miércoles, 30 de septiembre de 2015

UNA VISIÓN INCREÍBLE

Isaías 25 describe una increíble visión. En ella, el profeta Isaías es transportado al futuro, precisamente, hasta los últimos días. Los comentaristas bíblicos están de acuerdo en que esta es una de las imágenes más claras en la Escritura acerca de los tiempos finales. Isaías nos muestra con precisión lo que Dios se propone para las naciones y para Su iglesia, justo antes del fin. Y ahora mismo, estamos viviendo en la mismísima hora que Isaías describe.

En los primeros cinco versículos, Isaías resume lo que Dios tiene reservado para las naciones. En un instante, Dios reduce el imperio de Satanás a escombros. Y de pronto, las naciones bajo la tiranía demoníaca son liberadas. Isaías irrumpe en una alabanza jubilosa al ver esto: “Jehová, tú eres mi Dios; te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas; tus consejos antiguos son verdad y firmeza”. (Isaías 25:1). Él esta diciendo: “Señor, jamás eres tomado por sorpresa. Has hecho grandes maravillas en el pasado y ahora tienes un plan para esta hora. Tú lo estableciste desde la fundación del mundo”.

Mientras Isaías observa el plan de Dios desarrollándose, su alma se emociona. Él exclama por las generaciones que vendrán: “En los últimos días, Dios va a aplastar y aniquilar el poder de Satanás. Estos palacios de seres demoníacos extraños serán llevados a la ruina y la ciudad del diablo será reducida a un montón de polvo”.

Las cadenas comienzan a caer de las mases que han estado atadas. Son liberadas de prisiones satánicas de miedo y de pecado. Isaías las llama “un pueblo fuerte” que quiere decir “un pueblo que estuvo endurecido por el pecado”. Y él nos dice que este mismo pueblo comienza a glorificar a Dios. Por años, estuvieron aterrorizados a causa de su opresor, Satanás, pero ahora sólo temen al Señor, aquél que los libró.

En aquella hora, el versículo 4 será cumplido a la vista del mundo entero: “Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, refugio contra el turbión, sombra contra el calor; porque el ímpetu de los violentos es como turbión contra el muro” (25:4).

Veo esto ocurriendo aún ahora en millones de personas por todo el mundo. Los pobres en espíritu se están fortaleciendo. Los necesitados están siendo rescatados. Y los angustiados están encontrando una abundancia de paz. Cristo se ha convertido en su protección, su refugio, su defensor, su escondite. Cuando una ráfaga de ardiente tentación se acerca de ellos, choca contra una pared santa que está alrededor de ellos y se desintegra. Los otrora feroces ataques de Satanás caen al suelo inofensivamente.

martes, 29 de septiembre de 2015

EL VALOR DE UN SOLO CREYENTE

Un sábado por la noche, caminaba por la calle “Times Square”, mientras la calle estaba llena de turistas y otros haciendo compras por los días festivos. Se ha estimado que en una hora punta, cerca de un cuarto de millón de personas pasa por dicha área. Mientras yo me pare allí, oraba al mirar las multitudes.

En cierto punto, el Espíritu Santo me susurro: “David, mira a estas multitudes. Multiplícalas varias veces, y esa es la cantidad de mi pueblo que murió en el desierto. De todas esas masas, sólo dos entraron en mi reposo, Josué y Caleb. Todos los demás murieron antes de su tiempo, en desesperación e incredulidad”.

El pensamiento era abrumador para mí. Al ver las multitudes, me di cuenta de que todos ellos tenían el mensaje del evangelio disponible para ellos en cualquier momento, por medio de la televisión, radio, literatura, aun en Biblias gratuitas en las habitaciones de los hoteles. Si tan sólo ellos hubieran querido saberlo, se les habría dicho que el mismo Dios que hizo milagros para el antiguo Israel hace lo mismo para todos aquellos que lo aman hoy. Sin embargo, éstos no quieren conocerle a Él. Si ven a alguien repartiendo un folleto evangelístico, aceleran el paso y se despiden. No tienen más dioses sino el placer, el dinero y las posesiones.

De pronto, comencé a ver el valor, a los ojos de Dios, de un solo creyente. Y oigo a Jesús haciendo la misma pregunta hoy: “Cuando yo vuelva, ¿hallare fe en la tierra?” (ver Lucas 18:8). Veo a Cristo, el escudriñador de los corazones de los hombres, recorriendo todas estas avenidas y hallando a pocos que realmente Lo aman. Lo veo buscando en los campos de las universidades, preguntando: “¿Quién creerá en Mí aquí?” Lo veo buscando en Washington, D.C., a aquellos que lo aceptarán y encontrando pocos. Lo veo buscando en naciones enteras y encontrando sólo un remanente.

Finalmente, Él examina a Su iglesia, buscando siervos con una fe verdadera. Pero lo que Él ve le quebranta el corazón, entristeciéndolo profundamente. Lo escucho clamar como lo hizo por el antiguo Israel: “¡Jerusalén, Jerusalén… cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37).

Como ministro del Señor, llevo la carga de mi Pastor. Y siento Su dolor. Ahora mismo, lo escucho diciendo: “Aun en Mi casa, encuentro tan pocos que tienen fe. Muchos de Mis propios hijos, incluyendo a Mis pastores, desmayan es sus tiempos de prueba. Ellos no confían en Mí por sus familias, sus trabajos, su futuro. Ciertamente, muchos han hecho su elección”.

Entonces, ¿qué acerca de ti? El Señor se acerca a todos nosotros, preguntando: ¿Creerás en Mí? ¿Confías en Mí? Cuando Yo vuelva, ¿hallare fe en ti?” ¿Cómo responderás?

lunes, 28 de septiembre de 2015

LA VIDA RICA Y SATISFACTORIA by Gary Wilkerson

Al ilustrar para nosotros la vida rica y satisfactoria que Él tiene para nosotros, Jesús utiliza la imagen de un redil de ovejas. "Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos" (Juan 10:9). En el corral, Sus ovejas están a salvo de todos los enemigos. Se alimentan de los buenos “pastos” del reino de Dios, disfrutando de salud, paz y libertad.

Es esta vida bendecida, la que nuestro enemigo, el diablo, trata de robarnos. Satanás está empeñado en destruir nuestra preciosa fe y Jesús lo describe como un ladrón que se escabulló en el corral: "El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador…El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir" (10:1,10).

Si hay algo que Satanás quiere robar de nosotros, es la vida que Dios ha diseñado para nosotros. Él hace esto al tratar de sacarnos de los buenos “pastos” (por ejemplo, del alimento espiritual crucial) que Jesús nos ha dado. Los cristianos inmaduros son los más susceptibles, siempre y cuando se queden en una dieta de "leche", nunca avanzando a la carne de la Palabra de Dios. Son especialmente sujetos a las artimañas de Satanás en los tiempos de crisis. Ellos entran en pánico, llenos de miedo y preocupación, pensando: "No sé cómo tomar una decisión. ¿Dónde estás, Dios?"

Vi que esto sucedía mucho cuando yo estaba en el equipo pastoral de la Iglesia “Times Square” en la ciudad de Nueva York. La enseñanza con que las personas eran alimentadas allí era profunda y con mucha carne, elaborado a partir del estudio dedicado de la Palabra de Dios. ¡Imaginen mi sorpresa cuando los feligreses me dijeron que habían faltado al servicio para ir a escuchar un charlatán conocido, cuyo único enfoque era el dinero! ¿Cómo podían hacer eso después de una dieta constante de sólido alimento bíblico?

