jueves, 30 de septiembre de 2010

CONOCIENDO A DIOS

Voy a hacer una declaración que tal vez le parezca chocante, pero se lo digo con toda sinceridad: ¡Yo realmente no conozco a Dios! Quiero decir que no lo conozco de la manera que él quiere que lo conozca.

¿Cómo sé esto? El Espíritu Santo me lo dijo. El susurró amorosamente, “David, tú realmente no conoces a Dios en la manera que él quiere que lo conozcas. Tú realmente no le permites a él ser Dios para ti.”

En el Antiguo Testamento, Dios tomó un pueblo para sí – personas que no eran más ricas ni más inteligentes que otras – sólo para ser su Dios: “Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios” (Éxodo 6:7). Dios estaba diciendo, en otras palabras, “¡Voy a enseñarles a ser mi pueblo – para poder ser Dios para ustedes!”

Verdaderamente, Dios se reveló y manifestó a su pueblo una y otra vez. El envió ángeles. Les habló audiblemente. Cumplió cada promesa librándolos grandemente. Pero después de cuarenta años de milagros y señales asombrosas, la opinión de Dios sobre su pueblo fue: “¡No me conocéis – no conocéis mis caminos!”

“Cuarenta años estuve disgustado con la nación y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos” (Salmo 95:10). Dios dijo “¡En todo esto, ustedes nunca realmente dejaron que yo fuese vuestro Dios! ¡En los cuarenta años que quise enseñarles, ustedes todavía no me conocen – todavía no saben cómo trabajo!”

¡Dios está todavía buscando a personas que le dejen ser Dios para ellos – al punto que ellos verdaderamente lo conozcan y aprendan sus caminos!

Las Escrituras dicen de Israel “Y volvían y tentaban a Dios, y provocaban al Santo de Israel” (Salmo 78:41). Israel se apartó de Dios en su incredulidad. Y de igual manera, yo creo que nosotros limitamos a Dios hoy día con nuestra duda e incredulidad.

Confiamos en Dios en la mayoría de las áreas de nuestra vida – pero nuestra fe siempre tiene límites y fronteras. Tenemos por lo menos una pequeña área que marcamos como nula, donde no creemos que Dios realmente hará algo por nosotros.

Yo limito a Dios mayormente en el área de la sanidad. He orado por la sanidad física de muchos, y he visto a Dios hacer milagro tras milagro. Pero cuando se trata de mi propio cuerpo, ¡yo limito a Dios! Tengo temor de dejar que él sea Dios para mí. ¡Me lleno de medicamentos o corro a ver al médico aun antes de orar por mí mismo! No estoy diciendo que está mal ver al médico. Pero algunas veces se me puede describir como aquél que “en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los médicos” (2 Crónicas 16:12).

Yo le pregunto: ¿Ora usted para que Dios derribe las murallas de China o Cuba – pero cuando se trata de la salvación de su propia familia, usted no tiene ni una onza de fe? Usted piensa, “Dios no debe querer hacer esto. Mi ser querido es un caso tan duro. Parece que Dios no me escucha sobre esto.” ¡Si esto es cierto, usted no ve a Dios como Dios! ¡Usted es ignorante de los caminos de Dios! El deseo de Dios es “hacer todas las cosas más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20).

Los setenta ancianos de Israel comieron y bebieron en la mismísima presencia de Dios en la montaña. Pero el Señor dijo de ellos, “¡Ustedes nunca llegaron a conocerme ni a mis caminos!”

Los discípulos pasaron tres años en la presencia de Dios – con Cristo, el cual era Dios en la carne. Ellos se sentaron a escuchar sus enseñanzas y estuvieron con él día y noche. ¡Pero al final, ellos lo abandonaron y huyeron – por que no conocieron sus caminos!

Jesús dice que Dios no escucha nuestras oraciones y alabanzas simplemente por que las repetimos una y otra vez, durante horas. Es posible orar, ayunar y hacer cosas justas, y aun así no alcanzar el lugar donde tenemos hambre de conocerlo y de comenzar a entender sus caminos. No aprendemos sus caminos en nuestro lugar de oración solamente, aunque todo aquél que verdaderamente conoce al Señor, es muy íntimo con él. Usted no puede conocer los caminos de Dios sin estar mucho tiempo con él en oración. Pero la oración debe de incluir tiempo de calidad en el cual le permitimos a Dios ser Dios para nosotros – colocando cada necesidad y petición en sus manos y dejándolas allí.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

¿AL FINAL DEL LÍMITE?

¿Está usted al final de su límite? ¿Cansado, abatido, con ganas de rendirse? Yo lo desafío a que responda con un simple sí o no las siguientes preguntas:

• ¿Promete la Palabra de Dios suplir todas sus necesidades?
• ¿Dijo Jesús que él nunca lo dejaría, y que estaría con usted hasta el final?
• ¿Dijo él que lo mantendría sin caída y que lo presentaría sin mancha delante del trono del Padre?
• ¿Dijo él que supliría todo lo que usted necesite en todo tiempo? ¿Prometió él darle toda la semilla que necesite para propagar el evangelio?
• ¿Está él más deseoso de dar, que usted de recibir? ¿Es mayor el que está en usted, que aquél que está en el mundo?
• ¿Son buenos los pensamientos que él tiene sobre usted? ¿Es él galardonador de todos los que lo buscan diligentemente?
• ¿Está él preparando un lugar en la gloria para usted? ¿Está viniendo él en las nubes para reunir a sus hijos y llevarlos a casa? ¿Va a irse usted con él cuando venga?

Su respuesta a todo esto debería de ser, “¡Absolutamente, sí!”

Ahora – haga un inventario. Pregúntese, ¿Realmente creo que Dios es fiel a su Palabra, o yo flaqueo en mi confianza?

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; por que el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:2-7).

Usted puede recibir la sabiduría de Dios, toda la sabiduría necesaria para resolver los problemas de la vida – si usted va a creer sin dudar, y confía su misma vida y futuro a esta promesa.

Dios da a todos… libremente… sabiduría.

martes, 28 de septiembre de 2010

PONGALE SU CORAZÓN

Dios no acepta de nadie servicio hecho de mala gana. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23). De corazón significa, “con todo tu corazón – todas sus fuerzas, todo lo que hay dentro de ti.”

Pablo escribe, “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad [sin deseo]…” (2 Corintios 9:7). El apóstol hace una aplicación doble sobre este tema de dar: tiene que ver con nuestras ofrendas financieras – ¡y de dar nuestras propias vidas al trabajo del Señor!

Pablo escribió que la iglesia en Macedonia literalmente le rogó que los dejara levantar una ofrenda para los santos de Jerusalén los cuales eran pobres y estaban sufriendo. ¡Los de Macedonia estaban tan entregados al Señor, que dieron de su pobreza!

“…sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios” (2 Corintios 8:5). Pablo dice que los de Macedonia dieron mucho más que dinero. Le dijeron a él, “Aquí está nuestra ofrenda. Ahora, ¿qué más podemos hacer? ¡Queremos ofrecer nuestros servicios al trabajo del Señor!” ¡Ellos no escatimaron ninguna cosa para servir al Señor y a sus hermanos en Cristo! “…con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas” (8:3). ¡Ellos dieron más allá de su habilidad humana – con mucha oración!

Si usted solo da por que cree que es un mandato – o si usted siempre está pensando, “¿Es el diezmo un concepto del Nuevo Testamento, o sólo del Antiguo Testamento?” – ¡la actitud de su corazón está toda equivocada! Si usted da diez porciento por que el pastor se lo pide, también eso es equivocado. ¡Nada de esto alcanza llegar al tema – al corazón de lo que significa dar!

