viernes, 29 de abril de 2016

ORACIÓN EN EL LUGAR SECRETO

La oración en el closet sucede cuando estás solo, en el secreto. “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:6).

Pero hay mucho más que todo esto. La palabra griega para “aposento” en este versículo quiere decir: “un cuarto privado, un lugar secreto”. Esto era claro para los oidores de Jesús, pues en su cultura las casas tenían una pequeña habitación que les servía como una especie de cuarto de depósito. El mandato de Jesús era ir a esa habitación secreta y cerrar la puerta. Este es un mandato a los individuos, porque este no es el tipo de oración que puede llevarse a cabo en una iglesia o con un compañero de oración.

Jesús marcó el ejemplo de esto, pues iba a lugares privados a orar. Vez tras vez la Escritura nos dice que Él se “apartaba” para pasar tiempo en oración. Nadie tenía una vida más ocupada, pues Él constantemente era presionado por las necesidades de los que estaban alrededor de Él, y tenía tan poco tiempo para Sí mismo. Sin embargo, se nos dice, “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35). “Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mateo 14:23).

Consideremos la orden que le fue dada a Saulo en Hechos. Cuando Cristo aprehendió a este perseguidor de la iglesia, Saulo no fue enviado a una reunión de iglesia o a Ananías, el gran guerrero de oración. No, Saulo debió pasar tres días sólo y apartado, orando y conociendo a Jesús.

Todos tenemos excusas del por qué no oramos en el secreto, en un lugar especial, solos. Decimos que no tenemos tal lugar privado o que no tenemos tiempo para hacerlo. Thomas Manton, un escritor puritano piadoso, dice esto respecto a este asunto: “Decimos que no tenemos tiempo para orar en el secreto. Pero sí tenemos tiempo para todo lo demás, tiempo para comer, beber, para los hijos, pero no hay tiempo para lo que sostiene todo esto. Decimos que no tenemos un lugar privado, pero Jesús halló una montaña; Pedro, una azotea; los profetas, el desierto. Si amas alguien, encontrarás un lugar para estar solo”.

jueves, 28 de abril de 2016

UN LUGAR DE ORACIÓN

¡Nuestros hogares deben ser lugares de oración!

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19). Algunos cristianos llaman a esto “oraciones de común acuerdo”. Tú serás grandemente bendecido si tienes un hermano o hermana devoto/a con quien orar. De seguro, los intercesores más poderosos que conozco vienen de a dos o de a tres. Si Dios me ha bendecido en algo en esta vida, si me ha usado para Su gloria, sé que es porque algunos poderosos intercesores interceden por mí diariamente.

El lugar donde este tipo de oración es más poderoso, es en el hogar. Mi esposa Gwen y yo oramos juntos diariamente y sé que esto mantiene nuestra familia unida. Siempre orábamos por cada uno de nuestros hijos durante sus años de crecimiento para que ninguno de ellos se pierda. Orábamos por sus amistades y sus relaciones con los demás. También orábamos por sus futuros cónyuges y ahora hacemos lo mismo por nuestros nietos.

Tristemente, muy pocas familias cristianas toman tiempo para orar en casa. Personalmente puedo testificar que estoy aún en el ministerio por el poder de la oración en familia. Cada día, no importando lo que mis hermanos y yo estuviéramos jugando, en el patio de enfrente o cruzando la calle, mi madre alzaba su voz desde la puerta de nuestra casa: “¡David, Jerry, Juanita, Ruth, es tiempo de orar! (mi pequeño hermano Don aún no había nacido).

Todo el vecindario sabía acerca de nuestro tiempo de oración familiar. Algunas veces odiaba escuchar ese llamado, y me enojaba y renegaba. Pero algo cierto sucedía en esos tiempos de oración, mientras el Espíritu se movía entre nosotros y tocaba nuestra alma.

Quizás no puedas verte teniendo oración familiar. Quizás tengas una esposa que no es cooperativa o un hijo en rebeldía. Amado, no importa quien elija no estar involucrado en ese tiempo. Tú puedes llegar a la mesa de la cocina e inclinar tu cabeza y orar. Eso servirá como tiempo de oración del hogar, y cada miembro de tu familia lo sabrá.

miércoles, 27 de abril de 2016

TOCAD TROMPETA EN SIÓN

¿Cómo es que debemos orar exactamente, en estos tiempos?

Aquí está el consejo de Joel para Israel en el día de oscuridad y espanto: “Tocad trompeta en Sion, proclamad ayuno, convocad asamblea. Reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños…Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?” (Joel 2:15-17).

Este fue el llamado a la iglesia: “No te desanimes ni te entregues a la desesperación. No debes creerle a las mentiras del diablo que no hay esperanza para un despertar”. Por el contrario, de acuerdo a Joel, el clamor del pueblo debía ser: “Señor, detén este reproche en Tu nombre. No permitas que Tu iglesia continúe siendo motivo de burla. Detén a los impíos de enseñorearse sobre nosotros y cuestionarnos, preguntando: ´¿Dónde está tu Dios?´”.

Tú puedes pensar: “Lo que Dios promete aquí es sólo una posibilidad. Él dice que podría detener Sus juicios. Esto no es más que un “quizá” o una “puede ser”. Todo lo que Él pide de Su pueblo podría ser en vano”.

Yo no creo que Dios juegue con Su iglesia. Y Él no enviará a Su pueblo en una misión inútil. Cuando Abraham oró para que Dios perdonara a Sodoma (donde vivía su sobrino Lot), el corazón de Dios fue movido a salvar dicha ciudad aún si tan sólo hubiera diez justos ahí. ¡Y Abraham pidió esto mientras los ángeles que traían el juicio ya estaban entrando a la ciudad! Estoy convencido de que el pueblo de Dios hoy en día debe orar al Señor de la misma manera.

La profecía de Joel referente al derramamiento del Espíritu Santo se halla en Joel 2:28-32 y el apóstol Pedro la repite en su sermón en Hechos 2:17-21. La profecía comienza así: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne”.

martes, 26 de abril de 2016

CONVERTÍOS A MÍ

“Por eso…dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia” (Joel 2:12-13).

Al leer este pasaje, quedo muy impresionado por las palabras: “Convertíos a mí” (en inglés: “Convertíos, aún ahora, a Mí). Mientras una densa oscuridad caía sobre Israel, Dios apela a Su pueblo: “Aún ahora, cuando ustedes me han sacado de su sociedad, cuando obtener misericordia pareciera imposible, cuando la humanidad se ha burlado de Mis advertencias, cuando el temor y las tinieblas han cubierto la tierra, les ruego que regresen a Mí. Soy lento para la ira y soy conocido por detener Mis juicios por un tiempo, como lo hice con Josías”.