Esto nos lleva a un segundo obstáculo que enfrenta todo cristiano: el evangelio de fascinación de un falso maestro. Jesús enseña: "[Mis ovejas] al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños" (10:5). Tales "extraños" lucen, suenan y se visten como todo buen pastor. Pero el evangelio que predican, poco a poco lleva a la gente lejos de los ricos, satisfactorios y buenos “pastos” de Cristo a la destrucción de sus almas.

Es absolutamente necesario que aprendamos a oír la voz de nuestro Buen Pastor y seamos capaces de distinguirla de las voces de los falsos pastores. ¿Cómo lo logramos? Alimentándonos de la carne que nuestro Pastor ha proporcionado tan generosamente: " Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos 10:17). La única manera de detectar un billete falso es conocer el original íntimamente. Sólo al sumergirnos en la Palabra pura de Dios, es que tendremos intimidad con la apariencia, el sonido, el aroma y el sabor de aquello que viene del cielo.

sábado, 26 de septiembre de 2015

"¿DÓNDE, SEÑOR?" by Claude Houde

Abraham construyó un altar de obediencia y confianza cuando no sabía a donde había de ir. Hay momentos en cada una de nuestras vidas cuando nos preguntamos con angustia en el corazón: "¿Dónde, Señor?". Tenemos que tomar una decisión sin una dirección clara. Ese “dónde” del creyente puede estar relacionado con su carrera, sus estudios, a qué lugar de estudios ir, a dónde ir, a que iglesia ir, a dónde ir después de la tragedia o la enfermedad. En todos estos “dónde” tenemos que construir un altar de confianza en el cual dejemos todo en Sus manos. La fe que construye un altar cuando no sabemos a dónde ir nunca será decepcionada. Dios bendecirá, proveerá y protegerá a medida que crecemos en nuestra fe y confianza en Él. Abraham también construyó un altar de fe cuando no sabía el “qué, cómo o por qué” de Dios.

Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena… Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar” (Hebreos 11: 8-9 y 12).

Hay tanto contenido y peso espiritual en estos pocos versos. La prueba de Abraham estaba en la espera, no sabía el “cuándo” de Dios. El cumplimiento siempre parecía estar retrasado, la promesa parecía desvanecerse poco a poco, y las dudas se convertían en un “Monte Everest” de incredulidad. Llegó un momento donde no tenía la menor idea de cómo Dios iba a cumplir lo que había prometido. En estos pasajes del libro de Hebreos, el autor hace referencia a la promesa de Dios a Abraham de que tendría un hijo. Para Sara y Abraham siempre había sido muy difícil creer, pero ahora estaban mirando perplejos un interminable océano de imposibilidad que llegaba hasta donde alcanza la vista. Era una situación en la que el único recurso era la fe para "reconstruir" un altar para así poder recibir.

Abraham se había enfrentado a esta guerra con la incredulidad toda su vida. Así como tú y yo, él muchas veces se encontró en medio de esas feroces batallas de la fe con el adversario y fue hecho trizas con dolores de angustia por este cuestionamiento sin fin que es común a todos los creyentes: ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Donde, Dios?

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Claude Houde es el pastor principal de la Iglesia de la Nueva Vida (Eglise Nouvelle Vie) en Montreal, Canadá; y es un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo. Bajo su liderazgo la Iglesia de la Nueva Vida se ha incrementado de ser un puñado de personas, a más de 3500 miembros, en una parte de Canadá donde pocas iglesias protestantes han alcanzado éxito. 

viernes, 25 de septiembre de 2015

NO ESPERARON EN DIOS

Los israelitas se adelantaron a Dios al organizar un ejército, planearon una estrategia y atacaron por su cuenta. Pero cuando el enemigo los vio, persiguieron a los soldados israelitas “como hacen las avispas” y los derrotaron (Deuteronomio 1:44).

He visto casos horribles de creyentes que nunca entraron en el reposo de Dios. El Señor los llevo a un lugar de severa prueba: una crisis familiar, una lucha económica, un problema matrimonial; pero ellos no aguardaron a que Dios actuara. En vez de eso, lo acusaron de negligencia y trataron de resolver su crisis por su propia cuenta. Hoy, esos creyentes no tienen reposo, ni paz, ni sentido de la presencia de Dios, y viven en constante duda. Pareciera que van de una crisis a otra y de todo lo que pueden hablar es de su último problema. Sin embargo, toda su confusión es causada por una sola cosa: incredulidad.

El salmista dice: “Acabamos nuestros años como un pensamiento” (Salmo 90:9). Este salmo está hablando inconversos. ¿Cuál es el título de lo que piensan? Todos Estos Vivieron y Murieron en Vano. Es la misma historia que oímos relatar a la gente de sus abuelos incrédulos: “Ellos vivieron todos sus años en tristeza. No hicieron más que murmurar y quejarse, y murieron solos y olvidados.”

Este es el temor de incredulidad. Corta tu historia espiritual, de tal manera que todo lo que se recuerda de ti es una vida perdida. Cuándo la generación joven de Israel pregunto qué les paso al abuelo y la abuela, se les dijo: “Ellos murmuraron y se quejaron todo el tiempo, no tenían nada por lo cual vivir, así que se sentaron y esperaron morir.”

Los verdaderos creyentes están determinados a confiar en Dios aun si su oración no es contestada. No importa si todos sus bienes les son quitados, o aun si enfrentan la muerte. Ellos desean entrar en el reposo de Dios. ¿Cuál es la evidencia de tal vida? Ellos han “reposado de sus obras” (Ver Hebreos 4:10). Ellos ya no pasan la noche despiertos, tratando de resolver sus problemas en su propia sabiduría y habilidad. En vez de eso, entregan todo a Jesús, sin importar si terminan en ganancia o pérdida. Su único enfoque es que Dios tiene un plan, y que Él lo está ejecutando en sus vidas. 

jueves, 24 de septiembre de 2015

LAS CONSECUENCIAS DE LA INCREDULIDAD

“Y también la mano de Jehová vino sobre ellos para destruirlos… hasta que se acabó toda la generación de los hombres… de en medio del campamento,” (Deuteronomio 2:15,14). Aquí hay un ejemplo del lenguaje más fuerte en toda la Biblia respecto a la incredulidad.

Tu puedes decir, “Pero ese no es el lenguaje de la gracia, Dios no trata la incredulidad con esa severidad hoy.” No es así. La Biblia dice hoy, bajo la gracia, que: “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6).

El pecado de incredulidad no puede ser aislado a un solo asunto en nuestras vidas. Se derrama sobre todo, manchando y contaminando cada detalle de nuestro caminar.

Israel no solo se limitaba a dudar de la capacidad de Dios para matar a sus enemigos. Su duda tuvo un efecto secundario sobre su confianza por provisión diaria. Dudaron de la capacidad de Dios para proteger a sus hijos. Dudaron de si es que Él los guiaría a la tierra prometida. Hasta dudaron de si Él estaba con ellos. Por eso Dios les dijo: “Vosotros volveos e id al desierto... pues no estoy entre vosotros” (Deuteronomio 1:40,42).

Si tenemos incredulidad en un área, se extiende a cada área, contaminado todo nuestro corazón. Podemos confiar en Dios en algunos asuntos, tales como creer que nos salva por la fe, que es todopoderoso, que Su Espíritu habita en nosotros. ¿Pero confiamos en Él por nuestro futuro? ¿Creemos en Él por provisión de salud y finanzas, y para darnos la victoria sobre el pecado?

La incredulidad nos lleva al pecado de la presunción. Presumir es atreverse a pensar que nosotros sabemos lo que es correcto. Es una arrogancia que dice: “Yo conozco el camino,” y actúa por su propia cuenta.