¡Si usted se va a entregar completamente al Señor y a su servicio, usted debe de hacerlo alegremente! “…por que Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).

Este verso me toca profundamente – por que muy a menudo yo continúo con mi vida y con mi ministerio sin la alegría del Señor. Yo escucho a muchos Cristianos que dicen, “Estoy tan cansado, no creo que pueda continuar. Oh Dios, ¡tienes que venir a darme fuerzas!” Ese es un clamor humano que es común para todos nosotros. Pero darse a sí mismo para agradar a Dios, debe de nacer de un espíritu alegre – disponible para todos nosotros por una simple fe, como de niño.

La palabra “alegre” en Griego significa “divertidísimo, feliz, alegre” – teniendo un corazón liviano, dispuesto, con regocijo; estar lleno de risa. Dios está diciendo, “¡Todo lo que hagas para mí – ya sea interceder, adorarme en mi casa, o buscarme en tu lugar secreto – hazlo alegremente! ¡Sé alegre y generoso en todo – tu dinero, tu servicio, tu tiempo, y tu vida!”

Yo le pregunto a usted: Su servicio al Señor, ¿se ha vuelto pesado, aburrido para usted? ¿Es tan sólo una carga, que lo deja mayormente triste y cansado?

Dios no quiere que usted se queje de su carga – ¡él quiere que usted arroje esas cosas de su vida, agarrándose de la Palabra de Dios!

¡La fe son los cheques del banco de Dios para recibir sus recursos! El está diciendo, “Ya he hecho provisión para ti. ¿Qué necesidad en tu vida es tan grande que yo no pueda suplir más de lo que se requiera?”

lunes, 27 de septiembre de 2010

SUFICIENCIA EN TODO

¿Por qué muchos creyentes experimentan debilidad, sentimientos de desesperación y vacío, como si no pudieran continuar más? Es por que ellos no tienen la revelación que el Espíritu le dio a Pablo – ¡una revelación de todas las provisiones que Dios ha hecho posible para aquellos que se apoderan de ellas por fe!

¿Encaja usted en la descripción que hace Pablo del siervo rico en todo – aquél que tiene todo lo que necesita y aun más, en todo tiempo, en cada crisis? ¿Ha comprobado usted esto haciendo retiros del banco del cielo?

Por varios años yo trabajé con Kathryn Kuhlman. Yo predicaba con todo mi corazón en sus campañas de la mañana y de la noche, y generalmente al final de cada día yo estaba agotado. Una noche Kathryn nos dijo a mi esposa Gwen y a mí, “Vamos a algún lugar a cenar.” Yo le respondí, “Lo siento – estoy muy cansado. Quiero irme al hotel y dormir un poco.”

Ella me miró con curiosidad y me preguntó, “David, ¿predicaste bajo la unción del Espíritu esta noche? Yo respondí, “Tú sabes que yo estaba ungido. ¡Los altares estaban llenos de gente!”

Kathryn dijo suavemente, “Entonces no estas captando algo. Si tú estás ministrando bajo el poder del Espíritu Santo, tú deberías estar más fuerte al final del culto que cuando comenzaste – ¡por que él es un Espíritu que vivifica! Tú puedes sobreponerte a tu carne, por que por el Espíritu tu puedes apropiarte de esa libertad.” Desde entonces, yo he comprobado esa verdad en mi ministerio.

“…a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8). Abundar aquí significa literalmente, “siempre aumentando; tener más al final que al comienzo.” En otras palabras, mientras la batalla se torna más fuerte, ¡la gracia de Dios aumenta! Cuando la debilidad venga sobre usted, la fuerza de Dios viene sobre usted más fuerte – si usted lo cree.

domingo, 26 de septiembre de 2010

EL YA HA HECHO PROVISIÓN

Cuando Dios nos llama a un trabajo específico, él ya ha hecho provisión para que tengamos todo lo que necesitemos para llevarlo a cabo.

“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8).

Este verso no es sólo una esperanza - ¡es una promesa! Comienza diciendo que “Dios es poderoso”.

Dios no está interesado sólo en suplir su necesidad. El quiere darle siempre más de lo que usted necesita. Eso es lo que “abunde” significa – ¡un suplir superabundante que va siempre en aumento!

“Y aquél que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20).

Piense en lo que se está prometiendo aquí: Cuando usted está cansado y abatido, y no cree que pueda seguir, Dios es poderoso para vigorizarlo para tener todo lo que usted necesite – en todo tiempo, en cada situación posible.

Es como si el Señor estuviese diciendo, “¡Escuchen todos ustedes pastores! ¡Escuchen todos ustedes que fielmente vienen a mi casa y trabajan en la oración, alabanza e intercesión! ¡Yo quiero darles una abundancia de fuerza, esperanza, gozo, paz, descanso, finanzas, ánimo, sabiduría! ¡En realidad, yo quiero que tengan una sobreabundancia de todo lo que necesiten – en todo tiempo!”

Dios nunca tuvo la intención de que fuésemos pordioseros espirituales, pobres en las cosas del Señor. Por lo contrario, ¡el siervo rico en todo es el que disfruta una revelación de todas las grandes provisiones que Dios ha preparado para él! ¡Y él va tras de esta revelación por fe!

“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu, por que el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:9-10).

Parafraseando, “¡Las personas del Antiguo Testamento no podían ni comenzar a entender todas las grandes provisiones que Dios había preparado! Nunca entró en su visión, nunca lo escucharon ni lo imaginaron. Pero no hay razón para que nosotros seamos ciegos a estas cosas, y que estemos sin saber lo que es nuestro. Nuestros ojos deben ver, nuestros oídos deben escuchar, debe de entrar en nuestras mentes y corazón – ¡por que somos las personas para las cuales Dios ha preparado todo esto! ¡El Espíritu Santo nos lo ha revelado a nosotros!”

Ciertamente, la Biblia dice que debemos buscar que él nos revele esto. Pablo escribió, “(Hemos recibido) el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido…las que enseña el Espíritu…por que se han de discernir espiritualmente” (versos 12-14).

jueves, 23 de septiembre de 2010

¡EL SIERVO RICO EN TODO!

Recientemente yo fui al Señor en oración con un corazón muy cargado, agobiado con muchos asuntos. Y empecé a suplicar mi caso delante de él:

“Oh Señor, nunca he estado tan fatigado en toda mi vida. ¡No tengo fuerzas para continuar! Entonces comencé a llorar. Estaba tan cansado que las lágrimas literalmente salieron en chorros. Mientras estaba postrado llorando, yo pensé, “¡Seguro que mis lágrimas moverán el corazón de Dios!”

El Espíritu Santo vino y me ministró – ¡pero no de la manera que yo pensé que lo haría! Yo quería compasión, ánimo, comprensión. Y él me dio todo eso – pero de una manera muy diferente a la que esperaba.

El Señor suavemente me instruyó a que buscase 2 Corintios 9:6-11 and él dijo que todo lo que necesitaba estaba contenido en este pasaje:

“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, por que Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra;

“(Como está escrito: Repartió, dio a los pobres, su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de vuestra justicia;) para que seáis ricos en todo para toda generosidad, la cual produce, por medio de nosotros, acción de gracias a Dios.”

Yo leí este pasaje y volví a leerlo – pero no recibí nada. Finalmente, cerré mi Biblia y oré, “Señor, estoy confundido. Yo no veo nada aquí que me ayude o me anime.”Finalmente, el Espíritu me habló fuertemente pero con amor a mi hombre interior: “David, esto tiene que ver con todo lo que estás atravesando. ¡Últimamente me has estado sirviendo sin un espíritu abundante y alegre! ¿Dónde está tu alegría y felicidad en tu servicio a mí? Mi Palabra no solo habla de de dar dinero para ayudar a los pobres. ¡Está hablando de ministrarme a mí y a mi cuerpo!

