miércoles, 30 de septiembre de 2009

LAS MISERICORDIAS DE JEHOVA

En la antigua Israel, el arca del pacto representaba la misericordia de Jehová, una poderosa verdad que posteriormente fue personificada por Jesús. Debemos recibir su misericordia, confiando en la sangre salvadora de su misericordia y ser salvos por toda la eternidad. Es decir, usted puede ridiculizar la ley, burlarse de la santidad de Dios y echar por tierra todo lo que Dios hable. Pero cuando usted se burla o ridiculiza la misericordia de Dios, el juicio viene, y muy pronto. Si usted pisotea su sangre misericordiosa, enfrenta su horrenda ira.

 

Eso es exactamente lo que les sucedió a los filisteos cuando robaron el arca. Una destrucción mortal vino sobre ellos hasta que tuvieron que admitir: “Esto no es simple casualidad o coincidencia. La mano de Dios está claramente en contra nuestra”. Considere lo que sucedió cuando fue llevada al templo pagano de Dagón, para burlarse y desafiar al Dios de Israel. En medio de la noche, el lugar de misericordia que era el arca, se convirtió en una vara de juicio. Al día siguiente, Dagón, el ídolo, fue hallado derribado rostro a tierra delante del arca, decapitado y cortadas sus manos (ver 1 Samuel 5:2-5).

 

Amados, así es como debería estar Estados Unidos. Hace mucho tiempo que deberíamos haber sido juzgados. A todos los que se burlan y desafían la misericordia de Dios, les digo: “Sigan, traten con todas su fuerzas de traer a la iglesia de Cristo bajo el poder del secularismo o el agnosticismo. Pero si se burlan de la misericordia de Cristo, Dios echará todo poder y autoridad que tengan, al suelo. Jeremías dijo: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias” (Lamentaciones 3:22). Sin embargo, cuando los hombres hacen burla de tan grande misericordia, que es Cristo, el juicio es seguro.

 

Es sólo a causa de la misericordia del Señor que el juicio tarda. Y ahora mismo, Estados Unidos se está beneficiando de dicha misericordia. Increíblemente, todo el país se encuentra en una carrera junto al resto del mundo, para eliminar a Dios y a Cristo de la sociedad. No obstante el Señor no va a ser burlado; sus misericordias son para siempre, y Él ama esta nación. Yo creo que por ello es que Él sigue derramando sus bendiciones sobre nosotros. Su deseo es que dicha bondad nos lleve al arrepentimiento (ver Romanos 2:4).

 

No debemos desesperarnos a causa de la situación actual de los Estados Unidos. Nos duele la horrenda corrupción, burla y pecado, pero tenemos esperanza, sabiendo que Dios está en control completo. Sabemos que las misericordias de Dios son para siempre.

martes, 29 de septiembre de 2009

DIOS NO SE HA OLVIDADO DE USTED

Uno de las mayores cargas que tengo como pastor del Señor es: “Oh Dios, ¿cómo puedo traer esperanza y alivio a esos creyentes que están soportando tanto dolor y sufrimiento? Dame un mensaje que elimine sus dudas y temores. Dame la verdad que secará sus lágrimas de lamento y pondrá un cántico en los labios de los que han perdido toda esperanza”.

El mensaje que oigo del Espíritu Santo para el pueblo de Dios es muy simple: “Vayan a mi Palabra y párense en mis promesas. Rechacen sus sentimientos de duda”. Toda esperanza nace de las promesas de Dios.

Recientemente, recibí una carta que contiene una bella y viva ilustración de esto. Es de una madre que escribe: "Mi hija tiene dieciséis años, tiene una degeneración física en sus músculos, ligamentos y coyunturas, y está veinticuatro horas al día en dolor extremo. Yo perdí a mi hijo por suicidio en 1997 debido al mismo dolor. Él tenía veintidós años cuando, después de nueve años de sufrir, decidió quitarse la vida, no podía soportar el dolor”.

“Mi hija era una bailarina y esperaba asistir a la Escuela Juilliard en la Ciudad de Nueva York, pero sus sueños se destrozaron cuando fue golpeada por la misma enfermedad que atormentó a su hermano. Los doctores dijeron que su dolor, en una escala de 1 a 10, estaba en 14. La cantidad de analgésicos necesarios para ser efectivos para ella destruiría sus riñones, así que no puede tomar la medicina”.

