domingo, 31 de agosto de 2008

EL PLAN SUPREMO DE DIOS

El final del libro de Génesis termina mostrando que Dios había escogido a un pequeño grupo de personas insignificantes para llegar a ser una nación testimonio. El quería levantar a personas que serían ejemplos vivos de su bondad ante un mundo malvado. Así que, para llevar a cabo este testimonio, Dios llevó a su pueblo a lugares donde ellos no podrían ejercer control. El aisló a Israel en un desierto, para ser su única fuente de vida, cuidando de cada necesidad de ellos.

Israel no tenía control sobre su supervivencia en aquél lugar desolado. Ellos no podían controlar la disponibilidad de alimentos o agua. Ellos no podían controlar hacia donde estaban yendo por que no tenían brújulas ni mapas. ¿Cómo comerían y beberían? ¿Qué dirección tomarían? ¿Y a dónde llegarían?

Dios lo haría todo para ellos. El los guiaría cada día con una nube milagrosa, la cual resplandecía de noche disipando la oscuridad alrededor de ellos. El los alimentaría con comida de ángeles del cielo, y les proveería con agua de una roca. Sí, cada una de sus necesidades sería suplida por el Señor, y ningún enemigo podría vencerlos.

“Desde los cielos te hizo oír su voz para enseñarte” (Deuteronomio 4:36). El pueblo de Dios escuchaba sus palabras guiándolos, y ellos testificaron “¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios hablando…? (ver Deut. 4:32-34).

Las naciones que rodeaban a Israel estaban llenas de “otros dioses”, ídolos hechos de madera, plata y oro. Estos dioses eran mudos, incapaces de ver o escuchar, incapaces de amar, guiar o proteger a las personas que los adoraban. Pero cualquiera de estas naciones podía mirar a Israel y ver a unas personas especiales que Dios guiaba a través de un terrible desierto. Ellos verían a un Dios que le hablaba a su pueblo, y podía amar y sentir, y respondía a las oraciones y proveía milagros. Este era un Dios vivo, el cual guiaba a su pueblo en cada detalle de sus vidas.

Dios levantó a personas que serían entrenadas por él. Tenían que ser personas que vivirían bajo su autoridad, y confiarían en él completamente, entregándole a él completo control de cada aspecto de sus vidas. Aquellas personas llegarían a ser su testimonio para el mundo.

¿Por qué quería Dios tener el control completo de las personas, e insistir en que confíen en él todo el tiempo? Era por que sólo Dios conocía el camino y él realizaría hasta lo imposible para llevarlos hasta allá.

jueves, 28 de agosto de 2008

EL LO HACE A TRAVÉS DE LA VIDA

Permítame decirle cómo es que Dios trae personas a su casa, cómo es que les habla y cómo las salva. Él lo hace a través de la vida. El Señor edifica su iglesia a través de los testimonios de la luz que brilla en aquéllos que lo aman. Y Él puede hacerlo, no porque sus siervos utilicen los métodos correctos, sino porque éstos viven la vida.

La vida de Cristo produce luz en los hogares, en los vecindarios, en las ciudades, en los centros de trabajo. ¿Cómo se obtiene esta vida? Viene a todo santo que vive correctamente, por encima del reproche, como ejemplo de la misericordia de Dios. Tales siervos viven honestamente, sin egoísmo, sin partes oscuras en ellos. Llevan vidas completamente entregadas a Jesús y están listos para servir a otros en todo tiempo.

Pablo habla de siervos que “conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor, y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas” (Romanos 2:18-19). Dichos santos, como lo describe Pablo, no deben ser encomendados.

Permítame darle un ejemplo de tal luz. Recientemente, el director general de una compañía en Nueva York llamó a nuestra iglesia. El pastor Neil tomó la llamada. El gerente le habló al pastor Neil sobre dos mujeres de nuestra iglesia que trabajan para él. Dijo que no eran como las otras personas de su oficina. Estas dos mujeres eran siempre corteses, sonrientes, siempre ayudaban a los demás y nunca se quejaban ni hablaban mal de nadie. “Hay algo diferente en ellas”, dijo. “Quisiera conocerlo para saber a qué se debe dicha diferencia”.

Estas mujeres eran lámparas celestiales, puestas en sus trabajos por Jesús. Y la luz que ellas tenían alumbraba todo el centro de trabajo. ¿Cómo? Tenían la vida de Cristo en ellas. Su jefe lo identificó como algo más allá de lo que este mundo puede ofrecer.

Este gerente era judío. ¿Piensa usted que él hubiera aceptado una invitación a una reunión de avivamiento? ¿Hubiera leído un paquete de material impreso por la iglesia? No, lo habría enviado todo al “Archivador 13” para nunca más volver a verlo. Este hombre respondió a la verdadera luz, una luz nacida en vidas escondidas en Cristo, y siendo vivida diariamente por dos mujeres humildes.

Sólo seremos capaces de traer tanta luz a nuestras comunidades, como estemos nosotros mismos llenos de Cristo. Debemos vivir el mensaje que llevamos, si es que vamos a predicarlo con algo de poder. Que Dios nos ayude a recordar que la luz alumbra a través de las cosas pequeñas de la vida.

EL PRÓDIGO Y SU PADRE

Creo que el hijo pródigo volvió a su hogar, a causa de su historia con su padre. Este joven conocía el carácter de su padre y aparentemente había recibido mucho amor de parte de él. De otra forma, ¿por qué regresaría donde un hombre que se habría airado y vengado, que le habría golpeado y obligado a devolver hasta el último centavo que se llevó?

De seguro, el pródigo sabía que si regresaba, no sería reprendido ni condenado por sus pecados. Quizás pensó: “Sé que mi padre me ama. No me echaría mi pecado en mi cara. Me aceptaría de vuelta”. Cuando uno tiene ese tipo de historia, uno siempre puede volver a casa.