“Te he llamado a la ciudad Nueva York, y no te he enviado sin ayuda ni recursos abundantes. Todo lo que necesitas está a tu disposición – fuerzas, descanso, poder, habilidad, alegría y ánimo. No hay motivo para que trabajes con tristeza, ni que estés sobrecargado. ¡Tú tienes acceso a toda la fuerza y alegría!”

miércoles, 22 de septiembre de 2010

APRENDA A PONERSE DE PIÉ Y PELEAR USTED MISMO

Usted tiene que aprender a pelear sus propias batallas. ¡Usted no puede depender de otros para que lo liberen!

Tal vez usted tiene un amigo de oración al que puede llamar y decirle, “Estoy en una batalla. ¿Puedes orar por mí? ¡Yo sé que tienes poder con Dios!” Eso está de acuerdo con las Escrituras – ¡pero no es la voluntad completa de Dios para usted! ¡Dios quiere que usted sea un guerrero! El quiere que usted pueda hacerle frente al diablo.

Dios le prometió a Gedeón, “Ciertamente yo estaré contigo, y tú derrotarás a los madianitas como a un solo hombre” (Jueces 6:16) Dios le dijo, “¡Yo te he mandado – yo estaré contigo!”

Pero entonces la gente del pueblo vinieron buscando al que había derribado sus ídolos (ver Jueces 6:28-30). ¿Dónde estaba Gedeón? El estaba escondido – todavía inseguro de las promesas de Dios, todavía preguntándose si Dios estaba con él. Gedeón dijo: “Si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Dónde están todas esas maravillas que nuestros padres nos han contado…?” (verso 13). ¡Y así es con muchos de nosotros! Jesús nos ha prometido, “Yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20). ¡Y todavía no hemos aprendido a confiar en su Palabra y pelear!

Las cosas comenzarán a cambiar – en el momento que usted esté completamente persuadido que Dios está con usted. ¡Que él le habla y le mostrará todo lo que necesita saber!

¡Usted es más fuerte de lo que piensa! Como Gedeón, usted puede preguntarse, “¿Cómo puedo pelear? Soy tan débil, tan inexperto”. Pero Dios le dijo a Gedeón, “Ve con esta tu fuerza” (6:14). “¿Qué fuerza?” puede usted preguntar. La fuerza de Gedeón estaba amarrada en la palabra que Dios le dio: “Ciertamente yo estaré contigo”.

Amado, ¡la misma palabra – “Yo estoy contigo” – es su fuerza! ¡Y usted recibirá esa fuerza creyendo que esa palabra es verdad – y actuando en ella!

martes, 21 de septiembre de 2010

TRATE CON SUS TEMORES Y CON SU INCREDULIDAD

Israel había caído en la idolatría. ¡Pero la raíz de su pecado continuaba siendo la incredulidad, lo cual resultaba en toda clase de temores! Y Dios les envió un profeta para exponer la raíz de su pecado.

El profeta les dijo en pocas palabras, “Mírense – son un grupo de miedosos, escondidos, temerosos de ponerse de pié y pelear. Ya se han acobardado. ¡Pero ustedes tienen una historia de la liberación de Dios! El dio a sus antepasados grandes victorias cuando confiaron en él. Y él ha prometido librarlos a ustedes también – ¡pero ustedes no le creen!” (Ver Jueces 6:7-10).

Muchos Cristianos están aterrorizados de que el diablo los va a destruir. Tienen temor de que cometerán un error o que volverán a su pecado, y el diablo los tendrá en sus manos. ¡Pero esa es una mentira del infierno! ¡La Biblia dice que usted no tiene que estar aterrorizado mientras camina a través de esta vida!

Cuando usted se agarra del temor, este se vuelve contagioso. ¡Todos a su alrededor empiezan a tenerlo! Cuando Gedeón juntó a su ejército, Dios le dijo que envíe a casa a todo soldado miedoso: “Quien tema y se estremezca, que madrugue y regrese a su casa…Regresaron de los del pueblo veintidós mil” (Jueces 7:3)

Dios está diciendo las mismas palabras a su iglesia hoy día. El está preguntando, “¿Por qué tienen miedo? ¿Por qué pecan al no confiar que yo traigo victoria a sus vidas? ¡Yo he prometido que derrotaré cada poder demoníaco que venga contra vosotros!”

Joás, el padre de Gedeón había edificado estatuas de Baal y de la diosa Asera con piedras grandes. Su manera de pensar era, “Baal le ha dado poder a Madián sobre nosotros, así que talvez si nosotros adoramos a su dios, él nos dará poder a nosotros”. Las personas venían desde muy lejos para adorar allí, incluyendo los Madianitas y los Moabitas; ¡era una fortaleza demoníaca poderosa en Israel!

Dios le dijo a Gedeón, “Yo no voy a liberar a Israel hasta que tú quites a este ídolo que se interpone entre nosotros. ¡Derríbalo – córtalo! Así que durante la noche Gedeón “tomó diez hombres de entre sus siervos e hizo como Jehová le dijo” (Jueces 6:27). ¡El tomó un toro y usó unas cuerdas para derribara Baal y a Asera!

Dios le está dando a su iglesia el mismo mensaje que le dio a Gedeón: “Quiero ayudarlos – pero no puedo hacerlo cuando no confían en mí. Ustedes están llenos de temores. ¡Y antes de que yo traiga liberación, tendrán que derribar esta fortaleza, este pecado que los asedia!” “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia” (Hebreos 12:1). ¡Tenemos que derribar todas las fortalezas de miedos y de pecado!

Gedeón derribó las fortalezas demoníacas usando un toro fuerte. Pero a nosotros se nos han dado armas mucho más poderosas que las de Gedeón (ver 2 Corintios 10:4-5)

La victoria viene cuando oramos en fe. Esto no significa una oración fría y vacía, sino una oración en el Espíritu, una oración que cree en que Dios contestará: “Orad en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu” (Efesios 6:18).

lunes, 20 de septiembre de 2010

¡CÓMO PONERSE DE PIÉ Y PELEAR!

A pesar de todo lo que se habla en la iglesia sobre la guerra espiritual, los Cristianos todavía no han aprendido a resistir al enemigo. ¡Somos presa fácil para el diablo!

Yo no creo que cada desgracia que le sucede a un Cristiano venga del diablo. Nosotros lo acusamos equivocadamente por muchos de nuestros descuidos, desobediencias y flojeras.

Es fácil culpar al diablo por nuestras insensateces. Así, no tenemos que corregirlas. ¡Pero hay también un verdadero diablo presente en el mundo hoy día – y él está ocupado trabajando!

Déjeme decirle algo de las estrategias de Satanás. ¡Si él no puede quitar al Altísimo de su trono, él tratará de rasgar la imagen de Dios en usted! El quiere transformar a los adoradores en murmuradores y blasfemos.

Satanás no puede atacarlo a usted a voluntad propia. Dios ha puesto un cerco de fuego alrededor de cada uno de sus hijos, y Satanás no puede atravesar ese cerco sin el permiso de Dios.

Satanás no puede leer la mente del Cristiano. ¡Algunas personas están temerosas de orar por que piensan que el diablo los está escuchando! Otros piensan que el diablo puede leer sus pensamientos. ¡No es así! Sólo Dios es omnipresente y omnisciente.

Las Escrituras nos ordenan a ponernos de pié, ser fuertes y batallar contra la carne y el diablo: “Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos” (1 Corintios 16:13). “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10).

