jueves, 30 de julio de 2009

¡INSTRUCCIONES DETALLADAS Y DECISIONES CLARAS!

El propósito de Dios para cada uno de sus hijos que nos rindamos a gobierno y autoridad del Espíritu Santo.

“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25). En otras palabras: “Si Él vive en ti, ¡déjalo dirigirte!”

Quiero mostrarles lo que significa caminar en el Espíritu. Yo aún no he llegado a este glorioso caminar, pero, ¡estoy ganando terreno!

Hemos oído la expresión “andar en el Espíritu” durante toda nuestras vidas, pero ¿qué significa en realidad? Creo que el capítulo 16 de Los Hechos es uno de los mejores ejemplos de lo que quiere decir andar en el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo provee de instrucciones detalladas, absolutas y claras a aquéllos que andan en él. Si usted anda en el Espíritu, entonces no anda en confusión, sus decisiones no están nubladas.

Los primeros cristianos no caminaban en confusión. Ellos eran guiados por el Espíritu en cada decisión, ¡cada paso, cada acción! El Espíritu les hablaba y los dirigía en cada momento. No se tomaba ninguna decisión sin consultarle a Él. El lema de la iglesia a lo largo del Nuevo Testamento era: “¡El que tiene oídos para oír, que oiga lo que el Espíritu dice!”

Comencé ministrando en la ciudad de Nueva York porque el Espíritu Santo me lo dijo claramente: “Anda a la ciudad de Nueva York y levanta una iglesia”. Y me dijo cuándo venir. Ni el diablo ni sus demonios podían moverme de esta convicción, porque el Espíritu me había dado instrucciones detalladas. Recuerdo estar parado entre Broadway y la Séptima Avenida, llorando y levantando mis manos. El Espíritu Santo me dijo: “En esta misma área Yo voy a levantar una iglesia. Obedéceme, David. ¡Comienza una iglesia en la ciudad de Nueva York!” La Iglesia Times Square no es un accidente. ¡Es el resultado de instrucciones claras y detalladas del Espíritu Santo!

miércoles, 29 de julio de 2009

¿CUÁN IMPORTANTE ES PERDONAR Y BENDECIR A NUESTROS ENEMIGOS?

Pablo escribe: “Dejad lugar a la ira de Dios” (Romanos 12:19). Él está diciendo: “Soporten el daño. Ríndanlo y avancen. Vivan en el Espíritu”. Sin embargo, si decidimos no perdonar las ofensas hechas a nosotros, vamos a enfrentar las siguientes consecuencias:

Vendremos a ser más culpables que la persona que ocasionó la herida.
La misericordia de Dios y su gracia hacia nosotros se apartarán. Luego, a medida que las cosas comiencen a ir mal en nuestras vidas, no lo entenderemos, porque estaremos en desobediencia.
Los maltratos de nuestro perseguidor en contra nuestra, continuarán robándonos la paz. El obtendrá la victoria, al lograr herirnos de forma permanente.
En cuanto Satanás logre conducirnos a tener pensamientos de venganza, él podrá llevarnos a pecados aun más mortales. Y cometeremos transgresiones aun peores que éstas.

El escritor de Proverbios, aconseja: “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa” (Proverbios 19:11). En otras palabras, no debemos hacer nada hasta que nuestra ira no haya menguado. Nunca debemos tomar una decisión ni tomar medidas mientras estemos aún airados.

Cada vez que pasamos por alto las ofensas y perdonamos los pecados cometidos en contra nuestra, traemos gloria a nuestro Padre celestial. Al hacerlo, nuestro carácter es edificado. Cuando perdonamos como Dios perdona, Él nos lleva a una revelación de favor y bendición que nunca conocimos.

Jesús nos dice que debemos amar a aquéllos que se han hecho nuestros enemigos, haciendo tres cosas:

1. Debemos bendecirlos.
2. Debemos hacerles bien.
3. Debemos orar por ellos.

En Mateo 5:44 Jesús dice: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.”

martes, 28 de julio de 2009

LA ORACION, ¡PROLONGADA Y BREVE!

“No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras” (Eclesiastés 5:2).

A menudo hay cierta pretensión en las oraciones prolongadas. Un deseo de levantar una “línea de crédito” con Dios; una ambición por copiar la vida de oración de algunos hombres usados por Dios; un intento sutíl de impresionar al Señor, cansándolo con muchas palabras para que actúe. Me pregunto si Dios alguna vez se aburre. ¿Deseará Él más oraciones y peticiones breves e inteligentes? Algunos de nosotros vamos a nuestro lugar de oración y simplemente “parloteamos sin parar”. Nos apresuramos y nuestra oración no es otra cosa que palabrería, llena de “clichés” de loros, peticiones sinsentido y patrones de alabanza imitados. Dios merece una presentación consiente e inteligente de nuestras necesidades, una ofrenda de alabanza sincera proveniente de una mente lúcida y una dignidad basada en nuestro respeto al Rey de Reyes.

Sea usted específico con Dios en su oración y El será especifico con usted en Su respuesta. Ni la indiferencia ni la ligereza tienen lugar en sus atrios.

Jesús dijo: “Quedaos aquí, y velad conmigo.” (Mateo 26:38).

El verdadero propósito de la oración es que nosotros podamos disfrutar de la comunión personal con El Señor. El corazón es renuente de habitar en la presencia de Dios y se satisface a sí mismo con “devocionales”. Esto se refiere a un momento apresurado antes de dormir, a una breve oración “al paso” en la mañana y una lectura veloz de un fragmento de la Escritura, en parte asimilado. Ni aun todo el testimonio que un hombre pueda dar por toda la tierra, puede exonerarlo de su tarea y privilegio de orar en lo secreto. ¡Encerrado con Dios hasta que el alma carnal sea transformada! Nadie debe orar sin arar y nadie debe arar sin orar.

Cada don de Dios le costará un gemido. Los verdaderos hombres y mujeres de Dios se sienten demasiado débiles para enfrentar al enemigo cada día, sin una oración diaria, consistente.

lunes, 27 de julio de 2009

LA OBEDIENCIA ES MEJOR QUE LA BENDICIÓN

“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 Samuel 15:22).

Está escrito: “La obediencia es mejor que el sacrificio”. Yo digo que también es mejor que la bendición. Este es el significado más profundo en la historia de Abraham al ofrecer a Isaac en el altar. Dios le dijo: “Ve y haz esto”. Él obedeció. ¿Acaso Abraham se fue del altar diciendo: “Dios cambia de opinión”? No lo creo. Dios sólo quería la obediencia. Lo acabo de experimentar el día de hoy. Dios me dijo que negocie y me dio toda la evidencia de que yo debería obtener algo en particular. Lo hice. Hice todo lo que pude en mis fuerzas para obtenerlo. ¡Pero no lo logré! ¿Ahora qué? ¿Cuestionaré a Dios? ¿Pondré en duda que Él me habló? ¿Debo pensar que Satanás me lo impidió? ¡No! Yo busqué a Dios diligentemente. Él me dijo: “Haz esto”, y yo lo hice. Descansaré en la paz de la obediencia, es mejor que la bendición. Dios le muestra solamente un lado de la moneda, la obediencia.

¡El siervo debe obedecer sin cuestionar! Eso, también, se llama fe: Cuando el amo le ordena a su siervo que vaya, él va, que venga, él viene.