¿Puede ver, en esto, el mensaje de Dios hacia nosotros? Como Sus hijos, podemos suplicar en oración y Él nos oirá y nos responderá la sincera, efectiva, y ferviente oración de Sus santos.

Tengo una palabra de advertencia para la iglesia en este momento: ¡Cuidado! Satanás viene precisamente en la hora más oscura cuando los desastres nucleares amenazan la tierra, cuando los impíos se levantan y aterrorizan las naciones. El diablo sabe que somos vulnerables, y envía esta mentira: “¿Qué de bueno puedes hacer tú? ¿Por qué intentar evangelizar a los musulmanes si ellos te quieren matar? Tú no puedes cambiar nada. Mejor es que renuncies a cambiar este mundo saturado de pecado. No sirve de nada orar por un derramamiento del Espíritu. ¡Todo tu arrepentimiento es en vano!”

Pero Dios nos habla hoy con esta palabra a través de Joel: “Hay esperanza y misericordia, ¡aún ahora! Soy manso y tardo para el enojo. Y ahora es el tiempo para que te vuelvas a Mí en oración. Puede ser que detenga Mis juicios e inclusive traiga bendición a tu vida”.

Aún ahora, en medio del tiempo del Islamismo homicida y extremista, en medio de la militancia homosexual, cuando nuestra nación ha perdido su ritmo moral, cuando las cortes están sacando a Dios de la sociedad, cuando el temor amenaza a toda la tierra, es tiempo de volver al Señor en oración.

lunes, 25 de abril de 2016

ENTRA EN EL RÍO - Gary Wilkerson

Los escépticos le dijeron a Josué: "Si cruzamos el río Jordán, vamos a enfrentar enemigos como nunca antes. Ya conoces los reportes. Hay treinta y un reyes diferentes en la tierra donde vamos y cada uno de ellos nos quiere enfrentar. ¿Sabes cuántos reyes hemos derrotado en los últimos cuarenta años? Exactamente dos. ¿Qué está pasando por tu mente? ¿Cómo puede ser esto lo que Dios quiere?"

Josué sabía que sería difícil; de hecho, imposible. Pero él también sabía que sólo había una forma en la que Israel iría: hacia adelante. Iban a cruzar y lo harían en fe, confiando que Dios tenía sus mejores intereses en el corazón.

Todos sabemos que al final, Josué e Israel poseyeron la tierra y fueron bendecidos.

Los sacerdotes que llevaban el arca entraron en el río caudaloso y tan pronto como sumergieron sus dedos de los pies, Dios sobrenaturalmente dividió el agua. Después de eso, todo lo malo que los escépticos predijeron se convirtió en bueno para el pueblo de Dios.

Las personas llegaron a una gran ciudad fortificada ocupada por el enemigo. Cuando dieron vuelta alrededor de ella, las paredes impenetrables se desplomaron. Un puñado de reyes que Israel pensó que sería hostil, en lugar de eso, se unió a ellos y el tamaño de su ejército se duplicó.

¿Todo esto hizo super-santos a Josué e Israel? En lo absoluto. En un momento dado, Josué no obedeció a Dios, pero debido a que él se arrepintió rápidamente, el Señor usó la experiencia para fortalecerlo.

¿Estás dispuesto a entrar en el río? Dios puede estar diciendo: "Si sólo te comprometes a poner tu dedo del pie, me verás separar las olas para ti. No importa cuántos enemigos y fortalezas enfrentes, te llevaré hasta el otro lado. Yo ya he preparado mis planes para ti y voy a ver cómo llegan al cumplimiento, todo para Mi gloria".

Te exhorto: Confía en que Dios te llevará a través de tu Jordán. Deja que Él silencie la voz de todo escéptico. Su "Plan A" para ti no será derrotado. Él es fiel, ¡y Él te dará la victoria!

“Jehová dijo a Josué…como estuve con Moisés, así estaré contigo” (Josué 3:7).

sábado, 23 de abril de 2016

EL LLAMADO DE FE - Claude Houde

El comienzo de la vida pública de David es el gigantesco momento en que mata a un gigante llamado Goliat. David venía de lo que hoy probablemente se llamaría una "familia disfuncional". Fue cruelmente ignorado y descuidado. En su adolescencia lo dejaron a cargo de atender a las ovejas en las montañas, un trabajo solitario y peligroso.

Cuando un hombre de Dios estaba buscando un candidato para reemplazar a Saúl y convertirse en rey, el padre de David, Jesse, mostró a todos sus hijos, pero ignoró a David. Era como si David no existiera. Sus hermanos lo menospreciaron, lo degradaron, y cuestionarion y se burlaron maliciosamente aun de sus mas nobles ambiciones.

Cuando David, a pesar de ellos, mató al enemigo y salió victorioso en su lucha contra Goliat, salió de su casa, porque el rey Saúl lo acogió bajo su cuidado.

Saúl era un líder atormentado y en decadencia, y rápidamente se volvió terriblemente celoso de David. Saúl se sentía amenazado por el favor de Dios que estaba sobre David y por cuánto las personas lo amaban. Después de tener un padre que parecía ignorarlo, David sufrió aún más bajo una “figura de padre adoptivo” que, siendo irracional en sus inseguridades, finalmente trató de matarlo.

Fue en esos días de sus primeros y vacilantes pasos de ministerio público que David experimentó sus primeras victorias. Era fuerte y lleno de potencial, y aunque fue llamado sobrenaturalmente, también estaba terriblemente solo y era extremadamente vulnerable. David dijo de sí mismo durante ese período: “Todavía soy débil, aunque se me ha ungido para ser rey" (Ver 2 Samuel 3:39).

Entonces Dios le envió a Jonatán, quien respondió al llamado de fe con amistad, apoyo desinteresado, y humildad por una causa mayor. Este es un llamado que impulsa a uno para dar y ayudar a otra persona sin ninguna expectativa o promesa de alguna cosa a cambio. No puedes imaginar el flujo de bendición divina que tal decisión de parte tuya puede desatar en tu propia vida. Esta revelación puede tocar y cambiar un matrimonio, una familia, una iglesia e incluso una nación. “E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo. Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte” (1 Samuel 18:3-4)

__________
Claude Houde es el pastor principal de la Iglesia de la Nueva Vida (Eglise Nouvelle Vie) en Montreal, Canadá; y es un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo. Bajo su liderazgo la Iglesia de la Nueva Vida se ha incrementado de ser un puñado de personas, a más de 3500 miembros, en una parte de Canadá donde pocas iglesias protestantes han alcanzado éxito.

viernes, 22 de abril de 2016

JESÚS Y LÁZARO

Como se nos cuenta en Juan 11, la ida de Jesús a Betania no tenía mucho que ver con la muerte de Lázaro, sino con su propia muerte. Piénsalo por un momento: cuando llegó el tiempo en que Jesús tenía que enfrentar la cruz…¿Cómo creerían sus seguidores que él podría resucitar? Había solo una forma en que ellos lo creerían: y eso era para Jesús -ahí en Betania, con sus amados amigos- el entrar en la más desesperanzada situación y trabajar sus propósitos ante lo humanamente imposible.