¡Usted tiene que llegar al punto en que se sienta harto de ser derrotado por el diablo – vivir sin ánimo, deprimido, sin gozo, vacío, molestado!

El libro de Jueces nos dice, “Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años. Y la mano de Madián prevaleció contra Israel” (Jueces 6:1-2).

Los Israelitas estaban en su punto más bajo. Fueron dispersados y vivían en cavernas oscuras y húmedas, hambrientos, con miedo e indefensos. Entonces algo sucedió. Comenzó con Gedeón, y se esparció por todo el campamento: ¡Israel se hartó de estar escondidos en esas cuevas oscuras!

Gedeón se dijo a sí mismo, “¿Cuánto tiempo vamos a seguir soportando esto? ¡Ellos vienen a nuestras tierras sin que haya oposición. Nadie se pone firme ni hace nada al respecto! Nos han dicho que tenemos un Dios que actuó por nuestros padres. Pero mírennos ahora – estamos despojados, indefensos. ¡Vivimos continuamente con miedo!”

Algo se levantó en el interior de Gedeón. Y él dijo lo que Dios estaba esperando escuchar: “¡Esto ya ha ido demasiado lejos! Nosotros servimos a un Dios poderoso, victorioso. ¿Por qué seguimos día tras día soportando este abuso?”

Dios no hará nada hasta que usted esté completamente harto – hasta que usted esté cansado de estar abatido y derrotado.

Usted tiene que hacer lo que hizo Gedeón – ¡clamar a Dios! Servimos al mismo Dios que Israel sirvió. Si él escuchó el clamor de ellos en medio de su idolatría, él lo escuchará a usted – cuando lo haga sinceramente.

domingo, 19 de septiembre de 2010

LA ORACIÓN DE INCREDULIDAD

Usted ha escuchado de la oración de fe. Yo creo que existe como la imagen opuesta de un espejo de esta oración, una oración que está basada en la carne. Yo llamo a esto la oración de incredulidad.

Yo quiero presentarle una pregunta. ¿Ha escuchado alguna vez al Señor decir, “Deja de orar – deja de estar de rodillas”? Alguna vez su Espíritu le ha ordenado, “Deja de llorar, y seca tus ojos. ¿Por qué estás postrado delante de mí?”

El Señor le dijo estas palabras a Moisés: “Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí?” (Éxodo 14:15). Lo que literalmente dice en el Hebreo es, “¿Por qué me estás chillando? ¿Por qué todo ese ruidoso pedir en mis oídos?”

¿Por qué diría Dios esto a Moisés? Este era un hombre devoto, que oraba, y que estaba en la mayor crisis de su vida. Los Israelitas estaban siendo perseguidos por el Faraón y no había escape. La mayoría de los Cristianos probablemente reaccionarían como lo hizo Moisés. El se apartó a un lugar desolado para estar solo con el Señor. Entonces vació su corazón en oración.

Cuando Dios escuchó a Moisés chillando, dijo “Basta”. Las Escrituras no son explícitas sobre lo que continuó. Pero en algún momento Dios pudo haber dicho, “Tú no tienes derecho a agonizar delante de mí, Moisés. Tu llanto es una afrenta a mi fidelidad. Yo ya te he dado mi promesa solemne de liberación. Y te he instruido específicamente en lo que tienes que hacer. Ahora, deja de llorar.”

Cuando enfrentamos nuestras crisis, podemos convencernos, “la oración es lo más importante que puedo hacer ahora mismo.” Pero llega el tiempo en que Dios nos llama a actuar, a obedecer su Palabra en fe. Cuando ese tiempo llega, él no nos permitirá apartarnos a un desierto para orar. Eso sería desobediencia y cualquier oración sería ofrecida en incredulidad.

La oración de incredulidad toma en consideración solamente la bondad de Dios. Ignora la severidad de sus juicios santos. Pablo escribe, “Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios” (Romanos 11:22). El apóstol menciona a propósito la bondad y la severidad de Dios juntos aquí. El está diciendo que una no puede estar separada de la otra.

En el Antiguo Testamento, Isaías lo dice de esta manera: “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír. Por que vuestras manos están contaminadas de sangre” (Isaías 59:1-3).

Amados, Dios no ha cambiado entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. El es un Dios de amor y misericordia, como Isaías lo indica. Pero él todavía odia el pecado por que él es santo y justo. Por eso él le dijo a Israel, “No puedo escucharte por tu pecado”.

Considere las palabras del salmista David: “A él clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua. Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió la voz de mi súplica. Bendito sea Dios, que no echó de sí [ignoró] mi oración (Salmo 66:17-20).

El salmista está diciendo, “Yo vi que había iniquidad en mi corazón, y rehusé vivir con ella. Así que fui al Señor para ser limpiado. Entonces él escuchó mi oración. Pero si no hubiese soltado mi pecado, Dios no hubiera escuchado mi clamor”.

jueves, 16 de septiembre de 2010

EL OTRO LADO DE LA COMUNIÓN

Caminando en la gloria de Dios no sólo significa que recibimos el amor del Padre, sino también que lo amamos a él. Se trata de un afecto mutuo, dando y recibiendo amor. La Biblia nos dice, “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5).

Dios nos dice a nosotros, “Hijo mío, dame tu corazón” (Proverbios 23:26). Su amor demanda que reciproquemos, que le demos de vuelta un amor que es total, íntegro, que requiera todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas.

Sin embargo, el Señor nos dice en términos muy claros, “¡Tú no puedes ganarte mi amor! ¡El amor que yo doy, no es por méritos!” Juan escribe, “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” y “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 de Juan 4:10, 19).

De igual manera que el amor de Dios es marcado por descanso y regocijo, nuestro amor por él debe de tener estos dos elementos mismos:

1. David expresa un descanso en su amor por Dios cuando él escribe, “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra” (Salmo 73:25). El corazón que ama al Señor, cesa completamente de buscar alivio en otro lugar. En lugar de eso, encuentra completo contentamiento en él. ¡Para este amante, la amorosa bondad de Dios es mejor que la misma vida!

2. Tal corazón también se regocija en el amor que tiene por su Dios. Canta y baila en éxtasis de felicidad por el Señor. ¡Cuando un hijo de Dios sabe cuánto su Padre lo ama, tiene un deleite en su alma!

Deje que le dé uno de los versos más poderosos de toda la Escritura. Proverbios nos da esas palabras proféticas de Cristo: “Con él estaba yo ordenándolo todo. Yo era su delicia cada día y me recreaba delante de él en todo tiempo. Me regocijaba con la parte habitada de su tierra, pues mis delicias están con los hijos de los hombres” (Proverbios 8:30-31).

Amados, ¡nosotros somos los hijos mencionados aquí! Desde la fundación de la tierra, Dios vio un cuerpo de creyentes juntos con su Hijo. Y desde entonces el Padre se deleitó y regocijó de esos hijos. Jesús testifica, “Yo era el deleite de mi Padre, la felicidad de su ser. ¡Y ahora todos los que vienen a mí en fe, son también su deleite!”

Así que, ¿cómo amamos a Jesús recíprocamente? Juan responde, “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3).

¿Cuáles son estos mandamientos? Jesús dice en esencia que hay dos, y que “de estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:40). El primero y más importante es amar al Señor con todo nuestro corazón, alma y mente. Debemos dárselo todo a él sin retener nada. Y el segundo es que amemos a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos. Estos dos mandamientos simples y que no son gravosos, incluyen toda la ley de Dios.

Jesús está diciendo aquí, que no podemos estar en comunión con Dios ni caminar en su gloria si tenemos algo en contra de alguna persona. Así que, amar a Dios significa amar a cada hermano y hermana de la misma manera en que hemos sido amados por el Padre.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

UNA VIDA DE COMUNIÓN

Multitudes de los hijos de Dios conocen poco o nada de una vida de comunión con él. ¿Por qué es esto?