Note cómo el padre del pródigo le “sale al encuentro” con la bendición del bien. El joven estaba dispuesto a ofrecer una confesión de corazón a su padre, porque la estuvo ensayando durante todo el camino de regreso. Sin embargo, cuando se encontró con su padre, ni siquiera tuvo la oportunidad de confesar todo. Su padre lo interrumpió, corriendo hacia él y abrazándolo.
“Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó” (Lucas 15:20). El padre estaba tan feliz por el regreso de su hijo, que lo llenó de besos, y dijo: “Te amo hijo. Ven a casa y sé restaurado”.

El padre hizo todo esto, antes de que su hijo pudiera terminar su confesión. El joven pudo liberar sólo la primera parte de su discurso. Pero su padre no esperó a que terminara. Para él, el pecado del joven había sido ya arreglado. La única reacción del padre fue emitir una orden a sus siervos: “Pónganle un vestido a mi hijo y anillos en sus dedos. Preparen una fiesta, porque vamos a celebrar. ¡Alégrense todos, porque mi hijo está en casa!”.

El pecado no era el asunto para este padre. El único asunto en su mente era el amor. El quería que su muchacho supiera que era aceptado, aun antes de poder pronunciar su confesión. Y ése es el punto que Dios quiere mostrarnos a todos: Su amor es más grande que nuestros pecados. “Su benignidad te guía al arrepentimiento” (Romanos 2:4).

miércoles, 27 de agosto de 2008

VAYAN “EN EL ESPÍRITU”

Usted puede ir “en el Espíritu” a cualquier nación en la Tierra. Puede tocar un pueblo inalcanzable, estando de rodillas. De hecho, su lugar secreto de oración podría convertirse en la sede de un mover del Espíritu sobre toda una nación.

Pienso en el ejemplo de Abraham. Él oró por una Sodoma impía e inmunda. El Señor le respondió: “Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos” (Génesis 18:26).

Cuando Abraham lo oyó, comenzó a negociar con el Señor. Preguntó: “Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad?” (Génesis 18:28). Lo que Abraham estaba preguntando era: “Señor, ¿qué tal si hay cuarenta y cinco justos entre aquellos cincuenta creyentes? ¿Qué tal si sólo ellos te están buscando en oración? O, ¿qué tal si tan sólo hay diez justos que te buscan? Si solamente diez te invocan, ¿perdonarás la ciudad?”. Dios le respondió a Abraham: “No la destruiré, respondió, por amor a los diez” (Génesis 18:32).

Este pasaje nos dice algo acerca del Señor. Él está dispuesto a salvar sociedades enteras si pudiera hallar un puñado de justos dentro de ella. Esto se refiere a personas que buscan el rostro de Dios por amor a su nación.

Dios va aun más allá en este asunto, que lo que fue con Abraham. En Ezequiel 22, Dios habla de hallar tan sólo un creyente que ore, que se pare en la brecha: “busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé” (Ezequiel 22:30).

En la época de la profecía de Ezequiel, Israel se había corrompido espiritualmente. Los profetas eran profanos; quebrantaban totalmente las leyes de Dios. El pueblo era oprimido, vejado por doquier, lleno de deseos pecaminosos, robándose unos a otros. Ni un solo hombre clamaba al Señor. Nadie se paraba en la brecha a interceder. Aun así, Dios habría salvado la nación entera por amor a un sólo intercesor.

Si usted no puede ir físicamente a las naciones, puede ser parte del cuerpo de respaldo de intercesores. Y debemos asistir a aquéllos que se han dado a sí mismos para ir a las naciones. Cuando Pablo escribe de sus viajes, menciona no sólo a Timoteo y Tito, como sus ayudantes, sino también a Lidia y a otras preciosas mujeres que lo ayudaron. Todos eran siervos devotos cuya asistencia, ayudó a tocar naciones enteras con el Evangelio.

martes, 26 de agosto de 2008

ROGAD AL SEÑOR DE LA MIES

Cuando Jesús miró los tiempos desde sus días hasta los últimos días, advirtió sobre un terrible problema. Dijo a sus discípulos: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos” (Mateo 9:37).

Mientras leo estas palabras, me pregunto: “¿Cuál es la solución? ¿Cómo se pueden preparar más obreros para que vayan a las naciones?” Jesús dio inmediatamente la respuesta, en el siguiente versículo: Alguien debe orar para que estos obreros vayan a la cosecha. “Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:38).

Usted pensará: “Las puertas en todo el mundo se están cerrando”. Puede ser cierto, pero no importa cuán cerradas estén algunas naciones a nuestros ojos. Si Dios puede destruir la Cortina de Hierro en Europa y la Cortina de Bambú en el Asia, nada puede impedir que Él obre donde quiera.

En la década de los ochenta, cuando nuestro ministerio estaba ubicado en Texas, pasé un año orando para que Dios enviara a alguien a la ciudad de Nueva York, alguien que levantase una iglesia en Times Square. Prometí ayudar a quien sea que Dios escogiera: enviando dinero, organizando reuniones, levantando un respaldo económico. Pero, mientras yo estaba orando para que Dios envíe un obrero a una cosecha en particular, el Señor puso la carga sobre mí.

El apóstol Pablo fue enviado como misionero a través del poder de la oración. Sucedió en Antioquía, donde los líderes de una iglesia oraban por la cosecha (ver Hechos 13:2-6). El primer viaje misionero de Pablo fue el producto de una reunión de oración. Fue el resultado directo de hombres piadosos obedeciendo las palabras de Jesús, de orar a Dios para que envíe obreros a la cosecha.

Lo mismo es cierto hoy. Debemos estar orando por la cosecha, tal como esos hombres de Dios en Antioquía lo hicieron. El hecho es que, mientras oramos, el Espíritu Santo está buscando en la Tierra, poniendo un sentido de urgencia en los corazones de aquéllos que desean ser usados por Dios; tocando a su pueblo por doquier, apartándolos para Su servicio.

En Mateo 8, un centurión vino a Jesús para pedir la sanidad de su siervo agonizante. Cristo le respondió: “Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora” (Mateo 8:13). Creo que lo mismo sucede con todos los que interceden por la cosecha. Mientras le pedimos a Dios que envíe obreros, el Espíritu Santo está despertando el corazón de alguien en algún lugar y no interesa dónde sucede. La poderosa verdad es que nuestras oraciones están sirviendo para enviar obreros a la mies.

lunes, 25 de agosto de 2008

ELLOS TENÍAN LA VIDA Y LA LUZ

A la iglesia de Jesucristo le falta autoridad espiritual en la sociedad porque le falta espiritualidad.