Estoy convencido que Jesús no habría confiado esta experiencia a alguien fuera de su círculo íntimo. Tales cosas estaban reservadas para aquellos que tenían comunión íntima con él, quienes no pensaban como el mundo piensa. Verás, es solo en este tipo de amigos -personas que conocen el corazón de Cristo y confían absolutamente en él- que él puede producir una fe que no puede ser removida.

El hecho es que, Jesús conocía todas las futuras dificultades que tomarían lugar en las vidas de estos seres queridos. Él conocía cada enfermedad y tragedia que enfrentarían. Y él quería ver en ellos una fe que confiaría en su cuidado sin importar la calamidad que enfrentaran.

Cuando Jesús finalmente llegó, las primeras palabras de Marta hacia él fueron: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará” (Juan 11:21-22). Estas palabras pueden sonar llenas de fe de parte de Marta, pero cuando Jesús le respondió: “Tu hermano resucitará” (11:23), la respuesta de Marta fue reveladora: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero”. En otras palabras: “Todo está terminado por ahora, Jesús, llegaste tarde”.

Jesús le contestó: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Lucas 11:25-26).

En otras palabras, Cristo le estaba diciendo: “No Marta, Yo soy la resurrección y la vida. Cree en mi, y nunca morirás”. De nuevo, no solo estaba hablando acerca de Lázaro, sino de su propia muerte y resurrección. Para él, la resurrección de Lázaro ya era un asunto zanjado: “Marta, ¿No crees que yo puedo ir incluso dentro de la tumba y hacer lo imposible para ti y María, todos los días de tu vida?”

jueves, 21 de abril de 2016

HERIDO POR LA INCREDULIDAD

Se nos dice a través de los salmos y otros escritos de sabiduría que tenemos un Dios que ríe, llora, se aflige, y puede ser movido a ira. Asimismo, el Nuevo Testamento nos dice que tenemos un sumo sacerdote en el cielo quien es tocado por los sentimientos de nuestras debilidades; el mismo hombre de carne y hueso que fue Dios sobre la tierra es ahora un hombre glorificado en la eternidad.

Sin duda alguna, nuestro Señor es un Dios que siente. Y yo me tengo que preguntar: ¿Cómo puede Jesús no ser herido por la gran incredulidad que está tomando lugar alrededor del mundo de hoy?

¿Cuán a menudo la iglesia hoy en día hiere al Señor a causa de su incredulidad?

Piensa acerca de la incredulidad de los discípulos en la barca con Jesús, cuando ésta comenzaba a hundirse por las turbulentas olas. Qué herido se debió de haber sentido Jesús cuando le dirigieron estas palabras de incredulidad, acusándolo: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” (Marcos 4:38).

¿Qué acerca de las veces en que Jesús alimentó milagrosamente multitudes de personas con tan solo unos cuantos panes y peces? Hizo este milagro dos veces, alimentando a un total de 9000 hombres, sin contar mujeres y niños en aquellas escenas. Pero incluso después de estas increíbles obras, los propios discípulos de Jesús estaban sumidos en incredulidad. Después de alimentarlos milagrosamente, Cristo les habló acerca de la levadura de los fariseos, “y ellos discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan” (Marcos 8:16).

Jesús debe haberse asombrado de sus palabras. Acababa de multiplicar los panes para la multitud ante los propios ojos de sus discípulos. Claramente se sentía herido mientras les respondía: “¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aun tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Y teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis?... ¿Cómo aún no entendéis?” (Marcos 8:17-19, 21).

miércoles, 20 de abril de 2016

EL PAGO DE LA INCREDULIDAD

Lucas 19 nos da una gran imagen de Jesús haciendo su entrada triunfal a Jerusalén. La imagen es de Cristo acercándose a la ciudad montado sobre un pollino en medio de alabanzas de una gran multitud. Comenzó en el monte de los Olivos, y a medida que se acercaba a la ciudad, la muchedumbre iba creciendo. Pronto, la gente estaba tendiendo sus mantos ante él, ondeando ramas de palmeras y gritando: “¡Él está aquí! La hora se ha cumplido para que llegue el rey de Israel. La paz ha venido a Jerusalén. ¡Finalmente, el reino está aquí!”
¿Por qué había tal regocijo? Porque “ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente” (Lucas 19:11). En la mente de las personas, Jesús anunciaba la llegada del prometido “reino de Dios sobre la tierra”.
Pero esto no significa que ellos confiaran en él como su Mesías. Su único pensamiento era que el reino de Dios había comenzado: “¡Adiós, régimen romano! No habrá más guerras, porque nuestro rey se levantará con espada y vencerá a todos nuestros enemigos. Veremos paz en Jerusalén y en Israel, sin más esclavitud ni escasez de alimento. Al fin Dios ha enviado a su esperado rey”.
 Nadie en aquella escena habría esperado lo que ocurrió a continuación. Mientras Jesús descendía del monte y las multitudes le gritaban alabanzas, echó una mirada sobre Jerusalén y rompió en llanto. “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella” (Lucas 19:41). ¡Aquí está Dios mismo en carne y hueso, llorando!
¿Cuál era la razón de sus lágrimas? La descarada incredulidad de las personas. Tu puedes pensar: “Pero estas multitudes estaban cantándole alabanzas a él, gritando hosannas. Eso no me suena a incredulidad”. Pero las Escritura nos dice que Jesús conocía lo que había en el corazón de los hombres. 
Jesús vio el día que vendría en pago de su incredulidad, y profetizó a aquella multitud: “Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación” (Lucas 12:43-44, itálicas añadidas).

martes, 19 de abril de 2016

NINGUN OTRO NOMBRE

Hay una ira creciente en los corazones de los hombres malvados contra el nombre de Jesús. En todo el mundo, está surgiendo un odio al rojo vivo por la Palabra de Dios. La Biblia es despreciada, ridiculizada y maldecida por los hombres impíos. Te pregunto: ¿Qué tiene el nombre de Jesús que despierta tanta rabia solo al mencionarlo? Ningún otro nombre es tan despreciado, sin embargo, no puede haber salvación en ningún otro nombre excepto el suyo. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Sabemos que el nombre de Jesús siempre ha sido odiado por los hombres malos, pero ahora ese odio se ha convertido en una furia demoníaca. El nombre de Cristo está siendo borrado lenta y sutilmente de la sociedad, por los mandatos legislativos en las naciones de todo el mundo.

