lunes, 29 de febrero de 2016

EXIGIENDO SU PODER DE RESURRECTION by Gary Wilkerson

Para recordar los resultados radicales de la resurrección, mi esposa Kelly y yo, hemos aprendido a repetir una frase el uno al otro: "Jesús lo pagó todo". Él acabó la obra, se levantó otra vez y nos ha bendecido con novedad de vida. Debemos exigir Su poder de resurrección, poniéndonoslo como un traje. "Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria" (1 Corintios 15:54).

Pablo dice confiadamente que sin la resurrección de Cristo no habría razón alguna para ser cristiano. Hay voces en la iglesia que dicen que no importa si hubo una resurrección. Algunos famosos han escrito: "Yo sería cristiano, incluso si se demostrara que no hubo resurrección. El cristianismo me ha hecho una mejor persona y ha hecho un mundo mejor". Algunos estudiosos sostienen que los encuentros de Jesús después de la crucifixión fueron simplemente historias míticas, creadas para alentar a la iglesia primitiva.

Pablo rechaza todo esto en los términos más fuertes posibles. Él dice que si Cristo no resucitó, las consecuencias son nefastas: "Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan" (1 Corintios 15:14-15).

Pablo está diciendo, en efecto: "Si tú no crees que Cristo resucitó, entonces, deja de creer en Dios por completo. Todos dejen de predicar, de evangelizar y de hacer buenas obras en el nombre de Jesús. Todos estaríamos mejor así. Harías mejor en obtener sabiduría del Dr. Phil de Oprah o de algún psicólogo pop. Ellos tienen más que decir que a alguien cuyas acciones se basan en algo que nunca sucedió".

En pocas palabras, la fe cristiana no es un código moral para ser guardado. Nosotros no nos reunimos los domingos sólo para obtener alivio de la eternidad. Cristo, o resucitó o no; y si no resucitó, entonces nuestros pecados nunca fueron perdonados.

sábado, 27 de febrero de 2016

ELLOS GANAN LA BATALLA by Claude Houde

Amalec vino a pelear contra Israel. Moisés estaba en la cima de la colina. El pueblo estaba luchando en el valle. Cuando Moisés levantaba las manos a Dios en oración, el pueblo de Dios ganaba y superaba al enemigo. Entonces las manos de Moisés se hicieron pesadas, se cansaron. Cuando las manos de Moisés bajaban, el pueblo de Dios era derrotado y el enemigo ganaba terreno. El pueblo de Dios era vencido y estaba en gran peligro. Aarón y Hur sostenían las manos de Moisés, de pie a cada lado de él. Entonces las manos de Moisés estaban firmes de nuevo y pueblo de Dios era victorioso contra sus enemigos” (Ver Éxodo 17:8-13).

Cuando Moisés estaba en la montaña con sus brazos extendidos hacia el cielo, simbolizaba su dependencia, la confianza y la fe en Dios por la victoria sobre sus enemigos. “De Jehová es la batalla” (1 Samuel 17:47). “Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2 Corintios 10:4). Y la victoria se adquiere “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6).

En la vida de Moisés, al igual que en la nuestra, sucede lo mismo en las batallas y las victorias. No puedo hacer nada por mí mismo y voy a fracasar miserablemente si en última instancia confío en mis ideas, experiencias, recursos o esfuerzos. En esos momentos de batalla invisible y eterna, cuando la lucha es feroz y nuestras vidas, familias, ministerios o futuros están en juego, encontramos la victoria cuando nos encontramos en la montaña de Dios en oración, levantando nuestras manos a Él en confianza y entrega.

Algo fascinante sucede en la montaña. Los brazos de Moisés se empiezan a cansar, bajan lentamente, se produce un giro en el campo de batalla y el enemigo gana terreno. Se derrama sangre, hay soldados heridos y muertos, gritos de dolor y lágrimas llenan el valle, el enemigo es como acero y da escalofríos, se oyen gritos de guerra bestiales. ¿Qué está pasando?

El mismo ejército que hace un momento iba triunfando ahora está siendo masacrado. Aarón y Hur comprender el significado de largo alcance de lo que está sucediendo. Se paran al lado de Moisés, uno a cada lado, y sostienen sus brazos en un gesto e imagen de unidad espiritual, lealtad y apoyo. Es como si estuvieran diciendo: "Estamos contigo, Moisés. Reconocemos que Dios te ha puesto como nuestro líder y estamos contigo. Reconocemos la importancia de este principio y queremos practicar la fe; queremos proteger y potenciar al pueblo de Dios que lucha en el valle".

La oleada violenta y devastadora del enemigo, imposible de detener hace un momento atrás, retrocede ahora. El pueblo de Dios no tiene armamento adicional, pero ahora son invencibles y su ejército es poderoso. ¡Ellos ganan la batalla!

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Claude Houde es el pastor principal de la Iglesia de la Nueva Vida (Eglise Nouvelle Vie) en Montreal, Canadá; y es un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo. Bajo su liderazgo la Iglesia de la Nueva Vida se ha incrementado de ser un puñado de personas, a más de 3500 miembros, en una parte de Canadá donde pocas iglesias protestantes han alcanzado éxito.

viernes, 26 de febrero de 2016

MINISTERIO PRÁCTICO

Si amamos al mundo y las cosas que están en el mundo, no podemos ser de Dios: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Juan 2:15). Si codiciamos, queriendo cada vez más cosas, no somos una de sus ovejas: "Ni los ladrones, ni codiciosos… heredarán el reino de Dios" (1 Corintios 6:10).

Estos creyentes serán cabras no solamente por su codicia por cosas, o porque no ayudaron al necesitado. El Señor les dirá: “No me representaste adecuadamente ante el mundo. Hiciste que el impío me identificara con la prosperidad, el dinero, y el éxito. Engañaste a los pobres diciéndoles que yo quería hacerlos ricos. Y le dijiste a los enfermos que ellos estaban sufriendo porque carecían de fe."

Te bendije. Derramé mis recursos sobre ti, porque te amé. Pero no abriste tus oídos al llanto de necesidad alrededor tuyo. En cambio, te ahogaste en tus propios bienes. Si fueras mío - si me amaras – hubieses obedecido mis mandatos."

Puedes decir: "Hermano David, esto es demasiado difícil. Seguramente Dios no es tan así.” Lee las palabras de Ezequiel: “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad…y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso”. (Ezequiel 16:49, itálicas añadidas). Cuando Dios juzgó a Sodoma, no mencionó su homosexualidad o idolatría. Todo se trataba del orgullo, la comodidad y la negligencia para con el necesitado. No tenían ninguna preocupación por el pobre.

¿Cómo puedes involucrarte con el necesitado? Eso es obra del Espíritu Santo. Si estas bajo convencimiento con este mensaje, ve a él. Él te conducirá directamente a las necesidades que quiere que suplas en una de estas áreas de ministerio de amor práctico. No pienses que esto es para ponerte bajo una culpa o condenación, sino para ayudarte a evaluar tu corazón a la luz de las palabras de Jesús.