¿Por qué son tan condescendientes con los cristianos, las autoridades gubernamentales y los medios de comunicación? ¿Por qué ha perdido la iglesia todo significado y propósito a los ojos del mundo? ¿Por qué han desechado los jóvenes el cristianismo como si fuera algo totalmente irrelevante para sus vidas?

Es porque, en su mayor parte, la iglesia ya no es luz. Cristo no está gobernando en nuestra sociedad porque Él no gobierna en nuestras vidas. A medida que veo alrededor, veo muy pocos en la casa de Dios en verdadera unión con Cristo. Hay tan poca comunión con los cielos. Y pocos ministros rechazan los métodos mundanos para poder confiar en la dirección de Dios para sus vidas. Hemos perdido nuestra luz porque hemos perdido la vida de Cristo. Para que la autoridad de Dios tenga algún impacto, ésta debe ser real en vasijas rendidas y obedientes.

Considere el reino de Babilonia durante el tiempo de Nabucodonosor. Era el imperio más poderoso sobre la Tierra. Daniel profetizó que todo rey sucesor sería inferior, menos poderoso, menos influyente. ¿Por qué? Porque Nabucodonosor no era el verdadero gobernante de Babilonia. El poder detrás del imperio no estaba en la estatua de oro que él levantó. No, la autoridad de Babilonia se hallaba en las manos de un pequeño grupo de hombres llenos por Dios. El Señor había establecido un gobierno celestial secreto, gobernado por Daniel y los tres jóvenes hebreos. Estos hombres fueron los instrumentos de gobierno de Dios, porque operaban en el ámbito celestial. Rehusaban el tener algo que ver con el sistema del mundo. Por el contrario, se encerraban con Dios.

Como resultado de ello, estos hombres conocían los tiempos. Podían decirle a la gente lo que Dios iba a hacer en cualquier momento. Eran luces brillantes y resplandecientes para la nación entera, porque tenían la vida de Dios dentro de ellos.

En 2 Reyes 6, leemos sobre Siria haciéndole guerra a Israel. Durante este conflicto, el profeta Eliseo se sentó en su casa, teniendo comunión con el Señor. Este hombre era el gobierno secreto de Dios, y gobernaba con autoridad. Eliseo oía de parte de Señor y enviaba mensajes al rey de Israel, advirtiéndole sobre cada movimiento que realizaba el ejército sirio.

Cuando el rey sirio se enteró de los dañinos mensajes de Eliseo, rodeó el pueblo del profeta con un batallón de su ejército. Pero Dios cegó a los sirios y Eliseo acabó por llevarlos cautivos al campamento israelita. Eliseo tenía la luz, y conocía cada movimiento de Satanás, porque tenía la vida.

jueves, 21 de agosto de 2008

LIMITANDO AL SANTO DE ISRAEL

“Provocaban al Santo de Israel” (Salmos 78:41). El verbo “provocar” aquí, viene de dos raíces, que significan: “entristecer a Dios, trazando un dibujo”. En resumen, provocar a Dios significa dibujar una línea, o hacer un círculo, una declaración: “Dios está acá adentro, y no puede ir más allá”. Esto describe la manera de pensar de muchos creyentes. Hemos trazado en nuestras mentes un dibujo muy pequeño, o un concepto, sobre la grandeza de Cristo.

Eso es justamente lo que hizo la iglesia en Jerusalén. Limitaron a Cristo a un pequeño círculo, confinándolo a la población judía. Pero Jesús no puede ser confinado. Él está constantemente rompiendo los límites de nuestros pequeños y limitantes círculos y siempre se extiende hasta el extremo.

Déjeme darle un ejemplo. Hace casi 40 años, los pentecostales creían tener el bautismo del Espíritu Santo confinado a su movimiento. Muchos pentecostales pensaron: “¡Somos la iglesia de Dios llena del Espíritu Santo!” Los predicadores pentecostales lamentaban la muerte de las principales denominaciones. “Ellos no tienen el evangelio completo, como nosotros”, declaraban.

De pronto, el Espíritu de Dios estalló más allá de los círculos que todos habían dibujado. El Espíritu Santo cayó sobre creyentes en todas las denominaciones. Un libro clásico fue escrito, sobre este mover del Espíritu, llamado Hablaron En Otras Lenguas por John L. Sherrill.

El Señor también usó mi libro, La Cruz y el Puñal, especialmente en los círculos católicos. Sin embargo, como Pedro y la iglesia primitiva, tuve que permitir a Dios obrar en mi corazón antes de poder aceptar lo que estaba sucediendo. Yo había sido criado como pentecostal, y por primera vez en mi vida, veía sacerdotes llorando con convicción de pecado, clamando a Jesús.

Pronto se presentaron predicadores evangélicos para contender conmigo, exigiéndome: “¿Qué acerca de la doctrina de María de esos católicos? ¿Cómo puedes ministrar a gente que cree en eso?” Me encontraba respondiendo igual que Pedro: “No sé nada de la doctrina de María. Todo lo que sé es que hay gente que tiene hambre en la Iglesia Católica. Y hay verdaderos adoradores de Jesús entre los sacerdotes. Dios está llenando a esta gente con su Espíritu”.

Dios tiene a su pueblo en todo lugar, y no debemos llamar a ninguno de ellos común o inmundo. Debemos tener cuidado de no representar a Jesús como si fuera pequeño y de no encajonarlo con nuestro endeble pensamiento.

miércoles, 20 de agosto de 2008

SIN MANCHA NI ARRUGA

La iglesia de Cristo jamás fue aprobada o aceptada por el mundo. Y nunca lo será. Si usted vive para Jesús, no tendrá que procurar separarse de la compañía de otros; ellos lo harán por usted. Todo lo que usted debe hacer es vivir para Él. De pronto, se verá a sí mismo, despreciado, rechazado, tildado de malo: “…los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre” (Lucas 6:22).