Recibí la noticia de una fuente muy confiable acerca de un asombroso desarrollo en el ejército de los Estados Unidos. Se está haciendo un intento de que exista una norma para que ningún capellán, católico o protestante, pueda mencionar el nombre de Jesucristo. El razonamiento detrás de esto es increíble: “Debemos tener madurez espiritual en una sociedad pluralista.” ¡Qué engaño! Piensa en ello: En primer lugar, prohibir cualquier mención del nombre de Jesús, y luego decir que es una cuestión de madurez espiritual. ¡Esto salió directamente del infierno!

¿Por qué hay tanta ira contra el Hijo de Dios? ¿Por qué los hombres malvados tiemblan cuando se menciona su nombre? Es debido a lo que representa el nombre de Cristo: liberación del pecado. Su nombre significa libertad del dominio del pecado. Significa la muerte de la vieja naturaleza caída y pecaminosa, y la entrada a la vida nueva. Significa poder para abandonar y renunciar todos los deseos malvados y los placeres.

La Palabra de Dios nos dice que la destrucción y la blasfemia ocasionada por la ira del hombre no va a durar mucho más tiempo. “Ciertamente la ira del hombre te alabará; tú reprimirás el resto de las iras.” (Salmo 76:10). ¿Cómo sucederá esto? Dicho simplemente, cuanto más intensa se vuelve la ira de los hombres, tanto más Dios derramará de su gracia. “Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia;” (Romanos 5:20)

lunes, 18 de abril de 2016

UN CAMINO ENTRE LAS PORTENTOSAS AGUAS - Gary Wilkerson

El cruce del Jordán de Israel ocurrió en época de cosecha. Durante esa temporada, las orillas del río no sólo estaban llenas, sino que se desbordaban. Humanamente hablando, era el peor momento para cruzar.

Los escépticos alrededor de Josué seguramente se habrían burlado: “Escogiste el momento equivocado Josué, tenemos mujeres embarazadas, enfermos y ancianos. Esto no es de Dios”.

Sin embargo, Dios nos llama a cosas que son humana y físicamente imposibles. Él mira nuestra situación y dice: “Las condiciones son perfectas para que yo me mueva a favor de mi pueblo. Ahora el mundo verá cómo me regocijo en proveer todo a mis siervos”.

En este momento puedes estar pensando: “Dios, siento que me guías a tomar una difícil decisión. Sé que no tengo lo que se necesita para llevar esto adelante”. Es justo ahí donde él te quiere. En nuestra debilidad, Dios se hace fuerte. Y en nuestra escasez, nuestro Dios es grande. Decimos que es imposible, pero con Dios en el centro, no hay nada imposible. “Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.” (Mateo 19:26).

Hasta ese momento en su historia, Dios había separado el agua para Israel, pero esta vez les estaba pidiendo entrar al agua primero. Específicamente, le ordenó a los sacerdotes llevar el Arca del Pacto en el río torrentoso por la fe.

¡Imagina las voces de los escépticos! “¡Dios nunca nos ha llevado a hacer esto antes. Él siempre ha separado el agua para nosotros. Esto no es obedecerle, es tentarle!"

Incluso Josué pudo haber tenido sus dudas. “Señor, he pasado esta situación contigo antes y sé cómo funciona. Siempre has dividido las aguas primero. ¿Por qué querrías que nos adentremos en estas aguas torrentosas y turbias? No tiene sentido.”

Nunca importa qué tan riesgoso o desafiante sea el camino que Dios ha puesto ante nosotros. Si damos un paso con fe, él partirá las aguas y podremos pasar al otro lado sobre tierra firme.

“Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas” (Isaías 43:16).

sábado, 16 de abril de 2016

EL EJÉRCITO DE DIOS - Nicky Cruz

Si hay una cosa que hemos aprendido a través de nuestro ministerio -a través de hacer frente al enemigo en su propio territorio vez tras vez, día tras día, semana tras semana- es que Satanás es un cobarde. Se mete con los más indefensos y desesperados entre nosotros. Como un matón de patio que corre a esconderse apenas aparece un niño de su mismo tamaño, Satanás se retira a la primera señal de poder real.

¿Comprendemos realmente el poder que tenemos a nuestro alcance? ¿Dimensionamos la trascendencia del mensaje que llevamos a un mundo perdido? ¿Comprendemos la facilidad con que el mal puede ser vencido y revocado con solo abrirnos al mover del Espíritu Santo?

¿Sabemos lo que Dios es capaz de hacer entre nosotros?

Cómo anhelo ver el día en que los cristianos puedan estar hombro con hombro, codo a codo, en esta guerra contra Satanás y, finalmente trazar una línea en la arena, justo en medio de su camino, una línea que lo haga parar de golpe, una línea que diga: “¡Ya tuviste tu día! ¡Te divertiste! Pero ya se acabó. En el nombre de Jesús, no puedes ir mas lejos".

Anhelo ver un ejército de soldados que se levantan contra él. Un regimiento de creyentes obsesionados por las almas, tomando las armas en esta lucha contra el mal. Un ejército de hombres y mujeres con corazones que arden para Dios y vidas que están dedicadas a hacer su voluntad.

¿No es ese el tipo de ejército del que anhelas ser parte? ¿No te gustaría poder jugar incluso un pequeño papel en una gran batalla para Dios? ¿No es esto lo que has estado esperando, lo que has estado anhelando, lo que has estado orando y creyendo que Dios traería a tu camino?

Si es así, entonces Dios quiere que sepas que el ejército ya está en marcha. La guerra se está librando. ¡Todo lo que tienes que hacer es tomar tu espada y encontrar tu lugar en sus filas!

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16).

__________
Nicky Cruz, evangelista internacionalmente conocido y prolífico autor, se volvió a Jesucristo de una vida de violencia y crimen después de encontrarse con David Wilkerson en la ciudad de Nueva York en 1958 La historia de su dramática conversión fue contada por primera vez en el libro “La Cruz y el Puñal” escrito por David Wilkerson y más tarde en su propio best seller “Corre, Nicky, Corre”.

viernes, 15 de abril de 2016

JESÚS YA REINA COMO REY

El rey David se sintió abrumado por el espíritu anti-Dios de sus días. Él clamó al Señor: "Mira mis enemigos, cómo se han multiplicado, y con odio violento me aborrecen"(Salmos 25:19). Del mismo modo, el Salmo 124: 2-3 nos dice: "A no haber estado Jehová por nosotros, cuando se levantaron contra nosotros los hombres, vivos nos habrían tragado entonces, cuando se encendió su furor contra nosotros".

