Agárrese de él, continúe hacia adelante, espere pacientemente. Él nunca le fallará.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

DELEITATE EN EL SEÑOR

Nuestra paz y contentamiento siempre dependen de nuestra rendición a las manos del Señor, sin importar nuestras circunstancias. El salmista escribió: “Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmos 37:4).


Si usted se ha rendido totalmente a las manos de Dios, entonces es capaz de soportar cualquiera y todas las pruebas. El deseo de su Padre es que sea capaz de manejar su vida diaria sin miedo ni ansiedad, confiando totalmente en su cuidado. Y su entrega a Él tiene un efecto muy practico en su vida. Mientras más entregado esté al cuidado de Dios, más indiferente será a las condiciones de su alrededor.


Si está rendido a Él, no estará intentando constantemente descifrar el siguiente paso. No estará asustado por las noticias espantosas alrededor suyo. No estará abrumado pensando en los días venideros porque ha confiado su vida, su familia y su futuro a las manos seguras y amorosas de su Señor.


¿Cuán preocupadas cree que están las ovejas cuando siguen a su pastor? No están preocupadas para nada, porque están totalmente entregadas a su dirección. Así mismo, nosotros somos las ovejas de Cristo, quien es nuestro Pastor. Así que, ¿por qué deberíamos preocuparnos o inquietarnos acerca de nuestras vidas y de nuestro futuro? Él sabe perfectamente cómo proteger y preservar su rebaño ¡porque Él nos guía en amor!


En mi propia vida, he tenido que aprender a confiar a Dios un problema a la vez. Piense en ello: ¿Cómo puedo decir que confío en Dios en todo, si no he podido probar que puedo confiar en Él en una sola cosa? En resumen, decir: “Confío en el Señor completamente” no es suficiente. Tengo que probar una y otra vez esto en mi vida, en muchas áreas y en las cosas diarias.


Muchas personas han dicho: “Me rindo, me comprometo, confío”, sólo después de haber visto que no hay otra salida para su situación. Pero la verdadera rendición, la que le agrada al Señor, es hecha libre y voluntariamente, antes de llegar al final de nuestro problema. Debemos actuar en común acuerdo con el Señor, como Abraham lo hizo, dándole a Dios su vida como un cheque en blanco, y dejando que el Señor la llene completamente.

martes, 15 de diciembre de 2009

ORACION EN TIEMPO DE ANGUSTIA

En tiempos peligrosos como éstos, ¿no tiene la iglesia poder para hacer algo? ¿Nos sentaremos a esperar que Cristo regrese? O, ¿somos llamados a tomar medidas drásticas de algún tipo? Cuando todo el mundo a nuestro alrededor está temblando, con los corazones de los hombres llenos de miedo, ¿somos llamados a tomar las armas espirituales y batallar contra el adversario?


El profeta Joel vio que se acercaba un día similar a Israel, uno de “densa oscuridad y tristeza”. Según Joel, el día de oscuridad que se aproximaba a Israel sería como nunca se había visto en su historia. El profeta clamó: “¡Ay del día! porque cercano está el día de Jehová, y vendrá como destrucción por el Todopoderoso” (Joel 1:15).


¿Cuál fue el consejo de Joel para Israel en aquella hora oscura? El trajo esta palabra: “Por eso…dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. ¿Quién sabe si volverá y se arrepentirá y dejará bendición tras de él?” (Joel 2:12-14).


Mientras leo este pasaje, dos palabras me golpean fuertemente: “ahora - pues” Mientras la densa oscuridad caía sobre Israel, Dios se llamaba a su pueblo: “Por eso pues, ahora, a la hora de mi venganza, cuando me expulsaron de su sociedad, cuando la misericordia parece imposible, cuando la humanidad se ha burlado de mis advertencias, cuando el miedo y la tristeza cubren la tierra, ahora pues, les insto a que vuelvan a mí. Soy tardo para la ira, y soy conocido por retener mis juicios por una temporada, como hice con Josías. Mi pueblo puede orar y rogar por mi misericordia. Pero el mundo no se arrepentirá si dicen que no hay misericordia.