El Señor no espera de nosotros que lo hagamos todo. Pero sé que él espera que nosotros estemos personalmente comprometidos en la participación en al menos alguna de estas áreas de necesidad. ¿Puedes decir que estás listo para pararte frente a Cristo en aquel día, sabiendo que estás ayudando a alimentar o vestir al pobre, visitar a los prisioneros, bendiciendo o visitando a viudas y al huérfano?

jueves, 25 de febrero de 2016

TÚ PUEDES HACER ALGO

Durante meses he estado orando por las viudas, los huérfanos y los pobres. Recibimos cartas de gente indigente que ya no pueden pagar su seguro o un alojamiento. He suplicado a Dios: “Tú eres Señor de los ejércitos. Aliméntalos. Suple sus necesidades.” Finalmente, el Señor me contestó: "Tú debes hacer más que orar por ellos, David. Tú puedes hacer algo al respecto. Aliméntalos tú. Está dentro de tu poder hacerlo.”

No te equivoques: nadie puede ser salvo solo por las buenas obras, pero seremos juzgados por si las hicimos o no. Aún el asunto no está a cuánta gente necesitada alimenté o vestí. El asunto central es: “¿Profeso a Cristo como mi Señor, y luego vivo sólo para mí? ¿Falsifico a Jesús acaparando y pasando el tiempo acumulando cosas? ¿Cierro mis ojos a las necesidades del pobre y desvalido?”

Nuestro testimonio a un mundo maldecido por el pecado debe incluir tanto la predicación como la manifestación, tanto en Palabra como en hecho. Nuestra proclamación de Cristo no puede estar divorciada de nuestras obras de ayuda. Como Santiago dice, tales obras ayudan a demostrar el poder del evangelio.

“Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?" (Santiago 2:14-16).

Las multitudes cristianas responden a la profecía de Jesús de dos modos. Están aquellos "del evangelio fácil" que dicen: "Dios no es tan duro. Eso es toda predicación del día del juicio final. Mi Dios es demasiado amoroso como para juzgar con severidad." Entonces, aquellos "del evangelio difícil" dicen: "Esto es demasiado estricto, demanda demasiado, yo no puedo aceptar esa palabra tan perturbadora. Nunca puedo estar a la medida de ella."

Entonces ambos evangelios van por su propio camino, justificados e indiferentes. Un grupo sigue organizando avivamientos para los perdidos. El otro sigue teniendo reuniones de oración, pidiéndole a Dios que supla las necesidades de los pobres. En Navidad, distribuimos cestas a las familias necesitadas, y en otras ocasiones, dejamos caer unas monedas a los mendigos. Pero lamentablemente, se hace muy poco por tener un compromiso práctico de jornada completa, para hacer lo que Jesús ha mandado.

miércoles, 24 de febrero de 2016

CONZUELO DEL ESPIRITU SANTO

Nunca conoceremos la paz de Dios en nuestra aflicción hasta que su propósito para ella se convierta en una verdad asentada en nuestras almas. Tenemos que entender que nuestra hora oscura, nuestra prueba dolorosa, ha sido permitida por el Señor para su propio propósito glorioso. ¿Cuál es ese propósito? Simplemente, seremos el enfoque del increíble consuelo del Espíritu Santo.

Vamos a salir del fuego limpios y mas fuertes. Y obtendremos un ministerio mayor que de cualquier predicador famoso -el ministerio del consuelo comprobado y la victoria a un pueblo herido. El resultado de este ministerio será como lo describió Daniel: “Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán” (Daniel 12:10).

¡Que increíble llamado tenemos! Sufrimos grandes pruebas para ser las manos consoladoras de Dios para otros.

Mi hija Debbie y su esposo Roger perdieron a su hija de doce años, Tiffany, a causa del cáncer cerebral. Yo conozco la agonía por la cual pasaron, las noches pensando: “¿Qué posible propósito puede tener Dios en esto?”

Hace un tiempo, Debbie estaba en una tienda cuando vio a una mujer sentada en una banca con lágrimas que le corrían por el rostro. Debbie se acercó y le preguntó: “¿Puedo ayudarla de alguna manera?” La mujer respondió, “Usted nunca entendería lo que estoy pasando.” Finalmente, Debbie animó a la mujer para que le contara su dolor. La mujer le explicó: “Perdí un hijo debido al cáncer.”

En ese momento, la dulzura del cielo descendió. Debbie puso sus brazos alrededor de esta mujer, y mientras mi hija compartía su propia historia, ambas mujeres encontraron una medida del amor sanador de Dios.

Querido santo, Dios no te ha olvidado en tu prueba profunda y oscura. Te dejo con esta palabra de ánimo del Salmista: “Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu. Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.” (Salmo 34:17-19).

martes, 23 de febrero de 2016

GUIADO POR EL ESPIRITU SANTO

Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25). En esta simple instrucción, el apóstol Pablo nos está diciendo en términos sencillos: “Si el Espíritu Santo está viviendo dentro de ti, dale control total de tu vida. Todos debemos ser guiados por el Espíritu.”

El Espíritu Santo fue enviado para ser nuestro guía constante e infalible, y habita en todos los que confiesan a Cristo como Señor y Salvador. El Espíritu reclama nuestros cuerpos como su lugar de domicilio, para reinar en la residencia de nuestros corazones.

La mayoría de los cristianos no tienen problema con aceptar que el Espíritu Santo nos guía hacia Jesús y que está continuamente obrando dentro de nosotros, a cada momento. La mayoría de nosotros le hemos llamado un sinnúmero de veces para consuelo durante nuestros tiempos de crisis. Le damos honor al Espíritu, predicamos sobre Él, y enseñamos sobre sus dones y fruto. Oramos a Él, le buscamos y le pedimos que abra los cielos y reviva a su iglesia. Muchos cristianos han experimentado manifestaciones genuinas del Espíritu, pero me parece que sabemos muy poco sobre lo que significa caminar en el Espíritu.

Entender la verdad acerca de caminar en el Espíritu podría liberar a muchos de la confusión, contiendas, aflicción, indecisión y hasta los deseos de la carne. Así que, ¿cuál es esta verdad? Pablo la resume claramente: “andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25)

Hay solamente dos maneras de caminar para un cristiano: en la carne, o en el Espíritu.

La carne tiene su propia voluntad terca; hace cualquier cosa que decida, y luego le pide a Dios que bendiga esas decisiones. Se levanta y declara: “El Señor me ha dado dominio propio y puedo hacer decisiones inteligentemente. No necesito esperar su dirección. Dios ayuda a aquellos que se ayudan a sí mismos.”

Pero caminar en el Espíritu es lo opuesto. Rendimos nuestra voluntad al Espíritu Santo, y confiamos en su voz quieta y apacible para que nos dirija en todo. Ciertamente, el Espíritu Santo fue enviado para establecer el gobierno pleno de Cristo en nuestras vidas. La Biblia nos dice, “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre y él aprueba su camino.” (Salmo 37:23), y el Espíritu es quien establece este orden. Él desea guiar y dirigir cada uno de nuestros movimientos.

lunes, 22 de febrero de 2016

¿CUAL ES EL PROPÓSITO DE LA RESURRECCIÓN? by Gary Wilkerson

Casi cualquier cristiano puede decirte: "Jesús murió por mis pecados". Pero, sorprendentemente, pocos pueden decir lo que significa su resurrección en sus vidas diarias. Ellos saben ciertas partes de la historia —que Jesús murió y resucitó— pero no lo suficiente como para aplicar las poderosas verdades de Dios a la manera en que viven y creen. Y eso hace toda la diferencia en el mundo.