“He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13:15).

¿Puede alguien determinar en su corazón el confiar en Dios, cuando pareciera que él está faltando a su promesa? ¿Puede un hombre seguir hablando en el lenguaje de la fe, cuando todas sus posibilidades se desvanecen en sus narices? ¡Los gigantes de le fe lo hicieron! Los hombres de gran fe enfrentaron las pruebas más feroces. Dios tiene formas particulares de desarrollar la fe, y cuanto más profundo se sumerja usted en Dios, más peculiar será su prueba. No se equivoque pensando que las aflicciones demuestran el desagrado de Dios respecto a usted. Los milagros sólo se producen cuando la situación es extrema y la solución imposible. ¿Con que usted desea ser un hijo de fe? ¡Entonces alístese para vivir una vida llena de las pruebas más peculiares!

La fe viene, cuando usted usa lo que tiene. No espere que sus obstáculos sean retirados. ¡Avance, de todas formas! La etapa más crítica para la fe es la recta final.

domingo, 26 de julio de 2009

DE PIE, FIRMES

Cada victoria que ganamos sobre la carne y el diablo, será pronto seguida por una tentación y ataque aún mayores. Satanás simplemente no se va a rendir en su guerra contra nosotros. Si lo derrotamos una vez, el redoblará sus fuerzas para volver inmediatamente a atacarnos. Y de pronto nos encontramos en una guerra espiritual que pensábamos que ya habíamos ganado.

 

La Escritura nos dice: “los sirios se pusieron en orden de batalla contra David y pelearon contra él” (2 Samuel 10:17). Repentinamente, David enfrentaba al mismo enemigo antiguo, uno que pensó que ya había derrotado definitivamente. Es importante que notemos que David no estaba viviendo en pecado en ese momento. El era un hombre de Dios, que caminaba en el temor de Dios. Sin embargo, David también era un ser humano y lo que estaba sucediendo debió haberlo confundido terriblemente, ¿Por qué Dios permitiría que el mismo enemigo venga otra vez en contra de él?

 

¿Se ha puesto usted en el lugar de David? Orando: “Señor, todo lo que quiero es agradarte, obedecer tu Palabra y hacer lo correcto. Tú sabes que yo ayuno, oro y amo tu Palabra. Jamás quisiera ofenderte, entonces ¿por qué estoy siendo tentando tan severamente? ¿Por qué estoy enfrentando esta misma batalla con un enemigo antiguo?”

 

“Desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino.” (2 Samuel 7:11-12).

 

En medio de su confusión y su examen de conciencia, David recordó la promesa que Dios le había hecho (ver 2 Samuel 7:11–12). Así que, mientras el diablo le mostraba todas las armas del infierno a David, El Señor le mostraba que aún, antes de que él entrara en la batalla, saldría victorioso. David dejó de mirar al enemigo que se acercaba, por el contrario, él se gozaba en la revelación de la misericordia de Dios.  Eso es lo Dios desea para cada uno de sus hijos, cuando el enemigo viene a ellos como un río el Señor lo “impide” con su amor. En otras palabras, Él viene a ellos y les dice: “Yo te prometí que saldrías de esto de pie. Quizás estás herido, pero eso no importa. Yo ya te hice victorioso”.

jueves, 23 de julio de 2009

TOMANDO POSESIÓN DE SU TIERRA PROMETIDA

Multitud de personas de todas las naciones, han tomado posesión de Cristo, como su “todo en todo”. Aun así, la mayoría de ellos, incluyendo a muchos que están en el ministerio, han dejado a Jesús, como su fuente. ¿Por qué?  Ellos saben lo costoso que sería dejar de apoyarse en su propia carne. Usted verá, algo sucede cuando atravesamos la línea para entrar en el Lugar Santísimo. En el momento en que entramos a la presencia de nuestro Señor, nos damos cuenta de que toda carne debe morir. Esto incluye todo deseo de emoción espiritual, toda plática sobre los grandes avivamientos, todo enfoque en la liberación y toda búsqueda de un nuevo obrar o un nuevo mover.

 

Jesús mismo, debe convertirse en el todo para usted, sólo Él debe ser su fuente de emoción, su constante avivamiento. Él debe ser su continua Palabra de dirección, su gracia nueva cada mañana. Una vez que usted cruza la línea, ya no puede depender de maestros talentosos, predicadores ungidos o evangelistas poderosos. Si usted, insiste en buscar a hombres en lugar de buscar a Cristo, corriendo de reunión en reunión, buscando que alguna persona lo bendiga, entonces usted no está satisfecho con Jesús. Él debe ser el todo en usted.

 

A Abraham se le llamó “el amigo de Dios” (ver Santiago 2:23) debido a su íntima relación con el Señor. Un amigo es alguien que entrega libremente su corazón a otro y claramente se puede ver que el Señor compartió su corazón con Abraham. Dios mismo testificó: “¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer…” (Génesis 18:17).

 

De hecho, Pablo declara: “Dios…dio de antemano la buena nueva a Abraham,” (Gálatas 3:8). En otras palabras, El Señor le mostró a Abraham las grandes cosas que habrían de venir. Esto incluía las naciones que nacerían del “habiendo de ser Abraham”: “habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?” (18:18).

 

Abraham sabía que Jesús era nuestra posesión prometida. El vio la victoria de la cruz y muchas naciones corriendo hacia la Tierra Prometida, poseyendo su promesa: Cristo mismo. Estas personas no sufrían para entrar, ni estaban haciendo falsas promesas a Dios. Ellos estaban tomando posesión de su promesa, sólo por fe, confiando en la palabra que Dios les había hablado.

 

¿Ha tomado usted posesión de su Tierra Prometida? ¿Se ha asido de la provisión y bendición que Jesús ganó en la cruz para usted? Yo le insto a que haga de Jesús, su vida, su todo. Tome la invitación que Dios le ha hecho y entre en la paz y el descanso de su posesión perpetua: Jesucristo, el Señor.

miércoles, 22 de julio de 2009

TRATANDO CON NUESTRAS FORTALEZAS

Muchos cristianos mencionan 2 Corintios 10:3-4: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas”. La mayoría de nosotros piensa en las fortalezas como ataduras, tales como desviaciones sexuales, adicciones a las drogas, alcoholismo – pecados exteriores que colocamos al comienzo en nuestra lista de “peores pecados”. Pero Pablo se refiere a algo mucho peor que nuestra medición humana de pecados.

 

En primer lugar, él no esta hablando de posesión demoníaca. En mi opinión, el diablo no puede entrar en el corazón de un cristiano vencedor y reclamar algún lugar en él. Más bien, el sentido figurado en griego de la palabra “fortaleza”, usada por Pablo, es: “agarrándose fuertemente de un argumento”. Una fortaleza es una acusación firmemente plantada en la mente. Satanás establece fortalezas en el pueblo de Dios, al implantar en sus mentes mentiras, falsedades y malas interpretaciones, especialmente en lo referente a la naturaleza de Dios.

 

Por ejemplo, el enemigo puede plantar en su mente la mentira de que usted no es espiritual, que es completamente indigno de la gracia de Dios. Quizás le susurre repetidamente: “Nunca serás libre de ese pecado que constantemente te asedia. No te has esforzado lo suficiente. No has cambiado nada. Y ahora Dios ya perdió la paciencia contigo a causa de tus continuos altibajos.

