viernes 29 de enero de 2010

SOBRE SUS PIES Y LISTO

“Mas Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él…” (1Samuel 18:12).


Satanás envidia y teme más a aquéllos que han estado con Dios en oración y están determinados a ponerse de pie y luchar en la fe. Satanás teme incluso a un pequeño ejército equipado en fe para pelear. El se acobarda ante los que están de pie, listos para resistir. Y porque él le teme a usted, su designio es neutralizar su espíritu combatiente.


El diablo lo hace, al tratar de inundar su mente con pensamientos del mismo infierno, que atacan y distraen, que engendran desconfianza y cuestionamientos acerca del poder de Dios. El le gritará a su mente y a su espíritu: “Ya no tiene sentido seguir luchando. Estás demasiado débil a causa tus luchas personales. Nunca serás un vencedor. Los poderes del infierno son demasiado grandes para vencerlos. Así que puedes relajarte. Ya no necesitas ser tan intenso respecto a la batalla.


¡Todo esto es una distracción! La estrategia completa de Satanás es llevarlo a usted a quitar su mirada de la victoria de la Cruz. Él quiere que usted ponga su mirada en sus debilidades, sus pecados, sus fracasos, y es por ello, que él sube la temperatura de sus problemas y sufrimientos presentes. Él quiere hacerle creer que usted no tiene la suficiente fuerza para continuar. Pero la fuerza de usted no es el punto: ¡La fuerza de Jesús sí lo es!


El hecho es, que todos vamos a estar en una lucha hasta que, o muramos, o Jesús vuelva. Podemos pasar por temporadas de calma, tiempos de sosiego. Pero mientras estemos sobre esta tierra, estamos envueltos en una guerra espiritual. Y simplemente, no existe un final para estas batallas. Por ello Pablo dice que Jesús nos ha dado armas poderosas para la destrucción de fortalezas. Hemos sido equipados con armas que Satanás no puede soportar: la oración, el ayuno y la fe.


El tiempo ha llegado en el que debemos desatascar nuestra mirada de nuestras aflicciones presentes. Debemos quitar nuestros ojos de nuestras pruebas y fijarlos en el Capitán de esta guerra. Jesús tiene las llaves de toda victoria y Él nos ha prometido: “Te he provisto de toda arma necesaria para la batalla. Y estoy listo y dispuesto para darte fuerza en tiempos de debilidad”.

jueves 28 de enero de 2010

UN CAMINAR AGRADABLE

El apóstol Pablo enseñó a la iglesia colosense: “Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Colosenses 1:10).


¿Qué se requiere para tener un caminar agradable? Pablo nos dice: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:12-13).


Pablo nos está diciendo en tantas palabras: “Aquí está mi palabra para ustedes en estos momentos de crisis. A la luz de los tiempos difíciles que ustedes saben que se avecinan, deben prestar atención a su caminar con el Señor”.

En otras palabras, debemos preguntarnos: “¿Estoy siendo más como Cristo? ¿Estoy siendo más paciente o más impetuoso? ¿Más manso y gentil o más malo y conflictivo? ¿Más tierno y perdonador o más amargo y envidioso? ¿Soporto “unos a otros”? ¿Sobrellevo la debilidad y faltas de los que me rodean, o siempre debo tener la razón?


Pablo está sugiriendo que, a la luz de tal día venidero, no importan los logros que usted pueda obtener ni las obras de caridad que usted haga. No interesa cuán amable sea usted a los desconocidos, ni cuántas almas traiga a Cristo, esta pregunta permanece: “¿Se está volviendo usted más amoroso, paciente, perdonador y tolerante?”.


Examinar su caminar con Cristo significa ver no tanto lo que usted está haciendo, sino lo que usted está siendo, o en lo que usted está convirtiéndose. Tal andar no puede ser logrado por puro esfuerzo humano. No sucederá por determinación propia, por el mero decir: “Voy a ser ese tipo de creyente”. Más bien, sucede por la obra del Espíritu Santo, a través de la fe en su Palabra.