La resurrección de Cristo tiene consecuencias radicales no sólo para la vida eterna, sino para la vida cotidiana. ¿Cuál es el propósito de la resurrección? La mayoría de nosotros lo asociamos con la vida eterna, no con la vida cotidiana en la tierra. ¿Cual es la importancia de la resurrección en nuestro matrimonio, nuestro trabajo y nuestra familia? ¿Cómo afecta a una vida inundada por 200 mensajes de datos al día, una vida preocupada con los trámites, las tareas, las obligaciones y las demandas?

Pablo nos recuerda que la muerte, sepultura y resurrección de Cristo son de primera importancia. "Ha de ser contada, es decir, a los que creemos en aquel que levanto de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación" (Romanos 4:24-25, énfasis añadido). ¿Qué quiere decir Pablo cuando dice que Jesús fue levantado de manera que podamos ser justificados?

La justificación tiene que ver con nueva vida. Sin ella, estaríamos atrapados en un ciclo interminable de pecado y confesión. Piensa en el peso que el pecado acarrea a nuestras vidas. ¿Cuántas veces has permanecido despierto en la noche angustiándote por algo horrible que has dicho o hecho? La vergüenza, la culpa y la condenación vienen con la vida cotidiana; no podemos escapar de ella. Sin embargo, Pablo nos dice que Jesús fue "entregado" para limpiarnos de estas mismísimas cosas.

Entonces, ¿Es suficiente ser perdonado de nuestros pecados? Ahí es donde la última parte del versiculo entra en juego: Jesús fue "resucitado para nuestra justificación." No sólo nuestras transgresiones se han ido, sino que somos justificados – lo que significa que, es como si nunca hubiéramos cometido esos pecados. Ahora somos un deleite a los ojos de Dios. !En resumen, hemos resucitado a una vida nueva, cada día!

Qué gran y poderosa verdad. Sin embargo, los cristianos a menudo no experimentan esta nueva vida cotidianamente. Admito que hay días cuando le digo a mi esposa Kelly: "¿Es esto realmente una nueva vida? Estoy frustrado, enojado, decepcionado. "Aunque lo intentemos, no poseemos personalmente el poder de renovar nuestras vidas. No podemos simplemente hacernos de nuevo. Eso viene solo de Jesús, y es a través de lo que se llama el poder de la resurrección.

sábado, 20 de febrero de 2016

ALCANZANDO A LOS PERDIDOS

Incluso ahora en mi mente tengo frescas las caras de impotencia que vi en el corazón del Bronx. Rostros de todas las formas, colores y edades. Niños y niñas, hombres y mujeres, negros, blancos, asiáticos, hispanos. Muchos se perdieron. Muchos necesitaban a Jesús.

Estábamos en la etapa final de un período de seis semanas de campaña a las ciudades interiores de Nueva York. Durante semanas habíamos estado evangelizando en las calles, conduciendo eventos en las esquinas de los vecindarios por toda la ciudad, e invitando a la vez a la gente a nuestro evento final en el Bronx.

Recuerdo haber estado en la plataforma frente a varios miles de personas. Nuestro escenario fue instalado al final de una calle larga y estrecha en uno de los barrios más infestados con drogas de todo Nueva York. Edificios de apartamentos de gran altura se elevaban a cada lado.

Por varios segundos simplemente estuve de pie, examinando la multitud. Había pandillas de colores por todas partes. Prostitutas, traficantes y adictos, se encontraban dispersos entre la multitud, esperando escuchar lo que yo tenía que decir. Eché un vistazo a los edificios y vi gente que asomaba por sus ventanas y niños amontonados en las escaleras de incendios. Se juntaban adolescentes tanto como madres y padres que observaban.

Yo oraba en mi corazón: "Querido Jesús. Míralos. Tanta gente pobre y herida - gente que te necesita. Abre sus ojos, Señor. Toca sus corazones. ¡Usa mis palabras para llevarlos a ti! "

Cuando empecé a compartir mi testimonio, sentí una calma cayendo en el vecindario. No podía creer lo atentas que las personas estaban. La sensación es imposible de describir. Es la presencia de Dios. Es la retirada total de las tropas enemigas mientras el Espíritu de Dios se mueve y se instala en una muchedumbre de personas.

Mientras hablaba pude sentir el Espíritu Santo envolviendo a la multitud, trabajando en sus corazones, llevando a muchos a la convicción. Antes de que tuviera la oportunidad de invitar a la gente para que acepten a Jesús, decenas fluían hacia el escenario, cayendo de rodillas al suelo en arrepentimiento.

Cientos pasaron adelante para recibir a Jesús esa noche. Dios trajo tal ola de convicción que quedamos sobrecogidos por la respuesta. Quedamos completamente asombrados por la obra que Dios estaba haciendo en este vecindario herido y abandonado.

"Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían." (Marcos 16:20).

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Nicky Cruz, evangelista internacionalmente conocido y prolífico autor, se volvió a Jesucristo de una vida de violencia y crimen después de encontrarse con David Wilkerson en la ciudad de Nueva York en 1958 La historia de su dramática conversión fue contada por primera vez en el libro “La Cruz y el Puñal” escrito por David Wilkerson y más tarde en su propio best seller “Corre, Nicky, Corre”.

viernes, 19 de febrero de 2016

TU PALABRA DE LIBERACIÓN

La Escritura dice que durante el tiempo en el que Elías estuvo en la cueva, huyendo de Jezabel, “un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento” (1 Reyes19:11). Dios no estaba en ese mensaje.

“Y tras el viento [vino] un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto” (19:11). ¿Esperas oír una ardiente palabra? “Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego”. (19:12).

Dios sabe exactamente el tipo de palabra que necesitas oír cuando estás golpeado y herido. Y no es una palabra de condenación, ni una palabra dura, ni un sermón al rojo vivo. Creo que el Señor nos está diciendo en este pasaje: “Cuando estas doblegado por tus pruebas, no te trataré duramente”. No, Elías necesitaba oír una voz sueva, apacible: “Y tras el fuego un silbo apacible y delicado” (1 Reyes 9:12). Algunos manuscritos traducen esta frase como “un soplo apacible”, queriendo decir “una brisa sueva, refrescante”.

Esa misma voz apacible y quieta, viene del corazón del Padre hoy. Y su mensaje es el mismo: “[Vosotros] habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5:11).

“Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen...Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen” (Salmo 103:8-11,13).

Aquí tienes tu palabra de liberación: ¡Levántate y confía! El tiempo ha llegado de creer que Jesús está contigo en tu tormenta. Él te dará la fuerza para sobrellevarla.

No creas la mentira de que serás aplastado. El diablo no vencerá. El Señor ha dicho, “No importa cuán herido te sientas, no permitiré que seas quebrado. No permitiré que el fuego se apague. Mi Espíritu va a soplar las ascuas y tu llama por Mí, volverá otra vez”.

jueves, 18 de febrero de 2016

DIOS NO ESTÁ ENOJADO CONTIGO

Has vivido como un siervo fiel, has orado diligentemente y has conocido la voz de Dios. Has ganado victorias en el pasado y amas profundamente al Señor. Pero ahora estás profundamente herido; herido como nunca antes y no puedes ni siquiera orar.