David expresa lo que muchos en la Iglesia de hoy sienten. A veces parece que somos incapaces de resistir contra de las inmensas fuerzas del mal. Casi no puedo creer cómo, día tras día, la moral de nuestro país están siendo pisoteada en la tierra.

¿Permitirá el Señor que esta ira contra Él y Su Iglesia continúe hasta que nuestra sociedad se vuelve como Sodoma, con todos los hombres siendo ley para ellos mismos? ¡No, nunca! En este momento, estamos experimentando la increíble paciencia del Señor. Él va a traer juicio, pero todos Sus juicios están destinados a redimir. Isaías nos da una maravillosa imagen de esto:

“Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé. Serán vueltos atrás y en extremo confundidos los que confían en ídolos, y dicen a las imágenes de fundición: Vosotros sois nuestros dioses. Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver" (Isaías 42:16-18).

Amado, la gracia divina que Isaías describe, convirtió a Saulo el perseguidor en Pablo, el apóstol. Levantó una iglesia de muchos de millones de miembros en la China comunista. Está enviando refugiados que huyen del terrorismo y de la guerra a los brazos amorosos de servidores dedicados de Cristo. Y en este momento, un centro de “Teen Challenge” en un país dominado por las falsas religiones ha levantado quinientos drogadictos convertidos que están dispuestos a predicar a Cristo. Dios está, en efecto, derramando Su gracia redentora en estos últimos días.

No debemos inquietarnos por las batallas que Satanás parece estar ganando. La batalla en la que estamos es una batalla eterna y las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia de Cristo. Nuestro Padre lo ha declarado: ¡Jesús ya reina como Rey!

jueves, 14 de abril de 2016

ÉL ES SEÑOR DE TODO

Hoy en día, una religión pagana radical es una especie de Babilonia con líderes locos como el rey Nabucodonosor. Esta religión está amenazando a todo el mundo con su demanda de adoración a su deidad. Las organizaciones terroristas con apoyo religioso están exigiendo: "Póstrense ante nuestro dios, o derribaremos sus aviones. Vamos a bombardear sus ciudades, trenes, autobuses y túneles. Los secuestraremos, los torturaremos y los decapitaremos. Nuestra religión va a prevalecer".

Mientras consideramos tales fuerzas demoníacas, debemos pasar a la historia de Nabucodonosor y los tres fieles servidores de Dios que se relata en Daniel 3. Se nos dice que en una sola hora, el Señor descendió y libró a Sus siervos, y eso cambió todo.

Todo se veía diferente una vez que el Señor manifestó Su poder, haciendo que el rey exclamara: "Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios" (Daniel 3:28). Inmediatamente, Nabucodonosor emitió un decreto diferente. Éste declaraba que el único ios a ser adorado era el de los tres jóvenes judíos: "Por cuanto no hay dios que pueda librar como éste" (Daniel 3:29).

Volvamos ahora al salmista, quien preguntó por qué las naciones paganas se amotinan en ira contra el Señor. Según él, así es como Dios responde a tal ira: "El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira" (Salmos 2:4-5).

El Señor mismo luego declara: “Yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte...Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy" (Salmo 2:6-7). Los terroristas apoyados por la religión y otras religiones paganas pueden tener la esperanza de establecer sus dioses como rey, gobernando el mundo. Pero Jehová Dios dice: "Yo ya he establecido a mi Hijo, Jesucristo, el Mesías, como el rey de los cielos y la tierra. Él es, desde ya, el Señor de todo".

miércoles, 13 de abril de 2016

CUANDO JESÚS SE PRESENTA

En Daniel 3, el rey Nabucodonosor preparó un dios de oro en Babilonia y exigió que sea adorado. Cada oficial, líder y ciudadano en más de cien provincias de Babilonia tenía que postrarse ante este dios o moriría. Sólo habían dos opciones: Postrarse o ser quemado. Si alguien se negaba a adorar al ídolo de Nabucodonosor, éste sería quemado vivos en grandes hornos.

Después de que se emitió el decreto, tres jóvenes devotos judíos en el reino se negaron a inclinarse. Lleno de ira, Nabucodonosor mandó a que los arrastraran delante de él y exigió saber: “¿Qué dios será aquel que os libre de mis manos?” (Daniel 3:15). Esta fue su respuesta: "He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado" (Daniel 3:17-18).

La respuesta de este rey tomado por los demonios, era predecible: "Entonces Nabucodonosor se llenó de ira…y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado" (Daniel 3:19). Esto era puramente odio demoníaco contra Jehová Dios. La verdad es que todos los que están por Cristo pueden esperar tal rabia. Su obediencia siempre despierta la furia de los que toman las instrucciones de Satanás.

Así que, ¿cuál fue el resultado? ¿El Dios de quién prevaleció en Babilonia? En medio de este concurso, el mismo Jesús manifestó Su gloria y poder. Cuando el rey Nabucodonosor se asomó en el horno al rojo vivo, se sorprendió por lo que vio. Gritó: "Echamos a tres hombres en el horno, pero ahora yo veo cuatro hombres. Están caminando alrededor del fuego, y no se están quemando. De hecho, actúan como si las llamas ardientes no fueran nada.¡ Y el cuarto Hombre tiene la apariencia del Hijo de Dios!" (Daniel 3:25, mi paráfrasis).

Cuando Jesús se presenta, Sus enemigos tienen que acobardarse delante de Él.

martes, 12 de abril de 2016

UNA FE FIRME

Una vez, mientras estaba tomando una “caminata de oración” y hablaba con Dios con respecto a la salud de varios miembros de mi familia, un pasaje de la Escritura se hizo real en mí: “¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años?… ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron?” (Hebreos 3:17-18) Me encontré orando con lágrimas: “Señor, ¡esas personas te hicieron llorar! ¿También yo te he hecho llorar por mi incredulidad? He tenido momentos hermosos contigo por más de cincuenta años, Jesús. Te amo y sé que Tú me amas, pero últimamente he guardado algunas dudas. Me he preguntado por qué algunas oraciones no han sido contestadas aún”.

Desde aquel entonces, he escuchado Su dulce y quieta voz, diciéndome: “Siempre te amaré, David. Te cuidaré de caer y seré fiel en presentarte sin mancha delante del Padre. Pero sí, tus tiempos de incredulidad y fe cambiante me hieren”.

Así que, amado santo, ¿estás en medio de una prueba abrumadora en este mismo momento? ¿Has orado, llorado y suplicado por ayuda, y aun así las cosas parecen sin esperanza? Tal vez tu situación ha ido más allá de toda posibilidad humana y estás pensando: “Es demasiado tarde”.