Aquí hay, aún, otro pecado que Israel cometió en su incredulidad. Cuando Dios les mando que regresaran al desierto, ellos no quisieron obedecer. En vez de eso, fueron a Moisés y dijeron: “De acuerdo, pecamos, pero ya lo tenemos resuelto. Estamos listos para obedecer el mandamiento de Dios de subir en contra del enemigo.” Y tomaron el asunto en sus propias manos.

Muchos cristianos incrédulos cometen un trágico error: cuando ellos fallan en un asunto de fe, se vuelven a la carne. Hacen lo que creen debe ser hecho, pero proceden en su propia sabiduría y capacidad. La fe siempre se resiste a actuar en temor y espera que Dios obre. La fe nunca está dispuesta a hacer que algo suceda adelantándose a Dios.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

¿ENCONTRARÁ FE EN LA TIERRA?

Jesús vino como un profeta y un obrador de milagros a su propia casa, Israel. Sin embargo, “no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.” (Mateo 13:58). Que increíble declaración. La incredulidad incluso limitó el poder de Cristo para obrar.

Vemos otros trágicos resultados de la incredulidad a través del Nuevo Testamento. Los discípulos no pudieron echar fuera a un demonio de un niño pequeño a causa de su incredulidad. Y Jesús los reprendió por esto (ver Mateo 17:14-21). Después de la resurrección, Cristo quedó impactado otra vez por su incredulidad: “Y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón” (Marcos 16:14). Además, Pablo dice de los judíos: “Por su incredulidad fueron [desgajados]” (Romanos 11:20).

¿Por qué el juicio de Dios por la incredulidad es tan severo en el Nuevo Testamento? Porque a los creyentes de hoy se les ha dado algo que los santos del Antiguo Testamento solo podían soñar. Dios nos ha bendecido con el don de su Espíritu Santo. Bajo el Antiguo Pacto, los creyentes eran visitados solo ocasionalmente por el Espíritu de Dios. Ellos tenían que ir al templo para experimentar la presencia del Señor. Pero hoy Dios hace de Su pueblo Su lugar de habitación. Nosotros somos Su templo, y Su presencia habita en cada creyente.

En el Antiguo Testamento, Abraham fue visitado solo ocasionalmente por un ángel o le fue dada una palabra de Dios. Él creyó que Dios era capaz de hacer todo lo que le había prometido y “tampoco dudo, por incredulidad, de la promesa de Dios” (Romanos 4:20). Sin embargo, hoy Jesús está disponible para nosotros a cualquier hora del día. Tenemos la habilidad de invocarle durante toda nuestra vida, y sabemos que Él responderá. Él nos invita a ir con confianza a su trono, para hacerle saber nuestras peticiones. Y él nos da consuelo y guía a través del Espíritu Santo.

Sin embargo, a pesar de estas bendiciones, aun dudamos de Dios en nuestros momentos de prueba extrema. Jesús reprendió tal incredulidad, diciendo: “¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:7-8). Si Cristo volviera hoy…¿Encontraría fe en ti?

martes, 22 de septiembre de 2015

ISRAEL NO CREYÓ

La palabra de Dios no era suficiente para Israel. El Señor les había dado increíbles promesas, sin embargo en medio de sus crisis, Israel nunca confió en Él. A pesar de cada promesa, ellos tomaron Su palabra como inútil. ¿Cómo? Debido a que nunca la mezclaron con fe. “no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron” (Hebreos 4:2).

En lugar de esto, el pueblo siempre demandaba una palabra nueva de Dios. En otras palabras decían: “Necesitamos saber sí Dios está con nosotros en la crisis en la que estamos ahora, no en la pasada. Necesitamos una nueva revelación de Él para esta nueva situación.” Yo te pregunto: ¿Cómo puede alguien olvidar tan rápidamente todo lo que Dios había hecho por ellos? Israel había olvidado cada instancia de liberación de Dios y nunca permitieron que sus obras sobrenaturales pasadas edificaran su fe en Él.

Sin embargo, a pesar de sus acusaciones en contra Él, Dios habló otra palabra a Israel. Él instruyó a Moisés para que les dijera: “No temáis, ni tengáis miedo de [tus enemigos]. Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos” (Deuteronomio 1:29-30).
Ahora, esta no era una nueva promesa. Dios simplemente estaba volviendo a declarar lo que ya había dicho a su pueblo:”Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.” (Éxodo 14:14).

Una y otra vez Dios les había dicho, “Yo estoy con ustedes. Yo voy a pelear por ustedes, así que, aférrense a mis promesas, y no las olviden.” Sin embargo, aquí estaban, temblando delante de sus enemigos y enfocándose en sus propias debilidades. Finalmente, razonaron: “Nosotros no somos capaces de ir en contra de ellos.” Esta era una duda descarada acerca del llamamiento de Dios en sus vidas, acerca de que Él los había enviado y de su presencia en medio de ellos.

Puedes pensar que nunca reaccionarias de esta manera, sin embargo, muchos cristianos hoy dicen cosas similares: “Señor, ¿Estás realmente conmigo? Yo sé lo que me prometiste. Pero, ¿Es realmente cierto? ¿Puedo confiar en lo que tú has dicho? Necesito una palabra nueva. Por favor, dame mas seguridad.”

Terminamos temblando delante del enemigo de nuestras almas, y todo porque no creemos en lo que Dios nos ha prometido. Actuamos como si nunca nos hubiera dicho una palabra, y es ahí precisamente cuando lo “tentamos.” Aunque él se ha demostrado fiel a nosotros una y otra vez, continuamente le pedimos que pruebe su fidelidad nuevamente; que nos envíe todavía otra palabra que edifique nuestra fe. Pero Dios hablará solamente una palabra: “Cree lo que te he dicho. Confía en Mi”.

lunes, 21 de septiembre de 2015

GUIA FIEL by Gary Wilkerson

“Pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas…y las ovejas reconocen la voz del pastor y se le acercan. Él llama a cada una de sus ovejas por su nombre y las lleva fuera del redil” (Juan 10:2-3, NTV).

Todos necesitamos una guía para tomar decisiones en la vida. Sin embargo, en un mundo tan caótico como el nuestro, conseguir una buena guía no es siempre fácil ni simple. Jesús dice que es diferente para los cristianos. Él deja claro en el pasaje anterior que Su seguidores -"sus ovejas"- conocen su voz y "vienen a Él." La imagen es la de un Buen Pastor que proporciona a sus ovejas toda la supervisión y el cuidado que necesitan.

¿Es eso suficiente para las decisiones difíciles que todos tenemos que hacer? Cada uno de nosotros tiene cosas serias acerca de las cuales decidir: “¿Con quién me casaré? ¿Qué profesión debo seguir? ¿Cuál es mi propósito en la vida?” Estas decisiones pueden estar cargadas de tensión, sobre todo si nos arrepentimos de las malas decisiones tomadas en el pasado. Mi vida ha sido inmensamente bendecida por Dios, pero no quiero que mis hijos o nietos cometan los errores que he cometido. Como cualquier padre, quiero ser capaz de darles la mejor orientación posible.

La buena noticia es que tenemos un Pastor que es un guía fiel para nosotros en todas las cosas, no importa lo incorrectas que sean nuestras decisiones. Él tiene la autoridad para guiarnos a una vida increíblemente bendecida, independientemente de nuestras fallas. De hecho, Él dice que es su propósito guiar nuestras vidas: "Mi propósito es darles una vida plena y abundante" (Juan 10:10, NTV).

Todos sabemos que es importante seguir a un guía de calidad. Piensa en las grandes decisiones de la vida que has hecho: ¿Quién te estaba guiando? ¿Cuál era su experiencia? ¿Qué habilidades y conocimientos usaron para lograr que llegues a donde querías ir?