 

También el diablo puede tratar de convencerlo, respecto a que usted tiene el derecho de guardar una amargura, porque ha sido ofendido. Si usted continúa oyendo sus mentiras, él comenzará, con su ejército de acusadores, a plantar mentiras demoníacas en su mente. Estas mentiras son su fortaleza y si no las resistimos por la Palabra de Dios, éstas se convertirán en temores enquistados en nuestras mentes.

 

La única arma que espanta al diablo es la misma que lo espantó cuando Jesús fue tentado en el desierto. Esa arma es la verdad de la Palabra viva de Dios. Según Miqueas, ésta es la promesa de la que estamos asidos: “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”. (Miqueas 7:18-19). En hebreo, la palabra “sepultará”, significa: “él los pisoteará”. Nosotros no sepultamos nuestros pecados; Él los sepultará a través del arrepentimiento y la fe.

martes, 21 de julio de 2009

EL PELIGRO MÁS GRANDE

El peligro más grande que todos enfrentamos es no poder ver a Jesús en nuestros problemas – en lugar de verlo, vemos fantasmas. En ese momento crítico de miedo, cuando la noche es más negra y la tormenta es más furiosa, Jesús siempre se acerca a nosotros, para revelarse como el Señor del diluvio, el Salvador en las tormentas. “Jehová preside en el diluvio y se sienta Jehová como rey para siempre” (Salmo 29:10).

 

En Mateo 14, Jesús ordenó que sus discípulos entrasen en una barca que estaba dirigida hacia una tormenta.  La Biblia dice que él hizo a sus discípulos entrar en una barca. Estaba siendo dirigida hacia aguas agitadas; iba a ser zarandeada como un corcho. ¿Dónde estaba Jesús? Él estaba  arriba en las montañas, con su vista en el mar; él estaba allá orando para que ellos no fallen en la prueba que él sabía que tenían que atravesar.

 

Usted pensaría que por lo menos uno de los discípulos hubiera reconocido lo que estaba sucediendo y hubiese dicho, “Miren amigos, Jesús dijo que él nunca nos dejaría ni nunca nos abandonaría. Él nos envió en esta misión; estamos en el centro de su voluntad. Él dijo que él es el que ordena  los  pasos del hombre justo. Miren otra vez. ¡Es nuestro Señor!  ¡Él está ahí! Nunca estuvimos fuera de su mirada.”

 

Pero ningún discípulo lo reconoció. Ellos no esperaban que él estuviese en su tormenta. Nunca ellos esperaban que él estuviese con ellos, o aun cerca de ellos, ¡en una tormenta! Pero él llegó, caminando sobre las aguas.

 

Sólo había una lección que aprender, sólo una. Era una lección simple, no una que fuese profunda, mística, o que fuese como un terremoto. Jesús simplemente quería que confiaran en que él era el Señor de ellos, en cada tormenta de sus vidas. Él simplemente quería que ellos mantuviesen su gozo y confianza, aún en las horas más oscuras de sus pruebas. Eso es todo.

lunes, 20 de julio de 2009

NO LE TEMA AL FRACASO

Cuando Adán pecó, él trató de esconderse de Dios. Cuando Pedro negó a Cristo, él tenía temor de encararlo nuevamente. Cuando Jonás rehusó predicar en Nínive, su temor lo impulsó hacia el océano, para irse de la presencia del Señor.

 

Algo mucho más peor que el fracaso, es el temor que viene con él. Adán, Jonás y Pedro se alejaron de Dios, no porque habían perdido su amor por él, sino porque estaban con temor de que él estaba  demasiado enojado con ellos para entender.

 

El acusador de los hermanos espera, como un buitre, a que usted falle de alguna manera. Entonces él usa cada mentira del infierno para hacer que usted desista, para convencerlo que Dios es muy santo, o que usted es muy pecador para regresar. O él le hace temer que usted no es lo suficiente perfecto o que usted nunca podrá superar su falla.

 

Tomó cuarenta años quitarle el temor a Moisés y hacerlo apto para ser usado en el programa de Dios. Si Moisés o Jacob o David se hubiesen resignado a haber fallado, tal vez nunca más hubiésemos escuchado de ellos. Pero Moisés se levantó y continuó, llegando a ser uno de los héroes más grandes de Dios. Jacob confrontó sus pecados, se reunió con el  hermano al que había engañado, y alcanzó nuevas alturas de victoria. David corrió a la casa de Dios, encontró perdón y paz, y retornó a su mejor etapa. Jonás volvió sobre sus pasos, hizo lo que se había rehusado a hacer, y llevó a toda una ciudad al arrepentimiento. Pedro se levantó de las cenizas de su negación para liderar una iglesia a Pentecostés.

 

En 1958, estaba sentado en mi pequeño carro llorando; pensando que yo era un terrible fracaso.  Me habían echado a empujones fuera de una Corte Judicial después de que yo había creído ser guiado por Dios a predicarles a siete jóvenes asesinos. Mi intento de obedecer a Dios y ayudar a esos jóvenes rufianes parecía haber terminado en un horrible fracaso.

 

Me estremezco de pensar cuanta bendición me hubiese perdido si me hubiese rendido en esa hora oscura. Cuán contento estoy hoy día de que Dios me enseñó a encarar mi fracaso y seguir hacia el siguiente paso que él tiene para mí.

domingo, 19 de julio de 2009

EL SEÑOR NUESTRA PAZ

Conociendo y creyendo en el carácter de Dios como es revelado en sus nombres, nos provee con gran protección contra los ataques del enemigo. Dios declaró a través de Oseas, “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento” (Oseas 4:6). Lo que esto implica es poderoso. Dios nos está diciendo que tener un conocimiento íntimo de su naturaleza y carácter, como es revelado a través de sus nombres, es un poderoso escudo contra las mentiras de Satanás.

 

Esto nos trae hacia otro de los nombres de nuestro Señor: Jehová Nuestra Paz. Encontramos este nombre mencionado en el libro de Jueces. Aquí, el Señor se reveló a Gedeón en la forma de un ángel (ver Jueces 6:22-24). ¿Qué significa este nombre, Jehová Nuestra Paz, exactamente? Como sustantivo, la palabra Hebrea Shalom significa “estar completo, salud, bienestar.” Implica estar entero, en armonía con Dios y con el hombre, teniendo relaciones sanas. También indica un estado de estar tranquilo – no inquieto, teniendo paz tanto por dentro como por fuera, estar en descanso tanto espiritualmente como  emocionalmente. Para decirlo de una manera corta, Shalom significa una vida o un trabajo completo. Y como verbo, shalom significa estar completo o concluido, o hacer paz.

 

Una vez más, me siento impulsado a preguntar, “¿Qué tiene que ver en particular este nombre de Dios conmigo y con la iglesia de hoy día?”