“Ella ama al Señor, y es un gozo estar a su alrededor, es una maravillosa poetisa cuyos escritos han aparecido en más de quince publicaciones, y la han enlistado en el ‘Quién es Quién en la Poesía Internacional’”.

Frente a todo esto, en medio de un estremecimiento implacable de cuerpo y alma, esta madre y su hija han puesto su esperanza en la Palabra de Dios hacia ellas. Y Él les ha dado paz.

¿Ha tratado el enemigo de decirle que Dios lo ha pasado por alto? ¿Ha sido usted tentado a creer que el Señor no está con usted? ¿Usted casi ha abandonado su fe? Ponga su esperanza en la Palabra del Señor hacia usted:

“Porque él dijo: No te desampararé ni te dejaré” (Hebreos 13:5).

“Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, Jehová, no desamparaste a los que te buscaron” (Salmos 9:9-10).

lunes, 28 de septiembre de 2009

CALEB

Caleb, cuyo nombre significa: “forzoso, fortaleza”, es un tipo de cristiano que ¡llega hasta el final! Él nunca se separaba de Josué, un tipo de Cristo, y representaba a alguien que continuamente caminaba con el Señor.

 

Caleb había pasado el Jordán con los espías. Mientras estaba allí, el Espíritu Santo lo atrajo a Hebrón, “el lugar de muerte”. Con asombro, subió ese monte santificado y la fe inundó su alma. En este lugar, Abraham y Sara fueron enterrados, así como Isaac y Jacob. Años más tarde, el reino de David comenzaría allí. ¡Caleb apreciaba dicho lugar santo! A partir de ese momento, él deseó Hebrón como posesión suya.

 

Se decía de Caleb que “decidió ir en pos de mi” (Números 14:24). Él nunca vaciló hasta el final. Salomón fluctuó en sus últimos años y “su corazón no era perfecto con Jehová”. Pero a los 85 años, Caleb pudo testificar: “Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar” (Josué 14:11).

 

A los 85, ¡Caleb emprendió su mayor batalla! “Dame, pues, ahora este monte (Hebrón)…” (Josué 14:12). “Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb…a Hebrón por heredad…” (Josué 14:13). “Hebrón vino a ser heredad de Caleb…por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová” (Josué 14:14).

 

¡Este mensaje es glorioso! Es esto: No es suficiente haber muerto al pecado, haber conocido la plenitud en alguna época pasada. ¡La necesidad es de crecer en el Señor hasta el final! Mantener el poder y fuerza espiritual, no fluctuar, seguir “cumplida y completamente al Señor”, ¡aun en la vejez! Se trata de una fe constantemente creciente.

 

Hebrón, la heredad de Caleb, significa “una compañía asociada”. ¿Asociada a qué? La respuesta es: “a la muerte”. No sólo a la muerte al pecado en el Jordán, sino también a vivir en compañía de gente, de una comunidad de creyentes asociados con la muerte y resurrección de Jesucristo. Fue en Hebrón que Abraham construyó un altar para sacrificar a su hijo y es aquí donde Caleb y su familia vivirían. Ellos estarían constantemente asociados al altar del sacrificio vivo.

 

La integridad del corazón de Caleb hacia el Señor producía un fuego santo por Dios en sus hijos. Mientras que los hijos de las dos tribus y media, que vivían en “mitad del camino” se apartaban y acogían al mundo y su idolatría, ¡la familia de Caleb crecía fuerte en el Señor!

domingo, 27 de septiembre de 2009

HABITANTES DE MITAD DEL CAMINO

¡Todos los que eligen vivir en la mitad del camino tienen ciertas características en común! Las características de las dos tribus y media (Rubén, Gad y la media tribu de Manasés) pueden ser halladas hoy en los que rehúsan pulverizar sus ídolos y morir al mundo. ¡Sus nombres en hebreo los exponen!

 

Rubén significa: “¡Un hijo que ve!”. Él era el primogénito de Jacob, pero perdió su derecho de primogenitura porque fue llevado por su deseo pecaminoso. Se metió con la concubina de su padre, y Jacob, en su lecho de muerte, dijo de él: “Rubén… te envileciste, subiendo a mi estrado…” (Génesis 49:4). Jacob describió a su hijo como alguien: “Impetuoso como las aguas, no serás el principal” (Génesis 49:3).