Amados, este caminar cristiano es guerra. Significa batallas, cansancio, heridas y un enemigo feroz que busca destruirte. Y es ahí cuando eres más vulnerable a pensamientos de condenación. Tu conciencia te dice: “No estas orando como lo hacías antes. No estudias la Palabra lo suficiente. Estás seco y tibio, tu fuego se está apagando y simplemente no eres de buen testimonio. Ahora has permitido que Satanás te robe la paz que Dios te dio. No tienes lo que se necesita”.

Y pensamos: “He defraudado a mi Señor. No he obedecido Su Palabra”. Tu fe tambaleante es la mecha que está ardiendo y el diablo está ansioso por de apagarla.

Como el profeta Elías, estás tan cansado y desalentado, que todo lo quieres hacer es dormir. La Escritura dice que eso es justamente lo que este piadoso hombre hizo: “Se quedó dormido” (1 Reyes 19:5). Simplemente, ya no pudo llevar esa carga.

Pero el Señor no reprendió a Elías por esto. Dios sabía que Su siervo había llegado a un punto de quiebre. Me imagino a nuestro precioso Padre diciendo de él: “Miren a este fiel hombre, herido y dolido. Él llegó al final de sus fuerzas, incapaz de explicar su dolor a alguien. Yo le he prometido: ‘No quebraré la caña cascada’”.

¿Entonces, qué sucedió? “Volviendo el ángel de Jehová…lo tocó [a Elías], diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta” (1 Reyes 19:7)

Acá tenemos una palabra increíble para cada caña cascada que está leyendo este mensaje. No importa cuán herido estés, cuan golpeado por tu inundación de prueba. Dios te ha hecho una promesa: “No serás quebrantado. No permitiré que tu llama se extinga. Tu fe no se apagará”.

Querido santo, este mensaje es para ti desde el cielo. Estás siendo tocado por una palabra que te llama: “Levántate ahora. Dios no está enojado contigo. Y Él no permitirá que te derrumbes. Él sabe que esta situación es demasiado grande para ti. Él te proveerá fuerza supernatural. Él te dará lo que necesitas para seguir adelante”.

miércoles, 17 de febrero de 2016

AMOR INCREÍBLE

Una vez, Jesús se volvió hacia algunos de Sus familiares terrenales y les dijo: “No puede el mundo aborreceros a vosotros” (Juan 7:7).

Con estas palabras, Jesús nos ofrece la prueba de tornasol de una iglesia y un discípulo verdaderos. Me pregunto de cuántas iglesias y cristianos se podrían decir estas palabras hoy: “El mundo no puede odiarte”.

Cristo está diciendo, en esencia: “Ustedes han traído tanto del mundo a la iglesia, han diluido tanto Mi evangelio, que el mundo los abraza. Se han vuelto amigos del mundo”. Santiago nos da esta advertencia en su epístola: “La amistad del mundo es enemistad contra Dios…Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4).

Por supuesto, Jesús era amigo de políticos y pecadores. Pero también está escrito que Él estaba “apartado de los pecadores” (Hebreos 7:26). Él ministraba a los pecadores, pero como uno bajo sumisión a Su Padre. Como Él, nosotros somos llamados a estar en el mundo, pero no a ser parte de éste.

“Acordaos de la palabra que yo os he dicho…Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15:20). Tú no tienes que buscar la persecución. No vendrá a causa de tu rendimiento en el trabajo, tu raza o tu aspecto. No, vendrá simplemente porque haces de Cristo tu Señor.

Ahora déjame darte una palabra de ánimo. Aunque el mundo aborrezca y persiga a los verdaderos discípulos de Cristo, hallamos un creciente amor y piadoso afecto entre los miembros de Su iglesia. Ciertamente, lo que hace que el mundo nos aborrezca, hace que nuestros hermanos y hermanas justos se unan aun más a nosotros.

En los días venideros, el amor en la casa de Dios será más precioso. Seremos odiados por todo el mundo, mofados por los medios, ridiculizados por Hollywood, seremos el hazmerreír de la sociedad. Pero cuando lleguemos a la casa de Dios, estaremos entrando a un lugar de amor increíble, a medida que nos amemos unos a otros como Cristo nos ama.

No importará la persecución que hayamos enfrentado. Seremos recibidos con estas palabras: “Bienvenido a casa, hermano; bienvenida a casa, hermana. Este es el lugar donde eres amado, eres amada”. Seremos edificados nuevamente, para seguir saliendo como el Señor nos manda, con Su verdadero evangelio.

martes, 16 de febrero de 2016

¿POR QUÉ ABORRECE EL MUNDO A LA IGLESIA?

Un verdadero cristiano es amoroso, pacifico, perdonador y cuidadoso. Aquellos que obedecen las palabras de Jesús se sacrifican a sí mismos, son mansos y bondadosos.

La sabiduría común nos dice que no es natural odiar a aquellos que te aman, te bendicen y oran por ti. Más bien, la gente sólo odia a aquellos que los abusan, les roban y los maldicen. Entonces, ¿por qué los cristianos son tan odiados?

Jesús dice: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros…Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15:18, 20). ¿Por qué sucede esto?

La iglesia es aborrecida a causa de su misión, la cual es mucho más que decirle a la gente perdida: “Jesús te ama”.

Puede que te eches atrás sorprendido cuando te recuerde cuál es nuestra misión. Dicho de una manera simple, nuestra misión como cristianos es quitarles a los impíos lo que es más precioso para ellos: Su justicia propia.

La cosa más preciosa para una persona mundana es su justicia propia. Piénsalo: Esta persona ha pasado toda su vida construyendo una buena opinión sobre sí mismo. Ha hecho un ídolo de sus buenas obras. Se alaba a sí mismo de ser realmente bueno de corazón y bondadoso con los demás. Él está seguro de ser suficientemente bueno para ir al cielo y demasiado bueno para el infierno.

Este hombre impío ha pasado años golpeando y cauterizando su conciencia. Él se ha enseñado a sí mismo a callar toda voz de convicción de pecado que viniera a él. Él disfruta una paz falsa y está tan engañado, ¡qué realmente piensa que Dios lo admira!

Y ahora, justo cuando ha callado la voz de su conciencia, tú, un cristiano, se acerca. Y la verdad que traes habla más fuerte que su conciencia muerta: “Si no naces de nuevo, no puedes entrar al reino del cielo”.

De pronto, eres una amenaza en la mente de este hombre. Eres alguien que quiere privarlo de su seguridad de que todo está bien con su alma. Todo este tiempo, él pensó que estaba bien, pero ahora tú le estas diciendo que todas sus buenas obras son como trapos de inmundicia.

Te digo, este hombre no te ve como alguien que trae buenas nuevas. No, en sus ojos, tú eres un atormentador, alguien que viene a quitarle su sueño tranquilo en la noche.

lunes, 15 de febrero de 2016

AMOR AGAPE by Gary Wilkerson

Cuando Jesús se apareció a los discípulos después de la resurrección, El impartió una última lección. Comenzó cuando le preguntó a Pedro si lo amaba. Él planteó esta pregunta al discípulo tres veces y cada vez Pedro respondió que sí. A su vez, Jesús respondió cada vez: "Apacienta mis corderos… Pastorea mis ovejas… Apacienta a mis ovejas" (Juan 21:15-17).