Yo creo que aquellos Cristianos tienen un concepto triste, torcido del Padre celestial. Me recuerdo de la parábola del siervo que escondió su talento por que tenía una imagen torcida de su amo. Ese siervo dijo, “Señor, te conocía que eres hombre duro” (Mateo 25:24).

De igual manera, muchos creyentes hoy día piensan, “No es posible que Dios se agrade de mí, regocijándose y cantando enamorado. Le he fallado miserablemente a veces, trayendo reproche a su nombre. ¿Cómo podría él amarme, especialmente en los problemas que estoy enfrentando ahora?”

Yo creo que esta es una razón poderosa por la que muchos Cristianos no se acercan a su Padre celestial. Temen acercarse a Dios por que sienten que le han fallado de alguna manera. Todo lo que ellos conciben de Dios es que él es un fuego consumidor, listo para juzgarlos y condenarlos.

La pregunta para todos nosotros hoy día es, ¿Cómo no vamos a querer estar cerca de un Padre que nos escribe cartas de amor, que nos dice que anhela estar con nosotros, que está listo siempre para abrazarnos, y dice que sólo tiene buenos pensamientos sobre nosotros? A pesar de nuestras tonterías, al nos asegura que, “Satanás puede decirte que no sirves para nada, ¡pero yo te digo que tú eres mi alegría!”

Usted puede estar pensando, “Seguro que el señor no se regocija sobre alguien que está en pecado. No puedo esperar que él me ame si continúo en mis caminos pecaminosos.” Esta manera de pensar se acerca mucho a la blasfemia.

Sí Dios ama a sus hijos pero no ama al pecado. La Biblia dice que él reprende a cada hijo que continúa en iniquidad, pero él siempre lo hace con mucha pena. Después que él nos reprende, su Espíritu nos llena con un sentimiento de su indignación sobre el pecado.

A través de todo esto, el amor de Dios permanece sin cambiar. La Palabra dice, “Yo Jehová no cambio” (Malaquías 3:6). “del Padre…en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). “Dios soy, y no hombre” (Oseas 11:9).

El amor de Dios nunca fluye y luego decae como nuestro amor por él lo hace. Nuestro amor varía casi cada día, fluctuando de caliente y ferviente a tibio o aún frío. Al igual que los discípulos, podemos estar listos a morir por Jesús un día y luego abandonarlo y huir el próximo día.

Yo debo de preguntarle si usted puede decir, “¡Mi Padre celestial está enamorado de mí! El dice que soy dulce y amado a sus ojos, y yo le creo. Yo sé que no importa por lo que yo atraviese, o cuánto sea tentado o probado, él me rescatará. El me cubrirá a través de todo, nunca permitiendo que sea aplastado. ¡El siempre será amable y tierno conmigo!”

Así es como la verdadera comunión comienza. Debemos estar convencidos cada día del inalterable amor de Dios por nosotros. Y tenemos que mostrarle que creemos lo que nos ha revelado de su persona. Juan escribe, “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16).

martes, 14 de septiembre de 2010

LA VERDADERA COMUNIÓN

Muchos Cristianos hablan de tener intimidad con el Señor, caminando con él, conociéndolo, teniendo compañía con él. Pero no podemos tener una verdadera comunión con Dios a no ser que recibamos en nuestros corazones la revelación plena de su amor, gracia y misericordia.

La comunión con Dios consiste de dos cosas:

1. Recibir el amor del Padre, y
2. Amarlo en retorno

Usted puede pasar horas cada día en oración diciéndole al Señor cuánto usted lo ama, pero eso no es comunión. Si usted no ha recibido su amor, usted no ha tenido comunión con él. Usted simplemente no puede compartir intimidad con el Señor Jesús a no ser que usted esté seguro del amor que él tiene por usted.

Yo sé que cuando vengo a mi Señor, no vengo a un Padre feroz, duro, exigente. El no me espera con un rostro enojado, ansioso de golpearme en la espalda con una vara. El no me espía para ver cuándo fallo y entonces poder decirme “te descubrí”.

No, yo vengo a un Padre que se me ha revelado como un amor puro, incondicional. El es amable, de corazón tierno, lleno de gracia y misericordia, ansioso de de levantar todas mis cargas y preocupaciones. Y yo sé que él nunca me rechaza cuando lo llamo.

Es por eso que yo entro por sus atrios con alabanza y con acción de gracias, por que estoy agradecido por quién mi Dios es. ¡El tiene cuidado de todo lo que me concierne! (Ver Salmo 100).

El profeta Sofonías dice algo increíble sobre el amor de Dios por nosotros. El escribe, “Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos” (Sofonías 3:17).

Este verso nos dice dos cosas importantes sobre cómo nos ama el Señor:

1. Dios descansa en su amor por sus hijos. En Hebreo, esta frase “callará de amor” significa que “El estará sin palabras por el amor que nos tiene.” Dios está diciendo en esencia, “¡He encontrado a mi amor verdadero, y estoy totalmente satisfecho! No necesito buscar en ningún otro lugar, por que no tengo ninguna queja. Estoy completamente satisfecho en esta relación, y no quitaré mi amor. ¡Mi amor es un hecho ya establecido!”

2. Dios tiene gran placer por sus hijos. Sofonías testifica, “El se regocija sobre ti con cánticos” El dice, “¡El amor de Dios por usted es tan grande, que en sus labios hay una canción!”

Regocijarse significa “tener gozo y deleite”. Es una expresión externa de un deleite interno. Es también la expresión más alta de amor. La palabra Hebrea que Sofonías usa para decir “regocijo” es tripudiare que significa “brincar, lleno de un éxtasis de felicidad”.

¿Puede usted concebir que su Padre celestial está tan enamorado de usted que brinca de felicidad con sólo pensar en usted? ¿Puede usted recibir su palabra que dice que él lo amó a usted antes de que el mundo fuese creado, antes que la humanidad existiese, antes de que usted hubiese nacido? ¿Puede usted aceptar que él lo amó aún antes de que usted cayera en los caminos pecaminosos de Adán y llegara a ser un enemigo de Dios?

lunes, 13 de septiembre de 2010

SABIO EN LA BATALLA

Cada vez que se levanta la oposición, la gracia de Dios abunda en nosotros. Piense en lo que le sucede a un árbol cuando lo golpea una gran tormenta. El viento amenaza con arrancarlo de raíz y llevárselo. Le arranca ramas y se lleva sus hojas. Suelta sus raíces y desgaja sus brotes. Y cuando termina la tormenta, todo parece estar perdido.

Pero, mire de cerca; la misma tormenta que abrió grietas en la tierra alrededor del tronco ha ayudado a que las raíces se profundicen más. Ahora el árbol puede alcanzar fuentes de nutrición y de aguas nuevas y más profundas. Y todas sus ramas muertas han sido podadas. Puede que los brotes ya no estén, pero otros volverán a crecer con mayor plenitud. Le digo que dicho árbol es ahora más fuerte y crece en formas no vistas. Y sólo espere la siega, ¡porque dará mucho fruto!

Puede que usted se encuentre en una tormenta ahora mismo. El viento sopla con furia, lo sacude con violencia y usted piensa que caerá. Amado, ¡no entre en pánico! Debe saber que en medio de la tempestad, usted está echando profundas raíces espirituales. Dios está desarrollando en usted una profunda humildad, un mayor dolor y gemido por el pecado, una gran hambre de su justicia.