Primeramente, leemos estas palabras y creemos que son el llamado de Dios, a examinarnos a nosotros mismos. De modo que le pedimos al Espíritu Santo que nos muestre, quiénes somos en realidad y nos medimos por su Palabra. Luego le pedimos al Espíritu Santo que nos ayude a cambiar.

miércoles 27 de enero de 2010

ESPANTANDO A LAS AVES DE RAPIÑA

En Génesis 15, Dios hizo un acuerdo glorioso con Abraham. Él le pidió al patriarca que tomase una becerra y una cabra y las partiera por la mitad. Luego Abraham debía tomar una tórtola y un palomino y ponerlos en el suelo cabeza con cabeza. Abraham hizo lo que se le había dicho, y mientras estas criaturas yacían sangrando, las aves de rapiña descendían sobre los cuerpos muertos. De pronto, Abraham sintió una gran oscuridad rodeándolo. ¿De qué se trataba esta oscuridad? Se trataba de Satanás, en pánico.


¿Cómo cree usted que Satanás reacciona al ver que todas las promesas de Dios llegan a usted, a medida que le entrega su vida a Jesús? El diablo entra en una furia de celos. Luego, cuando le ve resuelto a caminar hasta el final con el Señor, sólo hay una forma en la que él reacciona: ¡Todo el infierno entra en pánico!


¿Qué fue lo que hizo Abraham cuando vinieron estos buitres? La Escritura nos dice que él los ahuyentaba. Así también, el Señor nos ha mostrado la forma de tratar con estas amenazantes aves de rapiña. No debemos tener miedo de los ataques del diablo, porque nos han sido dadas poderosas armas de guerra.


Cada vez que alguna voz de duda o de cuestionamiento a Dios viene a mi mente, debo confrontarla con aquello que yo conozco sobre mi Señor amoroso. No puedo aceptar ningún pensamiento como si fuera cierto, si éste está simplemente basado en lo que estoy sintiendo en ese momento. Debe ser medido al lado de las promesas de Jesús hacia mí sobre sí mismo y sobre la victoria que Él ha ganado para mí.


Dicho de una forma sencilla, si pensamientos acusadores vienen a mí, si producen duda y temor, o son de condenación, o traen un sentimiento de rechazo, yo sé que no son de Dios. Todos debemos estar preparados para que cuando vengan tales pensamientos horribles. Incluso el Señor Jesús estuvo expuesto a este tipo de pensamientos por parte del enemigo, durante la tentación en el desierto.


Cuando las aves de rapiña vengan sobre usted, trayéndole pensamientos de inseguridad y falta de dignidad, ahuyéntelos con la Palabra de Dios. El sacrificio que el Señor le ha guiado a realizar es agradable a Él, y Él honrará dicho sacrificio.

martes 26 de enero de 2010

“Y MUERTO AUN HABLA”

Mientras leemos Hebreos 11, encontramos un común denominador singular de las vidas de las personas mencionadas. Cada uno tenía una característica particular que denota la clase de fe que Dios ama. ¿Cual era ese elemento? Su fe había nacido de una intimidad con Dios.


El hecho es que, es imposible tener una fe que agrada a Dios sin compartir intimidad con él. ¿Qué quiero decir con intimidad? Estoy hablando de un acercamiento hacia el Señor que sólo viene cuando lo deseamos a él. Esta clase de intimidad es un vínculo cercano y personal, es una comunión. Viene cuando deseamos al Señor más que cualquier otra cosa en esta vida.


“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aun habla por ella” (Hebreos 11:4). Quiero que noten varias cosas significantes sobre este verso. Primero, Dios mismo testificó de las ofrendas de Abel. Segundo, Abel tuvo que construir un altar al Señor, donde él trajo sus sacrificios. Y él no ofreció sólo corderos sin manchas para el sacrificio, pero también la gordura de esos corderos también. “Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, y de la grasa de ellas” (Génesis 4:4).


¿Qué significa la gordura aquí? El libro de Levítico dice sobre la gordura, “Es manjar de ofrenda de olor grato que se quema a Jehová. Toda la grasa es de Jehová” (Levítico 3:16). La gordura era la parte del sacrificio que causaba un dulce aroma que se levantaba. Esta parte del animal ardía rápidamente y era consumida, trayendo un dulce olor. La gordura aquí sirve como un tipo de oración o comunión que es aceptable a Dios. Representa nuestro ministrar al Señor en nuestra habitación secreta de oración. Y el Señor mismo declara que esa adoración íntima se eleva hacia él como un sabroso y dulce aroma.