Aun así, Jesús añade, éste es el camino hacia el verdadero cumplimiento. “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25). En otras palabras: “La única forma en la que podrán hallar el significado de la vida es vendiendo su todo por mí. Entonces hallarán el verdadero gozo, paz y satisfacción”. Cristo nos dice: “Mi iglesia no tiene mancha ni arruga. Así que, cuando vengas a mí, debes estar dispuesto a despojarte de todo pecado. Debes rendirlo todo a mí, morir completamente a ti, a la ambición pecaminosa y al ego. Por fe, serás sepultado conmigo. Pero Yo te resucitaré a una nueva vida”.

Piense acerca de lo que quiere decir no tener mancha ni arruga. Sabemos que una mancha es una marca de suciedad. Pero ¿qué acerca de una arruga? ¿Alguna vez ha oído la frase “una nueva arruga”? Significa añadir una nueva idea a un concepto existente. Una arruga, en ese sentido, se aplica a aquéllos que tratan de mejorar el evangelio. Sugiere una manera más fácil de obtener el cielo, sin una rendición completa a Cristo.

Ese es el tipo de evangelio que está siendo predicado en muchas iglesias el día de hoy. Los sermones sólo procuran satisfacer las necesidades de la gente. Mientras leo las palabras de Jesús, veo que este tipo de predicación no funcionará. No logra la verdadera obra del evangelio.

No malinterprete: No estoy en contra de predicar consuelo y fortaleza al pueblo de Dios. Como pastor del Señor, soy llamado a hacer exactamente eso. Pero si predico sólo para las necesidades de las personas e ignoro el llamado de Cristo de postrar nuestras vidas, entonces las verdaderas necesidades nunca serán satisfechas. Las palabras de Jesús, son claras: Nuestras necesidades son satisfechas muriendo a nosotros mismos y tomando Su Cruz.

martes, 19 de agosto de 2008

ÉL PREDICÓ ARREPENTIMIENTO

Jesús declara: “Mi iglesia es un lugar de arrepentimiento público, sin vergüenza”. De hecho, el apóstol Pablo testifica: “Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Romanos 10:8-11).

Puesto de una manera sencilla, somos salvos a través de nuestra confesión pública de arrepentimiento. Jesús declara: “Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:13). Y dice, que por el arrepentimiento, somos sanados y restaurados: “Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:31-32).

Éstas son buenas nuevas. Jesús nos está diciendo: “En mi iglesia, todos son sanados a través del arrepentimiento. No importa quién seas tú, el quebrantado físicamente, el enfermo mental, el enfermo espiritual. Todos deben venir a mí de la misma manera. Y todos hallan sanidad a través del arrepentimiento.

¿Cuántas iglesias todavía abren sus altares para que la gente quebrantada de corazón pase delante y se arrepienta? ¿Cuántos pastores han dejado de hacer llamados para esta importantísima obra espiritual? ¿Cuántos creyentes han perdido todo sentido de su necesidad confesar el pecado?

¿Cuál es el mensaje central del evangelio de Cristo? El lo deja claro a lo largo de los cuatro evangelios. Nos dice: “Esto es lo que predico en mi iglesia. Este es mi mensaje para todos los pecadores”.

“Jesús vino…predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14-15). Este fue el primer mensaje registrado de Jesús. ¡Él predicó el arrepentimiento!”.

Para algunos cristianos, esto puede parecer un lenguaje fuerte. Quizás digan: “De acuerdo, pero, ¿cuán fuerte predicó Jesús, el arrepentimiento?”. Lucas lo responde en su evangelio. Jesús dijo a sus oidores: “Antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:5).

lunes, 18 de agosto de 2008

DIBUJANDO NUESTRO PROPIO CÍRCULO

¿Está usted preocupado por algún miembro de su familia o amigo que parece no estar creciendo o madurando en Cristo? A medida que evalúa a dicha persona, ¿está usted usando su propio concepto de Cristo sobre esa vida? ¿Ha dibujado usted su propio círculo de lo que significa ser un verdadero seguidor de Cristo y no puede ver a su amado entrando en ese círculo?

¿Es posible que usted esté limitando a Cristo? ¿Es su Jesús tan pequeño, tan limitado que usted no puede creer que Su Espíritu pueda estar realizando una obra profunda, oculta? ¿Condena usted a alguien por no entrar dentro de su dibujo? ¿Cree usted que Dios es suficientemente grande para obrar en tal persona de maneras que no son vistas?

Hace 35 años, una infame mujer llamada Celeste Horvath entró a las instalaciones de Desafío Juvenil en Brooklyn. Ella era la tratante de blancas más conocida de Nueva York, administraba una casa de citas que recibía a algunos de los hombres más famosos de la nación. Celeste había sido criada en un hogar pentecostal, y su abuela, una mujer de oración, había profetizado sobre ella: “Serás una evangelista”. Pero Celeste rechazó su formación en la iglesia y se volcó a la prostitución.

A medida que el negocio de Celeste crecía, ella se volvió adicta a las drogas. Durante todo ese tiempo, una batalla se estaba llevando a cabo en su corazón. Noche tras noche, ella oraba: “Dios, por favor sólo permíteme vivir un día más”. Finalmente, Celeste fue arrestada. La noticia ocupaba los titulares. En un punto su hermano le escribió una carta, donde decía: “Has avergonzado tanto a la familia, que ya no tienes redención”.

Pero Jesús nunca la desamparó. Un día, en su hora más solitaria, Celeste oró y se quebrantó delante del Señor. El cambio en ella fue inmediato, e instantáneamente se convirtió en una nueva criatura.

Todos los que habían visto la vida de Celeste por fuera, pensaron que ella no tenía ninguna esperanza en lo absoluto, dura como una piedra. Pero ellos habían limitado la mirada de Cristo. No vieron al Espíritu Santo obrando en ella a lo largo de los años. Mientras la gente cercana a Celeste la había visto como una persona común e inmunda, el Señor había visto en ella, una evangelista.