Dios está haciendo de usted, un experimentado soldado de la cruz, marcado por la batalla, pero sabio y valiente en ella. A veces, puede sentirse decepcionado de usted, pero el Señor nunca. El hecho es que Él pudo haber actuado soberanamente en cualquier momento para arrebatarlo de su batalla. Pero no lo hizo, ¡porque vio que ésta estaba produciendo en usted una mayor sed de Él!

Romanos 5:3 dice: “La tribulación produce paciencia”. El verbo “producir” significa: “lograr”.

En 2 Corintios 4:17, leemos: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. El verbo “produce” en este verso es el mismo que el de Romanos 5:3.

domingo, 12 de septiembre de 2010

LO QUE TODO CRISTIANO DEBE SABER SOBRE EL CRECIMIENTO ESPIRITUAL

“Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás” (2 Tesalonicenses 1:3).

¡Qué gran cumplido dio Pablo a los cristianos tesalonicenses! Acá tenemos la esencia completa de lo que estaba diciendo: “Es increíble ver cuánto han crecido, tanto en su fe en Cristo como en su amor los unos por los otros. Dondequiera que vaya, me enorgullezco de su crecimiento espiritual, delante de todos. ¡Cuán agradecido estoy a Dios por ustedes!”.

En este corto pasaje, Pablo nos da una figura asombrosa de un cuerpo de creyentes que estaba creciendo en unidad y amor. La frase griega que usa Pablo para “va creciendo” significa “crecer sobre, por encima y más allá de los demás”. Tanto individual como colectivamente, la fe y el amor de los tesalonicenses opacaban al resto de iglesias.

Obviamente, estos cristianos tesalonicenses no estaban tan sólo tratando de agarrarse de su fe hasta que Jesús retornara. Estaban aprendiendo, moviéndose, creciendo, y sus vidas mostraban evidencia de tal hecho. Según Pablo, ellos estaban en boca de todas las iglesias en Asia.

Aparentemente, la predicación que este pueblo oyó les estaba provocando a tener un caminar más profundo con Cristo. Estaba derritiendo sus ambiciones carnales y convenciendo de pecados habituales. Y el Espíritu Santo en ellos estaba derribando toda pared étnica y toda línea de color. Estaban descubriendo cómo abrazar a una persona, sea rica o pobre, educada o no. Y prestaban gran atención el uno al otro, prefiriéndose unos a otros en amor.

Si usted está siendo regado y alimentado por la Palabra de Dios, usted debería tener un continuo crecimiento espiritual en su vida. Esto debería estar sucediendo automáticamente.

Yo no sé si alguien en nuestra congregación “va creciendo”, como Pablo vio en la iglesia de Tesalónica. Pero, creo que sí es verdad para muchos de los nuestros. ¿Por qué? La predicación ungida de la Palabra pura de Dios siempre produce crecimiento. Y el apóstol Pedro dice que todos los que desean la leche pura de la Palabra, van a crecer.

Pablo define el crecimiento espiritual como una obra del Espíritu Santo. Dice que el Espíritu está siempre obrando, cambiándonos de gloria en gloria. Renovando constantemente nuestras mentes, haciendo morir nuestra carne y sacando a luz pureza desde nuestro hombre interior. Él obra en nuestros corazones para sacar la ira, la amargura, el resentimiento y la maldad de todo tipo. Y produce en nosotros bondad, ternura y perdón hacia los demás. Él nos está haciendo crecer en Cristo, enseñándonos que todo lo que digamos y hagamos ¡debe ser digno de nuestro Señor!

Más adelante, Pablo nos insta: “Pruébese cada uno a sí mismo” (1 Corintios 11:28). La palabra griega “pruébese” significa “escudríñese, examínese”. El apóstol está diciendo: “Examínate, mira si estás andando según la Palabra de Dios”. Debemos constantemente preguntarnos: “¿Estoy cambiando? ¿Me estoy volviendo más amoroso y tierno de corazón? ¿Estoy tratando a mi familia y amigos con respeto piadoso? ¿Mi conversación está volviéndose más justa?”.

jueves, 9 de septiembre de 2010

A VECES CRECEMOS Y NO LOS SABEMOS

Algunos creyentes le pueden contar sobre su crecimiento espiritual. Y usted puede, claramente, ver los cambios en sus vidas. Ellos le testifican a usted acerca de cómo es que el Espíritu Santo ha derrotado, por ellos, al enemigo. Y usted se regocija juntamente con ellos en su victoria.

Sin embargo, este tipo de cristianos son la excepción. La mayoría de creyentes son totalmente inconscientes de cualquier progreso espiritual en sus vidas. Oran, leen la Biblia y buscan al Señor con todo el corazón. No hay en ellos ninguna obstrucción para el crecimiento espiritual.

Pero ellos no pueden discernir ningún crecimiento en sus vidas. Yo soy un ejemplo de este tipo de creyente. Sé que camino en la justicia de Cristo, aun así nunca siento que estoy progresando. De hecho, ocasionalmente me decepciono de mí mismo, cuando hago o digo algo que no sea de Cristo. Esto hace que me diga: "He sido cristiano durante años, ¿por qué no aprendo nunca?"

Pienso que los cristianos tesalonicenses quedaron perplejos al oír la impecable evaluación de Pablo respecto a ellos (ver 2 Tesalonicenses 1:3). Probablemente, ellos pensaron: "Yo, ¿creciendo en abundancia? Pablo debe estar bromeando".

Pero Pablo sabía que el crecimiento espiritual es un secreto, algo oculto. La Escritura lo compara al crecimiento invisible de las flores y los árboles: "Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano" (Oseas 14:5–6).

Dios nos estás diciendo: "¡Vayan a los lirios! Sólo traten de verlos crecer. Les digo que al final del día no verán cambio alguno. Pero sepan esto: Yo riego al lirio cada mañana con el rocío que envío, y va a crecer". Es lo mismo en el crecimiento espiritual ¡Es imperceptible al ojo humano!

Pareciera que algunos creyentes nunca lucharan con un pecado habitual. Ellos testifican: "Cuando vine a Jesús, el Señor sacó la tentación de mí. Y desde aquel día, he sido libre". Conozco a muchos ex drogadictos que han tenido dicha experiencia.

Pero para multitudes de cristianos, la historia es otra. Años después de su conversión, una vieja corrupción se desata en ellos, algo que ellos aborrecían y nunca más querían volver a ver. Sin embargo, no importa cuán dura sea la lucha, dicho deseo simplemente no se va. Con el tiempo se desalientan. Su alma clama: "¿Cuánto más, Señor? ¿Cuándo será finalmente rota esta cadena?" Y eventualmente el diablo viene a ellos y les dice: "Nunca lo lograrás. Sabes que no hay manera en la que puedas crecer espiritualmente estando en la condición en la que estás".

Anímese, amigo, tengo buenas noticias para usted. ¡Usted está creciendo en medio de su lucha! De hecho, quizás esté creciendo a pasos agigantados, a causa de su lucha.

Descanse seguro, si tiene el temor de Dios en su corazón, usted surgirá de la tormenta con mayor fortaleza en su vida. Vea usted, cuando usted batalla contra el enemigo, está ejerciendo e invocando toda la gracia y el poder de Dios. Y aunque se sienta débil, dicha gracia y poder le están fortaleciendo. Primeramente, la oración en su vida se vuelve más urgente. Y, en segundo lugar, usted está siendo despojado de todo orgullo. Así que, la tormenta lo está poniendo a usted "en guardia espiritual" en todas las áreas de su vida.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

CONOZCA, CREA Y SIGA CONFIANDO EN SU AMOR

Cualquiera puede mantener su gozo cuando está en las alturas del Espíritu Santo, sin ser probado ni tentado. Pero Dios quiere que nos mantengamos en su amor en todo tiempo, especialmente en nuestras tentaciones.