La primera mención en la Biblia de esta clase de adoración es hecha por Abel. Por eso es que Abel está en la lista de los Campeones de la Fe de Hebreos 11. El es un tipo de siervo que tiene comunión con el Señor, ofreciéndole lo mejor que tiene. Como declara el libro de los Hebreos, el ejemplo de Abel continúa viviendo hoy día como un testimonio de una fe viva y verdadera: “Y muerto, aun habla por ella” (Hebreos 11:4).

lunes 25 de enero de 2010

AUMENTA NUESTRA FE

Marcos 4 relata la historia de Jesús y sus discípulos en una barca, siendo zarandeados por una tormenta en el mar. Empezamos la escena cuando Cristo ha calmado las olas con una sola orden. El entonces se dirige a sus discípulos y les pregunta, “¿Cómo no tenéis fe?” (Marcos 4:40).


Usted puede pensar que esto suena severo. Era una reacción normalmente humana el tenerle miedo a la tormenta. Pero Jesús no los estaba reprendiendo por esa razón. En lugar de eso, él les estaba diciendo, “Después de todo este tiempo conmigo, ustedes todavía no saben quién soy yo. ¿Cómo pudieron haber caminado conmigo tanto tiempo, y no me conocen íntimamente?”


Ciertamente, los discípulos estaban atónitos por los milagros asombrosos que Jesús había efectuado. “Entonces sintieron un gran temor, y se decían uno al otro: ¿Quién es este, que aun el viento y el mar lo obedecen?” (4:41)


¿Puede usted imaginarse? Los propios discípulos de Jesús no lo conocían. El había llamado personalmente a cada uno de ellos para que lo sigan, y había ministrado a su lado a multitud de personas. Ellos habían efectuado milagros de sanidad, y habían alimentado a masas de personas hambrientas. Pero ellos eran extraños a quién su Maestro realmente era.


Trágicamente, lo mismo sucede hoy día. Multitudes de Cristianos han subido a la barca con Jesús, han ministrado junto a él y han alcanzado a multitudes en su nombre. Pero ellos realmente no conocen a su Maestro. No han pasado tiempos íntimos a solas con él. Nunca se han sentado calladamente en su presencia, abriendo sus corazones a él, esperando y escuchando para comprender lo que él quiere decirles.


Vemos otra escena sobre la fe de los discípulos en Lucas 17. Los discípulos vinieron a Jesús pidiéndole, “Aumenta nuestra fe” (Lucas 17:5). Muchos Cristianos hoy día preguntan la misma pregunta: “¿Cómo puedo obtener fe?” Pero ellos no buscan al Señor para recibir la respuesta.


Si usted quiere aumentar su fe, usted tiene que hacer lo mismo que Jesús les dijo a sus discípulos que hagan en este pasaje. ¿Cómo les respondió su pedido de más fe? “Prepárame la cena, cíñete y sírveme hasta que haya comido y bebido” (17:8). Jesús estaba diciendo en esencia, “Ponte tus ropas de paciencia. Luego ven a mi mesa y cena conmigo. Yo quiero que me alimentes allí. Tú has trabajado arduamente todo el día. Ahora quiero que tengas comunión conmigo. Siéntate conmigo, abre tu corazón, y aprende de mí”.

viernes 22 de enero de 2010

ÉL AGRADÓ A DIOS

Enoc disfrutó de un compañerismo cercano con el Señor. En realidad, su comunión con Dios fue tan íntima, que el Señor lo traspuso a la gloria mucho antes de que su vida en la tierra fuera a acabarse. “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, por que lo traspuso Dios; y antes que fuera traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios” (Hebreos 11:5).


¿Por qué Dios eligió trasponer a Enoc? Las palabras que encabezan este versículo nos dicen claramente que fue debido a su fe. Y además, La frase final nos dice que la fe de Enoc agradó a Dios. La raíz Griega para la palabra “agradó”, aquí significa completamente unido, totalmente en acuerdo, en unidad total. Para decirlo de una manera simple, Enoc tuvo la comunión más cercana posible con el Señor que cualquier otro ser humano pudo haber disfrutado. Y este compañerismo íntimo era agradable a Dios.