¿Ve usted el mensaje de Dios para nosotros en esto? Como su pueblo, podemos unirnos en oración y Él nos oirá. Podemos hacerle peticiones y saber que Él contestará las oraciones sinceras, eficaces y fervientes de sus santos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

TEMOR Y MIEDO

Los profetas nos advirtieron que cuando vemos a Dios sacudiendo a las naciones, y tiempos peligrosos nos acontecen, nuestra naturaleza temerá en gran manera. Ezequiel preguntó: “¿Estará firme tu corazón? ¿Serán fuertes tus manos en los días en que yo proceda contra ti?” (Ezequiel 22:14).


Cuando Dios advirtió a Noé de su juicio venidero y le dijo que construya un arca, Noé, “con temor preparó el arca” (Hebreos 11:7). Aun osado y valiente, David dijo: “Mi carne se ha estremecido por temor de ti, y de tus juicios tengo miedo” (Salmos 119:120). Y cuando el profeta Habacuc vio que vendrían días desastrosos, clamó diciendo: “Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí; si bien estaré quieto en el día de la angustia” (Habacuc 3:16).


Por favor, fíjese lo que dicen estos pasajes: El temor que vino sobre estos hombres de Dios, no fue carnal, sino un temor reverente hacia Dios. Estos santos no tenían miedo al enemigo de sus almas, pero si temían a los juicios justos de Dios. Y es porque ellos entendían el poder asombroso detrás de estas calamidades venideras. No temían al resultado de la tormenta, ¡sino a la santidad de Dios!


Así mismo, cada uno de nosotros experimentará un temor abrumador en los tiempos venideros de destrucción y desastres. Pero nuestro temor debe venir de una reverencia santa hacia el Señor, y nunca de una ansiedad carnal sobre nuestro destino. Dios mira de lejos todo miedo pecaminoso en nosotros, el miedo de perder cosas materiales, riquezas o nuestro estándar de vida.


Por todo el mundo hay gente llena de esta clase de temor, mientras ven a la economía de sus naciones deteriorarse. Tienen miedo de que una inundación económica arrase con todo aquello por lo que han trabajado durante toda su vida. Así es el llanto de los inconversos que no tienen esperanza. Este no debería ser el llanto de los creyentes. Verdaderamente, si usted es un hijo de Dios, su Padre celestial no soportará tal incredulidad en usted. Isaías advirtió: “¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno? Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor...y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige...” (Isaías 51:12-13). “A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.” (8:13).


Que Dios sea su temor y su miedo. Esa clase de temor que lo lleva no a la muerte sino a la vida.

domingo, 13 de diciembre de 2009

EN TIEMPO DE NECESIDAD

Considere una de las promesas más poderosas de toda la Palabra de Dios:


Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque…tiemblen los montes a causa de su braveza. Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana. Bramaron las naciones, titubearon los reinos; dio él su voz, se derritió la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob…que hace cesar las guerras” (Salmos 46:1-7, 9).


¡Qué maravillosa palabra! He leído este pasaje vez tras vez, docenas de veces, y me sigue dejando anonadado. La Palabra de Dios para nosotros acá, es tan poderosa tan inconmovible, que nos dice: “Nunca más tendrás que temer. No importa si el mundo entero esté en pánico. La Tierra puede temblar, los océanos pueden levantarse, las montañas pueden desmoronarse hacia el mar. Las cosas pueden entrar en un caos total, puede haber un alboroto completo alrededor tuyo. Pero a causa de mi Palabra, tendrás paz como un río. Mientras todas las naciones están enardecidas, poderosas corrientes de gozo brotarán hacia mi pueblo, llenando sus corazones de alegría”.


Ahora mismo, el mundo entero atraviesa un tiempo aterrador. Las naciones tiemblan por el terrorismo, sabiendo que no existe región alguna que esté libre de amenazas. Los problemas y los sufrimientos personales se multiplican. Pero, en medio de todo, el Salmo 46 declara al pueblo de Dios en todo el mundo: “Yo estoy en medio tuyo. Yo estoy contigo, a través de todo esto. Mi pueblo no será destruido o sacudido. Voy a ser una ayuda siempre presente para mi iglesia”.