Algunos guías en la vida tienen el conocimiento para orientarnos a través de algunos dilemas preocupantes. Pero, ¿tienen también el conocimiento para llevarnos a la vida abundante que Jesús promete? Como nuestro Señor, Jesús quiere algo más que solo una guía, Él está formando una relación. Él quiere que sepamos algo más que cuándo y dónde ir. Él quiere que tengamos la rica bendición de conocerlo personalmente en cada área de la vida. Así que mientras estamos ocupados en busca de un manual de instrucciones, Él está diciendo de manera muy sencilla: "Sígueme".

sábado, 19 de septiembre de 2015

PURA FE by Nicky Cruz

Mucha gente piensa que mi pasión por Jesús viene de años de estudio, oración y ministerio, pero se equivocan, pues viene de haber visto a Dios venir en mi ayuda en esos momentos en que la vida me ha dejado completamente desprotegido y solo. Viene de haber sentido la presencia de Dios en mis momentos de mayor confusión y desesperación. Viene de haber visto la mano de Dios delante de mí, una y otra vez cuando he sido confrontado ante el peligro inimaginable.

Cada vez que estoy cara a cara con un pandillero adolescente endurecido, veo David Wilkerson predicando sin miedo en la esquina de mi calle. Cada vez que entro a un barrio infestado de drogas y crimen, siento la misma fuerza que impulsó a Wilkerson a las calles de Nueva York hace muchos años. Cada vez que sostengo un alma perdida y que sufre en mis brazos, siento el poder y la presencia de Dios.

Dependo solamente de Dios. Dios ha usado el dolor de mi pasado para llevarme a un nivel más profundo y para acercarme más a Él. Lo que Satanás pretendía para el mal, Dios lo ha usado para su gloria. Cualquier alegría que pueda recibir en la vida palidece en comparación con el éxtasis de ver a Dios lograr lo imposible, de ver cómo alcanza un corazón oscuro y trae luz, como extiende su misericordia libremente sobre los pecados de aquellos que necesitan el perdón.

Parece tan fácil analizar a Dios usando el intelecto, reconocer su poder sin siquiera haberlo experimentado, y creer en su supremacía sin siquiera haber clamado a Él para que haga cosas poderosas presencia nuestra. Lo vemos con nuestras mentes, pero no con nuestros corazones. Nunca aprovechamos el poder que decimos es verdadero. Nunca pedimos que Dios se mueva poderosamente en nuestra presencia, ¡que tome nuestra pizca de fe y la utilice para sacar una montaña de su base y arrojarla al fondo del mar!

La fe pura, exige que de alguna manera aprendamos a unir la mente con el espíritu. Que echemos a un lado nuestro orgullo, nuestra duda y nuestro miedo, y nos presentemos ante Dios, vacíos y quebrantados, con nada más que una confianza pura y sin límites.

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Nicky Cruz, evangelista internacionalmente conocido y prolífico autor, se volvió a Jesucristo de una vida de violencia y crimen después de encontrarse con David Wilkerson en la ciudad de Nueva York en 1958 La historia de su dramática conversión fue contada por primera vez en el libro “La Cruz y el Puñal” escrito por David Wilkerson y más tarde en su propio best seller “Corre, Nicky, Corre”. 

viernes, 18 de septiembre de 2015

IMPOSIBILIDAD CARA A CARA

Cades-barnea es un lugar de imposibilidad cara a cara. El nombre mismo viene de la raíz hebrea que significa: “fugitivo, vagabundo, errante”. En resumen, si tomas la decisión incorrecta aquí, terminarás vagando a través de un desierto toda tu vida.

Muchos cristianos están en este mismo lugar ahora mismo. Dios les ha dado Sus promesas del pacto. Él les ha dado una historia maravillosa con Él, proveyendo milagro tras milagro de liberación. Pero el diablo ha venido a ellos con mentiras, diciéndoles que no lo lograrán. Él los ha convencido de que no son lo suficientemente buenos, de que Dios aún está enojado con ellos por sus pecados pasados y que Él nunca los perdonará.

Dime: ¿has comenzado a aceptar tales mentiras? ¿Crees que Dios vas a fallarte en tu crisis? Si es así, entonces en algún punto de tu andar, dejaste de tomar a Dios según Su Palabra. No actuaste según Su mandato y lo que es cierto para Israel, lo es también para ti: La prueba que enfrentas en Cades-barnea determinará el curso de tus años restantes.

Como Israel, has sido llevado por Dios a través de un horrible desierto. Mientras miras hacia atrás, puedes recordar las terribles pruebas que afrontaste, las dolorosas derrotas que soportaste. Pasaste por pruebas, de las cuales nunca pensaste que saldrías. Pero Dios fue fiel a ti en cada una de ellos. Cada vez, Él, misericordiosamente se inclinaba y te recogía. Y ahora puedes decir: “Dios nunca me ha fallado. Yo estoy en pie hoy por Su gracia. Es verdad, Dios me llevó en Sus brazos, como un padre lleva a su hijo”.

Además, Dios te sacó para hacerte entrar. Hay una Tierra Prometida delante de ti, así como la hubo para Israel: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios” (Hebreos 4:9). El Señor te salvó para llevarte a un lugar de reposo. ¿Cuál es este reposo? Es un lugar de fe inconmovible y confianza en el Señor. Es un lugar de confianza en Sus promesas, una confianza que te hará atravesar tus tiempos más difíciles.

Pero para entrar a este lugar de reposo, primero debes pasar por Cades-barnea. Cuando estés ahí, estarás cara a cara con una batalla que es tan intensa, más que cualquier cosa que hayas experimentado. Hay enemigos, gigantes, muros altos, cosas que se ven completamente imposibles. Y debes colocar tu confianza absoluta en Dios, en que Él te llevará de la mano.

jueves, 17 de septiembre de 2015

EL ERROR TRÁGICO

Moisés describió el trágico error que Israel cometió en Cades-barnea (ver Números 13-14). Esto sucedió poco tiempo después del cruce del Mar Rojo. Dios había mandado a Israel entrar valientemente en Canaán y Él les había dado esta poderosa palabra de seguridad:

“Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes... No temáis, ni tengáis miedo de ellos. Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos” (Deuteronomio 1:21,29-30). ¡Qué increíble promesa! Ninguno de sus enemigos sería capaz de hacerle frente (ver 7:24).

Pero Israel vaciló sobre la promesa de Dios. En vez de tomarlo según Su Palabra, ellos insistieron en enviar espías a Canaán. Y aquellos espías trajeron un “reporte malvado”, lleno de incredulidad. Hablaron de gigantes y de ciudades con murallas altas y la gente creyó su reporte: ”No quisisteis subir, antes fuiste rebeldes al mandato de Jehová vuestro Dios“ (1:26). Ahora Moisés está diciendo a la generación más joven: “Ellos deberían haberse movido al instante ante la Palabra de Dios. El Señor les había dicho que pelearía por ellos, pero ellos se rebelaron”.

¿Ves lo que le ocurrió a la generación antigua? El enviar a aquellos espías a Canaán fue un acto de incredulidad. Y mientras los espías estuvieron allá, fueron influidos por Satanás. Fueron sometidos a las mentiras del enemigo, porque no habían creído a Dios.

Después de oír el reporte malvado, el pueblo levantó sus puños hacia Dios, acusando: “Tu nos has abandonado, Dios. Nos trajiste aquí para morir”. Sólo meses antes, este mismo pueblo había sido apartado para Dios, había sido hecho especial a Sus ojos y milagrosamente había sido librado. Pero ahora el campamento entero estaba en confusión. Ellos se preguntaban el uno al otro en voz alta: “¿Está Dios aún con nosotros?” Pronto ellos estaban llorando por sus hijos, gimiendo: “Nuestros niños morirán de hambre en este desierto. ¡Dios nos aborrece!”

