jueves, 31 de julio de 2008

ESPANTANDO A LAS AVES DE RAPIÑA

En Génesis 15, Dios hizo un acuerdo glorioso con Abraham. Él le pidió al patriarca que tomase una becerra y una cabra y las partiera por la mitad. Luego Abraham debía tomar una tórtola y un palomino y ponerlos en el suelo cabeza con cabeza. Abraham hizo lo que se le había dicho, y mientras estas criaturas yacían sangrando, las aves de rapiña descendían sobre los cuerpos muertos. De pronto, Abraham sintió una gran oscuridad rodeándolo. ¿De qué se trataba esta oscuridad? Se trataba de Satanás, en pánico.

¿Cómo cree usted que Satanás reacciona al ver que todas las promesas de Dios llegan a usted, a medida que le entrega su vida a Jesús? El diablo entra en una furia de celos. Luego, cuando le ve resuelto a caminar hasta el final con el Señor, sólo hay una forma en la que él reacciona: ¡Todo el infierno entra en pánico!

¿Qué fue lo que hizo Abraham cuando vinieron estos buitres? La Escritura nos dice que él los ahuyentaba. Así también, el Señor nos ha mostrado la forma de tratar con estas amenazantes aves de rapiña. No debemos tener miedo de los ataques del diablo, porque nos han sido dadas poderosas armas de guerra.

Cada vez que alguna voz de duda o de cuestionamiento a Dios viene a mi mente, debo confrontarla con aquello que yo conozco sobre mi Señor amoroso. No puedo aceptar ningún pensamiento como si fuera cierto, si éste está simplemente basado en lo que estoy sintiendo en ese momento. Debe ser medido al lado de las promesas de Jesús hacia mí sobre sí mismo y sobre la victoria que Él ha ganado para mí.

Dicho de una forma sencilla, si pensamientos acusadores vienen a mí, si producen duda y temor, o son de condenación, o traen un sentimiento de rechazo, yo sé que no son de Dios. Todos debemos estar preparados para que cuando vengan tales pensamientos horribles. Incluso el Señor Jesús estuvo expuesto a este tipo de pensamientos por parte del enemigo, durante la tentación en el desierto.

Cuando las aves de rapiña vengan sobre usted, trayéndole pensamientos de inseguridad y falta de dignidad, ahuyéntelos con la Palabra de Dios. El sacrificio que el Señor le ha guiado a realizar es agradable a Él, y Él honrará dicho sacrificio.

miércoles, 30 de julio de 2008

“Y MUERTO AUN HABLA”

Mientras leemos Hebreos 11, encontramos un común denominador singular de las vidas de las personas mencionadas. Cada uno tenía una característica particular que denota la clase de fe que Dios ama. ¿Cual era ese elemento? Su fe había nacido de una intimidad con Dios.

El hecho es que, es imposible tener una fe que agrada a Dios sin compartir intimidad con él. ¿Qué quiero decir con intimidad? Estoy hablando de un acercamiento hacia el Señor que sólo viene cuando lo deseamos a él. Esta clase de intimidad es un vínculo cercano y personal, es una comunión. Viene cuando deseamos al Señor más que cualquier otra cosa en esta vida.

“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aun habla por ella” (Hebreos 11:4). Quiero que noten varias cosas significantes sobre este verso. Primero, Dios mismo testificó de las ofrendas de Abel. Segundo, Abel tuvo que construir un altar al Señor, donde él trajo sus sacrificios. Y él no ofreció sólo corderos sin manchas para el sacrificio, pero también la gordura de esos corderos también. “Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, y de la grasa de ellas” (Génesis 4:4).

¿Qué significa la gordura aquí? El libro de Levítico dice sobre la gordura, “Es manjar de ofrenda de olor grato que se quema a Jehová. Toda la grasa es de Jehová” (Levítico 3:16). La gordura era la parte del sacrificio que causaba un dulce aroma que se levantaba. Esta parte del animal ardía rápidamente y era consumida, trayendo un dulce olor. La gordura aquí sirve como un tipo de oración o comunión que es aceptable a Dios. Representa nuestro ministrar al Señor en nuestra habitación secreta de oración. Y el Señor mismo declara que esa adoración íntima se eleva hacia él como un sabroso y dulce aroma.

La primera mención en la Biblia de esta clase de adoración es hecha por Abel. Por eso es que Abel está en la lista de los Campeones de la Fe de Hebreos 11. El es un tipo de siervo que tiene comunión con el Señor, ofreciéndole lo mejor que tiene. Como declara el libro de los Hebreos, el ejemplo de Abel continúa viviendo hoy día como un testimonio de una fe viva y verdadera: “Y muerto, aun habla por ella” (Hebreos 11:4).

martes, 29 de julio de 2008

AUMENTA NUESTRA FE

Marcos 4 relata la historia de Jesús y sus discípulos en una barca, siendo zarandeados por una tormenta en el mar. Empezamos la escena cuando Cristo ha calmado las olas con una sola orden. El entonces se dirige a sus discípulos y les pregunta, “¿Cómo no tenéis fe?” (Marcos 4:40).

Usted puede pensar que esto suena severo. Era una reacción normalmente humana el tenerle miedo a la tormenta. Pero Jesús no los estaba reprendiendo por esa razón. En lugar de eso, él les estaba diciendo, “Después de todo este tiempo conmigo, ustedes todavía no saben quién soy yo. ¿Cómo pudieron haber caminado conmigo tanto tiempo, y no me conocen íntimamente?”

Ciertamente, los discípulos estaban atónitos por los milagros asombrosos que Jesús había efectuado. “Entonces sintieron un gran temor, y se decían uno al otro: ¿Quién es este, que aun el viento y el mar lo obedecen?” (4:41)

¿Puede usted imaginarse? Los propios discípulos de Jesús no lo conocían. El había llamado personalmente a cada uno de ellos para que lo sigan, y había ministrado a su lado a multitud de personas. Ellos habían efectuado milagros de sanidad, y habían alimentado a masas de personas hambrientas. Pero ellos eran extraños a quién su Maestro realmente era.

Trágicamente, lo mismo sucede hoy día. Multitudes de Cristianos han subido a la barca con Jesús, han ministrado junto a él y han alcanzado a multitudes en su nombre. Pero ellos realmente no conocen a su Maestro. No han pasado tiempos íntimos a solas con él. Nunca se han sentado calladamente en su presencia, abriendo sus corazones a él, esperando y escuchando para comprender lo que él quiere decirles.

Vemos otra escena sobre la fe de los discípulos en Lucas 17. Los discípulos vinieron a Jesús pidiéndole, “Aumenta nuestra fe” (Lucas 17:5). Muchos Cristianos hoy día preguntan la misma pregunta: “¿Cómo puedo obtener fe?” Pero ellos no buscan al Señor para recibir la respuesta.