 

Rubén solo tenía ojos para este mundo, los deseos, los placeres y las cosas de este mundo. Él era inestable porque su corazón siempre estuvo dividido, y este espíritu fue pasado a su posteridad. Acá vemos toda una tribu ligada al mundo e inclinada a su propia manera de hacer las cosas.

 

Gad significa: “Fortuna o tropa”. Sencillamente significa soldados de fortuna o, mejor dicho: mercenarios. Moisés dijo de Gad: “Escoge lo mejor de la tierra para sí” (Deuteronomio 33:21). Esta tribu era notoriamente obediente en ejecutar “los mandatos y los justos decretos de Jehová”, pero la característica dominante era el interés personal. Gad estaba absorbida por sus propios problemas y por la necesidad de “lograrlo”.

 

La filosofía de Gad es: “Lucharé con el ejército del Señor; seré obediente y haré todo lo que Dios espera de mí, pero primero debo lograr algo. Necesito establecerme con mi familia y luego, ¡estaré libre para hacer más cosas para el Señor!”.

 

 Manasés significa: “Olvidar, descuidar”. Este era el primogénito de José y debía haber recibido el derecho de primogenitura. Pero aun desde su infancia había un rasgo         triste que se estaba desarrollando y Jacob lo vio en el Espíritu. Manasés, algún día olvidaría los caminos de su padre José y descuidaría el mandato del Señor.

 

Considere estos rasgos combinados de los cristianos de “mitad del camino”: inestables como el agua en sus convicciones espirituales; nunca siendo los primeros en las cosas de Dios, tibios, débiles para con sus deseos pecaminosos, gobernados por necesidades egoístas, negligentes con la Palabra, tomando a la ligera los mandatos del Señor, tomando su propias decisiones en lugar de confiar en Dios, olvidando las bendiciones y los tratos del pasado, reacios a entregar sus ídolos, justificando siempre sus propias decisiones, indispuestos a morir a todo aquello que los seduce y atrae de regreso a la “mitad del camino”.

 

Tomemos la decisión de determinar anhelar la plenitud del Señor. El deseo de Dios para usted es que pueda entrar a un lugar de reposo, gozo y paz en el Espíritu Santo. Para ello, se requiere seguirle a Él, “con todo el corazón y con todas las fuerzas”.

jueves, 24 de septiembre de 2009

ESTAR EN CRISTO

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). Pablo nos está diciendo: “Todos los que siguen a Jesús son bendecidos con bendiciones espirituales en los lugares celestiales, donde está Cristo”. ¡Qué increíble promesa para el pueblo de Dios!

 

Esta promesa se convierte en meras palabras si no sabemos cuáles son estas bendiciones espirituales. ¿Cómo podemos disfrutar de las bendiciones que Dios nos ha prometido, si no las comprendemos?

 

Pablo escribió esta epístola a los “fieles en Cristo Jesús” (Efesios 1:1). Estos creyentes estaban seguros de su salvación. Los efesios habían sido bien enseñados en el evangelio de Jesucristo y en la esperanza de la vida eterna. Ellos sabían quiénes eran en Cristo, y estaban seguros de su posición celestial en Él.

Estos “fieles” entendieron completamente que Dios obró, “resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (1:20). Ellos sabían que habían sido escogidos por Dios desde “antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (1:4). Ellos no dudaban el haber sido “adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” (1:5). Dios los había traído a su familia, porque cuando oyeron la Palabra de Verdad, creyeron y confiaron en ella.

 

Muchas personas, perdonadas, lavadas y redimidas viven en la miseria. Nunca tienen un sentido de estar llenos de Cristo. Por el contrario, pasan continuamente de cimas a valles, de alturas espirituales a llanuras depresivas. ¿Cómo puede ser esto posible? Es porque muchos nunca van mas allá del Salvador crucificado para llegar al Señor resucitado que vive en gloria.

 

Jesús les dijo a sus discípulos: “Porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Juan 14:19-20). Ahora nos encontramos viviendo en “aquel día” del cual Jesús hablaba y debemos entender nuestra posición celestial en Cristo.

 

¿Qué implica la expresión: “nuestra posición en Cristo”? La posición es “donde uno se encuentra, donde uno está”. Dios nos ha puesto donde estamos, o sea, en Cristo.