El verbo “amar” que Jesús usa aquí es “ágape”, en griego, e indica el amor desinteresado, de sacrificio y sin condición. Este tipo de amor dice: "Si me desprecias, te daré. Si me rechazas, te seguiré dando. Y si me haces daño, voy a seguir dándote".

Sin embargo, cuando Pedro le respondió a Jesús, él usó un verbo diferente para “amar”. Cada vez que él expresaba su amor a Cristo, él usaba la palabra “phileo”, que indica el amor fraternal. Este tipo de amor es mutuo, recibe tanto como como da. Pedro estaba diciéndole a Jesús, en esencia: "Tanto como Tú me des, yo te daré".

Esa respuesta no era suficiente para Jesús. Es por eso que Él le respondía cada vez a Pedro: "Si me amas, apacienta mis ovejas". Él estaba diciendo: "Mi pueblo necesita ayuda, Pedro. Atiéndelos. Aliméntalos. Da tu vida por ellos".

Jesús estaba encargándole a Pedro vivir una vida que da. Él sabía que el discípulo estaba listo, ya que en las semanas anteriores, Pedro había sido profundamente quebrantado. Lo que Jesús le dice luego, describe el quid de una vida dadora: el quebrantamiento: "De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme" (Juan 21:18-19).

Con esta enseñanza final, Jesús condujo a Pedro de una vida bendecida a una vida quebrantada, dadora. De este modo, le entregó a Pedro las mismas llaves del reino. El dolor, la angustia y la pena esperaban a Pedro en la vida dadora que Dios trazó para él. Sin embargo, como el Evangelio de Juan nos dice aquí, incluso la muerte de Pedro trajo gloria a Dios.

Puede ser que tú y yo no lleguemos a hacer lo que queremos en esta vida, pero podemos tener una vida que refleje la gloria de la naturaleza dadora de nuestro Señor. Al dar tu todo por los demás con “agape”, podrás hallarte siendo dolorosamente derramado, como el vino de la comunión. Pero al hacerlo, te volverás una persona centrada en los demás, poderosa e influyente; y el mundo verá la diferencia. Tu vida dadora revelará la propia gloria de Dios, un testimonio al mundo de Su naturaleza generosa, amorosa.

sábado, 13 de febrero de 2016

EL CONSOLADOR

Durante la última cena, Jesús les dijo a sus discípulos, los alumnos que habían aprendido de Él y que fueron sus amigos durante tres años, que Él se iba. ¡Imagina cuanto debe haber perturbado a los discípulos escuchar algo así! Él era su líder. Él era quien hacia los milagros. Él era quien tenía la respuesta perfectamente sabia cuando los fariseos los acorralaban. Cuando hablaba, lo hacía con una autoridad distinta a cualquier maestro que hubieran escuchado alguna vez. Ninguno había enseñado de esa manera antes.

¿Cómo podía dejarlos ahora que más lo necesitaban? Y lo más confuso de todo, dijo que su partida los beneficiaría. “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya” (Juan 16:7)

Esa declaración debe haber dejado atónitos a los discípulos. ¿Cómo podía convenirles que Jesús se fuera? Este era el maestro con quien ellos habían comido, caminado, viajado, a quien habían observado y de quien habían aprendido. Sería imposible para ellos ver algún beneficio en su partida.

Afortunadamente, Jesús les explico el porqué: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:16-17). Entonces volvió a decirles: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” (16:7)

Ahora todo el panorama comenzaba a mostrarse. El Padre envió al Hijo para que cumpliera una tarea específica, para testificar del amor de Dios. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16) Dios mostraría ese amor al sacrificar a su Hijo en la cruz para pagar la pena por nuestros pecados. Y después de que el Hijo cumpliera con su obra en la cruz, se levantara de los muertos y ascendiera al cielo, el Hijo enviaría al Espíritu.

Aunque en aquel momento los discípulos no podían comprenderlo, era mejor tener en ellos al Espíritu Santo invisible que tener al Jesús físico con ellos. La persona divina que venía les ayudaría a comprender todo lo que él había dicho.

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Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson.

viernes, 12 de febrero de 2016

TIEMPO TIERNO DE MISERICORDIA

¿Existe todavía un pequeño remanente que peleará para avivar la llama de la justicia de Dios? ¿Un pueblo que recuerde al Señor y esté dispuesto a adoptar una posición por causa de Su nombre?

El Señor ha dicho, “Si veo un pábilo que todavía arde lentamente, no lo apagaré. La llama tal vez se ha ido, sin apariencia de fuego, pero si todavía veo brasas ardiendo, no permitiré que se apaguen. Mientras oiga un débil llanto de fieles sirvientes en algún lugar, no permitiré que esa caña cascada se rompa. (Ver Isaías 42:3)

Dios no se ha dado por vencido con nosotros. Pero el hecho es que, estamos viviendo en un “tiempo tierno de misericordia”. Lo veo por todos lados cuando viajo, especialmente en Europa. Ese continente es mucho más secular que los Estados Unidos, una tierra que por su propia decisión se ha convertido en absolutamente impía. Al caminar por las calles en algunos países, se siente un espíritu de anticristo, de arrogancia hacia Dios.

Suecia es una de las más afluentes naciones Europeas, y mientras más rica se vuelve más apóstata se torna. Al mismo tiempo, la iglesia evangélica allí está en peligro de tornarse más apática en su caminar con Cristo. Irlanda, una nación que por décadas sufrió aplastante pobreza, ahora está prosperando. Sin embargo, el clima espiritual allá también es de apatía, y está entrando el secularismo.

La actitud de toda Europa parece ser: “¿Y que si el juicio viene? Vivamos, comamos, bebamos y seamos felices.” No hay sentido de urgencia, no hay necesidad de Dios.

Creo que el Señor está hablando un mensaje claro para el mundo entero ahora mismo. Él tiene el poder para detener cualquier potencial ataque terrorista en cualquier momento. Simplemente podría decir una palabra y ángeles derrocarían cualquier poder malvado. En vez de eso, Él ha elegido enviar o permitir estas calamidades, y todas estas son señales que estamos en su tierno tiempo de misericordia.

“No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia” (Isaías 42:3-4).

jueves, 11 de febrero de 2016

UN ESPÍRITU HERIDO

Cuando Cristo vino a la tierra, Israel estaba viviendo bajo el reino aplastante de Roma. Los judíos estaban sobrecargados por los impuestos y las leyes romanas. Mientras tanto, un sacerdocio avaro se estaba aprovechando de las viudas y los pobres. Los oprimidos eran burlados y ridiculizados, y el pueblo era cegado por la corrupción. Todo esto es la razón por la cual muchos profetas dijeron que Cristo vendría en una hora de oscuridad, trayendo gran luz.