La Biblia nos dice que Enoc comenzó a caminar con el Señor después de que engendró a su hijo Matusalén. Enoc tenía sesenta y cinco años en ese tiempo. El entonces pasó los próximos 300 años teniendo compañerismo íntimo con Dios. El libro de Hebreos deja en claro que Enoc estaba tan en contacto con el Padre, tan cerca de él en su comunión por horas, que Dios eligió llevarlo a casa consigo mismo. En esencia, el Señor le dijo a Enoc, “Ya no puedes ir más allá en la carne. Para aumentar mi intimidad contigo, tengo que traerte a mi lado.” Y Dios se lo llevó repentinamente a la gloria.


De acuerdo a Hebreos 11:5, lo que agradó a Dios fue la intimidad de Enoc. A nuestro conocimiento, este hombre nunca efectuó un milagro, nunca desarrolló una profunda teología, nunca hizo grandes obras que fuesen dignas de haber sido mencionadas en las Escrituras. En lugar de eso, leemos esta simple descripción de la vida de este hombre: “Enoc caminó con Dios”.


Enoc tuvo comunión íntima con el Padre. Y su vida hasta ahora es un testimonio de lo que verdaderamente significa caminar en fe.

jueves 21 de enero de 2010

AMIGO DE DIOS

Considere la manera en que Dios describe su relación con Abraham: “Abraham mi amigo” (Isaías 41:8). De igual manera el Nuevo Testamento nos dice, “Abraham creyó a Dios…y fue llamado amigo de Dios” (Santiago 2:23).


¡Qué increíble distinción, ser llamado el amigo de Dios! La mayoría de los Cristianos han cantado ese himno tan conocido, “Qué gran amigo tenemos en Jesús”. Los pasajes bíblicos que acabamos de ver nos muestran esta verdad de una manera poderosa. Que el Creador del universo llame a un hombre su amigo, parece estar más allá del entendimiento humano. Pero sucedió con Abraham. Es una seña de la gran intimidad de este hombre con Dios.


La palabra Hebrea que Isaías usa para decir “amigo” aquí, significa afecto e intimidad. Y la palabra Griega que usa Santiago para decir “amigo”, significa alguien querido, una relación cercana. Ambos implican una intimidad profunda y compartida.


Mientras más cerca crecemos hacia Cristo, más grande se hace nuestro deseo de llegar a vivir completamente en su presencia. Y también, empezamos a ver más claramente que Jesús es nuestro único y verdadero cimiento.


La Biblia nos dice que Abraham “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10). Para Abraham, nada en esta vida era permanente. Las Escrituras nos dicen que en el mundo él era “como extranjero”. No era un lugar para sentar raíces. El país celestial que Abraham anhelaba, no era un lugar literario. Era estar en casa con el Padre. Vea usted, la palabra Hebrea para “ciudad” es Pater. Tiene su raíz de la palabra que significa “Padre”. Así que la ciudad celestial que Abraham esperaba, era literalmente un lugar con el Padre.


Y sin embargo, Abraham no era un místico. El no era un santurrón con humos de santidad y que vivía en una neblina espiritual. Este hombre vivió una vida terrenal, envuelto activamente en los asuntos mundiales. Después de todo, él era el dueño de miles de cabezas de ganado. Y él tenía suficientes sirvientes como para formar un pequeño ejército. Abraham tenía que haber sido un hombre muy ocupado, dirigiendo a sus sirvientes y comprando y vendiendo ganado, ovejas y cabras.


Pero de alguna manera, a pesar de los muchos asuntos de negocios y responsabilidades, Abraham encontró tiempo para tener intimidad con el Señor.

miércoles 20 de enero de 2010

EL PODER DE MANTENERSE VERDE

Yo fui guiado a estudiar Apocalipsis 9, el capítulo de las langostas. Mientras leía el verso 4, sobre la orden que Dios les da a las langostas de no destruir nada verde, un pensamiento saltó dentro de mí.


Me di cuenta que aquí estaba la llave para mantenerse seguro en cualquier tiempo de terror: “mantenerse verde”. David escribió, “Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios…eternamente y para siempre” (Salmo 52:8).


El “verde” al que David se refiere aquí, significa salud espiritual. Significa estar lleno de vida, crecer, ser fructífero. David nos está diciendo, “Mi salud viene de confiar en el Señor. Yo me lleno de vida cuando me vuelvo a él. Mi confianza en él produce vida espiritual en mí.”