Celeste apareció en Desafío Juvenil, justo antes de ser sentenciada, y nosotros la recibimos. Ella sirvió un tiempo en la prisión, donde se convirtió en la evangelista que Dios la había llamado a ser. Ella llevó a muchas almas a Jesús, estando en la cárcel. Después de salir, se volvió una poderosa predicadora de las calles y eventualmente comenzó una iglesia en la ciudad de Long Island, una congregación que sigue encendida en fuego hasta el día de hoy.

domingo, 17 de agosto de 2008

ADMIRACIÓN Y RESPETO

La Biblia establece claramente que todo creyente debe cultivar el temor de Jehová. El verdadero temor de Dios incluye admiración y respeto, pero va mucho más allá de eso. David nos dice: “La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Salmos 36:1). David está diciendo: “Cuando veo a alguien consintiendo en la maldad, mi corazón me dice que tal persona no tiene temor de Dios. No reconoce la verdad acerca del pecado, o acerca del llamado a la santidad por parte de Dios”.

El hecho es, que el temor de Dios nos da el poder para mantener la victoria en tiempos de maldad. Así que, ¿cómo obtenemos este temor? Jeremías responde con esta profecía de la Palabra de Dios: “Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí” (Jeremías 32:39-40).

Esta es una maravillosa promesa del Señor. Nos garantiza que Él nos proveerá de su temor santo. Dios no derrama simplemente su temor a nuestros corazones en un destello sobrenatural. No, Él pone Su temor en nosotros a través de Su Palabra.

¿Significa esto que el temor de Dios es plantado en nuestros corazones cuando simplemente leemos la Biblia? No, en lo absoluto. Viene cuando concientemente decidimos obedecer cada palabra que leemos en la Palabra de Dios. La Escritura se encarga de ello. Nos dice cómo es que el temor de Dios vino sobre Esdras: “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla” (Esdras 7:10).

El temor de Dios no es tan sólo un concepto del Antiguo Testamento. Vemos que el temor de Dios se menciona en ambos Testamentos. El Antiguo nos dice: “Teme a Jehová, y apártate del mal” (Proverbios 3:7). Así también el Nuevo declara: “No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3:18). Pablo añade: “Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1).

jueves, 14 de agosto de 2008

UNA LUZ QUE NO DEBE ESCONDERSE

Jesús nos dice: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14). Su declaración acá va mucho más allá de simplemente ministrar. Se extiende más allá de enseñar, predicar o repartir volantes. Cristo nos dice categóricamente: “Vosotros sois la luz”. Está diciendo: “No son tan sólo un reflejo de la luz. No son un mero conducto. Ustedes son la luz misma. Y la intensidad de su luz depende de la intensidad del caminar que ustedes tengan conmigo”.

¿Puede ver lo que está dando a entender el Señor aquí? El mundo reconoce a los que caminan cerca de Él. Sus vecinos o compañeros de trabajo, quizás no sepan de su comunión diaria con Cristo, su fe en Él, su fuerte dependencia en Él. Pero ellos sí ven la luz que resplandece en usted a causa de la vida que usted tiene con Él. Y mientras nada impida esa vida, su luz continuará alumbrando en las tinieblas.

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mateo 5:14). Jesús está diciendo: “Yo los he puesto como exhibición para el mundo. La gente los mira, porque los he hecho un espectáculo. Ustedes son una luz, que no debe esconderse”.

Así que, ¿quiénes son estas luces puestas sobre un monte? Y, ¿dónde las vemos? No se encuentran normalmente en los lugares más vistosos. No están entre las personas egocéntricas, que se promocionan a ellos mismos y viven en este mundo sólo para ser reconocidas. Tampoco están entre esas “argollas” o grupos exclusivos dentro de las iglesias, que pretenden ser santos pero chismosean, murmuran y se quejan.

A través de los años, he visto muchos creyentes que tienen la apariencia de piedad, pero en verdad son flojos espirituales. Hablan a otros sobre sus fallas y debilidades, pensando que esto los hace humildes. Pero son prontos para juzgar a otros. No poseen el Espíritu verdadero, dador, amoroso y humilde de Cristo. Por el contrario, la “luz” que ellos tienen es, de hecho, tinieblas. Jesús dice: “Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?” (Mateo 6:23). Donde no hay vida de Cristo, no puede haber vida para otros.

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). La razón por la que debemos dejar alumbrar nuestra luz al mundo, es para que Dios reciba gloria.

miércoles, 13 de agosto de 2008

LA VIDA DETRÁS DE LA LUZ

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

Jesús era, y sigue siendo, la luz del mundo. Juan dice que esta luz era producida por la vida que estaba en Cristo: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4). Simplemente, la vida que Cristo poseía era su fuente de luz para el mundo. Y todo el que cree “tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). ¿Qué cosa es la “vida detrás de la luz” a la que se refieren las Escrituras?

La mayoría de nosotros creemos que esta vida es la existencia eternal personificada en Cristo. La vemos

como Su poder para conceder existencia eterna a todo aquél que cree. Pero Juan se está refiriendo a algo más aquí. Cuando él usa la palabra “vida”, está refiriéndose a la biografía completa de la existencia de Jesús.

Jesús nos dice que debemos vivir como Él lo hizo. Que nosotros seamos como Cristo fue en el mundo, su vida debe ser algo que podamos conocer y experimentar por nosotros mismos. Debe relacionarse a nuestras propias vidas.

Quiero decirle cómo me relaciono yo con la vida que está en Cristo. Me regocijo en las cosas pequeñas y tiernas que Jesús hizo, tocó y dijo. Creo que sus obras, palabras y caminar diario con el Padre está escrito para definir el significado de la vida de Cristo para nosotros.

Pienso en la amistad de Jesús con Lázaro. Pienso en Él, cuando se retiraba de las multitudes después de un largo periodo de ministración. Pienso en Él, mientras disfrutaba su visita al hogar de María, Marta y Lázaro. Y pienso en Jesús, tomando en sus brazos a los niños pequeños y bendiciéndolos. Pienso en su obediencia a su madre, aun de adulto, cuando convirtió el agua en vino en la fiesta de bodas. Pienso en el amor de Jesús, en su cuidado para los despreciados, aborrecidos, pobres. Pienso en su compasión por la mujer atrapada en adulterio o cuando alabó a la viuda que tan sólo tenía dos blancas y las dio.