El apóstol Juan nos dice de manera muy simple, cómo es que podemos mantenernos en el amor de Dios: "Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él" (1 Juan 4:16). En resumen, si nosotros "permanecemos en el amor de Dios", nos mantendremos en Dios.

Acá, la palabra "permanecer", significa "quedarse en un estado de expectación". Es decir, Dios desea que nosotros estemos expectantes de que su amor se renueve en nosotros cada día. Debemos vivir cada día en el conocimiento de que Dios siempre nos amó, y siempre nos amará.

En realidad, muchos de nosotros entramos y salimos del amor de Dios, según nuestro estado de ánimo. Nos sentimos a salvo en su amor sólo si nos hemos portado bien. Pero no estamos seguros de su amor cuando somos tentados o probados, o cuando le hemos fallado. Ése es justamente el momento en el que debemos confiar en su amor. Él nos está diciendo en estos pasajes: "No importa la prueba que enfrentes, nunca debes dudar de mi amor por ti. Si estás constantemente confiando en mi amor, entonces estás viviendo como yo quiero que vivas".

Jeremías 31 ofrece una maravillosa ilustración del amor de Dios. Israel estaba en un momento de caída. El pueblo había engordado y prosperado, y consentían en toda clase de impiedades.

Repentinamente, sus deseos se tornaron amargos. Perdieron todo placer en satisfacer sus apetitos sensuales. En seguida, clamaron: "Señor, estamos perdidos. Necesitamos que nos vuelvas a ti". Dios oyó su clamor de arrepentimiento, y Su amoroso corazón se dirigió hacia ellos. Él castigó a su pueblo con su vara de corrección, e Israel clamó: "Me azotaste…conviérteme, y seré convertido…después que me aparté tuve arrepentimiento" (Jeremías 31:18-19).

Oiga las palabras de Dios en este punto: "Desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia" (v. 20). "Con amor eterno te he amado" (v. 3).

Esto es lo que usted debe saber del amor de Dios: Dios le decía a su pueblo: "He tenido que castigarles y hablarles duras palabras de verdad. Aun así, pecaron contra mí, a pesar de la gracia y la misericordia que les extendí. Se apartaron de mi amor, y me rechazaron. Sin embargo, mis entrañas de compasión se movían profundamente para con ustedes, los recordaba en sus luchas; ciertamente tendré misericordia de ustedes. Los perdonaré y restauraré de pura gracia".

martes, 7 de septiembre de 2010

CAMINANDO EN LA GLORIA

Lo que nos puede guardar en los duros tiempos venideros es el conocimiento de la gloria de Dios. Ahora bien, esto puede sonarle como un concepto alto, elevado, como para dejárselo a los teólogos. Pero estoy convencido de que el asunto de la gloria de Dios tiene un valor muy real y práctico para cada creyente genuino. Al captarlo, ¡abrimos la puerta hacia una vida victoriosa!

La gloria de Dios es una revelación del ser y la naturaleza de nuestro Señor. Quizás recuerde que en el Antiguo Testamento que Moisés tuvo un vistazo literal de la gloria de Dios. Antes de ello, el Señor había enviado a Moisés sin explicación alguna, fuera de estas palabras: "YO SOY". Pero Moisés quería conocer algo más sobre Dios. Así que le rogó: "Señor, muéstrame tu gloria".

Dios le respondió apartándolo y poniéndolo en la hendidura de una roca. Luego, la Escritura dice que Él se reveló a sí mismo a Moisés en toda su gloria (ver Éxodo 34:6-7). La manera en la que Dios quiere que conozcamos su gloria es a través de la revelación de su gran amor hacia la humanidad. Y eso es sólo lo que Dios le reveló a Moisés.

Este texto, creo, es absolutamente esencial para nuestro entendimiento de quién es nuestro Señor. A menudo, al pensar en la gloria de Dios, pensamos en su majestad, esplendor, poder, dominio, o alguna manifestación de su pueblo. Todas estas cosas pueden ser el resultado de ver la gloria de Dios. Pero ésta no es la gloria por la que Él quiere ser conocido. El Señor está siempre esperando para mostrarnos su amor, perdonarnos, regarnos con su misericordia y restaurarnos a sí mismo.

La revelación de la gloria de Dios tiene efectos poderosos en aquéllos que la reciben y oran para tener entendimiento de ello. Hasta este punto, Moisés había visto al Señor como un Dios de ley e ira. Él temblaba con terror en la presencia del Señor, pidiéndole, clamándole, rogándole a favor de Israel. Ésta había sido la base de su relación "cara a cara" con el Señor.

Pero ahora, al primer vistazo de la gloria de Dios, Moisés ya no estaba temeroso del Señor. Por el contrario, fue movido a adorar: "Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró" (Éxodo 34:8). Él vio que Dios no era sólo el trueno, los rayos y la estridente trompeta que lo hubieran hecho a él petrificarse de miedo. Por el contrario, ¡Dios fue amor y su naturaleza fue más bien de bondad y de tierna misericordia!

¿Ve usted la increíble verdad que nos muestra la Escritura? La verdadera adoración viene de esos corazones que han vencido a causa de una visión del amor inmerecido de Dios hacia nosotros. Se basa en la revelación de que Dios nos da de sí mismo, de su bondad, misericordia y rapidez para perdonar. Así que, si vamos a adorar a Dios en espíritu y en verdad, nuestra adoración debe estar basada en esta asombrosa verdad acerca de Él.

Una vez que recibimos una revelación de la gloria de Dios, nuestra adoración no puede evitar cambiar. ¿Por qué? ¡Ver su gloria cambia la manera en la que vivimos! Afecta nuestro semblante y conducta, cambiándonos de "gloria en gloria", haciéndonos más como Él. Cada revelación nueva de su amor y misericordia trae un cambio sobrenatural.

lunes, 6 de septiembre de 2010

EL AMOR DE DIOS NOS ES DADO SOLAMENTE A TRAVÉS DE JESUCRISTO

Según Juan, todo el amor de Dios mora en Jesucristo, Él escribe: "Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia" (Juan 1:16). ¿Cómo hemos recibido el amor del Padre? Lo hemos obtenido por estar en Cristo.

Pero, usted se preguntará: ¿Qué importancia tiene saber que el amor de Dios nos es dado a través de Cristo? ¿Cómo afecta esto nuestro diario vivir?

¿Cómo es que el amor de Dios impacta nuestras vidas? Debemos ver a Cristo como nuestro ejemplo. Jesús ya nos había dicho que el Padre nos ama de la misma manera que amó al Hijo. Entonces, ¿qué impacto tuvo el amor del Padre sobre Jesús?

"En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros…" (1 Juan 3:16). Acá vemos el fruto del amor de Dios en Jesús: Se entregó a sí mismo como sacrificio para los demás. La segunda mitad de este versículo, nos muestra el propósito del amor de Dios en nuestras propias vidas. Dice: "…también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos". El amor de Dios nos lleva también a presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo.

¿Ha pensado alguna vez sobre lo que significa verdaderamente poner su vida por sus hermanos y hermanas? Juan no se refiere a convertirnos en mártires en tierra extraña. No se refiere a volverse donante de órganos. Tampoco se refiere a que debemos tomar el lugar de algún criminal condenado a muerte. Sólo Cristo hizo tal sacrificio. No, el único tipo de cristiano que puede traer vida y esperanza a sus hermanos es el que está muerto. Tal siervo ha muerto a este mundo, a todo "yo", a todo orgullo y a toda ambición.