Jesús vino a una sociedad plagada por la hipocresía y el pecado desenfrenado. Al mirar la condición de la nación, lloró sobre Jerusalén (Ver Lucas 19:41), profetizando que su casa sería desolada. Sin embargo, le dio a esa sociedad 70 años más de predicación del evangelio. Y esos años estuvieron llenos de testigos ungidos del Espíritu, predicando esperanza y arrepentimiento, realizando milagros, y haciendo un llamado poderoso al reino. Jesús simplemente no rompería la caña cascada en que Israel se había convertido.

Ahora mismo, ese es un retrato de Norteamérica: una sociedad completamente herida en su moralidad. También somos una nación que está deprimida y perturbada, con gente viviendo en temor y agonía mental. Hay muchos más psicólogos, siquiatras, trabajadores sociales y consejeros que en toda la historia, sin embargo, no dan abasto con tanta gente rogando por tan solo una hora de ayuda. Esto es cierto aun en la iglesia: los equipos de consejería cristiana a través de la nación están sobrecargados por la presión de la gente que necesita ayuda en sus problemas.

Nuestros hijos están siendo lastimados por familias quebrantadas, abuso y violación. Los adolescentes están siendo heridos por la inmoralidad, materialismo e insensibilidad. Satanás ha desatado una oleada de maldad en la tierra, y ha dejado a su paso un pueblo doblado y lastimado.

Gran parte de la iglesia misma tiene este mismo espíritu lastimado. En carta tras carta, he leído de cristianos secándose en mega-iglesias donde ya no hay predicación sobre el pecado o la justicia. Están confundidos, preguntándose: “¿Dónde puedo encontrar alabanza verdadera?” No hay sentido de la presencia de Cristo aquí. No hay quebrantamiento.” Pastores también escriben, confesando: “Hermano David, he recaído.”

El periódico New York Times recientemente incluyó una historia acerca de una iglesia Pentecostal de 10,000 personas cuyo mensaje es: “Estamos aquí para hacerlos felices”. Pero ese mensaje está trayendo una falsa esperanza y solamente alivio temporal.

“… ni apagará el pábilo que humeare” (Isaías 42:3). En algún sitio en esta nación, Dios ve los pábilos que arden sin llama - pábilos que una vez estaban encendidos con fervor para Sus asuntos y propósitos, pero ahora apenas están humeando.

miércoles, 10 de febrero de 2016

¿JUICIO SOBRE NORTEAMÉRICA?

Hoy en día muchos creyentes están preguntándose: “¿Por qué Dios no ha entregado a Norteamérica a juicio? ¿Por qué no ha tratado con nosotros de acuerdo a nuestros pecados? Él le dio a la generación de Noé 120 años de advertencias, pero después de eso dijo: ‘Basta’, y trajo una inundación. Dios ha soportado los pecados de América por mucho tiempo, así que ¿por qué no hemos visto sus juicios justos sobre nosotros?

Amo a esta nación, y yo personalmente, no quiero ver el juicio final de Dios caer sobre América. Como muchos, estoy completamente asombrado sobre por qué el juicio de Dios ha sido retrasado.

Creo que estamos viendo los principios del juicio. Veo las terribles calamidades que están teniendo lugar en el mundo como advertencias. Sin embargo, debido a que la economía de Estados Unidos no ha colapsado, y nuestra nación sigue siendo capaz de funcionar como lo ha hecho, pareciera que estamos avanzando a tropezones de crisis en crisis, y se nos está dando una oportunidad tras otra.

Estoy convencido que hay una sola respuesta a esta perplejidad: todo esto es debido a la ternura y paciencia de nuestro Salvador. Encontramos la prueba en la profecía de Isaías: “No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare” (Isaías 42:3). ¡Norteamérica se ha convertido en una nación de cañas cascadas!

Una caña es un junco largo o planta con tallo hueco, que usualmente se encuentra en áreas pantanosas o cerca de un suministro de agua. Es una planta tierna, así que se dobla fácilmente cuando los vientos fuertes o las corrientes de agua la golpean. Sin embargo, la caña solo puede doblarse hasta cierto punto hasta que finalmente se rompe y es llevada por la corriente.

Como una caña en buen clima, Norteamérica una vez se erguía orgullosa y alta, llena de promesa y propósito. Nuestra sociedad entera honraba a Dios, y la Biblia era tenida en alto como el estándar de nuestras leyes y sistema judicial. Aún durante el curso de mi vida, los libros académicos consistían de lecciones e historias de la Biblia. Jesús era reconocido como el Hijo de Dios, Aquel que le da a nuestra nación favor e incalculables bendiciones.

Sin embargo, en nuestra prosperidad, nos convertimos como el antiguo Israel: orgullosos y malagradecidos. Y hemos caído mucho en corto tiempo. Dios ha sido excluido de nuestros sistemas judiciales y de nuestras escuelas, y su nombre ha sido burlado y ridiculizado.

Nuestra sociedad ha perdido totalmente su moral rectora y como resultado, aquella Norteamérica que una vez se erguía alta, ahora está lisiada, como una caña cascada.

martes, 9 de febrero de 2016

UNA NUEVA REVELACIÓN SOBRE EL MESÍAS

“He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley”. (Isaías 42:1-4)

Este pasaje es totalmente sobre Jesús. El Espíritu Santo se había movido sobre el profeta Isaías para traer una revelación de cómo sería Jesús cuando venga. Y la palabra inicial de Isaías aquí: “Contemplen”, señala a Sus oyentes: “Prepárense para una nueva revelación sobre el Mesías.”

La imagen que se hace patente en estos cuatro versos es clara: Cristo no vino para forzar a la gente a que lo escuchen. El no vendría con un clamor ruidoso; Él vendría como un Salvador tierno y amoroso.

Vemos el cumplimiento de la profecía de Isaías en Mateo 12. Los fariseos habían llevado a cabo un consejo para planificar como matarían a Jesús, tan solo porque había sanado a un hombre que tenía una mano seca durante el día de reposo. Mateo nos dice que “sabiendo [descubriendo] esto Jesús , se apartó” (12:15).

Cristo no tomó represalias en ira ni criticó duramente a aquellos que planeaban Su muerte. Él no fue como los discípulos, que querían que descienda fuego contra sus oponentes, aunque Cristo podría haber hecho eso. De hecho, Él podía haber llamado una legión de Ángeles para que se encargaran de sus enemigos, pero Jesús no hacia las cosas para vengarse.

Era este espíritu tierno, dice Mateo, que revela el cumplimiento de la profecía de Isaías: “No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz.” (Mateo 12:19).

Isaías estaba diciendo, en esencia, “El Salvador no viene a forzar a nadie para que entre en Su reino. El no viene como una personalidad escandalosa, bulliciosa y arrolladora. No, tú lo escucharás hablar con una voz quieta y apacible en tu hombre interior”.

lunes, 8 de febrero de 2016

NIÑOS NECESITADOS

Cristo a menudo comienza Su ministerio en nosotros como si fuéramos niños que tienen necesidades a ser suplidas. Esto pasa a través de los evangelios cuando restablece la vista al hombre ciego, cuando sana a la mujer del flujo de sangre y alimenta a las multitudes hambrientas. El se encontraba con la gente que sufría justo donde estaban y les daba lo que necesitaban. Esta era razón suficiente para que la gente lo siguiera. Incluso algunos de los Fariseos seguían a Jesús por sus milagros.