 

A cambio, Cristo está en el Padre, sentado a su diestra. Allí, si estamos en Cristo, entonces estamos literalmente sentados con Jesús en el aposento real, donde Él está. Eso quiere decir que estamos sentados en la presencia del Altísimo. A esto se refería Pablo cuando dice que “nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:6). Sí, Jesús está en el paraíso. Pero el Señor también mora en usted y en mí. Él nos ha hecho su templo en la Tierra, su morada.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

EL ROSTRO DE DIOS

“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré” (Salmos 27:4). El rey David sabía que tenía que haber más en el conocer a Dios; él sentía que había algo del Señor que él no había obtenido y no descansaría hasta encontrarlo. Él dijo, en resumen: “Hay una hermosura, una gloria, una emoción respecto al Señor que yo aun no he visto en mi vida. Quiero saber lo que se siente al tener una comunión sin interrupciones con mi Dios. Quiero que mi vida sea una oración viviente. Sólo así me visualizo por el resto de mis días”.

 

El rostro de Dios es su semejanza, su reflejo. Al responder el clamor del corazón de David por tener intimidad con Él, Dios dijo: “Buscad mi rostro” (Salmos 27:8). La respuesta de David fue: “Señor, cuando tú dijiste que busque tu rostro, la respuesta en mi corazón salto inmediatamente”. “Mi corazón ha dicho…Tu rostro buscaré, oh Jehová” (Salmos 27:8).

 

En respuesta, el Señor le reveló a David cómo satisfacer sus anhelos: reflejando a Dios en su propia vida, Él estaba instruyendo a David de esta manera: “Aprende de mí. Escudriña mi Palabra y pide entendimiento por el Espíritu, para que seas como yo. Quiero que tu vida refleje mi belleza al mundo”.

 

Esto no se trataba de un simple llamado a la oración; David ya había estado orando siete veces al día. De hecho, las oraciones de David fueron las que crearon en él, esta pasión por conocer al Señor. ¡No! Este era un llamado de Dios a tener hambre de un estilo de vida que refleje completamente quién es Jesús.

 

Vea, en el Calvario, Dios tomó un rostro humano. Jesús vino a la tierra como hombre, Dios en carne. Y lo hizo para poder sentir nuestro dolor, ser tentado y probado, tal como nosotros, y mostrárselo al Padre. Las Escrituras llaman a Jesús, la imagen misma (significa exacta semejanza) de Dios. Él es la misma imagen de la sustancia de Dios Padre (ver Hebreos 1:3), el mismo “acuñado”. En resumen, Él es “igual” que el Padre en todo sentido.

 

Hasta el día de hoy, Jesucristo es el rostro, o, la idéntica semejanza de Dios en la Tierra. Y a causa de Él, tenemos comunión ininterrumpida con el Padre. A través de la Cruz, tenemos el privilegio de “ver su rostro”, de tocarlo. Podemos vivir como Él vivió, testificando: “Yo no hago nada sino lo que veo y oigo del Señor”.

 

Hoy, cuando Dios dice: “Buscad mi rostro”, sus palabras tienen una mayor implicación que en cualquier otro momento de la historia. Con todo lo que está sucediendo en el mundo alrededor nuestro, ¿cómo debemos responder? Cuando David fue rodeado por una hueste de idólatras, Dios dijo: “Busca mi rostro”. Y lo hacemos con un propósito: ¡Que podamos ser más como Él! Que nos convirtamos en su imagen misma, para que todos lo que buscan al verdadero Cristo, lo vean en nosotros.

martes, 22 de septiembre de 2009

LIBRADO DE LAS GARRAS DEL LEON

Es para nuestro propio beneficio que Dios nos dice que recordemos. La memoria de nuestras liberaciones del pasado nos ayuda a incrementar nuestra fe para lo que estemos pasando en este momento.

 

¿Está usted enfrentando una crisis? ¿Tiene algún gran problema amenazante en casa, en el trabajo o en su familia? La única manera de enfrentar a un gigante es como lo hizo David: Recuerde al león y al oso. Así es como David pudo ir en contra de Goliat sin temor: Recordando la fidelidad de Dios hacia él, en sus crisis pasadas.

 

Cuando David se ofreció a pelear contra Goliat: “Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él…David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca…Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos” (1 Samuel 17:33-36).