Si usted quiere aumentar su fe, usted tiene que hacer lo mismo que Jesús les dijo a sus discípulos que hagan en este pasaje. ¿Cómo les respondió su pedido de más fe? “Prepárame la cena, cíñete y sírveme hasta que haya comido y bebido” (17:8). Jesús estaba diciendo en esencia, “Ponte tus ropas de paciencia. Luego ven a mi mesa y cena conmigo. Yo quiero que me alimentes allí. Tú has trabajado arduamente todo el día. Ahora quiero que tengas comunión conmigo. Siéntate conmigo, abre tu corazón, y aprende de mí”.

lunes, 28 de julio de 2008

ÉL AGRADÓ A DIOS

Enoc disfrutó de un compañerismo cercano con el Señor. En realidad, su comunión con Dios fue tan íntima, que el Señor lo traspuso a la gloria mucho antes de que su vida en la tierra fuera a acabarse. “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, por que lo traspuso Dios; y antes que fuera traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios” (Hebreos 11:5).

¿Por qué Dios eligió trasponer a Enoc? Las palabras que encabezan este versículo nos dicen claramente que fue debido a su fe. Y además, La frase final nos dice que la fe de Enoc agradó a Dios. La raíz Griega para la palabra “agradó”, aquí significa completamente unido, totalmente en acuerdo, en unidad total. Para decirlo de una manera simple, Enoc tuvo la comunión más cercana posible con el Señor que cualquier otro ser humano pudo haber disfrutado. Y este compañerismo íntimo era agradable a Dios.

La Biblia nos dice que Enoc comenzó a caminar con el Señor después de que engendró a su hijo Matusalén. Enoc tenía sesenta y cinco años en ese tiempo. El entonces pasó los próximos 300 años teniendo compañerismo íntimo con Dios. El libro de Hebreos deja en claro que Enoc estaba tan en contacto con el Padre, tan cerca de él en su comunión por horas, que Dios eligió llevarlo a casa consigo mismo. En esencia, el Señor le dijo a Enoc, “Ya no puedes ir más allá en la carne. Para aumentar mi intimidad contigo, tengo que traerte a mi lado.” Y Dios se lo llevó repentinamente a la gloria.

De acuerdo a Hebreos 11:5, lo que agradó a Dios fue la intimidad de Enoc. A nuestro conocimiento, este hombre nunca efectuó un milagro, nunca desarrolló una profunda teología, nunca hizo grandes obras que fuesen dignas de haber sido mencionadas en las Escrituras. En lugar de eso, leemos esta simple descripción de la vida de este hombre: “Enoc caminó con Dios”.

Enoc tuvo comunión íntima con el Padre. Y su vida hasta ahora es un testimonio de lo que verdaderamente significa caminar en fe.

domingo, 27 de julio de 2008

AMIGO DE DIOS

Considere la manera en que Dios describe su relación con Abraham: “Abraham mi amigo” (Isaías 41:8). De igual manera el Nuevo Testamento nos dice, “Abraham creyó a Dios…y fue llamado amigo de Dios” (Santiago 2:23).

¡Qué increíble distinción, ser llamado el amigo de Dios! La mayoría de los Cristianos han cantado ese himno tan conocido, “Qué gran amigo tenemos en Jesús”. Los pasajes bíblicos que acabamos de ver nos muestran esta verdad de una manera poderosa. Que el Creador del universo llame a un hombre su amigo, parece estar más allá del entendimiento humano. Pero sucedió con Abraham. Es una seña de la gran intimidad de este hombre con Dios.

La palabra Hebrea que Isaías usa para decir “amigo” aquí, significa afecto e intimidad. Y la palabra Griega que usa Santiago para decir “amigo”, significa alguien querido, una relación cercana. Ambos implican una intimidad profunda y compartida.

Mientras más cerca crecemos hacia Cristo, más grande se hace nuestro deseo de llegar a vivir completamente en su presencia. Y también, empezamos a ver más claramente que Jesús es nuestro único y verdadero cimiento.

La Biblia nos dice que Abraham “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10). Para Abraham, nada en esta vida era permanente. Las Escrituras nos dicen que en el mundo él era “como extranjero”. No era un lugar para sentar raíces. El país celestial que Abraham anhelaba, no era un lugar literario. Era estar en casa con el Padre. Vea usted, la palabra Hebrea para “ciudad” es Pater. Tiene su raíz de la palabra que significa “Padre”. Así que la ciudad celestial que Abraham esperaba, era literalmente un lugar con el Padre.

Y sin embargo, Abraham no era un místico. El no era un santurrón con humos de santidad y que vivía en una neblina espiritual. Este hombre vivió una vida terrenal, envuelto activamente en los asuntos mundiales. Después de todo, él era el dueño de miles de cabezas de ganado. Y él tenía suficientes sirvientes como para formar un pequeño ejército. Abraham tenía que haber sido un hombre muy ocupado, dirigiendo a sus sirvientes y comprando y vendiendo ganado, ovejas y cabras.

Pero de alguna manera, a pesar de los muchos asuntos de negocios y responsabilidades, Abraham encontró tiempo para tener intimidad con el Señor.

jueves, 24 de julio de 2008

EL PODER DE MANTENERSE VERDE

Yo fui guiado a estudiar Apocalipsis 9, el capítulo de las langostas. Mientras leía el verso 4, sobre la orden que Dios les da a las langostas de no destruir nada verde, un pensamiento saltó dentro de mí.

Me di cuenta que aquí estaba la llave para mantenerse seguro en cualquier tiempo de terror: “mantenerse verde”. David escribió, “Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios…eternamente y para siempre” (Salmo 52:8).

El “verde” al que David se refiere aquí, significa salud espiritual. Significa estar lleno de vida, crecer, ser fructífero. David nos está diciendo, “Mi salud viene de confiar en el Señor. Yo me lleno de vida cuando me vuelvo a él. Mi confianza en él produce vida espiritual en mí.”

Aquí hay una gloriosa verdad sobre el poder de mantenerse verde. “Así ha dicho Jehová; ¡Maldito aquél que confía en el hombre, que pone su confianza en la fuerza humana, mientras su corazón se aparta de Jehová! Será como la retama en el desierto, y no verá cuando llegue el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada” (Jeremías 17:5-6).

El Señor nos advierte, “No confíes en el hombre. Si pones tu fe en el poder humano en lugar del mío, serás maldito.”

Pero, si ponemos nuestra confianza en el Señor, aquí está lo que nuestra fe producirá: “¡Bendito el hombre que confía en Jehová, cuya confianza está puesta en Jehová! Por que será como un árbol plantado junto a las aguas, que junto a las corrientes echará sus raíces. No temerá cuando llegue el calor, sino que su hoja estará verde. En el año de sequía no se inquietará ni dejará de dar fruto” (17:5-6).