Aquí hay una gloriosa verdad sobre el poder de mantenerse verde. “Así ha dicho Jehová; ¡Maldito aquél que confía en el hombre, que pone su confianza en la fuerza humana, mientras su corazón se aparta de Jehová! Será como la retama en el desierto, y no verá cuando llegue el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada” (Jeremías 17:5-6).


El Señor nos advierte, “No confíes en el hombre. Si pones tu fe en el poder humano en lugar del mío, serás maldito.”


Pero, si ponemos nuestra confianza en el Señor, aquí está lo que nuestra fe producirá: “¡Bendito el hombre que confía en Jehová, cuya confianza está puesta en Jehová! Por que será como un árbol plantado junto a las aguas, que junto a las corrientes echará sus raíces. No temerá cuando llegue el calor, sino que su hoja estará verde. En el año de sequía no se inquietará ni dejará de dar fruto” (17:5-6).


Cuando confiamos totalmente en el Padre, ponemos nuestras raíces en el río de la salud. Y su divina fortaleza – salud espiritual frondosa, verde- fluye dentro y a través de todo nuestro ser. Mientras todo alrededor nuestro se esté pudriendo, nosotros estaremos frondosos como un árbol verde, saludable y fuerte. Y cuando venga la hora de los problemas, no nos marchitaremos ni decaeremos. En lugar de eso, nuestra fe continuará creciendo.

martes 19 de enero de 2010

EL FUEGO DE DIOS TODAVÍA ARDE

Penosamente, mucho del Cuerpo de Cristo parece un “Valle de Huesos Secos” de días modernos. Es un desierto lleno con los esqueletos blanqueados de Cristianos caídos. Ministros y otros creyentes devotos se han apagado por un pecado que los asedia. Y ahora están llenos de vergüenza, escondiéndose en cuevas que ellos mismos han construido. Como Jeremías, se han convencido a sí mismos, “No me acordaré más de él [el Señor] ni hablaré más en su nombre” (Jeremías 20:9).


Dios todavía sigue preguntando la misma pregunta que le hizo a Ezequiel: “¿Pueden estos huesos muertos vivir otra vez?” La respuesta a esta pregunta es un “¡Sí!” rotundo. ¿Cómo? Sucede al renovar nuestra fe en la Palabra de Dios.


La misma Palabra de Dios es un fuego consumidor. Ciertamente, es la única verdadera luz que tenemos durante nuestras noches oscuras de desesperación. Es nuestra única defensa en contra de las mentiras del enemigo, cuando él susurra, “Estás acabado. Has perdido el fuego. Y nunca lo recuperarás.”


La única cosa que nos sacará de nuestra oscuridad es la fe. Y la fe viene por oír la Palabra de Dios. Nosotros simplemente tenemos que aferrarnos a la Palabra que ha sido implantada en nosotros. El Señor ha prometido, “No dejaré que te hundas; así que no tienes razón para desesperarte. No tienes por qué rendirte. Descansa en mi Palabra.”


Usted puede pensar, “Pero ésta noche oscura es peor de lo que antes yo he conocido. He escuchado mil sermones de la Palabra de Dios, pero ninguno parece tener ningún valor para mí ahora”. No se desespere, el fuego de Dios todavía está ardiendo en usted, aunque usted no pueda verlo. Y usted debe de avivar ese fuego con la gasolina de la fe. Usted hace esto al confiar en el Señor. Cuando usted lo hace, usted verá todas sus dudas y lujurias consumidas.


El aliento del Espíritu de Dios está dando vida nuevamente a cada hueso seco. El les está haciendo recuerdo de la Palabra que implantó en ellos. Y aquellos que una vez habían caído muertos, están siendo revividos. Ellos están clamando como Jeremías lo hizo, “El fuego de Dios ha estado guardado dentro de mí por mucho tiempo. Ya no puedo mantenerlo escondido más. Puedo sentir el poder de Dios levantándome. El está poniendo vida dentro de mí. Y yo voy a hablar la Palabra que él me dio. Voy a proclamar su misericordia y su poder sanador.”

lunes 18 de enero de 2010

MI VIDA ESTA PRESERVADA

La Biblia nos dice que Jacob recibió una increíble revelación a través de un encuentro “cara a cara” con Dios: “Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; por que dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” (Génesis 32:39). ¿Cuál fue la circunstancia alrededor de esta revelación? Fue en el punto más bajo, más aterrador de la vida de Jacob. En ese tiempo, Jacob se encontró atrapado entre dos fuerzas poderosas: su suegro Labán quien estaba muy enojado, y su hermano Esaú, hostil y amargado.