Personalmente, yo quedé convencido de seguir a Jesús después que el suplió mi necesidad mas profunda. Cuando era adolescente yo no estaba seguro de que Dios fuera real. Yo descendía de un largo linaje de ministros, así que ¿Cómo podía estar seguro de que mi fe no era tan solo un adoctrinamiento de parte de mis padres? Jesús vino a mí en mi alma herida y me mostró lo que necesitaba saber: Que no fue Buda el que me amó, ni Mahoma, ni Confucio, sino Cristo. El me reveló la verdad pura de Su amor, y esto dio un vuelco a mi vida.

Jesús nos bendice en nuestro tiempo de necesidad, pero, verás, ese es solo el lugar donde comienza en nuestras vidas. El nos toma de la bendición al quebrantamiento porque es la única forma de llevarnos a la madurez real. El camino del quebrantamiento es la manera como comenzamos a adquirir Su naturaleza generosa.

Aceptémoslo, nuestra carne odia el pensamiento de una vida generosa porque requiere quebrantamiento. Piensa en todos aquellos libros de mayor venta cuyos títulos implican bendiciones. Ahora imagina un título diferente en las repisas, en éste título llamado La Vida Generosa por ejemplo. Tú piensas: “Yo quiero ser generoso”, así que das vuelta a las páginas. Lees acerca de Pablo, que habla acerca de haber naufragado, y de haber sido golpeado y apedreado porque fue llamado a dar. Lees acerca de los otros apóstoles que fueron perseguidos porque Jesús los llamó a una vida que dá. Mientras lees pronto te das cuenta: “Esto no va a ser un éxito de ventas”

Eso quedó demostrado en los días de Jesús. Las multitudes dejaron de seguirlo cuando comenzó a predicar verdades difíciles (Ver Juan 6). Cuando las personas estaban yéndose, “Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿A quien iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente” (Juan 6:67-69)

La pregunta de Jesús nos sitúa en la misma posición de los discípulos. Tenemos que confiar en que Él es bueno y fiel. Veras, nosotros no elegimos la agenda de nuestras vidas. Si así fuera, todos seriamos del tipo de persona que recibe, no de los que da. Esa es la razón por la que es Jesús quien establece la agenda. Y cuando Él nos guía por un camino difícil, podemos estar seguros de que lo hace con amor.

viernes, 5 de febrero de 2016

ÉL QUIERE VER TU SONRISA

Supón que antes que Jesús ascendiera, a medida que visualiza Su iglesia y la cosecha antes de su venida, Él ve un alejamiento. Su alma se entristece, porque ve un apartamiento rampante. En vez de cosechar una cosecha blanca, Su pueblo está pasando su tiempo y energía buscando éxito mundano y cosas materiales.

Así que Jesús le dice al Padre: “Ellos no van hacer que llegue la cosecha. Todos los campos blancos están dormidos. Voy a mandar una legión de ángeles para que haga la cosecha”. El Padre está de acuerdo y de pronto millares de seres celestiales aparecen en la tierra, brillando con resplandor sobrenatural.

¡Qué escena sería esta!: Seres de otro mundo, vestidos de gloria, hablando en iglesias y en público. Los entrevistan los reporteros de los diarios, y en la radio y la televisión. Ellos hablan de la cruz, la resurrección, la ascensión, el amor de Cristo, y el juicio final venidero. Y ellos hablan con tal elocuencia y convicción que todo el mundo queda embelesado. Ellos son como muchos Jonás, enamorando y advirtiendo al mundo.

Ahora supón que después de un corto tiempo, estos mismos ángeles radiantes quedan embelesados con el mundo a su alrededor. Son atraídos por las comidas finas, bienes materiales, riquezas y seguridad. Y pronto, ellos comienzan a luchar por el éxito, la fama y la fortuna. Dentro de poco, se ponen celosos uno del otro, mostrando ira, orgullo, envidia y codicia.

En otras palabras, ¡se convierten exactamente en la iglesia de hoy! Te pregunto: ¿Cuánta influencia tendrían en el mundo? ¿Cómo podrían esperar traer la cosecha, estando tan atrapados en la mundanalidad. Su testimonio seria devaluado y perderían todo poder espiritual, yendo de un lado a otro desanimados, temerosos y dudando.

Dime, ¿por qué alguien querría mi evangelio, si me ve en este estado, estresado y sin gozo? ¿Por qué creerían en mi mensaje: “Jesús es suficiente, mi todo, mi provisión constante”, si siempre estoy temeroso y preocupado, sin paz?

Nadie escucharía una sola palabra mía. En vez de ello, ellos se peguntarían: “¿Qué diferencia hace tu Cristo? No creo que Él sea un gran médico, si siempre estás en esta condición”.

Amado, tu semblante cuenta. Escucha lo que Cristo dice de Su Novia, en Cantar de los Cantares: “Paloma mía… muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto” (Cantares 2:14). Cristo nos está diciendo, en esencia: “Quiero ver tu sonrisa” ¿Eso describe tu semblante?

jueves, 4 de febrero de 2016

ES TIEMPO DE COMENZAR A COSECHAR

Jesús declaró, “Los campos están listos y la cosecha es abundante. Es tiempo de comenzar a cosechar” (ver Mateo 9:37-38). En ese momento, comenzó la gran cosecha espiritual y final entre los judíos y gentiles de la generación de Jesús. Y esta misma cosecha perdurará hasta que Cristo regrese.

Mientras leo este pasaje, me pregunto ¿que habrá visto Jesús en su tiempo que le hizo decir: “La cosecha esta lista, así qué es tiempo de cosechar”? ¿Vio Él un despertar espiritual en Israel? ¿Había avivamiento en las sinagogas? ¿Estaban los sacerdotes volviéndose a Dios? ¿Estaban siendo convencidos de pecado los escribas y fariseos? ¿Que evidencia había de que la cosecha estaba lista?

Los evangelios no revelan mucha evidencia de ningún mover espiritual para con Dios. Por el contrario, ellos mostraban lo opuesto. Se burlaban de Jesús en las sinagogas. Los líderes espirituales de la nación lo rechazaban, cuestionando Su integridad y divinidad. Una multitud religiosa trató de arrojarlo por un precipicio. Cristo mismo se lamentó sobre las ciudades de Israel porque no se arrepintieron ante Su mensaje: “¡Ay, Corazín! ¡Ay, Betsaida! ¡Ay, Tiro y Sidón! ¡Ay, Capernaum!” (ver Mateo 11:21-23).

En cuanto a las multitudes, ellos estaban envueltos en una desesperación caótica. La Escritura nos dice: “Cuando él vio las multitudes…estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (ver Mateo 9:36). Aquí vemos una sociedad temerosa, estresada y deprimida. La gente corría salvajemente, como ovejas dispersas, buscando ayuda dondequiera que la pudieran encontrar. Sin embargo, fue en este mismo punto de gran desesperación que Cristo declaró: “Los campos están maduros y la cosecha es abundante”.

¿Crees que las palabras de Jesús acerca de una cosecha madura se aplican al presente? ¿Dónde vemos evidencia que los campos están blancos y listos para ser cosechados? ¿Están arrepintiéndose las naciones? ¿Hay un gran mover en nuestra sociedad? ¿Está despertando la iglesia organizada? ¿Están hambrientos por avivamiento los líderes religiosos, buscando a Cristo en forma renovada? ¿Hay un clamor por santidad en esta generación?