Cuando confiamos totalmente en el Padre, ponemos nuestras raíces en el río de la salud. Y su divina fortaleza – salud espiritual frondosa, verde- fluye dentro y a través de todo nuestro ser. Mientras todo alrededor nuestro se esté pudriendo, nosotros estaremos frondosos como un árbol verde, saludable y fuerte. Y cuando venga la hora de los problemas, no nos marchitaremos ni decaeremos. En lugar de eso, nuestra fe continuará creciendo.

miércoles, 23 de julio de 2008

EL FUEGO DE DIOS TODAVÍA ARDE

Penosamente, mucho del Cuerpo de Cristo parece un “Valle de Huesos Secos” de días modernos. Es un desierto lleno con los esqueletos blanqueados de Cristianos caídos. Ministros y otros creyentes devotos se han apagado por un pecado que los asedia. Y ahora están llenos de vergüenza, escondiéndose en cuevas que ellos mismos han construido. Como Jeremías, se han convencido a sí mismos, “No me acordaré más de él [el Señor] ni hablaré más en su nombre” (Jeremías 20:9).

Dios todavía sigue preguntando la misma pregunta que le hizo a Ezequiel: “¿Pueden estos huesos muertos vivir otra vez?” La respuesta a esta pregunta es un “¡Sí!” rotundo. ¿Cómo? Sucede al renovar nuestra fe en la Palabra de Dios.

La misma Palabra de Dios es un fuego consumidor. Ciertamente, es la única verdadera luz que tenemos durante nuestras noches oscuras de desesperación. Es nuestra única defensa en contra de las mentiras del enemigo, cuando él susurra, “Estás acabado. Has perdido el fuego. Y nunca lo recuperarás.”

La única cosa que nos sacará de nuestra oscuridad es la fe. Y la fe viene por oír la Palabra de Dios. Nosotros simplemente tenemos que aferrarnos a la Palabra que ha sido implantada en nosotros. El Señor ha prometido, “No dejaré que te hundas; así que no tienes razón para desesperarte. No tienes por qué rendirte. Descansa en mi Palabra.”

Usted puede pensar, “Pero ésta noche oscura es peor de lo que antes yo he conocido. He escuchado mil sermones de la Palabra de Dios, pero ninguno parece tener ningún valor para mí ahora”. No se desespere, el fuego de Dios todavía está ardiendo en usted, aunque usted no pueda verlo. Y usted debe de avivar ese fuego con la gasolina de la fe. Usted hace esto al confiar en el Señor. Cuando usted lo hace, usted verá todas sus dudas y lujurias consumidas.

El aliento del Espíritu de Dios está dando vida nuevamente a cada hueso seco. El les está haciendo recuerdo de la Palabra que implantó en ellos. Y aquellos que una vez habían caído muertos, están siendo revividos. Ellos están clamando como Jeremías lo hizo, “El fuego de Dios ha estado guardado dentro de mí por mucho tiempo. Ya no puedo mantenerlo escondido más. Puedo sentir el poder de Dios levantándome. El está poniendo vida dentro de mí. Y yo voy a hablar la Palabra que él me dio. Voy a proclamar su misericordia y su poder sanador.”

martes, 22 de julio de 2008

MI VIDA ESTA PRESERVADA

La Biblia nos dice que Jacob recibió una increíble revelación a través de un encuentro “cara a cara” con Dios: “Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; por que dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” (Génesis 32:39). ¿Cuál fue la circunstancia alrededor de esta revelación? Fue en el punto más bajo, más aterrador de la vida de Jacob. En ese tiempo, Jacob se encontró atrapado entre dos fuerzas poderosas: su suegro Labán quien estaba muy enojado, y su hermano Esaú, hostil y amargado.

Jacob había trabajado más de veinte años para Labán, el cual lo había engañado una y otra vez. Finalmente Jacob se hartó, y sin decir nada a Labán, tomó a su familia y se marchó.

Labán lo persiguió por el Este con un pequeño ejército, listo para matar a Jacob. Pero sólo cuando Dios advirtió a Labán en un sueño de no hacer daño a Jacob, éste dejó que se fuera. Tan pronto como Labán se aparta, Esaú aparece por el Oeste. El también traía un pequeño ejército de 400 hombres, listos para matar a su hermano por haberle robado su derecho de primogénito.

Jacob se encontró en una situación calamitosa, convencido que iba a perderlo todo. Las cosas se veían sin esperanza; pero en esa hora oscura, Jacob tuvo un encuentro con Dios como nunca antes. El luchó con un ángel que muchos estudiosos de la Biblia creen que fue el Señor mismo.

Ahora piense también sobre Job. En su hora más oscura, Dios se le apareció en un torbellino. Y Dios le dio a este hombre una de las revelaciones más grandes de sí mismo como nunca lo ha hecho con ningún otro ser humano.

Dios llevó a Job al cosmos, luego a las profundidades del mar. El lo guió a los secretos mismos de la creación, y Job vio cosas que ninguna persona había visto. A él se le mostró la gloria misma y la majestad de Dios. Job emergió de esa experiencia alabando a Dios, diciendo, “Yo sé ahora que tú puedes hacer cualquier cosa, Señor. Me arrepiento por haber cuestionado tus decisiones. Yo veo que todas las cosas están bajo tu control y dirigidas por tu gracia. Tú tenías un plan todo el tiempo, pero ahora yo actualmente te he visto con mis ojos” (ver Job 42:2-5).

Algo maravilloso sucede cuando nosotros simplemente confiamos. Una paz viene sobre nosotros, capacitándonos para decir, “No importa lo que salga de todo este problema. Mi Dios tiene todo bajo control. No tengo que temerle a nada.”

lunes, 21 de julio de 2008

EL TIENE TODAS LAS LLAVES

A través de las Escrituras, las más grandes revelaciones de las bondades de Dios vinieron a las personas durante sus momentos de problemas, calamidades, aislamiento y privaciones. Encontramos un ejemplo de esto en la vida de Juan. Durante tres años, este discípulo estuvo “recostado cerca del pecho de Jesús”. Fue un tiempo de descanso, paz y felicidad, sin problemas ni dificultades. Durante todo ese tiempo, Juan recibió muy poca revelación. El conoció a Jesús solo como El Hijo de hombre. Entonces, ¿Cuándo recibió él su revelación de Cristo en toda su gloria?

Sucedió sólo después de que Juan fuese sacado de Éfeso a rastras y en cadenas. El fue exilado a la isla de Patmos, y sentenciado a trabajos forzados. El estaba aislado, sin comunicación, sin amigos ni familia que lo consuelen. Fue un tiempo de completa desesperación, el punto más bajo en su vida.

Es aquí cuando Juan recibe la revelación de su Señor que llegaría a ser el elemento final de las Escrituras: El libro de Apocalipsis. En esa hora oscura, la luz del Espíritu Santo vino a él y Juan vio a Jesús como nunca lo había visto antes. El literalmente vio a Cristo como el Hijo de Dios.