Dios sabe que todos enfrentamos necesidades profundas; todos nos topamos con presión, tentaciones, tiempos de confusión que hacen que nuestras almas tiemblen. Su mensaje para nosotros, en el Salmo 46 es justamente para tiempos así. Está diciendo que si nosotros nos entregamos al miedo, dejándonos derribar o llenándonos de desesperación, estaremos viviendo absolutamente en contra de su realidad en nuestras vidas.


Es vital que usted entienda lo que el Señor nos está hablando en este Salmo. Nuestro Dios está disponible para nosotros en cualquier momento, día o noche. Él está continuamente a nuestra mano derecha, dispuesto a hablarnos y guiarnos. Y Él ha hecho esto posible al darnos su Espíritu Santo para que habite en nosotros. La Biblia nos dice que Cristo mismo está en nosotros, y nosotros estamos en Él.

jueves, 10 de diciembre de 2009

EL CUERPO DE CRISTO

El apóstol Pablo nos instruye: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 Corintios 12:27). Luego dice más específicamente: “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros…son un solo cuerpo, así también Cristo” (12:12).


Pablo nos está diciendo: “Échale una mirada a tu propio cuerpo. Tienes manos, pies, ojos, orejas. No eres tan sólo un cerebro aislado, desligado de los demás miembros. Bueno, de la misma manera es con Cristo. Él no es tan sólo la cabeza. Él tiene un cuerpo, y nosotros somos sus miembros”.


El apóstol Pablo recalca: “así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros” (Romanos 12:5). En otras palabras, no sólo estamos conectados con Jesús, nuestra cabeza. También estamos unidos a los demás. El hecho es, que no podemos estar conectados con Él, sin estar, al mismo tiempo, conectados con nuestros hermanos y hermanas en Cristo.


Pablo lleva este punto a su origen, al decir: “El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:16-17). Dicho de una manera simple, todos somos alimentados por el mismo alimento: Cristo, el maná del cielo. “Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” (Juan 6:33).


A menudo, Jesús hablaba con sus discípulos en parábolas y cada parábola contenía una verdad escondida de Dios. Estos secretos fueron compartidos por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo desde antes de la creación: “Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo” (Mateo 13:35). Jesús testifica que estas verdades ocultas son reveladas solamente a aquéllos que se dan el tiempo para buscarlas.


Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida… Yo soy el pan vivo que descendió del cielo… El que me come, él también vivirá por mí” (Juan 6:35, 51, 57). Acá, la imagen del pan es importante. Nuestro Señor nos está diciendo: “Si vienen a mí, serán nutridos. Estarán unidos a mí, como miembros de mi cuerpo. Por lo tanto, recibirán fuerza del torrente de vida que está en mí”. En verdad, cada miembro de su cuerpo recibe fuerza de una sola fuente: Cristo, la cabeza. Todo lo que necesitamos para llevar una vida victoriosa fluye hacia nosotros, de Él.


Este pan es lo que nos distingue como miembros de su cuerpo. Somos apartados del resto de la humanidad porque participamos de un mismo pan: Jesucristo. “Todos participamos de aquel mismo pan” (1 Corintios 10:17).

miércoles, 9 de diciembre de 2009

LA TIERRA PROMETIDA

Creo que el Salmo 46 es una figura de la “Tierra Prometida” del Nuevo Testamento. De hecho, el Salmo 46 representa el reposo divino al que se refiere Hebreos: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios” (Hebreos 4:9). Este Salmo describe el reposo del pueblo de Dios. Habla de su fuerza siempre presente, su ayuda en el tiempo de la necesidad, su paz en medio del caos. La presencia de Dios está con nosotros en todo momento, y su ayuda siempre llega a tiempo.


Israel rechazó este reposo: “Pero aborrecieron la tierra deseable; no creyeron a su palabra” (Salmo 106:24). Tristemente, la iglesia de hoy se parece a Israel. A pesar de las grandes promesas de Dios para con nosotros, su seguridad de paz, ayuda y provisión completa, no confiamos plenamente en Él. Al contrario, nos quejamos: “¿Dónde está Dios en mis pruebas? ¿Está conmigo o no? ¿Dónde hay alguna evidencia de su presencia? ¿Por qué sigue permitiendo que estas tribulaciones se acumulen sobre mí?”