 

Shalom no puede ser ganado. Nunca recibiremos la shalom del Señor hasta que nos demos cuenta que, “Esto es serio. Este es el Dios Todopoderoso, creador y sostenedor del universo. ¿Cómo puedo tomarlo a la ligera? ¿Por qué sigo estrechando su gracia, viviendo con esta lujuria como si él fuese sordo y ciego a todo lo que hago en secreto?”  ¿Tiembla usted ante la Palabra de Dios? ¿Está usted listo a obedecer todo lo que dice? Si es así, usted recibirá la revelación de Jehová Nuestra Paz. Él vendrá a usted personalmente como “el Señor, tu paz,” llenando su espíritu con fortaleza sobrenatural contra todo enemigo. Usted no puede ganarse esta paz; es un don de Dios.

jueves, 16 de julio de 2009

UNA FUENTE DE VIDA

Yo he visto hombres ser usados poderosamente por el Espíritu, y que luego han sido puestos fuera de uso por Dios. El Señor les dijo, “Lo siento, hijo – te amo, te perdono, y mi misericordia está contigo. Pero no puedo usarte.” Para mí, esta es una de las cosas más espantosas que puedan suceder. Pero le sucedió a Saúl, el rey de Israel. “Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has actuado; si hubieras guardado el mandamiento que Jehová tu Dios te había ordenado, Jehová habría confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Pero ahora tu reino no será duradero…” (1 Samuel 13:13-14).

 

Qué palabras tristes. Dios le dijo al rey, “Saúl, tú pudiste tener mi bendición en tu vida continuamente. Ya tenía grandes planes para ti, planes de usarte poderosamente. Pero tú no trataste con tu pecado. Te volviste amargo y duro de corazón.” Desde aquél momento, Saúl ya no fue de uso para el reino.

 

Así es como todo termina cuando usted continúa en pecado. Usted se vuelve absolutamente estéril y sin fruto.

 

La Palabra declara que el temor de Dios es una fuente de vida (ver proverbios 14:27). En el mismo verso leemos que este temor nos ayuda a evitar los lazos de la muerte. En Proverbios 3:7 leemos, “…Teme a Jehová y apártate del mal.” Y en Hebreos 12:28 se nos instruye a “servir a Dios, agradándole con temor y reverencia.” Aquellos que desean caminar en el temor de Dios, pronto serán llevados a la completa revelación de las promesas y provisiones que Dios ha hecho disponibles para nosotros.

 

Tal vez Dios está tratando con usted acerca de su pecado ahora mismo. Él le ha lanzado sus flechas de convicción a su corazón, y usted se está sintiendo culpable por su pecado. ¡No entre en pánico! Ese es regalo de Dios. Él está plantando su divino poder en usted, enseñándole que “Sólo a través de mi temor santo te apartarás del pecado.”  

 

Una vez que usted se sienta culpable de la gran pecaminosidad de su pecado, usted estará listo para el fortalecimiento del Espíritu Santo. El libro de los Hechos nos dice, “Entonces las iglesias tenían paz por todo Judea, Galilea y Samaria; eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo” (Hechos 9:31). ¿Ve usted el punto que quiere hacer el escritor aquí? Cuando estos Cristianos del primer siglo caminaron en el temor del Señor, ellos recibieron el fortalecimiento del Espíritu Santo.

 

Pero, ¿qué significa exactamente andar en el temor del Señor? En corto, significa que usted se mantenga acordándose de las advertencias de Dios. Y significa permitir al Espíritu Santo que saque sus pecados a la luz para que usted los reconozca y los aparte lejos de usted. Al hacer esto, él estará poniendo los cimientos para cumplirle a usted cada una de las promesas de Dios.

miércoles, 15 de julio de 2009

DESPUÉS DEL ZARANDEO

Cuando Pedro fue zarandeado, él falló miserablemente – pero no en su fe. Puede que usted esté pensando, “¿Cómo puede ser eso? Este hombre negó conocer a Jesús tres veces separadas.”

 

Pero vea usted, si Pedro hubiese fallado, entonces la oración de Jesús hubiese sido en vano. Yo sé que la fe de Pedro no falló porque en el momento en que él maldijo y parecía que el Señor había perdido a su amigo y discípulo ungido, Pedro miró a Jesús en los ojos – y se derritió. Él recordó cómo el Señor había dicho “me negarás tres veces,” y “entonces Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente” (Lucas 22:61-62).

Lloró amargamente en el Griego actualmente significa que lloró “un llanto violento, desgarrador.” Yo me imagino a Pedro caminando hacia las colinas de Judea, postrando su rostro en la tierra y sus brazos abiertos, llorando “Oh Padre, él tenía razón. Yo no quise escuchar. Él me advirtió que Satanás trataría de destruir mi fe. ¡No estoy listo! ¿Morir por Jesús?  ¡Si ni siquiera pude hacerle frente a una criada! Perdóname, oh Señor – lo amo. ¿A quién más iré?”

 

Yo puedo ver a Pedro de pié con el Espíritu de Dios fluyendo a través de él, con sus manos levantadas hacia el cielo, gritando, “Satanás, ¡vete!  Le fallé a Jesús, pero todavía lo amo. Él prometió – de hecho, él profetizó – que yo volvería y sería de fortaleza para otros, una roca. ¡Vuelvo a mis hermanos y hermanas!”  Ciertamente, Pedro fue el primer discípulo en llegar a la tumba cuando les avisaron que Jesús había resucitado. Él estaba con otros discípulos cuando Jesús más tarde apareció en medio de ellos. Él estaba adorando allí cuando Jesús fue llevado a la gloria. Y fue Pedro quien se levantó como portavoz oficial de Dios en el día de Pentecostés - ¡y qué sermón el que predicó!

 

Una ola de nuevos convertidos están volviendo al Señor hoy día. Judíos y así mismo Gentiles, y muchos que se habían apartado también. ¿Dónde encontrarán ellos fortaleza para los tiempos difíciles que se avecinan? De los santos zarandeados, los cuales pueden decir con autoridad, “No confíen en ustedes mismos. Tengan cuidado cuando piensan que están firmes, miren que no caigan” (ver 1 Corintios 10:12).

 

¿Siente usted  una fuerza seductora que lo jala hacia la tentación? ¿Se está desarrollando en su corazón algún problema profundo? Entonces escuche las palabras de Jesús y dese cuenta que Satanás puede haber obtenido permiso para zarandearlo. No lo tome a la ligera. Usted no tiene que fallar como lo hizo Pedro; es más, debemos de leer su historia y ser advertidos. Pero aun si usted ha fallado, usted puede mirar al rostro de Jesús así como lo hizo Pedro y recordar que él está orando por usted. Arrepiéntase, retorne y luego comparta su experiencia con otros que están siendo zarandeados.

martes, 14 de julio de 2009

VEN, HAZ TU TRABAJO EN MÍ

Yo creo que si un Cristiano tiene intensidad por tener una vida santa – si desea darle su todo al Señor – sólo puede haber una razón por la que él falla en disfrutar las bendiciones y la libertad prometidas por el morar del Espíritu Santo. Esa razón es incredulidad. Tan seguro como Jesús no pudo hacer milagros donde había incredulidad, de igual manera su Espíritu no puede hacer nada en nuestras vidas cuando albergamos incredulidad.

 

Es vital para cada seguidor de Jesús no juzgar las promesas de Dios de acuerdo a experiencias pasadas. Si nos entregamos completamente a sus promesas – creyéndolas con todo nuestro ser, confiando en él por un suplir de fe, comprometiendo al Espíritu a sus propias palabras – entonces podremos saber que los resultados son todos responsabilidad de Dios. Y podremos estar firmes en el día del juicio, sabiendo que fuimos fieles. Nosotros simplemente no podemos perder nuestro deseo de entrar en su bendición prometida.