Juan no recibió esta revelación mientras él estaba con los otros apóstoles, o aun durante los días de Jesús en la tierra. Pero ahora, en su hora más oscura, Juan vio a Cristo en toda su gloria, declarando “[Yo soy] el que vivo, y estuve muerto, mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:18). Esta increíble revelación hizo que Juan cayera como muerto. Pero Jesús lo levantó y le mostró las llaves que él tenía en sus manos. Y él lo tranquilizó a Juan diciéndole, “No temas” (1:17).

Yo creo que esta revelación viene a cada siervo (o sierva) lastimado que ora, y que está pasando momentos de necesidad. El Espíritu Santo dice, “Jesús tiene todas las llaves de la vida y de la muerte. Así que la partida de cada uno descansa en sus manos”. Esta revelación tiene el propósito de traer paz a nuestros corazones. Al igual que Juan, debemos visualizar a Jesús de pié delante de nosotros, y sosteniendo las llaves de la vida y de la muerte, asegurándonos a nosotros “No teman. Yo tengo todas las llaves. ¿Cuál debe de ser nuestra respuesta? Como Job, debemos de decir en fe, “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21).

domingo, 20 de julio de 2008

GRACIA DE PERSONAS

Dios con frecuencia usa ángeles para ministrar a las personas. Pero mayormente, él usa sus propias personas cariñosas para repartir su gracia. Esta es una razón por la que hemos sido hechos partícipes de su gracia: para ser canales de ella. Se supone que la repartamos a otros. Yo llamo a esto “gracia de personas.”

“Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7). Debido al consuelo que se nos es dado por medio de la gracia de Dios, es imposible que ninguno de nosotros continúe apenado toda su vida. En algún punto, estaremos siendo sanados por el Señor y comenzamos a almacenar una reserva de la gracia de Dios.

Yo creo que es esto lo que Pablo quiso decir cuando él escribió, “del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios…de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutable riquezas de Cristo” Efesios 3:7-8). “Todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia” (Filipenses 1:7). El apóstol está haciendo una declaración profunda. El está diciendo, “Cuando yo voy al trono de Dios para obtener gracia, es por vuestro bien. Yo quiero ser un pastor misericordioso para vosotros, y no uno que sea crítico o sentencioso. Quiero estar dispuesto a dispensar gracia a vosotros en vuestros tiempos de necesidades”. La gracia de Dios hizo que Pablo sea un pastor compasivo, capaz de llorar con aquellos que estaban afligidos.

Pedro escribe, “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10). ¿Qué significa ser un buen administrador o dispensador de la multiforme gracia de Dios? ¿Soy yo tal persona? ¿O paso mi tiempo orando por mi propio dolor, penas y problemas?

Amados, nuestros sufrimientos actuales están produciendo algo precioso en nuestras vidas. Están formando en nosotros un clamor por el don de la misericordia y la gracia, para ofrecérselas a otros que están doliendo. Nuestros sufrimientos hacen que nosotros queramos ser dadores de gracia.

jueves, 17 de julio de 2008

MIGAJAS

La mujer con su hija atormentada por un demonio persistió en buscar a Jesús. Finalmente, los discípulos instaron a su maestro, “Señor, dile que se vaya, desásete de ella. Ella no deja de molestarnos”. Note la respuesta de Jesús a los ruegos de la mujer: “Pero Jesús no le respondió palabra” (Mateo 15:23). Evidentemente, Cristo ignoró toda esta situación. ¿Por qué tomó esta actitud? Jesús sabía que la historia de esta mujer sería contada a cada generación futura, y él quería revelar una verdad para todos aquellos que la lean. Así que él probó la fe de la mujer diciendo, “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (15:24). Cristo estaba diciendo, “Yo he venido para la salvación de los Judíos. “¿Por qué malgastaría yo el evangelio de ellos en un Gentil?

Esta declaración hubiera hecho que cualquier persona se hubiera ido, pero esta mujer no cedió. Ahora, yo le pregunto, ¿Qué tan fácil usted deja de orar por algo? ¿Cuántas veces usted se ha acobardado y ha razonado, “He buscado al Señor. He orado y he pedido. Pero no recibo resultados”?

Considere cómo respondió esta mujer. Ella no contestó quejándose, ni con un dedo acusador diciendo, “¿Por qué te niegas a mí, Jesús?” No, las Escrituras dicen lo contrario: “Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¿Señor, socórreme!” (15:25).

Lo que continúa es duro de leer. Una vez más, Jesús desairó a la mujer. Pero esta vez su respuesta fue más áspera. El le dijo, “No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros” (15:26). Una vez más él la estaba probando.

Ahora la madre respondió, “Sí Señor; pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (15:27). ¡Qué respuesta increíble! Esta mujer determinada no iba a ceder en su búsqueda de Jesús. Y el Señor la elogió por ello. Jesús le dijo a ella, “¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora” (15:28).

Amados, no debemos de conformarnos con las migajas. Se nos ha prometido toda la gracia y misericordia que necesitemos en nuestras crisis. Y eso incluye cada crisis que tiene que ver con nuestra familia, ya sean salvos o no. Hemos sido invitados a venir audazmente al trono de Cristo, con confianza.

miércoles, 16 de julio de 2008

MÁS ALLÁ DE LA ESPERANZA HUMANA

Llega un tiempo en que ciertas situaciones de la vida están más allá de la esperanza humana. No hay consejero, doctor, ni medicina ni cualquier otra cosa que pueda ayudar. La situación se ha vuelto imposible. Se requiere un milagro, o si no acabará en devastación.

Durante esos tiempos, la única esperanza que queda es que alguien pueda llegar a Jesús. No importa quien sea, padre, madre, o niño. Esa persona tiene que tomar la responsabilidad de agarrarse de Jesús. Y tienen que determinar, “Yo no me voy hasta que me hable el Señor. El tiene que decirme, ‘Esta hecho. Ahora puedes irte.’”

En el Evangelio de Juan, encontramos una familia en una crisis así: “Había en Capernaúm un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo” (Juan 4:46) Esta era una familia distinguida, tal vez de realeza. Un espíritu de muerte estaba sobre esa casa, mientras los padres cuidaban de su hijo que estaba muriendo. Pudo haber habido otros miembros de la familia en la casa, tal vez tíos o tías, abuelos, o algún otro hijo. Se nos dice que todo el hogar creyó, incluyendo los sirvientes. “[El padre] creyó él con toda su casa” (4:53).

Alguien en esa angustiada familia sabía quién era Jesús, y había escuchado de su poder milagroso. Y de alguna manera, la noticia llegó al hogar de que Jesús estaba en Caná, como a cuarenta kilómetros de distancia. En desesperación, el padre se propuso poder llegar al Señor. Las escrituras nos dicen “Cuando oyó aquel que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a él” (4:47).