 

David conocía el peligro que enfrentaba delante de Goliat. El no era un novicio o un muchacho ingenuo, que de pronto se armó de bravura y quiso buscar pelea. No, David estaba simplemente recordando sus liberaciones del pasado. Y ahora, el miraba a su enemigo directamente a los ojos y le dijo: “Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo” (1 Samuel 17:37).

 

Multitudes del pueblo de Dios, hoy están enfrentando a gigantes por todos lados. Sin embargo, muchos son intimidados. ¿Esto lo describe a usted? ¿Se ha olvidado acaso de aquella ocasión en la que enfermó tanto que estuvo cerca de la muerte, pero el Señor lo levantó? ¿Se acuerda de aquel desastre económico que le hizo pensar: “Esto se acabó, estoy en la ruina”, pero el Señor lo vio a través de ello y lo ha guardado hasta el día de hoy?

 

Hay muchas cosas que no entendemos y no las entenderemos hasta que estemos en casa con Jesús. Pero yo creo absolutamente que Dios puede sanar y que Él tiene una salida para cada situación. La pregunta para nosotros es: “¿Dónde encontramos la fe, el valor, para ponernos de pie y obtener victoria en Él?  

 

Sólo se logra al recordar al león y al oso. Sucede cuando usted es capaz de recordar la increíble fidelidad de Dios, y las victorias que Él le dio en el pasado. Usted no podrá enfrentar a un gigante hasta que sea capaz de asimilar y entender la majestad y la gloria de Dios en su vida.

lunes, 21 de septiembre de 2009

ELEGIDOS PARA LLEVAR FRUTO

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto” (Juan 15:16).

 

Muchos cristianos sinceros piensan que llevar fruto simple y llanamente significa traer almas a Cristo. Pero llevar fruto significa algo mucho más grande aun que “ganar almas”.

 

El fruto al que Jesús se refiere es la semejanza a Cristo. En otras palabras, llevar fruto quiere decir reflejar la semejanza de Jesús. Y la frase “mucho fruto” significa “la semejanza siempre creciente de Cristo”.

 

Crecer más y más en la semejanza de Jesús es el corazón de nuestro propósito en la vida. Esto debe ser central en todas nuestras actividades, nuestro estilo de vida y nuestras relaciones. Sin duda nuestros dones y llamamientos, nuestro trabajo, nuestro ministerio y nuestro testimonio deben fluir de este propósito gravitante.

 

Si yo no soy semejante a Cristo en mi corazón, si no me estoy pareciendo considerablemente más a Él, entonces he perdido el propósito de Dios en mi vida.

 

Y es que el propósito de Dios para mí, no puede ser obtenido por lo que yo pueda hacer para Cristo. No puede ser medido por ninguno de mis logros, inclusive si sano enfermos o echo fuera demonios. ¡No!  Lo único que puede lograr que el propósito de Dios se cumpla en mí, es aquello que estoy viniendo a ser en Él. La semejanza a Cristo no se trata de lo que yo pueda hacer por el Señor sino de cuánto estoy siendo yo transformado a su semejanza.

 

Vaya a una librería cristiana y vea los títulos sobre las repisas. La mayor parte de dichos títulos, son de libros de autoayuda, y tratan sobre cómo vencer la soledad, cómo sobrevivir a la depresión, cómo hallar contentamiento. ¿Por qué sucede esto? Es porque todo está al revés. No somos llamados a ser exitosos, ni a ser libres de nuestros problemas, ni a ser especiales, ni tampoco a “lograrlo”. ¡No! Estamos pasando por alto EL llamado, EL enfoque, aquellos que debe ser EL centro de nuestras vidas: Ser fructíferos en la semejanza a Cristo.

 

Jesús se entregó por completo al Padre y eso era todo para El. Y dijo: “Yo no hago ni digo nada, excepto lo que mi Padre me dice”.

 

 Así que, ¿quiere usted llevar el “mucho fruto” que brota por ser cada vez mas como Él? Cumplimos el propósito de nuestras vidas, solamente a medida que comenzamos a amar a otros como Cristo nos amó. Y, a medida que nuestro amor por otros aumenta, nuestra semejanza a Cristo va creciendo y aumentando en nosotros.