 

Hubo un tiempo en mi vida cuando tuve que entregar my futuro eterno a las promesas de Dios. Me determiné a confiar en su Palabra y arriesgué mi propia alma. Yo le hice este desafío al Altísimo Dios: “Señor, yo voy a creer que me has dado tu Espíritu Santo. Yo creo que sólo él me puede liberar de cada cadena que me ata. Yo creo que él me convencerá de mis pecados, me guiará y me dará poder para vencer. Yo creo que él me causa que obedezca tu Palabra. Y yo creo que él nunca se irá de mí, ni dejará que yo me vaya de ti. Yo no limitaré a tu Espíritu en mí. Yo esperaré en él, lo visitaré y confiaré en él – ya sea que viva o muera.”

 

“Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: “¡Huesos secos, oíd palabra de Jehová! (Ezequiel 37:4). Tenemos que hacer lo que el Señor le dijo a Ezequiel que hiciera – orar la Palabra de Dios. Tenemos que recordarle al Espíritu Santo las promesas que Dios nos dio. Tenemos que decirle, “Espíritu Santo, el Padre celestial me prometió que te pondría en mi corazón – y me he comprometido a esa promesa. Me rendiré a ti y cooperaré, porque quiero ser santo. Tú dijiste que causarías que yo camine en sus caminos y obedezca cada una de sus palabras. Yo no sé cómo planeas hacer eso – pero tú has hecho un juramento y tú no puedes mentir. Espíritu Santo, todo esto está escrito en la Palabra. Así que ven – haz tu trabajo en mí. A esta promesa, yo he confiado mi propia alma.”

lunes, 13 de julio de 2009

COMO UN NIÑO PEQUEÑO

Mateo nos dice que Cristo llamó a un niño pequeño y lo tomó en sus brazos. Él quería dar a sus discípulos un sermón ilustrado que fuese profundo. Él les dijo entonces, “De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe” (Mateo 18:3-5).

 

En estos versos, Jesús nos muestra la clase de relación que él desea con los suyos. Él está diciendo, “Miren a este niño. Él es mi iglesia futura. Esta criatura representa cada nuevo creyente que vendrá a mí con fe de niño, de cada nación, raza y tribu. Yo les digo, mi iglesia debe de relacionarse conmigo, como lo hace este niño.”

 

La palabra Griega que Jesús usa aquí cuando dice “volvéis”, significa “un giro brusco”. Cristo les estaba diciendo a estos hombres, “Vosotros debéis experimentar un vuelco súbito, un giro brusco, en vuestra teología. Debéis dejar atrás rápidamente todos vuestros pensamientos  de cómo llegar a ser especial en mi reino a través de vuestras obras. Esa es la manera vieja de hacer las cosas – y está pronta a dejar de ser.”

 

Luego, él requirió que sus discípulos se humillen. Él les ordenó, “Háganse como niños.” Él les estaba diciendo, “Yo estoy construyendo mi iglesia sobre ustedes. Y si ustedes quieren parte en esto, ustedes deben de volverse tan humildes como este niño que tengo en mis brazos.” Yo creo que él nos está pidiendo dos cosas simples: repudiar toda dependencia propia, y una devoción sin complicaciones. Estos rasgos, dice Jesús, nos caracterizarán como verdaderos siervos del reino: “Así que cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.”

 

Cristo le dijo a sus discípulos muy directamente, “A cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgara al cuello una piedra de molino de asno y que se le hundiera en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos!  Es necesario que vengan tropiezos, pero  ¡ay de aquel hombre  por quien viene el tropiezo!  (Mateo 18:6-7).

 

Jesús estaba expresando su ira hacia aquellos que enseñan que la cruz no es suficiente para salvar. Él está hablando a los verdaderos cimientos de su iglesia – sus propios discípulos. Él les estaba advirtiendo a que no se ofendieran de la cruz. Ellos tenían que aceptar el hecho de que sólo él es la paga completa de nuestros pecados.

 

De igual manera, Jesús le está diciendo a la iglesia hoy día: “¡Ay de aquel predicador, maestro o testigo que pone una piedra de tropiezo delante de uno de estos niños convertidos!  Ellos vienen a mí con simple fe y arrepentimiento. Y ustedes provocarán mi ira si los ofenden diciéndoles, ‘Jesús no es suficiente. Si quieres ser verdaderamente salvo, tienes que hacer más. Aquí tienes las doctrinas específicas y las pautas de nuestra iglesia…”

Pastores, evangelistas, maestros – dejen que la seriedad de de las palabras duras de Jesús entren profundamente en sus almas. “…Mejor le fuera que se le colgara al cuello una piedra de molino de asno y que se le hundiera en lo profundo del mar.”

domingo, 12 de julio de 2009

UN CORAZÓN PARA CONOCERLO A EL

Dios nos ha prometido con juramento darnos un corazón nuevo – uno que está  inclinado a obedecer.

 

“Les daré un corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, porque se volverán a mí de todo corazón” (Jeremías 24:7).

 

“Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. Quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” (Ezequiel 36:26).

 

Dios no solo nos promete darnos un corazón nuevo, sino también escribir sus mandamientos en nuestros corazones. En otras palabras, él promete causarnos que lo conozcamos. Otra vez, el Espíritu Santo es el que hace este trabajo en nosotros. Él nos enseña acerca de la naturaleza del Padre y sus caminos – y en el proceso, él nos transforma en la imagen divina de Cristo.

 

Nuestro Señor ha jurado una promesa soberana  de ser misericordioso hacia nosotros en nuestras luchas contra el pecado. Y hasta que venga la victoria completa, él será paciente y amoroso con nosotros, nunca haciéndonos a un lado. Él promete, “No importa lo que yo demande de ti, yo te supliré con todo el poder que necesitas para lograrlo. No pediré ninguna cosa de ti, por la cual yo no haya hecho provisión.”

 

Hoy día, el mismo poder que resucitó a Jesús de la tumba – y que lo capacitó para cumplir con la ley de Dios a través de una vida perfecta y sin pecado – ahora mora en nosotros. El propio Espíritu de Dios está vivo en nosotros, proveyendo todo el poder sobre cada trabajo que el enemigo trata de hacer en contra de nosotros.

 

Cuando el enemigo viene inundando su alma, incitándolo hacia una lujuria antigua, clame al Espíritu Santo. Escuche cada susurro de él, y obedezca cada orden. No lo ignore. Si usted está dispuesto para hacer cualquier cosa que él le dé poder para hacer, él no ocultará su palabra de  usted.

 

Usted puede pasar de la vieja vida a la nueva en un solo salto. Sucede cuando usted ve cuán imposible es para usted vencer al pecado con sus propios esfuerzos humanos. Lego se da cuenta que un Dios fiel ha jurado dar al Espíritu Santo a todos los creyentes que lo piden, y que él logrará en usted lo que el Señor ha prometido con juramento. Así que finalmente, usted se abandona totalmente a Dios y a sus promesas.  Usted cree que él logrará hacer lo que ha prometido.

 

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

jueves, 9 de julio de 2009

PROMESAS

En el libro de Hebreos, nuestra gran necesidad de tener paciencia se repite varias veces:

·         “Cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo…Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa”  (Hebreos 6:13-15, mis cursivas).