Dudo que haya suficientes libros para registrar todas las cosas que Jesús hizo por amor, por su actitud de siervo, mientras estuvo en la Tierra. En estos pasajes, hallamos las formas en las que debemos relacionar nuestras vidas con la de Él. Así es como comprendemos la vida que es la luz.

martes, 12 de agosto de 2008

CABALGANDO SOBRE LA PROMESA

A causa de la promesa de Dios que “sale al encuentro”, somos capaces de proclamar victoria y dominio aun antes de que comience la batalla. David cantó: “El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; y en tu salvación, ¡cómo se goza! Le has concedido el deseo de su corazón, y no le negaste la petición de sus labios” (Salmos 21:1-2).

Quizás usted se pregunte: “¿Cómo podía regocijarse David? El estaba enfrentando el ataque más intenso que haya enfrentado. ¿Cómo podía tener gozo cuando podía ser herido o muerto?”.

David responde: “Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien; corona de oro fino has puesto sobre su cabeza” (Salmos 21:3). Lo que David está diciendo aquí puede cambiar vidas: “Yo enfrento a un poderoso enemigo que ha jurado mi destrucción, pero mi alma está en paz. ¿Por qué? El Señor ha visto de antemano mi lucha, y me ha inundado con la seguridad de Su amor. Mi enemigo puede hacerme tropezar o caer, y en cierto punto pareciera que estoy acabado. Pero Dios me ha dicho que si yo tan sólo me pongo de pie, recibiré Su fuerza y ganaré la batalla”.

Luego, David hizo una declaración de fe justo antes de ir a la Guerra: “Corona de oro fino has puesto sobre (mi) cabeza” (Salmos 21:3). La corona de oro que David menciona acá, es un símbolo de victoria y dominio. David estaba diciendo: “Voy a la guerra, cabalgando sobre la promesa que Dios me he hecho. El dijo que yo volvería de la batalla llevando sobre mi cabeza la corona de victoria”.

Esto resume la doctrina de la “bondad que sale al encuentro” de Dios: El se ha anticipado a todas nuestras luchas, todas nuestras batallas contra el pecado, la carne y el diablo, y en Su misericordia y Su bondad, ha pagado nuestra deuda antes que ésta venza. Nuestra victoria es un acuerdo ya realizado.

La “bondad que sale al encuentro” de Dios se aplica especialmente a aquéllos que aman a Jesús y son sorprendidos por el pecado. El Señor nos garantiza que aunque seamos temporalmente derribados, nos levantaremos en la batalla, parados firmes, todo porque Jesús ha pagado nuestra deuda.

lunes, 11 de agosto de 2008

AMOR QUE “SALE AL ENCUENTRO”

“Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien; corona de oro fino has puesto sobre su cabeza” (Salmos 21:3). A primera vista, este verso escrito por David pareciera un poco confusa. La frase “salir al encuentro” (en inglés dice “impedir”), está usualmente asociada con impedimento, no con bendición. Una traducción moderna para este texto, sería: “El Señor impidió a David con las bendiciones de bien”.

Sin embargo, la palabra bíblica “impedir” o “salir al encuentro” tiene un significado totalmente diferente. Significa “anticipar, preceder, ver y cumplir con anticipación, pagar una deuda antes de que ésta venza”. Más aun, en casi todas las instancias, implica algo placentero.

Isaías nos da una idea de este tipo de placer. Viene cuando Dios se anticipa a una necesidad y la satisface anticipadamente. “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído” (Isaías 65:24).

Este versículo nos da una increíble figura del amor de nuestro Señor para con nosotros. Evidentemente, Él está tan ansioso por bendecirnos, tan pronto para cumplir su misericordia en nuestras vidas, que no puede siquiera esperar a que nosotros le digamos nuestras necesidades, Así que el se apresura y lleva a cabo actos de misericordia, gracia y amor hacia nosotros. Y esto es de supremo placer para Él.

Eso es lo que David estaba diciendo en el Salmo 21: “Señor, Tú derramas bendiciones y misericordias sobre mí, aun antes de que yo las pida. Y me has dado más de lo que pude imaginar”.

David se estaba refiriendo a alguna obra maravillosa que Dios logró para él, en el ámbito espiritual. Se trataba de algo que le dio a David la victoria sobre sus enemigos, la respuesta a sus oraciones, el poder para vencer y un gozo inexplicable. Y Dios lo hizo todo aun antes que David orara para dejar sus cargas o presentara su petición. Una vez que David finalmente derramó su corazón, descubrió que Dios ya había hecho provisión para derrotar a sus enemigos. La victoria de David estuvo asegurada desde antes que él pudiera siquiera acercarse al campo de batalla.

domingo, 10 de agosto de 2008

NUESTRO ENFOQUE

A medida que los cristianos en los días de Pablo, veían venir la destrucción de Jerusalén, querían conocer más acerca de los eventos proféticos. Estaban temerosos por los rumores sobre ejércitos invasores, que capturaban multitudes para llevarlas a la esclavitud. Esto producía, en estos creyentes, una sensación de que los tiempos peligrosos estaban muy cerca. Así que le pidieron a Pablo que les contase más acerca de lo que vendría: “Escríbenos acerca de cómo leer los tiempos”.

Pablo respondió con estas palabras de seguridad: “Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1 Tesalonicenses 5:1-2).

Pablo les describió lo que acontecería cuando Cristo volviera: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:16-18).

La exhortación de Pablo a ellos, debía alentarlos. Estaba, en esencia, diciendo: “No hay necesidad de que ustedes se preocupen por las cosas que vendrán a la Tierra. No deben estar excesivamente interesados por todas las calamidades y atemorizantes señales. Ustedes saben muy bien de qué se trata. Todo apunta a la venida del Señor Jesús, quien viene a llevarse a su pueblo”.