Este oficial del rey tenía una determinación fuerte y llegó a Jesús. La Biblia dice que él “le rogó que descendiera y sanara a su hijo, que estaba a punto de morir” (4:47). Qué cuadro maravilloso de intercesión. Este hombre dejó todo a un lado para buscar que el Señor le diese una palabra.

Cristo le respondió, “Si no veis señales y prodigios, no creeréis” (4:48). ¿Qué quiso decir Jesús con esto? El le estaba diciendo a este oficial del rey que una milagrosa liberación no era su necesidad más grande. En lugar de eso, la necesidad más importante era la fe de este hombre. Piense sobre esto: Cristo pudo haber ido a la casa de esa familia, pudo haber puesto sus manos sobre el hijo moribundo y sanarlo. Pero lo único que toda esa familia hubiera conocido de Jesús, es que él hacía milagros.

Cristo deseaba más para este hombre y su familia. El quería que ellos creyeran que él era Dios encarnado. Así que en esencia él le dijo a este oficial del rey “¿Crees que es Dios al que tú le estás suplicando por ayuda? ¿Crees que yo soy el Cristo, el salvador del mundo?” El oficial del rey respondió, “Señor, desciende antes que mi hijo muera” (4:49). En ese momento, Jesús debió de haber visto fe en este hombre. Fue como si Jesús hubiera dicho, “El cree que soy Dios encarnado.” Por que leemos, “Jesús le dijo: Vete; tu hijo vive” (4:50).

martes, 15 de julio de 2008

LOS CIMIENTOS DE LA FE

¿Sobre qué cimientos está su fe construida? Las Escrituras nos dicen que la fe viene por el oír, y que la Palabra de Dios nos da “oídos espirituales” permitiéndonos oír (ver Romanos 10:17). Bueno, aquí está lo que la Biblia dice sobre la experiencia de los desiertos en nuestras vidas:

• “No me arrastre la corriente de las aguas, ni me trague el abismo…Respóndeme, Jehová, por que benigna es tu misericordia…No escondas de tu siervo tu rostro, por que estoy angustiado” (Salmo 69:15-17). Claramente, las aguas de aflicción inundan las vidas de los que agradan a Dios.
• “Por que tú, Dios, nos probaste; nos purificaste como se purifica la plata. Nos metiste en la red; pusiste sobre nuestros lomos pesada carga… ¡Pasamos por el fuego y por el agua!” (66:10-12). ¿Quién nos mete en la red de aflicciones? Dios mismo lo hace.
• “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; pero ahora guardo tu palabra…Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos” (119:67, 71). Estos versos lo hacen perfectamente claro: Es bueno para nosotros – aun nos bendice – el ser afligidos.

Considere el testimonio del Salmista: “Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas…Me rodearon ligaduras de muerte, me encontraron las angustias del seol; angustia y dolor había yo hallado. Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo: ‘¡Jehová, libra ahora mi alma!’” Salmo 116:1-4). Aquí tenemos a un siervo fiel quien amaba a Dios y tenía gran fe. Aún así, él enfrentó las penas del dolor, problemas y muerte.

Encontramos este tema a través de la Biblia. La Palabra de Dios declara a gran voz que el camino hacia la fe es a través de las aguas y del fuego: “En el mar fue tu camino y tus sendas en las muchas aguas” (Salmo 77:19). “He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz…Abriré camino en el desierto y ríos en la tierra estéril” (Isaías 43:19) “Cuando pases por las aguas yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás ni la llama arderá en ti (Isaías 43:2). “Por que yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha y te dice: ‘No temas, yo te ayudo’”. (Isaías 41:13)

El último verso contiene una llave importante: En cada desierto que enfrentamos, nuestro Padre está agarrando nuestra mano. Pero sólo aquellos que pasan por el desierto reciben esta mano de consuelo. El se la extiende a aquellos que están atrapados en rugientes ríos de problemas.

lunes, 14 de julio de 2008

EL PODER DEL ESPÍRITU PARA LIBRAR

“El nos libró y nos libra y esperamos que aun nos librará de tan grave peligro y de muerte” (2Corintios 1:10). ¡Que declaración increíble! Pablo está diciendo, “El Espíritu me libró de una situación desesperada. El me está librando aún ahora. Y él continuará librándome en todas mis aflicciones.”

El recibir al Espíritu Santo no es evidenciado por una manifestación emocional. (Pero creo que hay manifestaciones del Espíritu). De lo que estoy hablando es de recibir al Espíritu a través de un conocimiento que continúa aumentando. Recibirlo a él significa tener una luz que aumenta siempre para conocer más de su poder liberador, de que lleva cargas, de su provisión.

Yo repito las palabras de Pedro: “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia” (2 Pedro 1:3). Según Pedro, el poder divino del Espíritu no viene como una manifestación. El viene primero “mediante el conocimiento de aquel que nos llamó”.

“De su plenitud recibimos todos” (Juan 1:16). Además, el Espíritu Santo no es completamente recibido hasta que está en completo control. Nosotros simplemente no lo hemos recibido si no le hemos dado control absoluto. Debemos de entregarnos totalmente a su cuidado.

Déjeme darle un último ejemplo para ilustrar esto. En Génesis 19, encontramos a Lot y a su familia en una crisis terrible. El juicio iba a caer sobre su ciudad, Sodoma, así que Dios había enviado a sus ángeles para librarlos. Lot les abrió su puerta a estos mensajeros del Señor, y ellos entraron a la casa. Ellos tenían el poder del cielo para librar a toda la familia. Pero los ángeles no fueron recibidos.

Al final, los ángeles tuvieron que forzar su voluntad sobre Lot y su familia, sacándolos a empujones fuera de Sodoma. El plan de Dios todo ese tiempo era librarlos por medio del escape. El los iba a vestir y a darles de comer, y a cuidar de ellos. Pero como sabemos, la esposa de Lot miró hacia atrás y murió.

El mensaje de los ángeles era claro: “Si usted quiere que Dios esté dirigiendo, entonces entréguele a él las riendas. Si usted lo busca para ser librado, usted tiene que dejar sus propios planes a un lado y estar decidido a hacerlo a la manera de él.” Puesto de una manera simple, el Espíritu Santo no usa sus poderes para librar a los que dudan. La incredulidad aborta su trabajo. Tenemos que estar dispuestos a dejar que él haga cambios en nuestras vidas, si ese es el camino que Dios ha escogido para librarnos.

domingo, 13 de julio de 2008

EL DELEITE DE DIOS

Dios no solamente ama a su pueblo sino que se deleita en cada uno de nosotros: El encuentra gran placer en nosotros. El es realmente bendecido en guardarnos y en librarnos.

Yo veo esa clase de placer paternal en mi esposa Gwen, cuando uno de nuestros nietos llama por teléfono. Ella se ilumina como un árbol de Navidad cuando está hablando con uno de sus nietos. Nada puede apartarla del teléfono. Aún si le dijera que el Presidente de la nación está en la puerta de nuestra casa, ella no me haría caso y seguiría hablando.