 

Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor” (Juan 15:9). Su mandamiento es claro y simple: “Vayan y amen a los demás. Denles este amor incondicional que yo les he mostrado”. Nuestra semejanza a Cristo crece a medida que nuestro amor por los demás aumenta. En resumen, llevar fruto se resume en nuestra manera de tratar a las personas.

domingo, 20 de septiembre de 2009

ENCONTRANDO NUEVAS FUERZAS

¡Cuán rápido olvidamos las grandes liberaciones de Dios en nuestras vidas! ¡Cuán fácil tomamos por sentado los Milagros que El obró en nuestras vidas! Sin embargo, la Biblia nos dice vez tras vez: “Recuerda tu liberaciones”.

 

¡Somos tan parecidos a los discípulos! Ellos no entendían los milagros de Jesús, cuando sobrenaturalmente alimentó a miles, sólo con unos cuantos panes y peces. Jesús hizo este milagro dos veces, alimentando a 5,000 personas en una ocasión y a 4,000 en la siguiente. Pocos días después, estos eventos desaparecieron de la memoria de los discípulos.

 

Sucedió cuando Jesús les advertía sobre la levadura de los fariseos. Los discípulos pensaron que Él había dicho esto porque ellos se habían olvidado de traer el pan para el viaje. Pero Cristo les respondió: “¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis? ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?” (Mateo 16:9-10).

  

Según Marcos, Cristo estaba impresionado de cuán rápido habían olvidado los discípulos. Jesús dijo: “¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis?” (Marcos 8:17-19).

 

¿Qué nos dicen estos pasajes? Es claro que ninguno de los discípulos se detuvo para considerar lo que estaba llevándose a cabo mientras las milagrosas multiplicaciones sucedían. Intente imaginar a estos hombres, caminando entre las multitudes llevando canastas, repartiendo los panes y los peces que fueron multiplicados milagrosamente frente a ellos. Uno pensaría que dichos discípulos caerían postrados clamando: “¿Cómo puede estar sucediendo esto? Es simplemente asombroso. Esto va más allá de toda explicación humana. Oh Jesús, verdaderamente Tú eres Señor”. Me los puedo imaginar animando a la gente que servían: “Tomen, deléitense en esta comida milagrosa, enviada de la misma gloria. Jesús la ha provisto”.

  

Los discípulos vieron estos milagros con sus propios ojos, no obstante, de alguna manera la significancia no quedó registrada en ellos. Ellos no entendieron los milagros, así como nosotros olvidamos los milagros de Dios en nuestras vidas. Las liberaciones de ayer son rápidamente olvidadas entre las crisis de hoy.

 

A través de ambos Testamentos, podemos leer: “Recuerden el brazo del Señor, poderoso para obrar milagros a favor de ustedes. Recuerden todas sus liberaciones del pasado”. Consideren la exhortación de Moisés a Israel después del milagro del Mar Rojo: “Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte…” (Exodo 13:3).

jueves, 17 de septiembre de 2009

EL BESO DEL PADRE

Una gran bendición se hace nuestra cuando se nos hace sentar en lugares celestiales. ¿Cuál es esta bendición? Es el privilegio de la aceptación: “Nos hizo aceptos en el Amado [Cristo]” (Efesios 1:6). La palabra griega “acepto” significa: “altamente favorecido”. Es diferente al uso en nuestro idioma, donde significa: “recibido como aceptable”, lo que implica algo que puede ser soportado, dando a entender una actitud de: “puedo vivir con esto”. Sin embargo éste no es el uso que Pablo le da a dicha palabra. La aplicación que Pablo la de a la palabra “aceptos” se traduce así: “Dios nos favorecido altamente. Somos muy especiales para Él porque estamos en nuestro lugar en Cristo”.

 

A causa de que Dios aceptó el sacrificio de Cristo, ahora Él ve solamente un hombre corporal: Cristo y aquéllos que están unidos a Él por la fe. Nuestra carne ha muerto a los ojos de Dios. ¿Cómo? Jesús se deshizo de nuestra vieja naturaleza en la Cruz. De tal manera que ahora, cuando Dios nos mira, Él sólo ve a Cristo. A cambio, nosotros necesitamos aprender a vernos a nosotros mismos como Dios nos ve. Eso significa no enfocarnos únicamente en nuestros pecados y debilidades, sino en la victoria que Cristo ganó para nosotros en la Cruz.