Moisés les recordó a los jóvenes israelitas las acusaciones de sus padres: “Murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en manos del amorreo para destruirnos” (1:27).

miércoles, 16 de septiembre de 2015

EL PELIGRO DE LA INCREDULIDAD

En el mensaje de Moisés a Israel en Deuteronomio, Moisés nos estaba mostrando el peligro de la incredulidad. Y él advirtió que a no ser que prestemos atención, sufriríamos las mismas horribles consecuencias que los que cayeron antes de nosotros: “Para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (Hebreos 4:11). Él está diciendo, en esencia: “No importa qué imposibilidades enfrentes, o cuán desesperanzadas puedan parecer las cosas. No debes caer en el mismo pecado de incredulidad. De otra manera, terminarás en un terrible desierto, como ellos lo hicieron. Y darás divagarás en él, por el resto de tu vida.

“Dios es fiel para guiarte, como guio a nuestros padres a su crisis por una razón. Él quería enseñarles a confiar en Él. Él quería un pueblo que fuera inconmovible en su fe. Ellos debían salir del desierto con una fe probada que fuera tan pura como el oro. Él los quería como un testimonio al mundo de Su bondad hacia Su pueblo”.

Yo creo que nuestra generación ha tomado el pecado de la incredulidad muy ligeramente. Y ahora mismo, estamos viendo los trágicos resultados. Hoy, veo a muchos creyentes, llenos de depresión y ansiedad. Desde luego, algunos sufren de esto por razones físicas, pero muchos otros padecen tales sufrimientos a causa de su condición espiritual. En mi opinión, su depresión es el resultado del desagrado de Dios para con su constante incredulidad.

El Señor siempre usa un lenguaje fuerte cuando se refiere a la incredulidad entre Su pueblo, palabras tales como ira, enojo, aborrecimiento, tentarle a Él. Moisés insistió en recordarles a los jóvenes israelitas de esto: “Has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado... Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras (de incredulidad), y se enojó, y juró diciendo: No vera hombre alguno de estos, de esta mala generación, la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres” (Deuteronomio 1:31,34-35).

martes, 15 de septiembre de 2015

PARA NUESTRA INSTRUCCIÓN

El libro entero de Deuteronomio consiste de un solo discurso dado por Moisés, pronunciado justo antes de su muerte. Este discurso era una revisión de los cuarenta años que Israel había estado errante en el desierto y Moisés lo entregó a una nueva generación de israelitas.

En ese tiempo, el pueblo estaba acampado en Cades-barnea, un lugar importante en su historia. Ellos estaban en la frontera de Canaán, la Tierra Prometida, el mismo lugar donde sus padres habían estado parados treinta ocho años antes. También era el lugar donde Dios había impedido a aquella generación su ingreso a la Tierra Prometida. Fueron enviados de vuelta al desierto, a errar sin rumbo hasta que toda la generación murió, excepto Josué y Caleb.

Ahora Moisés estaba recordándoles a esta nueva generación la historia de sus padres. Él quería que ellos supieran exactamente porqué la generación pasada había muerto como rebeldes desesperados a los ojos de Dios. Moisés les urgió a aprender de los errores trágicos de sus padres, diciendo, en tantas palabras:

“Ustedes conocen la historia de sus padres. Ellos eran un pueblo llamado, escogido y ungido por Dios. Pero perdieron la visión. El Señor los amó tanto que los llevó en sus brazos y los cargó, una y otra vez. Sin embargo una y otra vez, ellos murmuraron y se quejaron contra Dios, afligiéndolo”.

“Finalmente, la paciencia de Dios llegó a su fin. Él vio que ellos estaban entregados a la incredulidad y que no había nada que Él pudiera hacer para cambiar su parecer. Ningún milagro que Él haya hecho podría persuadirlos completamente de Su fidelidad y bondad. Sus corazones eran como granito, así que Dios les dijo: “Ninguno de ustedes va entrar a Mi tierra prometida. En lugar de ello, ustedes van a volverse ahora mismo e ir de regreso al desierto”.

¡Qué palabras tan poderosas! Sin embargo, Moisés no sólo estaba hablando a una nueva generación de israelitas. Él también estaba dirigiéndose a cada generación de creyentes que seguiría, incluyéndonos a nosotros hoy. Como todo lo que el Antiguo Testamento registra: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos [instrucción] a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Corintios 10:11).

lunes, 14 de septiembre de 2015

TRANSFORMADOS POR LA GRACIA by Gary Wilkerson

A lo largo de su ministerio, la gente con quien Jesús se encontraba, le hacía a Jesús, dos tipos de preguntas, preguntas que revelaban todo sobre los corazones de los que preguntaban. El primer tipo de pregunta era acusatorio. Vez tras vez, los líderes religiosos le preguntaron a Cristo: "¿Por qué comes y bebes con los pecadores? ¿Cómo puedes haber sido enviado por Dios con una reputación así? "

El segundo tipo de pregunta venía de las personas que llevaban problemas en la vida: "¿Puedes sanar a mi hija enferma? ¿Puedes liberar a mi hijo que está siendo echado al fuego por los demonios? ¿Puedes sanarme del flujo de sangre, que me ha atormentado toda mi vida? Jesús, ¿puedes ayudarme? "

¿Ves la diferencia entre los dos tipos de preguntas? Ambos buscan una respuesta acerca de la naturaleza de Dios. El primero pregunta: "¿Los pecadores merecen el amor de Dios?", mientras que el segundo pregunta: "¿Dios quiere ayudarme?"

Jesús respondió ambas preguntas con Sus acciones. En primer lugar, Él transformó a los que estaban lejos, al traerlos de los extremos más alejados de la sociedad al centro mismo del amor de Dios. Él les dijo: "Ustedes están en el centro del escenario ahora. Están en el corazón del reino de Mi Padre". En segundo lugar, Cristo reveló que los acusadores no estaban en el centro del reino de Dios. Él les dijo muy claramente: "Ustedes no tienen voz en el reino de mi Padre".

¿Quieres un papel significativo, importante en el reino de Dios? Entonces debes estar dispuesto a dejar caer tus piedras y tomar la cruz de Su gracia. Cada vez que te conduces como lo hizo Jesús, extendiendo la gracia a los marginados por el pecado, tomas parte en una gran transformación. Serás cambiado por tus acciones, los acusados será cambiados y los que acusan también los serán. Mientras tanto, los creyentes pasivos serán tocados por la manifestación de la gracia de Dios.

Que todos podamos ser Su ejército de gracia, llevando Su reino al adicto y al pulcro, al adolorido y al despreocupado, al pobre y al rico, al solitario y al animado. Que toda alma sea amada y pertenezca y que todos podamos ser transformados por la asombrosa gracia de nuestro Salvador.

sábado, 12 de septiembre de 2015

APRENDIENDO A ORAR by Jim Cymbala

No se puede enseñar la oración mediante principios y seminarios. Debe nacer de un ambiente completo de sentida necesidad. Si yo digo: "Debiera orar", pronto se me acabará la motivación y dejaré de hacerlo; la carne es demasiado fuerte. Tengo que ser impulsado a orar.

Hay demasiados cristianos que viven en un estado de negación. "Bueno, espero que algún día mi hijo recapacite." Algunos padres en realidad han dado por vencidos: "Supongo que nada se puede hacer. Bobby no salió bien, pero lo intentamos; lo dedicamos al Señor cuando era un bebé. Tal vez algún día".