Jacob había trabajado más de veinte años para Labán, el cual lo había engañado una y otra vez. Finalmente Jacob se hartó, y sin decir nada a Labán, tomó a su familia y se marchó.


Labán lo persiguió por el Este con un pequeño ejército, listo para matar a Jacob. Pero sólo cuando Dios advirtió a Labán en un sueño de no hacer daño a Jacob, éste dejó que se fuera. Tan pronto como Labán se aparta, Esaú aparece por el Oeste. El también traía un pequeño ejército de 400 hombres, listos para matar a su hermano por haberle robado su derecho de primogénito.


Jacob se encontró en una situación calamitosa, convencido que iba a perderlo todo. Las cosas se veían sin esperanza; pero en esa hora oscura, Jacob tuvo un encuentro con Dios como nunca antes. El luchó con un ángel que muchos estudiosos de la Biblia creen que fue el Señor mismo.


Ahora piense también sobre Job. En su hora más oscura, Dios se le apareció en un torbellino. Y Dios le dio a este hombre una de las revelaciones más grandes de sí mismo como nunca lo ha hecho con ningún otro ser humano.


Dios llevó a Job al cosmos, luego a las profundidades del mar. El lo guió a los secretos mismos de la creación, y Job vio cosas que ninguna persona había visto. A él se le mostró la gloria misma y la majestad de Dios. Job emergió de esa experiencia alabando a Dios, diciendo, “Yo sé ahora que tú puedes hacer cualquier cosa, Señor. Me arrepiento por haber cuestionado tus decisiones. Yo veo que todas las cosas están bajo tu control y dirigidas por tu gracia. Tú tenías un plan todo el tiempo, pero ahora yo actualmente te he visto con mis ojos” (ver Job 42:2-5).


Algo maravilloso sucede cuando nosotros simplemente confiamos. Una paz viene sobre nosotros, capacitándonos para decir, “No importa lo que salga de todo este problema. Mi Dios tiene todo bajo control. No tengo que temerle a nada.”

viernes 15 de enero de 2010

EL TIENE TODAS LAS LLAVES

A través de las Escrituras, las más grandes revelaciones de las bondades de Dios vinieron a las personas durante sus momentos de problemas, calamidades, aislamiento y privaciones. Encontramos un ejemplo de esto en la vida de Juan. Durante tres años, este discípulo estuvo “recostado cerca del pecho de Jesús”. Fue un tiempo de descanso, paz y felicidad, sin problemas ni dificultades. Durante todo ese tiempo, Juan recibió muy poca revelación. El conoció a Jesús solo como El Hijo de hombre. Entonces, ¿Cuándo recibió él su revelación de Cristo en toda su gloria?


Sucedió sólo después de que Juan fuese sacado de Éfeso a rastras y en cadenas. El fue exilado a la isla de Patmos, y sentenciado a trabajos forzados. El estaba aislado, sin comunicación, sin amigos ni familia que lo consuelen. Fue un tiempo de completa desesperación, el punto más bajo en su vida.


Es aquí cuando Juan recibe la revelación de su Señor que llegaría a ser el elemento final de las Escrituras: El libro de Apocalipsis. En esa hora oscura, la luz del Espíritu Santo vino a él y Juan vio a Jesús como nunca lo había visto antes. El literalmente vio a Cristo como el Hijo de Dios.


Juan no recibió esta revelación mientras él estaba con los otros apóstoles, o aun durante los días de Jesús en la tierra. Pero ahora, en su hora más oscura, Juan vio a Cristo en toda su gloria, declarando “[Yo soy] el que vivo, y estuve muerto, mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:18). Esta increíble revelación hizo que Juan cayera como muerto. Pero Jesús lo levantó y le mostró las llaves que él tenía en sus manos. Y él lo tranquilizó a Juan diciéndole, “No temas” (1:17).