Este cristiano "muerto" ha permitido al Espíritu Santo realizar un inventario espiritual de su alma. Él ve a través de la corrupción y la impiedad en su corazón. Y, voluntariamente, va al altar de Dios, clamando: "Señor, consúmeme. Llévatelo todo". Él sabe que sólo a través de ser limpiado por la sangre de Cristo es que podrá poner su vida por sus hermanos.

domingo, 5 de septiembre de 2010

LA REVELACIÓN DEL AMOR DE DIOS

Recientemente, el Espíritu Santo me tocó y me guió a este pasaje: "Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna" (Judas 20-21). A medida que leía estos versículos, oí al Espíritu susurrarme: "David, tú nunca has venido a la plenitud y al gozo de mi amor. Tienes la teología correcta, pero no has experimentado el éxtasis y el reposo de permanecer en mi amor. Hasta ahora, sólo has entrado hasta los tobillos. Pero hay un océano entero de mi amor para que tú nades en él".

La Biblia está llena de la verdad del amor de Dios. Pero a veces, me pregunto cómo es que el Señor pudo haberme amado. No es que dude de su amor; es más bien mi fracaso, el no permanecer en el conocimiento y seguridad de su amor hacia mí.

La revelación del amor de Dios viene en parte cuando nacemos de nuevo. Si uno preguntara a la mayoría de cristianos, qué es lo que conocen del amor de Dios hacia ellos, ellos responderían: "Yo sé que Dios me ama porque Él dio a su Hijo para morir por mí". Mencionarían Juan 3:16: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna".

Es un momento maravilloso cuando uno entiende esta verdad. De pronto se da cuenta: "Dios me amó cuando estaba perdido, deshecho y era un extraño. Y Él me demostró su amor por mí, sacrificando a su propio Hijo a favor mío.

Pocos cristianos, sin embargo, aprenden a ser guardados en el amor de Dios. Conocemos algo de nuestro amor hacia el Señor, pero rara vez buscamos la revelación del amor de Dios para nosotros. De hecho, si usted le pidiera a la mayor parte de los cristianos que encuentren pasajes bíblicos que señalen el amor de Dios para nosotros, ellos podrían señalar sólo unos cuantos. No obstante, el secreto de una vida vencedora es entender el amor de Dios. Multitudes crecen espiritualmente frías y flojas porque ignoran el amor de Dios para ellos. No saben que su mayor arma contra los ataques de Satanás es estar plenamente convencidos del amor de Dios hacia ellos, a través de la revelación del Espíritu Santo.

En su oración final sobre la Tierra, Jesús dijo: "Padre…me has amado desde antes de la fundación del mundo" (Juan 17:24). ¡Qué pensamiento tan increíble! Cristo fue grandemente amado por el Padre antes de la creación.

Luego Jesús hizo esta notable oración: "…tú, oh Padre… los has amado a ellos como también a mí" (vv. 21, 23). También oró: "para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos" (v. 26). Cristo estaba diciendo: "Padre, yo sé que tú vas a amar a aquéllos que yo traiga a mi cuerpo, tal como me has amado a mí".

La implicación acá, es que cuando el Padre amaba a Jesús antes de la eternidad, Él también nos amaba a nosotros. De hecho, cuando el hombre era tan sólo un pensamiento en la mente eterna de Dios, el Señor ya estaba enumerando nuestras partes y planeando nuestra redención: "Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor…" (Efesios 1:4-5).

¿Desde cuándo le ha amado Dios a usted? Él le ha amado desde que Él existe, porque Dios es amor. Es su naturaleza misma. Él le amó como pecador. Él le amó en la matriz. Él le amó antes que el mundo fuera. Su amor para usted no tuvo inicio, y tampoco tiene final.

¿Cuándo dejará Dios de amarle? Él dejará de amarle cuando deje de amar a su propio Hijo, lo cual es imposible. Cristo dice: "El Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" (Juan 13:1).

jueves, 2 de septiembre de 2010

MANTÉNGASE EN EL AMOR DE DIOS

Hace años, Dios puso en mi corazón empezar un hogar para niños en Long Island. En verdad, sentía que Dios estaba detrás de esta obra. Aun así, después de tan sólo dieciocho meses, los oficiales del estado impusieron reglamentos de tal restricción sobre el funcionamiento de un hogar, que no tuvimos otra opción que cerrarlo.

Habíamos conseguido cuatro niños durante el breve tiempo que estuvimos funcionando. Después de cerrar, perdí contacto con ellos. Siempre pensé que dicha gestión fue uno los mayores fracasos de todos los tiempos. Durante más de tres décadas, me preguntaba por qué Dios permitió que avancemos con ello.

Recientemente, recibí una carta de un hombre llamado Clifford, él me contó la siguiente historia:

“Hermano David, yo fui uno de los cuatro niños recibidos en el hogar en Long Island. Sus tutores fueron muy amorosos y tiernos. Nos enseñaban la Biblia y nos llevaban a la iglesia. Un día nos llevaron a una iglesia que estaba teniendo una campaña de avivamiento en una carpa. Yo estaba todo amargado e indispuesto. Fue allí, bajo la carpa, que el Espíritu Santo comenzó a llamar a mi corazón. Oí al predicador decir: “Jesús te ama”. Todos los años de dolor, confusión y desesperanza afloraron. Me puse de rodillas y oré. Eso fue hace treinta y cinco años. Ahora Dios me ha llamado a predicar y me está llevando al ministerio a tiempo completo. Este “gracias” ha estado hirviendo en mí todo este tiempo. Sólo quiero agradecerle por preocuparse. Yo sé lo que es el amor de Dios”.

La carta de este hombre me demuestra que nada de lo que hagamos para Cristo es en vano. Ese hogar de niños no fue un fracaso, porque un perdido y confundido niño judío descubrió el significado del amor de Dios.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

SATANÁS UTILIZA DISPOSITIVOS SUTILES

"Después el rey de Asiria envió contra el rey Ezequías…al Rabsaces, con un gran ejército…contra Jerusalén" (2 Reyes 18:17). Los asirios representan las actuales "guías hacia la prosperidad". El diablo exhibirá su ejército alrededor de sus murallas: gente poderosa, hermosa y aparentemente exitosas en todo lo que emprenden. Cuando usted los vea, ¡se sentirá encerrado como un prisionero!

La primera artimaña del hombre de pecado es cuestionar el compromiso de un creyente de confiar plenamente en el Señor. Rabsaces, cuyo nombre significa "mensajero ebrio", era el embajador del rey. Él se burlaba de los justos, provocándolos (ver 1 Reyes 18:19-20). La acusación era: "Dios no los va a sacar de este aprieto. ¡Van a hundirse! Están en un verdadero problema y su fe no va funcionar".

Luego, Satanás añade otra torsión; le dice a usted que Dios está detrás de todos sus problemas. El mensajero asirio declaró: "Jehová me ha dicho: Sube a esta tierra, y destrúyela" (2 Reyes 18:25). Satanás intentará convencerle de que Dios está desquitándosela con usted, que Él está molesto con usted ¡Ésta es su mentira más sutil! Hacerle creer que Dios lo ha abandonado y ha entregado su vida, al dolor y a los problemas. Él quiere que usted piense que sus problemas son el resultado del castigo de Dios por sus pecados del pasado. ¡No lo crea! Es Satanás queriendo destruirlo.

Nuestro Dios es un libertador, es una fortaleza. Isaías dijo que Él viene "a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya" (Isaías 61:3).

No, amado santo, usted no se está hundiendo. Simplemente está bajo ataque, bombardeado por las mentiras del enemigo a causa de que usted ha decidido verdaderamente confiar en el Señor. Satanás está tratando de destruir su fe en Dios.