Cuanto más oramos, más sentimos nuestra necesidad de orar. Y cuanto más sentimos la necesidad de orar, más deseamos orar.

La oración es la fuente de la vida cristiana, la tabla de salvación del cristiano. De otro modo, es como tener en sus brazos un bebé, y ponerle linda ropa…¡pero resulta que no está respirando! Olvídese de la ropa con adornos, estabilice los signos vitales del bebé. No sirve de nada hablarle a una persona que está en estado de coma. Por eso son tan limitados los resultados que produce el gran énfasis que se da a la enseñanza en las iglesias de hoy. La enseñanza solo es buena donde hay vida para canalizarla. Si los oyentes están en un coma espiritual, lo que les decimos puede ser bueno y ortodoxo, pero desafortunadamente, la vida espiritual no puede ser enseñada.

Pastores e iglesias deben sentirse molestos al punto de decir: “No somos cristianos Neo testamentarios si no tenemos una vida de oración”. Esta convicción nos produce un poco de incomodidad, pero ¿de que otra manera podría producirse un avance con Dios?

Si verdaderamente prestamos atención a lo que dice Hechos 2:42: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”, podremos ver que la oración es casi una prueba de la normalidad de una iglesia. Invocar el nombre del Señor es el cuarto sello distintivo contenido en la lista. Si mi iglesia o su iglesia no están orando, no debiéramos ufanarnos de nuestra ortodoxia o de las cifras de asistencia a nuestra reunión del domingo.

En efecto, Carol y yo nos hemos dicho repetidamente que si alguna vez se afloja el espíritu de quebrantamiento y de clamar a Dios en la Iglesia Brooklyn Tabernacle, sabremos que estamos en dificultades, aun cuando tengamos una asistencia de 10.000 personas.

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Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes patrocinadas por World Challenge en todo el mundo.

viernes, 11 de septiembre de 2015

EL ABRE MIS OÍDOS

Yo no comprendía cuan culpable era de este horrible pecado de tener oídos contaminados, hasta que fui de viaje de predicación a las islas Británicas. Mi hijo Gary y yo, estábamos siendo llevados a un evento de predicación por un pastor que nos preguntó cortésmente como iban nuestras reuniones. Cuando traté de responderle, me interrumpió para hablarme sobre su propia predicación. Esto pasó varias veces, y cada vez, él era “superior” a mí, con historias de tener multitudes más grandes y visitar más países que yo.

Finalmente, decidí guardar silencio y dejarlo hablar. En cierto punto, miré a Gary e hice un gesto con los ojos pensando: “Que hombre más jactancioso. Este predicador habla sin parar”.

Entonces sentí la suave reprensión del Espíritu, susurrándome: “David, piensa porque estás disgustado. Es porque este hombre no te está escuchando. Tú querías ser el que habla, y ahora que estás oyendo sus historias, quieres jactarte de tu propio ministerio. Puede que hayas dejado de hablar, pero tienes un espíritu de jactancia en tu corazón”.

Y lo que es peor, yo había contaminado mi boca. Nota que yo no había dicho nada terrible sobre este hombre, de hecho, no había dicho ni una palabra sobre él. Sin embargo, con apenas haber hecho un gesto con mis ojos, yo lo había calumniado frente a mi hijo.

Puedo hablar sobre santidad, puedo exponer los pecados de la sociedad y puedo predicar sobre la victoria del Nuevo Pacto, pero si permito que mis oídos se contaminen, es decir, si rechazo a otra persona al enfocarme en mis propios intereses, si no puedo escucharle con respeto, entonces la vida de Cristo no es prolongada en mí. Ya no estoy llevando una vida que satisface a mi Señor, y no estoy produciendo el fruto de su aflicción.

“Despertará mi oído para que oiga como los sabios. Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás. (Isaías 50:4-5).

“Has abierto mis oídos” (Salmos 40:6).

jueves, 10 de septiembre de 2015

OÍDOS CONTAMINADOS

“Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios. Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás” (Isaías 50:4-5).

Note el último versículo: Jesús era despertado todas las mañanas por el Espíritu Santo, y el Espíritu sintonizaba su oído para escuchar la Palabra de su Padre. Cuando Cristo testifica: “Yo no fui rebelde ni me volví atrás”, está diciendo: “Cuando estuve en la tierra, se me enseñó lo que debía decir, hacer y oír, y nunca me aparte de ello”.

Amado, yo necesito este tipo de despertar espiritual cada día. Necesito un recordatorio del Espíritu Santo: “David, cierra tus oídos a toda calumnia, chisme y suciedad. Guárdate de ser contaminado.”

Los propios discípulos de Jesús tenían los oídos contaminados, Él les dijo: “Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres” (Lucas 9:44). Él les estaba diciendo, en otras palabras: “Presten mucha atención, porque les voy a dar una revelación importante. Voy a ser crucificado. Ahora, dejen que esto penetre profundo en sus oídos. Es algo que ustedes deben saber”.

¿Cómo reaccionaron a esto? Las Escrituras dicen: “Ellos no entendían estas palabras” (9:45). ¿Por qué no pudieron oír lo que su maestro les estaba diciendo? Porque sus oídos habían sido contaminados por el interés personal. Inmediatamente después leemos: “Entonces entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor.” (9:46).

Aquí hay una prueba definitiva de que los oídos contaminados no pueden recibir revelaciones mas profundas de la Palabra de Dios. Estos hombres no podían oír la voz de Jesús, incluso aunque estaba de pie frente a ellos en persona, hablándoles claramente. En cambio, las Escrituras dicen: “pues les estaban veladas para que no las entendiesen” (9:45). Tengo que preguntarme: ¿Los discípulos habrían enfrentado la experiencia de la crucifixión en forma diferente si hubieran sido capaces de oír a Jesús?

La verdad es que cualquiera que se enfoca en sus propios intereses no puede ver esta realidad acerca de sí mismo, y aunque lo hiciera, no lo admitiría. Esa es la razón por la cual los discípulos no podían escuchar lo que Jesús les estaba diciendo. Ellos estaban tan centrados en sí mismos, tan envueltos en la jactancia, que no pudieron oír la voz de Cristo.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

VANAS PALABRAS

El Salmo 50 enumera tanto el pecado de contaminar la boca como sus consecuencias. Muchos en la casa de Dios han tomado su Palabra livianamente en este asunto.

“Tu boca metías en mal, y tu lengua componía engaño. Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano; contra el hijo de tu madre ponías infamia. Estas cosas hiciste, y yo he callado; pensabas que de cierto sería yo como tú; pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos. Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, no sea que os despedace, y no haya quien os libre. El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios.” (Salmo 50:19-23).

Pero, ¿Porque no tenemos temor y reverencia a la Palabra de Dios en este asunto? ¿Por qué hablamos tan fácilmente de otros con palabras vanas? ¿Por qué continuamos usando las palabras descuidadamente, con una lengua desenfrenada? Este Salmo nos dice porque: “Pensabas de cierto que yo sería como tú.”

En palabras sencillas, pensamos que Dios es como nosotros. Nosotros acomodamos su Palabra para reflejar nuestra tendencia a juzgar a la persona por lo que vemos por fuera, e ignoramos el modo en que Dios considera los problemas ocultos y profundos del corazón de una persona.

Ahora el Señor nos está diciendo, aquí en el Salmo 50: “Voy a reprenderte, porque quiero que pongas este asunto en orden. Debes ver la impureza de la manera en que yo la veo: como maligna y perversa, un peligro serio para tu alma.”

Como ministro del Señor, quiero que la vida de Cristo fluya de mi predicación, y como esposo, padre y abuelo, quiero que fluya de mí libremente hacia mi familia. Por lo tanto, la fuente de la vida de Cristo en mi no puede estar contaminada. No puedo permitir que haya veneno en la fuente, o que algún obstáculo vaya a impedir su libre flujo en mí.