·         “A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (6:12).

·         “Pues os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (10:36).

Dios nos ha dado muchas maravillosas promesas – para romper cada una de las ataduras del pecado, para darnos poder para derrotar todo dominio del pecado, para darnos un nuevo corazón, para limpiarnos y santificarnos, para conformarnos a la misma imagen de Cristo.  Su Palabra nos asegura, “A aquel que es poderoso para guardarnos sin caída y presentarnos sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas 24).

 

Pero Dios hace todas estas cosas por nosotros en su tiempo, de acuerdo a su horario divino. Él no tiene plazos de entrega apurándolo. Y él ignora todas las demandas de curalotodo instantáneos.  En corto, la verdadera fe de nuestra parte, demanda que esperemos pacientemente en nuestro Señor. Nuestra respuesta a él debería ser, “Señor, yo creo que tú eres fiel a tu Palabra. Y por el poder de tu Espíritu en mí, voy a esperar pacientemente hasta que tú realices estas cosas en mi vida. Mi parte en esto, es permanecer en fe, esperando en ti.”

 

Puede que usted tenga que soportar penosas pruebas y tentaciones. Y tal vez usted escuche mentiras horrendas susurradas por Satanás. A veces puede que usted falle. Es más, tal vez usted se preguntará si alguna vez  alcanzará la meta. Pero, mientras soporta todas estas aflicciones, si usted simplemente se agarra de la fe con paciencia – confiando que Dios está trabajando, manteniendo su Palabra, siendo Jehová Tsidekenu para usted – él lo verá a usted como justo. Él ha prometido con juramento, “Por fe, recibirás la promesa.”

 

Pablo provee la definición de justicia en Romanos 4:20-23: (Abraham) “tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por eso también su fe le fue contada por justicia. Pero no solo con respecto a él se escribió que le fue contada.”

 

La Biblia no podía haber hecho esto más claro. Puesto de una manera simple, justicia es creer las promesas de Dios, estando completamente persuadido de que él mantendrá su palabra. Contrariamente, incredulidad es dudar de sus promesas, no creyendo que Dios hará lo que ha prometido.

miércoles, 8 de julio de 2009

ENCARANDO LA VARA DE DIOS

El salmista escribe lo siguiente acerca de una de las más grandes promesas de Dios: “Si dejaran sus hijos mi Ley y no anduvieran en mis juicios, si profanaran mis estatutos y no guardaran mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión y con azotes sus maldades. Pero no quitaré de él mi misericordia ni faltaré a mi fidelidad” (Salmo 89:30-33).

Dios promete que nunca quitará su amorosa misericordia de nosotros, no importa cuán grandemente  fallemos. Pero muchos creyentes pasan por alto las graves advertencias en este verso: Si dejamos su Ley y rehusamos guardar sus mandamientos, él visitará nuestras trasgresiones con su vara divina.

La Biblia nos dice que al que el Señor ama, lo castiga. Vemos esta verdad vívidamente ilustrada en la vida de David. Considere usted cómo el Señor trató con este hombre, un siervo fiel que disfrutaba del favor de Dios. En un punto de su vida, David pecó gravemente – justificándolo y escondiéndolo por meses.   Finalmente, Dios dijo “Basta” – y envió a un profeta a exponer el pecado de David. Natán, el profeta usó una analogía para deshacer todas las excusas que David tenía, hasta que finalmente el rey admitió, “He pecado – soy culpable”.

David escribió, “¡Se agotan mis fuerzas a causa de mi maldad y mis huesos se consumen!” (Salmo 31:10). Como un agujero en el tanque de aceite del carro suyo, el pecado drenará lentamente todos sus recursos. Su paz, su gozo y sus fuerzas literalmente se chorrearán hasta que se acaben completamente. David confesó, “Ni hay paz en mis huesos a causa de mi maldad” (Salmo 38:3). Él estaba diciendo “toda mi fortaleza se ha desaparecido debido a mi pecado. Mi cuerpo se ha debilitado por lo que he hecho. Mi iniquidad simplemente no me deja descansar.”

David estaba experimentando las flechas penetrantes de Dios. Él escribió, “Tus saetas cayeron sobre mí, y sobre mí ha descendido tu mano” (38:2). Pero este siervo de Dios estaba aprendiendo el temor de Dios. Y parte de su lección dolorosa era que él había perdido la paz del Señor. Ahora  él clamó “Él debilitó mis fuerzas” (102:23).

Yo conozco Cristianos que viven sus vidas en completa confusión porque continúan caprichosamente con su pecado. Estas almas vacías están siempre abatidas, débiles, siempre luchando pero sin llegar a nada. También conozco ministros que no pueden estar quietos debido a su pecado. Están ocupados constantemente, trabajando, nunca entrando en el descanso del Señor.

No importa quién sea usted – si esconde un pecado, usted experimentará disturbios continuos en su vida, su casa, su familia, su trabajo. Todo lo que toque no funcionará bien. Usted se volverá cada vez más inquieto, confundido, zarandeado por las continuas preocupaciones y temores. Y toda su paz y fortaleza se le vaciarán.

Dios no quiere exponer al descubierto a sus siervos. En lugar de eso, está en su corazón el perdonar, limpiar y cubrir nuestros pecados. Exponer al descubierto los pecados ocultos es el último recurso de Dios para salvar a un hijo rebelde e hipócrita que está empeñado en ocultar caprichosamente su pecado, y que pretende jugar el papel de hombre espiritual. La vara de Dios está reservada  para aquellos falsos creyentes que no se arrepienten, que son inconversos, con el corazón endurecido, creyentes falsos. En amor, él disciplinará al justo. Pero la vara, los azotes, son para los sin ley.

martes, 7 de julio de 2009

LO UNICO QUE EL QUIERE ES SU FE

Usted ha entregado todo a las manos del Señor. Usted está confiando en él, echando todas sus cargas sobre él. Y usted cree en sus promesas de que él lo guardará, lo protegerá y hará que usted camine rectamente delante de él. Usted declara, “Yo creo en la Palabra de Dios. Y si él dice que soy su justicia, entonces es su trabajo de él que eso suceda en mi vida. Él dice que su nombre es ‘el Señor, nuestra justicia’- y eso se aplica a mí. Tal vez no haya llegado allí todavía, pero sé que no es mi trabajo hacer que eso suceda. Es trabajo del Señor. Y yo sé que de alguna manera, con su Espíritu trabajando en mí, él hará que yo llegue allí.”

 

Dios no quiere su casa, ni su carro ni sus muebles, sus ahorros, ni lo que usted posee. Lo único que él quiere es su fe – su fuerte confianza en la Palabra de Dios. Y eso puede que sea lo que más falta les hace a las personas que parecen ser espirituales. Usted puede ver a otra persona que parece ser más espiritual que usted. Pero esa persona puede actualmente estar luchando para mantener una apariencia de ser justa. Pero cuando Dios lo mira a usted, él declara, “He ahí un hombre o una mujer justa.” ¿Por qué? Porque usted ha admitido su incapacidad de llegar a ser justo. Y usted ha confiado en que el Señor le da su justicia.