Yo te digo, te ha sido confiada tu crisis. Dios la pudo haber resuelto en cualquier momento, pero esta es Su oportunidad de producir en ti la fe firme que necesitas. Él está buscando que confíes en Él, no sólo en lo que estás enfrentando ahora, sino en cualquier problema imposible de ahora en adelante hasta que llegues a casa con Él. No te equivoques: Él se goza sobre ti. Pero también te ama lo suficiente como para construir en ti una fe que te acompañara en todas las circunstancias.

Ora conmigo: “Perdóname, Señor, por hacerte llorar. Ayuda mi incredulidad ahora”. Luego, haz tuyo este versículo: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

lunes, 11 de abril de 2016

SIGUIENDO EL LLAMADO DE DIOS - Gary Wilkerson

Piensa en el desafío que Josué enfrentó al pedirle a Israel que diera un paso de fe y cruzara el Jordán a la tierra que Dios les había prometido. Había más de un millón de israelitas, sin incluir a los niños y los bebés. Piensa en el esfuerzo que tuvo que ser invertido en la planificación, toda la carga de trabajo y las muchas responsabilidades.

Aquí es donde muchos cristianos se atascan. Se dicen a sí mismos: "Si va a ser tan difícil, no puede ser del Señor, ¿o sí?"

Seguir el llamado de Dios no siempre es fácil. Pero está lleno de gracia. Pedro nos dice que la obra culminada de la cruz ha logrado todo lo que necesitamos para que podamos vivir para Él. "Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia" (2 Pedro 1:3).

Tú no tienes que vivir por tus propias fuerzas; el Espíritu Santo vive en ti con poder. Él te dará toda la energía que necesites para hacer lo que Dios dice. Nunca te agotarás, si vives y caminas en el Espíritu, atrayendo tu fuerza de Él.

Cada vez que tratas de atravesar el Jordán, hallarás personas que no están de acuerdo contigo; de hecho, puedes hacer que algunos de ellos se enojen. Y si sus voces se vuelven insoportables, te preguntarás si debes correr el riesgo de ir hacia adelante en absoluto.

Piensa en la presión Josué enfrentó. Él había proporcionado un fuerte liderazgo en ese punto y había ganado una gran confianza del pueblo. Eso era importante para un líder cuya nación estaba continuamente en riesgos de los peligros circundantes.

Tal vez te puedes identificar con el dilema de Josué. Si vas a cruzar tu Jordán, debes estar preparado para las respuestas escépticas de tu familia, tus amigos, tus compañeros de trabajo:

"Quieres empezar un negocio, ¿en esta economía?"

"Quieres ese tipo de ministerio, ¿por qué?"

"¿Que quieres hacer qué con tu vida? No puedo apoyarte. No creo que esto sea de Dios".

Ahora, permíteme añadir esto: Un paso valiente de fe, no sólo atraerá escépticos, también atraerá a un ejército del pueblo de Dios alrededor de ti. Encontrarás oración, apoyo y energía de fuentes fieles que nunca esperaste.

sábado, 9 de abril de 2016

INÚTILES SIN EL ESPIRITU SANTO - Jim Cymbala

El mundo está lleno de libros acerca de Dios el Padre quien creó el universo, y se han escrito más libros acerca de Jesús el Hijo de Dios que de cualquier otra persona que haya caminado jamás en este planeta. Pero ¿No resulta interesante que se hayan escrito muchos menos libros acerca de Dios el Espíritu Santo?

Cuando enseñaba sobre la oración, Jesús declaró: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13, énfasis añadido). Uno pensaría que esa promesa crearía un enorme deseo de saber más acerca de este ayudador prometido, quien es y lo que hace. Y sería aún mejor si pudiéramos experimentarlo como una realidad viviente, tal como lo hicieron los primeros creyentes.

El Espíritu Santo es el único agente de Dios en la tierra. Él es la única experiencia que podemos tener con Dios Todopoderoso, la única manera en que podemos aplicar a nuestras vidas la obra de Jesucristo y la única manera en que podemos entender la Palabra de Dios. Sin el Espíritu Santo, somos como los discípulos antes de Pentecostés, sinceros, pero que luchan contra la confusión y la derrota.

Hace más de cien años, Samuel Chadwick, un gran predicador metodista de Inglaterra, dijo: “La religión cristiana es inútil sin el Espíritu Santo”.

La iglesia primitiva ofrece la ilustración perfecta de esa inutilidad. Estaba compuesta de hombres y mujeres sencillos. Los líderes eran ex pescadores y recaudadores de impuestos que huyeron asustados cuando arrestaron a Jesús y cuando más él los necesitaba. No eran valientes ni fieles. De hecho, carecían de fe y de valor. Eran los menos probables de estar a cargo de cualquier empresa cristiana.

Sin embargo, después de los acontecimientos de Hechos 2, cuando el Espíritu Santo fue derramado, aquellos mismos hombres que eran personas insignificantes fueron transformados repentinamente. Con valor y fe, revolucionaron a su comunidad y con el tiempo, al mundo. Eso no era debido a su formación en un seminario, porque no tenían ningún tipo de capacitación. Pero lo único que sí poseían era el poder del Espíritu Santo. Jesús les dijo que dependieran de Él para todo. Los primeros cristianos sabían muy bien que el cristianismo era inútil sin el Espíritu Santo.

__________
Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson.

viernes, 8 de abril de 2016

ENTRANDO EN LA TIERRA PROMETIDA

“Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad” (Hebreos 3:19). Solo un pecado impedía la entrada de Israel a la tierra prometida.

Canaán representa un lugar de reposo, paz, fruto, seguridad, plenitud y satisfacción, todo lo que un creyente anhela. Es también un lugar donde el Señor habla claramente a su pueblo, dirigiéndolos: “Este es el camino, andad en él.” Pero Israel no pudo entrar en la Tierra Prometida a causa de un pecado.

Ese pecado no era adulterio (y la Escritura llama los israelitas una generación adúltera). No era su desenfrenado divorcio (Jesús dijo que Moisés concedió divorcios a esa generación porque ellos eran muy duros de corazón.) No era ira, celos, pereza ni murmuración. Ni siquiera era su idolatría secreta.

El pecado de incredulidad impedía que el pueblo de Dios pudiera entrar a Canaán. Por lo tanto, Hebreos nos insta hoy: “Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (Hebreos 4:11).

He sabido de muchos cristianos que decidieron tomar en serio su caminar con el Señor. Determinaron ser más estudiosos en su Palabra, y ayunaron y oraron con una convicción renovada. Dispusieron sus corazones a aferrarse a Dios en todas las situaciones de su vida. Mientras yo observaba sus vidas, pensaba: “De seguro toda su devoción hará que irradien el gozo. No podrán evitar reflejar la paz y reposo de Dios”.