Yo creo que esta revelación viene a cada siervo (o sierva) lastimado que ora, y que está pasando momentos de necesidad. El Espíritu Santo dice, “Jesús tiene todas las llaves de la vida y de la muerte. Así que la partida de cada uno descansa en sus manos”. Esta revelación tiene el propósito de traer paz a nuestros corazones. Al igual que Juan, debemos visualizar a Jesús de pié delante de nosotros, y sosteniendo las llaves de la vida y de la muerte, asegurándonos a nosotros “No teman. Yo tengo todas las llaves. ¿Cuál debe de ser nuestra respuesta? Como Job, debemos de decir en fe, “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21).

jueves 14 de enero de 2010

GRACIA DE PERSONAS

Dios con frecuencia usa ángeles para ministrar a las personas. Pero mayormente, él usa sus propias personas cariñosas para repartir su gracia. Esta es una razón por la que hemos sido hechos partícipes de su gracia: para ser canales de ella. Se supone que la repartamos a otros. Yo llamo a esto “gracia de personas.”


“Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7). Debido al consuelo que se nos es dado por medio de la gracia de Dios, es imposible que ninguno de nosotros continúe apenado toda su vida. En algún punto, estaremos siendo sanados por el Señor y comenzamos a almacenar una reserva de la gracia de Dios.


Yo creo que es esto lo que Pablo quiso decir cuando él escribió, “del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios…de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutable riquezas de Cristo” Efesios 3:7-8). “Todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia” (Filipenses 1:7). El apóstol está haciendo una declaración profunda. El está diciendo, “Cuando yo voy al trono de Dios para obtener gracia, es por vuestro bien. Yo quiero ser un pastor misericordioso para vosotros, y no uno que sea crítico o sentencioso. Quiero estar dispuesto a dispensar gracia a vosotros en vuestros tiempos de necesidades”. La gracia de Dios hizo que Pablo sea un pastor compasivo, capaz de llorar con aquellos que estaban afligidos.


Pedro escribe, “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10). ¿Qué significa ser un buen administrador o dispensador de la multiforme gracia de Dios? ¿Soy yo tal persona? ¿O paso mi tiempo orando por mi propio dolor, penas y problemas?


Amados, nuestros sufrimientos actuales están produciendo algo precioso en nuestras vidas. Están formando en nosotros un clamor por el don de la misericordia y la gracia, para ofrecérselas a otros que están doliendo. Nuestros sufrimientos hacen que nosotros queramos ser dadores de gracia.

miércoles 13 de enero de 2010

MIGAJAS

La mujer con su hija atormentada por un demonio persistió en buscar a Jesús. Finalmente, los discípulos instaron a su maestro, “Señor, dile que se vaya, desásete de ella. Ella no deja de molestarnos”. Note la respuesta de Jesús a los ruegos de la mujer: “Pero Jesús no le respondió palabra” (Mateo 15:23). Evidentemente, Cristo ignoró toda esta situación. ¿Por qué tomó esta actitud? Jesús sabía que la historia de esta mujer sería contada a cada generación futura, y él quería revelar una verdad para todos aquellos que la lean. Así que él probó la fe de la mujer diciendo, “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (15:24). Cristo estaba diciendo, “Yo he venido para la salvación de los Judíos. “¿Por qué malgastaría yo el evangelio de ellos en un Gentil?


Esta declaración hubiera hecho que cualquier persona se hubiera ido, pero esta mujer no cedió. Ahora, yo le pregunto, ¿Qué tan fácil usted deja de orar por algo? ¿Cuántas veces usted se ha acobardado y ha razonado, “He buscado al Señor. He orado y he pedido. Pero no recibo resultados”?


Considere cómo respondió esta mujer. Ella no contestó quejándose, ni con un dedo acusador diciendo, “¿Por qué te niegas a mí, Jesús?” No, las Escrituras dicen lo contrario: “Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¿Señor, socórreme!” (15:25).


Lo que continúa es duro de leer. Una vez más, Jesús desairó a la mujer. Pero esta vez su respuesta fue más áspera. El le dijo, “No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros” (15:26). Una vez más él la estaba probando.


Ahora la madre respondió, “Sí Señor; pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (15:27). ¡Qué respuesta increíble! Esta mujer determinada no iba a ceder en su búsqueda de Jesús. Y el Señor la elogió por ello. Jesús le dijo a ella, “¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora” (15:28).


Amados, no debemos de conformarnos con las migajas. Se nos ha prometido toda la gracia y misericordia que necesitemos en nuestras crisis. Y eso incluye cada crisis que tiene que ver con nuestra familia, ya sean salvos o no. Hemos sido invitados a venir audazmente al trono de Cristo, con confianza.