 

Pablo nos dice que se nos cuenta como justos en los ojos de Dios por la misma razón que se le contó a Abraham.  “Por eso, también su fe le fue contada por justicia (a Abraham). Pero no solo con respecto a él  se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes igualmente ha de ser contada, es decir, a los que creemos en aquel que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro” (Romanos 4:22-24).

 

Usted puede decir, “Yo creo esto. Yo tengo fe en el Dios que resucitó a Jesús.” Pero la pregunta para usted es, ¿cree que el Señor puede resucitar su matrimonio con problemas? ¿Usted cree que él puede hacer revivir un familiar que está muerto espiritualmente? ¿Cree usted que él puede levantarlo y sacarlo de un hábito que lo tiene debilitado? ¿Cree usted que él puede borrar las maldiciones de su pasado y restaurar todos los años que se comió el gusano?

 

Cuando todo parece sin esperanza – cuando usted está en una situación imposible, sin recursos, y sin tener esperanza delante de usted – ¿cree usted que Dios será su Jehová Yireh, y que se encargará de su necesidad? ¿Cree usted que él se ha comprometido con usted a cumplir sus promesas eternas – y que si aun una de sus palabras falla, los cielos se derretirían y el universo colapsaría?

lunes, 6 de julio de 2009

¡AMOR QUE CASTIGA!

Porque Dios lo ama, él trabajará en limpiarlo. Pero es un castigo amoroso en aquellos que se arrepienten y retornan a él. Puede que usted sienta las flechas de Dios en su alma debido a sus pecados pasados y presentes, pero si usted tiene un corazón arrepentido y quiere apartarse de su error, usted puede buscar el amor de Dios que castiga. Usted será corregido – pero con su gran misericordia y compasión. Usted no sentirá la ira de Dios como lo experimentan los impíos, sino la vara de disciplina, ejercida por su mano amorosa.

 

Tal vez su sufrimiento venga por haber tomado decisiones erradas. ¿Cuántas mujeres están sufriendo porque se casaron con hombres que Dios les advirtió que no se casasen con ellos? ¿Cuántos hijos están rompiendo los corazones de sus padres levándolos al borde de sus límites? Muchas veces esto sucede debido a los años de pecados en el pasado de los padres, años de transigir y de descuido.

 

Cuando usted sabe que ha llegado a su punto más bajo, es tiempo de buscar al Señor en quebrantamiento, arrepentimiento y en fe. Es el tiempo de recibir una infusión nueva de la fuerza del Espíritu Santo. Es el tiempo de ser renovado y refrescado, de tener fortaleza espiritual fluyendo dentro de usted.

 

Mire, cuando usted clama a Dios, él derrama su fortaleza en usted: “El día que clamé, me respondiste; fortaleciste el vigor de mi alma…Cuando ando en medio de la angustia, tú me vivificas; contra la ira de mis enemigos extiendes tu mano y me salva tu diestra. Jehová cumplirá su propósito en mí. Tu misericordia, Jehová, es para siempre” (Salmo 138:3, 7-8).

 

Una de las cosas más difíciles de aceptar para los Cristianos, es el sufrimiento de los justos. Hasta la llegada de Cristo, los Judíos asociaban a la prosperidad y a la buena salud con la divinidad. Ellos creían que si uno era rico, con buena salud o bendecido de cualquier otra manera, era porque Dios estaba mostrándole que él estaba contento con esa persona.  Es por esto que los discípulos tuvieron dificultad entendiendo sus palabras de que era “más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Mateo 19:24). Los discípulos preguntaron, “¿Quién, pues, podrá ser salvo?”

 

De igual manera hoy día, hay una doctrina errada que dice que si uno está en acuerdo con Dios, nunca sufrirá; tan sólo llama a Dios y él vendrá corriendo a resolverlo todo inmediatamente. ¡Pero eso no es el Evangelio! Los héroes de la fe de Hebreos 11, todos ellos caminaron en una relación de fe cercana con Dios y fueron apedreados, torturados y sufrieron burlas y muertes violentas (versos 36-38). El mismo Pablo, quien caminó muy de cerca con Dios, naufragó, fue azotado, apedreado y dejado por muerto, le robaron, lo encarcelaron y lo persiguieron. Él sufrió pérdida de todo. ¿Por qué?  Todo estas fueron pruebas y purgas, la demostración de su fe para la gloria de Dios.

 

Dios quiere plantar algo en nuestros corazones a través de nuestras pruebas y aflicciones. Él quiere que podamos decir, “Señor Jesús, tú eres mi Protector, y yo creo que tú gobiernas los eventos de mi vida. Si algo me sucede, es sólo porque tú lo permitiste, y yo confío en el propósito que tú tienes al permitir esto. Ayúdame a entender la lección que tú quieres que aprenda de esto. Si camino en rectitud y tengo tu gozo en mi corazón, entonces mi vivir y mi morir te traerán gloria. Yo confío que tú tienes alguna gloria preparada, algún propósito eterno que mi mente finita no lo entiende. Pero de cualquier manera, yo diré,  ‘¡Jesús, viva o muera, soy tuyo!’”

domingo, 5 de julio de 2009

TENIENDO UN CORAZON PERFECTO

¿Sabe usted que es posible caminar delante del Señor con un corazón perfecto? Si usted está hambriento por Jesús, usted ya estará tratando – deseando diligentemente – de obedecer este mandamiento del Señor.

 

Yo quiero animarlo: es posible hacerlo, o Dios no nos hubiese dado tal llamado. Tener un corazón perfecto ha sido parte de la vida de fe desde el tiempo en que primero Dios habló a Abraham: “Yo soy el Dios Todopoderoso. Anda delante de mí y sé perfecto” (Génesis 17:1).

 

En el Antiguo Testamento vemos que algunos lo lograron. David por ejemplo, determinó en su corazón obedecer el mandato del Señor de ser perfecto. Él dijo: “Entenderé en el camino de la perfección…En integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa” (Salmo 101:2).

 

Para poder asumir la idea de perfección, primero debemos de entender que la perfección no significa tener una existencia sin pecado, sin errores. No, perfección en los ojos del Señor significa algo enteramente diferente. Significa madurez, estar completo.

 

Los significados Hebreos y Griegos de la palabra perfección incluye “rectitud, sin mancha ni defecto, ser totalmente obediente.”  Significa terminar lo que se ha comenzado, completar un desempeño. John Wesley llamó a este concepto de perfección “obediencia constante”. Esto es, que un corazón perfecto es un corazón receptivo, uno que responde rápidamente y totalmente a todos los suspiros del Señor, sus susurros y sus advertencias. Tal corazón dice en todo momento, “Habla, Señor, porque tu siervo está escuchando. Muéstrame el camino, y caminaré en él.”

 

El corazón perfecto clama juntamente con David, “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos. Ve si hay en mí camino de perversidad” (Salmo 139:23-24).

 

Dios ciertamente examina nuestros corazones; él le dijo a Jeremías: “Yo Jehová, que escudriño el corazón” (Jeremías 17:10). El significado Hebreo para esta frase es, “Yo penetro, yo examino profundamente”.

 

El corazón perfecto quiere que el Espíritu Santo venga y examine nuestro ser más íntimo, que alumbre todos los lugares escondidos – que investigue, que exponga y desentierre todo lo que no es como Cristo. Sin embargo, aquellos que esconden un pecado secreto, no quieren ser hallados culpables, revisados o investigados.