¿Cómo podría yo alguna vez acusar a mi Padre celestial de deleitarse menos en mí de lo que yo me deleito en mi propia prole? A veces mis hijos me han fallado, haciendo cosas contrarias a las que les he enseñado. Pero ni una sola vez he dejado de amarlos o de deleitarme en ellos. Así que, si yo poseo esa clase de amor que permanece y soy un padre imperfecto, ¿cuánto más nuestro Padre celestial nos ama a nosotros sus hijos?

Josué y Caleb se pusieron de pié en medio de la congregación de Israel y clamaron, “Si el Señor se deleita en nosotros, él nos llevará a esta tierra y nos la entregará” (Números 14:8). Qué declaración tan simple y al mismo tiempo tan poderosa. Ellos estaban proclamando, “Nuestro Señor nos ama y se deleita en nosotros. Y él va a derrotar a cada gigante, por que él se deleita en hacerlo por nosotros. Así que no debemos de mirar a nuestros obstáculos. Debemos mantener nuestros ojos en el gran amor que el Señor tiene por nosotros”.

A través de todas las Escrituras leemos de que Dios se deleita en nosotros: “…Pero los perfectos de camino son su deleite” (Proverbios 11:20). “La oración de los rectos es su gozo” (Proverbios 15:8). “Me libró de mi poderoso enemigo…por que eran más fuerte que yo…me saco a lugar espacioso; me libró, por que se deleitó en mí” (Salmo 18:17-19).

Es absolutamente imperativo que nosotros creamos que Dios nos ama y que se deleita en nosotros. Entonces seremos capaces de aceptar que cada circunstancia en nuestra vida eventualmente nos demostrará la voluntad amorosa de nuestro Padre por nosotros. Emergeremos de nuestro desierto recostados sobre el amoroso brazo de Jesús. Y él cambiará nuestro lamento en baile.

jueves, 10 de julio de 2008

CONQUISTANDO LAS TINIEBLAS

Solamente una cosa conquista y disipa las tinieblas, y esa cosa es la luz. Isaías declaró, “El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz” (Isaías 9:2). De igual manera, Juan escribió, “La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la dominaron” (Juan 1:5)

La luz representa entendimiento. Cuando decimos “Veo la luz”, estamos diciendo, “Ahora entiendo”. ¿Ve usted lo que las Escrituras están diciendo? El Señor va a abrir nuestros ojos, no para ver a un demonio victorioso, sino para recibir nueva revelación. Nuestro Dios ha enviado al Espíritu Santo, cuyo poder es más grande que todos los poderes del infierno: “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo”
(1 Juan 4:4).

En Apocalipsis leemos que el infierno arrojará langostas y escorpiones que tendrán gran poder. Leemos sobre un dragón, bestias, criaturas con cuernos, y también del Anticristo. Pero no entendemos el significado de todas esas criaturas. Es más, no necesitamos hacerlo. No necesitamos preocuparnos por el Anticristo ni por la marca de la bestia.

Dentro de nosotros está viviendo el Espíritu del Dios Todopoderoso y de su Cristo. Pablo declara que el poder del Espíritu Santo está trabajando en nosotros. En otras palabras, el Espíritu Santo está vivo en nosotros en este mismo momento.

Así que, ¿Cómo trabaja el Espíritu en nosotros durante los tiempos difíciles? Su poder es liberado solo cuando lo recibimos a él como nuestro llevador de cargas. El Espíritu Santo nos fue dado por esta razón en particular, para llevar nuestras penas y preocupaciones. Así que, ¿Cómo podemos decir que lo hemos recibido, si no le hemos entregado nuestras cargas a él?

El Espíritu Santo no está encerrado arriba en la gloria, sino que está permaneciendo en nosotros. Y él está ansiosamente esperando tomar control de cada situación en nuestras vidas, incluyendo nuestras aflicciones. Así que, si continuamos con miedo – desesperados, con incertidumbre, hundiéndonos en ansiedad – entonces no lo hemos recibido como nuestro consolador, ayudador, guía, rescatador y fortaleza.

El verdadero testigo para el mundo es el Cristiano quien ha entregado todas sus cargas al Espíritu Santo. Como los Tesalonicenses, este creyente ve problemas en su todo entorno, pero continúa teniendo la alegría del Señor. El confía en el Espíritu de Dios para su consuelo, y su guía para salir de la aflicción. Y él tiene un testimonio poderoso para el mundo perdido, por que él personifica la alegría a pesar de estar rodeado de tinieblas. Su vida le dice al mundo, “Esta persona ha visto la luz.”

miércoles, 9 de julio de 2008

EL CUARTO SECRETO

“Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público” (Mateo 6:6).

En el pasado, yo he enseñado que debido a las demandas de trabajar para nuestro sustento, podíamos tener “un lugar secreto” de oración en cualquier lugar: en el carro, en el bus, durante un descanso en el trabajo. En realidad, esto es cierto. Pero hay más. La palabra Griega por “cuarto” en este verso significa “un cuarto privado, un lugar secreto”. Esto estaba claro para los que escucharon hablar a Jesús, por que en esa cultura sus casas tenían un cuarto escondido que servía como un armario para guardar cosas. El mandato de Jesús era que como individuos vayamos a ese cuarto escondido y cerremos la puerta detrás de nosotros. Allí podremos entrar en la clase de oración que no puede acontecer en la iglesia ni con un compañero de oración.

Jesús dio el ejemplo para esto, cuando él se retiraba a los lugares privados para orar. Una y otra vez las Escrituras nos dicen que él “se apartó” para tener tiempo de oración. Nadie tenía una vida tan ocupada como él, bajo la presión de las necesidades de tantas personas alrededor de él, y con tan poco tiempo para sí mismo. Aun así, se nos dice que “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35). “Después de despedir a la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mateo 14:23).

Todos nosotros tenemos excusas de por qué no oramos en un lugar especial, a solas. Decimos que no tenemos un lugar así, o que no tenemos tiempo para hacerlo. Un hombre de Dios, el escritor Puritano Thomas Manton dice lo siguiente: “Decimos que no tenemos tiempo para orar en secreto. Pero tenemos tiempo para todo lo demás: tiempo para comer, para beber, para nuestros hijos, pero no tenemos tiempo para lo que sostiene todas las cosas. Decimos que no tenemos un lugar privado, pero Jesús encontró una montaña, Pedro encontró una azotea, los profetas encontraron un desierto. Si usted ama a alguien, usted encontrará un lugar donde puedan estar a solas.”