Pero debo hacer una decisión consciente de mi parte. Tengo que clamar al Espíritu Santo continuamente: “Señor, convénceme de pecado cada vez que me contamine”. David hizo este tipo de resolución. Él escribió: “He resuelto que mi boca no haga transgresión” (Salmo 17:3). “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios.” (141:3).

Tu puedes preguntarte: “¿Es realmente posible controlar la lengua, proponerse a no pecar con la boca?” David responde con este testimonio: “Yo dije: Atenderé a mis caminos, para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío esté delante de mí.” (39:1). Él está diciendo, en esencia: “Cada vez que monto un caballo, debo ponerle rienda en su boca, y tan ciertamente como lo hago con mi caballo, tengo que hacerlo con mi lengua.”

martes, 8 de septiembre de 2015

UN ROBO DEL PEOR TIPO

Santiago advierte a la Iglesia: “Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” (Santiago 3:6).

Leemos una advertencia similar en Isaías: “Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad” (Isaías 58:9). El significado hebreo de vanidad aquí implica rudeza, irreverencia y falta de respeto.

Isaías está haciendo una declaración asombrosa. La mismísima razón por la cual oramos, ayunamos y estudiamos la Palabra de Dios es para ser oídos en los cielos. Pero el Señor añade un gran “sí” a esto. Él declara: “Si tu quieres que yo te oiga en los cielos, entonces tendrás que mirar a tus problemas del corazón. Si, yo te oiré – si tú dejas de apuntar tu dedo a otros, si tú dejas de hablar irrespetuosamente sobre ellos”.

Es un gran pecado a los ojos de Dios que nosotros hablemos empañando la reputación de alguien. Proverbios nos dice: “De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro.” (Proverbios 22:1). Una buena reputación es un tesoro que se construye cuidadosamente a través del tiempo. Aun así, yo puedo destruir rápidamente el tesoro de alguien por una simple palabra difamatoria de mi boca.

Ahora, nosotros no nos atreveríamos a robar a alguien su reloj de oro o su cuenta en el banco. Sin embargo, Dios declara explícitamente que calumniar el nombre de alguien es un robo del peor tipo. Y nosotros podemos hacerlo en la forma más sutil: apuntando un dedo acusador, cuestionando su carácter, pasando pequeños chismes. De hecho, tres de las palabras más dañinas que podemos pronunciar son: “¿Has oído esto?…” Nada más que la sugerencia de la pregunta roba a una persona de algo valioso, y contamina nuestra propia boca.

lunes, 7 de septiembre de 2015

ACEPTOS by Gary Wilkerson

En la historia de la mujer sorprendida en adulterio que se cuenta en Juan 8, Jesús hizo acepta a la acusada. En lugar de rechazar a la mujer adúltera, cuya vida pendía de un hilo, Él la aceptó, y hace lo mismo por nosotros hoy. Toma a todo aquel que ha sido llevado al límite debido a su propio pecado y le dice: “Tú eres mío, estas justo en el centro del amor del Padre”.

Este gesto de Jesús era crucial para la mujer adúltera. ¿Por qué? Porque ella todavía tenía que vivir en su comunidad con la realidad de lo que había hecho. Verás, si bien es cierto que no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús, todavía hay consecuencias en la vida real debido al pecado. Pregunta a cualquier adicto que ha pasado por un programa de rehabilitación. Hay relaciones rotas que arreglar con la familia, amigos, hijos y compañeros de trabajo. En el caso de adulterio, puede haber embarazos no deseados, se puede haber roto el amor con el cónyuge, puede haber relaciones tensas con los niños y puede haberse traicionado la confianza dentro de un sistema comunitario, todos ellos, asuntos que pueden tardar años en ser reparados.

Es por eso que hay una misericordia real en las dos frases que Jesús pronuncia a la mujer adúltera: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11). Yo no sería un fiel ministro de Dios, si no dijera que Jesús te ama, te acepta y te perdona, mientras también es cierto que hay consecuencias muy reales para el pecado. Como pastor lo veo todo el tiempo. Es por eso que nuestro pecado es de gran preocupación para Dios más allá de las razones morales de haber violado la ley. Pablo dice: “Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo” (1 Corintios 6:18 NVI). Esta es una razón más para traer todos y cada uno de los pecados a Jesús. Sólo Su poderosa gracia redentora puede sanar y restaurar completamente.

Hay un tercer grupo transformado por la gracia de Dios: los acusadores. Los fariseos, con su cruel plan acusador, obtuvieron resultados exactamente contrarios a los deseados. Al final, la mujer pecadora no fue condenada, sino que fue rescatada y curada. Y cuando ese tipo de gracia radical se manifiesta, el mal se ve forzado a salir huyendo en vergüenza. “Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio” (Juan 8:9).

sábado, 5 de septiembre de 2015

UN MANDAMIENTO NUEVO by Carter Conlon

“Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir. Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:33-35).

En este pasaje de la Escritura, Jesús se dirigió a sus discípulos un poco antes de ir a la cruz. ¡Fue una escena increíble! Aquel que era la encarnación del extravagante amor de Dios por toda la humanidad estaba ordenando a sus discípulos que sigan su ejemplo de profundo amor por los demás, especialmente hacia aquellos que pertenecen a la familia de la fe. Por supuesto que este no era un mandamiento únicamente para los que estaban presentes con Él en ese momento, el Señor estaba promulgando este mandamiento para ti y para mí hoy en día.

Nota que la clase de amor a la que Jesús se esta refiriendo no significa simplemente tener afinidad o afecto los unos por los otros. No, el Señor está llamando a Su Iglesia a ser una expresión de amor tan profundo y que va más allá de nuestra capacidad humana natural y que va presentarse como un testimonio innegable de la realidad de Dios. “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre…todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1 Corintios 13:4-8).

Al recibir este nuevo mandamiento, el apóstol Pedro había asumido que tenía la capacidad inherente de hacer lo que Jesús los estaba llamando a hacer. Le preguntó a Jesús: “Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después” (Juan 13:36).

En otras palabras, Jesús estaba diciendo: “Pedro, ahora no tienes la fuerza para ir a dónde voy. No puedes amar de la manera que Yo amo”. Nosotros también debemos reconocer esta debilidad en nosotros mismos. No puedo amar a la gente de la forma en que Jesús me manda hacerlo, y tú tampoco puedes. Sólo Dios tiene este tipo de amor benevolente que necesitamos. Es sólo cuando el Espíritu Santo viene sobre nosotros -cuando la victoria de Cristo se convierte en nuestra victoria y el corazón de Dios se convierte en nuestro corazón- que podemos cumplir este nuevo mandamiento.

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Carter Conlon se unió al equipo pastoral de la Iglesia Times Square en 1994, por invitación del pastor fundador David Wilkerson, y fue nombrado para el cargo de Pastor Principal en 2001. Un líder fuerte y compasivo, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo.

viernes, 4 de septiembre de 2015

ORANDO POR TUS SERES QUERIDOS

No hace mucho tiempo, un joven pasó al frente en un servicio de oración en la iglesia “Times Square”, temblando y llorando. Él me dijo que era del estado de Washington, y que temprano esa misma noche había entrado de casualidad a nuestro servicio. Él había salido para ir a un concierto musical, pero luego salió del evento y regresó a la iglesia. Ahora quería oración y entonces le pregunté: “¿Tus padres son cristianos?” Él contestó: “Sí, señor. Ellos siempre están orando por mí”.