 

La parábola del hijo pródigo nos provee de una poderosa ilustración de la aceptación que viene cuando se nos da una posición celestial en Cristo. Usted conoce la historia: Un joven le pidió a su padre la herencia que le correspondía y la derrochó en una vida pecaminosa. Luego, una vez que se fue moral, emocional y físicamente a la quiebra, pensó en su padre. El estaba convencido de que había perdido todo su favor. Y temía que su padre estuviera lleno de ira y odio hacia él.

 

Las Escrituras nos dicen que este joven quebrantado estaba lleno de dolor por su pecado y clamó: “No soy digno. He pecado contra el cielo”. Esto representa a aquéllos que vienen a un arrepentimiento según Dios.

 

El hijo pródigo se dijo a sí mismo: “Me levantaré e iré a mi padre” (Lucas 15:18). Él estaba ejercitando la bendición de tener acceso, su privilegio de poder acceder. ¿Están entendiendo la figura? El hijo pródigo se había tornado de su pecado, había dejado el mundo atrás y había tenido acceso a la puerta abierta que su padre le había prometido. Estaba caminando en arrepentimiento y estaba apropiándose de dicho acceso.

 

Entonces, ¿Qué pasó con el hijo pródigo? “Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó” (Lucas 15:20). ¡Qué escena tan hermosa! El hijo pecador fue perdonado, abrazado y amado por su padre, sin ira ni condenación alguna. Cuando recibió el beso de su padre, él supo que había sido aceptado.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

“AFIRMANDO” NUESTRA FE

Estoy convencido de que la gente pierde la esperanza cuando pierde la fe. Han oído demasiados sermones, han leído demasiados libros, pero por donde miren a su alrededor, ven ejemplos de naufragios en la fe. Cristianos que alguna vez estuvieron desposados con la fe, hoy rinden su confianza en Dios, en medio de sus momentos difíciles. Así que ¿hacia dónde se torna la gente que busca esperanza? El Espíritu me habló claramente esta palabra: “Debes anclar tu fe. Afirmar tu corazón para confiar en Dios en todas las cosas, en todo momento”.

 

“Afirmar” nuestra fe significa “estabilizar, hacerla inconmovible, echar raíces, poner pilares debajo, establecer un fundamento”. La Escritura dice que nosotros tenemos el poder de hacer esto. Santiago escribe: “el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7).

 

En este pasaje, el Señor deja toda la responsabilidad sobre los creyentes. Dios nos está diciendo, en esencia: “Cuando el mundo vea a mi pueblo en medio de estos días de temblor y ansiedad, deben de ver fe. Mientras todo se sacude, la fe debe permanecer sólida e inconmovible. De modo que, usted, creyente, ancle su fe. Usted, cristiano, tome una posición firme y nunca rinda dicha posición”.

 

Estoy convencido de que el mundo no necesita más sermones sobre la fe. El mundo necesita ver un sermón ilustrado: la vida de un hombre o de una mujer que esté viviendo dicha fe delante del mundo. Ellos necesitan ver a los siervos de Dios pasando las mismas calamidades que ellos están enfrentando, pero sin ser sacudidos por éstas. Sólo entonces, los pecadores se toparán cara a cara con el testimonio poderoso de una fe inconmovible.

 

David lo describió cuando habló sobre “los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres” (Salmos 31:19). Él se estaba refiriendo al creyente, cuya fuerte confianza y vida fiel es un faro de esperanza para los que están en tinieblas.

 

Cuando usted afirma su fe, al traer toda carga y prueba a Cristo, dejando todo a sus pies y descansando en la fe, va a ser severamente probado.

 

Una vez, estuve en el proceso de afirmar mi fe con gran resistencia, cuando verdaderamente le había entregado todas mis cargas al Señor, de pronto, recibí una llamada telefónica con noticias que me estremecieron. Por un segundo un diluvio de temor me inundó. Pero el Espíritu Santo gentilmente me susurró: “Mantén tu posición de fe. No te rindas. Yo tengo todo bajo control. Solamente mantente firme”. Nunca olvidaré la paz que me sobrecogió en ese momento. Al final del día, mi corazón estaba lleno de gozo, mientras me daba cuenta de algo: “Yo confié en ti. No me moví. ¡Gracias!”