Hoy, escucho al Señor preguntándole a su iglesia: “¿Crees que todavía le hablo a mi pueblo? ¿Crees que anhelo darte mi ayuda y dirección? ¿Realmente crees que yo quiero hablar contigo diariamente, a cada hora, momento tras momento?” Nuestra respuesta debe ser como la de David. Ese hombre de Dios sacudió el infierno cuando hizo la siguiente declaración respecto al Señor: “Porque él dijo, y fue hecho; el mandó, y existió” (Salmos 33:9).


Vemos acá, la promesa de Dios para cada generación de los que creen su Palabra, que Él desea hablarnos: “El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones” (Salmos 33:11). ¡El Creador del universo quiere compartir sus pensamientos con nosotros!


La Escritura es clara, al decir: “Nuestro Dios habló a su pueblo en el pasado, está hablando a su pueblo ahora, y continuará hablándonos hasta el fin de los tiempos. Algo aun más grande: Dios quiere hablarle a usted acerca de su problema presente. Quizás lo haga a través de su Palabra, a través de un amigo piadoso o a través de un Espíritu quieto, una suave voz, un susurro: “Este es el camino, anda en él”.


No importa los medios que Él utilice, usted reconocerá su voz. Las ovejas conocen la voz de su Pastor. Y Él es fiel porque: “El guarda (preserva) las almas de sus santos; de mano de los impíos los libra” (Salmos 97:10).

martes, 8 de diciembre de 2009

SEÑOR JESÚS, ¡VEN RÁPIDO, VEN PRONTO!

En Apocalipsis, Jesús anuncia: “¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro” (Apocalipsis 22:7). Cinco versículos después, Cristo dice: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (22:12).


Acá tenemos el clamor de todo aquél que anhela expectantemente el regreso de Jesús: “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven” (22:17). Esto se refiere a la novia de Cristo, compuesta por un cuerpo global de creyentes bajo su señorío. Todos estos siervos son creyentes nacidos de nuevo, lavados con sangre.


Usted preguntará: “Entiendo que este es el clamor del corazón del creyente, pero ¿por qué clamaría también el Espíritu Santo: “Ven”, a Jesús?” Es porque ésta fue la última oración del Espíritu Santo, sabiendo que su obra en la Tierra estaba casi completa. Tal como Pablo o Pedro, a quienes se les dijo que quedaba poco tiempo, así también, el Espíritu clama: “Ven, Señor Jesús”.


Así que, ¿dónde oímos hoy, este clamor del Espíritu Santo? Viene a través de aquéllos que están sentados juntamente con Cristo en los lugares celestiales, que viven y andan en el Espíritu, cuyos cuerpos son templos del Espíritu Santo. El Espíritu clama en ellos y a través de ellos: “¡Apresúrate, Señor, ven!”


¿Cuándo fue la última vez que usted oró: “Señor Jesús, ven rápido, ven pronto”? Personalmente, no recuerdo haber hecho esta oración. Nunca supe que podía apresurar la venida de Cristo, el dejar al Espíritu Santo hacer esta oración a través mío. Sin embargo, Pedro nos demuestra esta verdad increíble: “Esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán” (2 Pedro 3:12). En el griego, la frase: “apresurándoos…la venida del día (aquel día)” significa: “acelerar, urgir”. Pedro está diciendo que nuestras oraciones expectantes aceleran y apresuran, poniendo en el Padre, la urgencia de enviar pronto de regreso a su Hijo.


La misericordiosa paciencia del Señor determina el tiempo de su retorno. Entonces, ¿significa esto que no debemos orar por su regreso? No, en lo absoluto. Cristo mismo nos dice: “Porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá. Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días” (Marcos 13:19-20). Imagínese lo que sucedería si, en todo el mundo, la novia de Cristo se despertara y orara en el Espíritu: “Jesús, ven”.