Te pregunto: ¿Fue algún “accidente” que este joven entrara en nuestra iglesia? ¡Difícilmente! Él estaba teniendo su propio encuentro con Cristo. Nadie lo presionó ni le rogó; sin lugar a dudas, él fue traído por Jesús. Y estoy convencido de que sucedió debido a las oraciones de sus preocupados padres.

En Marcos 7:31-37, se nos cuenta la historia de un sordo que fue traído a Jesús. Jesús lo alejó de la multitud: “Y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien” (Marcos 7:34-35).

Jesús ejecutó un milagro exclusivo para este hombre y luego le habló, sólo para demostrarle que ahora podía oír, ¡imagínate! ¡La primera voz que el hombre sordo escuchó fue la de Cristo! ¡Oh, cuánto debió haber hablado ese hombre cuando su lengua fue desatada! De su boca salieron años de sentimientos reprimidos, porque ahora él podía expresar el clamor interior que antes no tenía voz.

Me lo imagino cayendo en los brazos del Señor, llorando: “¡Jesús, ¡Tú oíste la voz de mi clamor!” (ver Salmos 5:2). Considera la profundidad y el poder del Salmo 5 para este hombre sanado: “Dios mío, porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti…” (Salmos 5:2-3). El amor que este hombre sentía por Jesús ahora era suyo propio, porque tuvo un encuentro con Él.

Amados, cuando ustedes oren por sus seres queridos, recuerden que Jesús gime por ellos. Él no suspiraba sólo por un hombre en Decápolis. Él estaba llorando por el gemir sofocado e interno de tus hijos, tus seres queridos inconversos y los míos. Quizás tú necesitas cambiar la forma en la que oras por ellos. Ora para que el Espíritu Santo vaya tras ellos, los busque y los atraiga, los conmueva y los despierte a un deseo fresco por Jesús.

jueves, 3 de septiembre de 2015

UN POCO DE LEVADURA

Pabló le preguntó a la iglesia en Galacia: “Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gálatas 5:7-9).

Aquí Pablo se refiere a una posición en la mente, una creencia doctrinal o un punto teológico. Él está preguntando: “¿Qué es lo que te está impidiendo seguir adelante a la plena bendición de Cristo? ¡Durante un tiempo ibas tan bien! Sé que ustedes son un pueblo de oración y trabajan diligentemente en las buenas obras, pero algo anda mal. Ya no los veo crecer. En lugar de ello, han vuelto atrás, a confiar en la carne. Ya no siento el dulce aroma de Cristo que una vez tuvieron. Su seguridad, su claridad y su visión se han ido. Algo les está estorbando.

“¿Que puede haberles persuadido a conformarse con esta condición? Sea lo que sea, les digo que no es de Dios. De hecho, siento que hay levadura en ustedes, como si hubieran cedido sus principios. Algo los está nublando, algo a lo que ustedes podrían estar aferrándose. Y esto está haciendo que el Señor tenga una controversia con ustedes. Díganme, ¿qué es?”

Conozco a muchos cristianos, hoy en día que una vez fueron usados poderosamente por Dios. Estas personas eran santos consagrados, que creían y oraban. Pero entonces, algo les pasó, que de alguna manera, hizo que fueran estorbados de experimentar la plenitud de la bendición de Cristo.

Esto incluye a muchos ministros que conozco. Estos hombres vieron victoria tras victoria en su caminar con el Señor. Pero algo entró en sus vidas sigilosamente, algún compromiso; y al pasar el tiempo hicieron las paces con ello. A menudo esa levadura que estorba era un solo pecado que acechante.

A todas esas personas, Pablo les pregunta: “¿Qué te paso? ¿Qué está estorbando el fluir de la bendición de Cristo en tu vida? ¿Qué levadura ha entrado sigilosamente?”

Pablo finalizó este pasaje, con la siguiente advertencia a los gálatas: “Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gálatas 5:9).

miércoles, 2 de septiembre de 2015

UNA CONFIANZA SANTA

Era con confianza que Pablo podía decirle a la iglesia en Roma: “Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo” (Romanos 15:29). Él tenía una confianza santa en su caminar con Cristo. Él declaró: “Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres” (Hechos 24:16).

Pablo estaba diciendo, en esencia: “Mi vida es un libro abierto delante del Señor. No tengo pecado oculto en mi corazón, y Él no tiene controversia alguna conmigo. Su bendición para mí es un continuo fluir de revelación, así que cuando les predico a ustedes, ustedes no escuchan palabras de hombres. No doy un sermón muerto, lleno de teología inteligente. Lo que ustedes oyen son las mismas palabras del corazón de Dios para ustedes”.

Como puedes ver, la plenitud de la bendición de Cristo tiene muy poco que ver con los bienes materiales. Por supuesto, toda buena salud y recursos terrenales deben ser vistos como bendiciones de parte de la mano llena de gracia de Dios. Pero Pablo habla de una bendición mayor aquí. La palabra griega que él usa para “bendición”, significa: “El elogio de Dios”.

En resumen, la bendición de Cristo significa tener una vida que agrada al Señor. Es un conocimiento interno del Espíritu Santo que mientras Dios mira tu vida, dice: “Estoy complacido contigo, hijo mío, hija mía. No hay nada entre nosotros que obstaculice nuestra comunión y relación”.

El escritor de Hebreos resume la plenitud de la bendición de Cristo de esta manera: “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén” (Hebreos 13:20-21).

Me encanta estar alrededor de gente que vive esta clase de vida en Cristo. A ellos les rodea el aroma de haber estado con Jesús. Como Pablo, estos santos tienen una insatisfacción divina con esta vida, un anhelo de estar en la presencia de Cristo, un hambre por obtener más y más intimidad con Él. Ellos hablan mucho de Jesús y rebozan de Su amor y santidad.

martes, 1 de septiembre de 2015

LLENOS DE LA PLENITUD DE DIOS

“Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo” (Romanos 15:29). Pablo escribió estas palabras a los cristianos en Roma. Él les estaba diciendo: “No tengo duda de que cuando me encuentre con ustedes, será en la medida más plena de la bendición de Cristo”.

Aquí, las palabras del apóstol implican algo que cada creyente debe saber. Y esto es, que existen varios grados o medidas de la bendición de Cristo. Algunos creyentes obtienen una medida plena de dicha bendición, lo cual es la meta. Todos deberíamos llegar a una medida plena de la bendición del Señor. Sin embargo, otros cristianos entran tan solo, a una pequeña medida de la bendición de Cristo.

En su carta a los efesios, Pablo encarece a todos a buscar la medida más plena de esta bendición: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo…hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo…y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 4:7,13; 3:19).

Notemos la palabra: “plenitud”, en estos pasajes. La palabra griega que Pablo usa aquí significa: “terminar la tarea de llenar por completo”. Esa es la tarea que Dios nos ha dado: Buscar la plenitud de la bendición de Cristo en nuestras vidas.

Pablo elabora en esto, escribiendo: “…un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:5-6). En resumen, Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo habitan en todos Sus hijos. Jesús prometió: “Vendremos a él y haremos morada en él” (ver Juan 14:23). Pablo aclara que todos tenemos el mismo acceso al Señor. Por lo tanto, todos tenemos igual oportunidad de obtener Su “siempre-creciente” bendición. De hecho, nuestras vidas deben incrementarse continuamente en lo que Pablo llama: “la bendición de Cristo”.

Considera la increíble medida de la bendición de Cristo en la vida de Pablo. Este hombre recibió personalmente, revelaciones de Jesús. Él escribe que Cristo se reveló a Sí mismo a él. Por supuesto, Pablo sabía que no había alcanzado la perfección. Pero también sabia, sin lugar a duda, que no había nada en su vida que obstaculizara el fluir de la bendición de Cristo.