Pero demasiadas veces, lo opuesto fue cierto. Muchos nunca entraron en el reposo prometido por Dios. Todavía estaban inseguros, inquietos, cuestionando la guía de Dios y preocupados por su futuro. ¿Por qué? Ellos tenían una levadura habitual de incredulidad y toda su devoción y actividades fueron infructuosas por esa razón.

El siervo creyente se aferra a la promesa del Nuevo Pacto de Dios: “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:27). Él también se aferra a esta Palabra: “Y le haré llegar cerca, y él se acercará a mí…y los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán” (Jeremías 30:21, 31:9).

jueves, 7 de abril de 2016

SIN UNA REVELACIÓN FRESCA

Lucas 1 incluye uno de los casos mas reveladores de la gravedad de la incredulidad. Recuerda la historia del piadoso Zacarías, el padre de Juan el Bautista. Zacarías era un fiel sacerdote que sufrió a causa de un episodio de incredulidad. Su historia ilustra en forma precisa cuan seriamente Dios toma este pecado.

La escritura dice que Zacarías era “Justo delante de Dios, y andaba irreprensible en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (Lucas 1:6). Aquí había un hombre devoto que vestía la túnica de su respetable posición. Él ministraba ante el altar del incienso, lo cual representaba oración y súplica, actos de pura adoración. En resumen, Zacarías era fiel y obediente, un siervo que anhelaba la venida del Mesías.

Un día, cuando Zacarías estaba ministrando, Dios envió al ángel Gabriel a decirle que su esposa tendría un hijo. Gabriel dijo que el nacimiento de su hijo sería de motivo de regocijo para muchos en Israel, y le dio a Zacarías detalladas instrucciones sobre cómo criar al niño. Sin embargo, mientras el ángel hablaba, Zacarías temblaba de miedo. De pronto, la mente de este hombre devoto se llenó de duda, y sucumbió ante la terrible incredulidad. Le preguntó al ángel, “¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada” (Ver 1:18).

A Dios no le agradó la duda de Zacarías, y dictó sentencia sobre sacerdote: “Ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo” (1:20, itálicas añadidas).

¿Qué nos dice este episodio? Nos dice que la incredulidad cierra nuestros oídos a Dios, aun cuando Él nos está hablando claramente. Esto nos corta el suministro de una revelación fresca y nos impide una comunión íntima con el Señor. De repente, debido a que ya no oímos de Dios, no tenemos nada de que predicar o testificar. No importa cuán fieles o diligentes podamos ser. Como Zacarías, traemos sobre nosotros mismos una parálisis de oídos y de lengua.

miércoles, 6 de abril de 2016

EN NUESTRO TIEMPO DE NECESIDAD

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

¿Cuál es nuestro “tiempo de necesidad”? Es cuando le hemos fallado a nuestro bendito Señor. En el momento en que pecamos, necesitamos de gracia y misericordia, y Dios nos invita a venir confiadamente a su trono, con valentía, para recibir todo lo que necesitamos. No debemos venir ante él solo cuándo nos sentimos justos o santos, tenemos que venir cada vez que estamos en necesidad.

Aún más, no tenemos que esperar a tener nuestras almas limpias. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Juan dice que no debemos intentar trabajar en limpiarnos, por horas, días o semanas. Esto pasa instantáneamente, tan pronto como venimos al Señor.

Entonces, ¿tienes la fe para creer en el perdón instantáneo de Dios? ¿Puedes aceptar la comunión instantánea e ininterrumpida con el Padre? Eso es exactamente lo que la escritura nos insta a hacer. Verás, la misma fe que nos salva y nos perdona, es también la fe que nos guarda. Pedro dice que “[somos] guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 Pedro 1:5). Que verdad tan increíble.

Sin embargo, nuestra incredulidad nos impide acceder al poder protector de Dios. Y con el tiempo, mientras enfrentamos el continuo ataque del pecado, podríamos comenzar a desesperarnos. Amados, esto simplemente no tendría que ser así. Dios nos ha dado maravillosas promesas del Nuevo Pacto, pero ellas no sirven de nada a menos que las creamos y nos apropiemos de ellas. Nuestro Señor ha prometido poner su ley en nuestros corazones, ser Dios para nosotros, guardarnos para no caer, implantar su temor en nosotros, darnos poder para obedecer y producir en nosotros el deseo de caminar en sus caminos. Pero tenemos que creer plenamente en esto.

martes, 5 de abril de 2016

ESCONDIÉNDONOS DE DIOS

El pecado nos hace querer ocultarnos de la presencia de Dios. Aquí está la esencia de la incredulidad entre los cristianos: Cuando nosotros pecamos, fallándole a Dios, tendemos a huir de su presencia. Pensamos que Él está demasiado enojado para querer estar en contacto con nosotros. ¿Cómo podría querer relacionarse con nosotros, cuando hemos pecado tan gravemente?

Así que dejamos de orar. En nuestra vergüenza, pensamos: “No puedo ir a Dios en esta condición”. Y comenzamos a hacer obras para tratar de regresar a su buena voluntad. Nos convencemos de que necesitamos tiempo para purificarnos. Si podemos mantenernos puros por unas pocas semanas, evitando nuestro hábito pecaminoso, pensamos que probaremos ser dignos de acercarnos a su trono otra vez.

Esto es una incredulidad maligna, y es un crimen a los ojos de Dios. Cuando confesamos nuestros pecados, incluyendo los hábitos que nos asedian, Dios no nos interroga. El no demanda una prueba de nuestro arrepentimiento, preguntando: “¿Estas verdaderamente arrepentido? No veo ninguna lágrima. ¿Prometes nunca más volver cometer este pecado? Ve ahora y ayuna dos días a la semana, y ora una hora cada día. Si logras mantenerte sin fallar, tendremos comunión otra vez”.

Cuando Jesús nos reconcilió con el Padre en la Cruz, fue por siempre. Eso significa que si peco, ya no tengo que reconciliarme con Dios una y otra vez; no soy cortado de la presencia del Señor, repentinamente no reconciliado con Él. No, el velo de separación fue rasgado permanentemente en la Cruz, y yo por siempre tengo acceso al trono de Dios, a través de la sangre de Cristo. La puerta nunca está cerrada para mí: “En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (Efesios 3:12).

La Biblia expresa claramente que si alguno de nosotros peca, tenemos un abogado para con el Padre en Cristo Jesús. Podemos pararnos fuera de la puerta del trono, sintiéndonos corrompidos e inmundos; pero si permanecemos ahí, rehusando entrar, no estamos siendo humildes; estamos actuando en incredulidad. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

lunes, 4 de abril de 2016

CRUZANDO - Gary Wilkerson

Con los años, muchos cristianos sinceros empiezan a vacilar en su fe, tal vez debido a la profunda decepción en una experiencia previa. Para dar un paso adelante en la fe, ellos deben "cruzar" esa decepción, confiando en Dios de una manera nueva.