La verdad es que la historia se dirige a un lugar. Podemos estar seguros de que el intenso flujo de eventos presentes nos está llevando al propósito eterno de Dios. El mundo no está a la deriva; el Señor no ha abandonado a la Tierra, no importa cuán débil e incrédula se haya tornado la humanidad. Por el contrario, Dios simplemente ha mantenido el paso. Y lo que hoy vemos no es otra cosa que un rápido movimiento de eventos hacia “el evento divino” por venir: la creación de un cielo nuevo y una tierra nueva, donde Cristo reinará supremamente por toda la eternidad”.

Como seguidores de Cristo, nuestro enfoque no debe estar en los reportes noticiosos de los diarios. No debemos morar en las guerras y rumores de guerra, ni en la posibilidad de un accidente nuclear, tampoco en las otras cosas que vendrán sobre la Tierra. Cuando Jesús dijo: “En aquel día, levantad vuestra cabeza” (ver Lucas 21:28), Él estaba hablando acerca de dónde debe estar nuestro enfoque.

jueves, 7 de agosto de 2008

DIOS DE NUESTROS MONSTRUOS

Dios le dijo a Job: “He aquí ahora behemot [el hipopótamo], el cual hice como a ti” (Job 40:15). “¿Sacarás tú al leviatán [el cocodrilo] con anzuelo, o con cuerda que le eches en su lengua?” (Job 41:1)

¿Por qué comenzaría Dios su revelación, llevando a Job a considerar estos dos monstruos masivos? ¿Por qué haría mirar Dios a Job los rostros de un hipopótamo y un cocodrilo?

Primeramente, el Señor planteó este problema a su siervo: “Mira, Job, aquí viene el hipopótamo detrás de ti, ¿qué vas a hacer? ¿Puedes luchar contra él y derribarlo con tus fuerzas físicas? ¿No? Quizás podrías intentar un diálogo amable.

“Ahora, he aquí al cocodrilo, que te está amenazando. ¿Cómo lo manejarás? Esta criatura tiene un corazón de piedra. No tiene noción de misericordia”. Ésta fue más que una simple enseñanza sobre el reino animal. Por el contrario, Dios estaba diciéndole a Job, algo sobre los “monstruos” de la vida. Le estaba mostrando a su siervo que estas dos criaturas asombrosas, feroces y poderosas, representaban los monstruosos problemas atacando la vida de Job.

“Considera al hipopótamo. El atropella todo cuanto esté en su camino. Simplemente, Job, él es un problema demasiado grande para que tú lo manejes. No eres rival para él, en lo absoluto. Nada puedes hacer para domesticarlo. Sólo Yo, el Señor, sé cómo detener a una criatura tan monstruosa.

“¿Y qué acerca del cocodrilo, Job? Ningún humano puede batallar contra tal criatura. Y nadie en su propia fuerza podrá desvestirlo de su gruesa armadura. Lo mismo es cierto de tu enemigo espiritual, el diablo. Sólo Yo puedo ganar la batalla contra él”.

¿Escucha usted lo que Dios está diciendo en este discurso? Él está hablando no tan sólo a Job, sino a todos los creyentes. Y está declarando: “Enfrenta la verdad sobre los monstruos en tu vida. No puedes con ellos. Yo soy el único que puede”.

Job respondió: “Mi Dios es Todopoderoso. Él puede hacerlo todo. Y ninguno de Sus propósitos podrá ser jamás frustrado. Sé que no puedo ir en contra del hipopótamo o del cocodrilo, pero eso no importa. Yo sé que Dios puede. Mi parte, simplemente es, pararme firme y ver la salvación del Señor” (ver Job 42:1-2).

miércoles, 6 de agosto de 2008

VICTORIOSO EN CADA BATALLA

Dios prometió que usted saldría victorioso de cada batalla, coronado de su fuerza. “Engrandécete, oh Jehová, en tu poder; cantaremos y alabaremos tu poderío” (Salmos 21:13).

¿Cómo es que el Señor nos “impide” con estas bendiciones de bondad y misericordia? El Espíritu Santo echa fuera (impide) todo temor de nosotros, temor de caer, de ser cortado de Dios, de perder la presencia del Espíritu Santo, implantando en nosotros Su gozo. Debemos avanzar, regocijándonos, como lo hacía David, porque Dios nos ha asegurado que prevaleceremos.

Sin embargo muy pocos son los cristianos que tienen este gozo y gran alegría. Multitudes nunca llegan a conocer el descanso del alma o la paz en la presencia de Cristo. Caminan como si estuvieran de luto, visualizándose a ellos mismo como si estuvieran bajo el pulgar de la ira de Dios, en lugar de bajo sus alas protectoras. Lo ven a Él como un duro capataz, siempre pronto para sacudir el látigo sobre sus espaldas. Y de esta forma viven, infelices, sin esperanza, más muertos que vivos.

Pero a los ojos de Dios, nuestro problema no es el pecado; el la confianza. Jesús solucionó nuestro problema de pecado una vez y para siempre en el Calvario. El no nos amenaza diciendo: “Esta vez, sí pasaste la línea”. No, ¡jamás! Su actitud hacia nosotros es justamente lo opuesto. Su Espíritu está constantemente atrayéndonos, haciéndonos recordar de la misericordia del Padre, aun en medio de nuestros fracasos.

Cuando nos enfocamos en nuestro pecado, perdemos completamente de vista lo que Dios quiere más que nada: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). Este versículo lo dice todo. Nuestro Dios es galardonador, y Él está tan ansioso por inundarnos con su misericordia, que nos bendice mucho antes de lo previsto.

Este es el concepto que nuestro Padre Celestial anhela que tengamos de Él. Él sabe cuándo nos vamos a arrepentir de nuestros fracasos y pecados. Él sabe cuándo viene nuestra contrición. Pero no puede esperar hasta ese momento, así que, se apresura en decir: “Quiero garantizarle a mi hijo que no será juzgado, porque Yo ya lo perdoné a través de la sangre limpiadora de mi Hijo”.

martes, 5 de agosto de 2008

¿POR QUÉ EL “VERDOR” ES TAN IMPORTANTE?

“Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes” (Apocalipsis 9:4).

¿Por qué es tan importante el “verdor” para nuestra fe? Recuerden, se les mandó a las langostas que no tocaran nada verde. Dicho de manera simple, no pueden herir a nadie que esté caminando en la fe.

Así que, incluso cuando los ataques del enemigo son más feroces, aquéllos que ponen su confianza en Dios permanecerán de pie, como árboles verdes y sólidos.

Permítame preguntarle:

¿Confía usted plenamente en el perdón de Dios? ¿Depende usted de Su Sangre para ser limpio de toda iniquidad? Si usted se siente condenado, y está constantemente luchando para agradar a Dios, entonces no está verde ni saludable. El mayor deseo de Dios es que usted acepte Su dádiva de perdón y descanse en ella.

Usted ha aceptado el perdón de Dios, pero, ¿confía en Su Amor incondicional para usted?

Nuestro Señor no nos elimina cada vez que fracasamos. Él no está constantemente mirándonos por encima del hombro, exigiéndonos compensar nuestro daño. Él simplemente nos pide que vengamos a Él, confesando: “Yo creo en tu Palabra, Señor. Perdóname, lávame, tómame en tus brazos”.

El deseo de Dios para nosotros es que vivamos todos nuestros días sin miedo. Por lo tanto, no nos atrevemos a permitir que Satanás nos acuse por un fracaso del pasado. Si nos hemos arrepentido de ello, entonces estamos cubiertos por la preciosa sangre limpiadora de Cristo.

Acá tenemos la promesa de Dios para todos aquéllos que ponen su confianza en Él: “Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Ellos flaquean y caen, mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie” (Salmos 20:7-8).

lunes, 4 de agosto de 2008

SOBRE SUS PIES Y LISTO

“Mas Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él…” (1Samuel 18:12).

Satanás envidia y teme más a aquéllos que han estado con Dios en oración y están determinados a ponerse de pie y luchar en la fe. Satanás teme incluso a un pequeño ejército equipado en fe para pelear. El se acobarda ante los que están de pie, listos para resistir. Y porque él le teme a usted, su designio es neutralizar su espíritu combatiente.

El diablo lo hace, al tratar de inundar su mente con pensamientos del mismo infierno, que atacan y distraen, que engendran desconfianza y cuestionamientos acerca del poder de Dios. El le gritará a su mente y a su espíritu: “Ya no tiene sentido seguir luchando. Estás demasiado débil a causa tus luchas personales. Nunca serás un vencedor. Los poderes del infierno son demasiado grandes para vencerlos. Así que puedes relajarte. Ya no necesitas ser tan intenso respecto a la batalla.

¡Todo esto es una distracción! La estrategia completa de Satanás es llevarlo a usted a quitar su mirada de la victoria de la Cruz. Él quiere que usted ponga su mirada en sus debilidades, sus pecados, sus fracasos, y es por ello, que él sube la temperatura de sus problemas y sufrimientos presentes. Él quiere hacerle creer que usted no tiene la suficiente fuerza para continuar. Pero la fuerza de usted no es el punto: ¡La fuerza de Jesús sí lo es!

El hecho es, que todos vamos a estar en una lucha hasta que, o muramos, o Jesús vuelva. Podemos pasar por temporadas de calma, tiempos de sosiego. Pero mientras estemos sobre esta tierra, estamos envueltos en una guerra espiritual. Y simplemente, no existe un final para estas batallas. Por ello Pablo dice que Jesús nos ha dado armas poderosas para la destrucción de fortalezas. Hemos sido equipados con armas que Satanás no puede soportar: la oración, el ayuno y la fe.

El tiempo ha llegado en el que debemos desatascar nuestra mirada de nuestras aflicciones presentes. Debemos quitar nuestros ojos de nuestras pruebas y fijarlos en el Capitán de esta guerra. Jesús tiene las llaves de toda victoria y Él nos ha prometido: “Te he provisto de toda arma necesaria para la batalla. Y estoy listo y dispuesto para darte fuerza en tiempos de debilidad”.

viernes, 1 de agosto de 2008

UN CAMINAR AGRADABLE

El apóstol Pablo enseñó a la iglesia colosense: “Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Colosenses 1:10).

¿Qué se requiere para tener un caminar agradable? Pablo nos dice: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:12-13).

Pablo nos está diciendo en tantas palabras: “Aquí está mi palabra para ustedes en estos momentos de crisis. A la luz de los tiempos difíciles que ustedes saben que se avecinan, deben prestar atención a su caminar con el Señor”.

En otras palabras, debemos preguntarnos: “¿Estoy siendo más como Cristo? ¿Estoy siendo más paciente o más impetuoso? ¿Más manso y gentil o más malo y conflictivo? ¿Más tierno y perdonador o más amargo y envidioso? ¿Soporto “unos a otros”? ¿Sobrellevo la debilidad y faltas de los que me rodean, o siempre debo tener la razón?

Pablo está sugiriendo que, a la luz de tal día venidero, no importan los logros que usted pueda obtener ni las obras de caridad que usted haga. No interesa cuán amable sea usted a los desconocidos, ni cuántas almas traiga a Cristo, esta pregunta permanece: “¿Se está volviendo usted más amoroso, paciente, perdonador y tolerante?”.

Examinar su caminar con Cristo significa ver no tanto lo que usted está haciendo, sino lo que usted está siendo, o en lo que usted está convirtiéndose. Tal andar no puede ser logrado por puro esfuerzo humano. No sucederá por determinación propia, por el mero decir: “Voy a ser ese tipo de creyente”. Más bien, sucede por la obra del Espíritu Santo, a través de la fe en su Palabra.

Primeramente, leemos estas palabras y creemos que son el llamado de Dios, a examinarnos a nosotros mismos. De modo que le pedimos al Espíritu Santo que nos muestre, quiénes somos en realidad y nos medimos por su Palabra. Luego le pedimos al Espíritu Santo que nos ayude a cambiar.