¿Puede usted ver la importancia de afirmar su corazón para orar en un lugar secreto? No se trata de legalismos o ataduras, sino se trata de amor. Se trata de la bondad de Dios hacia nosotros. El ve lo que viene y sabe que necesitamos recursos tremendos, y que necesitamos ser llenados diariamente. Todo esto sucede en el lugar secreto con él.

martes, 8 de julio de 2008

SENTADOS CON JESÚS

Según Pablo, nosotros los que creemos en Jesús, hemos sido resucitados de nuestra muerte espiritual y estamos sentados juntos con él en los lugares celestiales. “Aun estando nosotros muertos en pecados, [Dios] nos dio vida juntamente con Cristo… juntamente con él nos resucitó y así mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” Efesios 2:5-6).

¿Dónde está este lugar celestial donde estamos sentados con Jesús? No es otra cosa que el mismo lugar del trono de Dios – el trono de la gracia, la habitación del Todopoderoso. Dos versos más tarde nosotros leemos sobre cómo fuimos llevados a este lugar maravilloso: “Por que por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (2:8).

Este lugar del trono es la sede de todo el poder y dominio. Es el lugar donde Dios gobierna sobre todos los principados y poderes, y desde donde reina sobre los asuntos de los hombres. Aquí en la sala del trono, él monitorea cada movimiento de Satanás y examina cada pensamiento de los hombres.

Y Cristo está sentado a la diestra del Padre. Las Escrituras nos dicen, “Todas las cosas fueron hechas por él” (Juan 1:3). Y, “En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad” (Colosenses 2:9). En Jesús reside toda la sabiduría y paz, todo el poder y fortaleza, todo lo necesario para vivir una vida victoriosa y fructífera. Y se nos ha dado acceso a todas esas riquezas que están en Cristo.

Pablo nos está diciendo, “Tan seguramente así como Cristo fue resucitado de los muertos, hemos sido resucitados por el Padre. Y así de seguro como Cristo fue llevado al trono de la gloria, nosotros hemos sido llevados con él a ese mismo lugar glorioso. Porque nosotros estamos en él, es que estamos también donde él está. Ese es el privilegio de todos los creyentes. Significa que estamos sentados con él en el mismo lugar celestial donde él habita.”

Pablo dice que todas las bendiciones espirituales son otorgadas en la sala del trono. Todas las riquezas de Cristo están disponibles para nosotros allí: constancia, fortaleza, descanso, paz continua y en aumento. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3).

lunes, 7 de julio de 2008

UN GRAN DESPERTAR

¿Qué quiero decir con un gran despertar? Hablo de lo que Pablo describe como una revelación e iluminación: “Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él. Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza” (Efesios 1:17-19)

Pablo les estaba diciendo a los Efesios, “Yo oro para que Dios les dé una fresca revelación, para que él les abra los ojos al llamado que les ha dado. Le estoy pidiendo que os dé nuevo entendimiento sobre vuestra herencia, las riquezas de Cristo que os pertenecen. Existe un impresionante poder que Dios quiere desatar en vosotros. Es el mismo poder que estaba en Jesús. Sí, el mismo poder que tiene el Cristo entronado en el cielo, está en vosotros ahora mismo.”

Según Pablo, “[el poder de la fuerza de Dios] la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” es la misma “supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos” (1:20,19). Por esta razón, Pablo nos exhorta, “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe” (2 Corintios 13:5)

¿Cómo es que debemos examinarnos? Lo hacemos midiéndonos en luz a las maravillosas promesas de Dios. Debemos de preguntarnos: “¿Saco yo de los recursos de Cristo para resistir al diablo? ¿Acceso a su poder para vencer al pecado? ¿Vivo continuamente en la felicidad, paz y descanso que Jesús ha prometido a cada creyente sin excepción?”

Para usted, su propio “gran despertar” viene el día en que usted mira a su vida y clama, “Tiene que haber más de la vida en Cristo que esto. Todos mis planes se han deshecho. Mis sueños se han hecho añicos. Vivo como esclavo de mis miedos y deseos de mi carne. Pero no puedo seguir así más”.

“Sé que el Señor me ha llamado a algo más que a esta vida vencida. Y no seré un hipócrita. Oh, Dios, ¿existe realmente un lugar donde tú me suplirás con fortaleza para vivir victoriosamente? ¿Estás realmente deseoso de hacerme más que conquistador en todas mis aflicciones? ¿Es verdad que has provisto un lugar perfecto de paz para mí en medio de mis batallas?”

¿Es realmente posible para mí tener intimidad continua contigo? ¿Es verdad que no tengo que deslizarme a la apatía nunca más ni luchar penosamente para complacerte? ¿Hay realmente un lugar de descanso en ti donde yo nunca más necesitaré ser avivado, por que mi fe continúa firme?”

domingo, 6 de julio de 2008

LLENO CON EL ESPÍRITU

“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia” (2 Pedro 1:3).

Por años yo he afirmado estar lleno del Espíritu. He testificado que he sido bautizado en el Espíritu. He predicado que el Espíritu Santo me da poder para testificar, y que él me santifica. He orado en el Espíritu, le he hablado al Espíritu, he caminado en el Espíritu y he escuchado su voz. Yo verdaderamente creo que el Espíritu Santo es el poder de Dios.

Puedo llevarlo a usted al lugar donde fui lleno del Espíritu a la edad de 8 años. He leído todo lo que las escrituras dicen acerca del Espíritu Santo. Pero últimamente, me he encontrado orando, “¿Conozco realmente este increíble poder que vive en mí? ¿O el Espíritu es sólo una doctrina para mí? ¿Estoy de alguna manera ignorándolo? ¿No he sabido pedirle que haga en mí lo que él fue enviado a hacer?”

El hecho es, que podemos tener algo muy valioso y no saberlo. Y no podemos disfrutar lo que tenemos, por que no entendemos lo valioso que es.

Hay un cuento de un campesino el cual trabajó en su pequeña terreno toda su vida. Por décadas él aró el terreno pedregoso, viviendo pobremente y finalmente murió de descontento. Después de su muerte, el terreno pasó a manos del hijo. Un día mientras araba, el hijo encontró una pepita de oro. Fue a avaluarla y le dijeron que era oro puro. El joven descubrió pronto que todo el terreno estaba lleno de oro e instantáneamente, se convirtió en un hombre rico. Pero esta riqueza no fue del padre, aunque estaba en su terreno toda su vida.

Así es con el Espíritu Santo. Muchos de nosotros vivimos ignorantes de lo que tenemos, del poder que reside en nosotros. Muchos cristianos viven todas sus vidas pensando que tienen todo lo que el Espíritu Santo ha traído, y sin embargo no lo han recibido verdaderamente en la totalidad de su poder. El no está completando en ellos el trabajo eterno para el cual él fue enviado.

jueves, 3 de julio de 2008

ORACIÓN DE FAMILIA

“Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19). Algunos cristianos llaman a esto “la oración en acuerdo”. Usted es profundamente bendecido si tiene un hermano o hermana devota con quien orar. Verdaderamente, los intercesores más poderosos que yo he conocido, han sido en conjunto de dos o tres.