 

El anhelo de un corazón perfecto va más allá de tener seguridad o tener los pecados cubiertos. Busca estar en la presencia de Dios siempre, mantenerse en comunión. Comunión significa hablar con el Señor, compartir dulcemente con él, buscar su rostro y conocer su presencia.

 

El examen de corazón del Señor no es vengativo, sino es para redimir. Su propósito no es hallarnos en pecado ni condenarnos, sino prepararnos para entrar en su santa presencia como vasos limpios y puros.

jueves, 2 de julio de 2009

LOS SECRETOS DEL SEÑOR

Mateo nos dice que Jesús le habló a las multitudes en parábolas: “Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo” (Mateo 13:34-35).

Para muchos Cristianos hoy, las parábolas suenan muy simples. Pero, según Cristo, cada una de ellas encierra un secreto increíble. Hay una verdad del Reino escondida en cada parábola que contó Jesús. Y esa verdad es descubierta sólo por aquellos que la buscan diligentemente.

Muchos creyentes pasan por las parábolas muy rápidamente. Ellos creen que ven una lección obvia y rápidamente pasan de largo. O, desechan el significado de una parábola creyendo que no se aplica a ellos.

La Biblia estipula claramente que hay secretos del Señor: “Mas su secreto es con los rectos” (Proverbios 3:32). Estos secretos no han sido conocidos desde la fundación del mundo, pero Mateo nos dice que están sepultados en las parábolas de Jesús. Estas verdades escondidas tienen poder para verdaderamente liberar a los Cristianos. Pero pocos están dispuestos a pagar el alto costo de descubrirlas.

Considere conmigo una de las parábolas del Señor.

 

“También el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas; que hallando una preciosa perla, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró” (Mateo 13:45-46). ¿Quién es el mercader en esta parábola? La raíz Griega aquí lo explica como un tratante viajero que compra al por mayor. Este mercader también era un ensayador o probador. En otras palabras, él se ganaba la vida evaluando perlas costosas de acuerdo a la calidad y valor.

 

Sabemos que Jesús es la perla de gran precio que el mercader encuentra. Él es muy costoso, de valor incalculable, porque el mercader vende todas sus posesiones para obtenerlo. Yo creo que encontramos el significado de la perla, en los propósitos eternos de Dios. Obviamente, la perla le pertenecía al Padre.  Él poseía a Cristo al igual que cualquier padre posee a su propio hijo. Verdaderamente, Jesús es la posesión más valiosa y atesorada del Padre. Solamente una cosa causaría que el Padre entregara esta perla preciosa. Él lo hizo por amor.

 

Cristo es el tesoro escondido en el campo. Y en él, yo he encontrado todo lo que necesitaré. Ya no buscaré encontrar propósito en ministerios. Ya no buscaré sentirme realizado en mi familia o amigos. Ya no necesito construir algo para Dios, o ser un suceso, o sentirme útil. Ya no necesito competir con otros o tratar de probar algo. Ya no necesito buscar maneras de complacer a las personas. Ya no trato de pensar o razonar para salir de mis dificultades.

 

He encontrado lo que estaba buscando. Mi tesoro, mi perla, es Cristo. Y todo lo que el Dueño pide de mí es, “David, te amo. Déjame adoptarte. Ya he firmado los papeles con la propia sangre de mi Hijo. Tú eres ahora un coheredero con él de todo lo que poseo.”

 

Qué oferta. Yo entrego mis trapos sucios de dependencia en mí mismo y en mis buenas obras. Dejo a un lado mis zapatos viejos y gastados de esfuerzo. Dejo atrás mis noches sin sueño por las calles de dudas y temores. Y en retorno, soy adoptado por un Rey. Esto es lo que sucede cuando usted busca la perla, el tesoro, hasta que lo encuentra. Jesús le ofrece todo lo que él es. Él le trae gozo, paz, propósito, santidad. Y él llega a ser su todo – su despertar, su dormir, su mañana, tarde y noche.

miércoles, 1 de julio de 2009

VICTORIA SOBRE EL PECADO QUE LE ASEDIA

El pecado hace que los Cristianos se vuelvan cobardes y vivan humillados en derrota. Ellos no pueden pararse firmes con valentía en contra del pecado, debido al pecado oculto en sus propias vidas. Ellos excusan el pecado de otros por la desobediencia en sus propios corazones y no pueden predicar victoria porque viven en derrota.

 

El rey David tenía enemigos. Cuando David estaba bien con el Señor, y en buena comunión, ninguno de sus enemigos le podía hacer frente. Pero cuando David pecó y se apartó del Señor, sus enemigos  se enaltecían y triunfaban sobre él.

 

El pecado de adulterio de David, sucedió inmediatamente después de una de sus más grandes victorias. Este hombre de Dios, deleitándose en la gloria de una gran victoria, deseó a Betsabé, mató a su esposo Urías y cometió adulterio con ella. “Pero esto que David había hecho fue desagradable ante los ojos de Jehová” (2 Samuel 11:27).

 

Así que Dios envió al profeta Natán a ver a David. El profeta no vino a aconsejar a David en cómo manejar su culpa y condenación. En lugar de eso, Natán fue derecho al corazón del asunto. “Has tenido en poco los mandamientos del Señor. Has hecho lo malo ante sus ojos. Tú eres culpable de un pecado secreto”. David huyó al desierto – un hombre llorando, descalzo, cobarde, despojado de su poder y coraje debido al pecado.

 

Ya hemos tenido suficiente enseñanzas sobre cómo manejar nuestros problemas y temores. Pero no hemos tenido suficiente enseñanza acerca de cómo tratar con el pecado en nuestras vidas. ¿Cómo vencer un pecado que se ha convertido en un hábito? ¿Dónde está la victoria para un pecado que se ha convertido en parte de nuestra vida?

 

Yo no tengo fórmulas ni soluciones simples. Pero sé que hay mucho consuelo en la Biblia para aquellos que están luchando batallas entre la carne y el espíritu. Pablo peleó la misma batalla, contra la misma clase de enemigo. Él confesó “No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7:19).

 

Muchos Cristianos hoy día, no han tenido el temor de Dios plantado en sus corazones por el Espíritu Santo. El escritor de Proverbios declara, “Con misericordia y verdad se corrige el pecado; con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal” (Proverbios 16:6). “No seas sabio en tu propia opinión, sino teme a Jehová y apártate del mal” (Proverbios 3:7). “El temor de Jehová es manantial de vida que aparta de los lazos de la muerte” (14:27).

 

El “temor de Dios” que se refiere aquí, indica mucho más que una admiración reverencial y respeto. No podemos recibir la revelación completa de la verdad de Dios, hasta que su temor sea profundamente arraigado en nosotros. Toda revelación está atada a este temor santo.

 

Estoy convencido que sin el temor de Dios, no podemos experimentar una liberación duradera del pecado. Sin embargo, en muchas iglesias el temor de Dios se ha convertido en un tema que es tabú. ¿Cuándo fue la última vez que usted escuchó un sermón acerca del temor de Dios?

 

Una de las razones es que la permisividad de la sociedad ha invadido la casa de Dios. En los últimos años, el término “gracia” ha llegado a significar una manera de ocultar pecado. Como el Salmista escribe, “No hay temor de Dios delante de sus ojos” (36:1).