Tal vez estás confiando en Dios por una bendición para tu familia o los niños. O bien, estás creyéndole por un determinado ministerio a cumplirse en tu vida. Quizás estás buscando a Dios por libertad de una esclavitud reincidente o deseas ser libre de alguna lucha interior que te impide confiar en Él.

Algunos de nosotros necesitamos milagros inmediatos e intervenciones sobrenaturales en nuestras vidas o en la vida de algún ser querido. En resumen, Dios nos ha llamado a todos nosotros a cruzar. Cuando Israel llegó al río Jordán, Dios deseaba que ninguno de su pueblo se quede atrás.

Cualquier Cristiano experimentado te dirá que no hay un momento en que estés más sujeto al miedo, la ansiedad, la duda y la incertidumbre que cuando estás a punto de cruzar el Jordán. ¿Por qué? Debido a que estás al borde de poseer la tierra que Dios te ha llamado a habitar. Ese es el momento en que el enemigo, y nuestra carne, ponen resistencia.

La vida es siempre más fácil en este lado del Jordán, porque es cómoda; no se nos pide nada. Pero cuando Dios nos incita al movimiento, de repente las cosas que una vez nos hacían sentir cómodos se vuelven incómodas para nosotros. Comienzan a sentirse estáticas, en decadencia, incluso como muertas. Si persistimos en permanecer en nuestro lugar cómodo, corremos el riesgo de perder nuestra visión y pasión por la vida en Dios.

Josué no era inmune a esta tentación. Cuando Dios lo llamó a la acción, ésta fue la primera instrucción que le dio: "Esfuérzate y sé valiente" (Josué 1:6). Dios le dijo esto a Josué tres veces en cuatro versos, porque sabía que Josué necesitaba oírlo.

Para hacer lo que el Señor nos ha llamado a hacer, cada uno de nosotros debemos juntar todas nuestras fuerzas para llevarlo a cabo. Tenemos que avivar la valentía. Para algunos, esto podría significar tener el valor de renunciar a las cosas que le han dado un falso sentido de comodidad. Si estás estresado, inquieto o perturbado en tu espíritu, pídele al Señor que te muestre porqué. Si Él te está pidiendo dejar ir algo, ese podría ser tu primer movimiento en dar un paso adelante con fe.

sábado, 2 de abril de 2016

PARA NO OFENDERLES - Carter Conlon

"Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti" (Mateo 17:27).

Aunque Jesús acababa de explicar que en realidad estaban exentos de pagar los impuestos del templo, le dice a Pedro: “Para no ofenderles”. En otras palabras, no sea que nuestro testimonio sea menoscabado a sus ojos; no sea que ellos nos apunten con el dedo en la calle y digan: “¡Ladrones! ¡No pagan el impuesto del templo!”.

El apóstol Pablo lo dijo de esta manera: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica” (1 Corintios 10:23). Sí, hay cosas que pueden ser permisibles en nuestro caminar cristiano, pero debemos considerar el potencial impacto en quienes nos rodean.

Déjame darte un ejemplo de esto. El hombre que me guió al Señor empezó viniendo a mi casa semana tras semana, compartiendo el Evangelio y relatándome que él solía ser un borracho, mujeriego y adicto al juego. Aunque externamente me resistía a sus palabras, no podía negar que este hombre representaba una vida completamente transformada por la gracia de Dios. Era algo que tenía que tomar en cuenta. Incluso le ofrecí una cerveza una vez a fin de probarlo. Verás, si él la hubiese tomado, o si yo hubiera ido a su casa y lo hubiera visto con un vaso de alcohol en la mesa, existe la posibilidad de que yo no fuese un cristiano hoy en día. Hubiese asumido que él era un hombre tal como yo y que simplemente había añadido la religión a su vida. De seguro, él podía haber argumentado diciendo: “¡Pero es sólo una pequeña cosa!” Sin embargo, en mi opinión, las cosas eran de color blanco o negro. Si él realmente era una nueva criatura, como me explicaba que eran los cristianos, las cosas viejas habían pasado. No había un término medio en lo que a mí respecta.

Y así hasta nuestros días, reconozco la importancia de las palabras de Jesús cuando dijo: "Para no ofenderlos".

__________
Carter Conlon se unió al equipo pastoral de la Iglesia Times Square en 1994, por invitación del pastor fundador David Wilkerson, y fue nombrado para el cargo de Pastor Principal en 2001.

viernes, 1 de abril de 2016

EL IMPACTO DE LA ALABANZA

En Daniel 3, se nos da un ejemplo poderoso del poder de la alabnza durante un tiempo de aflicción en el relato de los tres jóvenes hebreos, a quienes el Rey Nabucodonosor arrojó en el horno de fuego. Estos hombres no estaban siendo probados por su fe; el hecho es, que su fe los puso allí. El Señor claramente estaba detrás de otra cosa. Piensa en ello: los babilonios paganos no estaban influenciados por sus oraciones o sus predicas. No estaban impresionados por su sabiduría y conocimiento ni por sus vidas santas. No, el impacto sobre Babilonia vino cuando la gente miro dentro del horno y vieron a tres hombres regocijándose, alabando a Dios en su hora más difícil (ver Daniel 3:24-30).

Jesús apareció en ese horno, y creo que Sus primeras palabras a los jóvenes hebreos fueron: “Hermanos, levántense ahora, pues sus ataduras han sido soltadas. Dejen que este gobierno pagano y su gente atea vean su regocijo y alabanza a Dios en su hora de aflicción”.

Los hombres hicieron justamente eso y la Escritura dice que Nabucodonosor estaba “espantado” ante esa vista. Se levantó apresuradamente, clamando: “¿Qué está pasando aquí? ¡Arrojamos a tres hombres en este horno, pero ahora hay cuatro y todas sus ataduras no están! Miren, están cantando y alabando a ese cuarto Hombre” (ver Daniel 3:24-25).

Ese es el impacto que nuestras alabanzas traen durante nuestras pruebas. Así que ¿cómo has estado reaccionado en tu hora de aflicción? ¿Estás tomando de la copa temblorosa, sintiéndote débil, sin poder para resistir al enemigo? Es hora de sacudir las vendas pesadas y levantar manos santas en alabanza a tu Redentor. Eres libre, no importa tu prueba. Alégrate y regocíjate, sabiendo que el cuarto Hombre está en el horno contigo. Cristo se revelará en tu prueba, y el fuego quemará todas esas cuerdas que te atan.

¡Seguramente no estas siendo probado sino entrenado!