El lugar donde ésta clase de oración tiene más poder es en el hogar. Mi esposa Gwen y yo, oramos diariamente juntos, y yo creo que esto mantiene a nuestra familia unida. Hemos orado por cada uno de nuestros hijos durante sus años de crecimiento, para que ninguno se pierda. Hemos orado acerca de sus amistades y relaciones, y por sus futuros cónyuges, y ahora lo estamos haciendo por nuestros nietos.

Muy pocas familias cristianas se dan tiempo para orar en el hogar. Yo puedo testificar hoy día de que estoy en el ministerio por el poder de la oración de familia. Cuando yo era niño, cada día, no importaba dónde yo y mis hermanos estuviéramos jugando, en la calle o en el patio, nuestra madre nos llamaba desde la puerta de nuestra casa: “David, Jerry, Juanita, Ruth, ¡es tiempo de orar!” (Mi hermano Don no había nacido todavía.)

Todo el vecindario sabía de nuestro tiempo de oración familiar. A veces odiaba escuchar ese llamado, y me quejaba y rezongaba. Pero algo claramente sucedía durante esos momentos de oración, con el Espíritu Santo moviéndose en nuestra familia y tocando nuestros corazones.

Tal vez usted no puede verse teniendo oración familiar. Tal vez usted tenga un esposo o esposa quien no coopera, o un niño que es rebelde. Amado, no importa quien decide no involucrarse. Usted puede ir a la mesa de la cocina, inclinar su cabeza y orar. Eso servirá como un tiempo de oración de su hogar, y cada miembro de su familia lo sabrá.

miércoles, 2 de julio de 2008

TENGO NECESIDAD DE TI

Algunos Cristianos no quieren estar conectados a otros miembros del cuerpo de Cristo. Ellos tienen comunión con Jesús, pero ellos deliberadamente se aíslan de otros creyentes. Ellos no quieren tener nada con el cuerpo, sólo con la cabeza.

Pero un cuerpo no se compone de un solo miembro. ¿Puede usted imaginarse a una cabeza con solo un brazo creciéndole? El cuerpo de Cristo no puede ser hecho sólo de una cabeza, sin miembros ni órganos. Su cuerpo consiste de muchos miembros. Nosotros simplemente no podemos ser uno con Cristo sin ser uno con su cuerpo también.

Nuestra necesidad no es solo de la cabeza, es de todo el cuerpo. Estamos entretejidos juntos no sólo por nuestra necesidad de Jesús, sino también por la necesidad del uno por el otro. Pablo declara, “Ni el ojo puede decir a la mano: ‘No te necesito’, ni tampoco la cabeza a los pies: ‘no tengo necesidad de vosotros’” (1 Corintios 12:21)

Note la segunda parte de este verso. Ni aún la cabeza puede decir a otro miembro, “no te necesito”. ¡Qué increíble declaración! Pablo nos está diciendo, “Cristo nunca le dirá a un miembro de su cuerpo, ‘no tengo necesidad de ti’”. Nuestra cabeza de buena gana se conecta a cada uno de nosotros. Es más, él dice que todos somos importantes, aún necesarios, para el funcionamiento de cuerpo de él.

Esto es verdadero especialmente de los miembros quienes están heridos y dolidos. Pablo enfatiza, “Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios” (12:22). El apóstol entonces añade, “y a aquellos miembros del cuerpo que nos parecen menos dignos, los vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro” (12:23). El está hablando de aquellos en el cuerpo de Cristo que no se ven, escondidos, sin ser conocidos. A los ojos de Dios, estos miembros tienen gran honor. Y son absolutamente necesarios para el funcionamiento de su cuerpo.

Este pasaje contiene un significado profundo para todos nosotros. Pablo nos está diciendo, “No importa cuán bajo el concepto de ti mismo pueda ser. Tú puedes pensar que no das la medida como Cristiano. Pero el Señor mismo dice, ¡Yo te necesito! Tú no eres tan sólo un miembro importante de su cuerpo. Tú eres vital y necesario para que pueda funcionar.”

Como miembros importantes del cuerpo de Cristo, los creyentes deben de levantarse y tomar acción directa contra los ataques de Satanás hacia nuestros compañeros creyentes. Asombrosamente, este mandamiento es ignorado por muchos Cristianos. Cuando vemos a un creyente con dolor, queremos ofrecer consuelo, por supuesto, y esto es un acto de amor divino. ¡Pero no es suficiente! Cada creyente debe atar a Satanás en el nombre de Jesús y arrojarlo a las tinieblas de afuera. Esa es una señal de ser un verdadero miembro del cuerpo.

martes, 1 de julio de 2008

RESIGNADO AL CUIDADO DE DIOS

Jesús dijo, ”…y en la tierra angustia de las gentes, confundidas…los hombres quedarán sin aliento por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán sobre la tierra, por que las potencias de los cielos serán conmovidas” (Lucas 21:25-26). Cristo nos está advirtiendo, “Sin esperanza en mí, ¡multitudes de personas literalmente se morirán de miedo!”

Para los seguidores de Jesús, sin embargo, aquellos quienes confían en las promesas de Dios quien promete preservar a sus hijos, existe una gloriosa liberación de todo miedo. Verdaderamente, todos los que están bajo la soberanía de Cristo no necesitan sentir miedo nunca más, si tan solo se apropian del siguiente secreto: la verdadera liberación del miedo consiste en resignar nuestra propia vida a las manos del Señor.

El resignar nuestras personas al cuidado de Dios, es un acto de fe. Significa ponernos completamente bajo su poder, sabiduría y misericordia, siendo guiados y preservados por su voluntad solamente. Si hacemos esto, el Dios del universo promete ser completamente responsable por nosotros, alimentarnos, vestirnos y cobijarnos, y de guardar nuestro corazón contra toda maldad.

Jesús proveyó el máximo ejemplo de esta clase de resignación santa cuando él fue a la cruz. Momentos antes de entregar su espíritu, él clamó a gran voz, “…Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46).

Cristo colocó literalmente, el conservar su derecho a su vida y su eterno futuro al cuidado del Padre. Y al haberlo hecho, él colocó las almas de cada una de sus ovejas en las manos del Padre.

Usted podría preguntarse, “¿Pero no dijo Jesús de que él tenía el poder para poner su vida y para volver a tomarla? (Ver Juan 10:18). Si él tenía el poder de “volver a tomar su vida”, ¿por qué la resignó a las manos del Padre para que fuera preservada?” La respuesta es obvia: ¡Jesús lo hizo para establecer un ejemplo para que sigan todas sus ovejas!

Si se nos ha pedido que le confiemos nuestra vida a alguien, entonces debemos de saber que este Alguien tiene el poder de guardarnos de todo peligro, amenazas y violencia. El apóstol Pablo escribe, “… yo sé a quién he creído y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquél día” (2 Timoteo 1:12).