Con pocas excepciones, no veo que tales cosas estén sucediendo. Sin embargo, nada de esto fue lo que movió a Jesús en Su tiempo. Más bien, Él fue movido por la triste condición que vio por todos lados. Dondequiera que Él miraba, la gente estaba abrumada por la angustia y dijo: “Es tiempo de comenzar a cosechar”.

miércoles, 3 de febrero de 2016

LOS INSTRUMENTOS DE LA COSECHA

“Al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:36-38).

Jesús lo dijo claramente: “La cosecha está lista, pero los obreros son pocos”. Entonces, ¿por qué hay tan pocos obreros? Hoy en día, las iglesias están repletas de creyentes que declaran que Cristo es todo en sus vidas. Se gastan millones de dólares en levantar centros de adoración en todo lugar.

Lo cierto es que, si no somos capaces de cosechar almas, si nuestras vidas no reflejan el poder transformador del evangelio que predicamos, entonces nos hemos devaluado como obreros. Nuestro caminar con Cristo debe ofrecer prueba al mundo de que las promesas de Dios son verdaderas.

Como obreros, somos los instrumentos de la cosecha en las manos del Señor. En los días de Cristo, era una hoz, una navaja larga y curvada de un solo filo con una mango largo. Era forjada por un herrero, que la ponía en el fuego, luego la ponía sobre un yunque, donde la golpeaba y doblaba hasta obtener esa forma. Entonces, todo el proceso era repetido, una y otra vez, hasta que el canto tuviera una superficie áspera y filuda.

El paralelo es claro, Dios está forjando obreros. Él no está solamente martillando para deshacerse del pecado. Y este proceso explica porque los obreros son pocos. La mayoría de los feligreses son como los miles que se ofrecieron para ir con Gedeón en el Antiguo Testamento. Dios vio temor en muchos de ellos, sabiendo que no soportarían el fuego, el martilleo, los tiempos difíciles. Y de los miles que siguieron a Gedeón, solo trescientos fueron escogidos.

Lo mismo sucede hoy. Aquellos que realmente son llamados a la cosecha, son llamados a soportar el fuego formador y purificador y el continuo martilleo. Pero no muchos soportan.

martes, 2 de febrero de 2016

RECORDANDO LA FIDELIDAD DE DIOS

Las Escrituras nos muestran que David, Job y otros santos del Antiguo Testamento salieron de sus tiempos oscuros, al recordar la fidelidad de Dios para con las generaciones pasadas. David escribió que cada vez que su corazón estaba desolado: “Me acordé de los días antiguos; meditaba en todas tus obras; reflexionaba en las obras de tus manos” (Salmos 143:5). Asaf, quien escribió doce de los Salmos, hizo lo mismo: “Me acordaré de las obras de JAH; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas” (77:11). De hecho, Asaf dice que todos en Israel “se acordaban de que Dios era su refugio” (78:35).

Es una bendición maravillosa recordar todas nuestras liberaciones pasadas. Deuteronomio nos dice: “Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios…Cuídate de no olvidarte…” (Deuteronomio 8:2,11).

Sin embargo, recordar las liberaciones de Dios era más que una bendición para los santos del Antiguo Testamento. Era una disciplina necesaria. Los israelitas ingeniaron toda clase de rituales y observaciones para recordar las liberaciones del Señor en sus vidas.

De igual manera, hoy, la Iglesia es llamada a recordar las liberaciones pasadas de Dios. Hemos recibido una manera para recordar que es mucho mejor que la de los tiempos del Antiguo Testamento. Como verás, desde los días de David y Asaf, Dios ha derramado Su Espíritu Santo y el Espíritu ahora habita en nuestros cuerpos humanos.

El Espíritu Santo no sólo nos consuela en nuestros tiempos de oscuridad y nos trae a memoria las fidelidades pasadas de Dios. Pero, Él hace más que eso. A menudo el Espíritu nos da un entendimiento del propósito detrás de nuestras pruebas ardientes, para que nuestra fe no falle.

Cuando vemos la vida de Asaf, vemos que este santo hombre de Dios no comparte ningún entendimiento con nosotros en el Salmo 77. Dicho de manera simple, no sabemos lo que su hora oscura hizo en su vida. Todo lo que él pudo decirnos fue: “En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas” (Salmos 77:19). La conclusión de Asaf fue: “Los caminos de Dios no son conocidos. No sé porque Él permitió que yo cayera en tal depresión y desaliento. Sólo me regocijo porque Él me libertó”.

lunes, 1 de febrero de 2016

UNA VIDA QUE DA by Gary Wilkerson

Dar, es la naturaleza del Padre. Un niño que crece en un hogar que da, aprende a compartir y Jesús tiene la naturaleza de dar de Su Padre. Ahora Jesús nos está llamando a continuar con el legado familiar a través de una vida que da.

Para ello, Cristo nos provee de una poderosa imagen en la Última Cena. Él levanta el pan y el vino y dice: "Este pan es mi cuerpo, partido por ustedes. Y esta copa es mi sangre, derramada por ustedes" (ver Marcos 14:22-23). Nota lo que Jesús hace a continuación con el pan: Él lo bendice, lo parte y lo da. Al hacer esto, Cristo nos demuestra cómo es una vida derramada. Es bendecida. Es partida. Y es entregada. Así también es cuando uno es un hijo o una hija del Dios vivo.

Esta es la diferencia central entre el ser humano promedio, cuyo objetivo principal es satisfacer sus propias necesidades y alguien que ha descubierto el propósito de la vida y se derrama a sí mismo por los demás. En Cristo, estamos llamados a pasar de una vida de "obtener" a una vida de "dar". Jesús faculta esta transición para nosotros en el Espíritu, reemplazando nuestro espíritu mundano con Su propio Espíritu Santo. Él nos dice: "Tú has sido bendecido por Mí y ahora tienes el propósito de entregar esas bendiciones".

Esta es una teología gloriosa, pero es la transición más difícil que alguna vez haremos en la vida. En los últimos años los libros cristianos más vendidos se han centrado en el lado de "obtener" de la vida. Su tema central es cómo Dios anhela bendecir a Sus hijos. Sabemos que esta es una verdad de Dios a causa de su naturaleza dadora; Él quiere abrir las ventanas del cielo para derramar Sus poderosos recursos sobre nosotros. Él, en efecto, quiere bendecir nuestro matrimonio, nuestra salud, nuestras finanzas. Así que estos libros más vendidos tienen su lugar, y admito que yo mismo he obtenido ayuda de algunos de ellos.

Pero hay algo que falta en estos libros. Hay algo mucho mejor que una vida bendecida de obtener, y es una vida quebrantada de dar. Una vida que obtiene es fácil; una vida que da es difícil y gratificante.

Recuerda, Él bendijo. El partió. Él entregó. A menudo en la iglesia, este proceso se rompe después del primer paso. Muchos cristianos no llegan más allá de la parte de bendición. Ellos no permiten que sus vidas sean quebrantadas o partidas delante de Dios, por lo que nunca llegan al último paso: Dar. Por ende, nunca ven el cumplimiento del propósito de Dios en bendecirnos.